Chapter Text
-No puedo, no quiero hacerlo- había dejado de llorar hacia bastantes horas, pero aun continuaba intentando procesarlo, cada cierto tiempo un escalofrío recorría su columna y la hacía temblar.
-Quizá no sea tan malo, puede que los rumores no sean ciertos – la rubia intentaba calmarla, darle razones para no estar tan nerviosa. Era complicado – nadie puede ser tan cruel –
La pelinaranja intentaba calmar su respiración, estaba hiperventilando, sentía su corazón martillear en su pecho, sudaba frio, y sentía como su estómago ser revolvía, también temblaba. Estaba teniendo una ataque de pánico.
-No- su temblor aumentaba con los segundos.
- Escúchame Nieves, cierra los ojos y respira profundamente – la pelinaranja intento acatar la orden.
Inhalaba de manera entrecortada, era complicado. Akira solo acariciaba sus manos y espalda mientras le indicaba que siguiera su respiración.
Sentía la humedad fría sobre su rostro y espalda, las lagrimas arremolinarse sobre sus orbes para luego caer sobre las mantas de su cama.
No quería dejar su hogar, no quería abandonar a Akira ni a su hermano, no quería estar con ese hombre.
No quería sufrir a su lado.
No quería morir.
-Tranquila, estoy contigo- escuchaba la delicada voz de la rubia en su oído.
-Y-yo- intentaba articular palabras, en vano.
-Shhh… solo sigue mi respiración –
Inhala, exhala.
Con los minutos su ritmo se fue regulando, sus extremidades dejaron de temblar, podía seguir a la perfección la respiración de Akira y entender perfectamente sus palabras.
Pasaron varios minutos antes de que las gotas dejaran de brotar por sus zafiros.
-Estoy mejor- pudo articular en un susurro.
La rubia la miro, sus labios se curvaron en una sonrisa. Nieves hizo el mismo gento, pero más débil. La mas alta tomo una de las manos de la pelinaranja para cubrirla entre las suyas en un gesto que le daba seguridad. Nieves amplio su sonrisa.
En ese momento escucho como tocaban la puerta, la rubia se levantó, y le pidió permiso con la mirada para abrir. Seguramente era Rubén, por lo que asintió.
La madera rechino levemente al moverse. Efectivamente, el chico castaño se encontraba detrás. En cuanto puso entro a la habitación, la chica cerró la puerta.
Él tenia la mirada perdida, miraba el suelo y las paredes, pero no a ella.
- ¿Qué sucedió? – pregunto la menor - ¿No fue bien con madre? – él negó con la cabeza.
-Nieves… - susurro – ella no piensa cambiar su decisión… lo siento – veía sus puños cerrados y como contenía unas pocas lágrimas que se acumulaban en el borde de sus orbes. Notaba la impotencia de su hermano al no haber podido cambiar el pensamiento de la reina.
Agradecía haber llorado antes de que él llegara, y también que gracias a Akira estuviera más calmada aunque la angustia y desesperación siguieran sembrados en su corazón.
-Gracias por intentarlo… sabíamos que no cambiaría lo dicho – las lágrimas volvían a acumularse en sus ojos, debía calmarse. Inhala, exhala. Logro detenerlas un poco pero eso no evito que su voz se cortara – gracias osito – le sonrió al castaño quien ahora la miraba, no había escuchado ese apodo desde hacía muchos años.
-Perdóname – vio una pequeña gota recorrer el rostro del mayor. Se levanto rápidamente para limpiarla y tomar su mano, tal y como Akira lo había hecho con ella hacía unos minutos.
- No había nada que pudieras hacer, no tienes que disculparte – le sonrió, en los ojos de ambos se asomaban pequeños cristales salados que amenazaban con salir, sin embargo, ninguno logro recorrer sus rostros.
Rubius suspiro – ella me dijo que partiríamos en tres días, tu, Akira y yo. Al menos no estarás sola – vio como la rubia se estremecía un poco ante esa declaración, pero no dijo nada – debemos preparar todo. Y no te preocupes, te protegeré sin importar lo que me suceda – el apretó la mano que aún lo sostenía, ella solo asintió y sonrió levemente ante la declaración. – Debo ir a preparar mis cosas, Akira – la mencionada lo miró – prepara todas las cosas de Nieves y las tuyas también, vendré a ayudarte en cuanto termine con lo mío – ella asintió ante la orden.
Separo su mano de las de la menor, dirigiéndose de nuevo hacia la puerta para salir. Volvió a regalarle una sonrisa que expresaba un “perdón” antes de desaparecer por el pasillo.
Tenían los tres carruajes completamente cargados de maletas, en su gran mayoría de Nieves, a ella siempre le había gustado usar ropa distinta y de colores diversos. Era el estereotipo de princesa de cuento, con sus ropas llenas olanes y adornos, lo que hacía que las valijas se llenaran con pocas prendas.
Él había de terminado de acomodar lo último, también comprobó que los caballos estuvieran amarrados correctamente y que los suministros fueran suficientes para el viaje de cinco semanas que debían hacer. Llevan lo suficiente para una semana y dinero para comprar comida en los pueblos y ciudades que cruzaran. Porque para poder llegar a Karma debían cruzar otro reino.
Vio como las dos mujeres se acercaban a los carruajes, detrás venían varias personas, supuso que querían despedirlas. Aunque realmente no había muchas personas fuera de la servidumbre que le tuvieran un aprecio real a la princesa.
Entre esas personas diviso el característico cabello naranja de sus hermanos. Detrás de Nieves venia Lolito.
Nunca tuvo una relación estrecha con él, incluso pensaba que este le tenia algo de asco por tener que compartir sangre con alguien fuera de la nobleza. Pero no podía negar el aprecio que el menor le tenía a Nieves, tampoco eran muy cercanos pero al final eran gemelos, era imposible que no se interesaran aunque fuera un poco por el otro.
El pequeño grupo estaba a tan solo unos pasos de él, una persona se abrió paso hasta quedar enfrente suyo. Él sonrió tristemente.
-Te voy a extrañar- Heberon lo miraba intentando que las gotas no se derramaran por sus ojos.
El líder de los caballeros le extendía los brazos para abrazarlo por ultima vez, él fue su padre, él lo crio y le enseño todo lo que sabía, le sembró su sentido de protección hacia Nieves y le dio la fuerza para no caer cuando la reina lo desprecio tantas veces siendo solo un infante.
Recordaba cuando entrenaban y las caídas al lodo dejaban de ser dolor y llanto para convertirse en risas. Sus felicitaciones quedaron grabadas en su mente, tanto que esfumo el dolor de no poder escucharlas de su progenitora.
Él era la única otra persona, además de su hermana, por la que daría la vida.
-También te extrañare padre – contenía las lagrimas e intentaba forzar una sonrisa, separarse no seria fácil. Se acerco para que se pudieran estrechar, sintió sus brazos rodeándolo y apretándolo tan fuerte que le costaba respirar. Pero no se quejó, porque hizo lo mismo, lo apretó intentando aferrarse él, como cuando era niño y tenía alguna pesadilla, recordó esos momentos, cuando lo nombraron oficialmente como el guardaespaldas de la princesa y lo abrazo mientras le decía lo orgulloso que estaba de él, de lo fuerte que se había vuelto y de la maravillosa persona que era, recordaba cuando tuvieron una fuerte pelea, como después de los gritos de ambos vinieron las disculpas y una reconciliación donde ambos e dieron algunas palmaditas en la espalda después de arrepentirse de lo que había dicho.
Recordó cada momento, cada vivencia y experiencia con el mayor, y que todas ellas lo hacían ser la persona que era en ese momento, le agradecía todo y se lamentaba por no poder pagárselo, seguir un buen camino y hacerlo sentir orgulloso era lo único que podía ofrecerle a cambio.
Poco a poco redijeron su fuerza para poder volver a inhalar correctamente, pero no se separaron, se quedarían ahí por varios segundos antes de que el mayor volviera a hablar.
- Estoy orgulloso de ti hijo – sintió como una lagrima recorría su mejilla. Heberon se separo lentamente, le sonrió y limpio la pequeña gota – Siempre lo estaré.
Sintió el nudo formándose en su garganta, quería contener su llanto, le costaba asimilar que debía separase de la persona que lo crío, si lloraba, su despedida seria aún más dolorosa.
Se dieron un ultimo abrazo antes de decir adiós.
Limpio las gotas que amenazaban con salir antes de retomar su postura y abrir la pequeña puerta para que Nieves y Akira subieran al carruaje. Una vez que ambas estuvieron dentro, cerro y él se dirigió al siguiente.
Cuando cerro la puerta empezaron a avanzar. Seria un viaje bastante largo y aburrido.
Después de lo que parecieron ser horas se encontraban en un lugar alto y bastante alejado, podía divisar el castillo y la ciudad a sus pies. Ese era el adiós a su hogar.
El adiós al reino de Nörsk.
