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E.T.I.A.

Chapter 5: 5

Notes:

Hola, llegamos al último capítulo aquí en Ao3! porque ya saben, en la paltaforma naranja los espera Lerylulu con la historia completa!

Aprovecho para invitarlos a nuestras redes sociales, por si gustan pasarse a checar los demás proyectos que tenemos

https://www.facebook.com/profile.php?id=100075129377159 (Lery lulú)

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Muchas gracias por haber leido! hasta la próxima historia! <3

Chapter Text

Jason lamentaba no haber tenido más tiempo para compartir a solas con Dick después del beso que se dieron, pues nuevamente Bruce los había llamado para hablar de su plan.

—La eficacia de E.T.I.A está en su proceso adiabático que le impide el intercambio de energía con su entorno —explicó Bruce, mostrando unas gráficas en las pantallas—. He diseñado un sistema que permitirá drenar la energía de los cristales y, una vez acumulada, será enviada al espacio.

Los presentes escuchaban lo dicho por el mayor con atención y con una expresión de preocupación difícil de disimular.

—Suena sencillo, pero no nos hubieras hecho venir si lo fuera, así que dinos de una vez cuál es el truco —Jason estaba más aprehensivo que de costumbre, mientras su cabeza luchaba con el pensamiento de que el plan de Bruce muy probablemente no incluía salvar a Dick.

—Colocaremos cuatro capacitores alrededor de la ciudad para generar un cerco y la energía recolectada será enviada a un satélite de Empresas Wayne —Bruce sonrió ligeramente, como antaño cuando comunicaba a sus hijos alguno de sus infalibles planes.

—Ningún satélite resistirá esa clase de energía —intervino Dick.

—A menos que tenga celdas de Nth metal —respondió con un tono ligeramente arrogante—. Según mis cálculos, tenemos menos de una semana antes de que la ciudad explote, pero para llevar el plan a cabo necesitamos dos cosas primordiales: los capacitores tienen que ser encendidos al mismo tiempo y el satélite sobrecargado debe ser llevado al sol, pues es el único lugar capaz de absorber la enorme cantidad de energía de los cristales. Para eso necesitamos a un alienígena súper fuerte.

—Puedo llamar a Jon, si es necesario —Damian ofreció, sin mostrar ninguna emoción al hablar de aquel que alguna vez fuera su mejor amigo.

—Nosotros somos tres, así que solo faltaría alguien más —Dick entendía ahora la necesidad de Bruce de traer de nuevo a sus hijos a la ciudad.

—Tú no puedes participar en esto, Dick —el semblante del mayor se endureció—. Si estás dentro del campo que generen los capacitores, la energía de tu nódulo también será drenada y tú… —no tuvo necesidad de continuar, pues para todos quedó claro cuál sería su destino final.

El silencio se hizo en la sala. Instintivamente, Jason sujetó la mano de Dick y este la apretó, tratando de encontrar fuerza en ese leve contacto. Él lo había pensado desde que Bruce les dijo que necesitaban destruir los cristales. Y había tomado una decisión.

—Estoy dispuesto a sacrificarme por todas las personas de esta ciudad —declaró con valentía, aunque dentro de sí, su corazón era un mar de sentimientos confusos.

—¡Tienes que estar bromeando! —Damian estalló con ira, al tiempo que miraba los rostros de su padre y de Jason, quienes parecían estar de acuerdo con lo propuesto por Dick—. ¿Y tú no vas a decir nada? —apuntó hacia el chico del mechón blanco de forma acusatoria.

El forajido centró su mirada en Dick. Sabía que cuando ese cabeza dura estaba empecinado en algo, era imposible hacerlo cambiar de opinión. Él no quería perderlo, menos ahora que había recuperado sus recuerdos y podían volver a ser una pareja. No obstante, no quería hacer un berrinche como Damian; debía demostrarle a Dick, y a sí mismo, que había madurado.

—Aunque me duela, pienso apoyarlo en cualquier decisión que tome —le dedicó una sonrisa triste, pues decir esas palabras había dolido más que la primera vez que tuvo que despedirse de él, y Dick le correspondió con otra sonrisa, la suya de agradecimiento por la confianza.

—¡Todos ustedes son unos imbéciles y cobardes! —gritó el más joven, con la frustración colándose en su voz—. ¡No voy a permitir que ejecuten ese plan hasta que no me aseguren que Dick no saldrá afectado! —dicho esto, dio media vuelta y se marchó furibundo.

—¡Damian! —Bruce hizo el intento de llamar a su hijo para que volviera, pero el menor hizo caso omiso
.
—Deja que yo me encargue —Dick propuso de forma amable, pues sabía que aquella pataleta era la forma de Damian de enmascarar el terror que sentía por volver a verlo morir.

Dick salió de la mansión y recorrió el amplio espacio que otrora fuera un floreciente jardín cuidado con amor y empeño por Alfred; ahora la maleza y la mala hierba habían hecho de la suyas.

Debajo de uno de los pocos árboles que quedaban encontró a Damian, sentado en posición de flor de loto con los ojos cerrados, tal vez meditando. Sin pensarlo mucho, se sentó junto a él y lo imitó.

Pasaron largos minutos en silencio hasta que el menor se decidió a romperlo.

—Si tu intención es convencerme de que te deje sacrificarte, pierdes tu tiempo —abrió los ojos y lo miró con determinación, pues era algo en lo que no estaba dispuesto a ceder.

—Te agradezco por tu cariño infinito, D —Nightwing le sonrió con ternura, como si todavía fuera el pequeño demonio a quien sus hermanos no aguantaban y que solo él entendía—. Pero sabes que yo ni siquiera debería estar aquí. Soy una quimera que vive artificialmente y tarde o temprano mi vida va a apagarse. Por eso quiero que si eso pasa, sea bajo mis términos y siguiendo mi código.

—Jamás dejarás de ser un mártir y un héroe, ¿no es así? —la pregunta era retórica y hasta cierto punto, un reclamo. ¿Por qué no podía ser egoísta y pensar, al menos una vez, en su felicidad?

—Así me quieres —Dick se acercó y lo abrazó con dulzura, pues a Damian no iba a convencerlo con la lógica, sino a través de su corazón.

Estar de esa forma dolía, tal vez tanto o más que su ausencia. Él lo había amado por tantos años y, a diferencia de Todd que tenía un sinnúmero de recuerdos como calmante, él solo tenía el rechazo de un amor imposible.

—No voy a rendirme sin haberlo intentado —Damian se separó y la mirada que le dedicó reflejaba su convicción absoluta—. Encontraré la forma de salvarte y lucharé por hacerlo hasta el último segundo —el menor no quería sentir que estaba cediendo, pues sería igual a aceptar que había perdido nuevamente frente a la desgracia.

Dick accedió con una leve sonrisa.

—Y más te vale que dejes esas miraditas con Jason —añadió el menor en tono amenazante—. ¿Crees que no me di cuenta de lo que se traen ustedes dos? —lo sabía, Dick había recuperado sus recuerdos y, cualquier pequeña oportunidad que hubiera tenido, se había esfumado.

—No prometo nada —se puso de pie y extendió su mano para que el otro la tomara. Damian no había cambiado, y a Dick le hacía muy feliz poder verlo convertido en todo un hombre.

 

*******

 

Tim fue el primero en llegar. Bastó una llamada de Jason, explicándole la situación, y en unas pocas horas ya estaba de vuelta en la Mansión que había sido su hogar por tantos años. Ver a Bruce fue duro, pues no se habían separado en los mejores términos. El tercer Robin fue uno de quienes más lo criticó cuando su obsesión por controlar el cristal parecía quitarle, no solo el sueño, sino también su humanidad. No lo justificaba, pero con lo que Jason le contó, pudo entenderlo un poco más.

El encuentro con Dick fue más emotivo. No pudo evitar que varias lágrimas emergieran de sus ojos, pues jamás pensó volver a ver a su hermano caminando entre los vivos. La noche de su muerte fue una de las más horribles de su vida. Aquella escena lo acosaba en sus pesadillas, al punto en que tenía que tomar pastillas para poder conciliar el sueño.

—Es bueno volver a verte, Timbo —pronunció Dick con emoción mientras lo abrazaba—. ¡Estás más grande!

—Supongo que ahora tendré que decirte “hermano menor” —comentó Tim en tono burlesco.

—Lo aceptaría, pero todavía soy capaz de darte una paliza —respondió con una sonrisa confiada y con esa alegría que solo él podía trasmitir.

El bonito reencuentro terminó cuando Damian apareció y, lanzando un comentario ácido, les recordó a ambos que estaban trabajando contra reloj.

El joven genio, sin tardar, empezó a repasar el plan de Bruce y a revisar los planos para construir los capacitores. Jason trató de colaborarles pero aunque era muy inteligente, la ingeniería no era su fuerte, así que terminó por aburrirse y se fue a entrenar un rato con Dick.

Damian escuchaba todo con suma atención y, aprovechando un momento en que su padre se fue a atender otro asunto, empezó a acribillar con preguntas a Tim, tratando de que encontrara alguna forma de proteger a Dick.

—¿Y si lo sacamos de la ciudad? —preguntó el menor con un ligero tono de esperanza, aunque sabía que él y Jason habían tenido la misma idea y ambos habían llegado a la conclusión de que probablemente no funcionaría.

—No sabemos qué tan lejos tendría que estar; además, si la energía de su pecho se termina, se irá de todas formas —explicó Tim con pesar, ya que nada le haría más feliz que encontrar una solución a aquel dilema.

Damian golpeó una de las columnas de concreto con frustración. No estaba manejando bien sus emociones en torno a ese asunto y mientras más pasaba el tiempo, sentía que las opciones se terminaban.

Siguieron barajando ideas mientras, a lo lejos, Dick y Jason los contemplaban con ternura.

—¿Puedes creer que cuando eran más pequeños vivían peleándose todo el tiempo? —la nostalgia en la voz de Dick se hacía palpable; era innegable que extrañaba esos días más sencillos y, por qué no decirlo, más felices.

—La única razón por la que el Demonio no le ha clavado una espada a Tim es porque necesita su inteligencia —el comentario socarrón de Jason era solo una forma de enmascarar lo feliz que estaba de que volvieran a estar todos juntos. Definitivamente, Dick era el pilar de su familia, pues su regreso obró el milagro imposible de hacerlos volver y ahora los unía nuevamente en un intento desesperado por salvarlo.

La noche cayó presurosa y aquel maldito brillo celeste volvió a cubrir la ciudad, anunciando el inminente final que todos ignoraban. Los vigilantes congregados en la Mansión seguían con su trabajo como si vivieran en un lugar fuera de aquella ciudad condenada; como si sus muros hubieran construido otra dimensión, solo para ellos, mientras fraguaban el plan perfecto para salvarlos. Mientras trataban de evitar volver a perder a uno de los suyos.

La siguiente en llegar fue Stephanie. Aunque lucía mayor, no había perdido su carácter jovial. Nada más fue que ella entrara en la Mansión y el lugar parecía menos lúgubre. Ni bien llegó se abalanzó sobre Jason de una forma bastante melosa, pues sabía que el forajido nunca fue muy adepto a las demostraciones de afecto. Luego saltó hacia los brazos de Dick y estuvieron largo rato abrazados.

—Los rumores de que no has envejecido nada son ciertos —dijo la rubia, sonriendo de manera burlona—. ¡Qué envidia me da!

—Debo admitir que te ves bastante madura y sofisticada —comentó el primer Robin, tomándola de la mano y haciéndola girar sobre sí misma para verla con más detenimiento.

—Pues el tiempo ha sido bueno con algunos, pero con otros, como Jason… —dirigió su mirada hacia el mencionado e hizo una mueca de disgusto—. Lo importante es que su cara sirve para asustar a los criminales.

Jason la miró con expresión de pocos amigos; no es que le importara mucho lo que Steph dijera, pero decirle a Dick que él era poco atractivo, le hería el orgullo.

—De hecho, yo creo que Jay se ve bastante bien —comentó Dick con una sonrisa coqueta y volteando a guiñarle un ojo con complicidad al susodicho.

—¡Ni por que han pasado diez años, ustedes siguen con ese coqueteo insufrible! —afirmó la rubia, gesticulando exageradamente y fingiendo estar molesta—. Mejor me voy y los dejo solos, par de tórtolos.

Los mayores se observaron y luego rieron ante lo dicho por Steph. De alguna manera, ese momento se sentía como si el tiempo no hubiera pasado y como si la oscuridad no hubiera opacado sus vidas. Aquello hacía que Jason se sintiera nuevamente con esperanzas y que quisiera luchar por retener a Dick a su lado, así fuera por corto tiempo.

La rubia avanzó hacia la cueva y allí se encontró a los demás miembros de la familia. Su saludo con Bruce y con Damian fue frío, casi por mero compromiso, ya que en el pasado tuvieron muchas diferencias y peleas, sobre todo con el menor de los Wayne. No se consideraba alguien rencorosa, pero ciertamente ya no confiaba en ese par, no después de todo lo que estuvieron dispuestos a hacer.

Con Tim era otra historia, aunque no habían mantenido mucho contacto, siempre los unió un sentimiento de hermandad especial. Eran mejores amigos y almas gemelas. No desde el punto de vista romántico, sino más bien como aquella persona que te entiende como nadie más en el mundo.

—Babs envía estos documentos junto con sus disculpas por no poder venir —le entregó a Tim una carpeta repleta de hojas—. Revisó los planos que mandaste e hizo algunas observaciones que serán útiles.

—Gracias, Steph —le sonrió con amabilidad, pues sabía lo tensa que estaba la rubia por tener que estar allí. La verdad, tuvo que rogarle mucho para que viniera; Gotham era el origen de los problemas psicológicos de todos ellos y la mayoría pensó que jamás tendrían que volver a ese infierno.

Bruce se había suavizado con los años y el peso de sus errores. Había cometido demasiados pecados y estaba seguro de que nadie sería capaz de darle absolución para ellos; sin embargo, cuando veía a sus muchachos trabajar hombro con hombro en perfecta sincronía, sentía que al menos algo había hecho bien, y tenerlos era una de las pocas cosas de las que no se arrepentía.

—¡Lo tengo! —Tim se paró de golpe y exclamó con fuerza, asustando a la mayoría de los presentes—. ¡Cómo no me di cuenta antes!

Sus hermanos lo miraban extrañados sin entender de qué hablaba.

—La forma de evitar que Dick muera —dijo y empezó a buscar una hoja en blanco y a garabatearla presurosamente—. Podemos crear celdas de una aleación de plomo y Nth metal que protejan el nódulo de su pecho, de esa forma la energía no será absorbida por el campo energético que vamos a crear —mostró a todos el boceto rápido que hizo del diseño.

Y aunque ellos esperaban que el genio de la familia fuera quien propusiera la solución, aquella declaración los había dejado sin palabras.

—¿Funcionará? —Jason fue el primero en cuestionar la propuesta en voz alta.

—En teoría, sí. Pero no podemos hacer pruebas sin arriesgar la vida de Dick, así que tendríamos que seguir adelante con el plan y cruzar los dedos —respondió Tim, dirigiendo una mirada seria a todos.

Dick soltó el aire que había estado conteniendo y automáticamente miró a Jason, tratando de buscar en sus ojos la fuerza que sentía que le estaba faltando. Él ya había aceptado su destino y tener esperanzas le hacía daño. Lo que proponía Tim era tan incierto como su futuro, y no sabía si valía la pena arriesgarse.

—¿Esa es tu solución? ¿Cruzar los dedos? —Damian arremetió con fastidio—. ¡Ya veo que sigues siendo un mediocre bueno para nada! —ante estas palabras, Tim le dirigió al menor una mirada asesina, pues durante muchos años aguantó sus insultos y no estaba dispuesto a hacerlo más.

—¡Al menos estoy haciendo algo! A más de ser un completo idiota, ¿qué otra cosa has aportado? —Drake lo encaró con decisión, dispuesto a medirse a puños si fuera necesario.

—¡Vamos a intentarlo! —Dick intervino, tratando de distraer a los menores antes de que empezaran una pelea—. Quiero tener la esperanza de que todo saldrá bien y te agradezco, Tim, por tu esfuerzo; se los agradezco a todos —sonrió de aquella forma contagiosa y brillante que era imposible de ignorar, haciendo que el ambiente tenso disminuyera.

Damian chasqueó la lengua y se alejó de Tim sin decir nada. El tercer Robin relajó su postura y volvió a su asiento para seguir trabajando. Jason y Steph contuvieron la risa lo más que pudieron, pero la rubia no logró soportarlo mucho y estalló en una sonora carcajada. No importaba que ambos fueran mayores, todavía Dick seguía teniendo autoridad sobre ellos.

Aquello terminó por calmar las cosas e hizo que todos se relajaran y empezaran a trabajar nuevamente.

 

******

 

Era la noche previa a ejecutar su plan y la tensión podía cortarse con un cuchillo. Tim era el más optimista, aunque en secreto había revisado sus cálculos de forma obsesiva tratando de encontrar cualquier mínimo error o descuido que pudiera arruinar todo.

La neurosis de Bruce no era nada comparada con la de Damian, quien parecía un barril de pólvora que podía estallar en cualquier instante. Ese día había discutido con todos por las razones más ridículas. Incluso Dick, que solía tenerle una paciencia excepcional, decidió dejarlo un tiempo a solas para que lograra poner en orden sus emociones.

La luna brillaba solitaria sobre la ciudad que se había vuelto la envidia de otras por estar en la vanguardia tecnológica. ¿Qué dirían si supieran que Gotham había vendido su alma al diablo y que este estaba a punto de reclamarla?

Desde uno de los balcones, Dick observaba el cielo. A veces no entendía cómo su vida artificial parecía tan real. Cómo podía sentir la brisa sobre su piel, saborear la comida, percibir el aroma de las flores… Todos allí estaban dispuestos a protegerlo, a pesar de no ser realmente quien antaño fue. Estaba absorto en estos pensamientos cuando oyó unos pasos acercarse.

—¿Tampoco puedes dormir? —la profunda e inconfundible voz de Jason se hizo escuchar a sus espaldas y su corazón dio un salto de felicidad dentro de su pecho.

—Muchas cosas ocurrirán mañana y yo estoy algo nervioso —admitió, volteando a verlo al tiempo que le dedicaba una sonrisa melancólica.

El forajido lo envolvió en sus brazos delicadamente. Aquel contacto inesperado tensó inicialmente el cuerpo de Dick, pero luego se relajó y se dejó hacer. Ellos habían compartido mucho más que abrazos, pero todavía era extraño estar tan cerca de Jason. Aunque sentía que lo amaba y lo necesitaba, el saber que estuvieron tanto tiempo separados, hacía que su amor se sintiera lejano, como si hubiera existido en otra vida.

—No pude salvarte antes, pero te prometo que esta vez no fallaré —susurró despacio, al oído de su amor, y lo sintió estremecerse ligeramente.

Dick sabía que había mucho en juego y aunque estaba dispuesto a sacrificarse, la verdad no quería irse. No deseaba volver a ver a su familia separada y por supuesto, no quería que Jason sufriera por perderlo. Viendo hacia el pasado se preguntaba cómo pudo haber olvidado el amor tan grande que sentía por él. Supo desde la primera vez que se besaron, que estaban destinados a estar juntos por toda la eternidad.

Buscó los labios de Jason, pues necesitaba imperiosamente un beso apasionado que fuera capaz de espantar los miedos que ahora lo embargaban. Sus bocas encajaban a la perfección y sus alientos se mezclaron dando lugar a una amalgama de sensaciones.

El cuerpo de Jason se sentía como si estuviera en llamas y lo único que su mente podía pensar en ese momento era cuánto había extrañado ese calor, así como aquellas caricias que lo llevaban al extremo en que podía morir de placer. No habían tenido mucho tiempo de estar juntos y demostrarse su amor, pero ese momento se sentía especial y ambos estaban conscientes de ello. No querían pensar que era su última noche, y aun así se amarían como si el mundo se acabara al día siguiente.

 

*********

 

E.T.I.A fue catalogado en los últimos años como energía innovadora, segura y sustentable. Pocos conocían los efectos nocivos que tiene para el ser humano. El Gobierno de los Estados Unidos quiso llevar a cabo pruebas para determinar su alcance y las ratas de laboratorio escogidas fueron los prisioneros de Arkham. El cristal les dio poder casi ilimitado y nulo control de sus impulsos. En cuestión de minutos, los criminales más peligrosos del país estaban a casi nada de obtener su libertad, pero Batman y sus aliados no lo permitirían. Fue una noche de horror, que muchos quisieran no haber presenciado.

En las últimas horas, desde que recuperó sus memorias, Dick no podía dormir. Tenía las escenas frescas de su muerte rondando por su cabeza como inquilinas indeseables dispuestas a instalarse. La adrenalina, el coraje, el miedo a perderlos a todos. Recordó a Bárbara, a Steph peleando para detenerlos, a Damian intentando abrir desesperadamente una vía de escape. Recordó los gritos de Bruce, su solemnidad al decirle que no había otra opción. Y, finalmente, los ojos de Jason. Lo recordó a lo lejos pero lo sentía demasiado cerca. Lo había mirado, con su infinito amor resquebrajándose, porque sabía que no podría detener a los enemigos por más tiempo; entonces Dick había tomado su decisión final: uno a cambio de todos; uno a cambio de él.

Su último recuerdo era el peso de muros, metales y escombros cayendo encima suyo y oscureciendo su vista hasta que Bruce lo despertara con esa cosa instalada en su pecho.

—¿De nuevo no puedes dormir? —Unos fuertes brazos lo envolvieron, tratando de calmarlo. Jason estaba con él, con su torso desnudo y aún un poco sudado, pegándose a él para darle calor y calma—. ¿Podemos intentar agotarte de nuevo? —susurró de forma sexy en su oído y Dick suspiró con mucha más tranquilidad.

—Tendremos tiempo para eso —respondió, intentando animarse.

Sin embargo, aun cuando la propuesta tentadora estuviera allí, tuvieron que levantarse. Había varios preparativos que hacer antes de poder encender los capacitores. Cuando bajaron juntos a desayunar, las miradas indiscretas de los demás no se hicieron esperar, aunque sería más exacto decir que la mirada de Damian era más bien asesina. No hubo charlas triviales, ni preguntas innecesarias; no había tiempo para eso.

Cerca del mediodía, las piezas faltantes del tablero llegaron: Starfire y Jon Kent. La princesa Tamaraniana saludó a Dick con gran efusividad. Ellos tenían mucha historia, pero pese a todo, jamás dejaron de considerarse buenos amigos. Ella trató de no hacer cuestionamientos, no pretendía entender cómo Dick estaba de vuelta en el mundo de los vivos, pues no sería la primera vez que uno de los hijos de Batman escapaba de las garras de la muerte.

Jon portaba ahora el manto de Superman y se esforzaba al máximo por honrar el legado de su padre. Él y Damian no se habían hablado en muchos años, prácticamente desde que este último hubiera abandonado Gotham y se marchara con su abuelo. Jon jamás le reprochó sus decisiones, ni que se hubiera alejado, pero no podía negar que lo hizo inmensamente feliz recibir su llamada.

El menor de los Wayne sintió alegría verdadera de volver a ver al hijo de Superman. Jon lograba sacar lo mejor de él, y apreciaba eso.

—Damian —Jon estaba, al igual que él, bastante diferente respecto a su último encuentro. Aún tenía una sonrisa alegre y contagiosa, pero transformada por la experiencia y sabiduría de un héroe maduro, al menos lo que se le permitía ser—, ha pasado un tiempo, ¿no?

Damian levantó una ceja cuando notó cómo el otro viraba el rostro y se pasaba una mano por el cuello. Tal vez había elogiado demasiado pronto su madurez.

—Serán siete años en tres semanas —Damian cerró los ojos y suspiró. ¿Cómo es que todas sus relaciones abandonadas parecían permanecer igual a pesar del tiempo? Casi se sentía como una maldición.

Jon, a su vez, lo miró sorprendido. No acabaron en malos términos, aunque tampoco en buenos. Si pudiera describir cómo había sido su separación, podría decir que fue… repentina y fría.
—¿Recuerdas la fecha de la última vez que nos vimos? —Damian retrocedió un poco, ante la genuina sorpresa y expectación de quien hizo la pregunta.

El joven Wayne abrió un poco más los ojos, demorando apenas unos segundos en contestar.

—Tengo una memoria privilegiada —contestó dándole la espalda y esperando que su arrogancia ocultara cualquier otra emoción.

Cuando Dick desapareció de su vida, Damian se aferró egoístamente a su único amigo; misión tras misión, problema tras problema, recurría a él en la ausencia de su amor y guía. Pero con el tiempo su conciencia empezó a exigirle a gritos detener todo aquello, no podía continuar porque sentía como si intentara reemplazar la fresca y lejana luz de las estrellas nocturnas por la cálida y cercana luz de un joven sol.

—Damian —Jon se acercó, tomando su brazo solo un instante, solo lo suficiente para llamar su atención—, gracias por llamarme —le sonrió ameno, radiante.

Damian abrió su boca, pero no dijo nada; no había tiempo para perderse en las memorias del pasado pues el destino de una ciudad estaba ahora sobre sus hombros. Así que, sin más demora, empezaron con la instalación de los capacitores. Dick se sentía realmente inútil quedándose en la cueva con Bruce, quien monitoreaba todo desde los drones que sobrevolaban el perímetro.
Al caer la tarde, cada uno estuvo ubicado en su posición y era momento de saber si lograrían cumplir su misión o desatarían el apocalipsis. La suerte estaba echada y ahora solo bastaba cruzar los dedos.

Bruce dio la señal y sus cuatro hijos, desde los puntos señalados, encendieron los capacitores para que estos empezaran a absorber la energía del cristal de manera que no quedara ni una pisca para intentar reactivarse después. Durante los primeros minutos, todo parecía normal, pero luego, una luz incandescente empezó a formarse en el cielo sobre ellos, haciéndose más y más grande.

Jason empezó a sentirse ansioso y por inercia buscó la señal de Bruce.

—Dick… —habló serio, preocupado. Sus piernas estaban a punto de girarse para correr hacia la mansión. Tenía un mal presentimiento, pues la última vez Dick también se había quedado a solas con Bruce y el resultado fue devastador—. ¿Cómo estás? —le preguntó, pero no hubo respuesta—. ¿Dick? —insistió después de unos minutos y un suspiro se escuchó del otro lado de la línea.

—No está en la mansión —la respuesta de Bruce fue escueta.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Jason, intentando fallidamente concentrarse en su tarea.

—Él está en el punto de control. Alguien necesitaba equilibr…

—Maldición, Bruce, te pedí que no dijeras nada —una tercera voz le interrumpió. Era Dick; se escuchaba un poco lejos y cansado.

—¡Voy de inmediato para allá! —contestó el forajido, totalmente alterado.

—¡Ni se te ocurra moverte! —la voz de Tim sonó en el comunicador—. ¡Si la energía no se libera hacia el satélite al mismo tiempo desde cada punto, todos vamos a morir! —gritó con severidad, pues aunque entendía lo que su hermano sentía, ahora tenían un propósito más grande que ellos mismos.

Jason bufó con molestia, pero guardó su posición muy a su pesar. Sentía que estaba dejándolo a su suerte nuevamente; ese sentimiento de frustración estaba quemándole el pecho, y sabía que no era el único que se sentía así pues escuchaba a Damian maldecir por lo bajo.

La enorme luz cubrió totalmente la ciudad y, a pesar de que era de noche, todo podía verse como si fuera un día soleado. Se vio un destello, como un parpadeo intenso y de pronto todo se apagó.

—¡Ahora! —la voz del Murciélago les indicó que los capacitores estaban a su máximo poder y que la energía debía ser enviada al espacio. Los cuatro activaron los controles frente a ellos y pudieron observar cómo se fue formando un remolino celeste que parecía una llamarada solar. De no tener trajes especiales, aquella energía podría matarlos.

En el quinto punto, a donde toda la energía sería canalizada, Bruce estaba esperando vestido casi con un traje espacial que cubría todo su cuerpo, y Dick estaba al frente. Él tomaba el nódulo de su pecho, la pieza faltante para cumplir su misión. La mitad de su cuerpo, los circuitos y piezas de metal, estaban diseñados para soportarlo pues para eso fue que regresó; pero su otra mitad, la humana, la que recordaba a cada miembro de su familia, esa… Esa no era tan resistente.

Dick había caído de rodillas al piso en cuanto todo empezó, sintiendo como si se rompiera por el dolor que lo recorría. Bruce intentaba darle consuelo, no obstante, se hallaba impotente mientras la luz dentro de su nódulo centelleaba de forma intermitente.

Las celdas de Nth metal estaban impidiendo el escape de la energía, pero nadie sabía si resistirían lo suficiente. Bruce no lo soportó más, con dificultad se colocó junto a él y tomó su rostro para que lo mirara.

—Dick, tú eres la persona más fuerte que conozco —la sinceridad de sus palabras era notoria—. Pese a haberlo perdido todo, jamás dejaste que la oscuridad te arrebatara tu sonrisa y tu esperanza, así que ahora debes luchar. ¡No puedes rendirte! —su esfuerzo por motivarlo tal vez no serviría de nada, pero al menos quería que su hijo mayor sintiera que estaba con él, que nunca fue su deseo sacrificarlo y que, aunque traerlo de vuelta fue más un acto egoísta, fue un impulso de paternidad que no pudo controlar pues al igual que todos en la familia, jamás se resignó a perderlo.

Dick como pudo trató de sonreírle, pero su expresión era devastadora.

En un segundo, todo quedó a oscuras brevemente, pues enseguida las luces volvieron a encenderse. Bruce se había anticipado al conectar una fuente alternativa de poder para cuando los cristales dejaran de proporcionar energía. Lo más seguro era que en ese momento hubiera un apagón general en toda la ciudad, pero se ocuparían de eso después.

Debido al corte de energía, perdió comunicación con los demás. En el tiempo que le tomó a los sistemas volver a estar operativos y para cuando se restableció el enlace, lo único que escuchaba eran gritos.

—¡La energía ha desviado la órbita del satélite! —era la voz de Damian y en ella pudo identificar algo que jamás imaginó: estaba aterrado.

—¡Parece que subestimamos la cantidad de energía! —Bruce exclamó desesperado.

—Starfire y Superman están tratando de corregir el curso para que la carga energética no regrese a la Tierra —Tim informó con la misma angustia en su voz.

—¿Qué es lo peor que puede pasar? —preguntó Steph.

—El nódulo de Dick estaba direccionando toda la energía desde la Tierra, pero se suponía que sería suficiente solo con el ochenta por ciento. Si esto continúa… —Bruce no quería seguir hablando.

—No solo Gotham, sino todas las ciudades a la redonda explotarán —explicó el tercer Robin, tomando consciencia de la situación que tenían entre manos mientras hablaba—. ¡Es una maldita bomba nuclear, Bruce! —le gritó.

Bruce sabía que tenía que hacer algo; así que, dejando a Dick, se dirigió a prisa a los controles de la computadora para ver qué opciones quedaban para evitar la catástrofe. Tuvo que pedirles a todos que dejaran de gritar para poder concentrarse, a lo cual obedecieron, pues aunque fuera un poco, seguían confiando en él.

Sin embargo, y sin aviso alguno, Dick se levantó de su base, aún con la mano sobre su pecho.

—Con que esto es solo el ochenta por ciento, ¿eh? —dijo jadeando, apenas poniendo una mano sobre su rodilla.

El Murciélago, de pronto, percibió una luz fuerte a sus espaldas y cuando se volteó pudo observar a Dick de pie.

—¡Dick, detente! —Bruce gritó, y todos escucharon lo desgarrada que sonaba su voz.

—Si entrego el otro veinte por ciento… ¿Todo estará bien? —preguntó, presionando el nódulo de su pecho con fuerza, intentando extraerlo de su lugar.

Nightwing movió sus manos hábilmente, desactivando la seguridad que le impedía ser separado de su vida prestada. Ese no era su destino, era su decisión.

—Dick… —fue un murmullo grave, casi opacado por las voces que le gritaban, pero que el héroe renacido escuchó con una claridad sorprendente—. Otra vez no…

—Te amo, Jason —le contestó.

Aquello duró solo un instante. Jon reportó por el comunicador que la energía que estaba dispersándose por todos lados parecía tomar una sola dirección y empezaba a ser absorbida sin problemas por el satélite. Dick fue envuelto por la luz de E.T.I.A. y luego cayó. Bruce tuvo que correr a trompicones para sujetarlo.

Jason se mordió los labios y apretó los puños. Ya no escuchaba nada del lado de Bruce.

—¡Todo está bajo control aquí, así que ve! —Tim sabía que su hermano se hallaba en un estado emocional frágil, a punto del colapso, así que le dijo las palabras que más esperaba escuchar.

El forajido agradeció y, sin tardar más, tomó su motocicleta para conducir a las coordenadas que le fueron enviadas a su comunicador. La ciudad estaba completamente en tinieblas; sin la energía del cristal, ningún artefacto tecnológico o electrónico servía. El caos reinaría pronto, pero a él ya no podía importarle menos. Había salvado a toda una ciudad y aun así, percibía el mal sabor de la derrota. Durante su camino de vuelta, no dejó de llamar insistentemente a Bruce por el comunicador. Solo necesitaba una pequeña señal, una prueba de que no lo había perdido nuevamente. Sin embargo, no obtuvo nada.

La única buena noticia que recibió fue que Superman había logrado llevar el satélite hacia el sol y que el plan había sido un éxito.

Finalmente llegó y su motocicleta derrapó varios metros por lo rápido que manejaba. Se bajó a prisa y corrió hacia ellos con el corazón a punto de estallarle a causa de la angustia. Apenas los alcanzó, lo primero con lo que chocaron sus ojos fue con Dick en el suelo, conectado a múltiples aparatos.

—¿Está…? —No pudo terminar esa pregunta porque las palabras se atoraron en su garganta y se negaron a salir.

—Sigue vivo, pero está muy débil —la voz de Bruce era monótona e inexpresiva—. Él se quitó el nódulo para usarlo como estabilizador, pero él puede…

—¿Él puede qué? —preguntó confuso, apresurado.

Bruce tomó en sus manos un cofre y se lo mostró a Jason.

—Dick no usó el veinte por ciento de energía que le quedaba, usó solo el quince. Se dejó tan solo al borde de la muerte —lo explicó lo más sencillo que pudo para no perder tiempo—. Este cofre está hecho de la misma aleación con la que reforzamos la armadura de Richard y dentro hay un cristal modificado, con suficiente energía como para alimentar el nódulo de su cuerpo por al menos cinco años. Pero ya sabes lo que E.T.I.A produce en el cuerpo humano y, si la colocamos, no podrá desprenderse de ella nuevamente. Será únicamente una condena aplazada.

—¿Jay? —Dick abrió los ojos lentamente y lo llamó en un susurro.

El mencionado fue a verlo y tomó sus manos entre las suyas con mucho cuidado, al tiempo que le dedicaba una mirada devota.

—¿Escuchaste lo que dijo Bruce? —era una decisión difícil y él no quería actuar por sus propios deseos y caprichos, así que, sin importar lo que dijera Dick, él lo aceptaría.
Asintió con un movimiento de cabeza.

—¿Qué es lo que tú quieres? —Jason acarició su mejilla—. ¿Quieres que volvamos a arrancarte del descanso, Dickie?

—Quiero vivir —afirmó con seguridad pese a lo debilitada que estaba su voz. Ese último cinco por ciento, el que le estaba permitiendo agonizar, solo había decidido guardarlo después de escuchar su voz—. Quiero estar contigo así sea un segundo o toda la eternidad.

Jason inclinó su cabeza y juntó su frente con la de Dick mientras las lágrimas rodaban desde sus verdes ojos. Las palabras de su amor le devolvieron la esperanza, esa misma que la desgracia le había arrebatado hacía tanto tiempo.

Se separó de él con el objetivo de dejarle a Bruce espacio para trabajar, y con la alegría de saber que tendrían una segunda oportunidad.

 

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Las semanas siguientes, todos los jóvenes vigilantes se dedicaron a evitar que los criminales hicieran de las suyas en la ciudad ante la falta de energía. Industrias Wayne empezó a distribuir de manera gratuita una nueva fuente de poder. Bruce tenía todo calculado para que una vez que los cristales fueran inútiles, se empezara a utilizar energía geotérmica a través del generador que había construido con antelación. Para resarcir la culpa que sentía por todos los años en que monopolizó los cristales, dedicaría el tiempo y dinero que le quedaban para reconstruir la ciudad, y su anhelo más grande era que sus hijos lo acompañaran.

Dick y Jason fueron los primeros en rechazar la oferta. Querían irse de aquel lugar pues les traía malos recuerdos; además, el primer Robin deseaba recorrer el mundo y ver todo lo que se había perdido durante esos diez años.

Tim tenía una vida feliz en San Francisco, así que también declinó la propuesta; sin embargo, se comprometió a mantenerse en contacto y darle asesoría sobre cualquier tema tecnológico que necesitara.

Para sorpresa de todos, Damian aceptó quedarse, dirigir la empresa de su familia y ayudar a reconstruir la confianza de las personas en el apellido Wayne. La relación con Bruce tal vez no mejoraría, pero al menos ahora tenían los dos un objetivo común por el cual luchar.

El día de la despedida llegó y Damian le dio un fuerte abrazo a Dick. Todavía lo seguía amando, pero por ahora le bastaba con saber que él sería feliz.

—No lo olvides, Todd —dijo el menor, dirigiéndose al forajido con el ceño fruncido—. Si llegas a lastimarlo, no dudaré en quitártelo —concluyó en tono amenazante.

—¡Quiero ver que lo intentes, demonio! —respondió el otro, petulante, con una sonrisa cínica en los labios.

Dick suspiró cansado, pensando en intervenir para evitar que se pelearan.

—¡Déjalos! —Steph comentó con tranquilidad—. Esa es la forma retorcida en la que Damian les está dando su bendición.

Dick sonrió con ternura, pues había cosas que nunca cambiarían. Miró hacia su pecho, hacia la vida artificial que ahora tenía; ya no quería pensar si aquello era bueno o malo, simplemente se conformaría con vivir al máximo y dedicaría todo el tiempo que tuviera a ser feliz junto al amor de su vida.

Notes:

pd: Por favor, vayan a ver la increíble portada de esta historia a http://www.facebook.com/TheArtOfFaustoRamirez/