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Nothing hurts like you do

Summary:

Una alumna nueva en el instituto, un accidente, una acusación. Jensen jamás se imaginó que de la noche a la mañana su vida se convertiría en el desastre en el que se convirtió y por algo en lo que no tenía la menor culpa. Nunca pensó que la solución a sus problemas sería salir corriendo, ni que gracias a eso conocería al amor de su vida, ni las complicaciones que le daría.

Notes:

Generalmente, en Austin – Texas, no nieva, pero muy de vez en cuando sucede (me lo confirmaron San Google y San Youtube que todo lo saben) y yo aprovecho esas rarezas de la naturaleza para ambientar el principio del fic porque yo lo valgo.
Hablando de rarezas. Es mpreg, so, es normal que los hombres “den a luz”.
Jensen es solo un año mayor que Jared.

Chapter 1: De cualquier manera, las opciones cambian. Las oportunidades fallan, los trenes se descarrilan.

Chapter Text

Michael se echa para atrás en el asiento mientras ve a la chica nueva reír de esa forma que hace sacudir su cabello de un lado a otro, en silencio se pregunta si ella se da cuenta de lo que provoca, de que llama la atención con tan solo respirar.

- Se te van los ojos – murmura Tom frunciendo el ceño. Conoce a Mike lo suficiente como para saber qué es lo que pasa por su mente en ese momento.

- Mirar no está prohibido – responde encogiéndose de hombros, y sin apartar la mirada.

- Liarse con una chica de primer año sí lo está. – hace énfasis en esa palabra para ver si de esa forma logra hacerle entrar un poquito en razón.

No es que esté prohibido de forma literal, no que él sepa, aunque si se toma en cuenta que ellos ya son mayores de edad… en fin, el punto es que no se ve muy bien que un chico de ultimo año esté tan obsesionado con alguien de primero. ¿Qué edad puede tener? ¿13? Vale, 14, como mucho. Por más cuerpo de mujer que tenga, solo hace falta fijarse bien en su cara para saber que no es más que una cría.

Al principio, cuando la chica llegó y Michael comenzó a mostrar interés, Tom no le dio mucha importancia, suponía que era solo un capricho del momento, el tener carne fresca siempre llama la atención y más si se trata de alguien como ella. Lo mismo pasó con Jensen durante mucho tiempo, así que es normal. Además, su comportamiento hacia él no había variado en nada, por lo que no tenía que preocuparse.

Sin embargo, casi cuatro meses después, las cosas ya están rayando en lo ridículo. Tom sabe que es porque la chica ha rechazado a Mike de todas las formas posibles y eso le está mancillando el orgullo.

- No es para tanto – resopla Gino alzando la vista solo lo justo para ver a la chica. – Es decir, es guapa, pero hay un montón como ella.

- No como ella – niega Michael jugueteando con el vaso que tiene en la mano.

- Siempre hay formas de conseguir las cosas – dice de pronto Ian con un bufido y dejando su dibujo a medias. Pone el lápiz a un lado y se cruza de brazos. – ¿La quieres? Pues tómala tío, pero deja de darnos la lata.

- Tú deja de darle ideas – gruñe Tom, y no, no habla desde los celos, sino desde la lógica, lo último que necesita Mike es alguien que lo incite de esa forma.

- ¿Qué se supone que debo hacer? – protesta Mike ignorando a Tom y centrando toda su atención en Ian. – Ha dejado claro que no está interesada. – Ian está a punto de abrir la boca cuando el timbre que anuncia el inicio de las clases suena. Tom aprovecha para ponerse de pie tirando de Michael para que lo siga.

Por unos días, el tema parece zanjado, pero “parece” es la palabra clave.

Tom le da otro trago a su bebida mientras ve a Michael en una esquina, mirando fijamente a la chica nueva bailando con uno de sus amigos. ¿Qué demonios hace esa niñata colándose a una fiesta que es para los de último año? Para él eso no es más que andar provocando y está seguro de que las cosas no van a terminar bien.

Lo comprueba a media noche cuando Michael se guinda a su cuello murmurando “No puedo con ella” y luego le da un beso. Es enfermizo todo lo que está pasando, y personas conscientes cortarían todo eso por lo sano, pero ellos aún son adolescentes, lo que los saca de esa otra categoría.

Ian está sentado a los pies de la escalera jugando con su encendedor y riendo por lo bajo por lo frustrado que parece Michael.

- Déjame en paz – murmura antes de darle otro trago a su cerveza. ¿Cuántas lleva? ¿6? ¿9? Da igual, las suficientes como para animarse a dejar volar su imaginación más de lo necesario. – Esa niña lo que necesita es una lección. Aprender a no jugar con un hombre.

- Y quién mejor que tú para enseñarle esa lección, ¿no es así?

- Ian… - le advierte Tom.

- Tío, la educación siempre se agradece – continúa Gino con una sonrisa tonta. Es quien más ha bebido de los cuatro. Michael sonríe también, pero no es algo divertido, al contrario, es esa sonrisa torcida que suele venir acompañada de problemas.

- Y supongo que ustedes tienen una idea de cómo impartir esta enseñaza. – pregunta.

- Más o menos – responde Gino. Ian asiente y Tom se estruja el ceño preguntándose por qué tiene que seguir escuchando hablar del mismo tema.

La conversación dura un buen rato, Ian y Gino hablando entusiasmados mientras Michael escucha con avivado interés y Tom trata de ignorarlos tanto como puede.

No es que sea un santo ni nada. Eso todo lo el mundo lo sabe, sus amigos conocen sus defectos mejor que nadie, pero le gusta la discreción, hacer las cosas bien y algo le dice que esa chica está llena de problemas, y que todo se les va a escapar de las manos.

Cuando la fiesta se termina, la chica y sus amigas comienzan a caminar hacia sus respectivas casas, Michael las ha observado durante el tiempo suficiente como para saber que no irán en la misma dirección por más de un par de calles.

No es difícil convencerla para que acepte que ellos le den un aventón, después de todo, son los chicos que ve todos los días en el instituto. Incluso está ese que siempre intenta invitarla a salir, piensa, ¿Qué podría salir mal?

La respuesta a su pregunta aparece ante sus ojos cuando se da cuenta de que están tomando un camino diferente. Solo unos minutos después se da cuenta de que no reconoce esa carretera.

- ¿A dónde vamos? – pregunta mirando a todos lados. No puede evitar que su voz tiemble un poco y eso le molesta. Lo último que quiere es parecer una niña débil.

- A seguir con la fiesta por un rato más – responde Ian guiñándole un ojo. Michael la observa por el espejo retrovisor sin decir nada. Pensando en que la situación es más excitante de lo que pensó que sería.

- Quiero ir a casa – exige. Lástima que sus palabras no surten el efecto deseado en los cuatro chicos que van con ella en el coche.

Es confuso para ella verse atrapada en el medio del bosque varios minutos después, en una cabaña asquerosa que no debería estar allí. Es intimidante la forma en la que Michael la mira y camina hacia ella con determinación para pedirle que baile, es aún peor cuando ella niega con la cabeza y retrocede. Está claro que no tiene humor para el rechazo porque da dos pasos grandes y la sujeta de la cintura para obligarla a bailar aunque no hay música.

Se marea con cada vuelta, se sobresalta con cada toque, le ponen histérica las risas e intenta decirles que paren, que la dejen en paz pero ninguno de ellos parece querer escuchar.

- Soy bueno para ti – susurra Michael contra su oído. Luego la presiona más contra su cuerpo y la besa haciendo caso omiso a sus negativas. Por eso lo muerde tan fuerte que le hace sangrar pero así solo consigue empeorar las cosas.

Michael se pone como loco, tal vez es por culpa de lo que ha bebido, tal vez simplemente es así. Da igual. El problema es que los cuatro se ponen alrededor de ella y comienzan a empujarla de un lado a otro, a preguntar si se cree más que ellos, a tocarla donde no deberían, a reírse con locura.

- Por favor – suplica en medio del llanto – Solo quiero ir a casa – dice. Pero Michael no piensa dejarla ir.

Tira del brazo para besarla de nuevo y cuando insiste en rechazarlo la golpea tan fuerte que le hace caer. Ella se arrastra hasta su bolso haciendo un esfuerzo por coger su móvil, pero solo logra darle a rellamada cuando Michael la jala de los pies haciendo que lo suelte.

- ¿QUÉ QUIERES DE MI? – grita con desespero.

- ¡Tú sabes lo que quiere, maldición! – Tom pierde los estribos y la obliga a levantarse para poder mirarla a los ojos. – Lo complicas todo. Las cosas estaban mejor cuando tú no eras parte de nuestras vidas. – prácticamente escupe las palabras y la empuja hacia los brazos de Ian, que la hace girar un par de veces antes de empujarla a los brazos de Gino, él le roba un beso violento antes de lanzarla a los brazos de Michael.

Es él quien se encarga de tirar de su ropa ignorando sus suplicas. Ella no puede dejar de estar confundida aunque todo parece claro. Está asustada, asqueada, pide perdón, aunque no sabe por qué. Promete que no dirá nada si la dejan, pero no importa lo que diga o haga, ellos no parecen capaces de entrar en razón.

En medio de la confusión y la violencia, consigue hacerse con un viejo clavo que utiliza para herir a Michael en un costado, haciendo más fácil el quitárselo de encima y salir corriendo.

Corre sin mirar atrás, sin importarle el frío o como las ramas de los árboles lastiman sus brazos y sus piernas, sin dejar que la poca nieve la detenga más de lo necesario, corre hasta que se queda sin aliento.

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Michael se queda en shock durante unos segundos antes de darse cuenta de que la niña tiene agallas. Se pone la mano en el costado y se ríe cuando siente la sangre.

- ¡Maldición! – grita Tom pasándose las manos por el cabello. – ¡Hay que ir tras ella, lo va a estropear todo! – Michael se sigue riendo, aquello es frustrante.

Tom lo sujeta del brazo para hacer que se levante y lo arrastra hasta el coche.

- Ustedes sigan por ese camino – ordena a Ian y a Gino. – Nosotros trataremos de cortarle el paso por la carretera.

Él y Michael se suben al coche y arrancan tan de prisa como la nieve se lo permite. Tom lanza maldiciones mientras trata de ver el camino para no chocar y al mismo tiempo capturar a esa estúpida antes de que haga algo que les arruine la vida.

Es como si pudiera ver el futuro. La niña irá corriendo donde sus padres y ellos no dudarán en denunciarlos. Tom frunce el ceño cuando Michael se ríe emocionado, como si tuviera la adrenalina al máximo. ¿Acaso él no se da cuenta de lo que está a punto de pasar? Todos están jodidos, menos Gino… Gino aún tiene 17 años, podría librarse de una buena, pero ellos no.

- ¡Maldita sea! – grita dándole un golpe al volante.

- Calma, Tommy, no pasará nada.

- ¿Nada? ¿NADA? Esto es por ti, por encapricharte con una mocosa. Por no saber aceptar un no por respuesta.

- ¡Tú tampoco aceptas negativas! – le acusa. Conoce muy bien sus reacciones cuando las cosas no salen como quiere.

- ¡Pero yo sé mantener los asuntos bajo control! – protesta. Está tan furioso que no se da cuenta de que ha acelerado demasiado, lo que le hace difícil controlar el coche, tiene que sujetar el volante con las dos manos y aún así hace zigzag durante un momento hasta que un jodido perro se pone justo frente a ellos obligándole a Tom a girar. - ¡MIERDA! – chilla cuando se da cuenta de que hay una persona en esa dirección. Intenta frenar pero se la lleva por delante.

Cuando logra frenar sigue aferrado al volante con el corazón intentando salírsele por la boca. Después de varias respiraciones consigue girar la cara para ver a Michael, tiene las manos puestas en el salpicadero, y está totalmente pálido.

Se bajan del coche justo cuando Gino e Ian están llegando por otro lado de la carretera. Con miedo y sin atreverse a decir ni una sola palabra, retroceden para ver a quién se han llevado por delante.

Y ahí está.

La chica está en el suelo, sangrando, el cuerpo doblado de una forma imposible y los ojos abiertos.

- Acércate – le dice Gino a Ian. Este frunce el ceño y niega con la cabeza.

- Mierda – murmura Michael. Está quieto, como si le fuera imposible moverse. – Mierda, mierda, mierda, mierda. – Tom toma una bocanada de aire y se acerca para tomarle el pulso a la chica, aunque es obvio que no va a encontrar nada. Las maldiciones de todos se incrementan cuando Tom niega con la cabeza.

Tiene que centrarse. Tiene que pensar con la cabeza fría.

Fue un accidente. Nunca tuvieron la intención de que las cosas llegaran hasta este punto, pero pasó y ahora no les queda más que arreglarlo.

- Bien – dice para sí mismo. Respira de nuevo cerrando los ojos, tratando de ordenar sus pensamientos – Bien – repite con más convicción.

- ¿Bien? ¿BIEN? – grita Ian. – ¿Pero tú la estás viendo? ¡Está muerta!

- Lo está. Y tenemos que solucionarlo.

- No sé tú, pero yo no domino el arte de la resurrección – se queja Gino.

- Tom tiene razón, tenemos que… tenemos… - Michael respira profundo para calmar los nervios – Tenemos que ocultar el cuerpo.

- ¿Qué?

- Estamos en el bosque – dice Tom. – Será sencillo.

- Nadie la encontrará – continua Michael.

Tom asiente y le hace un gesto a Ian para que lo ayude a moverla, pero el chico no se mueve hasta que Michael lo empuja.

Entre los dos la mueven lo más apartado posible. Michael y Gino buscan cualquier cosa que les pueda ayudar a hacer una pequeña fosa y la lanzan dentro con la esperanza de que ningún animal la saque de allí. Se limpian lo más que pueden y regresan al coche más callados de lo normal. Michael tiene la respiración agitada, aunque está haciendo un gran esfuerzo por disimularlo y Tom tiembla con las manos al volante.

Ian va a pasar la noche en la casa de Gino, al aparcar dudan un momento antes de abrir la puerta. Por fin, es Michael quien se atreve a hablar.

- Creo que está de más decir que de esto ni una palabra a nadie. – gruñe. Los dos chicos murmuran una aceptación, pero eso no es suficiente para él. Se gira para poder hacerles frente. - ¡A nadie! – repite con seriedad. – Salimos de fiesta, nos quedamos un rato en el coche bebiendo y hablando y fuimos a casa. Nada más.

- ¡Lo sé, Michael!

- No, Gino, seguro que no lo sabes – replica. – Ni a tu hermana, ni a tu puta sombra o juro por Dios que te lo haré pagar. Estamos hablando de nuestro futuro y puede que ustedes dos, idiotas, no tengan uno muy prometedor pero Tom y yo sí, no voy a permitir que este error nos joda.

- ¡Entendido, Michael! – dice Ian comenzando a ponerse furioso. – Esta mierda no sale de aquí. – ladra antes de salir de coche. Tom espera hasta que entren a casa para arrancar. Se vuelven a quedar en silencio hasta que llegan a casa de Michael.

- Todo va a salir bien – dice mirando a Tom. El chico levanta una ceja y suspira. Están jodidos, lo sabe. – ¿Qué vas a hacer? – Tom mira su reloj y se pasa las manos por la cara.

- Voy a casa.

- Pensé que irías a casa de Jensen.

- No… se supone, pero no creo que a sus padres les haga mucha ilusión que llegue allí a las cuatro de la mañana. – se estira en el asiento para tratar de aflojar los músculos. – iré mañana.

- ¿Qué le dirás del coche?

- Ya veré. – Michael respira profundo y se gira poniéndole la mano en la nuca y acariciándolo suavemente.

- Lo siento, Tommy. No era lo que quería. – dice con sinceridad.

- Esto nos puede joder, Mike.

- No lo voy a permitir – se acerca y le da un suave beso en los labios. – Hablamos mañana… intenta que Jensen no piense mucho en el coche. Dile que lo pagaremos nosotros.

- Lo haré.

Cuando llega a casa, Tom se deja caer sobre la cama. Está agotado, pero no puede cerrar los ojos porque de inmediato aparece ante sus ojos la imagen de esa chica. La forma en la que quedó en la carretera. Su mente comienza a imaginar mil escenarios en los que su secreto se descubriría, la forma en la que su vida se destruiría, todo lo que podría perder.

Nunca se puede saber. Nunca.