Chapter Text
El ministro de defensa de la Nación presentó un proyecto por el cual se reclutaban hombres de 20 años para prestar servicio militar y someterlos a un entrenamiento obligatorio básico y luego pasar a la reserva activa. La ley fue aprobada tras algunas semanas de discusión y se puso en vigencia desde 1904. No fue hasta 1940, que una nueva ley del Ejército redujo la edad de los reclutas a 18 años.
Allá, por fines del año 1980 se realizó el sorteo en el cual se enlistaban varones de entre 17 y 18 años para ser distribuidos en las tres Fuerzas Armadas. Dichos varones correspondían a las clases nacidas entre 1962 y 1963.
El sorteo era público, transmitido por la radio y regulado por la lotería, muy probablemente teniendo la mayor audiencia porque miles de jóvenes, familiares, amigos y desertores varios, estaban expectantes.
El proceso de selección consistía en sacar bolillas que asignaban a cada número de orden (es decir, los últimos tres números del documento de identidad), un número de sorteo. Luego, se dependía de un número de corte, fijado en torno a las necesidades de las Fuerzas Armadas, por lo cual dicho número cambiaba año a año en función al presupuesto disponible para ocupar los puestos y afrontar los servicios.
Telegramas eran recibidos constatando la efectiva incorporación de quienes tenían sus sospechas informando que debían recurrir a una revisación médica obligatoria primero y, de estar aptos, nuevos telegramas eran enviados para indicar el lugar y fecha para comenzar la instrucción y entrar en servicio activo a la colimba.
Colimba, así le decían al servicio militar obligatorio porque, según el saber popular, correr, limpiar y barrer eran las tareas más frecuentes que un conscripto realizaba allí.
Duraba aproximadamente 14 meses, y el de 1981, no había sido la excepción, o casi.
Louis había sido un privilegiado la mayor parte de su vida. Venía de una familia estanciera de renombre, y su padre era uno de los médicos y accionistas más famosos del país. Hijo único del matrimonio, tuvo todos lo que sus padres pudieron haberle dado, una buena educación, privada, algo impensado para la época, una estancia a su nombre para cuando tenga un futuro consolidado, incluso le habían regalado un Alfa Romeo Spider Veloce color rojo carmesí.
Todavía no lo había alcanzado a manejar cuando salió sorteado para la colimba, y no hubo forma de que los contactos familiares lo eximan, tampoco podía desertar, porque iba en contra de la ley, y no tenía forma de pedir una prórroga: apenas terminaba el secundario, no tenía una carrera universitaria, no tenía una familia que mantener por su cuenta, su padre estaba vivo.
Pero sus contactos si favorecieron la posición en la que había quedado. Básicamente esto significaba que Louis era un acomodado, pero nadie podía enterarse o le costaría bastante más de lo que creía.
El padre de Louis conocía al teniente a cargo del regimiento en el que Louis había salido sorteado, y si se comportaba, iba a gozar de ciertas comodidades. Pero, sabía que no podía fiarse ni bajar la guardia. La realidad que vivía Louis era muy distinta a la realidad que vivía la mayoría de los jóvenes en la época, y no estaba para nada capacitado para enfrentar ese choque.
El día que llegó al predio, un febrero de 1981, había más de 2000 varones en su misma situación. Era un clima tenso, de mucho miedo e incertidumbre, porque lo único que había eran experiencias y rumores de otros conocidos que habían pasado por lo mismo, historias de sufrimiento, de maltrato, de gente que por tener un uniforme tiene poder sobre otro que está por debajo, mucha mezquindad. Y los nenes bien, como Louis, no eran bien recibidos por el resto.
Ese mismo día los separaron en tres compañías de aproximadamente 300 soldados cada una. Perteneciendo a defensa, combate y servicios. A Louis se lo llevaron junto con un grupito reducido. Por supuesto, nadie pronunciaba una palabra, pero de haber sido otra la situación, incluso hubiesen silbado o abucheado al grupito que se acababa de parar y seguía los pasos de dos oficiales a cargo.
Entre los dos oficiales comentaban y discutían el camino al casino, en donde los iban a hacer realizar tareas de servicio. Reían, adivinando que los muchachos probablemente tenían otro concepto, popular, sobre lo que era un casino y esperaban divertidos la reacción que pudiesen tener al enfrentar la realidad.
Cuando entraron al lugar se encontraron con una especie de salón gigante que tenía una mesa a lo largo con un televisor arriba de un estante al final, al costado una habitación también bastante grande en donde había varias camas, y una cocina de tamaño industrial, en donde rápidamente mandaron al rubio alto que se encontraba a la derecha de Louis. Una vez que los habían repartido en el lugar, el oficial caminó hacia donde Louis y le sostuvo la mirada, disfrutando el pánico en sus ojos azules.
"¿Qué hacemos con el niño rico?" Se regocijó uno de los uniformados acomodando sus placas con cinismo.
"El muchacho se encargará de manejarle el coche y hacerle los mandados al furriel. Sabe manejar" Contestó su acompañante, chequeando un papelito que acababa de sacar de su bolsillo, antes de mirar varias veces los pasillos. "Siempre y cuando te comportes, por su puesto. A la primera que deba llamarte la atención, te vas al pabellón de servicio con el resto de los reclusas, ¿entendido?" Dijo, más como amenaza que como advertencia "Y empieza a pensar que nos traerás los lunes cuando vuelvas de tu estancia como recompensa"
Louis no quería saber nada con estar allí dentro, no estaba acostumbrado a estar encerrado ni aislado, ni mucho menos en esas condiciones de vida, aunque aún no tomaba consciencia de la posición privilegiada que tenía. Los casinos, lejos de ser un lugar para juegos de azar, eran las grandes casas en las que se quedaban los oficiales y suboficiales que venían de muy lejos y debían quedarse en el complejo el resto de los días que no trabajan por no poder volverse a sus pueblos, allí comían, se aseaban, dormían y también tenían un espacio de recreación (al cual de todas formas los soldados no tenían acceso). Pero, efectivamente, no todos gozaban de la comodidad de estar en esa zona. Ni de trabajar para el furriel, que era quien tenía a su cargo la distribución de suministros de la unidad. Tenía una oficina, tenía la posibilidad de manejarle el coche y de estar afuera de ese calamitoso lugar la mayor parte del tiempo. Si se comportaba, por supuesto.
En los otros pabellones las historias eran distintas. Jóvenes humildes, asustados, débiles y analfabetos abundaban. Estaban perdidos y desconfiando por experiencias que habían escuchado de primos, hermanos mayores, algún amigo que había hecho la colimba y traía a colación cuán difícil era acostumbrarse a todo eso.
Harry sabía que tarde o temprano iba a terminaren el servicio militar porque él no tenía buena suerte, y ni hablar de los pocos deseos que tenía de encontrarse allí. Aunque su realidad era muy distinta a la de Louis. Venía de un pueblito bastante lejos de la capital y todo lo que traía consigo era un abrigo y una cajita rectangular. No tenía verdaderamente una gran historia de vida, ni una identidad clara, solo un documento provisorio anotado en un cartoncito amarillento.
Lo habían abandonado cuando tenía apenas semanas de vida junto con otra incontable cantidad de niños. En ese entonces (y en este entonces), era bastante común que los hospicios estuvieran llenos y desbordados. Harry había sido uno de los primeros en llegar al lugar y según lo poco que había podido recolectar, un militar lo habían encontrado en una casa abandonada junto con los cuerpos de seis personas muertas, allí se estima que pasó menos de tres días hasta que alguien lo llevó a un orfanato. Harry sabía que esa no era su verdadera historia, pero no mostraba demasiado interés en conocerla porque le dolía. En el orfanato había aprendido a leer y a escribir, y alguna que otra suma y resta. A los 7 descubrió que le gustaba un compañero mayor, bastante mayor, Frederick. Harry lo veía como su héroe porque tenía 15 años y lo protegía.
Un día decidió contarle y pasó por la situación más perversa de su vida, Frederick lo había metido en el baño de mujeres y después de tocarlo lo dejó ahí encerrado por asqueroso y maricón. Harry nunca entendió que había sucedido realmente porque bloqueó todos los recuerdos y se prometió a si mismo que no le iba a gustar nadie más, mucho menos nadie más grande. No fue hasta 3 años más tarde que descubrió que lo que estaba aparentemente mal era que no podían gustarle los varones como él.
A los 14, en una Navidad solidaria se repartieron juguetes, pelotas, muñecas de trapo, cartas. Pero Harry no pudo quedarse con ninguno pese a ser el mayor para esa época. Al resto los habían adoptado, o habían cumplido la mayoría de edad y se habían marchado. Harry era tímido, cualquiera tenía autoridad sobre él, y nunca decía que no. Un señor se acercó y le tendió una cajita. Era el dueño del orfanato, Albert. Le contó que había estado ahorrando durante algún tiempo para hacerle este regalo y era algo muy especial. Cuando Harry abrió la cajita, encontró una armónica plateada con 10 agujeros. El muchacho sonrió. Una vez le había comentado al señor Albert mientras miraban una película de Charles Bronson, cuanto le gustaba el sonido de ese instrumento. Y un par de años más tarde estaba recibiendo una. Harry no sabía tocarla, sin embargo aprendió las técnicas en menos de un mes, y a los cuatro meses ya tocaba canciones enteras de puro oído. Canciones que Albert tocaba con amigos y Harry no debía escuchar. Canciones que estaban prohibidas, canciones que contaban historias de lo que pasaba en el mundo, Pink Floyd, Queen, música en inglés, música que hablaba de revolución.
Música.
Una noche de septiembre años más tarde Albert desapareció y a los más chicos del orfanato se los llevaron. Él solo recuerda que estaba escondido, muy escondido debajo de su cama porque eran las instrucciones charladas con Albert. Vio unas botas negras hacer ruido contra la madera vieja del piso de su habitación, otras botas, voces. Voces que todavía no puede sacarse de la cabeza. Nunca supo nada más, pero sospechaba que era por la música, porque Albert no podía tener una banda, no podía cantar esas canciones. No podía.
Y luego vino la colimba, y acá estaba Harry con su armónica muy muy escondida vaya uno a saber dónde entre las pocas ropas que tenía. Cuando dijo que sabía escribir y leer lo llevaron a la parte de comunicación y distribución. Se acordaba de Albert diciéndole que 'a estos tipos hay que guardárselos en el bolsillo, fingir cierta amistad, demostrarles que uno está de su lado y dispuesto a ayudarlos y servirles'. Entonces Harry se las ingenió para decir que sí, que era letrista, que sabía dibujar letras, que había aprendido, que le habían enseñado. Y se ganó la confianza del cabo con rapidez, aunque la pasaba bastante mal afuera, donde sus compañeros sabían que tenía cercanía con las autoridades, y que esto lo hacía algo inmune. Pero a lo que Harry le importaba realmente era que el tipo le guardaba la armónica y era todo lo que él tenía, literalmente.
Arrancaba su mañana a eso de las cinco, cuando prendían las luces de los galpones y les daban con exactitud un minuto y veinte segundos para vestirse. Lo que pasaba después era algo tedioso y corriente de todos los días. Los hacían formar en fila, alineados, como en las películas norteamericanas y los revisaban. Si tenían un cordón desatado, la camisa salida del pantalón, o algo fuera de línea les pegaban, los mandaban a hacer flexiones y se les reían, sólo por placer.
Luego desayunaban en no más de quince minutos y se los llevaban por grupos para realizar una hora de entrenamiento físico. Una vez terminado, los mandaban a cumplir sus servicios en cada área hasta el horario del almuerzo. Cada 10 días, hacían ensayos de combate después del almuerzo en el cual los exponían a disciplinas físicas extenuantes, cuerpo a tierra, arrastrarse, cargar las armas bajo agua; congelándose en invierno hasta terminar con resfríos que duraban semanas y deshidratación y desmayos en verano porque no podían tolerar las altas temperaturas. Además, estos ensayos se solían realizar con el estómago lleno, como parte de una preparación psicológica. Porque en estado de guerra, nunca se sabía en qué momento podrían tener que atacar o defenderse, y esas situaciones tenían que ser practicadas previamente. Los primeros días muchos vomitaban y se descomponían, era un choque difícil. Pero nada que el tiempo y la disciplina no pudieran curar.
Louis había encontrado la forma de pasarla bien, había formado su grupito que por supuesto lideraba porque tenía cierto pequeño poder sobre ellos. La realidad es que se aliaban porque estaban muertos de miedo y era mejor poder protegerse entre varios. En época de escasez, los colchones no siempre alcanzaban, los insumos para comer no eran suficientes, los tiempos para ducharse eran limitados y luego el agua congelada calaba los huesos. Entonces había muchos que robaban y golpeaban, ya no era todo tan amistoso como aparentaba al principio. Y aliándose, podían vigilarse y cuidarse entre ellos. Louis tenía además una especie de poder de negociación que había heredado, sabía cómo ingeniárselas con el furriel para traer cosas cuando salía con su coche, como sobornar a sus compañeros para que hagan su turno de limpieza a cambio de un cepillo de dientes o un plato de comida extra, o qué revistas de pesca, caza y aventura leían ciertos oficiales en sus horarios de guardia para poder llevárselas cuando volvía de su estancia los lunes y chantajearlos si algún día así lo necesitaba.
Louis era astuto, Louis sabía.
Con su grupo también se habían empezado a dedicar a observar, observaban las actitudes de todos los soldados, oficiales, suboficiales, cabos. Sabían a qué compañía pertenecían varios de los soldados, o al menos como caracterizarlos. Sabían los horarios de guardia y la hora de relevo de cada uno de los oficiales. El pelado, por ejemplo, que llegaba a las ocho de la mañana y pedía que le echen café en su jarro enlozado color negro. Cuando lo terminaba hacía un cilindro con el periódico que acababa de leer por la mitad, y a eso de las nueve de la mañana, se iba al cuartito de baño que estaba a unos pocos pasos. Salía como cinco minutos más tarde, y tiraba un pañuelo de papel envuelto en uno de los cestos amarillos que se encontraban en los pasillos, con discreción, mirando a la izquierda y a la derecha dos veces. Todos los jueves.
Este jueves, era de esos en los que después del desayuno había entrenamiento de combate a modo de simulacro, y los baños estaban ocupados de soldados desechando la comida abruptamente, sin entrar en detalles escatológicos, por supuesto.
Por lo que a las nueve de la mañana ya no había más pañuelos de papel que el oficial de guardia pueda usar para envolver misteriosamente sus residuos.
Louis esperó y observó. Siete minutos más tarde, contados cautelosamente con su Rolex pulsera, el oficial salió del baño con una cajita arrugada roja y blanca. Y Louis había dado en la clave descubriendo el punto débil para poder sobornar al oficial: cigarros.
Más tarde, estaba con su grupito en los jardines del predio, juntando las hojas que volaban de los árboles en medio de un temporal. Totalmente inútil, pero era una especie de castigo por haberse quedado dormidos esa mañana. Nuevamente, un castigo bastante liviano para los protegidos del casino, pues de haber sido un reclusa del pabellón común, la pena mínima que hubiesen obtenido además de unos cuantos golpes y ser humillados ante todos sus compañeros, habría sido dar unas diez vueltas alrededor del predio o lavar la ropa interior de todos sus compañeros, o entrenamiento extra de cuerpo a tierra mientras algún oficial con un poco de poder los azotaba. Afortunadamente, estaban apenas barriendo hojas.
"Aquel de allá, el de rulos, dicen que es maricón." Comentó uno del grupo mientras reía con el resto.
"Es el que Louis lleva de vez en cuando a la oficina en el coche del furriel. Cuídate Tomlinson" Continuaron bromeando. Louis asintió, riendo casi por obligación. La verdad es que el muchacho le daba bastante lástima, lo había cruzado uno de los primeros días cuando les designaban las tareas y los uniformaban. La primera vez que lo vio tenía una melena larga color chocolate de la cual caían rulos perfectos y brillantes, la segunda vez que lo cruzó, unas horas después, la melena había desaparecido y los rulos también. Y el soldado tenía la cara hinchada, parecía haber estado llorando.
No, no parecía, Louis lo había escuchado en el baño pero se había alejado, tenía mucho pánico todavía para meterse en aprietos. Pero sin duda le había dado cierta pena porque andaba mucho más solitario y no hablaba con nadie.
Con el tiempo empezó a comentarse que era homosexual, y eso significaba que lo aislaban constantemente. Por lo que el muchacho era bastante conocido como el bicho raro y retraído. No era bien visto en las fuerzas armadas que un soldado tenga tendencias homosexuales.
Harry, así había aprendido que se llamaba porque una vez lo tuvo que llevar al trabajo, era letrista del furriel, su jefe.
Pese a estar solo, Harry tenía una determinación increíble que Louis y todo su grupo envidiaban y no tan sanamente. ¿Cómo podía ser, si no tenía nada ni nadie, que estuviese tan entero todo el tiempo? Louis de vez en cuando lloraba porque no se acostumbraba a estar encerrado, o porque no se acostumbraba a no tener nada de su antigua vida, ni todas sus pertenencias, ni esa libertad de salir todo el tiempo, ni fumar. Lloraba demasiado al principio pese a estar rodeado de gente que lo seguía y le hacía favores, al menos lloró hasta que empezó a ingeniárselas y todo eso comenzó a cesar.
Pero Harry, Harry había estado toda su vida aislado y encerrado, esto era un lugar más en el que por lo menos, trabajaba.
A Louis le daba demasiada bronca, tanta como a sus compañeros. El muchacho ocultaba algo, estaban seguros, andaba en algún asunto raro, y era efectivamente un chico extraño y demasiado sereno para su insistente soledad, por lo que había que empezar a terminar con esa fortaleza, lo querían débil, sólo por diversión. Y porque la fortaleza ahí adentro era poder.
No pararon de molestar al pobre muchacho solitario por más de un mes. Él sólo huía y suspiraba, agotado de la reacción del grupito comandado por el chofer de su jefe. Harry conocía ese punto débil, sabía que Louis estaba acomodado y ese tipo de cosas no pasaban desapercibidas en el resto de sus compañeros, sin embargo no hacía comentario al respecto porque no le interesaba jugar su juego de debilitar y humillar porque no consideraba que así se ganara el respeto. Además, ni siquiera podría animarse a hablarles para confrontarlos o acusarlos, era un chico de pocas palabras.
Harry se cruzaba a Louis en el trabajo ocasionalmente mientras tecleaba en su máquina de escribir con agilidad. Lo definía como eléctrico porque nunca estaba quieto y siempre hablaba y buscaba hacer cosas, el chico eléctrico de ojos azules. Negaba su cabeza, alejando cualquier tipo de pensamiento que terminara quemándole las manos de deseo por escribir unas mil palabras sobre el color de ojos y sobre la sonrisa de Louis. Sólo porque le gustaba demasiado escribir y porque cualquier fuente de inspiración le era suficiente para expresar lo que no podía hacer oralmente, no porque tuviera algún tipo de obsesión con él, le gustaba adornar y resaltar las características de la gente que conocía sin importar como le caigan. Harry siempre extraía magnificencia de hasta el más oscuro desorden. En otra vida menos dictatorial y sumisa, la escritura hubiese sido lo suyo.
En la oficina cruzaban miradas todo el tiempo, como si Louis quisiera acercarse a hablarle, era una mirada amistosa, realmente lo era. Louis solía sonreírle y asentir con la cabeza mientras dejaba las llaves del coche sobre la recepción y sorbía un café caliente. Mientras tanto, en el predio lo humillaba cada vez que estaba con su grupo de amigos. Harry estaba acostumbrado a ese comportamiento aunque lo había tomado por sorpresa las primeras veces.
Algunas semanas transcurrieron desde la primera helada fuerte en el predio y Louis y sus amigos decidieron apostar mientras entrenaban. El último en llegar cumpliría guardia. Fue idea de Louis apostar, no la prenda, claro está. La prenda fue idea del que efectivamente tenía que cumplir guardia y no quería, pero todos aceptaron y empezaron a correr haciendo trampa entre ellos mismos, empujándose, tironeándose, salteándose los circuitos y otras faltas disciplinarias que probablemente más tarde les costarían.
Louis era el más débil, por lo que salió último, sólo en su grupo de amigos y no en la clasificación general, en dos de las tres pruebas. Así que sí, él se había metido solo en este juego y había perdido y ahora tendría que ir a hacer guardia toda la noche y ni siquiera sabía cómo iba a aguantar, Louis adoraba dormir, nunca en su vida había tenido que levantarse temprano y todavía le constaba. Por suerte siempre eran dos o tres soldados y podían cubrirse entre ellos.
Cuando Harry llegó al lugar puso los ojos en blanco exasperado, estaba empezando a molestarle que el chico eléctrico lo siga a todos lados, lo hacía acordar a sus compañeros del orfanato que solo lo buscaban para molestarlo o para... bueno, ese otro tipo de cosas que intentaba borrar de sus recuerdos y sólo lograba acrecentar en sus pesadillas.
"Buenas noches" Dijo Harry en voz baja mirando al piso.
Louis, unos cuantos centímetros más bajo que él, lo miró un poco confundido "¿Necesitas algo?" Preguntó.
Harry frunció el ceño "Debo cumplir mi turno de guardia."
Louis finalmente lo observó en detalle al escuchar las últimas palabras. Tenía una campera arriba del traje y escondía una cajita rectangular en su bolsillo. Eso era interesante y, teniendo en cuenta que cumplían toda una semana de guardia, tenía tiempo para averiguar su misterioso contenido.
El muchacho más alto se quitó el gorro verde camuflado y se sentó en el banquito dejando entrever unos pequeños rizos que comenzaban a caer de su cabello un tanto más largo de lo permitido y los sujetó con un pedazo de tela negra, al mejor estilo Rambo.
Louis miró todo el proceso con su habitual curiosidad y luego tomó asiento en el otro banquito. ¿Qué se supone que debían hacer ahora? Estaban alejados, bastante alejados de la zona de dormitorios porque las guardias se dividían y las garitas estaban desparramadas por todo el predio, siendo la de ellos la última casi al fondo antes de que comience un pequeño bosque de pinos que estaba en proceso de talado para ampliar el lugar.
"Bueno, Harry, ¿verdad?" Dijo Louis mirándolo fijo.
"Deja de actuar como si no me conocieras, Louis. Sabes quién soy yo y yo también te conozco."
Silencio
"Entonces, ¿qué haces para matar el tiempo o lo que sea que se haga en este lugar?" Preguntó Louis incómodamente.
"Música" Dijo Harry, en voz muy baja como si realmente no quisiera contestar y su boca hubiese hablado sin el aval de su cerebro.
Louis se sentó más derecho y lo observó de nuevo "¿Cantas?"
Harry dudó unos segundos "Um... bueno yo..." Era la primera vez que mantenía una conversación prolongada y compartía espacio con uno de sus compañeros, y particularmente con ese compañero, entonces tal vez debería, por una vez en su vida, dejar de alejar a la gente y confrontar este tipo de situaciones, "S-sí, algo..." Mordió su labio inferior ante la curiosidad de su compañero.
"Vamos no voy a molestarte solamente quiero escuchar" Suspiró Louis y Harry lo miró, probablemente era su única oportunidad de interactuar con alguien allí, así que sacó la cajita de su bolsillo observando la expresión de Louis al abrirla.
Okey, Louis no tenía ni la más remota idea de qué era ese rectángulo de metal. "Es una armónica," Explico al percibir la incertidumbre en su mirada. "Tal vez no conozcas estas canciones pero, um... son las que me sé." Dijo todavía en su voz baja y comenzó a soplar la cajita, la armónica.
Louis no recordaba haber escuchado un sonido así nunca antes. En un momento paró de tocar y continuó, reemplazando la melodía que había comenzado con su voz. Y wow, era diferente a la voz con la que hablaba. Cantaba y estaba lleno de energía, algunos temores, pero energía y fuerza. Lejos estaba de parecerse a esa voz temblorosa con la que apenas comunicaba algunas palabras.
"S
he
sits alone
waiting for suggestions
He's so nervous, avoiding all the questions
His lips are dry, her
heart is gently pounding
Don't you just know exactly what they're thinking?
If you want my body and you think I'm sexy
Come on, sugar,
let me know
"
Canturreaba Harry dejándose llevar y finalizando la estrofa mientras tomaba de nuevo el instrumento musical "Da Ya think I'm sexy de Rod Steward" Susurró, de nuevo susurró.
"Wow, es fantástico. Pero... ¿Por qué susurras?" Preguntó, todavía fascinado, aunque cauteloso.
"Son canciones prohibidas, no deberíamos hablar de esto, ya sabes cómo son las cosas Louis,"
Louis miró a su alrededor "Nadie nos escucha aquí, además si están prohibidas y no pueden cantarlas significa que casi nadie las conoce."
Harry asintió. Louis en verdad tenía un buen punto, jamás lo había pensado. Vivió varios años con ese miedo de no cantar ni tocar porque alguien podría acusarlo. Pero la verdad era que si pocos conocían esas canciones, era difícil que alguien lo acuse. Y además, estaban bastante solos allí. "Sí, supongo que tienes razón."
"Entonces, ¿cantarás más para mí?"
"Promete que no le contarás a nadie, lo digo en serio, Louis."
"Sí, prometido, prosigue." Hizo un gesto con la mano y lo miró.
Harry cantaba y tocaba pedacitos de canciones, las que se acordaba, y cuando terminaba le decía el título y el artista.
"Another brick in the wall, Pink Floyd; Light my fire, The Doors..."
Así estuvieron algunas horas, Louis escuchando atentamente, Harry teniendo alguien a quien cantarle por primera vez fuera del orfanato. Era liberador, sí que lo era.
En un momento pararon para tomar café, había decidido que ambos iban a quedarse despiertos en lugar de cubrir al otro. De la otra forma era algo solitario y amenazador.
Louis llenó de líquido amargo y humeante dos vasos descartables y le tendió uno a Harry en silencio.
"No soy homosexual," Soltó Harry de repente mientras miraba afuera de la garita, como si estuviera intentando adivinar lo que pasaba por la cabeza de Louis. Principalmente porque no le agradaba que lo trate como una maldita basura cuando estaban con sus compañeros por ser homosexual y le diera un trato normal las pocas veces que habían estado a solas. Si tenía que mantenerse en el closet para, aunque sea, tener un amigo y evitar que lo golpeen y lo ataquen, pues bien.
Louis se ahogó con su propia saliva tras tragar el primer sorbo caliente de café "uhm, está bien Harry, ya no van a molestarte" Susurró un tanto avergonzado "Además, realmente no debería haber nada malo con serlo, ¿no es así? No lo sé, no pienso que sea tan trágico. Es lo que es"
"Entonces sí tal vez... Uhm," hizo una pausa. Si hoy era el día de hacer cosas que nunca había hecho, e iba a salir del closet con alguien, al menos procuraría sonar convincente.
Vaciló unos segundos, pero luego, después de procesarlo en silencio, con la voz más contundente que encontró y un deje de tristeza dijo: "Entonces soy homosexual." Y levantó la vista para encontrarse con la de Louis.
Louis le palmeó el hombro mientras reía, sin una gota de maldad "Y eso está bien. Tu secreto está a salvo conmigo si así lo deseas."
Harry asintió una vez más "Eso no significa que vaya a hacerle favores sexuales a todo tu grupo sólo porque ahora te haya confirmado que me gustan los hombres."
"Hey relájate, no permitiría que te toquen," Dijo y frunció el ceño ante la mirada del rizado, había sonado muy extraño, como si la idea de sus compañeros intentando toquetear sexualmente a Harry lo enojara realmente. "Me refiero a que, si intentarán hacer algo indebido me encargaré de que no lo hagan."
Terminó su café y Louis lo seguía mirando, comenzaba a impacientarse "¿Harry puedo besarte?" Preguntó precipitadamente, en la misma voz baja en la que hablaba el rizado la mayor parte del tiempo.
Ahora era Harry el sorprendido por la abrupta pregunta. "No, no. De ninguna manera, ¿estás loco? Van a sacarnos de acá, van a castigarnos si nos ven, van a humillarnos y hacernos sentir las peores cosas porque no está bien. Van a—"
"Por favor, cállate." Gruñó Louis molesto y dolido porque jamás alguien le había dicho que no. Genial, se sentía avergonzado y estúpido.
"¿Sabes qué? A la mierda." Suspiró Harry trayéndolo contra su cuerpo y fundiendo sus palabras contra los labios de Louis. Los dedos del menor agarraron los rizos de Harry con fuerza, tirando de él hasta que un gruñido salió del fondo de su garganta. Sus labios se tocaron una y otra vez, sus lenguas jugueteaban en un ritual fogoso. Parecía que disputaban quién se atrevía a ir más profundo, más necesitado, más placentero.
Louis soltó un gemido y metió la lengua en su boca mientras el mayor cerraba los ojos correspondiéndolo con deseo.
Después de algunos segundos Harry se forzó a sí mismo a separarlos.
"Ya veo que no querías" Comentó Louis.
"Nunca dije que no quisiera, solo dije que no debíamos" Suspiró Harry sonrojado. "Sólo lo hice para sacarte las ganas, ahí está. Así es un beso de un hombre, nada de otro mundo, ¿no es así?"
"Bueno fue incluso mejor a lo que estoy acostumbrado a decir verdad y por supuesto que deberíamos repetirlo, ¿de qué hablas? A nadie le importa aquí, no somos tan relevantes Harry. Voy a ir al baño" Dijo poniéndose de pie y desapareció por la puerta de la garita, con un dejo de nerviosismo notorio.
Mierda, ¿qué había hecho?, ¿era tan grave si le había gustado? Se sentía rechazado. Bueno, que Harry fuera homosexual no implicaba que iba a querer estar con cualquier hombre y en cierto punto Louis lo había forzado a besarlo. La cosa es que había sentido algo cuando lo escuchó cantar, algo que no podía describir exactamente, solo supo que quiso besarlo y no debería estar montando un circo exagerado en su cabeza por un simple, no tan simple beso.
Suspiró mojándose la cara para tranquilizarse y volvió a donde Harry.
"Lo siento Louis" Dijo tan pronto como el menor cruzó la puerta. "Fui descortés y distante, lo sé." Resopló buscando palabras adentro de su mente, de repente recordó esa memoria que había sepultado: Frederick; y entendió porque había reaccionado así.
"E-es complicado para mí todo eso de los sentimientos, " Confesó, frustrado porque Louis no parecía entender a qué se refería, y Harry no iba a contarle el motivo, de ninguna manera.
Louis sintió haber dado en la tecla "Por eso eres tan fuerte, ¿verdad? Por eso cada vez que te aíslas tu vida sigue igual. No dejas entrar a nadie, no dejas que los sentimientos te afecten ni te hagan más débil."
Harry tragó saliva "No me conoces—"
"No necesito conocerte demasiado para saber que es verdad." Interrumpió Louis rápidamente.
Harry suspiró y se encogió de hombros.
"Déjame darte un ejemplo. Me acaban de rechazar, pero me besaron de todas formas, y me volvieron a rechazar. Estoy entero, estoy aquí, seguimos hablando. De eso se trata. Permítete ser vulnerable, es parte de la vida."
"Eso fue... cursi." Harry quiso reír para disipar la tensión pero no lo hizo.
"Algunos sentimos, lo entenderías si te lo permitieras" Louis se cruzó de brazos, estaba ofendido "Y no me importa que excusa tengas, no es justificable que te prives. Y no comentaré nada más al respecto porque es obvio que no te interesa." Dijo mientras lo observaba mirar afuera de la garita de seguridad.
"Yo... perdón, me cuesta demasiado, no sé no alejar gente de mi lado Louis, y apenas te conozco, no puedes pretender que actúe de otra forma." Habló todavía mirando afuera pero esta vez más calmado.
Louis volvió a tomar asiento y lo giró quedando en frente suyo "Dame una semana para demostrarte que puedo hacerte percibir sentimientos positivos sin la necesidad de temer, si no lo logro olvidaremos todo esto ¿de acuerdo?"
Harry lo miró atemorizado y dudó algunos segundos. Temía que Louis lograra su objetivo. La razón por la cual Harry no tenía esa pasión por la gente era porque jamás se lo permitía. Pero ¿qué pasaría si dejara entrar a alguien, sería inminente la aparición de los sentimientos? ¿Quedaría solo y dolido con un corazón roto? Nuevamente, tal vez era una buena ocasión para, al menos intentar. Se necesitan dos para bailar un tango. "De acuerdo"
La noche continuó con Louis y Harry jugando a las cartas, las que habían encontrado en la garita, siempre alguien dejaba algo allí para pasar las noches de guardia.
Usualmente Harry no hubiese visto la hora de irse, pero eran las cinco de la mañana, su turno terminaba y no quería terminar, no quería abandonar el lugar. Se sentía a gusto con Louis, no había ninguna sensación de agotamiento ni desazón.
Un oficial llegó para hacer el relevo y ambos se fueron caminando de nuevo a las instalaciones del predio para desayunar y comenzar sus tareas, podrían dormir recién en la siesta luego del almuerzo, por lo que les esperaba un día agotador.
...
La segunda noche ya se habían acostumbrado al ritmo nocturno y dormir poca siesta, después de todo, sus trabajos no requerían de un gran esfuerzo físico por lo que podían descansar en la oficina del furriel.
Esa noche de martes no se habían besado, se dedicaron a conocer un poco sobre sus vidas, Louis le contó bastante de su familia, sus estudios en el extranjero, su historia. Lo de Harry fue mucho más breve, sólo pudo contarle de cómo Albert lo encontró y lo llevó al orfanato, de que lo nombró Harry por Harry Nilsson y de que se lo habían llevado unos policías.
Louis hizo silencio, era privilegiado.
De camino a la oficina por la mañana, sacó un bulto pequeño envuelto en servilletas de papel y le sonrió. "Buen día," Dijo apoyándolo en el regazo del rizado mientras se colocaba el cinturón y abría las servilletas con cuidado para descubrir dos panecillos hojaldrados con azúcar glas arriba "Son del comedor del casino, como ya te dije anoche, estoy ahí y pensé que sería una buena idea traer algo." Se encontró explicando Louis un tanto nervioso.
Harry sonrió por primera vez en la mañana. Odiaba madrugar, no se acostumbraba. Usualmente la gente comienza a recuperar su humor habitual luego de haber desayunado, Harry no. Y no solía emitir más de cinco palabras hasta la hora del almuerzo, donde ya estaba del todo despierto, Louis no parecía entenderlo y buscaba hacerlo hablar todo el tiempo, comentando datos poco interesantes y parloteando acerca de cualquier cosa que pueda interrumpir el silencio. Louis odiaba el silencio.
"Gracias" Susurró el mayor mientras le dedicaba una sonrisa que dejaba ver sus hoyuelos. Le hacían acordar a las mañanas con Albert en el orfanato, era un gesto cargado de nostalgia positiva que dejó a Harry de buen humor toda la mañana. Louis le devolvió la sonrisa metiendo el dedo índice en su hoyuelo izquierdo, divertido mientras estacionaba el coche. "¡Deja eso!" Chilló el rizado mientras abría la puerta, volteando para que Louis no pudiera notar sus mejillas tornarse rosadas.
"Siempre quise de esos huequitos, son adorables," Sonrió antes de tomarlo del mentón y plantar un beso en la comisura de sus labios. Ahora sí Harry estaba totalmente sonrojado y aturdido. "H-hoyuelos, no son huequitos, son hoyuelos...." Y dos segundos más tarde se acordó que se suponía tenía que reaccionar como un humano, no sólo darlo a entender con gestos faciales "Louis, ¿no te importa que nos vean juntos, cierto?" Preguntó Harry nervioso. La verdad es que nadie los estaba mirando, pero la persecución y la condena eran reales, bastante reales.
Louis negó su cabeza "No, tú bien lo dijiste anoche. Mi vida está contenida adentro de una caja de cristal y vivo en una burbuja. Pero me aseguré que nadie estuviera observando, confía en mí," Dijo sin más antes de ingresar al edificio en donde ambos compartían oficina.
Harry deseaba con todo su corazón poder confiar y atreverse a querer sin miedo a ser lastimado, pero la vida le había demostrado que tenía que ser cauteloso, que no todo era lo que parecía, que la traición siempre estaba en la otra esquina.
Pero Louis era tan despreocupado y tranquilo en ese sentido, le transmitía una calma y una frescura inocente que lo atrapaba. Inocente del afuera, inocente de los peligros, inocente de la vida.
Así estuvo toda la mañana, cruzando miradas con Louis y poniendo sus ojos en blanco cuando lo hacía reír resaltando sus hoyuelos.
Realmente estaba de buen humor, y ese fue el indicio que lo llevó a determinar su predisposición para con Louis, o al menos intentarlo.
Sí, le gustaba, definitivamente le gustaba Louis.
...
La noche del miércoles llovió a cantaros, y todo lo que hicieron fue taparse con una manta que Louis alcanzó a sacar de la habitación y escondérsela entre la campera y el uniforme. Parecía realmente un gatito acurrucado contra el enorme pecho de Harry, temblaba y el rizado hacia lo posible para que el calor corporal los retemple a ambos, pero sobre todo a Louis.
"Lou, ¿quieres que vaya por mi chaqueta?" Preguntó Harry en un susurro y el menor hundió la cabeza en su cuello.
"No es frío," Contestó con cierta debilidad en la voz y todo el cuerpo de Harry se puso en estado de alerta.
"¿Qué es, entonces, qué ocurre Louis?"
"Vas a reírte pero me dan pánico las tormentas, desde pequeño, empiezo a temblar demasiado y no puedo controlarlo. Solía encerrarme en el último piso de mi casa hasta que pase todo, pero aquí estamos en una casita de menos de dos metros y se puede ver afuera, el piso está comenzando a mojarse, y nadie vendrá por nosotros" Dijo aceleradamente.
Harry suspiró acariciando su espalda, "Lou es sólo agua, tenemos la radio portátil aquí y si algo sucede nos comunicaremos con la central" Comentó envolviendo sus brazos alrededor del pequeño cuerpo de Louis y cubrió a ambos con la manta mientras lo acariciaba, esperando tranquilizarlo.
Louis mordió su labio y lo miró a los ojos por algunos segundos. ¿Realmente había algo que decir? Estaban perdidos en la mirada del otro, respirando agitadamente mientras los vidrios se empañaban producto de la ineludible condensación, ese choque de aire frío del exterior con lo que sea que estaba pasando allí dentro. Sí, calor humano, totalmente normal.
Por su puesto que nadie iba a venir a certificar que estuviesen haciendo su trabajo ni tomarse la molestia de abandonar sus lugares para rescatarlos de la tormenta, o algo por el estilo.
Harry realmente intentaba controlar sus impulsos, tenía toda la boca y la garganta seca, el rose de Louis contra todo su cuerpo le estaba haciendo sentir un infierno. Comenzó a darle pequeños besos en el cuello, mierda, tenía el maldito cuello ardiendo. Juraba que si abría la puerta allí afuera hacían menos de 10 grados pero dentro de ese sucucho había un microclima concentrado, espeso, Harry no podía más consigo mismo pero de ninguna forma iba a aprovecharse de Louis así que se limitó a abrazarlo y darle besos sin ningún tipo de connotación, (tenía que repetirlo en su cabeza varias veces: ningún tipo de connotación) hasta que se quedó dormido.
Y no intentó despertarlo porque le gustaba verlo relajado contra su pecho después de haberlo tenido temblando durante dos horas, de haber intentado cargar con su angustia y transmitirle algo de tranquilidad, no iba a despertarlo en toda la noche si era necesario.
Y así lo fue.
El jueves a la mañana la lluvia había cesado, Harry miró hacia abajo y Louis seguía acurrucado contra su pecho, a la mitad de la noche había decidido cargárselo por completo encima porque estaba apoyado en la silla y seguramente muy incómodo, debió haberse dado cuenta antes, pensó. Así que ahora estaba arriba suyo hecho un ovillo mientras Harry lo abrazaba y le daba besitos para tranquilizarlo. Había dormido como nunca en su vida, como nunca en una tormenta. ¿Oh, había llovido? No pudo notarlo, estaba muy ocupado en los brazos de Harry, y honestamente se sentía protegido.
"Buen día," Dijo el mayor cuando notó que Louis estaba insatisfactoriamente haciéndose el dormido, pero sólo hizo una mueca, como si estuviera luchando para contener la risa. Harry sonrió suficiente, y comenzó a hacerle cosquillas en la panza. Louis se alborotó y un chirrido seguido de carcajadas acaparó toda la garita "Ya, ya estaba despierto, ganaste." Pidió entre risas y Harry frenó cuando Louis se sentó. Hizo un puchero, se sintió vacío cuando Louis abandonó su pecho, sencillamente quería tenerlo ahí para siempre.
El menor lo miró un poco apenado "Siento haberme dormido y haberte dejado solo, puedes dormir la próxima noche."
Harry negó la cabeza rápidamente "Estoy bien, no te preocupes. Eres adorable cuando duermes"
Wow, era muy temprano, las mejillas de Louis se tornaron rojizas en un segundo.
"¡Harry cállate!" Chilló dándole un manotazo en el pecho. Manotazo que el mayor aprovechó para traer de nuevo a Louis contra sí y juntar sus labios en un corto beso, pero que había estado queriendo darle toda la noche. Louis envolvió los brazos alrededor de su cuello y volvió a sentarse en su regazo, correspondiendo el beso.
"Parece que alguien se despertó de buen humor" Sonrió contra sus labios y Harry rió.
"De hecho no dormí pero sí, para haber estado sentado en una silla 5 horas viéndote dormir, amanecí de muy buen humor"
"Ey, dije que lo siento" dijo Louis haciendo un insatisfactorio mohín, pero que Harry encontró completamente adorable.
"Y yo dije que me gusta."
Louis volvió a sonreír, robándole otro beso, "Tenemos que ir a la oficina" Otro beso, "Y desayunar" Otro.
Harry asintió desperezándose ligeramente. "De acuerdo, supongo que te veré en el coche," comentó y el menor finalmente se puso de pie.
"Te veo en media hora." Dijo Louis y luego caminó hacia el comedor principal para tomar un rápido desayuno, no les correspondía hacer actividad física luego de desayunar porque después de una guardia nocturna el cuerpo simplemente no aguantaba. Así que lavó sus dientes y esperó que Louis terminara de servirles el desayuno a los oficiales.
...
A pesar de haber estado la mayor parte del día viéndose en la oficina, Louis había estado recorriendo la ciudad y entregando paquetes en nombre del furriel de aquí para allí, llevando a la hija de su jefe al colegio y a su esposa al salón con las mujeres, pasando a buscarlas más tarde, más paquetes que entregar y solicitudes para despachar y no tuvo nada de tiempo para poder sentarse a hablar con Harry. Eso lo traía de pésimo humor porque de alguna forma confiaba en él como no confiaba en ninguno de sus amigos, no tenía que estar a la defensiva con él, ni buscar impresionarlo con sus cosas porque Harry no era ese tipo de gente que Louis estaba acostumbrado a conocer.
Cuando el rizado salió de la oficina lo esperaba un sonriente Louis "Tendremos que tomar el colectivo o caminar un par de horas hasta llegar al predio porque el jefe necesitaba el coche,"
Harry lo miró divertido "¿Y qué te hace pensar que quiero caminar contigo?"
"Tal vez que hayas descartado la opción de tomar el colectivo o que ya estés caminando conmigo," Dijo el menor con una sonrisa burlona y Harry rió "Ni siquiera conoces el camino y no podemos ir por la ruta, es peligroso"
"Pero tú si lo conoces Harry, quiero caminar contigo, es todo" Hizo un puchero mientras lo arrastraba del brazo.
"Iremos por el bosque donde nadie nos verá pasar así puedo coger tu mano y besar tu boca" Susurró el rizado en voz muy baja mientras pasaban el camino de pastizales altos y se adentraban en otro lleno de árboles y plantas tomados de la mano. De un momento a otro, y ni bien habían entrado en el primer grupo de árboles, Harry tomó por la cintura a Louis besándolo con desespero y humedad. Louis cerró sus ojos y correspondió el beso abrazándose al cuerpo del mayor.
¿A caso Harry no se daba cuenta el efecto que tenía en Louis? ¿A caso Louis no se daba cuenta que le estaban sobrando los días que tenía para enamorar a Harry?
"Ya no tienes que seguir intentando, ganaste Louis" Comentó Harry mordiéndole el labio inferior y el menor iba a derretirse aunque hicieran como 6 grados.
"Igual no iba a quejarme si seguías intentándolo, sólo quería hacerte saber que habías ganado bebé."
Louis traía un color rojo bochornoso brotando en toda su cara como un sarpullido "Cállate y bésame Harry" Se quejó y el mayor no pudo evitar reír.
"Eso sonó demasiado pretencioso y mandón, si me preguntas"
Esta vez Louis hizo un puchero
"¿No me besará—"
No pudo terminar la frase que tenía unos labios encima de los suyos
"¿Quién debe callarse ahora?" Lo acercó contra sí dándole una palmada en el culo, Louis dejándose agarrar y colgándose del cuello de Harry, lo miró a los ojos. Dio medio paso atrás chocando contra el tronco de un roble que le sostuvo la espalda. En frente, a milímetros, tenía a Harry besándolo con desespero y la distancia era cada vez menor. Cuando había quedado atrapado entre el árbol y el rizado se sintió verdaderamente acalorado y algo en la entrepierna le hacía presión. Harry lo pudo notar claramente porque sus cuerpos estaban pegados, y aunque no pudo verlo, supo que Louis estaba avergonzado y nervioso. Le dio un corto beso en los labios.
"¿Necesitas ayuda, bebé?" Preguntó Harry, divertido por la situación haciendo que Louis termine de enrojecer por completo "Íbamos a llegar tarde de todas formas" Dijo metiéndole la mano dentro de su pantalón y tocándolo por la tela de su ropa interior.
Louis cerró los ojos totalmente hipnotizado por las manos de Harry cuando quitó la tela que lo separaba de su contacto directo y lo tocó piel a piel. El menor solo podía quedarse estático intentando respirar.
"Voy a chupártela" Anunció Harry besándole el cuello nuevamente y Louis estaba demasiado perdido disfrutando todo movimiento del mayor como para omitir palabra alguna, así que sólo asintió con la cabeza.
Harry se arrodilló ante él, desabrochó su pantalón y al bajarle la ropa interior liberó la erección de Louis. Abalanzándose sobre ella en cuanto la tuvo fuera, comenzó a lamerla con sutileza.
Louis largó un gemido suave que Harry atendió poniendo un dedo en la boca del menor. Éste chupó el dedo descaradamente y Harry levantó la vista con lujuria quitando el dedo de la boca de Louis "Dejaremos eso para más tarde," Dijo guiñándole el ojo y volvió al asunto en el que estaba, o sea el miembro de Louis en su boca.
Volvió a succionar con excitación, disfrutando el desespero del menor que no paraba de gemir y de moverse, por lo que Harry parecía ser el completo dueño de la situación. Al menos hasta que Louis cobró un poco de cordura y lo tomó por el pelo mientras movía la pelvis sacando y metiendo el miembro en la boca del mayor, con sumo cuidado.
Harry lo hizo parar un momento y lo miró a los ojos "No tengas cuidado Louis, puedes... meterla entera en mi boca..." Dijo un tanto sonrojado.
Eso le debió excitar mucho al menor porque empezó a agarrarlo fuerte del cabello y a follarle la boca, ojos cerrados y labios presionados evitando ser muy ruidoso. Harry no tardó en sentir un líquido caliente recorrer su garganta mientras Louis balbuceaba y gemía incoherencias. Se vino enteramente en su boca y Harry se encargó de limpiar con su lengua y muy a gusto, todos los posibles restos de semen que habían quedado.
"Oh, eso fue fantástico," Suspiró el menor intentando recomponerse, había quedado totalmente afectado y sólo quería estar en el bosque durante horas con Harry. Menos mal que hacían guardia juntos y no iba a perderse la oportunidad de repetir lo del bosque.
Harry sonrió mientras limpiaba su boca y se acomodaba "me alegra que te haya gustado." Respondió volviendo a tomar su mano y besándolo "Ahora si vámonos antes que nos multen" Le dio un beso más y comenzó a correr mientras ideaban un plan para los oficiales que iban a recibirlos, una hora más tarde.
Cuando llegaron al lugar efectivamente había guardias esperando por ellos y habían montado un escandaloso operativo en busca de ambos. Louis dio un paso al frente y habló "Oficial, siento la tardanza, el furriel necesitaba el coche por lo que tuvimos que venir caminando hasta aquí, el colectivo no pasaba y luego nos perdimos atravesando el bosque."
El oficial junto con su grupo comenzó a reír "Tráiganme a los compañeros del ricachón." Dijo en tono sobrador mientras el séquito de Louis caminaba con la cabeza gacha desviándole la mirada "Tú, el de la voz chillona, tienes una marca en el cuello," Dijo uno de los suboficiales y si el tono rojizo en las mejillas de Louis no lo hubiesen delatado, probablemente podría haber pensado una mejor excusa.
"No se anticipe con ningún pretexto, conscripto. Sus compañeros nos contaron que ustedes dos son maricones y nos hicieron perder el tiempo buscándolos cuando probablemente estaban fornicando desagradablemente por ahí" comentó sin ningún cuidado el suboficial "Queda desafectado del casino por desobediencia y falta de moral. Y usted, una semana más de guardia. Sólo" Señaló a Harry para la última parte "De más está decir que toman sus colchonetas y se van afuera hasta que cambien el comportamiento, no dormirán en el galpón común." Siguió hablando el suboficial mientras Louis miraba incrédulo a su grupo, lo habían traicionado con algo demasiado delicado.
Harry evadía la vista de Louis a toda costa, sabía que lo buscaba con la mirada, lo sentía. Sin embargo el rizado no se volteaba a verlo y quería llorar.
Por supuesto que Louis le había contado a sus amigos sobre cómo estaba jugando con los sentimientos del maricón del grupo, si a Louis jamás iba a faltarle nada, si Louis podía arreglar todo el fin de semana en casa de sus padres, Louis tenía familia y amigos y una vida armada. Harry no tenía nada.
Pero no iba a llorar, por supuesto que no iba a llorar. Estaba totalmente acostumbrado a que le pasen estas cosas, sabía que no tenía que confiar, sin embargo lo hacía ¿por qué? ¿Acaso disfrutaba ser traicionado?
Ni bien el oficial terminó la charla Louis huyó con sus compañeros, no quería levantar más sospechas y tenía que pensar que decirles, a ellos, a su familia. Algún plan.
Harry quedó estático por algunos segundos y el suboficial lo tironeo del brazo "Ahora, al baño y me esperas ahí de rodillas si no quieres terminar en la calle." Escuchó entre risas y sintió todos los pelos de su piel erizarse, no le quedaba otra opción.
...
Hacía una puta semana que Harry evitaba a Louis. Una semana de mierda, siete días en los que solamente lo cruzó dos veces en el comedor. Harry no hablaba con nadie, Harry no estaba yendo a la oficina, todo lo que hacía era cumplir guardias nocturnas y tocar la armónica cuando podía. Louis pensaba que Harry estaba siendo un hipócrita, poco sabía que lo más bajo que él mismo podía caer era perder los privilegios de su posición. Harry no corría con esa misma suerte, y esta semana había sido el infierno mismo para él. Los oficiales tenían bien en claro como divertirse con Harry, lo hacían meterse con ellos en los baños para satisfacerlos, lo tenían de acá para allá barriendo y limpiando lo que todo el mundo ensuciaba y hasta a veces ensuciaban a propósito solo para verlo en el piso fregando.
A Louis sólo un par de veces lo hicieron tirarse al piso en el medio del comedor y hacer cincuenta flexiones o al despertarse cuando tenían que vestirse y tardaba algunos segundos de más, le pegaban y lo hacían correr por todo el predio unas tres veces. Pero no mucho, todavía tenía algo de poder y por sobre todas las cosas, tenía bajo amenaza a su grupito, que ya ni siquiera era su grupito. Les había dicho que solo estaba jugando con el maricón y que todo era parte del plan para molestarlo; de repente no se animaba a confesarles la verdad, no ahora que sabía que no podía confiar en ellos y que Harry lo odiaba.
Ese fin de semana, cuando Louis volvió a la estancia con su familia, todo lo que hizo fue llorar a escondidas y sentirse una pésima persona porque verdaderamente extrañaba a Harry más de lo que pensaba y no podía hacer nada al respecto, se encontraba entre la espada y la piedra. No tenía otra salida que intentar buscarlo y decirle que él no había tenido nada que ver, que las cosas no eran como él creía. Más importante, tenía que asegurarse que Harry estuviera bien porque tenía la certeza de que no lo estaba, no aparecía por ningún lado, ni siquiera en su trabajo, y no podía preguntarle al furriel que había sucedido porque tenía la sospecha de que podía ser su culpa y podrían también echarlo a él, hacer que su familia se entere, en fin, generar todo un escándalo que podía evitarse. El tema era cómo evitarlo.
Harry había vuelto a ser el que era algunas semanas atrás, el chico raro, sólo que esta vez más juzgado y más demacrado, con los ojos más tristes y de vuelta sin ningún rastro de sus rizos color chocolate. Pasaba días sin pronunciar alguna palabra, se había vuelto más frio y aislado y sobre todo tenía miedo porque estaba totalmente desprotegido y solo.
Y extrañaba a Louis, por más defraudado que se sintiera, extrañaba a Louis. Porque lo había hecho sentir, y hacía años Harry se había prometido no volver a sentir por nadie y había algo que todavía no podía sacarse de la cabeza, por supuesto que le dolía extrañarlo. Pero más le dolía saber que sólo era cosa de una vez y que todo volvía a la normalidad, él era el maricón al que todos molestaban y Louis se salía con la suya. El mismo Louis que le había mostrado el lado dulce de sus facetas para ser querido, el lado que sorpresivamente más le había gustado de sí mismo y que destruyó en pocos días.
Se había tomado una semana en la oficina luego de hablar con el furriel y suplicarle que no se sentía bien, fingió en la enfermería algunos síntomas, no fue tan difícil como pensó, pero el furriel se había enterado de lo ocurrido y por el momento no tenía otra opción para encarar la situación así que accedió a concederle una semana de licencia a Harry. Sin embargo, era lunes de nuevo y tenía que aparecer ahí, tenía que juntar valor para hacer como si nada pasaba porque en el peor de los casos se cruzaría a Louis un par de veces, en realidad sabía que si Louis quería, podía irse en el coche todo su turno y evitar al rizado, pero no estaba seguro de que esas fueran sus intenciones. Y tampoco estaba tan seguro de no querer cruzárselo porque moría por ser el motivo de su sonrisa, moría por besarlo, de verdad lo hacía. No podía seguir reprimiendo todo eso.
Suspiró antes de entrar al lugar y saludar a los oficinistas que ya conocía. Para su sorpresa, no había rastros de Louis en el lugar, ni su campera en el respaldo de la silla en la que solía sentarse, ni el saco del traje que exigía el furriel, al contrario. Las llaves estaban colgadas junto a la recepción, como esperando que alguien las tome para comenzar las tareas del día. ¿Era posible que Louis hubiese dejado de trabajar? ¿Podría ser que lo hubiesen destituido también de la oficina y Harry siguiera ahí con el único objetivo de separarlos? ¿Le pasaba algo que no estaba yendo?
Se estaba preocupando demasiado por Louis, necesitaba asegurarse que estuviese bien.
Mientras caminaba hacia donde la recepcionista para intentar sacarle algo de información escuchó una voz familiar saludando a los presentes y sin darse cuenta dejó salir un respiro de alivio que todos miraron extrañados.
Era Louis entrando al despacho.
Cuando Louis vio a Harry toda esa nueva coraza que se había armado para estar a la defensiva se despedazó. Pero no pudo hacer demasiado más que tenderle la mano.
"Buenos días." Dijo Louis con suavidad.
Harry lo miró a los ojos por primera vez en nueve putos días "Buenos días Louis."
Y eso fue todo lo que pudieron intercambiar en el día.
Está bien, eso era lo que Harry quería ¿no era así? Asegurarse de que Louis estaba bien. Y estaba bien, eso era todo.
Cuando terminó su turno y Harry caminó hacia la parada del colectivo para volver al predio del servicio militar, el ruido de una bocina lo hizo voltearse.
"Sube." Habló Louis, casi implorando la atención de Harry que vaciló algunos segundos antes de caminar al coche, mirando para todos lados.
"¿Qué quieres?" Preguntó cruzándose de brazos.
Louis suspiró "Que no me odies. No entiendo tu enojo, todo estaba bien entre nosotros Harry."
"Les dijiste que nos habíamos besado, ¿no te parece suficiente humillación?"
"Les dije que me gustabas y los obligaron a confesar o se terminaban nuestros privilegios. Luego les dije que estaba usándote porque estaba demasiado jodido como para que me sigan jodiendo" Intentó ser claro pero le estaba costando demasiado.
"No quiero que tengas que mentir. Ya olvida lo que pasó, ni siquiera interesa." Dijo el rizado mirando para otro lado.
"¿Qué no interesa? Harry, ¿acaso me estas pidiendo que me olvide cuando estuve toda la maldita semana intentando buscarte? ¿Tienes idea lo difícil que suena eso para mí?"
Harry suspiró, no sabía realmente que responderle. Por supuesto que no quería que Louis lo olvide, es lo último que le gustaría que suceda.
"Honestamente se me hace imposible no pensar en ti. Dime que mierda hacer porque estoy volviéndome loco" Habló exasperado intentando que Harry le diga algo. Lo que sea.
"Yo... no lo sé Louis" Balbuceó como pudo, estaba por ¿llorar? Se sentía incomprendido, vulnerable, enfermo.
"De acuerdo no lo sabes" Suspiró Louis poniendo el coche en marcha "No voy a presionarte. Sólo quiero que sepas que lo siento por eso, son imbéciles Harry, lo sabes y supongo que yo también pero jamás te lastimaría, de verdad te quiero. S-sólo súbete al maldito coche, está helando allí afuera y no permitiré que vuelvas solo"
Harry cedió sin resistirse demasiado. Principalmente porque estaba débil y cansado, y sin más cerró la puerta y se abrochó el cinturón.
Pasaron menos de dos minutos en silencio desde que Louis había comenzado a manejar y Harry se encontraba de repente llorando. Louis frunció el ceño aparcando el coche lo más rápido que pudo "¿Qué sucede?" Preguntó un tanto consternado y desorientado por completo. No le interesaba si volvían a llegar tarde, necesitaba ayudar a Harry.
El rizado quiso hablar y el nudo en su garganta fue más grande, estaba demasiado débil "Yo también te quiero de verdad Louis," Dijo removiendo algunas lágrimas de sus ojos mientras Louis se acercaba con extremo cuidado, como si fuera a romperlo con el tacto. Limpió sus mejillas y se quitó el cinturón de seguridad para poder cargarlo contra sí. Verlo llorar realmente le hacía demasiado mal. Harry quiso llorar más fuerte pero estar en los brazos de Louis era la sensación más cálida que había experimentado desde que, bueno, desde que había estado con Louis. Lo miró a los ojos y le dio un beso tímido y corto en los labios. Louis soltó toda la tensión del cuerpo y sonrió por primera vez en algunos días, abrazándolo aún más contra su cuerpo y besándolo de nuevo.
"Tal vez suene estúpido pero... uh ¿quieres tal vez ser ya sabes, mi... novio?" Preguntó el menor acariciándole el pelo y arrepintiéndose al instante. Había dicho segundos atrás que no iba a presionarlo y sin embargo se estaba dejando llevar por sus impulsos. Louis era demasiado impulsivo, no aprendía a controlarlo y Harry era todo lo contrario. Negó con su cabeza un par de veces hasta que Harry lo frenó besándolo con pasión.
"Por supuesto que sí, sí." Asintió Harry rápidamente y sus ojos tenían otro brillo. El brillo que Louis conoció cuando se besaron por primera vez en la garita de guardia.
Louis lo miró atónito "¿De verdad?" Rió "No te preocupes, estoy dispuesto a ocultar lo que sea necesario para que no te lastime nadie Haz, ni ellos ni nadie. Será nuestro secreto" Dijo incrédulamente mientras lo besaba. Estaba en una nube, no le importaba absolutamente nada de lo que pasara alrededor, solo el aquí y el ahora que se resumía en él y Harry.
Tal vez todo sucedía tan rápido porque sus vidas también lo hacían, porque eran jóvenes y estaban entrenando para una posible pronta guerra en la que no sabrían si iban a sobrevivir. Tal vez se trataba de no pretender que ninguno de los dos quisiera estar con el otro y simplemente, sencillamente, dejarse querer. Dejando de lado un título, porque los jóvenes no quieren títulos. Pero usándolo de todas formas, porque los jóvenes resisten al poder que les dice que algo está mal. No por rebeldía, no por estar pasando por una fase de la vida, sino por el afán de querer ser y querer sentir sin escrúpulos y que luego de adultos parecen olvidar y entregarse a llevar una vida aplacada, sin tomar riesgos, sin resistir, sin animarse.
Cuando Harry volvió a su asiento la sonrisa se le desdibujó y la angustia volvió. Se prometió hablar antes que Louis le preguntara algo porque el menor probablemente ya lo había percibido. Quería confiar, realmente quería confiar en Louis y estaba dispuesto a hacerlo "Promete que no dirás nada,"
"Nada amor, ¿puedo llamarte así verdad?" Preguntó con las mejillas coloradas.
Entonces Harry decidió desahogarse y comenzó a narrar el calvario por el que estaba pasando desde que los habían encontrado juntos.
Se lo contaba porque se sentía sucio, porque necesitaba que Louis lo escuche, porque sabía los peligros a los que se exponía, contándole y aceptando ser su novio. Pero también sabía que lo necesitaba a su lado más que nada, y que más bajo no podrían caer si estaban juntos.
Louis llegó al lugar hecho una llamarada pero no podía ser tan poco inteligente de increpar a los oficiales por los que Harry era maltratado, después de todo ¿Qué poder tenia realmente sobre ellos si quería defender a su novio? Así es, ninguno. Así que solo se iba preocupar por Harry y concentrarse en asegurarse que no tenga que pasar nunca más por esas atrocidades.
Ya no le importaba sacrificar los pocos que le quedaban por él.
...
"Esta noche vamos a tener una cita," Sonrió Louis entusiasmado mientras apoyaba un trozo de pan en la bandeja de cena de Harry. Ahora cumplía turnos también en ese sector ya que lo habían sacado del casino.
Harry rió un poco. "Te veo en el baño cuando termines de servir," Dijo en voz muy baja, porque incluso si algunos sospechaban desde algunos dos meses que Louis y Harry estaban juntos y no decían nada, no podían descuidarse demasiado.
Quince minutos más tarde Louis se quitó el ambo y caminó al baño para asearse, el olor de la cocina no era para nada agradable.
Harry había terminado su cena antes y estaba en la zona de las duchas, en la que sabía que Louis tomaba la suya luego de terminar su turno en la cocina. Había oficiales en los pasillos, así que tenían que ser bastante cautelosos.
"El tanque elevado a las once" Susurró Louis "Espero que no te de miedo la altura. Me baño y te busco en la base. No te preocupes por la guardia, confía en mí. Ve, el oficial te está vigilando." Dijo luego de darle un beso en la mejilla y meterse en las duchas.
Harry sonrió y también se metió en otra de las duchas tomándose algunos segundos más para lavar su cabello por el cual otra vez comenzaban a asomarse algunos rulos.
Algunos minutos después pasó por el comedor para chequear la hora en el gran reloj y efectivamente, faltaban diez minutos para las once de la noche, horario en el cuál empezaba su guardia. Pero Louis le había dicho que no se preocupe por eso, así que en vez de caminar a la garita, caminó hacia el tanque, o como lo conocían también, la torre de agua. Esta gran torre de cemento impasible levantada a veintidós metros de altura, coronada por un nivel de madera y sostenida por cuatro largas partas de acero cuál insecto futurístico y dos escaleras de consistencia dudosa a cada lado. Un contenedor cuyo propósito era guardar grandes cantidades de agua que eran suministradas para toda la concentración. En épocas de guerra, también había guardias arriba y se utilizaba para alertar de posibles ataques a la central del predio. Ahora era solo un punto de referencia y cumplía la función de albergar las grandes cantidades de agua.
Harry sintió el fruto de un árbol caer desde arriba y levantó la vista, encontrándose con la sombra de Louis contra el tanque. Rió por lo bajo y comenzó a subir la angosta escalera, repitiéndose a sí mismo que no debía mirar hacia abajo o iba a caer.
No llegó a alcanzar a la cima que Louis lo empujó contra su cuerpo y lo besó "Mierda, tardaste demasiado. Te extrañe Haz," Susurró entre besos y el rizado sonrió "También te extrañe Lou, que... ¿romántico?" Largó una carcajada y pasó sus manos por la cintura del menor.
Louis hizo un mohín "Al menos aquí nadie puede vernos."
"Lo sé amor, sólo bromeaba" Besó su mejilla "Me gusta aquí arriba," comentó mientras Louis tendía la manta. No era la primera vez que el mayor estaba allí arriba. Era un extraño privilegio del cual lo dejaban gozar, dependiendo el oficial de turno. A Harry le gustaba subirse hasta la plataforma en la madrugada y observar las luces, la ciudad, los carteles luminosos. Soñar con una vida que tal vez nunca tendría, pero en la que sería feliz y escritor sin dudas, e incluso, si se ponía generoso con su imaginario, también esa vida de fantasía lo encontraba en el camino de la de Louis. De día, cuando hacía calor, también subía y se echaba a dormir la siesta en la sombra que generaba una copa de un alerce añejo de unos treinta metros. En estas ocasiones la historia que recreaba en su mente era inhumana. En la que era un pájaro y era libre y podía escapar, en la que sólo la naturaleza habitaba y era tan sabia que no dejaba al humano entrar en su planeta. En la que la flora y la fauna se adueñaban de ese mundo ideal. Harry pensaba que si Louis fuera parte de ese imaginario sería el Sol, brillante e inalcanzable. Harry sería un pájaro mortal inspirado en Ícaro, intentando, aunque no pudiese, llegar hacia un Louis que ardía con tanto calor que no se podía acercar sin derretirse, pero que cuanto más se atrevía cerca suyo, más se encendía, porque en este universo ficticio Louis lo irradiaba de calidez y le contagiaba su luz en lugar de lastimarlo con su fuego. Eso sí, aunque no lo lastimara, era inalcanzable, porque si en ese mundo Harry era libre, se desencontraría con su amor. Nunca tendría ambas cosas. Realmente era un dramático.
"Traje algunas cosas aquí adentro, ya sabes para nuestra cita," Sonrió el menor y sacó dos cigarros y un fósforo, dos manzanas de la cena y un tarrito de vaselina "uhm lo saqué de un pedido del furriel." Dijo despacio y Harry no pudo evitar sonreír mientras su novio se sonrojaba por completo "Eres hermoso Lou, ven aquí."
Acomodó la manta y ambos se tumbaron abrazados "Entonces, ¿cómo hiciste para que no lo notaran?" Preguntó Harry jugando con los nudillos de su Sol.
"Bueno, resulta que conozco a uno de los guardias, al que le traigo tabaco los lunes. Y le dije que yo hacía la guardia esta noche, de lo cual obviamente no tiene registro, y le pedí que me cubra. Y acomodé algunas almohadas en mi cama ya sabes, nadie lo notará" Sonrió besando sus labios "No tienes idea cuanto quería estar a solas contigo Haz," Susurró el menor hundiendo la cabeza en el cuello del mayor
El pájaro no podía sentirse más regocijado por la luz y el calor de su Sol. "También yo, de verdad necesitaba abrazarte sin tener que soltarte tan pronto. ¿Crees que seremos más libres cuando todo termine?"
Louis frunció el ceño "No lo sé, yo... mis padres no tienen idea, no sé cómo lo tomen. Pero no interesa mientras estemos juntos."
Harry se sentía orgulloso de tener a Louis a su lado. "Mira" señaló el cielo estrellado que los cubría "Eso si es romántico Lou." Sonrió y Louis largó una carcajada "Eso es cursi Harry. Pero lindo ajá" Admitió en un susurro mirándolo a los ojos y acarició su mejilla.
Tenían la capacidad de tomar cualquier momento a solas para crear un micro espacio en el que sólo cabían ellos dos, y todo lo que estaba alrededor flotaba acompañando. Aprendían a jugar las cartas del amor cada vez que estaban juntos, reinventaban y volvían a crear todo el tiempo, encendían el sentimiento cada vez que estaban solos y llenando el aire de chispas.
Porque Louis sería el Sol, y porque si Harry fuera un ave, muy probablemente sería el ave Fénix, muriendo consumida por el mismísimo Sol, una analogía un tanto contradictoria a las creadas anteriormente porque nunca lo alcanzaba realmente, pero de esto se trataba, de crear sobre lo creado. Y creando sobre lo creado, reescribiendo sobre lo escrito, en una de esas ocasiones Harry se entrega por completo y se deja arder y ser consumido por Louis. Para renacer, para transformarse en una mejor versión de las cenizas y surcar en el cielo astral. Para ser una estrella que acompaña a la Luna. Porque Louis es el Sol, y despacio también, puede ser la Luna.
