Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2014-02-02
Updated:
2023-06-14
Words:
25,425
Chapters:
10/18
Comments:
4
Kudos:
48
Bookmarks:
2
Hits:
1,274

Certeza amarga

Summary:

Seiya esta aun recuperándose de la batalla contra Hades, Shun cuida de él... pero un ataque imprevisto está a punto de cambiar las cosas en la mente del Pegaso... ¿Qué pasa con Shun?

Chapter 1

Notes:

Resumen: Seiya está recuperándose aún de la batalla contra Hades, Shun ha estado cuidando de él, pero un ataque imprevisto está a punto de cambiar las cosas en la mente del Pegaso… ¿Qué pasa con Shun?
Serie: Saint Seiya.
Pareja: Shun-Seiya.
Género: Romance-Drama.
Rating: T
Advertencia: Lemon.
Capítulo: 01/ 18
Palabras: 2686
Notas: El primer capítulo de esta mini-serie lo escribí en un solo día, mientras descansaba en mi franco. Me quedó tan bien que dije: 'voy a seguirlo'… pero como siempre, aquí estoy tratando de hacer que esto funcione.
Fecha: 14/01/2009.
Beta Reader: Pleasy Stay.
Disclaimer: Todo lo referente a Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada y a la Toei.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Se atrevió a matar por mí... Algo que no haría incluso por Sahori, lo hizo por mí... Pero yo no puedo aceptar eso, no sabiendo lo que ese simple acto pudiera causar en su alma, en los días futuros cuando el enojo y el rencor hubieran desaparecido de su cuerpo, y su conciencia lo aguijoneara por lo hecho... No, no podía tomar tal cosa de él.

Jamás había visto así a Shun, de aquella manera tan 'apocalíptica', tan fuera de sí mismo... Era como si un demonio hubiera emergido de su cuerpo y lo estuviera incitando a hacer aquello. Sólo me defendió, eso lo sé muy bien, no se lo discutí; si él no hubiera estado ahí, yo ya sería historia. Y no una de las que terminan con un 'colorín colorado'.

Es que me asusté tanto...

 

~*~

 

Seiya aún no podía asimilar la impresión que le produjo aquella escena, apenas dos días antes donde Shun, 'poseído' por una fuerza descomunal, se encargó de eliminar a más de una centena de Santos enviados por vaya a saber qué dios griego. La verdad que en ese momento quién los estaba atacando era lo último en lo que Seiya pensaba. Sólo podía pensar en que no era nada de utilidad sentado en aquella silla mientras que Shun, su compañero, tenía que lidiar con todos aquellos enemigos.

Y no era que lo estaba haciendo mal: Shun entendía su deber, pues para algo estaba ahí con Seiya desde un primer momento. Tenía que protegerlo, sabían muy bien que en cualquier momento alguien más tomaría la posta dejada por Apolo y Artemis; querían eliminar al Pegaso, y el que lo lograra sería más que un dios.

Pero en un momento fueron muchos para él, aunque la alarma había sido dada y no tardarían en llegar los demás Santos; era bastante difícil para Shun defenderse a sí mismo, y cuidar de Seiya a la misma vez.

—Estás seguro, Caballerito… Tu novio estará en buenas manos con nosotros. —la voz grave, tan contrastante con el atuendo y apariencia tan femeninos, le erizó la piel a Seiya.

Se estaban acercando por él, y Shun no podría mantener la distancia por mucho más tiempo. ¿En dónde estaban los demás? ¡Maldición! ¡Shun sucumbiría antes de que llegaran!

—¡Te reto a que siquiera des un paso más! —con una media sonrisa que Seiya no había visto hacer ni a Ikki, Shun lanzó un reto.

No era bueno en realidad. Shun no traía armadura y sin sus cadenas la distancia era lo único que lo podía mantener seguro de los ataques de aquel guerrero. Pero el Pegaso podía ver con seguridad algo en los ojos de Andrómeda…

—Así que tienes agallas, Caballerito... ¡Quién lo hubiera dicho, por cómo te ves! —rió el enemigo, a carcajadas tan histéricas que Shun se estremeció visiblemente.

Seiya enmarcó una ceja. ¿Aquel hombre estaba hablando de cómo se veía Shun? Si incluso el otro guerrero se veía más afeminado que Afrodita. Shun también pareció divertido con el comentario, además ya casi no conocía a nadie que se los hiciera. Ciertamente parecía que los 'extrañaba'.

Shun no podía quedarse mucho tiempo en el mismo lugar, había retrocedido mucho en las primeras embestidas, y ahora estaba en necesidad de alejarlos principalmente de Seiya; aunque sabía que aquel, su rival, sólo sería una distracción… En cuanto comenzara su encuentro con él, Seiya se convertiría en un blanco fácil.

Fue el primero en moverse. Sentía el sudor correr por su frente y su espalda, lo cual le agradaba, lo hacia sentir vivo, algo que hacia mucho no sentía. ¿Quién lo hubiera creído, que siendo como era él, sintiera tanto la falta de un enfrentamiento?… Esto sí que no se lo diría a su Niisan.

Fue un error apenas estuvo al alcance de su objetivo: se había adelantado y no había reconocido primero el poder que su enemigo tenía. Ciertamente no era muy poderoso, pero Shun actuó como no solía actuar: sin pensarlo. Pronto se vio alcanzado por dos fustas que parecían multiplicarse al contacto de su piel, desgarrando más allá de ella, llegando incluso a los músculos y a los tendones…

El grito fue desgarrador, pero no fue de Shun, si no de Seiya: quien gritaba por ayuda. No podía moverse, pero logró caerse de la silla de ruedas, quedando tirado en el suelo. No sabía por qué, pero aún no había recibido el ataque de nadie en lo que Shun había comenzado su batalla, pero pronto lo descubrió. En realidad, estaba rodeado de muchos enemigos que parecían repelidos de las inmediaciones de Seiya y la casa, como si una pared invisible los retuviera de hacer cualquier movimiento.

Era una Tormenta Nebular de gran magnitud, la había lanzado Shun antes de su ataque, pero era como si estuviera actuando al revés de como sabia que debía reaccionar: en vez de inmovilizar a los que estaban dentro de ella, detenía los movimientos de los que más cerca se encontraban en su exterior. Shun la estaba manteniendo a pesar que peleaba alejado de allí, y utilizando un gran poder al mismo tiempo.

Pero de seguro no tenía mucho más ya, se notaba que su cuerpo estaba cansado, a pesar de que no había dejado de atacar a su enemigo, sabiendo que Seiya estaba seguro detrás de su ataque; sólo que las heridas en sus brazos sangraban mucho, y no podía moverlos gracias a lo profundo de los cortes. Era cuestión de tiempo, y pronto cedería al cansancio.

Seiya seguía gritando, asustado por la pérdida de sangre, y por los movimientos de Shun, que parecían cada vez más lentos. Andrómeda flaqueaba… Sin embargo, sus ojos no perdían la concentración, como si esperara que algo sucediera…

Cuando pasó lo que Shun aguardaba, Seiya casi pierde la conciencia.

Sabía que Shun estaba manteniendo un diálogo con su atacante, quizás este le decía lo superior que era con respecto a él, eso era algo que siempre habían escuchado, pero no oía lo que Shun le contestaba. Tenía los brazos tendidos a cada lado de su cuerpo, y no daba signos de poder moverlos, pero Shun sonreía…

—Seiya no morirá hoy, mucho menos por alguien como tú. —su lengua se movía, entre los labios apenas abiertos. Los ojos fijos en la figura de aquel hombre bizarro.

—¿Qué planeas hacer: cuidarlo como un ángel desde el otro lado? ¡Tú ya estás muerto! —gritó, haciendo chasquear sus fustas con más violencia, si eso era posible ya.

Shun las evitó sin problema, el cansancio parecía estar pasando y un extraño poder lo sustituía, surgiendo de él. De golpe ya no era Shun, el Shun que Seiya conocía. Su cabello se acortó en el acto, mucho más corto de lo que ya lo tenia, y su cuerpo ya no era tan delgado y estilizado. No era él, aún de tan lejos Seiya podía jurar que ese no era Andrómeda.

Siempre se había preguntado por que Shun algunas veces solía pelear llevando el cabello más corto, o por qué su cintura se hacía más fina cuando portaba la armadura. Shun no era de por sí muy masculino; pero a veces, en ciertas ocasiones, se pasaba de femenino como si cambiara de cuerpo repentinamente.

Ahora estaba pasando lo mismo, pero de forma distinta; Shun cambiaba su habitual cuerpo grácil por uno más fuerte. Eso se notaba en la espalda ancha y en las piernas firmes.

Ya no era Andrómeda… Pero entonces, ¿quién era?

Seiya se preguntó como si cayera en la cuenta de las veces que había visto a la constelación de Shun tomar posesión de él. Todos ellos tenían una estrella regente, pero quizás en Shun se notaba más por la figura que le había tocado representar. El Pegaso movió la cabeza, de manera que abarcó todo el lugar en sólo un movimiento, y entonces allí la pudo ver… con sus largos cabellos claros y sus ojos celestes, tan transparentes y profundos. Aún había vestigios de su aprisionamiento en las rocas, pues sus muñecas llevaban los mismos brazaletes que tenía la armadura que vestía Shun, del cual salían las dos cadenas. Ella le sonreía, pues sabía que él la podía ver. Le sonreía mientras el poder de la Tormenta Nebular hacia ondear su atuendo.

La misma Andrómeda estaba sosteniendo la barrera que mantenía a sus atacantes fuera de su alcance, mantenía el aire en un constante movimiento, dándole a Shun energía suficiente para pelear.

¡Pero ese no era Shun!

El poder que emanaba no era ni remotamente parecido al del Santo de Athena, este poder hería con sólo sentirlo, amenazaba con acabar con todo… Seiya abrió sus ojos. El mismo poder que hizo retroceder a sus enemigos cerró las heridas abiertas en los brazos de Shun. La sangre dejo de manar, y la sonrisa desapareció de los finos labios.

Había luchado por casi una hora, deshaciéndose de sus atacantes, y sin embargo no había matado a ninguno, los arrojaba contra los árboles cercanos y los dejaba inconscientes, así ganaba tiempo para que llegaran los otros Santos. Algo que nunca sucedió. Ahora estaba fuera de sí… ya no era el mismo de siempre, y aquellos ilusos pagarían con sus vidas el intento de llegar a Seiya.

—Ahora es mi turno. —Shun elevó su mano… y un Cosmo más claro que el suyo se encendió en su palma.

—No me asustas con eso. —murmuró su enemigo, pero era obvio que había retrocedido varios pasos en el transcurso de unos pocos minutos.

Seiya cerró sus ojos cuando el grito de aquel hombre llamó la atención de los demás atacantes, el poder de la Tormenta parecía detenerlos cuanto más cerca estuvieran de él, no al revés. Ahora era Shun el que estaba rodeado… pero no estaba en peligro, y Seiya lo sabía. Había visto el despliegue de ese Cosmo, y veía como uno tras otro los soldados iban cayendo frente a Shun, pero, aun así, no podía estar del todo tranquilo.

Los dedos de Andrómeda parecían cortar el aire, sin siquiera tocar los cuerpos que iban siendo apartados de su camino, la sangre fluía, pero él no parecía notarla. No mientras tuviera un objetivo, no mientras que quién él corría siguiera vivo.

Se giró unos segundos, sólo para ver que no quedara nadie cerca de Seiya, para asegurarse que estaría bien, aunque él se alejara. Aunque ciertamente Seiya lo no estaría. El Pegaso permanecía tendido en el suelo, su rostro mostrando surcos por donde las lágrimas habían caído, no sabía por qué, pero ahora sentía un miedo tan atroz, que nunca pensó que se pudiera sentir de aquella manera.

—Shun… —gimió, tratando de que su compañero se acercara a él, pero Shun no lo hizo.

Con una media sonrisa, se giró y Seiya pudo notar que Andrómeda también desaparecía. Presionando sus brazos contra el suelo, Seiya pudo erguir su torso, sólo para ver de manera austera el lugar entre los árboles por donde se había ido Shun.

—¡Seiya! —pronto oyó que lo llamaban.

—¡Shun! ¡Seiya! —volvió a escuchar más cerca, junto con los pasos apurados de lo que parecían ser varias personas. Eran sus amigos, estaba seguro de ello. Tarde, pero aun podían hacer algo… o eso esperaba.

Shiryu y Hyoga, quien traía la urna con la armadura de Shun; también Jabu, y Nachi con Ichi.

—Seiya. ¿Qué pasó? ¿Estás bien?… ¿Dónde está Shun? —con un sólo movimiento Shiryu tiro de él, sentándolo de nuevo en su silla, mientras no dejaba de ver a su alrededor.

—¿Dónde está Shun, Seiya? —Hyoga le volvió a pedir, había dejado la urna muy cerca de si, y Seiya se sentía extraño de ver el rostro de Andrómeda en el frio metal.

—Se fue persiguiendo a uno de ellos, ni siquiera sé cómo se llama… O si es un Santo. ¡Maldición! Solo atacaron. —no hubo necesidad de que le volvieran a preguntar, al hablar Seiya señaló el lugar exacto por donde Shun había desaparecido. —¡No me dejen! —dijo antes de que salieran a ver en qué situación se encontraba Andrómeda.

Shiryu lo volvió a alzar, dejando que pasara sus brazos alrededor de su cuello. El bosque se les acabó en unos pasos, y todo lo que tenían enfrente eran rocas y montañas. Cerca de ahí había sido la pelea contra Ikki la primera vez, y luego el ataque que sufrieron por el santo de la Llama, así que conocían demasiado el lugar y el único movimiento que tenían para hacer era hacia arriba.

Hyoga subió primero, la caja metálica en su espalda estaba brillando en un apagado color magenta, lo cual no sabían si era bueno o malo. Seiya era el único que había reconocido que no era Andrómeda la que estaba peleando en Shun es esos momentos, así que no era su cosmo el que sus amigos sentían… Todos estaban preocupados.

—¡Shun! —escucharon a Hyoga gritar, y subieron de inmediato, detrás del llamado preocupado.

Seiya se heló entre los brazos de Shiryu al ver la escena ante sí.

Shun, ensangrentado, con una expresión difícil de creer que era suya en el rostro, y sosteniendo el cuerpo de su rival abatido, en una sola de sus manos... colgando sobre el vacío, a espera de que Andrómeda lo dejase caer.

Hyoga dejó la urna en el suelo, con un estrepitoso sonido que no quería hacer. Todos allí parecían estar inmóviles, creyendo que, si movían un músculo, Shun dejaría caer al desgraciado por el abismo. Aunque con ello no perderían nada… ¿o sí?

—Shun, no lo hagas.

Andrómeda se giró, notando la presencia de sus compañeros, y la de Seiya en primer lugar; quien le habló para que se detuviera en lo que parecía estar a punto de hacer.

—¿Por qué? Trató de matarte Seiya, sólo es un idiota buscando fama… ¿Querías hacer lo que los Dioses no pudieron, eh, marica? —Shun sacudió el cuerpo inerte, sabiendo que no le contestaría, ya apenas podía decirse que respiraba.

—No quiero que mates, Shun. No más, tú no… —Seiya sentía como las lágrimas ardían en sus ojos, mientras su garganta se volvía áspera.

Shun lo miró sin entender, ¿Seiya no recordaba que lo querían matar? ¿O acaso?…

—Shun, déjalo. Ya lo has hecho muy bien. —pidió Shiryu, dejando a Seiya momentáneamente en el suelo.

Apenas chasqueó su lengua, con su vista fija en el Pegaso; a fin de cuentas, lo había hecho por él. ¡Y lo volvería a hacer, si se lo pidiera! Movió el brazo, por fin dejando que aquel cuerpo cayera al suelo; no tenía más sentido… Lo había hecho bien, claro que sí.

Pero en cuanto todo hubo terminado, su mundo se nubló, girando hacia la nada y la oscuridad…

—¡Shun! —Seiya volvió a gemir su nombre. Viendo con horror cómo las heridas de sus brazos se volvían abrir en un solo instante, dejando que la sangre fluyera de manera copiosa y constante.

Seiya tocó su rostro, ya no había rastros de aquel cosmo, y el cabello y el cuerpo de Shun habían vuelto a ser los mismos. Pero se estaba desangrando en sus brazos. Hyoga lo tomó; si lo llevaban a un hospital moriría en el camino, ya había perdido mucha sangre. Era mejor darle las primeras curaciones ellos mismos.

Seiya no salía de la conmoción, le aterraba saber que Shun no era quien era cuando luchaba… Quizás por eso aborrecía tanto la lucha y evitaba ponerse su armadura con tanta vehemencia. Y solo ahora era consciente de ello.

 

~*~

 

No es él mismo cuando combate, no… Ahora lo sé, pero de lo que no estoy seguro es de si él lo sabe… ¿Tendrá recuerdos de esos momentos en los que el poder que emana su cuerpo no es precisamente suyo?

Shun mató a más de cincuenta hombres sólo con los movimientos de sus manos, y sin una mueca de remordimiento, ni emoción alguna… Los mató sin retroceder, ni pensar lo que sería de su alma luego.

Porque yo sé cómo su alma se lastima con cada batalla, yo lo sé por que lo tengo cerca y puedo sentirlo, cada vez mas gris, cada vez más alejado… ¡No quiero que mate, por Dios!

¡Sahori, no le permitas matar de nuevo! 

 

 

Continuará.

 

Notes:

Aun lo estoy armando, casi tengo el segundo capítulo finalizado... pero bueno, quiero ver que aceptación tiene este primero...