Chapter Text
“Parezco viejita pero la verdad tener una cobija en las piernas es un placer que espero no olvidar”
Se murmuró para sí misma, al notar que arrastraba la acomodó de nuevo, aunque sabía que con sus movimientos se arrastraría de nuevo; pese a que envolver aquel cuaderno había sido una idea que sonaba fácil llegó a serle un poco tedioso. No sabía el porqué, o si estaba relacionado con su enfermedad, pero en algunos momentos sus manos no respondían cuando quería cortar un poco de cinta adhesiva, ¿Quizá fue demasiado escribir en todas esas 200 hojas para su cuerpo antes de que acaba el invierno? Al momento descartaba la pregunta, pues en algunos momentos sus piernas comenzaban a moverse o si no las movía en algunos momentos le comenzaban a dolor, tenía que aguantar un poco más, se juró a si misma que le diría a Harvey todos los síntomas cuando pasara su aniversario de boda con Shane, que era el cinco de primavera.
Era lo único que le pedía a Yoba; recordar –quizá- el último aniversario que pasaría con Shane
Movimiento en círculos sus pies para que dejaran de dolerle siguió envolviendo aquel cuaderno de pasta dura, había salido un poco caro, pero quería que fuera resistente, que durara lo que Shane lo necesitara. Con aquel listón de color marrón dio el último toque, incluso colocó en donde se formaba en nudo una flor hada que había cultivado en una maceta con ayuda de Emily. Y justo cuando la necesitaba, Emily se acercó a su mesa, preguntándole si necesitaba o quería algo.
“No, muchas gracias Emi. Pero quería pedirte un favor”
“¡Dime! ¡Me gustaría ayudarte!”
Ante la clara emoción, la granjera tomó el regalo y se lo acercó, agradeció en silencio que Emily lo hubiera tomado rápidamente, pues su brazo al momento se dejó caer.
“Cuándo me vaya quiero que le entregues esto a Shane”
“¿Irte? ¿A dónde?” Era claro que la confusión que Emily mostraba era una máscara para ocultar que sabía perfectamente a lo que se refería.
“Cuándo me muera…” Se aclaró la garganta, pues sentía como se le secaba en incluso cómo comenzaba a cerrársela. “Cuándo me muera, y tú veas que lo necesita, entrégale mi regalo”
Emily, quien siempre se caracterizó por ser alguien siempre sonriente miraba a la granjera como si quisiera decir algo, incluso abría por segundos los labios, al final solamente soltó un leve suspiro. “No te preocupes, se lo entregaré” Sonrió con tristeza, sin preguntarle de nuevo si necesitaba algo dejó a la granjera sola en su mesa. Le había dolido más de lo que esperaba el haberle pedido algo tan íntimo a la contraria, pero sabía que esa sería una manera para que Emily y Shane hicieran más estrecha aquella amistad que había comenzado por un interés tan común como son las aves. Sonrió al recordar la cara de horror de Clint.
Miró la mesa, era poco desastre así que lo hizo a un lado, sacó de debajo de la cobija una baraja que le había dado el amigo de Harvey y comenzó a acomodar las cartas para jugar solitario, llevaba años jugando diferentes juegos con la baraja española, así que se emocionó cuando le dijeron que sería parte de su terapia. Además, se encontraba bastante cómoda en el salón, no había entablado una conversación con alguien más a pesar de ser viernes, pero no le importaba demasiado; pareciera ser que ser que haber llegado a la granja le había enseñado a disfrutar estar sin compañía.
Si era sincera había extrañado la soledad, claro que disfrutaba la compañía de sus amigos, pero sentía que, cuando la acompañaban, no podían relajarse pues, aunque ellos no lo hacían conscientemente se ponían al pendiente de ella, la cuidaban, incluso podría decir que la llegaban a proteger. Cuando lo pensaba sentía una necesidad de alejarse de los demás…
¿Sería bueno internarse en un asilo?
El doctor se lo recomendaba todas las veces que venía a visitarla. Y poco a poco la insistencia le había marcado un poco, antes respondía que no, pero al notar como Shane se cansaba de más por tener que cuidarla sus respuestas comenzaban a ser “Luego hablamos de eso” “Es buena idea” “¿Sabe de un lugar?” Y probablemente en tres días, que sería su próxima cita le pediría lo que requiere para internarse. O quizá en un día cambie de opinión, ya no le gustaba hacer planes; sabía que era poco probable que llegara a realizarlos.
Pese a que Harvey le había dicho que se mantuviera positiva ella en algunos momentos lo lograba encontrar razones para sentirse siquiera feliz, los problemas de sueño habían regresado, olvidaba algunas cosas y lo único que recordaba en ese momento era que quería internarse en un asilo para evitarle más dolor a sus amigos; Emily era ahora su ejemplo del por qué debía de alejarse.
Cuando puso su atención en las cartas notó que había hecho horribles jugadas, sabiendo que intentar de nuevo le haría enojarse comenzó a recoger sus cosas, se levantó y con la cobija en su antebrazo y sosteniendo el material que utilizó se dirigió a la puerta… Pero miró de reojo al escuchar como Emily llamaba su nombre. Dejó de apretar el pomo de la puerta y se sentó en la barra donde Emily se acercó a ella con, quizá la malteada más ¿Colorida? ¿Viva? Que había visto, ni siquiera podía decir que de pequeña había pedido algo tan llamativo. Sin miedo tomó un poco, “¡Esto está delicioso!” Exclamó al momento para después seguir tomando un poco más, cuando dejó el vaso en la barra tomó la servilleta que le ofrecía Emily y se limpió el chantillí que le había quedado.
(…)
La plática que tuvieron fue más amarga que la malteada, quizá por eso se la había entregado. Las palabras que le había dicho Emily eran esperanzadoras y crueles a la vez; pero lo primero le ganaba a lo segundo, algo que hizo que su esperanza estuviera al máximo, se permitió imaginar ciertas cosas con la chica, quien compartiendo su alegría le seguía la corriente. Ni siquiera se dieron cuenta que Gus había dejado que Emily se quedara el resto de su turno hablando con la granjera, la alegría que ambas irradiaban hacían que la atmósfera del salón mejorara considerablemente.
La granjera, ahora con otra actitud dijo que era momento de irse, “No te preocupes, la lluvia no me hará tropezar” respondió ante la sugerencia de Emily para acompañarla a casa. Se sentía bastante feliz, incluso podía sentir que podía comerse al mundo entero… ¡Esa expresión no era muy adecuada para alguien de su edad! ¡Aunque tampoco estaba tan vieja! Sus pensamientos hacían que sonriera un poco más, abriendo la puerta del lugar simplemente dio un paso hacia afuera.
Estaba segura que había dado un segundo paso, recuerda vívidamente el sentimiento de horror que sintió cuando su pierna dejó de responderle e incluso de tener fuerza, recuerda como cayó al suelo en su brazo e incluso como su nariz también recibió el golpe fuerte, aún le duele la garganta del grito de dolor que hizo.
(…)
“… Y es así como terminé con esta cicatriz en mi nariz… Y como tengo este cabestrillo, por eso Harvey canceló nuestras citas”
“¿Es todo lo único más rescatable de las semanas pasadas?”
“Sí”
“Tu esposo me comentó que hace unos dos días fue su aniversario, ¿Te acordabas de eso?”
“Sí”
“¿No es eso algo importante?”
“Sí”
“¿Y por qué no me lo dijiste?”
“Nos la pasamos en el hospital, ¿usted cree que quiero acordarme de mi último aniversario con mi esposo? Entre más rápido lo olvide, mejor”
