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Red strings (Johnlock)

Summary:

Si tuviera que decirte una cosa sobre el amor, supongo que estaría perdido.
Pero si tuviera que hablarte sobre él, y sobre la forma en la que mis ojos le siguen cuando lo tienen cerca... Sólo te pediría que tuvieras cuidado. Uno sólo aprende a distinguir el infierno cuando lo encuentra.

Chapter Text

La semana pasada decidí que era una estupidez el entorno de mi historia. 

Entorno, significando el apestoso departamento que me rentaba el señor que vendía comida japonesa en el puesto que se encontraba justo debajo del que había sido mi cuarto desde que comencé la residencia en el Hospital General. No tenía nada contra el restaurante, (lo amaba y todo lo que tuviera en su menú cualquier noche después de regresar del trabajo). Era más una cuestión de principios, y había llegado a esa parte del escrito de mi vida dónde el héroe tiene que elegir si es momento de avanzar a la siguiente aventura. 

Así que me mudé a la siguiente cuadra. 

En un complejo de departamentos que no dejaban nada a la imaginación (porque contaban con una especie de ventanas ostentosas que sólo encuentras en los espacios tipo estudio, llenos de luz y de un inconveniente castillo de ladrillos justo en medio de lo que debería ser la sala), encontré una especie de precio barato. Y digo, barato... 

"Está destinado a ser renta compartida. Y es perfecto para los tipos que trabajan en el mismo lugar que tú, porque incluso pueden caminar para llegar y tienen algunos amigos a los que le podría interesar compartir los gastos un poco."

"Claro."

La señora que me hablaba de las ventajas de vivir en Baker Street se detuvo cuando sintió que me estaba incomodando. "Tal vez no eres de los que socializan. Puedo buscarte al compañero por mi cuenta."

Me mordí el interior de la mejilla. "¿No será mucho pedir?"

Esta mañana, James y yo cargamos las cosas a la camioneta de Mike (quién se encontraba en guardia), y las llevamos a mi nuevo hogar. Tras despedirnos de mi casero anterior, y aceptar cómo regalo de despedida un par de paquetes de comida para llevar. Apenas tuvimos tiempo para dejar las cajas apiladas en una esquina antes de salir corriendo al trabajo. 

Estacionamos el Dodge en el lugar habitual de Sally. 

"Quítalo de ahí." Me pidió, metiéndose los dedos en medio de su cabello rubio castaño. 

"Diré que no tuviste que ver nada con el asunto."

Partimos a nuestras tareas sin decirnos una palabra más. 

Al menos hasta el almuerzo.

"¿Vas a venir o no?" Pregunta Mike, revisando la hora en el reloj y de pronto mirándose las manos. Se mantienen rectas, como la prueba final de que será un buen doctor algún día; y con el impacto suficiente para hacerle sonreír cómo si de pronto uno pudiera saber ese tipo de cosas. Al menos, yo no lo sé.

"¡John!"

Me encuentro, junto a los historiales de mis pacientes, recargado en la barra de la recepción. Pero eso se termina cuando James nos encuentra con el semblante asustado y lo único que puedo pensar ahora es que le ha quitado el apéndice al paciente incorrecto. Aunque no se trata de eso, porque él, Mike y yo tenemos una especie de sistema que consiste en preguntar para confirmar que nuestra memoria a corto plazo no nos ha hecho una mala pasada. Pregunto, aún así: "¿Problemas con la apendectomía?"

James tiene la cara pintada de un tono rojizo, cortesía de su nerviosismo. "No. Eso quisiera."

"¿Eso quisieras?" Mike olvida que estaba a punto de estrangularme. Vaya pedazos de doctores. "¿Estás tratando de decirme que ya llegó?"

"¿Quién llegó?"

"No, eso es mañana."

No entiendo de lo que hablan. "No entiendo de lo que hablan."

"El nuevo director. Una especie de eminencia médica, aunque nunca ha publicado nada. Y tampoco tiene premios, ya que estamos en esas."

"Sólo un tonto cree que alguien que tiene premios es el mejor. Melodrama no ganó al disco del año."

"Honestamente, ¿a quién le importa un carajo?"

"¡Mike!"

"¡No entiendo qué pasa!"

"¡Sally te está buscando!"

Mary, una de las enfermeras, intenta callarnos pero James está a punto de deshacerse justo enfrente de la sala de espera.

Entonces lo veo. 

De reojo.

Y me quedo impávido. Viene hacia a nosotros, y no sé por qué siento que si no, yo sería quién hubiera comenzado a caminar en su dirección. Es como un imán potente, de piel de mármol y cabello azabache. Sus ojos me recuerdan a un caleidoscopio, pero en sombras de gris y detalles amarillos que llegan a ser verdes y, ¿por qué estoy pensando en esto?

James suelta un sonido chirriante cuando lo observa tomar una de las fichas médicas antes de irse.

"Es él."