Chapter Text
Taehyung lleva la maravillosa cantidad de siete días siendo alfa cuando las implicaciones de ello llegan al punto de ser simplemente demasiado. Afortunadamente, sufre su colapso entre los brazos de Yoongi-hyung.
Luego de su celo, tuvo dos días para acostumbrarse a, primero, sus sentidos alfa, y, segundo, a que tendría (sin lugar a dudas, sin modo de cambiarlo) que separarse de Yoongi-hyung para que ambos pudiesen ir a sus respectivas clases y otras responsabilidades.
Cuando cayó en cuenta de eso, su primer instinto fue tomar a su hyung de la mano y llevarlo de vuelta a su habitación, a su cama, para abrazarse a él e ignorar que en menos de veinte horas no podría olerlo, tocarlo y sentirlo a su gusto. La mera idea lo ponía tenso, irritable, y sólo Yoongi-hyung murmurando contra su pelo logró calmarlo lo suficiente como para hablar.
—Tae-yah, estaré bien. Iré a mis clases, a mi trabajo, y regresaré a casa. Tú tienes que arreglar tus papeles y tramitar el justificante para tu proyecto. Los dos tenemos cosas que hacer. Hay que concentrarnos en eso y el tiempo pasará rápido, ¿de acuerdo? El día acabará antes de que te des cuenta y estaremos otra vez aquí.
Pero a Taehyung no le gustaba eso para nada. No quería alejarse de su Yoongi-hyung, de su Omega. Acaban de reconocerse, su vínculo (aunque rudimentario) era sensible a los más simples estímulos. Eso, aunado a lo reciente de la presentación de Taehyung, eran una fórmula para el desastre. Un Alfa recién vinculado y recién presentado teniendo que alejarse de su Omega…
—Un día más —pidió hundiendo su rostro en el cuello de Yoongi-hyung, reconfortado por su aroma y su calidez y su suavidad. No quería dejar de tener esto. Su pecho se contraía al pensar en Yoongi lejos de él, en algún otro lugar que no fuese aquí, en su habitación, con Taehyung. Juntos.
—Luego pedirás un día más, y luego otro, y luego otro. Tenemos que hacer esto más temprano que tarde para que no sea tan difícil, Tae-yah.
—Pero no quiero.
Yoongi rio. Taehyung se quejó en respuesta y lo apretó más fuerte entre sus brazos. Quería ser tomado en serio por Yoongi, por su pareja de vinculo, por su Omega que debería estar tan afectado como él. La idea de separarse era indignante.
—Yo tampoco, Tae-yah, pero tenemos que hacerlo o se volverá más difícil si esperamos. Ahora será incómodo, tal vez, y necesitamos acostumbrarnos. No podemos estar juntos siempre.
Sintiendo la presión en su pecho y las ligeras (aunque imposibles de ignorar) punzadas que sentía en las encías debido a lo cerca, cerca, cerca que estaba el cuello de Yoongi… Taehyung tuvo que cerrar los ojos y pensar en el abecedario para quitarse la idea. Era algo recurrente, de al menos diez veces al día, pero no se había acostumbrado al súbito, doloroso, increíblemente presente impulso de morder a Yoongi.
Taehyung, después de que lo hablaran, ahora sabe que la razón por la que siente el impulso con tal intensidad es porque Yoongi-hyung lo desea también. Si no fuese así, Taehyung no lo sentiría en lo absoluto. Taehyung lo comprueba en la forma en que Yoongi mueve la cabeza hacia un lado para dejar su cuello descubierto, en cómo sus manos acarician la espalda de Taehyung para jalarlo más cerca, en sus piernas separándose para que Taehyung pueda colocarse entre ellas. Sus movimientos naturales llamando a Taehyung sin esforzarse, haciendo que se mueva para responder de inmediato, dándole el aliento y la fuerza para besar su cuello sin hacer nada más.
Yoongi es sensible ahí, justo como Taehyung, y al sentir sus labios presionar contra ese punto bajo su mandíbula la fresca ola bajo la piel de Taehyung parece temblar. Yoongi suspira, se relaja, pone sus brazos alrededor de la cintura de Taehyung y lo jala hacia su cuerpo. Taehyung, sostenido por una rodilla y un codo, trata de mantener su peso balanceado para no aplastar a Yoongi. Los últimos días, Taehyung ha seguido cambiando físicamente. Es más alto, ancho y pesado.
Yoongi y Namjoon-hyung no han dejado de medirlo cada mañana y cada noche para mantener registro de la rapidez y constancia de su crecimiento. Taehyung no se queja del dolor sordo que parece rehusarse a salir de sus huesos, pero Yoongi-hyung mantiene la ola moviéndose alrededor de ellos, así que Taehyung se concentra en eso y nada más. De todas maneras, a pesar de que no termina, el dolor ha ido disminuyendo. Taehyung recuerda que Jungkook tardó meses en crecer lo que Taehyung creció en la última semana, por lo que el dolor es quizá la menor de sus preocupaciones. Incluso si no lo dicen, la manada está preocupada por él, por la inesperada presentación y sus consecuencias desconocidas.
Los doctores que han consultado concuerdan en que no hay un peligro inminente que temer, pero Taehyung sabe a la perfección que eso no significa que no exista. Los alfas que presentan tarde suelen tener problemas de salud persistentes. Pero también es común que sean débiles, de aromas y celos leves, lo que definitivamente no es el caso de Taehyung.
Yoongi-hyung, pendiente a cada detalle desde que despertó de su celo, ha mantenido a Taehyung cuidadosamente arropado en su poder. Taehyung lo siente de pies a cabeza, desde el centro hasta la superficie.
Fresco, suave, amoroso.
Taehyung ama sentirlo. No tiene idea de cómo vivió diecinueve años sin esto. No puede imaginarse privado de Yoongi, de lo que puede sentir de él siendo alfa. Su olor, su calor, su corazón, su poder. Incluso si quedan incógnitas sobre el estado de su cuerpo, Taehyung está contento con esto.
—Hyung —dice contra el cuello de Yoongi, que responde con un murmullo y poniendo su mano en la nuca de Taehyung, dedos presionando los puntos en los que él es sensible. El lugar donde iría su propia mordida. Esa idea, repentina pero no nueva, llega a sus labios antes de que su cerebro la procese—. Hyung, muérdeme.
Taehyung aleja su boca de la piel de Yoongi para poder ofrecerle su cuello. Pero su hyung, su Omega, se queda quieto bajo su cuerpo. Taehyung escucha su corazón acelerado, siente sus manos calientes, su poder cosquilleando en las costillas, pecho y cuello de Taehyung.
Lo siente y sabe que Yoongi quiere hacerlo, que su respuesta inmediata es decir que sí, descubrir sus dientes y enterrarlos en el cuello de Taehyung.
Lo sabe, sin ninguna duda, pero Yoongi-hyung sigue quieto. Taehyung gira el rostro para mirarlo y ve sus ojos brillantes, brillantes, brillantes.
La reacción de su cuerpo sorprende a Taehyung. El cambio en el color de sus ojos y el alargamiento de sus colmillos son sensaciones ya familiares, cómodas, bienvenidas. Pero esta vez no sucede eso. En su lugar, Taehyung siente su cuerpo quedarse sin fuerza. Cae sobre Yoongi con todo su peso sintiéndose adormilado, liviano, como si su cuerpo no tuviese tensiones y su mente no conociera de preocupación.
A pesar de la sorpresa, Taehyung se abandona a la sensación y cierra los ojos. Siente a Yoongi bajo su cuerpo, alrededor de sus pulmones y su corazón, tan íntimamente cercano que por un segundo se siente que no existe espacio entre ellos. Taehyung apenas y es consciente del largo, satisfecho, profundo gemido que deja salir. Yoongi ríe bajito. Le acaricia el nacimiento del cabello, soba sus omoplatos, masajea sus antebrazos.
Taehyung no sabe cuánto tiempo pasa hasta que Yoongi-hyung dice:
—No creí que esto pasaría tan rápido —. Ah… Es esa voz acompasada y grave que Taehyung tanto adora—. Pero llevas sorprendiéndome una semana entera, así que supongo que debí esperarlo.
Como muchas veces, Taehyung no entiende. Pero Yoongi ahora ha pasado a acariciar su nuca, su cuello, y a Taehyung no le importa ninguna otra cosa.
—Le dicen sumisión. La sumisión de un alfa frente a su pareja, usualmente omegas, aunque sé que también sucede con betas. Unos dicen que es porque esos betas muestran “rasgos omega”, pero lo cierto es que se debe a los alfa. Es su reacción. Nosotros, como parejas, simplemente la… desatamos, por decirlo de alguna forma.
Taehyung hila las palabras en oraciones comprensibles lentamente. Su cuerpo, su mente, no da para más. Se siente tan bien, sumergido en la calma de aceptarse y a sus circunstancias. Rodeado de Yoongi. No hay lugar en el que preferiría encontrarse. Aquí es maravilloso. Aquí es perfecto.
—¿Tae-yah?
Uno. Dos. Tal vez veinte segundos. Taehyung está en ese punto entre el sueño y la realidad en la que el tiempo se confunde, donde el segundo es eterno y los minutos efímeros.
Se dejaría caer en brazos de Morfeo de no ser porque Yoongi-hyung espera que responda.
Lo siente en sus costillas.
En sus vértebras.
La energía moviéndose por sus terminaciones nerviosas en olas suaves. Mantienen su conciencia anclada. Son lo que conecta su cuerpo con su alma.
Yoongi.
Por él, Taehyung se concentra. Hace el esfuezo. Trata de recordar sonidos y palabras y significados. De sentir su boca y su lengua y su garganta.
Aún así, lo más elocuente que Taehyung consigue decir es:
—¿… uh?
Yoongi hace silencio unos segundos. Las olas bajo la piel de Taehyung parecen espesar. Hacerse intensas no en su rapidez o cadencia, sino en su peso. Taehyung comienza a abrir los ojos en cortos e incompletos parpadeos.
—Eso es, Tae-yah. Despierto. Escúchame. Regresa a ti. Lento. Tranquilo.
Parte por parte, Taehyung recupera la sensación de sus extremidades, la certeza de su persona en el aquí y el ahora. De las puntas de sus dedos al centro de su pecho, regresa en intervalos, con segura parsimonia. Mientras tanto, Yoongi-hyung continúa murmurando, guiándolo, calmándolo.
El proceso es ligeramente desconcertante, pero Taehyung se siente seguro. Querido. Está bien aquí, con Yoongi, su Omega. Huele a correcto. A familia. A suyo
—Muy bien, Tae-yah —Yoongi alcanza las manos de Taehyung, entrelaza sus dedos. Se siente como tierra firme. Salvedad. Taehyung aprieta de vuelta, sus oalmas cosquilleando con las señales de un adormecimiento. A pesar de que no ve su cara ni siente el movimiento contra su piel, sabe que Yoongi está sonriendo—. Lo estás haciendo bien. Ya casi. Respira profundo. Inhala. Mantén el aire. Exhala despacio.
Lento. Lento. Lento. Suave. Suave. Suave.
Taehyung levanta la cabeza del pecho de Yoongi-hyung. Parpadea para enfocar su vista. Sigue respirando a conciencia y profundidad. Cuando se siente adecuado, gira su rostro hacia el de Yoongi. Sus ojos preciosos no brillan con su poder Omega. Lo tranquilizan. Algo en su corazón y su mente embona en el lugar que le corresponde.
—Debes recostarte sobre tu espalda. Pon tus brazos en mis hombros, voy a moverte.
Requiere esfuerzo y una fuerza que Yoongi raramente exhibe, pero al final Taehyung está mirando el techo, su cabeza sobre una almohada, las manos de Yoongi aún entre su cabello.
Le toma otro rato juntar las palabras para preguntar:
—¿Por... qué pasó?
—Estabas muy ansioso. Te sentías vulnerable. Tu mente supo reaccionar para ayudarte. Necesitabas una reafirmación y tu primer instinto fue pedir una mordida. Fue cuando yo respondí que tu cuerpo tomó las riendas y eligió darse un descanso. La sumisión fue natural luego de eso.
Tiene sentido. El enjambre de nervios que se había hecho espacio dentro de él se ha ido por completo. Su mente se siente despejada.
—¿Te pasa igual, hyung? ¿También le sucede a omegas?
—Si es posible, no lo he experimentado. Tampoco sé de Betas a los que les haya sucedido. Parece que en lugar de tener algo similar, nosotros reaccionamos de forma complementaria. No tuve que pensar para saber qué hacer en cuanto caíste con todo tu peso sobre mí. Sólo actúe. Te cuidé.
Taehyung trata de imaginar cómo sería al revés, si Yoongi-hyung se mostrara así de vulnerable a él, su cuerpo entero a merced de Taehyung… La idea le regresa fuerza al cuerpo.
Se incorpora lo suficiente para alcanzar a Yoongi. Rodea su cintura y lo mueve a su regazo. Su hyung lo permite sin queja alguna. Taehyung sonríe al sentir las manos de Yoongi posándose en sus hombros. La fresca ola se arremolina en su pecho y parece… vibrar. Es una sensación nueva. Si se concentra, puede reconocer cierto ritmo en la vibración.
Taehyung levanta la mirada. Desde este ángulo, bajo la tenue luz del atardecer que se cuela por la ventana, Yoongi se maravilloso. Angelical. Taehyung acaricia su cintura, presiona sus pechos, y recibe el beso de su hyung con un contento suspiro.
Realmente no sabe cómo es que vivió tantos años sin tener esto. No sabe cómo logró convencerse de que podría continuar su vida sin ansiar esto. Sin tener permitido amar a Yoongi de todas las maneras posibles.
Poder hacerlo hace volar su mente. Es como si no hubiese algo que no pueda hacer con Yoongi a su lado. Tal vez se debe a que se reconocieron, a que Taehyung se siente completo y en paz de una forma que no sabe cómo poner en palabras, pero teniendo a Yoongi sentado en su regazo, tal bello y familiar a su alrededor, Taehyung es incapaz de imaginarse una vida distinta.
—Ya que estás más tranquilo-
—¿Me morderás un día, Yoongi-hyung?
El omega se acomoda mejor sobre las piernas de Taehyung.
—Has sido alfa durante una semana. Nos besamos por primera vez hace menos de tres días. Estamos a la espera de cómo reaccionaremos a la separación. Aún es pronto para pensar en vínculos, Taehyung-ah.
Taehyung arruga la nariz. Deja un beso en la mandíbula de Yoongi.
—No pregunté eso, hyung —hace un mohín. Yoongi le sonríe, enmarca su rostro con ambas manos y le acaricia las sienes con los pulgares. Taehyung cierra los ojos, su pecho retumbando con el placer que le causa ese simple gesto. Es tan suave, tan cuidadoso, tan como Yoongi—. Ah… no me distraigas, hyung —dice, pero lo cierto es que le fascina que Yoongi lo toque así. Un dulce masaje en sus sienes, su frente, mejillas y mandíbula. Taehyung podría quedarse dormido bajo sus atenciones. —Hyung, hyung…
Yoongi besa su rostro por doquier. Labios de seda que calman y encienden a Taehyung a partes iguales. Como un bálsamo para el dolor en el alma. Taehyung se derrite bajo su toque, dócil, complacido, más meloso de lo que fue antes.
Yoongi lo tiene en la palma de su mano.
Aunque Taehyung todo eso lo sabía desde hace mucho.
—Lo que quiero saber —dice abriendo los ojos e inmediatamente volviéndolos a cerrar durante un momento cuando Yoongi besa sus párpados—. Hyung… —pero no es la palabra correcta, no es lo que necesita decir para que Yoongi sepa lo importante que es esto para él. Así que decide ser indiscutiblemente claro. —Quiero saber si me vas a hacer tuyo, Omega.
Yoongi se detiene. Ojos brillantes. Taehyung se irgue, alerta y dispuesto a absolutamente todo por él. La persona que ama con un fervor que, a veces, siente exagerado, incompatible con el tiempo que se han conocido. Pero Taehyung no quiere ni necesita racionalizar lo que siente. No cuando Yoongi lo encuentra siempre a medio camino. Su hyung. Su Omega. Su Yoongi.
—Un día —dice por fin, sus ojos resplandecientes sacando el dorado de los de Taehyung, haciendo surgir sus colmillos, imprimiendo fuerza en sus músculos y claridad en su mente—, cuando estemos seguros y hayamos conocido todo el uno sobre el otro, tendremos una ceremonia de unión a la que asistirá nuestra familia, tus madres y la mía, nuestra manada y las suyas. Nos uniremos en juramento, y entonces, estando sólo tú y yo, voy a morderte.
Presiona el punto exacto con la palma de su mano. Taehyung gime. Aprieta a Yoongi más fuerte contra su cuerpo.
—Justo aquí —enfatiza— voy a morderte. Y tú me morderás a mí, Taehyung-ah. Serás mío y yo seré tuyo, irrevocablemente.
Taehyung nunca ha escuchado mejores palabras en su vida.
—Quiero hacerlo ahora —confiesa lamiendo sus colmillos, sin pena ni reservas ahora que sabe lo mucho que a Yoongi-hyung le gustan. Eso y sus ojos, que Taehyung sabe que brillan dorado ahora mismo.
—Es muy pronto, Alfa.
Alfa .
Taehyung se queja desde lo más profundo de su pecho.
—Ahora quiero hacerlo incluso más.
Yoongi levanta su rostro. Delinea los labios de Taehyung. Presiona las yemas de sus pulgares contra sus colmillos.
—Un día, Alfa —murmura Yoongi contra sus labios—. Es una promesa, ¿está bien?
Taehyung se recuesta contra la cama llevando a Yoongi consigo. Firme y cálido sobre su cuerpo. Poderoso y fresco alrededor de sus huesos.
Taehyung asiente.
—Está bien.
.
Esa noche, luego de quedarse en cama un par de horas, Yoongi sienta Taehyung en el piso de su habitación.
Con las cortinas corridas, las ventanas abiertas y las luces apagadas, la luz de la luna es lo único iluminándolos.
Las manos de Taehyung pican por rodear a Yoongi. Llevarlo de vuelta a la cama. Tal vez ir por cobijas y almohadas para recrear un nido bajo el lugar perfecto bajo el abrigo de luz lunar. Quiere hacer eso, sin duda, y sabe que Yoongi también, pero hay cosas más importantes de las que encargarse ahora mismo.
Y Taehyung le prometió a Yoongi quedarse quieto. Piernas dobladas bajo su cuerpo. Manos sobre sus rodillas. Espalda recta. Una pose perfecta para su Omega. Porque Taehyung quiere ser un buen Alfa para Yoongi.
Yoongi, que está sentado frente a él en una posición similar, aunque más relajada. Y con más… confianza, por decirlo de alguna manera. Taehyung no sabe qué es, o cómo llamarle exactamente, pero incluso con sus ojos brillando dorado y sus colmillos a la vista, Yoongi contiene un poder que lo deja inmóvil.
No por miedo ni nada parecido. Es por respeto porque, ahí, tan bonito y de apariencia inofensiva, se encuentra un omega poderoso.
Tal vez, el más poderoso de toda Corea, si lo que Taehyung percibe no está distorsionado debido a su irremediable enamoramiento.
El poder de hyung, en un mundo donde lo alfa, omega y beta es tan distante a lo que Taehyung conoce gracias a la manada, Yoongi es excepcional.
Nadie sabe por qué las cosas han cambiado tanto en los últimos doscientos años. Es un misterio el por qué todos los géneros han ido perdiendo las capacidades que alguna vez los caracterizaron. Pero lo inexplicable de lo sucedido no quita la verdad que lo sostiene.
Alfas y omegas han ido debilitándose.
Los alfas, entre muchas otras cosas, no son tan fuertes como en el pasado, cuando sus proezas físicas les permitían hacer lo que ahora sólo una máquina podía.
Junto a otros alfas, Namjoon-hyung y Hoseok-hyung (y ahora también Taehyung) eran extrañezas. “Anormalmente” fuertes, habían dicho de ellos. Pero sus hyungs dejaron de prestar atención a tales calificativos mucho tiempo atrás.
Y si bien desearían ser ellos libremente, no ocultar partes de ellos que eran tan naturales como el resto, se habían acostumbrado desde una edad muy temprana a ocultar de lo que eran capaces. Se mantenían al margen de lo ordinario, dentro de lo socialmente aceptable.
Claro, a excepción de lo orgullosos que estaban de ser parte de una manada. De eso jamás podrían avergonzarse. Jamás podrían mantenerlo cuidadosamente escondido de ojos ajenos.
Los omegas, por su parte, han perdido su poder y el control sobre este. Perspicaces, astutos y empáticos, ninguno podría competir contra el poder de Yoongi-hyung, cuyos ojos y aura son suficientes para poner de rodillas a Taehyung; aunque, siendo justos, Taehyung está magníficamente contento estando de rodillas para él.
Antes de mudarse a Seúl y conocerlo a él y a Seokjin-hyung, Taehyung había pensado que la fortaleza de Jimin era un rasgo de personalidad. Y sí, lo era en parte, pero también se debía a que era un omega. Uno, en palabras de Namjoon-hyung, particularmente poderoso. Tanto, que fue él quien se dio cuenta de que Seokjin-hyung y Yoongi-hyung “eran como él”.
No necesitó que le fuese dicho. No necesitó siquiera haberlos conocido primero. Simplemente lo supo luego de toparse con Hoseok-hyung en una clase. Sintió a los demás.
Taehyung, siempre confundido frente a Jimin y sus actitudes repentinamente absurdas, no entendió en lo absoluto hasta hacía una semana cuando despertó buscando a Yoongi como si de eso dependiera su vida.
Incluso ahora, lo cierto es que Taehyung no sabe cómo es para un omega, cómo es sentir vínculos de la forma en que ellos pueden hacerlo. Apenas está entendiendo lo que es ser un alfa.
Y lo está haciendo sin saber todo lo que Namjoon-hyung sabe gracias a todos los años que ha investigado el fenómeno.
Antes, pensándose beta en lugar de alfa tardío, Taehyung había preguntado poco al respecto. No le importaba, sinceramente, mientras pudiese permanecer con Jimin y sus hyungs como una manada. Luego de eso, las razones de este cambio en alfas y omegas no le afectaba en lo absoluto porque era lo que había conocido toda su vida.
Así eran las cosas, sin más, y él estaba bien siendo un beta, sabiendo que fuera de la manada no encontraría a más personas como sus hyungs.
Ahora, sin embargo…
—Atención, Alfa.
Taehyung deja de respirar un segundo. Sus músculos tensos, a la espera, tan preparado para lo que sea que Yoongi diga que Taehyung no puede contener la risa que sale de sus labios.
¿Qué era ese tono?
Era la voz de Yoongi, sin duda alguna, pero…
—Te sienta bien la obediencia, Tae-yah —comenta Yoongi mirándolo de pies a cabeza. Taehyung se siente abochornado, su estómago hecho nudos.
Desde que se besaron por primera vez, Taehyung ha tenido el placer de sentir el cuerpo de su hyung como alguna vez pensó que sería imposible.
Ha estado debajo de Yoongi, felizmente recostado bajo su peso, rodeado por las almohadas y sabanas que olían a su Omega; no era un nido en sí, no realmente, pero sí era el espacio privado de Yoongi en el que Taehyung era bienvenido.
Ha estado sobre Yoongi, extasiado por lo receptivo que Yoongi era a sus tentativos avances; exponiendo su cuello, separando sus piernas para que Taehyung pudiese acomodarse entre ellas.
Ha dormido a su lado, abrazándolo fuerte contra su pecho para que sus aromas se mezclaran hasta hacerse indistinguibles; lo tranquilizaba, porque era lo más cercano a cuando formaran un vínculo y sus aromas estuviesen para siempre entrelazados.
Había hecho todo eso, ahora siendo su relación la de una pareja, pero Taehyung puede decir que no es hasta este preciso momento que su mente se abre camino hacia otra clase de escenario con Yoongi.
Siente la presión entre sus piernas, el cosquilleo en su bajo abdomen y la base de su columna. Se está poniendo duro.
Y Yoongi se da cuenta.
Taehyung siente la cara caliente. El puchero natural de los labios se Yoongi se hace más pronunciado cuando sonríe levemente. Su Omega ladea la cabeza, aquel par de brillantes ojos clavando a Taehyung en su lugar.
—No es momento de tales cosas, Alfa —dice, y Taehyung tiembla con el deje condescendiente de su voz.
Como si reprendiera a un cachorro.
Es humillante.
Y lo excita incluso más, su erección comenzando a marcarse en su pantalón.
—Este ejercicio era para probar tu control. Pero hasta ahora… —le echa un vistazo entrepierna de Taehyung, se alza un poco de hombros, desestimando cualquier mención directa al problema que Taehyung siente monumental.
Con la garganta seca, Taehyung abre la boca para intentar defenderse.
—Hyung, es-
Yoongi enarca una ceja, poco impresionado, su mirada pareciendo somnolienta. Desinteresada. Taehyung traga con dificultad. Intenta de nuevo.
—Omega…
Yoongi asiente.
—Dime, Alfa.
Es… Taehyung se aclara la garganta y trata de acomodarse un poco, separar sus piernas para que la presión entre sus muslos no lo distraiga tanto.
—Estoy… No… No me imaginé que tendría esta reacción, Omega —admite—. O que tú… hablaras así. Es… No pensé que me pondría caliente que me trataras de esa forma.
Algo cambia en Yoongi en ese momento. De pronto, el cuerpo de Taehyung se relaja. Sigue en la posición del inicio (de la que no va a moverse hasta que Yoongi lo indique), pero los últimos mínimos lo habían puesto tenso. También sigue duro, pero Yoongi está mirándolo con cariño, así que eso pasa a segundo plano para él.
—Me sorprendió que respondieras con esa intensidad. Tampoco fue mi intención provocar eso. Pero… Fue agradable, ¿no crees?
Taehyung supone que agradable es una forma de ponerlo. Desde luego no fue desagradable, aunque Taehyung no sabe bien cómo describirlo.
El placer es nuevo en sus matices y profundidad. Jamás una erección repentina lo había crispado tanto. Tampoco pensó que la actitud enternecida y desdeñosa de Yoongi pudiese echar leña al fuego en su estómago.
Sus experiencias sexuales (¿lo que acaba de ocurrir cuenta como tal?) anteriores no fueron así. Taehyung no había estado excitado con tan poco y tan rápido. Pensándolo, era ciertamente vergonzoso. Comportarse con esa urgencia preadolescente no es como quería mostrarse frente Yoongi la primera vez que sucediera algo como esto.
—¿Qué piensas, Tae-yah? Siento tu ansiedad y miedo.
De inmediato, Taehyung suspira cuando la ola se enreda en sus costillas, acariciando su corazón y subiendo suavemente por su cuello. Su Omega sosteniéndolo desde adentro. Dándole la seguridad que Taehyung no lograba alcanzar con sus sentidos ofuscados por la vergüenza y la duda.
—Me… dio pena la forma en que reaccioné.
—¿Por qué?
Ah… Taehyung cierra los ojos un momento, agacha la cabeza. Decir lo que siente es mucho más sencillo que explicar su razón. Pero quiere decirlo. Quiere darse a entender.
—Porque quiero verme... fuerte para ti.
—¿Crees que comportarte de esa manera te hace débil?
Taehyung exhala pesado.
—Soy alfa.
—Lo eres. ¿Significa eso que debes disfrutar de tu sexualidad de una manera en específico?
Taehyung mira el suelo entre las rodillas de Yoongi. La ola es suave alrededor de sus huesos. Reconfortante. Yoongi no lo pregunta como si sus dudas fuesen estúpidas, sino queriendo entender la perspectiva de Taehyung.
—¿No… No debería ser distinto? ¿Yo? ¿Tal vez porque presenté tarde…? ¿Tal vez mis instintos no son… normales?
La ola es dulce y suave en su cuello y sienes. Taehyung siente su piel erizarse.
Yoongi se incorpora primero sobre sus rodillas y después sobre ambos pies. Taehyung alza la mirada para no perder un solo detalle de su expresión. Tierno. Comprensivo.
Taehyung traga duro mientras Yoongi desciende para sentarse a horcajadas sobre sus muslos, tomando las manos de Taehyung para ponerlas alrededor de su cintura.
Lo mira a los ojos. Pone sus manos a cada lado de la cara de Taehyung.
—Quiero que te concentres un momento, Alfa. Olfatea con cuidado y dime qué hueles.
El detergente y suavizante en la ropa de ambos. La lluvia de la tarde. Los fideos en la cocina. Los jabones y otros productos en el baño. La tinta del lapicero que se derramó sobre una de las libretas de Yoongi. El olor a quemado del vecino que provocó un pequeño incendio en la cocina hace un par de horas. Los últimos rastros del celo de su Omega en la sangre entre sus piernas y, también ahí, la esencia inconfundible de su lubricación natural.
—Ya caíste en cuenta —dice Yoongi contra sus labios. Taehyung, sin palabras, con ese cosquilleo volviendo a su abdomen, vuelve a asentir—. Estabas tan sumergido en su vergüenza que no te diste cuenta de mis reacciones. De lo mucho que me gustó verte y sentirte reaccionar de la manera en que lo hiciste.
Un beso en sus labios. La punta de su nariz. El espacio entre sus cejas. Taehyung jamás esperó que Yoongi fuese así de amoroso en la privacidad de su habitación; en la que Taehyung había estado los últimos días, su habitación propia apenas y siendo visitada para ir por sus cosas. Fue una grata sorpresa. Y tan acorde a la forma sutil que Yoongi tiene de demostrar su amor.
—Tae-yah, ¿qué es un “alfa normal”?
No tiene idea.
Ni la más mínima, porque todo lo que Taehyung quiere es ser bueno para Yoongi.
Eso es lo que le dice.
—¿Y no crees que yo te quiero por lo que eres, y no por lo que ‘deberías' o 'podrías’ ser? ¿No crees que eres bueno ya?
—No… No lo sé, hyung.
Yoongi asiente. Exhala despacio.
—Lo eres. Siempre lo has sido.
Taehyung quiere replicar con lo que ambos saben que sucedió meses atrás. Yoongi le gana en mencionarlo.
—Pensé que podíamos hacernos daño de permanecer juntos. Creí que superarnos era lo mejor. Y tú lo entendiste. Por eso lo intentaste como yo. Tampoco querías que nos lastimáramos.
Aunque lo hicieron al final. Se habían querido entonces, la ilusión de las posibilidades habiéndoles dado alas, y la realidad los golpeó con fuerza. Taehyung lloró tanto que se deshidrató, para la preocupación de sus hyungs. Yoongi, por su lado, y como era su hábito, expresó el dolor de formas menos evidentes; fueron Hoseok-hyung y Seokjin-hyung quienes más cerca estuvieron a él durante esa temporada.
—Me duele nada más recordarlo —confiesa Taehyung presionando su frente en el cuello de Yoongi, queriendo acurrucarse contra su pecho, estar tan cerca que el aroma de Yoongi nunca deje su piel.
—Ya pasó, Alfa —Yoongi le acaricia el cabello—. Nuestros problemas son otros ahora.
Taehyung ríe.
—Me gustaría que no hubiese ningún problema en lo absoluto.
—A mí también, Tae-yah.
Taehyung respira profundo. Aleja su rostro del cuello de Yoongi. Lo mira.
En verdad en hermoso. Bajo la luz de la Luna o cualquier otra.
—Lo valen, hyung. Todos estos nuevos problemas y los que vengan después. Lo valen si estás conmigo.
Taehyung lo dice con toda la sinceridad en su ser, sin dudas ni miedos en su corazón o confusiones en su mente.
Yoongi besa sus labios y le dice:
—Haz un nido para nosotros aquí, Alfa.
Y Taehyung, pensando que lo tiene todo al alcance de sus manos, muriéndose por ver a su Yoongi dormir en un nido hecho por él, lo hace.
.
Lo más molesto de los días siguientes, además de no poder estar con Yoongi el día entero, es la manera en que sus compañeros de clases lo miran y tratan.
Taehyung, habiendo comenzado el trámite para cambiar la información de su género en sus documentos oficiales, se ve en la necesidad de acudir a dirección para avisar de la situación.
La mujer que lo atiende, una beta (Taehyung no solía detectar eso; algo más que es distinto luego de presentar) de voz amable y sonrisa sincera, no hace preguntas pidiendo explicaciones. Le pide que entregue copias de sus nuevos documentos tan pronto como los tenga, pregunta si es que Taehyung tiene alguna duda y lo despide sin más.
Fuera de la dirección, Taehyung no puede evitar pensar que fue anticlimático. Pero luego de pensarlo un poco, decide que le gusta que el cambio no sea motivo de revuelo. Que sea sólo una cosa más del día a día.
El resto de su día no hace más que cimentar su preferencia por pasar desapercibido.
Antes, pasando como beta, Taehyung era observado no por su género en sí, sino porque se sabía de su relación con “la manada Kim”; a Seokjin-hyung le causó risa escuchar que así los llamaban. Ahora, sin embargo, Taehyung sabe que lo están mirando por la manera en que se ve. No era bajo ni débil antes de su presentación, no para los estándares del que creyó su género secundario, pero la diferencia con su yo ahora es sin duda desconcertante.
El hecho de que no tiene por qué darle explicaciones a nadie no quita los murmullos a sus espaldas, las miradas mal disimuladas y los intentos desvergonzados por acercarse a olerlo y tocarlo.
Esto último lo intenta una omega que Taehyung reconoce de algunas de sus clases. Taehyung está esperando a que su profesora llegue cuando siente una presencia detrás de él. Eso no es lo raro. Está sentado en una fila de en medio, claro que habría gente detrás de él. Lo extraño es que siente que se acerca demasiado a su espalda, como una mano estirada en su dirección.
Se da la vuelta y, en efecto, la mano de Myo Yujin estaba a punto de tocarlo. Taehyung, acostumbrado a la personalidad silenciosa y discreta de Yujin, la mira con una ceja enarcada.
—Tus reflejos mejoraron bastante, Taehyung-ah. ¿Por qué dejaste tus supresores?
Que Myo Yujin piense que había estado tomando supresores es una conclusión más plausible que asumir que es un alfa tardío. La idea de explicarse con esa mentira lo tienta. Es menos complicado que la verdad.
—Aunque… Los supresores no suprimen el desarrollo físico. ¿O es que dedicaste las vacaciones a entrenar? Claro, queda la cuestión de tu estatura, pero seguramente sólo no recuerdo lo alto que eras. Tengo muy mala memoria.
Es perceptiva. Taehyung ya lo sabía. Sus comentaros en clase siempre abrían paso a una larga discusión entre los estudiantes y la profesora. A pesar de no ser amigos, Taehyung tenía una imagen de ella conformada por su voz inesperadamente profunda, su presencia sobresaliente en clase y la marca en su cuello.
Myo Yujin estaba vinculada. Nadie sabía con quién; Taehyung había escuchado especulaciones terribles de la boca de los mismos idiotas que hablaban de él por ser un beta en manada y de Yoongi por no tomar supresores.
—Seguramente es eso —contesta Taehyung no queriendo decir nada más sobre los cambios en su persona. Yujin sonríe de lado—. ¿O tal vez es porque no traes tacones hoy, noona?
Yujin ríe. Toma sus cosas de la mesa y se mueve para tomar asiento en la misma fila que Taehyung. Deja dos sillas entre ellos, algo que tranquiliza a Taehyung porque la mera idea de estar muy cerca de un omega que no sea el suyo o alguien de su manada le eriza la piel.
—Has causado furor desde la mañana, Taehyung-ah. Apenas me había tomado mi primer café del día cuando escuché a unos chismosos hablar sobre ti. Están muy sorprendidos de que esperaras tanto para revelar tu género secundario. Algunos están diciendo cosas fuera de lugar. Pero ninguno se atreve a acercarse para preguntar.
—Excepto tú, noona.
—Excepto yo —asiente—. Pero la diferencia es que a mí realmente me da igual. ¿A mí en qué afecta lo que hayas hecho o dejes de hacer? Lo único distinto es que apestas a omega, antes sólo a tu manada.
La razón por la que Taehyung está tan tranquilo hablando con Yujin es que ella no sólo pareció no tener problema con que él y Jimin fuesen parte de una manada, sino que, en una ocasión en que un par de alfas lo estaban hostigando por ello, Yujin-noona fue quien se acercó a defenderlos, insultarnos y llevarse a Taehyung de ahí.
—¿Saben tu alfa y omega líderes de esos estúpidos molestándote? —Le preguntó Yujin esa vez. Había sido un par de días después de que Yoongi lo rechazara definitivamente, así que Taehyung no encontraba en sí que ese par de alfas buscapleitos lo tuvieran en la mira.
—Se los diré.
Yujin lo miró con cara de no creerle ni un poco.
—Hagamos como que te esforzarse en mentir. Pero vale, no te ves del todo bien, entiendo. Sólo cuídate, ¿está bien? Esos estúpidos se hacen los valientes, pero si les respondes seguramente se echan para atrás. Con que tu alfa-
—Puedo solo.
Había estado mal. Se sentía horrible. Abandonado. Insuficiente. Que Yujin sugiriera implicar a Nam-hyung para que lo dejaran en paz golpeó un nervio sensible.
Yujin lo miró un largo rato durante el que Taehyung mantuvo los ojos en el suelo.
—Está bien, Taehyung-ah. Confío en eso. Hasta luego.
Las siguientes clases en que se encontraron Taehyung no quiso acercarse, avergonzado por reaccionar así cuando Yujin sólo estaba preocupándose por él. Yujin tampoco intentó entablar conversación con él.
Entonces vinieron las vacaciones de verano y Taehyung estaba por unirse oficialmente a la manada, así que pensamientos sobre cualquier otra cosa no tenían espacio en su cabeza.
Después llegó el nuevo semestre con mil responsabilidades y deberes. Y, durante el descanso de navidad, pasándola junto a su manada y comenzando a creer que podría superar a Yoongi, Taehyung tuvo su primer celo y fue reconocido por Yoongi como su Alfa.
Así, esta era la primera conversación que tenía con Yujin-noona en más de seis meses. Del (aparente) beta deprimido y apático que era durante su última verdadera interacción, que Yujin se esté tomando tan bien el giro de ciento ochenta grados que Taehyung dio para reaparecer como un alfa con pareja, aumenta el aprecio que le tiene.
Es práctica, sincera, sin ganas de andarse con rodeos. Taehyung quiere contestarle sólo porque sabe que Yujin-noona pregunta con las mejores intenciones. Además, si no puede estar con Yoongi, entonces va a ponerse a hablar de él.
—Estoy saliendo con Yoongi-hyung —dice sonriendo.
Yujin no tiene que preguntar quién es. No hay persona en la universidad que no conozca a Min Yoongi, estudiante de último año, omega miembro de la manada Kim y ampliamente conocido (por estudiantes de su generación) por su papel en la expulsión de un grupo de alfas que habían estado violando la privacidad de varios omegas y betas difundiendo sus fotos íntimas.
Taehyung no estuvo para el caos previo a la expulsión, pero sí para el reconocimiento que Yoongi tenía por participar activamente en la protesta contra las autoridades que quisieron pasar por alto la ofensa.
El grupo de defensores que se formó tras el incidente lo invitó a ser parte de ellos, pero Yoongi declinó la oferta. Luego de eso, Yoongi ha mantenido un perfil tan bajo como le es posible, concentrado en sus estudios, trabajo y manada. Algunos hablaban de su falta de compromiso real con la causa, otros de un alfa (Namjoon, a veces Hoseok) que no le permite involucrarse más, y otros más consideran su participación como algo incidental y sin mérito.
Taehyung sabe el por qué. Fue alrededor de esa época que la salud de Yoongi volvió a decaer debido a sus celos. Dejó de forma definitiva los supresores (que había estado consumiendo bajo una prescripción única y estricta) al inicio de su segundo semestre, después del incidente, y fue entonces que las habladurías sobre su “irresponsabilidad como omega” dieron inicio.
Que se mostrara sin vergüenza alguna junto a Namjoon y Seokjin como una manada avivaron las llamas de los interminables rumores. Taehyung y Jimin llegaron a la universidad y de las primeras cosas que supieron fue de ellos. La manada Kim, dicho con burla y cierto desdén. Ni Taehyung ni Jimin dejaron que prejuicios ajenos los detuvieran de acercarse. Y ahora, casi dos años después, Taehyung puede presentarse como el novio de Yoongi-hyung.
—Ah, con que era él quien te traía tan mal —sonríe Yujin—. Me alegra, Taehyung-ah. Te ves muy bien.
—Me siento bien.
Más tarde, después de la clase, Taehyung camina junto a Yujin mientras conversan sobre las cosas más triviales que se les ocurren. Taehyung trata de hace preguntas más personales, pero Yujin es excelente redirigiendo la conversación hacia Taehyung, Yoongi y su manada.
Taehyung merienda con ella, cómodo en la forma que pregunta cosas mundanas y divertidas que son fáciles de responder. Ella invita la comida con la excusa de ser su noona.
Sus hyungs y Jimin están en distintos programas, y sus horarios no se coordinan para poder comer juntos, por lo que Taehyung disfruta la experiencia con Yujin. Tanto es así, que deciden volver a hacerlo el siguiente lunes.
Tres semanas más tarde, Taehyung lleva a Yoongi-hyung consigo, y Yujin y él congenian rápidamente. Esta vez, Yoongi paga, siendo que es un par de semanas mayor que Yujin.
—Me alegra que hagas amigos. Yujin-yah es agradable —dice Yoongi cuando están de regreso en casa. Es un día con pocas responsabilidades, así que Taehyung puede estar con él el resto de la tarde y la noche.
Planean salir a comer más tarde. Pero, hasta entonces, y gracias a que Taehyung decidió ser diligente y terminar sus deberes con anticipación a las fechas límites, pueden hacer lo que quieran con su tiempo.
Como el alfa consentido que es, Taehyung lleva a Yoongi a la habitación (de ambos, Taehyung dejó definitivamente su antigua habitación luego de una semana acarreando sus cosas uno por una), lo recuesta en el nido y se acurruca a su alrededor para ver películas hasta la hora de la cena. Entre besos y caricias, terminan ordenando para comer en casa.
Cuando Taehyung sale a recibir la comida, se topa con Hoseok-hyung en la sala. La tensión entre ellos ha ido disminuyendo con los días. Taehyung aún tiene pendiente una conversación con él, pero Yoongi-hyung ya tuvo la suya con él. Taehyung no sabe cuáles son los términos exactos en los que se encuentran, aunque por lo que puede son buenos, hasta amigables.
Entre Hoseok-hyung y Taehyung, sin embargo, la historia es diferente. No hay hostilidad (nunca podría, no realmente, no cuando son una manada y se aman con sinceridad), pero Taehyung no sabe cómo tratarlo con la naturalidad de antes.
Se debe mayormente al sentimiento de culpa que a veces surge desde el fondo de su pecho cuando piensa en cómo su presentación afectó la relación entre Hoseok-hyung y Yoongi. No pudo haberse imaginado que algo así sucedería, pero eso no quita que Taehyung-
—Taehyung-ah, llaman a la puerta con tu comida —dice Hoseok de repente, sacándolo de su ensimismamiento; Taehyung se percata de que había estado viendo directamente a su hyung, escuchando nada excepto sus propios pensamientos.
—Ah, sí, sí —dice yendo a hacia allá.
El repartidor está revisando su reloj cuando Taehyung abre la puerta, pero le entrega la bolsa con una sonrisa y se va luego de desearle una buena noche.
De vuelta en la sala, Hoseok-hyung sigue ahí, esta vez mirándolo. Taehyung no sabe qué decirle. No puede ofrecerle comida porque su hyung comió hace apenas unos minutos. Simplemente desearle buenas noches e irse a su habitación parece muy cortante. No decirle nada es peor. Tal vez puede comentar algo sobre sus clases y-
—Taehyung, está todo bien. No voy a morderte ni nada —trata Hoseok-hyung de tranquilizarlo. Tiene esa sonrisa que Taehyung identifica como su Sonrisa de Momentos que Ojalá Pudiese Evitar. Está incómodo (molesto, inconforme) y quiere pretender lo contrario.
—Eso no es cierto, hyung —murmura Taehyung con un sabor agrio en la boca. No le gusta esta tensión entre ellos.
Hoseok lo observa. Su mirada es aguda y pesada. Taehyung siente la ola moverse incierta por su pecho y brazos. Yoongi está pendiente, sintiendo las conexiones con toda la manada en niveles que Taehyung, como alfa, no puede percibir. La ola se remueve con inquietud unos segundos. Exactamente hasta el momento en que Hoseok suspira suavemente y se acomoda mejor en el sofá.
—No, no todo está bien, tienes razón —acepta cruzándose de brazos. Mira hacia un punto incierto, como si estuviese sopesando opciones—. Pero no es momento de tratar de hacer que estén bien, ¿no crees? Al menos yo no puedo. Necesito más tiempo para ordenar mi cabeza y poder hablar contigo.
Taehyung comprende. Es muy pronto también para él, que todavía está tratando de absorber las últimas tres semanas.
—Está bien, hyung. Yo también necesito tiempo. Aún es… demasiado, a veces. Quiero estar más tranquilo cuando hablemos.
Porque, si bien lo ha logrado, Taehyung ha tenido otras dos caídas en la sumisión debido al estrés. La sobrecarga sensorial ha sido lo peor. Tanto, que Yoongi-hyung había colocado espuma acústica en las paredes de la habitación y cambiado las cortinas a unas que no dejaban pasar un solo rayo de sol por lo gruesas que eran.
Desde luego, no eran una solución mágica. Taehyung debía acostumbrarse al ruido, la luz, los olores e incluso sabores cuya potencia parecía potenciada luego de su presentación. Los primeros días había permanecido dentro de su casa, rodeado por su manada, cómodo en la familiaridad y exaltado por el amor de Yoongi. No fue tan duro entonces.
Pero después, en la calle, rodeado de personas en la escuela… El primer día no fue tan malo, pero la molestia se acumula y lo impredecible del día a día era un juego de azar para sus nervios.
—Vale —asiente Hoseok-hyung. La sonrisa en sus labios es mucho más sincera que la anterior—. Cuando estemos listos, hablemos, ¿de acuerdo?
El corazón se le llena de cariño a Taehyung.
El poder de Yoongi hyung vibra con la misma emoción.
—Sí, hyung —sonríe.
—Bien. Ahora vete a cenar. Provecho.
—Gracias —dice retomando su camino hacia el tercer piso. Cuando sale de la sala, se detiene. Lo piensa un momento. Gira y asoma su cabeza detrás de la pared del pasillo—. Te quiero, hyung.
Hoseok, control remoto en mano, voltea la cabeza para verlo. Bufa, una sonrisa sorprendida partiendo sus labios.
—No era para que te pusieras meloso, Taehyung-ah.
—Ah, pero es cierto.
—Yo sé que sí.
Hoseok-hyung regresa la mirada a la televisión con un alzamiento de hombros. Por supuesto que Taehyung lo quiere, dice su expresión falsamente engreída. Taehyung se ríe y apresura el paso a su habitación.
Cena con Yoongi-hyung teniendo una película de fondo. Taehyung no se presta mucha atención a la televisión. Su Omega está justo aquí, frente a él, pasándole bocados a su plato para que Taehyung coma adecuadamente y encargándose de tirar los contenedores vacíos cuando terminan.
Más tarde, a punto de quedarse dormidos, Yoongi suelta una baja risa que espabila un poco a Taehyung. Aprieta a Yoongi en donde lo tiene entre sus brazos y emite un sonido de cuestionamiento restregando su mejilla contra su pelo.
—Nada, nada —murmura Yoongi dándose la vuelta para acomodarse pecho contra pecho con Taehyung—, sólo Hobi diciendo que también te quiere.
Taehyung, más dormido que despierto, sonríe y deja un beso en la frente de Yoongi.
—Yo sé —murmura.
Casi tan pronto como lo dice, se queda dormido.
