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Prólogo.
El viento le revuelve el cabello, provocando que se lo arreglase a cada rato tratando a duras penas de volver al peinado con el que salió de casa. Es molesto, además de que el cielo muestra un sol enorme y sonriente, casi como si se burlarla de ellos. No hace calor, pero los rayos tomaron como un punto de ataque a su pesado traje, y él ya está sudando.
Jimin desearía estar masticando algo en estos momentos, al menos para estar ocupado en algo mientras hace silencio. Es frustrante. Nadie le aviso como debería haber llegado, y francamente no es como las películas.
No hay una marcha fúnebre, familiares vestidos de negro o una llovía torrencial. No hay ni un cura dando la bendición, sólo un viejo tío dando sus condolencias dentro de su traje de obrero y un guante colgando de su bolsillo trasero, "quizás porque le avisaron sobre la muerte de su sobrino en su trabajo, o porque fue muy flojo para cambiar de atuendo" piensa Jimin, con cierto desdén y su mirada aburrida recorriendo a los presentes, sin parar su atención en nadie en particular.
"Doce presentes, velando a un ausente. ¿Ingenioso, no?" Le susurra a Jungkook, pero el chico le da un codazo antes de que pudiera reírse.
"No ahora" alcanza a decir, dándole una mirada de piedra. Pero Jungkook siempre es así, muy serio y maduro cuando hay tensión en el aire. Probablemente por eso su manager se lo contrato como custodio. A Jimin le gustaría que sonriera más seguido, para poder burlarse de las patas de gallo que se le forman al costado de sus ojos, como si tuviera cuarenta y no veinte recién cumplidos.
No se había parado a pensar en lo joven que era. Aunque sea un feto para él, debía a admitir que era uno muy inteligente y fuerte.
No por nada colgaba el revólver a un costado de su cintura, casi como un accesorio del cual sentirse orgulloso.
Pero Jimin no puede seguir distraído con su empleado, ya que el tío dejo de hablar y están moviendo la tumba para por fin lanzar la tierra.
"Hyung, no luzca tan emocionado" le dice Jungkook, cierta vergüenza en su tono de voz. Jimin para de moverse para volver a su aspecto triste, incluso se permite presionar sus ojos en busca de alguna lágrima.
La ceremonia termina luego de la última rosa lanzada, los familiares moviéndose entre las tumbas para irse lo más rápido posible. Hay abrazos para los padres, apretones de hombros seguidos con "era un buen chico".
Jimin se queda contemplando la tumba, esperando por el último en retirarse. Sólo quedan Jungkook y él, el muchacho ya está removiendo su corbata.
"¿Ni un poco de respeto por los muertos?" Lo molesta, y el bufido del otro le saca una sonrisa.
"Estuvimos una hora abajo del sol...además tuve que llevar la tumba" cruza sus brazos, agregando con molestia "porque alguien no quería ensuciarse las manos..."
"No iba a dañar mis uñas. Me las arregle para esta ocasión especial y nadie me las miro"
La sombra de una sonrisa cruza por la cara del más chico, mientras se agacha a la altura de la lápida. "Si te escuchara alguien... te matarían aquí mismo"
"Suerte que estoy contigo para que me defiendas. Hazlo rápido, este traje me está asando" añade, unos pasos acercándose como único sonido.
"Señores, si me permiten necesito..." con un sólo movimiento, Jungkook tiene el brazo del hombre doblado y presionado en su espalda baja, con su otra mano el revólver palpitando en su cabeza.
"Oye, tío. Haznos tú el honor y desentierra la tumba de tu sobrino." El hombre suelta un gemido ahogado, tomando sus guantes con temblor, mientras Jungkook continúa presionando el chumbo en su cráneo.
No dice nada, tragándose sus lágrimas. Jimin nota detrás de sus lentes de sol que más que escandalizado u ofendido por el pedido, esta cagado hasta las patas por su vida. Hace el labor de desentierro rápido, dando con el cajón en menos de dos minutos.
"Buen chico. Ábrelo"
El tío lo hace.
Jungkook presiona su ceño en una línea recta, incrédulo. Jimin no puede más que suspirar.
Adentro, no hay mucho más que una cobra muerta de cinco metros. Negra con manchas marrones.
"A Tae tanto que usa Gucci...ve una de estas y se mea encima" Jungkook encuentra divertido el descubrimiento, más todavía la cara de poker del hombre que creía velar a su sobrino.
"No entiendo... ¿dónde está el cuerpo...?"
"Su sobrino no está muerto, señor" guardando el arma, Jimin ya está dando unos pasos lejos, en busca del auto.
"No por ahora “susurra para sí mismo, colocando un cigarro en sus labios y prendiendo la mecha. Si tiene que decir algo, le da un poco de pena por el hombre. No lo conocía, pero tal vez fuera un familiar de verdad. Alguno de los hermanastros de su papá, no del actor que estaba en el funeral. Hay un sabor amargo recorriendo su garganta, sintiéndose un poco extraño después de verlo.
Afuera, tiene que pasar por un mar de personas, en su mayoría mujeres, llorando a moco tendido. Hay velas prendidas y su voz en los parlantes, canciones que cantaba hacía menos de cinco años.
Había muerto tan joven.
Jungkook lo alcanzó cuando pudieron cruzar las casi tres cuadras de personas, ambos con la respiración agitada golpeando en sus cubre bocas.
Para cuando le abre la puerta del auto, mira por última vez atrás.
Y se retira del funeral del joven actor y cantante, Park Jimin.
Muerto en un accidente automovilístico, cinco días después de confirmado su divorcio con el ex presidente de Corea, Min Yoongi.
