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Cielos oscuros. Lluvia torrencial. Ni un alma en las calles, salvo él. Como en una maldita canción. O como en esas películas existencialistas que tanto le gustaban a Rumiko.
-¿Valió la pena?- Steve le había preguntado. Para nada. Si tan solo Tony hubiese sabido… Dios, si hubiese sabido el precio…
Sabe que debería dejar de pensar en aquello. Necesita apagar su cerebro y enfocarse en su misión. En SHIELD, en Carol, en Pepper y en todas las personas que aún están vivas y que dependen de él. Lo sabe. Lo sabe.
Pero Steve…
Tony había estado preparado para perderlo todo. Podía vivir con ser odiado. Podía vivir sabiendo que había hecho concesiones, que había escogido el menor de dos males y cambiado todo en lo que creía por una solución pragmática. No iba a arrastrar a Steve a eso, pero podía hacerlo por los demás. Todo sonaba tan simple. Sabía que destruiría su amistad con el Capi para siempre. Sin embargo, lo de Peter había sido una sorpresa… Pero aun así, para ser honesto, no era un precio que se arrepintiera de haber pagado.
No obstante, cuando la bala impactó a Steve… No estaba listo para ello. El Capitán América, Steve Rogers. Uno de sus mejores amigos. Se habían conocido por casi toda su vida adulta y, aun así, Tony no tenía idea de qué decir para llegar al corazón de Steve, para convencerlo de que sus razones eran válidas. Que había peores opciones a esto.
El extraño le había enseñado lo que podría haber dicho. Saberlo debería hacerlo más simple, saber que había sido su culpa, que Steve no había confiado en él sólo porque Tony no había dicho las palabras correctas. Había escondido sus sentimientos, como siempre, y ahora se enfrentaba a las consecuencias.
Puedes crear una reacción en cadena…
Y lo había hecho.
¿Valió la pena?
Ni por un segundo. Pero “eso es la vida”, como había dicho el extraño.
Ahora solo queda aprender a seguir adelante, aunque Tony no tenga idea de cómo hacerlo.
