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Summary:

Kenma, decidido a recorrer uno de los barrios más transitados de Tokyo para recoger un videojuego, acaba teniendo un encuentro con Kuroo, el dependiente de la tienda. A pesar de que al principio ambos parecen tener ideas equivocadas el uno del otro, gracias a encuentros casuales se van conociendo realmente poco a poco.

Notes:

¡Buenas! Es la primera vez que subo un trabajo mío y estoy algo orgullosa de mí misma por haberme decidido a hacerlo. Poco a poco iré aprendido cómo va esto e iré subiendo capítulos, tened paciencia conmigo porque puedo ser algo lenta, por favor. Las etiquetas son un poco mirando al futuro, pero de todas formas iré añadiendo cositas a medida que avance. Y nunca he jugado al Monster Hunter, ups, pero he buscado referencias y eso para no meter la pata. Los capítulos van a ser cortitos para que sean más llevaderos. El título es provisional, evidentemente.

Me han pedido que explique alguno de los términos "gamer" que he puesto, así que:
Npc: non-player character. Vamos, los personajes del juego que no son controlados por otro jugador.
Quest: misión.
Shooter: videojuego de disparos, básicamente.

También quería añadir que el título viene porque muchos juegos usan el WASD para moverse y bueno, no tenía inspiración para otra cosa, haha.

Espero que os entretenga y muchas gracias por pasaros, lo agradezco muchísimo :').

(I'm working on its english translation, though spanish is my first language. I'll try to do my best.)

Si queréis comentar cualquier cosa os dejo,
mi twitter: @SofOswald.
mi tumblr: portgasdsof.tumblr.com

De nuevo, ¡muchas gracias!

Chapter 1: "Solo recogida en nuestra sucursal de Ikebukuro"

Chapter Text

Kenma prefería no salir si podía evitarlo, pero si un corto viaje en tren y un par de horas fuera de casa le ayudarían a conseguir la edición especial del nuevo Monster Hunter, saldría. Solía comprar los juegos online para ahorrarse molestias, pero el día que se dispuso a reservarlo, la imagen brillante de la edición especial le cautivó por completo. Con los ojos dorados excesivamente abiertos y cerca de la pantalla admiró la figura con cuidadísimos detalles, la enorme guía y la camiseta decorada con motivos del juego. "Solo recogida en nuestra sucursal de Ikebukuro". Kenma entrecerró los ojos al leer esa frase en rojo y se apoyó desganado en la cabecera de su cama, alejándose del portátil.

 

Dejó ir un suspiro y en su cabeza se reprodujo la imagen de las atestadas calles del centro de Tokyo, el molesto sonido de los coches, la limitación que sentía al andar y al mirar debido a las multitudes. En esos momentos simplemente caminaba mirando al suelo, tratando de pasar lo más desapercibido posible. Odiaba verse envuelto en esas situaciones, y más solo. Entonces su solución abrió la puerta de la entrada.

 

—¡HEY!—se escuchó de forma ahogada por la puerta de su dormitorio.

 

Kenma dejó el portátil a un lado y se puso en pie, saliendo del cuarto. Tora siempre insistía en que su compañero de piso saliese más, recordándole cada fin de semana que debía aprovechar su vida universitaria. Kenma prefería quedarse en casa antes que soportar a un grupo de desconocidos intoxicados por alcohol y música excesivamente alta, pero su compañero de todas formas intentaba arrastrarle a fiestas cada vez que había oportunidad. Ir a Ikebukuro no es comparable a eso, pero suponía que Tora al menos se alegraría porque le propusiese él un plan por primera vez desde que iniciaron el curso. Kenma avanzó hacia el salón y miró cómo se quitaba los zapatos en la entrada y colgaba la mochila.

 

—Hey. ¿Qué tal las clases?—preguntó mientras se dejaba caer en el mullido sofá rojo.
—Cansadas.—suspiró Tora mientras se sentaba a su lado.—¡Esto de tener las clases por la tarde es un fastidio! Siento que me drenan el día, ni siquiera puedo entrenar... ¡agallas, lo que necesito son más agallas!
—No vengas con lo de agallas. Si te levantases más temprano, igual...
—¿Tú me vas a decir eso?—soltó en tono irónico mientras levantaba una ceja.—¡Dormir también es importante!
—Ya, ya... oye, Tora.—Kenma se giró hacia él.—¿Podrías acompañarme a Ikebukuro la semana que viene?
—¿A Ikebukuro?—repitió extrañado.—Sí, claro, pero... ¿acaso mi pequeño Kenma ha quedado con alguien?—Tora pasó rápidamente el brazo por los hombros de su compañero y lo atrajo hacia sí, frotando con fuerza la palma de su mano contra el pelo rubio de Kenma.
—¡No!—se soltó como pudo y miró a Tora con un odio extremo. Se peinó torpemente con los dedos y se apartó un poco de él.—Solo quería comprar un videojuego.
—Oh, ya veo... ¿no sueles hacerlo online?
—Sí, pero se trata de una edición especial que solo puedo recoger en tienda.—explicó Kenma.
—Ya me extrañaba que propusieses un plan así porque sí.—Tora se rio para sí mismo, como si fuese lo más evidente del mundo.
—¿Entonces me acompañarás?—preguntó de nuevo Kenma para asegurarse.
—¡Por supuesto, creía que la respuesta era evidente!

 


 

Una semana después, Kenma se arrepintió de su decisión nada más pisar fuera de la estación de Ikebukuro. El cielo estaba despejado y hacia un clima agradable, acorde a la primavera, lo cual significaba un mayor número de turistas, y por lo tanto, una mayor multitud. El centro de Tokyo era un caos, el final de la primavera terminaba con el florecimiento de los cerezos e iniciaba el calor. Empezó a sentirse inseguro y optó por mirar al suelo, intentando concentrarse en la edición especial del juego, su recompensa. "Es una quest... tan solo es como una quest, tengo que pasar por problemas para obtener la recompensa."

 

Tora llevaba con él desde primer año de preparatoria, así que conocía su ansiedad social perfectamente. Sabía cómo actuar aunque fuese torpe a veces, así que simplemente andaba delante de Kenma, siendo su escudo humano. Más que alto era ancho de hombros, pero seguía siendo una protección para su amigo que se mantenía en silencio mirando el móvil. Tora le avisaba de cualquier obstáculo y de poco en poco soltaba algún comentario que él consideraba gracioso para aliviar la tensión de Kenma, al que le tranquilizaba de alguna forma a pesar de que no se riese. El camino hasta la tienda no llegaba ni siquiera a los diez minutos, pero a Kenma se le hizo una eternidad.

 

Cuando entraron a la tienda, ambos soltaron un suspiro. Esperaban que estuviese más llena, pero no había más de cinco clientes sin contarles a ellos. El aire acondicionado que les dio la bienvenida fue de agradecer, ya que el claro día hacía que el sol incidiese fuerte en su piel. El local no era más pequeño de lo que se podría esperar de una sucursal de una gran compañía establecida en Tokyo, las paredes rojas y el suelo gris con grandes losetas daban ganas de echar un vistazo e irse, pero las grandes estantes llenos de videojuegos y accesorios pedían a Kenma que se quedase para revirsarlos uno por uno. Se le iluminaron los ojos y reprimió una sonrisa apretando los labios, no quería pensar en el camino de vuelta a su apacible piso, así que se centró en que en un par de minutos tendría en sus manos aquello que llevaba esperando mucho tiempo.

 

—¿Hoy era el día de lanzamiento, no Kenma?—preguntó Tora.—Es raro que esté tan vacía.
—Hemos llegado pronto, además hoy solo se recogen las ediciones especiales.—explicó Kenma. Después de todo, era lo que tenía pensado, no quería encontrarse con un gran barullo en la tienda, tenía suficiente con la calle.
—Ah, es cierto. ¡Oh, mira eso!

 

Tora abrió los labios con ilusión y fue en dirección a la estantería donde se exponían los shooters, Kenma avanzó hacia el mostrador. Se mentalizaba de que iba a tener que hablar con un desconocido y con pasos temblorosos de nervios e ilusión por el juego, fue preparando las palabras que debía decir. "Es la última parte de la quest, el dependiente será como un npc." Cuando se puso delante del mostrador guardó el móvil y dio por finalizadas las palabras de auto-motivación.
El dependiente parecía que quería estar en cualquier lugar menos en ese sitio. Miraba el móvil con gesto aburrido, apoyaba el codo sobre el mostrador y parecía completamente aislado del mundo, ni siquiera había percibido la presencia de Kenma. Tampoco es que él hubiese dicho nada, pero se alegraba de no llamar la atención.

 

Kenma se fijó en el desordenado pelo negro del dependiente, que se elevaba sin sentido alguno, y aunque algunas personas pudiesen calificarlo como un desastre, a él simplemente le llamó la atención. Siempre era bueno ver personas con peinados que llamasen más la atención que el suyo. De todas formas, no le importaba. Debía tener su edad más o menos, Kenma dedujo que sería un universitario que trabajaba a medio tiempo, y que no debía dormir mucho a juzgar por sus ojeras. Kenma pensó mientras el chico seguía jugueteando con su móvil, que si tuviese que trabajar a medio tiempo, adoraría trabajar en un sitio así, ignorando la parte de que tendría que trabajar de cara al público, ya que eso le atemorizaba.

 

—Eh... disculpa.—Kenma se avergonzó instantáneamente de su voz, que salió en tono bajo y algo temblorosa.

 

El dependiente alzó la vista y pareció quedarse sin palabras durante un par de segundos, en los que se limitó simplemente a mirar a Kenma con los labios entreabiertos, lo que le forzó a apartar la mirada tímidamente. No le gustaba sentirse observado y menos aún si era por parte de un desconocido. Sentía el rubor extenderse por sus mejillas. El gesto de sorpresa que mostraban los labios del chico fueron remplazados por una sonrisa ladeada que mostraba levemente sus dientes.

 

—¿Puedo ayudarte en algo?

 

Su voz no era tan profunda como la mente de Kenma se la había imaginado y tenía un tono musical, incluso parecía que se divertía. Tenía los ojos castaños y desprendían un destello dorado, en su cabeza se asimiló a un gato que se entretenía con un insecto. Definitivamente no quería sentirse como un insecto. Kenma leyó en la tarjeta blanca plastificada que colgaba de su camiseta roja que se apellidaba Kuroo.

 

—Re-reservé la edición especial del nuevo Monster Hunter online.—articuló Kenma con dificultad.
—¿Oh? Monster Hunter, ya veo.—la sonrisa del dependiente se hizo más amplia y después de mirarle fijamente a los ojos desvió su atención a la pantalla del ordenador.—¿Me puedes decir tu nombre?
—Kozume Kenma.—contestó en tono débil.
—¿Podrías repetirlo? Hablas tan bajo que no me he enterado.—el tal Kuroo seguía sonriendo, más que para su cliente, para sí. Aunque no se reía, Kenma sintió que se burlaba de él y frunció el ceño levemente.
—Kozume Kenma.—repitió con más firmeza.
—Así mejor, Neko-chan.—dijo sin perder la sonrisa que empezaba a crisparle los nervios a Kenma. "¿Neko? El gato sería él...". Kenma no comprendía la capacidad de algunas personas de ser tan atrevidas, él ni siquiera podía comunicar su incomodidad.—Aquí estás... sí que lo reservastes con tiempo, ¿eres muy fan, verdad?
—Más o menos.—soltó Kenma secamente.
—Oh... no quería molestarte, Neko-chan.—el gesto de preocupación del dependiente parecía totalmente falso y que siguiese usando ese estúpido mote irritó aún más a Kenma.—Espera un momento aquí, voy a por tu pedido al almacén.

 

Kuroo volvió a su molesta sonrisa y Kenma cogió el móvil buscando una excusa para mirar a otro lado. Aún así, cuando salió del mostrador se fijó en lo alto que era y que el desastre que tenía por pelo, parecía incluso más gracioso por detrás. Le mandó un mensaje a su mejor amigo aunque no esperase respuesta, seguramente estaría entrenando, tan solo quería desconectar un segundo de la incomodidad que sentía. Buscó a Tora con la mirada una vez Kuroo hubo desaparecido por la puerta, seguía mirando con ilusión algunos títulos e incluso tenía un par en las manos.

 

—Lamento haberte hecho esperar.

 

Kenma se sobresaltó levemente al encontrarse a Kuroo de nuevo a su lado, parecía que él mismo no era el único que pasaba desapercibido. "Como un gato... ¿acaso no se le borra la sonrisa? Qué incómodo." Sin embargo, su gesto se ablandó al mirar su reserva, fijó los ojos e incluso la presencia del dependiente pareció desaparecer. Este le dijo el precio y Kenma, sin apartar apenas la mirada de su pedido, le entregó el dinero.

 

—¿Oh? Sí que estás emocionado...—Kuroo lo colocó en una bolsa y extendió el brazo para dársela, de alguna forma su sonrisa parecía diferente. Menos elaborada, más calmada.
—No lo estoy.—negó Kenma mientras enfocaba su vista en el suelo. Cuando se trataba de juegos nuevos, no podía evitar reflejar sus emociones.
—Bueno, quién seré yo para negarlo...—suspiró Kuroo.—De todas formas, me alegra haberte visto por aquí, después de todo, pareces tan especial como un Rubí de Rathalos.

 

"Definitivamente no lo ha hecho... no ha hecho una referencia al Monster Hunter." Kenma se sintió indefenso ante la mirada brillante del chico y aquella frase. Imaginó una flecha plateada que flotaba al lado de Kuroo y deseó poder pulsarla repetidamente hasta que finalizase la conversación. También deseó tener el control del color de sus mejillas. Sintió a Tora cerca justo en aquel momento y se incomodó al pensar que podría haber escuchado eso. Se fijó en su cara y por el gesto duro que traía y por su forma de andar, dio por hecho que ese era el caso.

 

—Y... ¿vienes por aquí a menudo? Soy nuevo en la tienda y me gustaría conocer a los clientes habituales.—explicó Kuroo volviendo a apoyar el codo en el mostrador. Kenma se aferró a la bolsa de plástico y negó con la cabeza.
—Eh, eh, eh... ¿qué pasa?—preguntó Tora elevando una ceja exageradamente y torciendo el labio. Con la cresta y esa expresión debería resultar intimidante, pero Kuroo le dedicó una mirada para luego ignorarlo por completo.
—Es una pena entonces... de todas formas, espero verte algún día, Neko-chan.—dijo Kuroo con un tono musical.

 

Antes de que Tora pudiese decir algo, Kenma musitó un débil "gracias" y agarrando a su amigo del brazo, salió lo más rápido posible de la tienda. Sabía que Tora le estaría dedicando al dependiente una mirada amenazante mientras él se limitaba a correr. Una vez en la calle no se vio tan abrumado por la multitud como esperaba, si no más bien quería que su cabeza dejase de reproducir el "Neko-chan" que salía de los labios de Kuroo. Tora le estaba hablando casi a gritos, pero se sentía en una burbuja y solo se dio cuenta de que temblaba cuando empezó a andar.

 

Agarraba la bolsa con fuerza y sintió cómo su amigo le seguía mientras andaba automáticamente a la estación de metro, aunque tenía el juego consigo no se sentía capaz de pensar en él, incluso siendo consciente de la ilusión que le hacía. Su cabeza no paraba de buscar fallos en la anterior conversación e insultó al dependiente varias veces, no soportaba a las personas que podían sentirse tan libres de hablar así. Él se sentía condicionado para todo, incluso para mirar, y en cuanto vivía una situación así le invadía una sensación de malestar e inconformidad consigo mismo. Definitivamente no estaba hecho para las relaciones sociales.