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CAPITULO UNO: Viktor siempre fue un dramático, incluso a la edad de siete años.
En donde Viktor Nikiforov proclama a Yuuri Katsuki como suyo, en frente de toda la escuela.
Viktor Nikiforov sabía que era un niño talentoso. Su madre a menudo le decía que él estaba destinado a algo grande. Con tres años de edad, él le preguntó que significaba 'destinado' y ella sonrió esa dulce sonrisa en forma de corazón suya y explicó que un día él se encontraría a si mismo usando sus habilidades para algo bueno. Y que él le traería alegría a muchas personas. Le tomó un tiempo darse cuenta que ella no se refería a regalos como el poodle de peluche que le regalaron para su cumpleaños o las costosas joyas que su padre le dio a su madre en su aniversario, sino más bien una habilidad o un talento.
Nadie jamás podría decir que Viktor Nikiforov carecía de confianza. No obstante, él no era arrogante —de nuevo otra palabra que su madre le explicó. Él se destacó en todas sus asignaturas bajo la instrucción de los tutores privados que su padre contrató, aprendiendo a leer a una edad joven y adquiriendo fluidez en el inglés y francés, además de su ruso nativo.
Así que no fue una sorpresa para sus padres cuando recibió su carta de aceptación en la prestigiosa Escuela Internacional Kubo para Estudiantes Dotados. Era una prestigiosa escuela que comenzaba en el jardín de infantes hasta el doceavo grado y sólo aceptaban lo mejor de lo mejor. El proceso de admisión era intimidante, consistiendo de una serie de exámenes escritos y prácticos, ensayos, múltiples entrevistas individuales con los padres del niño, un examen psicológico, y una entrevista grupal para ver como el niño interactuaba con sus pares. Ser aceptado en la Escuela Internacional Kubo no era un paso pequeño y ser capaz de afrontarla no era sencillo. Como único hijo de un rico Director Ejecutivo y una patinadora profesional retirada, parecía un hito más para el camino de Viktor hacia la grandeza.
Con su natural encanto y brillante disposición Viktor fácilmente se convirtió en el estudiante más popular de toda la escuela. Sus compañeros lo saludaban y también muchos de los estudiantes más grandes lo hacían alegremente mientras Viktor caminaba por los pasillos hacia su salón. El nombre Nikiforov era ilustre y famoso internacionalmente debido al éxito del negocio familiar, Industrias Nikiforov, la cual continuaba creciendo y expandiéndose globalmente incluso a la luz de la reciente recesión.
Viktor dio una rápida sonrisa a un sonrojado beta que reconoció vagamente de su grado, sólo escuchando a medias a Chris balbucearle a Mila y Georgi sobre el último video juego que su padre le había comprado. Chris, diminutivo para Christope Giacometti, era un alfa y era el hijo de ricos filántropos suizos. Georgi Popovich, también un alfa, viene de una familia de abogados mientras que Mila Babicheva era la hija de socialistas rusas y la única hembra alfa en su pequeño grupo. Pero para Viktor ellos eran simplemente sus tres amigos más cercanos. Él tal vez fuera popular, pero Viktor atesoraba la amistad que había cultivado con los otros tres. Él ya conocía a Chris desde ya que eran amigos de la familia antes de comenzar la Escuela Internacional Kubo y los dos rápidamente se hicieron amigos de Georgi y Mila en su primer día de jardín de infantes el año anterior.
Dentro de muchos años, Viktor diría que no podía recordar nada particularmente especial que haya determinado que ese día sería un momento crucial en su vida. Era el diecisiete de Septiembre, y comenzó como cualquier otro día ordinario. La novedad del nuevo año escolar ya había comenzado a desgastarse. Mientras algunos alumnos de clases superiores comenzaron a quejarse a causa de los proyectos y las tareas, su clase de estudiantes de primer grado no habían podido sacudirse por completo la emoción de las vacaciones de verano. Viktor entró a su salón de clases primero y tomó su asiento en la primera fila, colocando su mochila detrás de la silla y apoyando la cabeza en su mano mientras miraba hacia afuera por la ventana.
Georgi se sentó a su derecha, Mila siguió y tomó su asiento en la siguiente fila mientras que Chris tomaba su asiento en la hilera detrás de Viktor.
—¿Qué pasa con el nuevo pupitre?— señaló Chris a la izquierda de Viktor. Viktor parpadeó al pupitre y silla vacía a lado de la ventana. Se dio la vuelta y vio que sobresalía, perturbando el orden de toda la fila. No había otros pupitres detrás de ese.
—Hoy se va a unir a nosotros un nuevo estudiante —Comenzó su profesora, la Srta. Arena, mientras entraba al salón y tomaba su lugar detrás de su propio escritorio ubicado en la esquina. Mezcló un par de papeles y redondeó algo con su lapicera—. Él llegará en un momento, así que por ahora comenzaremos tomando asistencia…
El próximo minuto pasó de forma habitual. Viktor había vuelto a su estupor, sólo brevemente interrumpido en su ensoñación para levantar la mano cuando su nombre fue dicho para luego girarse de nuevo hacia la ventana para mirar las ramas bailar hipnóticamente. Sus hojas verdes aún estaban frescas y llenas de color bajo los últimos días cálidos de verano. Pronto llegaría Octubre y el viento otoñal comenzaría a enfriar las hojas en diferentes tonos de rojo y amarillo.
Un golpe en la puerta del aula interrumpió sus distraídos pensamientos de nuevo mientras él y el resto de sus compañeros giraban sus cabezas hacia la puerta, animados. La Srta. Arena se levantó para abrir la puerta y todos la miraron mientras se inclinaba para estrechar una pequeña y temblorosa mano. —Hola, tú debes ser Yuuri, bienvenido a la Escuela Internacional Kubo.
Una suave respuesta temblorosa pudo apenas escucharse cuando los estudiantes estallaron en curiosos susurros. Ellos se estaban volviendo impacientes por mirar al recién llegado, ya que la puerta estaba bloqueando al nuevo estudiante.
—Vamos, no puedo ver —murmuró Chris mientras trataba de mirar por encima de las cabezas de los otros estudiantes. La Srta. Arena estaba hablando con Yuuri en voz baja.
Viktor tampoco podía ver al estudiante pero al abrirse la puerta, respiró algo bastante agradable. Era una extraña mezcla de aire fresco, no muy diferente al aire frío en el cual amaba patinar cuando él y su madre solían ir a la pista al aire libre. Mezclado con él había un olor floral, aunque no podía precisar exactamente de qué tipo de flor y extrañamente, una pizca de canela. Viktor frunció el ceño ante el olor, que era por cierto una hermosa esencia, porque estaba siendo ensuciada con la desagradable acritud de la angustia. Quien quiera que sea el nuevo estudiante, debió estar muy incómodo con su nuevo entorno. Viktor apretó los puños. La idea de que el estudiante estuviera en peligro lo inquietaba, y no simplemente por un sentimiento de empatía. Sus cejas se fruncieron. Una ola de protección brotó de él. Sintió la inexplicable necesidad de calmar los miedos del alumno.
Por fin, la Srta. Arena se inclinó para ponerse de pie y abrió la puerta por completo, finalmente revelando al pequeño niño asiático de cabello negro. Ojos marrones borgoña parpadearon detrás de un par de gafas al resto de la clase como un ciervo atrapado.
Ojos azules se abrieron. ‘Oh…’ Viktor se enderezó en su silla y sus ojos miraron al nuevo estudiante. Él era más bajo que la mayoría. A pesar de que Viktor podía decir que el niño era un poco rechoncho, la ropa empequeñecía ligeramente su cuerpo, acentuando más su pequeño marco. ‘Es muy lindo.’
El muchacho inclinó la cabeza y se dejó llevar al frente y al centro de la habitación. Viktor podía ver cómo mordía su labio inferior con nerviosismo y como la mano que la Srta. Arena no estaba sosteniendo estaba temblando a su lado.
La Srta. Arena se paró al frente de la habitación y con suavidad dirigió al nuevo estudiante frente a ella. Ella colocó ligeramente sus manos sobre los hombros de Yuuri. —Todos, por favor denle la bienvenida a Yuuri Katsuki. Él se unirá a nosotros hoy.
—Yuuri, ¿te gustaría presentarte? —preguntó ella en un tono más suave.
El muchacho aún tenía su cabeza inclinada mientras movía sus pies. El niño murmuró una respuesta. Viktor ni siquiera pudo escucharlo desde la primera hilera.
—Lo siento, Yuuri, cariño, deberás hablar un poco más fuerte. No estés nervioso, aquí todos somos amigables. Todos quieren conocerte.
Yuuri inclinó la barbilla lo suficiente para mostrar sus ojos marrones detrás de unos mechones de cabello. —Soy Yuuri Katsuki.
—Bien, ¿y qué edad tienes, Yuuri?
—S-Seis —. Esa respuesta provocó una serie de risitas en toda la habitación.
—¿Por qué no comenzó el primer día, Srta. Arena? —preguntó una hembra beta desde la parte trasera.
—Yuuri ha tenido que dar unos pasos adicionales especiales, Yuuko. Pero como ven, Yuuri es muy inteligente. —dijo La Srta. Arena y sonrió positivamente, palmeando dulcemente el hombro de Yuuri— ¡Él pasó los exámenes con calificaciones lo suficientemente altas para obtener una beca en nuestra escuela! Y eso es algo para estar muy orgulloso, ¿verdad Yuuri?
El muchacho sólo soltó un pequeño sonido y rápidamente asintió con la cabeza.
—Como es una escuela internacional, mucho de nosotros nacimos fuera de los Estados Unidos o nuestras familias vienen de otros países. ¿De dónde viene tu familia, Yuuri?
—Japón.
—De allí es donde viene Yuuko también —dijo la Srta. Arena. Cuando sintió que no lograría obtener mucho más de Yuuri se giró hacia el resto de la clase. —Todos por favor sean buenos con nuestro nuevo estudiante. No quiero oír nada grosero. Recuerden, trata a los otros del modo que tú quieres ser tratado. Ahora, Yuuri, puedes tomar aquel asiento que preparamos para ti a lado de Viktor. Viktor, por favor levanta tu mano.
Viktor tragó saliva mientras Yuuri fijaba sus ojos en él. Levantó la mano, sintiendo cómo se sacudía ligeramente cuando percibió que su ritmo cardíaco aumentaba mientras veía al joven dar un paso tentativo hacia él. Yuuri se acercó a él en pequeños pasos, las manos agarrando las correas de su mochila. A pesar de que antes no podía mantener la mirada con nadie, los ojos de Yuuri parecían incapaces de romper el contacto visual con los de Viktor.
Cuando pasó junto al pupitre de Viktor, Viktor fue capaz de tener una fresca oleada del perfume de Yuuri. El nerviosismo que inicialmente había dominado su esencia comenzó a disiparse, dejando atrás su aroma natural a aire invernal fresco y un toque de canela. Viktor respiró profundamente y sonrió cuando descubrió que ahora era capaz de identificar el dejo floral del aroma de Yuuri. Olía a magnolias. Recién florecidas, al igual que el ramo que su padre le dio una vez a su madre.
Se acercó y le ofreció la mano a Yuuri. El chico más pequeño parpadeó con los ojos bien abiertos y, vacilante, levantó su propia mano derecha para colocarla en la de Viktor. Viktor sonrió ante el ajuste perfecto. Incluso los dedos de Yuuri eran suaves cuando Viktor estrechó sus manos en un gentil apretón.
—Soy Viktor Nikiforov —. Le dio al nuevo estudiante una amplia sonrisa.
—H-Hola, V-Viktor — susurró Yuuri y agachó la cabeza, avergonzado. Sus mejillas se tiñeron de un violento tono rosado.
‘¡Qué adorable!’ Viktor dejó ir la mano de Yuuri vacilantemente cuando la Srta. Arena llamaba la atención de la clase para la primera lección del día. El calor que sintió antes en su pecho se expandió y fluyó por su cuerpo desde la cabeza hasta los dedos de los pies. Su mano derecha, la que había sostenido la mano de Yuuri se sentía cálida mientras descansaba en ella su barbilla, tratando de olfatear discretamente el olor a magnolias que Yuuri había dejado allí. No podía entender por qué, pero estaba tan feliz y sabía que todo tenía que ver con el nuevo estudiante a su lado. Algo hizo click en él justo allí, como si algo hubiese cambiado en el universo y todo volvía a ser correcto de nuevo.
—Estas mirándolo de nuevo Viktor.
—¿Hn?
—Vieron, se los dije, aquí hay algo malo —Chris murmuró para Georgi y Mila mientras se sentaban al aire libre a comer el almuerzo más tarde ese viernes. El clima aún era agradable y ellos decidieron disfrutarlo, tomando un lugar en las mesas ubicadas al final del patio. Observaron a su amigo de cabello platinado mirar al nuevo alumno japonés sentado en la esquina opuesta del patio rodeado por un pequeño grupo de betas y omegas. Acababan de enterarse que el nuevo alumno era un omega, por lo que tenía sentido que no pasara mucho tiempo alrededor de los alfas, ya que los omegas tendían a sociabilizar más fácilmente con betas y otros omegas.
—¿Ustedes piensan que el nuevo alumno es un brujo que puso una maldición sobre Viktor? —siseó Georgi cuando se giró para mirar con sospecha a Yuuri.
—Oh Dios, por favor, no las brujas de nuevo —Mila se quejó y puso los ojos en blanco.
—Ustedes no lo entienden, mi babushka me contó una historia una vez acerca de cómo una chica en su pueblo hechizó a un chico que era malo con ella. ¡Él vivió el resto de su vida como un muerto con vida!
—¿Estamos hablando sobre zombies ahora? —Chris se animó ante la oportunidad para cambiar de tema—. Mi primo me prestó su nuevo video juego donde le disparas a zombies, se llama…
—¡No! El chico estaba bajo un hechizo y no podía controlar su cuerpo. Pero podía respirar, comer y caminar así que pasó el resto de su vida atrapado porque nadie podía ver nada malo en él. ¿Y si eso fue lo que le sucedió a Viktor?
—Tu abuela de veras tiene que dejar de contarte todas esas historias de terror.
Mila bufó y se movió para pellizcar el costado de Viktor. —Oye, Viktor. ¡Viktor! —Lo pellizcó tres veces seguidas. El tercero pareció despertarlo de su trance.
Viktor se ahogó con el jugo que estaba tomando y balbuceó. —¿Q-Qué?
Aplastó la caja vacía de jugo y la colocó en la bandeja.
—¿Quieres decirnos por qué has estado mirando a Yuuri toda la semana? ¿Por qué no vas a hablar con él? Puedes invitarlo a comer con nosotros.
Viktor se giró para mirar a Yuuri de nuevo y reflexionó la idea, como si nunca lo hubiera pensado antes.
—Pero Mila… —protestó Georgi.
—Mira Georgi —dijo Mila señalando a Viktor con su cabeza—, él no está bajo ningún hechizo. Pero sí está enfermo.
—¿A qué te refieres con enfermo? —preguntó Chris, confundido.
Mila suspiró y explicó como si estuviera hablando con infantes en lugar de dos chicos de su edad. —Viktor está enfermo pero por amor. ¡Duh! ¿No es obvio?
—¿Qué es estar enfermo por amor? No lo pillo —Chris no lo entendía en lo absoluto. Comprensible por completo debido a su edad, pero un poco difícil de entender dado que todos sabemos cómo va a terminar siendo él luego que llegue a la pubertad.
—¡Está enamorado! —jadeó Georgi en comprensión y aplaudió—. Mi babushka también me contó bellos cuentos de hadas donde el beso del verdadero amor rompería cualquier hechizo.
Mila levantó su mano y se frotó la cara exasperada. —Creí que habíamos dicho que Viktor no estaba bajo ningún hechizo.
Chris se movió sobre el banco para acercarse a Viktor. —Oye Viktor, ¿estás enamorado?
Viktor lo miró con los ojos muy abiertos. —¿Estoy, ...qué?
—Vamos, de un alfa a otro —dijo Chris utilizando una frase que escuchaba a menudo decir su primo más grande a sus amigos—, ¿estás enamorado de Yuuri?
—¿Yuuri?
—Sí, Yuuri Katsuki. Creo que sólo tenemos un Yuuri en nuestra clase. Tal vez en toda la escuela. ¿Estás enamorado de él?
Viktor parpadeó rápidamente cuando se apartó de Chris. —Uh…
Mila y Georgi se acercaron más al alfa, que ahora se veía un poco sorprendido. Parecía estar sumido en sus pensamientos. Se volvió para mirar de nuevo a Yuuri, con un dedo en los labios como siempre hacía cuando estaba tratando de descubrir un difícil acertijo. Luego de haber pasado un par de segundos de esta manera, Mila decidió hablar.
—¿Cómo te sientes cuando ves a Yuuri, Viktor?
Viktor se giró hacia Mila. —No lo sé. ¿Cálido supongo?
—¿Cómo una fiebre? —Chris soltó un suave 'auch' cuando Mila le dio un codazo en las costillas.
—Chris, cállate. No estás ayudando.
Viktor sacudió la cabeza y se rió. —No. ¡Por supuesto que no! Más cómo la clase de calor que sientes cuando bebes chocolate caliente después de un día muy frío. Un tipo de calor que se extiende por todo tu cuerpo.
—Sigue.
Viktor le sonrió a Mila y cerró sus ojos, imaginándose algo en su cabeza. —Es ese tipo de calidez que también sentía cuando mamá solía abrazarme. Mi corazón late rápido cuando lo veo, pero no por miedo, sino porque estoy feliz —. Una amplia sonrisa con forma de corazón se formó en su rostro y finalmente abrió los ojos—. Sí, así se siente. Yuuri me hace feliz. Y quiero sentir ese sentimiento todo el tiempo. Cuando estreché su mano el primer día, sentí una especie de chispa también. Algo se sentía bien. No quería soltarle la mano.
Mila chilló causando que los chicos se encojan. —¡Lo sabía! Oh, Viktor —dijo y saltó para abrazarlo— ¡Estás enamorado! ¡Ve a buscarlo!
—¿Lo está?
—¿Quién va a ir a buscar a quién?
—¡Viktor va a ir a buscar a Yuuri! —Mila le respondió a los otros dos con un chillido. Se giró y puso ambas manos en los hombros de Viktor, acercándose así sus ojos estaban a la altura de los de Viktor—. Viktor, ¿es qué no te das cuenta? Tienes que decirle a Yuuri que lo amas. Cortéjalo, conquístalo como un verdadero alfa. ¡Él seguro se enamorará de ti también! ¡Es el destino!
‘¿Destino?’ Otra vez esa palabra. ‘Estás destinado a grandes cosas’, su madre le dijo una vez. Casi podía ver sus cálidos ojos esmeraldas mirarle brillando. Tal vez Yuuri también era parte de su destino. Viktor sacudió su cabeza. No, Yuuri definitivamente era parte de su destino. Ellos estaban destinados el uno para el otro. Es por eso que se sentía tan estrechamente unido a él en el momento en que se conocieron.
‘Cualquier alfa verdadero sabe lo que quiere y consigue lo que desea. Nunca temas reclamar lo que es tuyo, Viktor’ otro recuerdo, esta vez las palabras de su padre viniendo a su mente. Era una de muchas enseñanzas que recibió sobre el orgullo de la familia Nikiforov. Nunca temas de reclamar lo que te pertenece. Las palabras resonaron en su mente una vez más. Era cierto. Su padre continuamente le enseñaba que los Nikiforov siempre obtenían lo que querían y esta vez no era la excepción. Viktor asintió, con las manos a cada lado de su cuerpo mientras se levantaba con la determinación brillando en su mirada.
—¿Viktor?
—Sí, estoy enamorado de Yuuri Katsuki. —Se giró para ver a sus amigos más cercanos que lo miraban con una variedad de expresiones. Chris parecía divertido; Georgi estaba en una extraña mezcla entre feliz pero también nervioso, aun preguntándose si Yuuri lo tenía bajo un hechizo; y Mila se veía absolutamente encantada—. Y Yuuri Katsuki es mío.
Viktor se dio media vuelta para mirar al omega que se reía de algo que le decía otro omega. Incluso desde lejos, su corazón se hinchó al oír el dulce tintineo de la melodiosa risa su omega. Él quería hacer reír a Yuuri también. Con una nueva misión, Viktor se enderezó las solapas de la chaqueta de su uniforme y caminó hacia el extremo opuesto del patio con pasos confiados.
—Espera, Viktor, ¿a dónde vas? —gritó Mila.
—¿Viktor?
—¡Oye, Viktor!
Viktor no escuchó a sus amigos mientras seguía caminando en dirección a Yuuri Katsuki. Alumnos de distintas edades se apartaron de su camino y lo miraron, preguntándose que estaba por hacer en la parte del patio donde generalmente los omegas y betas se reunían. Viktor ignoró las miradas confusas de los profesores y el personal que vacilaron en si debían detenerlo y preguntarle porque se dirigía a esa sección en particular. A pesar de no tener reglas explicitas para separar un grupo del otro, era casi una regla tácita que los estudiantes estuvieran en áreas separadas.
A medida que se acercaba al objetivo de sus afectos, Viktor exclamó: —¡Yuuri!
El omega soltó un sonido ahogado y agachó la cabeza al ver como el alfa se acercaba rápidamente a él.
—¿V-Viktor? —Yuuri llevó sus brazos y piernas más cerca hacia torso desde la banca donde estaba sentado, era un instinto de autoprotección en un omega nervioso que lo hizo verse aún más pequeño. Los omegas y betas alrededor de Yuuri le dieron a Viktor miradas confundidas y comenzaron a susurrar.
Viktor no les hizo caso. Sólo tenía ojos para Yuuri mientras tomaba suavemente la mano derecha del omega y luego la izquierda hasta que estuvo sosteniendo ambas gentilmente entre sus manos. Viktor tomó un momento para memorizar la vista ante él. Yuuri estaba mirándolo con los ojos muy abiertos, los mismos ojos de ciervo asustados que puso en su primer día. Pero esta vez, esos dos preciosos ojos estaban puestos en él y sólo en él. Viktor podía ahogarse en ellos para siempre. Un rosado sonrojo le dio a sus mejillas un saludable brillo y la brisa de septiembre gentilmente meció su cabello negro hacia atrás y delante, permitiendo a Viktor respirar la esencia de Yuuri una vez más. Esto era lo más cerca que había estado de Yuuri afuera de clases.
Viktor le dio a Yuuri su famosa sonrisa, causando que el sonrojo del omega se profundice y le dé una trémula y tentativa sonrisa en respuesta. El patio entero estaba en completo silencio, con los profesores, alumnos, y el personal mirando la extraña imagen del joven alfa y omega.
Sin romper el contacto visual con Yuuri, Viktor tomó una bocanada de aire y proclamó en una voz lo suficientemente alta como para que todos pudieran oírlo. —Yuuri, a partir de hoy, ¡seré tu alfa y tú mi compañero!
