Work Text:
Me acerco a la orilla para remojarme los pies. Hace un calor insufrible, pero meterme en el agua no hace que me sienta mejor. Cada vez tengo más calor, por mucho que me esté bañando en el mar. De repente empiezo a sentir frío. Me invade una sensación de vacío, como si me faltara algo. El vacío se intensifica y me empiezo a desesperar. Por muchas vueltas que le doy no sé qué es lo que me falta.
Me despierto y tardo unos instantes en entender que sólo ha sido un sueño. Cuando me calmo me doy cuenta de que estoy sudada. Me doy la vuelta y busco a Bakugou para apretujarme contra él, pero su lado de la cama está vacío. Me incorporo y busco mi móvil para alumbrar la estancia y asegurarme de que no está. Cuando lo confirmo vuelvo a tocar su lado de la cama y lo siento frío. Debe de hacer un buen rato que se ha levantado.
Entro en un conflicto interior porque quiero ir a buscarlo, pero no sé si querrá compañía o preferirá estar solo. Al final decido levantarme. Si quiere estar solo me lo dirá. Me levanto de la cama y me pongo su camiseta. Cruzo el comedor de su piso y me acerco a la puerta del balcón, donde lo veo sentado contra la pared. Tiene las piernas contra el pecho, rodeándolas con sus brazos y la cabeza entre ellos.
Abro la puerta y me siento a su lado, hombro con hombro. Sólo lleva unos pantalones y me pregunto si no tendrá frío, pero luego me doy cuenta de que la noche en realidad es cálida. Yo aún tiemblo por mi pesadilla. Bakugou no dice nada, pero apoya su cabeza en mi hombro, recargándose un poco en mí. Le beso el pelo mientras lo abrazo por los hombros con un brazo. Él esconde la cara entre mi cuello y mi hombro y le oigo sollozar. Me giro hacia él y lo aprieto bien fuerte entre mis brazos. Se me parte el alma al verlo así. Bakugou me devuelve el abrazo tan fuerte como puede, sin llegar a hacerme daño. Cada vez llora más fuerte. Le acaricio el pelo y le dejo desahogarse todo el tiempo que necesite.
Cuando parece que se va tranquilizando le hablo:
- Sabes que no ha sido culpa tuya. Tú has hecho todo lo que has podido. No puedes salvar a todo el mundo tú solo, Katsuki. Para eso tienes compañeros.
- ¿Y qué clase de héroe se supone que soy si no puedo salvar a todo el mundo? – me contesta, aún contra mi cuello.
- Uno normal. Humano. Como cualquier otro. No eres un dios cariño, no puedes hacerlo todo, y menos tú solo. No podías hacer nada más.
- No lo entiendes. Esas personas a las que no he podido salvar podían haber sido cualquiera. Podías haber sido tú, podían haber sido mis padres, o podían haber sido mis compañeros. Necesito proteger a todos. Para eso me he estado esforzando toda mi vida. Porque eso es lo que significa ser un héroe.
No sé qué contestarle. Entiendo por qué está así, y entiendo que nada de lo que yo le diga le va a consolar. Pero no puedo verlo así. Permanecemos un buen rato más abrazados hasta que se levanta y espera a que yo haga lo mismo para abrir la puerta del balcón y volver a su habitación. Cuando llegamos espera a que me meta en la cama yo primera. Me tumbo bocarriba y Bakugou se recuesta a mi lado. Lo miro y extiendo los brazos. Me hace gracia que después de tanto tiempo le siga dando vergüenza ser cariñoso conmigo. Se vuelve hacia mí y me abraza por la cintura, apoyando su cabeza en mi escote. Vuelve a poner su cara contra mi cuello y yo le acaricio el pelo. Le beso la frente y espero que mis caricias logren tranquilizarlo, porque sé que ya no puedo hacer nada más por él. Cierro los ojos y me concentro en su respiración. No me permito quedarme dormida hasta que me parece que él ya lo ha hecho.
Cuando vuelvo a abrir los ojos ambos seguimos en la misma posición. Tengo ganas de ir al baño pero no se me ocurre ninguna manera de moverme sin que Bakugou se despierte. Para cuando creo que voy a morir debajo de él porque no consigo deshacerme de su abrazo, abre los ojos y se incorpora un poco para mirarme. Le sonrío y le doy los buenos días apartándole el pelo de la frente. Bakugou vuelve a su posición inicial y me abraza con más fuerza que antes.
- Cariño necesito ir al baño.
Me ignora totalmente y frota su mejilla contra mi cuello. Parece un gatito. Algún día debería grabarlo cuando se acaba de despertar. Por mucho que quiera aprovechar el momento del día en el que está más cariñoso mi vejiga amenaza con rendirse.
- Katsuki, por favor.
Al final, después de pensárselo unos segundos, me suelta y se da la vuelta para darme la espalda. Me levanto y corro al baño. Cuando he acabado vuelvo a la habitación y me tiro encima de su espalda para repartirle besitos. Bakugou gruñe pero se deja hacer.
- ¿Tienes hambre?
- No – me contesta con la cara contra la almohada.
- ¿Y si te hago unas tortitas?
- No.
- ¿Y si son de esas que tanto te gustan, caseras y con mucha miel?
- No.
- ¿Y un poco de fruta tampoco te apetece? O podemos salir a desayunar por ahí si quieres. Invito yo.
- Que no seas pesada. No quiero nada.
- No has comido nada desde ayer a mediodía. Como no hagas el favor de levantarte a desayunar vamos a tener un problema.
Bakugou me vuelve a gruñir en respuesta y entiendo que quiere decir que necesita unos minutos más antes de salir de la cama. Le beso la nuca y me dirijo a la cocina para ver qué podemos desayunar.
Lo único que encuentro es algo de pan y mantequilla, así que me pongo a tostarlo. También hago café. Cuando estoy sopesando la idea de bajar a comprar algo para acompañar las tostadas unos brazos me rodean los hombros y una cabeza se apoya en la mía. Sonrío y me giro para darle un beso a Bakugou, que se sonroja. Eso quiere decir que ya está despierto del todo.
- ¿Te apetecen unas tostadas y café? Puedo bajar a comprar algo más si quieres.
- Con eso me vale, no hace falta que salgas.
- Pues pon la mesa que las tostadas ya están.
Desayunamos en silencio, yo observando a mi novio y él mirando a la nada. Le hablo para intentar distraerle, pero él simplemente se limita a asentir de vez en cuando haciendo ver que me escucha. Cuando le pregunto si está mejor que ayer se me queda mirando pero no dice nada. Me levanto de la mesa y me siento a su lado. Le agarro la mano y le repito que no fue culpa suya, que deje de torturarse por algo que no puede remediar. Él no me contesta. Cuando acabamos de desayunar le pregunto que qué le apetece hacer.
- Nada. Quiero meterme en la cama y despertarme dentro de mil años.
- Vale, pues hoy toca maratón de pelis. Escojo yo – le digo ya levantada y encaminándome a por el ordenador.
- Ni de coña. Siempre escoges tú y siempre son una mierda. Hoy me toca a mí.
- El primero que consiga el ordenador gana – le reto riendo, ya a punto de coger el portátil de encima del sofá.
- No vale, te has levantado de la silla primera y sin avisarme – me grita, haciendo explosiones con las manos.
- La próxima vez estate más atento – le saco la lengua.
Tengo el ordenador entre mis brazos, pero para llegar a la puerta de comedor tengo que pasar por el lado de Bakugou, y entonces me lo quitará. Él también se da cuenta porque sonríe y abre los brazos como para taparme el camino. Sopeso mis posibles escapes a toda velocidad pero no encuentro ninguno efectivo. Al final hago una finta: hago ver que voy a salir por el lado derecho del sofá y cuando Bakugou viene hacia mí me doy la vuelta y salgo por el otro. Evidentemente él es mucho más rápido que yo y me acaba atrapando entre sus brazos. Me coge por la cintura y me alza mientras se ríe y grita cosas como “que te jodan, por fin escogeré yo la película y te voy a obligar a ver todas las de asesinatos con mucha sangre” y similares. Por mucho que me retuerza entre sus brazos es imposible que salga de ahí. Me lleva hasta la habitación y me tira en la cama. Me quita el portátil de las manos y se va a enchufarlo a la tele y a poner la película. Tiene una sonrisa de satisfacción en la cara. Me alegro de poder distraerlo un rato.
Al final acaba poniendo una de Quentin Tarantino. Hay que ver lo que le gusta la sangre a este chico. Nos tumbamos en la cama a verlo y Bakugou se sigue riendo de mí por perder. Yo le ignoro y hago como que veo la película. Al cabo de un rato estoy sentada en su regazo y nos estamos besando como si no hubiera un mañana. Tiene las orejas rojas de la vergüenza, pero eso no le impide manosearme ni enredar su lengua con la mía. Le muerdo el labio inferior antes de separarnos. Abrimos los ojos y nos quedamos mirando. Le sonrío pícaramente y le meto la mano por debajo de la camiseta, quitándosela.
Así pasamos lo que queda de mañana, enredados entre las sábanas. Luego nos quedamos dormidos y para cuando nos volvemos a despertar está anocheciendo. Me ofrezco a cocinar algo para cenar y Bakugou accede. Sé que aunque no me lo haya dicho entiende mis intentos por distraerlo y que se sienta menos culpable. Sé que en el fondo sabe que él no podía hacer nada más, pero se siente impotente. Y sé que sabe que lo quiero tanto que haría y daría lo que fuera para que él no tuviera que pasar por esto.
