Chapter Text
Era más de medianoche y Lucie Herondale pensó que era momento de parar de escribir por hoy, así que cerró su libro en blanco que le dio James en su octavo cumpleaños. Intentó acomodar su cabello marrón que caía en cascada sobre su bata de dormir para que no se le enredara, pero delante de él prefería tenerlo suelto. Con cuidado se metió a su cama mientras Jesse estaba recargado en la ventana.
“Debería incluir el segundo nombre de Cordelia más seguido, es tan heroico y describir más su cabello rojo oscuro, ella es la imagen de la perfección, es como Boadicea reencarnada en 1903” dijo Lucie con entusiasmo.
Él tenía una opinión respecto a su cabello y que ella también era valiente, su propia imagen de la perfección, pero no sabía si debía tomarse libertades, después de todo ella había dicho que era solo una “amiga devota”, todos esos sentimientos que había albergado el último par de meses debían seguir resguardados, enterrados en lo más profundo de su alma como los cuerpos del Highgate Cementery
“¿Cuál es tu segundo nombre?” él soltó de repente sin poder contenerse.
“Ella, es uno de ellos, pero es todo lo que tendrás esta noche porque estás quebrado y mis pensamientos valen más que un penny” dijo ella entre risas
Lucie Ella Herondale, el nombre resonaba en su mente como notas de piano, el nombre de una heroína.
“¿Y cuál es el tuyo?” Preguntó curiosa, inclinándose un poco y estirando sus brazos por las sábanas
“Rupert, Jesse Rupert Blackthorn” él dijo mientras bajaba la mirada
“Como tu padre…”
“Mi madre pensó que era una buena forma de honrar su nombre, o simplemente recordarlo ya que ella dice que me parezco mucho a él” pero él sabía que eso solo significaba una condena, una tortura el oír a su madre delirar y extrañar al hombre del que tanto hablaba, pero Jesse no era su padre, él tenía autonomía y solo quería que lo reconociera por lo que realmente valía y no por lo que se parecía.
“¿Entonces te pareces mucho a tu padre… pero eres como él?” Lucie sabía que los rasgos angulares de Jesse eran por la sangre Lightwood, pero los ojos verdes y el cabello negro debían venir de los Blackthorn y curiosamente eran los rasgos a Sir Jethro, pero ella quizá sólo los encontraba interesantes y motivos de inspiración para su novela.
¿Él era como su padre? ¿Compartían algo más que el parecido físico?
“Demasiado dice mi madre, hay un cuadro de él en la Mansión Blackthorn, no sé si algún día puedas verlo” pero Jesse sabía que Tatiana no dejaría entrar una sola alma a esa casa, y menos de una Herondale. Quizá si él resucitara y formara una vida con Lucie... no no no, debía alejar ese pensamiento.
De pronto Lucie soltó un bostezo.
“Ya es algo tarde, debería retirarme y dejarte descansar” dijo, considerando que la chica había pasado demasiadas noches desvelándose hablando con él, no sería bueno para su salud, quizá debería de dejar de visitarla, tal vez ella solo lo recibía por cortesía, porque era la única que podía hablar con él, aparte de Grace y su madre.
La luna iluminaba la habitación de Lucie y ella en su cama, con sus largos cabellos sueltos y ojos azules apenas abiertos la hacían lucir como polvo de Estrellas, pensó él.
“No, perdón, solo...” vacilando ella continuó “Quédate un rato más, puedes sentarte en la orilla de la cama por si estás cansado” al terminar de decirlo sus mejillas se enrojecieron, pero las ocultó con las sábanas blancas.
¿Lucie se había avergonzado? Tal vez solo eran imaginaciones suyas.
“No, no, no, no sería correcto, después de todo deberías reservar esas acciones para alguien más” la sola idea de estar más cerca de Lucie lo aterraba, pero la parte de él que solo era un chico de 17 años era peor, si Lucie algún día llegaba a tener un esposo que no fuera él no podría quitarle ese privilegio, pero él quería ser el primero y el único, dijo la voz en su mente.
“Está bien, además eres un fantasma con sentido de propiedad, confío en ti” dijo ella sonriendo.
Y esas palabras fueron magia pura, esa chica que podría comandarlo cuando quisiera le estaba dando su completa confianza y él se sentía agradecido, bendecido. Este era una gran broma que el Ángel le estaba haciendo.
Con cuidado se sentó en la esquina de la cama, cuidando de no tocar nada.
“Si Jessamine me viera en este momento llamaría a tu padre y él encontraría la forma de matarme, otra vez” susurró.
No transcurrió ni un minuto y Lucie empezó a soltar pequeños ronquidos, es tan adorable, Jesse pensó. Eso indicaba que era momento de retirarse, así que se paró lentamente, dio un último vistazo a ella y al voltearse vio el escritorio de Lucie donde estaba cerrado “The Beautiful Cordelia”, conteniendo su enorme curiosidad confió en que ella algún día lo dejaría leerlo cuando la confianza entre ellos creciera.
Un rayo dorado iluminado por la luna salió de la libreta y Jesse pudo notar que como separador Lucie había puesto una peineta dorada, un tesoro en verdad pero no tanto como la chica que yacía dormida; era cosa de escritores tomar lo que estuviera a su alcance y sacarles provecho sin importar lo gastados o valiosos que fueran. Quizá Lucie algún día guardaría el recuerdo de él después de desvanecerse como algo más sin demasiado valor en su vida o lo atesoraría al igual que sus escritos. Ese fue su último pensamiento antes de regresar a la noche oscura, esperando tener la fuerza necesaria para aparecer la siguiente noche y verla de nuevo.
“Por favor” dijo mirando a la luna.
Incluso si Lucie le hubiera dejado a él leer las historias de The Beautiful Cordelia, él no podría haberse preparado para el hecho de que conocer su contenido cambiaría su vida por siempre.
