Chapter Text
—¡Gojo!
Y al escuchar que era llamado por su sutil jefa, el nombrado puso los ojos en blanco y guardó su preciado postre en el primer cajón de su escritorio. Se puso de pie mientras ajustaba su corbata para dirigirse a la oficina de su jefa, a la cual no tardó mucho en llegar, pues con tres pasos suyos ya se encontraba frente a la puerta. Tomó aire, luego de tocar dos veces la puerta sonrió y entró a hacia su posible muerte.
—Utahimeeeee. —canturreó tras cerrar la puerta.—¿No crees que es muy temprano para que andes de histérica?
Y como si fuese escena digna de un filme de terror, poco a poco la silla donde aquella mujer se encontraba iba girando hasta que su figura fue completamente revelada. Y Gojo solo pudo toparse con el habitual entrecejo fruncido de Utahime, la cual estaba ligeramente estresada y daba leves golpeteos en el escritorio con su dedo índice. Y la verdad es que ella de verdad quería —necesitaba— gritarle, golpearlo o lanzarle un sinfín de cosas que tenía a su alcance, pero no era el momento. Inhalo y exhalo un par de veces. Y Gojo ya veía venir su muerte inminente.
—Gojo, el informe que te pedí hace dos semanas, ¿lo tienes o no?
Y el albino estaba un tanto desconcertado, pues esperaba que su jefa le estuviera gritando improperios o lanzándole cosas. En los cinco meses que llevaba siendo secretario de Utahime —cortesía y castigo—, de su padre— era más normal verla enojada e histérica por todo, es más Gojo era consciente de que él era la gran causa de estrés que Utahime solía tener. Y ciertamente el informe que su jefa le estaba solicitando ya lo tenía listo y con excelente presentación, y como no si era una propuesta que él mismo había ofrecido para la empresa de su padre —y la cual heredaría algún día—, pero debido a un pequeño desliz que tuvieron hace un mes atrás, Satoru simplemente se estaba haciendo el desentendido diciéndole que ya casi lo tenía solo para hacerla enojar, eso sumándole que durante el poco tiempo que llevaba siendo su secretario el molestar a Utahime se había vuelto una de sus cosas favoritas. Le encantaba ver como su semblante suave pasaba a estar totalmente fruncido en cuestión de segundos. Pero viéndola así ahora, supo que aquello no era su fuente de estrés.
—Sí. —fue su única respuesta mientras la observaba mover algunos folders al azar.
—Bien, ¿Crees qu-…—la línea de su extensión telefónica sonó y dio un respingo, pero simplemente lo ignoró—. Maldición. —mustió entre dientes mientras seguía ignorando el jodido teléfono—. ¿Crees que puedas traerlo?
—¿Todo bien, Utahime? Te noto tensa. —y tal vez en otras circunstancias la nombrada lo miraría mal, pero su reciente interrogante no tenía ninguna pizca de malicia o burla.
La joven soltó un suspiro pesado y luego bebió agua de su termo en cuanto el teléfono dejó de sonar.
—Todo esta bien, no tienes porque cuestion-…—el teléfono volvió a sonar y yéndose su paciencia por la borda tomó la llamada—. ¡Dile a ese imbecil que ni siquiera se atreva a poner un pie en la empresa! De ser necesario llama a seguridad.—colgó el teléfono con algo de brusquedad—. Gojo, solo…solo trae ese informe y después puedes irte.
El albino solo asintió y salió para dirigirse a su lugar de trabajo. Una exuberante corona de rosas en forma de corazón llamó su atención y tomó la tarjetita que sobre salía entre una de aquellas rosas. Verificó que no viniera nadie, leyó el contenido del papelito e hizo una mueca de asco. Metió en la trituradora de papel esa tarjeta, la observó deshacerse para al final perderse entre todas aquellas tiras de papel y luego sonrió. Abrió el cajón que tenía con llave y tomó la carpeta junto a una USB y antes de dirigirse a la oficina de Utahime, alcanzó a escuchar como una de las secretarias discutía con alguien.
“Perfecto.”
Pensó mientras sonreía y presionaba el botón de seguridad que estaba asignado en dicha área. Fue tan sigiloso al volver a entrar a la oficina de Utahime y le dejó lo que ella había pedido sobre el escritorio. Al ver que la fémina se encontraba dando la espalda mientras hablaba por teléfono y sonrió. Todo iba de acuerdo a su recién improvisado plan. Utahime lo miró de reojo y le hizo una señal de que ya podía retirarse, sin embargo este la ignoró y el error de Utahime fue creer que Gojo se había ido. Colgó la llamada y reprimió un gruñido de frustración. Estaba molesta, realmente muy molesta.
—Pensar que no tengo sexo desde hace un mes por culpa de ese imbecil. —mustió entre dientes mientras volvía a dejarse caer en su silla, sin saber lo que se aproximaba.
—Sabes que eso puede arreglarse, Utahime. —susurró en el oído de la nombrada mientras le daba una lamida al lóbulo de esta.
—¡Gojo!—intentó levantarse pero las habilidosas manos de Gojo proporcionándole un masaje detrás de su nuca y espalda le impidieron completar su acción.
—Shh, estas demasiado tensa, jefa.
Un escalofrío le recorrió hasta la punta de sus pies al escucharlo tan cerca de si. No le gustaba mezclar las cosas personales en su horario laboral, pero aquel masaje que Gojo aún le daba realmente la estaba haciendo flaquear, y mucho más de lo que Utahime pensaba. Soltó un suspiro al sentir como las manos de este se colaban por debajo de sus brazos y rozaban levemente por debajo de sus senos.
—Gojo…sabes que…ahh…aquí no…
—¿Y por qué no? Debería dejarse consentir de vez en cuando, jefa.
—Maldita sea. —reprimió un gemido al sentir como ocasionalmente las manos masculinas rozaban por encima de su blusa en el área de sus pezones.
Sintió frialdad al notar que Gojo había dejado de darle masaje, algo que agradeció. Más el gusto no le duró por mucho, ya que el albino se había posicionado a una velocidad inhumana a la altura de sus piernas.
—No te atrevas. —sentenció mientras intentaba impedir que este subiera su falda.
—¿O qué?—disfrutó de aquel grito bajito que soltó la fémina cuando tomó una de sus piernas y la colocó sobre uno de sus hombros mientras se iba acercando a la intimidad expuesta de su jefa.—No entiendo porqué te niegas, si tú cuerpo lo está pidiendo a gritos.
Lo maldijo mil veces en su mente por tener razón, no tenía ni como negar aquello si hasta ella misma era consciente de que con tan unos pocos roces su intimidad ya se había humedecido.
—Gojo por fav-…ahh…
Echó su cabeza hacia atrás cuando sintió los dedos de Gojo masajeando sus pliegues por encima de su ropa interior. El albino sonrió con malicia mientras seguía dando caricias en aquella zona tan sensible, quería ver hasta donde Utahime podía ceder en el lugar del trabajo y si su plan inicial funcionaba probablemente está lo dejaría en abstinencia por otro mes, pero tal vez valdría la pena. Estaba demasiado tentado a hundir su boca, pero si lo hacía no podría detenerse. Metió sus dedos por debajo de aquella tela y comenzó a frotarlos con sus pliegues internos.
—Gojo bast-…¡aah!—se llevó sus manos a su boca cuando uno de los dedos de Gojo se introdujo en ella.
—Mierda…
Murmuró y se maldijo mentalmente. Pues su cuerpo se encontraba demasiado sensible y reaccionaba de forma tan natural a las caricias del albino.
Un segundo dedo se introdujo en su intimidad.
—Mhhhmmm…
—¿Lo vez, Utahime? Nada te cuesta dejarte consentir de vez en cuando.—ronroneó mientras aún sujetaba su pierna sobre su hombro.
Un tercer dedo la penetró y al sentir como su interior se contraía sobre sus dedos, llevó su pulgar hacía su clítoris al cual comenzó a masajear con movimientos levemente profundos. Y ante aquello Utahime estiró su pierna libre, rozando superficialmente con la entrepierna de Gojo sintiendo así su erección. Quiso acariciarlo por encima del pantalón, empero el albino se lo impidió y llevó la mano de Utahime a uno de sus senos para ambos estrujarlo.
—Satoru…voy a…ah…
Su gemido quedó ahogado en la boca de Gojo a la par que sus caderas se sacudieron estruendosamente sobre la mano del albino. Por su lado, Gojo no apartó su mano de la intimidad de Utahime hasta que ya no la sintió temblar y esperó a que su respiración se regularizará. Y ante la mirada expectante de aquella mujer llevó sus dedos a su boca, deleitándose con el sabor de sus fluidos. Acción que ocasionó que Utahime se ruborizara de sobremanera.
—¡No hagas eso como si nada!—protestó abochornada.
—¿Qué tiene de malo?—cuestionó entre risas después de haber sacado sus dedos de la boca—. Vaya, sabes mejor que la vez p-…
—No te atrevas a siquiera decirlo. —mustió mientras le lanzaba una grapadora, la cual Gojo evadió sin problemas.
La fémina se puso de pie pero no contaba con que sus piernas flaquearan, pues aún se encontraba algo sensible, por la reciente actividad y soltó un grito cuando cayó de golpe en su silla.
—¡Utahime!—entró repentinamente un hombre a la oficina.— Se que me equivoqué y solo te pido que me des una oportunidad…más…Que…que…¿Qué está pasando aquí?—cuestionó desconcertado al ver a Utahime en su silla soltando —jadeando— alguna que otra maldición, sumándole a que se miraba que había alguien entre sus piernas.
Utahime se ruborizó y Gojo sonrió al darse cuenta de la presencia de aquel pobre sujeto.
—¡Jefa Iori!—entró una de las secretarias—. ¡De verdad lo siento! Intentamos retenerlo en la entrada pero se alcanzó a colar y…—notó la situación—. ¿Está todo bien Utahime-san?
—Yo…yo…—bien, era su fin.
—¡Todo en orden!—dijo Gojo levantándose de golpe—. Utahime tuvo un calambre y yo cumpliendo mi trabajo de secretario me ofrecí a tratar su pie.
—Oh bueno. —respondió de manera aliviada aquella secretaria—. Y usted, haga favor de abandonar el edificio.—sentenció a aquel hombre que aún se miraba desconcertado.
—¡Tú!—señaló al albino—. ¡No creas que no se lo qué pasó!
—No tengo idea de que hablas. —respondió despreocupado.
—¡Seguridad!—gritó Utahime al teléfono. Y en cuestión de segundos se presentó un joven demasiado corpulento para su edad, el cual tomó por el cuello de la camisa a aquel sujeto y como si de un cachorro se tratara lo sacó de la oficina.
La secretaria hizo una reverencia y se disculpó por no haber detenido cómo era debido al que parecía ser ex pareja de Utahime y regresó a su trabajo en recepción.
Gojo soltó un silbido.
—Aoi si que es eficiente.
—Cállate y sal de mi oficina sino quieres que la grapadora ahora si te golpee.
Satoru alzó sus manos en son de paz y se dirigió a la salida.
—¿Sabes? Me gusta tu mal genio y cuando siempre traes el ceño fruncido, pero, ¿sabes? Me gusta más ese lado agradable que escondes y solo muestras cuando te pones cariñosa.
—¡Gojo!—gritó mientras le lanzaba uno de esos típicos adornos de oficina pero este se estrelló con la puerta ya que Gojo había alcanzado a salir.
—¡Solo digo!—dijo entre risas mientras volvía a asomarse por la puerta solo para ver la expresión de Utahime mientras volvía a salir de forma rápida antes de que esta le lanzara otra cosa.
Utahime se llevó las manos a la cara, no necesitaba verse para saber que estaba demasiado ruborizada. Inhalo y exhalo, había sido un jodido día agitado. Tomó los papeles y la USB que Gojo había dejado y los guardó en el cajón de su escritorio mientras volvía a centrar su atención en el ordenador. Debía distraerse un poco. Aún no podía creer que habían cruzado la línea que habían trazado meses atrás. Aunque no iba a negar que haber tenido aquel orgasmo había sido demasiado excitante y sobre todo por la adrenalina de ser descubiertos en cualquier momento, y obviamente era algo que no iba a decirle a Gojo, eso solo haría crecer más su estupido ego.
Su teléfono vibró.
—Hablando del idiota.—murmuró al ver que era un mensaje del susodicho.
Idiota: ¡Hey debilucha! Tuve que irme a casa, como recordarás algo entre mis piernas debe ser tratado con agua helada, aunque preferiría que lo trataras tú hahaha. Es broma, pero si quieres no es broma.
—Ese estupido. —mustió mientras volvía a centrarse en su trabajo.
“Aunque no es mala idea.”
Pensó.
