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Hidden Place

Chapter 4: ꜱʜᴀᴅᴇꜱ ᴏꜰ ᴄᴏᴏʟ

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"Mi bebé vive en tonos azules, ojos azules, jazz y actitud."

1 semanas después.

Después de una larga jornada, llego a casa y desempaco la última caja que quedaba en su departamento. Se acostó sobre el sillón y soltó un suspiro ahogado. Estaba tan cansada física y mentalmente, esta semana había sido difícil, no logro acoplarse, en especial porque extrañaba a su madre, pues durante toda su vida estuvo tan apegada a ella que nunca se imaginó alejarse para cumplir sus sueños. Aquella mujer es la que siempre ha sido la que ha admirado toda su vida. Isis siempre ha deseado ser tan fuerte como ella, tener aquella seguridad que la característica y esa resistencia a los problemas, nadie era como su madre y por eso la amaba demasiado.

Su estómago rugió y se levantó del sillón. Tenía muchas ideas para preparar un deliciosa cena esta noche, pues ya era fin de semana y que mejor que preparar su platillo favorito.  Reviso al estantería y se llevó la sorpresa de que se encontraba vacía. Miro el reloj y marcaban las siete de la noche, así que aun tenía la posibilidad de hacer las compras para toda la semana. Suspiro ante la falta de energía y se puso su chaqueta negra. Agarro las llaves del departamento y bajo con gran velocidad las escaleras. Camino unas cuadras por las húmedas calles de Tokio, hasta que llego a aquel supermercado que la sacaría de problemas. Entro decidida a no perder más tiempo. Se sorprendió de lo estético y cálido que era el lugar. Inglaterra no era nada comparado con esto. Tomo una canastillas y camino por los pasillos recordando todo aquello que le hacía falta. A lo lejos vio su cereal favorito y corrió alegremente. Sus manos chocaron con otras manos y observo a aquel viejo hombre con una leve sonrisa apenada. Su pelo era corto, con los primeros signos de canosidad, además lucía una espesa y canosa barba recortada, que lo hacía lucir bastante bien.

—Es tuyo.- lo soltó.

—Gracias.-La joven le devuelve la sonrisa y se lleva la caja de cereal.

El viejo hombre la observa de pies a cabeza. Una extraña sensación se apodero de su cuerpo y decidido jugar bien sus cartas. Se recostó sobre el suelo y soltó un gran grito llamando la atención de los que se encontraban cerca.

—Oh my God- Isis se giró a donde el grito provenía. Aquel hombre se encontraba en el suelo con una mano en su rodilla. Corrió a donde se encontraba y me agacho para socorrerlo.

—¿Se encuentra bien?¿Quiere que lo ayude en algo?-

—No me siento nada bien- se quejó. —mi hija me va a matar por no llevar las compras de hoy.- trato de levantarse, pero cayo de nuevo al suelo. En sus adentros quería reírse, pero no queria arruinar el plan que armo en tan solo segundos para su nieto que se encontraba deprimido. —¿Podrías ir por alguno de esos carritos donde los viejos como yo pueden sentarse?

La joven corrió desesperadamente a la entrada del supermercado, dejo su ID y manejo aquel carrito hasta llegar a aquel viejo fornido. Lo ayudo a levantarse cuidando que no se lastimara y lo sentó para que pudiera seguir sus comprar con más calma. No dejaba de ser tan Ingenua.

—No sabes cuánto te lo agradezco.-dijo con emoción el viejo.

—No es nada. Solo que ahora tendré que acompañarlo a hacer sus compras para evitar más accidentes.-

—soy Joseph Joestar.- extendió su mano.

Al cabo de unos minutos ambos se encontraban haciendo las compras de la semana. Aquel viejo se mostraba m uy simpático y salía con cada ocurrencia, no dejaba de platicar mucho de su esposa y de su hija. Después de un tiempo cada uno pago sus compras y salieron de aquel supermercado.

Joseph se recargaba en el hombro de la más joven para apoyarse y no “caer” de nuevo. El olor a petricor del lugar llamo la atención de ambos, ¿Quién no amaba el olor de la tierra húmeda después de una grata lluvia?

—Apuesto a que ahora dirás "Deberíamos tomar un taxi e ir a su casa, podría enfermarse"- dijo con gran seguridad.

—Deberíamos tomar un taxi e ir a su casa, podría enfermarse...-abrió sus ojos con sorpresa y el viejo Joseph comenzó a reír. Isis trato de buscar la manera en que pudo adivinar las palabras que iban a salir de su boca, pero al no encontrarlas decidió preguntar. —Espera... ¿Cómo sabía lo que iba a decir?

—Un mago nunca revela sus secretos.- guiño. —Y ahora que se tu planes, podrías quedarte a cenar con nosotros, claro, si gustas, al parecer mi hija hizo Takoyaki y Soba.-

—Me encantaría, así me desestreso un poco y conozco más de la Gastronomía Japonesa.-

Esperaron un tiempo bajo la lluvia hasta que un taxi se detuvo. Joseph dio la dirección de su casa y el taxista tomo el camino correspondiente.

—No sabes cuánto odio Japón, y no es que el país sea horrible, pero mi hija Holly se casó con hombre japonés y se la llevo lejos de mi.-

—No pensé que fuera un hombre celoso, señor Joestar.-

—Es mi pequeña Holly, soy su padre y claro que debo sentirme de esa manera. Es un encanto de mujer a lo igual que mi esposa Susie Q, pero hace tiempo me amenazó con que no me haría caso si no la llama Seiko. ¿QUE LE HA HECHO JAPÓN A MI PEQUEÑA, HOLLY?

—Respire señor Joestar- dijo tratando de tranquilizarlo. A pesar de que tenía algunas horas de conocerlo creía que ese hombre era genial y le gustaba mucho su forma de expresarse.—Trato de entender tu postura, pero vamos, ella es lo suficientemente grande. Eres su padre y claro que estarás preocupado, pero Holly ya no es una niña. Creo que la harías muy feliz llamándola Seiko.-

—Isis, creo que tienes razón.-soltó un suspiro y se quitó su sombrero. —de casualidad... ¿Tienes novio?- su pregunta le sorprendió bastante y por instante pensó que trataría de coquetearle, pero dudo de ello por la forma en que hablaba de su familia. La pecosa rasco su cabeza y mordió su lengua para no decir una tontería respecto a las relacione y su postura ante ellas.

—No estoy muy interesada en eso.- comenzó a reírse nerviosamente y coloco una de sus manos en su propio rostro. — pero respondiendo a su pregunta, no la tengo.

—Parece que mi nieto corre suerte, ¿Quieres conocerlo?- dijo entusiasmado ignorando el primer comentario de la chica. —Bueno, eso no importa, aun así, lo conocerás en la cena, no te arrepentirás, es un chico apuesto e inteligente, aunque bastante serio.-

—Señor Joestar no cree que...-

—Mi nieto cumplió los dieciocho hace poco, y por lo que veo eres una chica bastante centrada. No sabes cuánto el necesita a alguien, aunque no lo admita, y me sorprende que este sólo a pesar de que tiene bastante chicas detrás de él.-

—Su nieto es un poco Joven para mi.‐ mostro su hilera de dientes y rasco su cabeza. —Cumpliré veintiuno en diciembre, y creo que es muy pronto para suponer cosas de mí, además nada asegura que yo pueda ser del agrado de su nieto.-

—Me alegra que lo consideres, ya que no escuche que lo negaras.-

—No, no me refería a …-

—Hemos llegado.- dijo el taxista interrumpiéndola.

Le mostró una leve sonrisa y pago la tarifa del viaje. Tomo algunas bolsas con sus pequeñas manos y ayudó a Joseph a bajar del taxi. El jardín de aquella residencia era hermoso, y quizás el toque de la lluvia hacia resaltar más las hojas de los árboles, Isis se encontraba más que encantada con el aspecto del lugar.

—Papá- grito una mujer de cabellos rubios. Mostro una dulce sonrisa y se sintió como en casa al verla. Era una mujer bastante apuesta, lo era tanto que había llamado su atención. —¿Quién es la pequeña Mujer que te acompaña?-

—La futura novia de tu hijo, ven a saludarla, no nos hagas quedar mal.-

Su sangre subió a sus mejillas y miró mal a Joseph por lo que acaba de decir, el mayor rio y ambos siguieron el camino hasta llegar a la casa de su amada Holly. El ambiente era cálido y demasiado hogareño para su gusto. Dejó las compras de Joseph en la cocina y la de cabellos rubios se acercó a la más pequeña.

—Perdona a mi padre, pero supongo que ahora no te dejara en paz hasta que logre su cometido.-

—No se preocupe, mi madre es Igual, así que estoy acostumbrada- achino su mirada y extendió su mano. —Por cierto, soy Isis Cuomo.

—Seiko Kujo, ¿Gustas un poco de agua?-

—Claro.- La señora Kujo me dio un vaso de agua y bebí un poco de ella-

—¿Jotaro está en su habitación?-pregunto Joseph asomándose a la cocina.

Al escuchar aquel nombre escupió el agua que tenía en su boca y comenzó a toser deliberadamente. Su rostro se volvió rojo y coloco su antebrazo en su boca para no llenar el lugar con gérmenes. Volteo a mirar al viejo Joestar con los ojos bien abiertos y aquel le regalo una risa burlona. La joven Cuomo no había relacionado el apellido de casada con el de su tutorado, solo pensó que era mera coincidencia aquel apellido.

—¿Te encuentras bien?- hablo con un tono de preocupación. Asintió y la hizo sentarse en la silla más próxima a ellas.

La señora Kujo desapareció de la cocina y la dejo sola por unos instantes. Los nervios se apoderaron de ella, pero era algo al cual estaba acostumbrada a sentir, pero estos eran totalmente diferentes. Era como si estuviera demasiado emocionada por ello.

—¿Qué quieres viejo?- escucho aquella voz gruesa. Su cuerpo comenzó a tensarse y era seguro que sus manos comenzarían a sudar en cualquier momento.

—Ven, quiero presentarte a alguien, me ayudó a traer las compras hoy después de que caí al suelo.-

—¿Cómo es que...- el viejo Joseph lo interrumpió

—Luego te cuento, es hora de que las conozcas, quiero que la trates bien, es una buena chica, no me hagas quedar mal, que le hable muy bien de ti, estoy seguro de que será de tu agrado.

El de cabello negros apareció por la puerta de la cocina con el mismo semblante frio con el que se había presentado las ultimas ocasiones que lo vio. Jotaro la observo fijamente y la pecosa le sostuvo la mirada, perdiéndome en aquellos ojos azules ajenos. Tuvo la sensación de que su temperatura corporal subió. Se sentía tan apenada por encontrarme tan nerviosa. El aire comenzó a faltarle y se alarme de que ello estuviera sucediéndole en ese instante. Miro al viejo Joseph alarmarse, escucho algunas voces a lo lejos y seguido de ello todo se volvió negro.

Notes:

Hola, soy Dirtyharryy.
Esta historia se encuentra de wattpad de igual manera.