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Hell's Teeth

Summary:

Precuela de Hell To Pay. En la que los cazadores de demonios, Harry y Zayn, conocen por primera vez a Louis, y el Padre Horan tiene un problema con vampiros en su cripta.

Notes:

Creo que no hay mucho que decir, excepto que si la sangre y los cadáveres los espantan quizás no deberían leer esta historia.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

El club estaba oscuro, y las luces parpadeantes hacían difícil ver algo en vez de iluminar el lugar, pero Louis aun podía decir que los jóvenes caminando hacia él eran dos de las personas más atractivas que había visto.

A pesar de estar casi como una cuba, Louis se dio la vuelta para ver si había alguien más atractivo detrás de él, porque este tipo de cosas simplemente no le sucedían. Pero no había nadie, y ahora estaban justo delante de él. Tal vez, si hubiera estado un poco menos borracho, sus sonrisas a juego hubieran podido ser más inquietantes, pero estaba demasiado afectado por el hecho de que parecían estar interesados en él para preocuparse.

—Buenas noches, chicos —dijo Louis alegremente, deseando no haber derramado su copa en su camisa antes. A pesar del calor de la habitación, los dos hombres estaban prístinos, no tanto como el remolino sudoroso debajo de sus brazos.

Le sonrieron de nuevo, moviéndose así hubo uno a cada lado, y él tuvo que girar su cabeza para mirar entre ellos. Ambos eran altos, más altos que él, y la forma en que se movían era una insinuación silenciosa de músculos ocultos. Louis se lamió los labios, medio encendido y medio nervioso porque estuvieran a punto de robarlo algo así, porque en serio, ¿quién haría un movimiento hacía él cuando ya tenía un amigo que se veía así?

El de su izquierda era blanco, piel pálida y el cabello rubio caía ingeniosamente sobre un ojo. El hombre de su derecha era negro, el cabello casi al cero, ojos oscuros que parecían fijar a Louis en el acto. Ambos eran absolutamente hermosos, el contraste en su piel haciéndolos aún más llamativos como un par.

De alguna manera, todos estaban bailando juntos ahora, y Louis tardó varios minutos en darse cuenta de que ninguno de los dos había hablado, ni con él ni con los demás.

—¿Vienen aquí a menudo? —preguntó Louis, sonriendo por la línea cursi. Ellos no respondieron, pero él saltó ligeramente cuando sintió una mano deslizarse por su espalda, y otra cepillar ligeramente sobre su entrepierna. Se ruborizó, porque no había manera de que el rubito pudiera haber notado que estaba duro, pero el hombre sólo sonrió, echando un vistazo por encima del hombro de Louis a su compañero. Louis sintió manos en sus caderas, y otra erección igualmente evidente presionó contra su culo.

—Correcto. Bien. Sí —Louis tragó saliva, el débil temor de que las cosas se movían demasiado rápido en su pecho, pero entonces los ojos azules se posaron los suyos, y de alguna manera los temores desaparecieron de nuevo.

En algún lugar en la periferia de su conciencia, Louis se dio cuenta de que su baile los había llevado lejos del centro de la habitación, hasta el borde, donde estaba más oscuro, y un débil contorno de luz sugirió una puerta de incendios en la pared lejana.

Intentó volverse y mirar al hombre detrás de él, sintiendo los labios en su cuello, pero entonces el de adelante se inclinó y lo besó en la boca y por un segundo Louis no pudo pensar en absoluto. Podía sentir una polla dura presionando contra la suya, y otra frotándose contra la hendidura de su culo, y ahora una boca a cada lado de su cuello, y sentía simplemente increíble.

Louis cedió y dejó que sucediera, flotando en una nube de excitación hasta que un agudo dolor punzante en un lado y luego en el otro hizo que sus ojos se abrieran en shock.

Abrió la boca para objetar, porque qué mierda, lo mordían, porque no estaba realmente interesado en eso, pero su voz no salía, y ahora oh, parecían estar lamiéndole, y joder pero qué bien se sentía.

Las piernas de Louis se sentían peligrosamente cerca de ceder, pero lo estaban sosteniendo entre los dos, y chupándole el cuello, y se dio cuenta con una pizca de vergüenza que estaba muy cerca de correrse en sus pantalones.

Intentó otra vez hablar, y esta vez la comprensión de que no podía lo asustó. Su cabeza se aclaró un poco, y Louis logró levantar una mano para rascar la irritable sensación de cosquillas en su cuello.

Los dos hombres se apretaron más cerca, con las manos encima de él, de repente más intencionados, y antes de que pudiera detenerse, Louis estaba corriéndose, la humedad se extendía por el frente de sus pantalones, y si su cabeza no hubiera estado tan borrosa habría sido realmente embarazoso.

El mareo aumentó, y Louis parpadeó, tratando de mantenerse erguido. Estaban abiertamente arrastrándolo junto con ellos ahora, a través de la puerta de incendios y hacia el callejón. Louis levantó una mano, tratando de agarrar la puerta, deseando que alguien lo viera, pero no podía gritar y sus piernas no funcionaban, y justo antes de desmayarse, vio que los dedos de su mano estaban manchados de sangre.

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El padre Horan se sentía incómodo. No había estado en la ciudad por mucho tiempo, había llegado de Irlanda lleno de esperanzas y aspiraciones y una sensación de orgullo brillante porque un sacerdote tan joven como él se estaba encargando de su propia parroquia tan pronto. Pero menos de un mes después en su nueva vida, no podía dejar de sentir que todo no era lo que debía ser.

Había esperado que tardaría un tiempo en hacer amigos, pero no había calculado por completo el hecho de que nadie querría ser su amigo. De repente, él era la figura principal de su nueva congregación. Le miraban para obtener respuestas, no querían imaginarse que él podría estar nervioso y confuso. Había tantas murmuraciones entre los miembros más viejos sobre lo joven que era, y lo que podría tener que ofrecerles, que no quería darles más razones para dudar de su capacidad.

Entonces, estaba la iglesia misma. La Santa Iglesia de la Preciosísima Sangre, un edificio imponente que debería haber sido el santuario alrededor del cual los edificios circundantes se amontonaban para alcanzar algo de consuelo. Niall nunca había estado en una iglesia que no le hubiera dado inmediatamente una cierta paz, de estar centrado, conectado. Hasta ahora. Y eso era algo que nunca podría confesar. Su propia iglesia le asustaba. El clero se burlaría de él.

Al principio, culpaba a la nostalgia de no estar en su casa, en un nuevo trabajo y en el centro de una bulliciosa ciudad a cientos de kilómetros de la pequeña ciudad rural en la que había crecido. Pero todavía estaba allí, un sentido repentino de inquietud cada vez que pasaba por encima del umbral, casi un sabor acre en la parte posterior de su garganta. Como si el lienzo del edificio en sí estuviera enfermo de alguna manera.

Hizo una nota mental para que vieran los desagües y miró alrededor de la barra. Desesperado por alguna compañía que no fueran viejas señoras quejándose de sus cambios en el orden del servicio, o estudiantes de la biblia alarmantemente sinceros que querían debatir los puntos más finos de la liturgia con él, había cambiado su sotana y tomó un tren lo suficientemente lejos de su parroquia para estar seguro de que nadie lo reconocería.

Niall se había metido en el primer pub al que había acudido y pidió una copa, pero ahora empezaba a preguntarse si había cometido un error. Estaba encaramado en un taburete en el bar tratando de concentrarse en su cerveza, pero había un par de moteros apoyados a su lado y lo miraban abierta y agresivamente.

—¿Puedo ayudarlos? —Niall suspiró finalmente, levantando la vista.

El más grande de los dos olisqueó ruidosamente y luego escupió en el suelo. —Nada con lo que puedas ayudarnos, sacerdote.

—¿Cómo has ...? —comenzó Niall, sorprendido. No los reconocía, vestía jeans y un jersey, ni siquiera llevaba su cuello.

—Puedo olerlo en ti —dijo el segundo. Era más pequeño y fibroso, llevaba cueros maltratados y necesitaba desesperadamente un afeitado.

—No hay nada para tu tipo aquí —declaró el primero—. Deberías irte a la mierda.

—Yo... solo estoy tomando una copa, no quiero problemas, muchachos —dijo Niall en voz baja, preguntándose en qué lugar había entrado.

—Bueno, tal vez te los demos, ¿pensaste en eso? —el más bajo sonrió, pegando su cara cerca de la de Niall—. Tal vez comencemos algo, no pareces capaz de terminarlo.

—Tal vez él no, pero yo sí.

La voz inesperada detrás de ellos hizo que ambos moteros dieran vuelta. Niall se sorprendió por la forma en que su cólera abierta se endureció en un antagonismo más cauteloso ante la vista del orador.

Era más ligero que ellos, pero claramente no tenía miedo, y capturó el ojo de Niall, sonriéndole. —¿Estás bien?

Niall asintió y los moteros bufaron burlonamente. —¿Por qué no te quedas fuera de esto, Malik? No es tu pelea, no es exactamente tuyo, ¿verdad?

—No es la pelea de nadie —dijo el recién llegado con acidez—. Porque no es una pelea. Este es un bar, ¿por qué no te callas y te sientas?

Para el shock de Niall, el énfasis en la última palabra hizo que el hombre más grande descubriera sus dientes. Niall parpadeó. Esos dientes eran mucho más grandes de lo que deberían haber sido.

—¿Problemas?

Otro chico se había asomado detrás de él—¿Malik lo habían llamado? Tenía el pelo rizado oscuro y una sonrisa alegre, y si le hubieran preguntado que pusiera las probabilidades en las dos parejas, Niall habría dicho que los moteros eran, de lejos, los más grandes y groseros, pero para su sorpresa estaban retrocediendo, casi resbalando hacia la puerta.

—¡Espera que traiga aquí a todos sus amiguitos de la iglesia! —gruñó el hombre más bajo—. El lugar ya no será nuestro.

—Mejor que traer pulgas —les gritaban el de cabellos rizados, pero la puerta ya se cerraba.

Niall se relajó un poco. —Um. No estoy seguro de lo que pasó, pero gracias.

—No te preocupes, ¿qué sucedió? —Cabello rizado saltó sobre el taburete al lado de Niall y miró hacia la barra para que lo atendieron

—Estaba siendo perseguido[1] —el rescatista original de Niall sonrió burlonamente ante lo que parecía ser una broma privada—. Lo siento, ¿no sé su nombre?

—Niall. Niall Horan.

—Un placer. Soy Zayn. Este es Harry.

Harry lo miró y sacudió su mano. —Hola.

—Hola… yo, er. Tengo que decir que estoy impresionado. ¿Cómo es que ustedes son más terroríficos que ellos?

—Oh, su ladrido es peor que su mordida —dijo Harry con una risita, pasándole a Zayn una bebida y buscando en su bolsillo dinero.

—¿Me estoy perdiendo algo? ¿Qué hay con todos esos chistes de perro? —Niall sonrió, mirando de Zayn a Harry y de vuelta.

Ellos intercambiaron una mirada. —No te preocupes por eso —lo aconsejó Zayn.

—Está bien —Niall miró su cerveza, preguntándose si se estaban riendo de él. A veces parecía que todo el mundo lo estaba.

—Oye, anímate, ¿quieres otra copa? —ofreció Harry.

—No, estoy bien, gracias —dijo Niall desalentado.

—Ah, no seas así —lo instigó Harry—. No todo el mundo en este bar es un imbécil.

Niall sonrió. —Lo siento, no quería causar ningún problema.

—Entonces elegiste el bar equivocado —dijo Zayn, y Niall se sonrojó.

—Lo siento, obviamente debería irme —se bajó del taburete y Zayn alargó la mano para atraparlo, parecía avergonzado.

—No me refería a... ¿quién te trajo aquí, de todos modos, si no buscabas problemas?

Niall estaba confundido. —Vine en el metro.

Era el turno de Zayn de parecer desconcertado. —¿Nadie te dijo cómo encontrarlo?

—Fue el primer bar al que llegué cuando salí de la estación.

Harry también lo miraba fijamente, y Niall podía sentir que se ponía rosa. —¿Qué?

—¿Sólo encontraste la puerta? ¿Pero no notaste nada extraño en los dos chicos dándote un mal rato? ¿Eres sensible?

Niall pasó de rosa a escarlata. —Oh, ya veo, ¿este es un bar gay? Mierda, lo siento, no quise decir… no estoy aquí como si estuviera afuera o algo así, solo... ¿ahora qué?

Harry estaba riéndose impotente y Zayn se había ahogado en su bebida.

—¡No es un bar gay! —declaró Zayn cuando pudo respirar de nuevo.

—Bueno, eso depende —dijo Harry filosóficamente.

Zayn le dirigió una mirada. —Sabes a lo que me refiero.

Harry se encogió de hombros, y Niall estaba oficialmente perdido. —¿Por qué no lo habría encontrado?

—Tiene un glamour —dijo Harry, ganándose una mirada severa de Zayn.

—No me parece muy glamoroso —dijo Niall mirando el papel pintado de nicotina y la alfombra raída—. Sin ofender.

Harry abrió la boca para explicarse y luego la cerró de nuevo cuando Zayn lo fulminó con la mirada.

Niall terminó de beber y se puso la chaqueta, sintiendo que había tenido suficiente emoción por una noche. —Supongo que me iré. Gracias de nuevo, chicos.

—Un gusto conocerte —Harry sonrió, y Zayn le dio un asentimiento.

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Cuando se hubo ido, ambos se miraron.

—No sé por qué no me dejaste explicárselo, si es sensible, no tiene idea de lo que ocurre, y podría meterse en toda clase de problemas.

—Ha sobrevivido hasta ahora —dijo Zayn encogiéndose de hombros—. Vivirá —secó el vaso y lo dejó en el bar—. Así que, ¿vamos a cazar o sólo a rescatar a vicarios toda la noche?

—¿Era un vicario? —preguntó Harry, sorprendido.

—Vicario, sacerdote. No lo sé. Aparentemente. Uno de los lobos dijo que podía olerlo, podrán ser imbéciles, pero no dudo de esa nariz.

—¿Y piensas seriamente que no va a tener problemas? —Harry lo regañó, poniendo su bolsa sobre su hombro. Hubo un débil tintineo de armas metálicas que se deslizaban juntas.

Zayn sonrió. —No es nuestro problema, Styles.

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Niall miró al frente de la iglesia y tembló ligeramente. Había estado desconcertando por la confrontación en el bar durante todo el camino de regreso, pero la preocupación más inmediata era saber que tenía que entrar y asegurarse de que el lugar estaba vacío antes de cerrar para la noche.

—No seas tonto —murmuró—. Es una iglesia, no puede pasar nada malo —se enderezó para subir los escalones y, si era la imagen sardónica y de ojos oscuros de Zayn que evocó en su hombro en lugar de ofrecer una rápida oración, bueno, eso quedaba entre Dios y él.

Dentro, sus pasos resonaron alrededor de la nave y Niall se sorprendió tratando de ver si seguían sonando un poco más de tiempo después de que dejaba de caminar cada vez.

—Jesús, Horan, qué manera de asustarte —murmuró, echando una mirada de disculpa al altar por la blasfemia. Se obligó a hacer un círculo completo, asegurándose de que las puertas interiores estaban firmemente cerradas con llave, que las velas estaban apagadas y que ninguna de los parroquianos sin casa había entrado tras él para aprovechar una cama seca para pasar la noche.

Estaba a punto de apagar las luces e irse cuando un salpicadura de color le llamó la atención. Inclinándose  para mirar, Niall encontró que era una tira de material rojo elástico con un clip de metal roto en el extremo. Desconcertado, lo cogió, sólo para descubrir que era más largo de lo que había comprendido, y estaba por debajo de la puerta que conducía a la cripta.

Niall tiró con curiosidad del cinturón o lo que fuera hasta que se detuvo con un tirón cuando algo en el otro extremo golpeó el fondo de la puerta. Sacando su enorme paquete de llaves de la iglesia de su chaqueta, abrió la puerta y encendió la luz. Los escalones de piedra se curvaban hacia fuera de la vista. Miró a sus pies y se dio cuenta de lo que había tomado por un cinturón era de hecho un par de tirantes.

—¿Qué demonios? —Niall los recogió y los enrolló en su mano. Los cierres de metal estaban doblados, como si hubieran sido arrancados, y había un pedazo de material que se aferraba a los dientes de uno.

Niall bajó la vista. Realmente no quería ir allí. La sensación de destino inminente que había estado recibiendo del lugar de repente parecía diez veces peor, y caminar solo en una cripta después del ocaso le parecía una mala idea.

—No tengo miedo —murmuró Niall. No, mierda, pensó. Estoy aterrorizado—. ¿Hola? —gritó más fuerte—. ¿Hay alguien ahí abajo? —el silencio le respondió y, deseando tener un palo realmente grande, Niall bajó cautelosamente los escalones. Al llegar al fondo, contuvo el aliento y pisó en la cripta.

Estaba vacía. Niall cayó aliviado, sin darse cuenta hasta ahora de lo tenso que estaba. El suelo de piedra desnudo se extendía bajo el techo abovedado, y las cornisas de piedra donde una vez habían reposado unos ataúdes permanecían inocentemente vacías.

Mientras miraba a su alrededor, la única bombilla que iluminaba el espacio parpadeaba ominosamente e hizo un ruido de “clink” fuerte en el silencio. Niall se giró y volvió a subir las escaleras tan rápido como la dignidad lo permitía. Investigar su propia cripta vacía era una cosa, quedarse allí abajo en la oscuridad era otra.

Re-cerrando la puerta detrás de él, Niall concluyó que los tirantes debieron haber sido empujados a través de la abertura de alguien en el lado exterior de la puerta, niños jugando quizá. Salió de la iglesia y cerró las puertas principales detrás de él por el resto de la noche con un sentimiento de alivio.

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[1] En el original pone hounded que puede aplicarse a ser perseguido por un perro de caza ya que hound es tanto acosar, perseguir, como sabueso, además, los dos hombres eran, al parecer, hombres lobos.