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Atada a mi alma

Chapter 19: El camino que hemos recorrido

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

No importaba a donde volteara, solo era rodeado por una inmensa oscuridad. Entornando los ojos y sin poder comprender bien lo que estaba pasando, Hyakkimaru se decidió a caminar hacia el frente, sin volver la vista atrás.

Todo estaba en penumbras, todo era completamente negro como una noche sin luna. Por alguna razón una extraña pesadez comenzó a apoderarse de su pecho, y una profunda tristeza lo comenzó a invadir.

Sumido en estas malas sensaciones Hyakkimaru comenzó a vislumbrar un pequeño halo de luz delante de él. No perdió tiempo y se dirigió corriendo a ese singular brillo, conforme más se iba acercando la luz iba aumentando su tamaño, esta siguió creciendo hasta formar la figura de un hombre.

Hyakkimaru se detuvo a tan solo metros de este extraño ser, parpadeó varias veces consternado pues esa figura frente a él se veía idéntica a cómo veía todo hace años atrás, era exactamente igual a como percibía todo con su visión especial cuando aún no recuperaba sus ojos.

Con algo de temor Hyakkimaru llevó sus manos a su cara y tocó sus ojos, dio un suspiro de alivio al darse cuenta que sus ojos normales estaban ahí, todo en su cuerpo era normal, como siempre tuvo que haber sido desde que nació. Conservaba ese cuerpo que tantas vidas y sacrificios le habían costado.

— ¿Quién lo creería? —Escuchó de pronto hablar a esa figura blanca delante de él—Que un niño que en un principio estaba destinado a morir ahora tuviera una vida tan maravillosa.

Esa voz la conocía, podía estar seguro de ello. Sin embargo, por más que trataba de hacer memoria no podía recordar a quien le pertenecía.

— ¿Quién eres?

Susurró Hyakkimaru confundido, y al hacer esta pregunta, tuvo una sensación de Déjà vu, sentía que esa escena ya la había vivido antes en otra ocasión. Al escuchar la pregunta la figura se volteó para quedar frente a él. Cuando pudo verla cara a cara, la figura poco a poco comenzó a hacerse más nítida.

— Debías morir para que mi pueblo prosperara, para que mis sueños de grandeza y de ambición se hicieran reales. A pesar de esto, irónicamente, al vivir tú influiste para que todo a tu alrededor prosperara por sí solo, jamás creí que eso hubiera podido pasar de una manera pacífica.

La figura recuperó sus facciones y su color para finalmente revelar su identidad. Ahora se podía apreciar que era un hombre de facciones fuertes y determinadas, era el antiguo samurái que años atrás había perdido todo, un hombre que él conocía muy bien pero había decidido negarlo con todo su corazón, el hombre que lo había traído al mundo y lo había condenado apenas había nacido.

— Daigo Kagemitsu…

Susurró Hyakkimaru con frialdad, dedicándole una profunda mirada a su progenitor.

— A final de cuentas te convertiste en un gobernante—continuó Daigo con un semblante recto e indiferente—, terminaste gobernando una parte de mis tierras.

— Yo no las gobierno—aclaró Hyakkimaru con desaprobación—, yo solo me encargo de proteger esas tierras y a todos mis seres queridos que habitan en ellas. Esas tierras son de todos nosotros, yo no soy y nunca seré el dueño de nada.

— Si tan solo hubiera entendido mucho mejor las cosas antes. Si te hubieras convertido en mi sucesor, estoy seguro que todas estas tierras serían mucho más prosperas de lo que ya lo son. Si te convirtieras en un señor feudal…

— No soy, y nunca seré el dueño de nada. —Lo interrumpió Hyakkimaru, repitiendo esa sentencia con desagrado.

Al verse interrumpido Daigo calló al instante y apretó sus labios con impotencia. Hyakkimaru lo miraba con indiferencia, su mirada no demostraba nada. No había odio, rencor, desagrado, solo un gran vacío hacia él. Tras unos segundos, Daigo mostró un semblante más relajado y prosiguió:

— Ahora… ¿eres feliz? ¿Estás satisfecho con la vida que tienes ahora?

— Por supuesto. —Respondió Hyakkimaru sin dudarlo—. Si todo lo que me pasó antes, si toda mi lucha y mi sufrimiento fue necesario para tener la vida que llevo ahora, entonces no me arrepiento de nada de lo que pasó antes. Incluso… hasta te puedo agradecer por eso.

Daigo miró con asombro a Hyakkimaru, río con una voz baja y ronca y le respondió:

— A final de cuentas, es apenas en este momento que me doy cuenta de lo que realmente siempre fue importante. Yo tenía todo para ser feliz y no me di cuenta de eso. Ahora tú, Hyakkimaru, tienes la vida que yo siempre tuve, la vida con la que debí sentirme feliz y satisfecho, pero no fue así.

«Tienes una bondadosa esposa la cual siempre te apoya incondicionalmente y te ama con todo su corazón. Tienes a dos pequeños niños que te adoran y te admiran. Tienen tierras fértiles y sanas, tienen paz y prosperidad. Tienes la vida que en realidad siempre quise, y te envidio por ello».

— Eso es porque nosotros nos esforzamos en ganar todo lo que tenemos ahora. El camino que hemos recorrido estuvo lleno de sangre, lágrimas, dolor y sacrificios, pero nunca dejamos de luchar.

«Nosotros mismos forjamos nuestro propio camino solo dependiendo de nosotros mismos, y no de demonios ni divinidades. Porque somos humanos fuimos capaces de hacerlo, y eso es lo que tú debiste hacer desde un principio, Daigo…»

— Sin importar el pasado, ahora puedo entenderlo todo claramente. —Respondió Daigo, cerrando sus ojos con tranquilidad—. Ahora puedo decir sinceramente que me arrepiento de mis pecados, y que estoy orgulloso de que tú seas mi hijo.

— Aprendí mucho dado todo lo que viví, he madurado y ahora soy una persona muy diferente a ese ronin de dieciséis años que conociste. —Aclaró Hyakkimaru en un tono mucho más apacible, suavizando su mirada—. Yo también puedo decirte sinceramente que te perdono, perdono todo el daño que me hiciste, y no te guardo ya ningún rencor.


Hyakkimaru abrió sus ojos de golpe con su respiración algo descontrolada. Volteó a su alrededor con confusión, dándose cuenta que se encontraba sentado a la sombra de un gran árbol.

— “¿Qué fue eso? —Pensó aun algo adormilado, rascando su cabeza—¿Fue un sueño? No… Eso pareciera, pero no lo fue. Él me vino a hablar en sueños…—Alzó la vista al cielo, al tiempo que una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios— Parece ser que por fin tu alma podrá descansar en paz, Daigo Kagemitsu…”

Hyakkimaru se levantó del suelo y se sacudió el polvo de su ropa, comenzando a recordar poco a poco lo que había pasado. Había salido de viaje por unos cuantos días a una aldea lejana a entregar algunas prótesis.

Extrañando a su familia como siempre lo hacía cuando se iba, se había apurado para regresar lo antes posible a su hogar. No había reparado en lo cansado que se sentía hasta que se detuvo un momento a descansar a la sombra de un árbol y al parecer había terminado quedándose dormido.

— “Cuando Dororo me vea tan cansado seguramente se molestará conmigo y me regañará, pero no importa, deseo más que nada ya estar con ella y mis pequeños. Además, siempre se ve tan hermosa cuando se enoja”.

Pensó Hyakkimaru con ensoñación recordando el hermoso rostro de su esposa. Se dirigió a un arroyo cercano, lavó su cara para despertar por completo y se dispuso a continuar su camino para regresar con su familia.


Hyakkimaru divisó su casa a lo lejos, apresurando el paso para llegar con esas tres personas que tanto amaba. A pesar de lo feliz que se sentía, algo extraño pasó. Nadie salía corriendo de su casa para recibirlo.

Se detuvo por un momento, mirando a su alrededor confundido. Todo dentro y alrededor de su casa se veía normal, había ropa tendida afuera, así como alguno de los juguetes de madera que había hecho para sus hijos esparcidos por la entrada de su casa. Si todo lucía normal ¿Dónde estaban su esposa y sus niños?

Entró en la casa y todo estaba tranquilo. Estaba demasiado callado para una casa con una esposa activa y animosa, y para dos niños traviesos que adoraban jugar.

— Estoy de vuelta…

Dijo Hyakkimaru con una voz baja e insegura. Avanzó unos cuantos pasos para detenerse en el centro de la habitación principal. Permaneció en silencio mirando a su alrededor con atención cuando sintió a dos pequeños cuerpos correr hacia él y pegarse a sus piernas. Su espalda también fue atacada por una suave figura que desprendía un olor dulce y agradable.

— ¡Papi! ¡¡Feliz cumpleaños!!

— ¡Api! ¡Api!

— ¡¡Hyakkimaru!! ¡¡Feliz cumpleaños!!

Hyakkimaru se las arregló a duras penas para no caer al suelo tras verse sorprendido por ese triple ataque de amor. Sus dos pequeños abrazaban sus piernas con cariño, mientras que Dororo se había lanzado a él y lo abrazaba por la espalda.

— Dororo, Kaede, Yusuke ¿qué pasa? —Preguntó Hyakkimaru entre emocionado y sorprendido.

— ¡Papi! ¡Es una sorpresa!

Gritó su pequeña Kaede con una radiante sonrisa, dando saltitos de alegría. Su pequeña princesa ya contaba con cuatro años de edad, era una niña inquieta y traviesa, tal cual había sido su madre en su niñez.

— Api… Sopesa…

Su segundo hijo, el cual había nacido dos años después de Kaede era un niño tranquilo que apenas estaba aprendido a hablar. El pequeño Yusuke se aferró con cariño a su pierna. Hyakkimaru bajó su vista y lo miró con ternura, su cabello color café oscuro apenas le estaba creciendo, pero ya se veía igual de alborotado que el de Dororo. Ese pequeño había tenido la fortuna de sacar unos hermosos ojos color caramelo idénticos a los de él. Ver al pequeño Yusuke era como ver un pequeño Hyakkimaru.

— ¿Será posible que tenga un esposo tan despistado? —Preguntó Dororo con una sonrisa burlona al tiempo que se agachaba para cargar a Yusuke en sus brazos—Hyakkimaru… ¿en serio olvidaste tu propio cumpleaños?

— ¿Mi cumpleaños? ¿Es el día de hoy?

Hyakkimaru abrió los ojos con sorpresa, intentando recordar el día en el que estaban.

— Te dije que esto pasaría, Dororo. —Escuchó una voz conocida al fondo de la habitación y Tahomaru salió de la cocina cargando de caballito a un pequeño niño en sus hombros—. No tenía caso hacerle una fiesta sorpresa a aniue, el pobre apenas se acuerda de lo que desayunó ayer.

— ¡Papá! ¡Quiero comer ya! —Comenzó a gritar el pequeño de tres años en los hombros de Tahomaru, al tiempo que jalaba sus cabellos.

— ¡Basta, Hyogo! No hagas eso, vas a caerte, además lastimas a tu padre.

Natsumi salió detrás de su esposo y comenzó a llamarle la atención a su hijo.

— No te preocupes querida, lo tengo bien sujeto, no va a caerse.

Le respondió Tahomaru con ternura, mirando con cariño a su hijo en sus hombros.

— ¿Esta era una fiesta sorpresa? —Preguntó Hyakkimaru, ladeando su cabeza con confusión.

— Eso intentamos, pero creo que no funcionan las cosas si el festejado no recuerda su cumpleaños. —Respondió Dororo con una sonrisa irónica.

— Lo lamento, estaba tan feliz por regresar con ustedes que lo olvidé. —Confesó Hyakkimaru mientras se acercaba a su esposa y le daba un corto pero dulce beso en sus labios.

— Eres un tontito.

Fue lo único que pudo decir Dororo mientras veía con ternura como Hyakkimaru cargaba a su hijo y comenzaba a levantarlo hacia el cielo con sus brazos para después juntar su frente con la de él y frotarla suavemente. El pequeño reía, mirando con cariño a su padre.

— Bueno, vamos a olvidar ya este intento fallido de sorpresa. —Sugirió Natsumi con su inmutable dulce sonrisa de siempre—. Lo importante es que Hyakkimaru regresó sano y salvo de su viaje, y ahora estamos aquí juntos para celebrar su cumpleaños.

— Tienes razón, querida. —Le dijo Tahomaru, abrazándola por la cintura—. Aniue, nuestras esposas se esforzaron mucho en preparar unos deliciosos platillos para festejarte, así que lo mejor será que vayamos a comer ya, antes de que se enojen… No quieres ver a Dororo enojada ¿verdad?

— No, eso sería horrible. La última vez Kaede se asustó mucho. —Dijo Hyakkimaru con una pequeña sonrisa nerviosa—. Mejor vamos de una vez.

— ¿Qué están insinuando? Par de hermanos revoltosos.

Se quejó Dororo inflando sus mejillas mientras los seguía a donde estaba la comida.

— ¡Mamá da miedo cuando se enoja!

Gritó Kaede con sinceridad y una enorme sonrisa inocente, todos comenzaron a reír ante el comentario de la pequeña.

 — ¿En serio piensas eso de mamá, Kaede-chan?

Le preguntó Dororo a su pequeña mientras acariciaba su cabeza. La niña movió su cabeza vigorosamente de arriba hacia abajo para responderle. Dororo río dulcemente, y con una sonrisa arrepentida le dijo:

—Lo lamento, te prometo que ya no me enojaré. Vamos, ahora ve por tu hermano para comer juntos con papá.

— ¡Si! ¡¡Hoy comeremos con papi!!

Kaede no perdió tiempo y corrió donde su hermano menor para tomarlo de la mano y hacerlo caminar con ella hasta donde estaban ya servidos los platos. Tuvo que hacerlo muy despacio pues Yusuke apenas estaba aprendiendo a caminar, dado esto perdía el equilibrio con mucha facilidad. 

Ya con todos sentados disfrutando de la comida, Hyakkimaru miró a su alrededor con felicidad.

Su hermano menor sentado junto a él, celebrando su cumpleaños. Hace unos años eso sin duda hubiera sido muy difícil de creer, si se lo dijera al Hyakkimaru de dieciséis años seguramente este no pudiera creerlo ¿cómo hacerlo si en ese entonces su única ambición era recuperar su cuerpo, y la de su hermano cumplir los egoístas sueños de su padre, incluso negando a su propia sangre?

Tuvieron que cometer muchos errores para aprender una valiosa lección que la vida les enseñó al reencontrarse, y es era que sin importar todo el dolor y lo que se hubieran lastimado en el pasado, siempre habría lugar para el perdón y podrían comenzar desde cero.

Claro, de vez en cuando aún discutían, pero ambos sabían que siempre podrían contar con la ayuda del otro cuando lo necesitaran, pues por sobre todo eran hermanos, se querían y apreciaban.

Tahomaru también tras muchos años de ser incapaz de perdonarse a sí mismo por los errores del pasado, finalmente había decidido darse una segunda oportunidad, y ahora era un hombre feliz que lideraba una aldea al lado de una mujer hermosa tanto por fuera como por dentro.

Natsumi era una mujer bondadosa que poco a poco fue curando el corazón herido de su hermano menor con su dulzura y amor desinteresado, ella lo amaba sin importar las cicatrices de su pasado. Eran un matrimonio feliz que había procreado un niño sano y travieso, a quien habían decidido llamar Hyogo en honor a ese joven valiente y noble que tanto ayudó a Tahomaru en el pasado.

A su lado se encontraba el amor de su vida, su adorada pequeña y hermosa Dororo. Esa valiente y noble niña siempre estuvo a su lado a pesar de todas las dificultades que enfrentó para poder recuperar su cuerpo. Le era increíble pensar cómo en un principio le había parecido molesta y difícil de descifrar, ahora simplemente ya no imaginaba la vida sin ella. Cada mañana que despertaba a su lado se sentía la persona más afortunada del mundo. Afortunado de haber cruzado su camino con ella, afortunado de haber conquistado su bondadoso corazón, afortunado de su infinito amor al esperarlo cinco años, afortunado de ser el esposo de esa hermosa y valiente mujer que sin importar todos los años que ya llevaran juntos, cada día se enamoraba nuevamente de ella. Siempre sería así, siempre moriría de amor por ella.

Del fruto de su amor habían nacido sus dos hermosos hijos, las otras dos partes de su alma, sus otras dos razones de existir. Kaede jugaba con su primo Hyogo, mientras que Yusuke gateaba cerca de su hermana. Cuando sus pequeños se dieron cuenta que los observaba ambos voltearon a verlo y le mostraron una cariñosa y enorme sonrisa, haciendo que su corazón se agitara de amor y dulzura.

Si al empezar ese viaje por recuperar su cuerpo hubiera sabido que años después sería un hombre tan feliz ni él mismo hubiera podido creerlo. No solo recuperó su cuerpo, su destino comenzó a moverse desde ese momento para premiarlo a futuro con una vida feliz y pacífica, todo ese sufrimiento había valido la pena por la vida que tenía ahora.

Estaba convencido de eso, y ya no le importaban esos malos recuerdos pues lo hicieron la persona que era ahora, le otorgaron todas las bendiciones que tenía a sus ya veintisiete años.

Reflexionando todo esto, apreciando las risas a su alrededor y observando a todos sus seres queridos, Hyakkimaru cerró los ojos mientras un pensamiento cruzaba por su cabeza:

— “Soy feliz”.

 

FIN

Notes:

Y así es como esta historia llega a su final. En verdad me siento muy feliz de haber podido compartir esta historia con ustedes donde fui capaz de darle un final feliz a esta hermosa pareja que tanto se lo merece.
Como pueden ver, esta historia tiene un final más que concluso y completo, aún así, para aquellos lectores que se quedaron con ganas de más, la siguiente semana estaré subiendo una nueva historia llamada "Parte de mi alma". Será una historia corta de 18 capítulos en donde relataré como es la vida de Hyakkimaru y Dororo como padres de familia, y por supuesto donde podremos ver un poco más de los dos hijos que tuvieron: Kaede y Yusuke.
Muchas gracias por haber leído la historia hasta este punto, así como también por comentar y dejar sus kudos, espero que esta corta y sencilla historia haya sido de su agrado n.n

Notes:

Contribuyendo al fandom latino de Dororo con todo el gusto y amor del mundo (^ω^)
Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

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