Chapter Text
One day I’ll come into your world and get it right.
Si había algo que Louis Tomlinson odiaba con todo su corazón, era hacer las compras del mes. Odiaba los supermercados, odiaba comprar. Para eso tenía a Liam, él era paciente, amable y siempre sabía qué era lo que necesitaban, no como él que se sentía un maldito idiota por no saber elegir qué dentífrico comprar.
Dios, Liam en serio era como su superhéroe. Siempre estaba cuidando de él, intentando hacerlo sentir bien, reconfortándolo como sólo él podía hacerlo, escuchando sus problemas y ofreciéndole su hombro para cuando el nudo en su garganta se hiciera insoportable, y claro, también era la cuota de cordura que le mantenía a flote. Liam era de aquellas personas especiales que siempre sabían qué decir en el momento preciso, y él estaba muy agradecido de poder tenerlo a su lado.
Louis sonrió y se preguntó cuándo se habían invertido los roles, cuándo las cosas se habían jodido. Probablemente si se ponía a pensar al respecto, tendría que remontarse a su última desilusión amorosa donde Liam tuvo que tomar su lugar y comenzar a cuidar y procurar protegerle.
Desearía que su amigo dejara de preocuparse por él. Desearía que las cosas volvieran a hacer tan fáciles como antes, como cuando eran pequeños y Louis tenía que defenderlo de los chicos que los molestaban.
~
Los Payne habían llegado a Doncaster cuando Liam tenía siete años y Louis ocho. Vivían relativamente cerca, pero nunca se habían visto hasta el día en que durante el receso, mientras Liam leía un libro de aventuras sentado en un rincón de la escuela, unos chicos se le acercaron y comenzaron a molestarlo, provocando que el pequeño casi rompiera en llanto.
— Hey, idiotas, déjenlo en paz. No es su culpa que ustedes no sepan leer. –había hablado una voz que Liam ya había escuchado antes. Todos los chicos se callaron y miraron al muchacho que los había increpado.- ¿Acaso no me oyeron? ¡Váyanse! –exclamó el chico de ojos azules. Todos los niños desaparecieron en un par de segundos.
— Gracias. –tartamudeó nervioso.
— Nada de gracias. Debes aprender a defenderte. –le había dicho seriamente al tiempo que le golpeaba el hombro. Liam no supo qué responder.- Soy Louis. –el pequeño le ofreció su mano, cosa que era bastante inusual para un niño de su edad.
— Soy Liam. –le respondió el muchacho.
— ¿Qué lees? –le preguntó Louis sentándose a su lado. Liam se sintió extraño. Los niños jamás se acercaban a él porque no le gustaba jugar con los demás. Él prefería sentarse a leer en algún lugar apartado, tal como en ese momento, y no creía necesitar amigos, sin embargo, la compañía de Louis se sentía bien.
— Daumesdick* -indicó mostrándole la tapa del libro. - ¿Te gusta leer?
— ¡Claro que sí! Pero prefiero a Sherlock Holmes. ¿Lo conoces? –inquirió el oji-azul.
— Por supuesto, me encanta. –Liam se sentía increíblemente cómodo junto a aquel chico risueño.- Yo… Louis… ¿quieres ser mi amigo? –preguntó tímidamente.
— ¡Creí que ya comenzábamos a serlo! –respondió Louis pasando un brazo por sobre los hombros de Liam, quien sonrió ampliamente.
Y desde entonces, jamás se separaron.
~
“¿Estás bien, Lou? Estás tardando demasiado” , aquel mensaje de su amigo lo trajo de vuelta a la realidad y se encontró con que seguía pegado en lo del dentífrico. Finalmente terminó cogiendo el que más confianza le dio, pero no estaba seguro de que ese fuera el que usaran. En fin, sólo lo llevaría.
Cuando pensó que al fin había terminado su tortura en aquel lugar, fue hasta una de las cajas registradoras, encontrándose con que todas estaban llenas.
Maldijo por milésima vez y tuvo que armarse de paciencia. Le envió un par de mensajes a Liam, con la poca batería que le quedaba a su móvil, pidiéndole que le distrajera, mas éste parecía estar ocupado. Bueno, en realidad sí lo estaba, por eso no había podido ir a comprar él. El estudio lo estaba consumiendo bastante por esos días y sinceramente lo admiraba: él jamás podría haber entrado a una carrera como Leyes. Todo ese estudio… no, eso no era para él.
Cuando al fin pudo cancelar todo lo que llevaba, caminó con el carrito hasta su automóvil y condujo a casa escuchando música.
Al llegar al edificio, saludó al conserje quien se ofreció a ayudarle con las compras, pero él se negó. Él podía solo. Y así fue como llegó al décimo piso con todas las cosas.
— Louis, con un demonio, ¿por qué no me llamaste para que te ayudara con todo eso? –le retó Liam caminando hasta él para tomar algunas bolsas y meterlas a la cocina.
— Mi celular murió, amigo. –se justificó. Liam le miró incrédulo: Louis siempre daba la misma excusa. Era como el cuento de Pedrito y el lobo. - ¡Esta vez es cierto, lo juro! –una risa contagiosa se hizo oír en la casa: era Niall, el rubio irlandés que estudiaba con su amigo.
— Louis, siempre dices la misma mierda. –dijo el chico en tono gracioso. El aludido bufó y sacó su móvil del bolsillo de su pantalón para mostrárselo a ambos.
— ¿Ven? Esta vez sí es cierto. –se defendió.
— Bien. –aceptó Liam volviendo al sillón junto a Niall, lugar que tenían lleno de cuadernos, libros y hojas sueltas.
— ¿Quieren que cocine algo para ustedes? –ambos chicos le miraron aguantando la risa.
— Louis, no sabes preparar ni un huevo frito. –se burló Niall.
— Puedo hacer el intento, supongo. –dijo encogiéndose de hombros. Liam le sonrió con ternura.
— No, amigo. Podrías pedir sushi…
— ¡O una pizza! –le interrumpió el rubio.
— Está bien, eso haré. –el oji-azul caminó hasta el teléfono.
— Oh, Lou, antes de que lo olvide. Te llamaron por teléfono un par de veces, pero no quisieron dejar ningún mensaje.
— ¿Quién era?
— No tengo ni la menor idea, pero creo que era de un trabajo. La chica sonaba demasiado educada. –rió su amigo.
— Uhm… supongo que volverán a llamar. –dijo restándole importancia.
Louis pidió una pizza y luego puso a cargar su móvil. Posteriormente fue hasta la cocina y ordenó todo lo que había comprado en el lugar correspondiente, intentando demorarse el máximo tiempo posible, ya que si Liam y Niall aún no se desocupaban, se aburriría durante el resto de la tarde.
Jesús, en serio necesitaba conseguir un trabajo estable pronto, necesitaba mantener su cabeza ocupada, y cómo no, necesitaba el dinero. Desde que había salido de la Universidad hacía sólo unos meses, se había mantenido gracias trabajos esporádicos para revistas y periódicos, cubriendo fiestas de elite y connotados desfiles de moda.
Cuando hubo terminado, oyó a su amigo llamarle desde el comedor, indicándole que su móvil estaba sonando en su habitación.
— ¿Diga? –contestó. Una mujer le saludó desde el otro lado de la línea y lo que siguió, era simplemente de otro mundo.
Luego de aproximadamente cinco minutos, Louis hizo aparición en la sala con su rostro completamente inexpresivo. Liam y Niall se preocuparon inmediatamente al verlo y preguntaron qué ocurría.
— Era… de un trabajo. –comenzó.
— ¿Y? –le apresuró Niall.
— Han visto mi portafolio y quieren contratarme. –dijo como si aún no lo pudiera creer.
— Eso es genial, ¿no? –habló Liam.
— Sí, supongo.- Louis seguía sin poder reaccionar.
— ¿Y de qué se trata? –Inquirió el rubio.- ¿Una agencia de publicidad, un periódico, una revista?
— Vogue. –recién cuando pronunció el nombre de la revista para la cual trabajaría, pudo creerlo. – Me han llamado de la jodida Vogue. ¡Dios, no puedo creerlo! –exclamó por fin mostrando señales de alegría.
— ¿Vogue? ¿En serio? ¡Louis, es maravilloso! ¡Te felicito! –Liam se acercó y le dio un abrazo.
— No puedo creerlo, Liam. No puedo creerlo. –no dejaba de repetir.
— ¡Créelo, amigo! –dijo Niall palmeándole el hombro.
Louis había enviado una copia de su portafolio a la revista, incluso había hablado con una editora de la misma, Jessica Wood, pero jamás se imaginó que podrían contratarlo. Es decir, ¡sólo tiene veintiún años! Es sólo un chico que acababa de salir de la Universidad… este era definitivamente uno de los pasos más grandes que podría dar en su carrera profesional, por lo que se esforzaría mucho por demostrar que merecía aquello.
El oji-azul llamó a su madre para contarle la noticia y Jay casi le dejó sordo con el grito de emoción que profirió. Luego habló con todas sus hermanas y por último, Mark quien también le felicitó. En ese momento se dio cuenta de cuánto los extrañaba. Necesitaba un abrazo de ellos en ese momento. Quizá debería hacer un fugaz viaje a Doncaster uno de esos días.
Liam y Niall dejaron el estudio para hacer una mini celebración con la pizza que ya había llegado. Además, les servía como distracción del estudio, ya llevaban horas y estaban realmente cansados.
— Louis era quien me defendía cuando éramos pequeños. –Liam le contó a Niall.- Siempre fui el chico raro, ya sabes. Leía mucho, sacaba muy buenas calificaciones y no era alguien precisamente divertido. –explicó el chico. – Louis siempre fue todo lo contrario a mí y siempre terminaban regañándome en casa porque le acompañaba en sus locuras. –la contagiosa risa del oji-azul se hizo oír en la sala.
— Liam era muy miedoso. –Añadió el castaño.- Siempre tenía que arrastrarlo conmigo para que se divirtiera un poco. ¡Éramos niños! Y Liam todo lo que hacía era estudiar. Ahora por suerte, se ha ido soltando un poco. –sonrió con autosuficiencia.
— ¿Y Louis era ese chico al cual todos amaban y todos seguían? ¿El líder? –inquirió el irlandés.
— ¡Claro que sí! –exclamó Louis.
— Sí, todos querían estar cerca de él. Siempre fue así. –confirmó Liam.
— Pero eras sólo tú a quien consideraba realmente mi amigo, Liam.- señaló el oji-azul en tono especialmente dramático, recibiendo carcajadas como respuesta.
Cerca de la diez de la noche, el rubio decidió que ya era hora de irse, no sin antes felicitar una vez más a Louis por su gran logro. Luego, Liam ordenó el caos de apuntes y libros que había en la sala mientras él entraba a la habitación para ver qué ropa usaría al día siguiente.
— ¿Ya llamaste a tu madre? –le preguntó Liam entrando a su habitación mientras él se probaba diferentes tenidas.
— Por supuesto. –respondió mirándose en el espejo que tenía. - ¿Qué te parece esto? - inquirió mirando a Liam.
— Louis, te verás increíble con cualquier cosa que lleves encima.- el oji-azul rodó los ojos.- Tú sabes muchísimo más de estas cosas que yo. –le dijo el menor de manera risueña.
— Sigo esperando tu opinión, Liam. –regañó.
— Te ves muy bien. Me gusta como te queda eso.- Dijo su amigo. Liam creía que Louis se veía bien con cualquier cosa que utilizara. Louis era de esas personas que podían salir a la calle vistiendo una bolsa de basura y aun así luciría bien.
— ¡Gracias, Li! –exclamó acercándose para abrazarlo y besarle sonoramente la mejilla. Algo muy típico de Louis. - ¡No sé qué haría sin ti! –Liam le sonrió de vuelta.
Posteriormente se fueron a dormir, ya que a ambos les esperaba un día extenuante. Louis tardó en conciliar el sueño debido a lo ansioso que se encontraba, y es que aún no podía creerlo. Trabajar para una revista como Vogue había sido el sueño de toda su vida y estaba tan próximo a lograrlo que definitivamente no quería arruinarlo.
“Basta de tonterías. Lo harás bien”, se dijo mentalmente para luego caer dormido.
~
A la mañana siguiente se despertó y fue hasta la cocina donde encontró su desayuno servido junto a una notita que le había dejado Liam, en la cual se podía leer: “Un buen desayuno es el primer paso para comenzar un buen día. ¡Felicidades nuevamente!” Louis sonrió y se sentó para disfrutar de lo que su amigo le había preparado, al parecer hace no mucho rato, ya que todo estaba caliente aún.
Luego se dio una ducha y se vistió con lo que había elegido la noche anterior. Su madre le envió un mensaje deseándole mucha suerte, lo cual le reconfortó.
Cuando estuvo listo, se aseguró de que todo lo que necesitara estuviera en su bolso y bajó hasta el estacionamiento, buscó su auto y se dirigió hasta las oficinas de Vogue.
Vogue, se repetía mentalmente una y otra vez.
— Hola, buenos días. –saludó a la chica que se encontraba en la recepción. Ella le sonrió, pero no dijo nada.- Busco a Jessica Wood.
— Claro. ¿Cuál es tu nombre? –preguntó.
— Louis Tomlinson.
— Oh, el nuevo fotógrafo. –Aseguró ella levantando el auricular de su teléfono.- Enseguida la llamo. –Louis le sonrió.
Sus ojos azules se pasearon por el lobby del edificio, viendo como mucha gente entraba y salía todo el tiempo. Louis podía reconocer algunos rostros de modelos, algunos productores, otros diseñadores y ese tipo cosas.
A él le gustaba la moda, el espectáculo, las luces y todo lo que eso conllevara. Adoraba ir a fiestas glamorosas, pasarla bien y conocer gente, tener contactos. Tener contactos siempre ayudaba.
— Jessica vendrá en un segundo. –le indicó la chica cuyo nombre llevaba en la blusa, mas él no lograba verlo. Demonios, tendría que haber traído mis lentes, lamentó.
— Gracias. –le dijo él.
Jessica era rubia, alta, delgada y siempre iba muy bien vestida. Bueno, ¿qué otra cosa podía esperar de una de las editoras de Vogue? Ella le saludó muy amablemente y le invitó a su oficina para que pudieran revisar el contrato, el cual contenía una cláusula de exclusividad, y aunque trató de evitar que se notara su sorpresa al respecto, Louis siempre se había caracterizado por ser un libro abierto.
— Louis, hemos visto tu trabajo y simplemente nos ha gustado. Eres muy joven y eso nos sorprendió mucho. –le alagó ella.- Así que no nos falles. –le sonrió.
— Claro que no.- aseguró.
Posterior al contrato, la rubia le mostró las dependencias del recinto. Le presentó a algunos modelos que pasaban por los pasillos vestidos con ropas de marcas caras. Él conocía a algunas modelos, a las cuales saludó, pero en cuanto vio a Jason, su estómago se contrajo e intentó esconderse. No quería verlo. Y por suerte, el chico no lo vio, así que fue bastante fácil esquivarlo y continuar.
Oh, Louis no había pensado en ello, no había pensado en todos los errores que tendría que esquivar durante su estadía en la revista. Y prefería no pensar en eso por el momento.
Al final del recorrido, Jessica le mostró el set en el cual tendría su primer trabajo en ese mismo momento. También le mostró la carpeta que había enviado Alex Flint, el diseñador de H&M sobre el enfoque que se requería para la sesión de fotos de esa mañana.
— Por lo general, Alex supervisa las sesiones, pero esta vez no podrá venir. –explicó la rubia mirando la hora de su reloj de pulsera.
— ¿A qué hora debe llegar el modelo? –inquirió Louis.
— Debería estar aquí en este momento. –dijo con tono molesto. – De hecho voy a llamar a Clark… -apenas Jessica hubo acabado de decir eso, un hombre y dos mujeres hicieron aparición en el set.
— ¡Jessica! –exclamó el hombre.
— ¡Clark! Que gusto. Pensé que llegarían tarde. –Indicó ella.- Lu Ann, Caroline. –saludó a las dos mujeres. Lu Ann era joven, quizá tenía su misma edad. Su cabello era bastante largo e igualmente rubio. Tenía unos ojos celestes bastantes lindos también. Caroline debía tener cerca de cuarenta años. Era baja, morena y de cabello largo. – Les presento a Louis, el nuevo fotógrafo. –el aludido les sonrió y todos le saludaron afectuosamente.
— ¿Y Harry? ¿Dónde está? –preguntó Clark.
— ¿No viene con ustedes? –el rostro de Jessica se tensó.
— No. Ayer me dijo que en lugar de juntarnos en la agencia, prefería llegar solo. –informó.
— Clark, tú eres el que está a cargo de Harry. Sabes que no puedes…
— Jessica, sé lo que puedo y no puedo hacer. –le frenó el hombre. La conversación se estaba poniendo un poco tensa y eso puso nervioso al oji-azul. – Lo llamaré.
Luego de eso, Jessica les indicó a Lu Ann y Caroline donde ubicarse, entonces Louis supo que Lu Ann era maquilladora y Caroline era estilista.
En el set sólo quedaron él y Clark, quien parecía enojado, ya que el tal Harry no contestaba su móvil. Louis quería reírse de la situación, pero no debía, así que se distrajo revisando el lente de su cámara, la iluminación y todo ese tipo de cosas, para que cuando el modelo llegara, todo estuviera listo y dispuesto para comenzar.
— Harry, contesta de una jodida vez. –oyó maldecir al hombre y él sonrió sin que le vieran.
¿Por qué los modelos creían que podían hacer lo que quisieran?
~
Sentía los débiles rayos del sol impactar su rostro, y se maldijo por olvidar cerrar las cortinas de la habitación el día anterior antes de salir. Se volteó sobre la cama y abrió sus ojos, encontrando la espalda desnuda y tatuada de su amigo quien dormía profundamente. Nuevamente se movió para quedar de espaldas al colchón. Sentía su cuerpo cansado. Quizás ir de fiesta la noche anterior a una sesión de fotos, no era muy buena idea.
Sesión de fotos, repitió en su cabeza, ganándose un dolor en el trasero por sentarse de golpe en la cama.
Volteó a ver su mesita de noche para encontrar su reloj, el cual marcaba las diez de la mañana con quince minutos.
Oh-oh.
— ¡Jodida mierda! –exclamó levantándose rápidamente. - ¡Zayn, levántate! –Vociferó quitando las sábanas de la cama para que el chico despertara, pero éste sólo se removió un poco y balbuceó algo que él no logró entender.- ¡Zayn Malik! –le sacudió.
— ¿Qué mierda te pasa, Harry? –preguntó en un susurro mientras volteaba sobre la cama.
— ¡Me pasa que voy a llegar tarde a la sesión fotográfica, porque tú no fuiste capaz de poner el despertador a la hora! –se quejó buscando ropa en su armario. Zayn rió sin ánimo.- No te rías.
— Okay, como digas. –farfulló el moreno acomodándose para intentar dormir nuevamente.
— ¡Zayn, levántate! –dijo arrojándole un cojín que se encontraba en el suelo. – Debes llevarme. Aún no tengo mi auto. –Y otra vez maldijo al tipo que le había chocado el auto hacía un par de días. Zayn resopló y se sentó lentamente en el borde de la cama, sintiendo la resaca. Le costó un poco abrir sus ojos, pero cuando al fin lo logró, se obligó a cerrarlos de nuevo, ya que el sol que entraba por la ventana, había agudizado su dolor de cabeza- Zayn… -le llamó nuevamente el menor.
— Styles. –le frenó. Harry guardó silencio.- Ve a darte una ducha, estaré listo cuando salgas. –indicó en tono serio. El oji-verde sonrió y asintió.
— ¡Eres un ángel! –exclamó Harry ingresando al baño.
Zayn sonrió con ironía. ¿Por qué no había sido más cuidadoso al manejar hacía alrededor de un año atrás? Así no tendría que haberse preocupado de llevar al hospital al chiquillo al que casi había atropellado. Y claramente no estarían compartiendo el apartamento.
… y otras cosas.
~
La motocicleta rugía entre sus piernas, mientras pisaba el acelerador sintiendo la adrenalina corriendo por sus venas. Definitivamente era una de las sensaciones más excitantes que jamás hubiese experimentado, y creía que todas las personas debían experimentar aquella sensación al menos una vez en la vida.
Era tanta su emoción que pasó una luz roja y en un acto idiota, miró hacia atrás para comprobar su sospecha y fue entonces cuando al volver la vista, casi atropelló a un chico, el cual por intentar esquivarlo, se había dañado el tobillo.
— Oh, mierda. –se quejaba el chico. Él se bajó de la motocicleta y se acercó.
— Lo siento, amigo, en serio. –le dijo poniéndose a su altura.
— Está bien, fue un accidente. –Zayn se sorprendió ante la pasiva respuesta del chico.
— Llamaré a una ambulancia.
Y así lo hizo. Llamó una ambulancia que tardó quince minutos en llegar. Si hubiese tenido auto, las cosas hubieran sido más rápidas, sin embargo, todo lo que tenía era una motocicleta.
Una vez en el hospital, Zayn tuvo que hacerse cargo de todo, obviamente. Con lo que no contaba, era con que el chico, cuyo nombre era Harry Styles, acababa de llegar a la ciudad y ni siquiera tenía dónde vivir aún, y con un esguince en su tobillo, sería muy difícil que pudiera encontrar un hogar en el corto plazo.
—Supongo que… de aquí a tu casa, ¿no? –le había preguntado risueño. Para ser sinceros, la idea no le hacía mucha gracia a Zayn, pero bueno, la había jodido, así que se lo debía.
— Claro. –aceptó sin darle mayor importancia.
~
Luego de aquel flashback, se levantó por fin y buscó su ropa interior que debía estar tirada por algún lugar de la habitación. Al no encontrarla entre tanto desastre que habían dejado con Harry la noche anterior, fue hasta su cuarto y se vistió allí. No se preocuparía por ducharse, ya que luego de ir a dejar al oji-verde a su trabajo, volvería al apartamento y dormiría otra vez.
Harry no tardó en salir de la ducha y él ya estaba listo esperándole con las llaves de su motocicleta en la mano. El menor le sonrió y luego bajaron.
— Uhm, Zayn, hueles a sexo. –le había susurrado Harry una vez que se encontró abrazado a la espalda de su amigo en la motocicleta.
— Oh, qué cosa más extraña. –dijo con ironía. El menor rió.
Harry sabía que en motocicleta no tardarían más de diez minutos en llegar; Zayn conocía cada callejón de la ciudad y eso siempre facilitaba las cosas, además, era muy rápido, cosa que a veces le asustaba, pero sabía que debía confiar en la experiencia del moreno. Sin embargo, aunque su amigo hiciera todo lo posible por llegar en la menor cantidad de tiempo posible, él ya llevaba veinte minutos de retraso y se estaba maldiciendo internamente ya que si había algo que odiaba era la impuntualidad, y en ese momento estaba siendo un completo inconsecuente.
Su móvil comenzó a sonar dentro de su chaqueta, pero no podía contestar. Seguramente se trataba de Clark, el tipo que manejaba a una parte de los modelos de la agencia a la que él pertenecía.
Estaba seguro de que le llegaría un buen regaño por parte de él cuando llegara.
— ¡De nada, cariño! –le gritó Zayn una vez que él se hubo bajado de la moto sin siquiera haberse despedido.
— ¡Sabes que te quiero, Zayn! –le gritó él de vuelta ingresando al edificio.
Una vez dentro, corrió hasta el estudio seis, que era donde le tomarían las fotos. Allí se encontraba Caroline, la estilista, quien apenas le vio, comenzó a desvestirlo rápidamente.
— ¿Qué pasó, Harry? ¿Por qué tardaste tanto? –le preguntó ella mientras le pasaba la ropa que debía usar. Nada especial, una polera y unos pantalones negros ajustadísimos.
— Nada grave. Lo siento tanto. –lamentó sinceramente.
— No te disculpes conmigo, cielo. Discúlpate con Jessica y Clark. Ellos están furiosos contigo. –Harry se mordió el labio inferior: Jessica, demonios, no había pensado en ella.
— ¿Dónde están ellos? –inquirió.
— No lo sé. Estaban aquí hace un minuto. –informó. - Vamos, Harry, apresúrate. -terminó de vestirse para pasar con Lu Ann para el maquillaje.
Lu Ann era una chica joven, muy atractiva y ambos eran buenos amigos. Harry creía que si ella fuera heterosexual, harían una linda pareja, y se lo había dicho varias veces a la muchacha, ganándose sólo carcajadas por parte de ella.
La rubia notó que se encontraba un tanto nervioso así que le dijo que se relajara, que él sabía cómo era Jessica. A ella le gustaba la responsabilidad y el trabajo bien hecho y Harry siempre trabajaba bien. Es decir, por lo menos se esforzaba en hacerlo.
— Lo harás fantástico, Harry. Como siempre. –le animó la oji-celeste.
Una vez listo, caminó hacia el set que quedaba en la habitación contigua, encontrando a un chico de cabello castaño con su vista pegada en la cámara que descansaba entre sus manos.
— Uhm, ¿hola? –habló sobresaltando al chico.
— Oh, hey. –el castaño se levantó y le ofreció su mano con una gran sonrisa. – Tú debes ser Harry, ¿no? –preguntó.
— Sí. Lo siento, ¿quién eres tú? –Harry estaba completamente seguro de que no lo conocía. Recordaría aquel atractivo rostro en cualquier lado.
— Soy Louis, Louis Tomlinson. El nuevo fotógrafo.- se presentó el oji-azul.
— Oh, ya veo. –Reflexionó.- Me parece perfecto. Quiero decir, Tony, el fotógrafo anterior, no me agradaba para nada. –Louis asintió.- Tú pareces… agradable. –le sonrió.
— Gracias. –aceptó el castaño.
— ¡Harry Styles! –oyeron una voz femenina detrás. El aludido sintió un nudo en su estómago. Jessica y Clark hicieron aparición.
Lo siguiente que oyó fue una cátedra sobre responsabilidad. En varias ocasiones estuvo a punto de decirle a Jessica que cerrara la boca de una maldita vez, que él sabía que la había jodido, pero era la primera vez que llegaba tarde. Él siempre había sido puntual. Sin embargo, decidió guardar silencio para no agravar la situación.
“No más fiestas a mitad de semana”, se regañó mentalmente, sabiendo que eso era una vil mentira.
— Bien. –suspiró la mujer una vez que hubo dejado de hablar. – Los dejo. Yo debo ir a supervisar otra sesión. –Explicó.- Nos vemos. –ahora parecía tranquila. Harry pensó que quizás había liberado toda la tensión de la semana con él y no supo si sentirse mejor o peor al respecto.
— Es un demonio, Harry. Nunca más llegues tarde. –le dijo Clark en tono gracioso. ¡Ni siquiera Clark estaba enojado, por Dios!
— ¿Siempre es así? –preguntó Louis, desatando la risa de todos los presentes.
— Sólo cuando eres impuntual. –dijo Lu Ann.
— Okay, lo tendré en cuenta. –le sonrió él.- Bien, ¿qué tal si empezamos?
Apenas comenzaron la sesión, Louis supo por qué Harry Styles era modelo. El chico era tremendamente fotogénico. Tenía buen porte y un cuerpo que cualquiera desearía. Era realmente fácil trabajar con él, ya que no debías forzar mucho las posiciones de su cuerpo o gestos de su cara, se le daba natural, como si hubiese nacido para modelar. A Louis le agradó bastante.
— Entonces, Lou… ¿puedo llamarte así, verdad? –inquirió luego de terminar la primera parte de la sesión.
— Oh, Harry, por favor. –suspiró Clark con una sonrisa en sus labios.
— Claro. –concedió el oji-azul sin prestarle mucha atención mirando las fotos que había tomado.
— Harry, vamos, debes cambiarte. –le dijo Caroline tomándolo de un brazo, arrastrándolo hasta los vestidores.
— ¡Hey, Lou, me agradas! –le gritó desapareciendo. El oji-azul no pudo evitar reír.
Liam le envió un mensaje para preguntarle cómo iban las cosas y él le contestó que bastante bien, que ya se sentía más relajado con el asunto.
Habló con Clark también, quien resultó ser un tipo muy simpático y bastante relajado. Muy diferente a los demás agentes que manejaban modelos. Él también le agradó. En realidad, todas las personas que había conocido en ese corto lapso, le habían parecido simpáticas.
Harry no tardó en volver a aparecer en escena.
— Te ves muy guapo, Hazz. –le alabó Lu Ann.
— Gracias, cariño. –él le guiñó un ojo.
Louis también pensó que se veía bastante guapo, pero no dijo nada. Había entrado en confianza con esa gente, pero no para tanto.
— Hey, Louis, me gustan tus ojos. –le había dicho Harry entre una y otra fotografía. Louis rió.
— A mí me gusta tu sonrisa, Harry. –le siguió el juego tomando un foto que no estaba prevista, captando el momento justo en que el menor sonrió ante al comentario del oji-azul.
— Hey, en serio me agradas. –reafirmó el oji-verde. Clark, Lu Ann y Caroline rieron.
Louis miró a Harry con suspicacia. Era un chico realmente atractivo, y estaba seguro de que no le faltaban los chicos, ya que claramente era homosexual. Eso se notaba a leguas. No era afeminado ni nada por el estilo, de hecho era bastante… masculino y su voz podía volver loco a cualquiera, pero de alguna manera, cuando estás inmerso en ese mundo, aprendes a reconocer a la gente.
Harry por su parte en serio había quedado fascinado con Louis. Simplemente le encantaba. Tenía un rostro perfecto, Louis era objetivamente guapo y quien dijera lo contrario, claramente debía estar mal de la cabeza o ser ciego, derechamente. Además seguía sus bromas y se reía de sus tonterías, lo cual era altamente importante para él.
— Me gusta tu cabello. –señaló el oji-verde.
— Me gusta tu voz. –le respondió Louis sin dejar ni de sonreír ni de tomar fotografías.
— ¡Consigan una habitación! –les había molestado Lu Ann. Todos estallaron en risas.
— ¡Estamos trabajando! –Harry fingió seriedad para luego soltar una carcajada al igual que Louis.
— Bien, creo que hemos terminado. –señaló el oji-azul.
— Oh, ¿en serio? Me estaba divirtiendo. –lamentó Harry.
— Podemos seguir divirtiéndonos. –Dijo el castaño guiñándole un ojo para luego reír.
— Estoy totalmente dispuesto. –continuó el oji-verde.
Podrían haber seguido en eso, pero Jessica llegó y todos se pusieron serios mientras ella y Clark revisaban las fotos directamente de la cámara de Louis. Seleccionaron algunas para mandar a revelarla en cierto tamaño y así elegir cuáles usaría definitivamente.
Jessica parecía particularmente contenta por el trabajo realizado por ellos, así que perdonó a Harry por el retraso de aquella mañana y felicitó a Louis por su trabajo.
— Creo que hemos tomado una buena decisión contigo.- Dijo Jessica con una agradable sonrisa.
— Definitivamente lo han hecho. –Le apoyó Clark.
— Muchas gracias. –respondió Louis rebosante de emoción.
— Bien, iremos a ver lo de esas fotografías –indicó al oji-azul.
— Si ya terminamos, nosotros nos vamos. Harry aún tiene que ver si está todo en orden con lo del viaje. –Indicó Clark.
— ¿Los veo en Madrid, entonces? –inquirió una emocionada rubia. Louis reaccionó: la semana entrante, se llevaría a cabo la semana de la moda en Madrid. Oh, cielos, en serio le gustaría estar allí, pero eso sí que era un sueño aún.
— Allí estaremos. –Le respondió Clark.- Bien, ya nos vamos. –el hombre tomó a Harry de un brazo y comenzó a arrastrarlo hasta la salida.
— ¡Hey, Louis! –le llamó cuando ya se encontraba en la puerta. El nombrado miró.- ¿Cuándo te volveré a ver? –inquirió mientras todos reían por lo bajo.
— ¡Cuando menos lo esperes! –bromeó, haciendo sonreír estúpidamente a Harry.
Sí, a Louis le gustaba jugar, pero no era de aquellos que perseguía a los chicos ni a nadie. Si se encontraban otra vez, genial, si no, genial también. Sin embargo, sabía que se encontrarían, ya que ese mundillo en el cual se encontraban, si bien era muy grande, todos se conocían, de hecho, era extraño que nunca se hubieran topado antes.
Sí, definitivamente se volverían a ver.
*:
Daumesdick*: Pulgarcito.
