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Language:
Español
Stats:
Published:
2017-07-10
Updated:
2017-07-20
Words:
7,819
Chapters:
4/?
Kudos:
9
Bookmarks:
1
Hits:
85

You won't find me there

Summary:

El paso a la universidad supone un difícil cambio en la rutina de Oikawa e Iwaizumi. Llevaban juntos desde que tenían memoria, pero ahora deberán enfrentarse al reto que es adaptarse a una realidad completamente diferente donde falta el apoyo primordial para ambos.

Notes:

Holi, he decidido subir otro trabajo que empecé hace bastante tiempo y aún tengo que continuar. Aún no sé qué rumbo va a tomar ni nada de eso, así que he pensado en subir de momento los escasos capítulos que he escrito para luego ir actualizando el fic poco a poco. ¡Espero que lo disfrutéis, aunque es un poco drama, sorry!

Para cualquier comentario os dejo:
Mi twitter: @SofOswald
Mi tumblr: portgasdsof.tumblr.com

Chapter 1: Graduación

Chapter Text

  Las palabras atragantadas habían empezado después de la ceremonia de graduación. El inicio de marzo se fundía en los primeros pétalos de sakura, que decoraban los amplios patios del centro educativo y aportaban surrealismo a la situación. Las voces y las multitudes eran ecos ahogados que permanecían en un segundo plano sin color, despreciable. Ambos sentían que no pertenecían a él, que en ese momento era innecesario. Se esforzaban por mantener la distancia con las despedidas, sin embargo el último día de Interhigh, esta se redujo por completo. Primero fue el adiós al equipo, ahora debían enfrentarse al adiós a su vida de instituto y a sus compañeros.

 


Las lágrimas acompañaron la entrega de diplomas y los posteriores abrazos. Ahora finalmente solo quedaban ellos dos. Hanamaki y Matsukawa habían desaparecido con los kouhai, dejando una intimidad que aunque no admitiesen, ambos agradecían. Cuando asimilaron la situación un cómodo silencio se formó entre ellos, ambos perdidos en sus pensamientos. La repentina y temprana nostalgia se apoderaba de ambos, fue la primera vez que sentían que estaban en un sitio fantasma, al que ya no pertenecían. Sería la última vez que vestirían aquel uniforme, que saldrían de la puerta como antiguos alumnos del Aoba Johsai, no había nada que los atase allí. Esa libertad les dejaba un toque agridulce en el paladar. Con frustración, Oikawa sujetó con fuerza el diploma que le acababan de conceder, apretando los labios para no soltar las lágrimas que se le agolpaban en los ojos. Levantó la vista y dejó ir a la impotencia, se obligó a ser fuerte. No quería desmoronarse aún, era demasiado pronto.

 


Iwaizumi se encontraba delante de él, intentando ocultar cualquier evidencia de su nerviosismo y fallando terriblemente. Después de todo, era él. El que sabía leerle aunque tratase de ser un papel en blanco, el que conocía cada gesto suyo de memoria. Actuar delante de Oikawa era inútil, el paso de los años y la experiencia le había convertido en un experto. Incluso así, prefería disimular el menor atisbo de sus sentimientos por él.

 


—¿Iwa-chan?—preguntó Oikawa con voz melosa.

 


El susodicho levantó finalmente los ojos del suelo y le miró con determinación. Cerró los puños y suspiró profundamente, formando un nudo en el estómago de Oikawa, que sentía el cosquilleo de los nervios subirle desde la punta de los dedos. Llevaba años esperando ciertas palabras de Iwaizumi que él no se permitía soltar, su paciencia iba empequeñeciendo y finalmente parecía que el momento había llegado.

 


—¿Iwa-chan?—repitió.
—Toma.

 


Iwaizumi tomó con cuidado la mano libre de Oikawa y colocando encima de su palma su propio puño cerrado, dejó caer un objeto ligero. Al retirar la mano, Oikawa abrió los ojos con sorpresa, se trataba de un botón gris. Con la boca seca y el corazón temblando, buscó la mirada de Iwaizumi, que la evitaba con un gesto enfadado.



—Iwa-chan…—empezó con dulzura.—Sabes que no soy tu kouhai, ¿verdad?
—¿Hasta esto tienes que joderlo, maldito Oikawa?—gritó él, frunciendo el ceño con fuerza.
—Perdón, perdón…—se disculpó con una risita.—¿Entonces es que estás enamorado de mí?—trató de disimular la chispa de ilusión con sarcasmo.
—¿Quién iba a estar enamorado de ti, idiota?—Iwaizumi se acercó hasta cogerle del cuello de la camisa. Oikawa tragó saliva, esperando que eso aliviase algo de la decepción que le corroía.
—Iwa-chan… con esa altura no resultas nada intimidante.
—¡Son solo cinco centímetros de diferencia! Trato de tener un gesto amable contigo y mira…—se quejó éste soltándole en seco. Dándole la espalda, empezó a andar hacia la puerta.
—¡Iwa-chan, espérame!—exclamó Oikawa corriendo detrás suya.
—Quédate con tus estúpidas admiradoras, las tienes a tu espalda.



Oikawa se giró y su cara se torció al ver muchas chicas andando rápidamente hacia él, cada una con un puño cerrado, ocultando posiblemente un detalle. Con un suspiro, se puso su máscara de sonrisa perfecta y elevó una mano delante de su cara a modo de disculpa, desapareciendo con Iwaizumi del centro. Un extraño escalofrío cruzó la espalda de ambos al salir por la puerta principal. El resto del camino, quitando algunas pullas de Oikawa y amenazas de Iwaizumi, lo pasaron en silencio. Ambos evitaban mirar el reloj y restar en su cabeza las horas que les quedaban juntos, temían abandonar la rutina que llevaban desde que tenían memoria. Incluso aunque intentasen hablar de cosas triviales para aliviar la carga de sus mentes, las palabras no querían salir de sus labios.

 

La noche empezaba a caer y cuando llegaron a casa de Iwaizumi, la expresión de ambos se endureció. Después de todo, ese lugar no volvería a ser el mismo para ambos. Era un baúl de recuerdos y aunque para Iwaizumi siguiese siendo su hogar, no viviría allí. Para Oikawa, su segunda casa pasaría a ser la antigua residencia del chico del que estaba enamorado. La idea de Iwaizumi a miles de kilómetros de él empezaba a ser tangible y se negó, disipando esos pensamientos con una sacudida de cabeza. Él le dedicó una mirada preocupada a Oikawa mientras abría la cancela, un atisbo de sonrisa triste se abría paso en la comisura de sus labios.



Los padres de Iwaizumi seguirían disfrutando de la compañía de la asociación de padres del centro y de los que ahora eran sus antiguos profesores. El silencio y la oscuridad de la casa supuso otro peso más en los hombros de ambos. Ese ambiente les hizo andar con cuidado, incluso estando la casa sola. Subieron las escaleras y Oikawa escuchó como su amigo que iba delante encendía la luz de su habitación. Miraba al suelo hasta que empezó a notar un olor que no le resultaba familiar y al levantar la vista, el corazón se le heló en el pecho.


Iwaizumi estaba de pie, la preocupación ante su reacción se reflejaba en la rigidez de sus hombros y aunque se hubiese quitado desganadamente los zapatos, no se sentía en su propio cuarto. Las paredes antes decoradas con posters de volley y de Godzilla, además de fotos, estaban desnudas, mostrando un repulsivo color azul grisáceo. Las estanterías donde antes reposaban libros y trofeos, vacías. El espacio del suelo estaba limitado por enormes cajas de cartón y maletas. Iwaizumi miraba con el corazón dolorido cómo los ojos de Oikawa brillaban por la presencia de lágrimas, atrapado en una realidad de la que no quería ser parte. Con los labios entreabiertos, analizaba el cuarto en el que había pasado gran parte de su vida aunque ni siquiera fuese el suyo. Sus manos se habían extendido inconscientemente y temblaban visiblemente, las rodillas empezaban a perder la fuerza para resistir el peso de su cuerpo.



Después de la inspección, levantó la vista hacia Iwaizumi que le miraba con una inmensa impotencia.

 


—Creía que no habrías recogido todo ya… pero claro, después de todo, te vas mañana.—enunció Oikawa intentando mantener la voz firme.
—Oikawa…—empezó Iwaizumi, acercándose a él con pasos cuidadosos, como si tuviese temor de hacerle daño.
—Estoy bien, Iwa-chan.—dijo él mientras pasaba la mano por la mesa de estudio, donde antes reposaban fotos de ellos dos de pequeños.
—Conmigo no funciona eso, idiota.
—Necesitaba decirme eso.—Oikawa se dejó caer en la cama y se sentó con las rodillas apretadas contra su pecho, parecía buscar refugio.
—Hablas como si me fuese a morir.—soltó sentándose a su lado, buscando restarle importancia al asunto, aunque ni para él servía.—Solo me mudo a las afueras de Sendai.
—Sí, mientras yo me voy a Tokyo.—dijo Oikawa con dureza, clavando en él sus ojos castaños.
—Idiota, deberías pensar en que te han reclutado para la mejor universidad para ser profesional. La universidad Tokai tiene fama.
—Y tú deberías pensar en lo afortunado que eres por haber entrado en ingeniería tras sacar notas sobresalientes, pero creo que ninguno de los dos está pensando en eso.
—Oikawa…—susurró Iwaizumi entornando los ojos con tristeza y dando comienzo a un breve y gélido silencio, en el que ambos se limitaron a mirar a sus pies.
—Es duro, Iwa-chan…



La voz rota y sincera de Oikawa le pilló por sorpresa. Sentado de esa forma, abrazando con tanta fuerza sus rodillas que los nudillos se tornaban blancos y el labio inferior temblando, parecía tan solo un niño asustado. Iwaizumi no pudo evitar rodearlo con un brazo y apoyar su cabeza en la de Oikawa, haciendo círculos con delicadeza en su brazo, buscando tranquilizarle.



—Podrás molestarme por teléfono o Skype, no me podré librar de ti tan fácilmente.—rio Iwaizumi mirándole de reojo. Las preguntas sobre la mudanza de Oikawa querían formarse pero temía que le resultase más duro aún hablar de ello, así que las reservó para otro momento.
—Cruel, Iwa-chan…—Oikawa enterró la cabeza entre el hueco de sus piernas y el pecho.
—Venga, idiota.—susurró Iwaizumi.—Nos veremos antes de lo que piensas, las vacaciones de verano no tardarán en llegar. Además, aún nos quedan unas horas.
—¿Vas a pasarlas conmigo?—preguntó Oikawa.
—Porque no queda más remedio…
—¡IWA-CHAN!—le golpeó con indignación en la rodilla, despertando una risa en Iwaizumi y posteriormente en él mismo.



Una vez se hubo calmado y recompuesto un poco, Oikawa decidió ir a su casa lo más rápido posible para coger ropa de recambio y dejar el diploma. Saludó a su familia con su típico tono musical y subió las escaleras acelerado para desaparecer detrás de la puerta de su habitación. Dedicó un momento para admirar el diploma que estaba enrollado con un lazo turquesa antes de dejarlo en su escritorio. Con un suspiro y una sonrisa triste, sacó del bolsillo de su chaqueta el botón que Iwaizumi le había dejado. Abrió un cajón y sacó la pequeña caja donde guardaba recuerdos importantes, decorada con un diseño de la galaxia. Con infinito cuidado y cariño lo dejó allí y tras guardar su pequeño tesoro, se concentró en elegir algo de ropa para el día siguiente.