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Te Diría Que Te Quiero (Si No Fueras Tan Idiota)

Summary:

"...porque si lo que Kirishima quería era recibir flores, le daría el puto ramo más hermoso que hubiera recibido en su puta vida.

Oh, claro que lo haría."

Notes:

Agradecimientos a la asombrosa Dakuraita por ser la beta de este trabajo.

Primer día (atrasado) de la KiriBaku week: Tímido.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Bakugou se detuvo un momento, dando una mirada analítica al conjunto de flores que tenía enfrente, soltando un gruñido de inconformidad para luego desarmar el ramo que había estado armando.

Aquello no era lo que quería transmitir.

Llegado a ese punto, el joven de cabello cenizo ya ni siquiera estaba seguro de cuál era el problema; las flores que estaba usando estaban frescas y bien cuidadas, las tonalidades encajaban, y el orden que estaba dando a cada integrante de la composición se encargaba de formar un buen equilibrio; aquello que debía resaltar llamaba la atención de una forma que se apreciaba como natural y no solo por saltar a la vista como un jodido espectáculo de circo. En pocas palabras, Katsuki había estado haciendo ramos casi perfectos por las últimas cuatro horas, para luego destrozar todo su progreso en un ataque de frustración incomprensible producto de un sentimiento de “esto-no-es-lo-que-jodidamente-siento”.

—¡Mierda!

Bakugou masculló maldiciones en un intento de liberar su furia de una manera que no incluyera incinerar las pobres flores a causa de su quirk y dejó que su cabeza golpeara en contra de su escritorio. Parecía no entender cuál era el problema, excepto, que sí lo sabía, pero se negaba a atenderlo como algo serio, porque eso lo convertiría en algo real más allá que una fijación producto de sus estúpidas hormonas adolescentes o una mutación bizarra de pensamientos generada a base del estrés de los exámenes finales que se acercaban.

Sabía que ese tipo de explicaciones también resultaban patéticas e infundadas, ¡pero demonios!, fingiría demencia y las trataría como verdades universales si eso le ayudaba a no tener que lidiar con sus confusas emociones.

Todo era verdaderamente estúpido. Jodido, absoluto e increíblemente estúpido. ¿Por qué no era capaz de afrontar esta situación como cualquier otra?

Quizás tenía que ver con el hecho de que no podía aplicar su método simplista de “vuélalo en pedazos y reflexiona después”. Ajá, eso debía jugar una parte importante... Eso, y que Bakugou no tenía una puñetera idea de cómo tratar cosas como el afecto, aunque había acabado en esa situación más que nada movido por un tipo particular de rabia: celos, para ser más específico.

Provocados por haber visto a Kirishima, de entre todas las personas, recibiendo un horrible ramo de camelias (DE TODAS LAS JODIDAS FLORES EXISTENTES) por parte del inútil perdedor de Midoriya. Eso no le había sentado nada bien, de hecho, se había sentido increíblemente inclinado a acercarse a ese par, volar en pedazos al maldito nerd y a sus estúpidas flores, y, de paso, también chamuscar un poco a Kirishima para borrar el puñetero sonrojo y estúpida (hermosa) sonrisa que tenía en la cara. Sin embargo, no era imbécil, y sabía que no podía ponerse a descargar toda su furia contra Deku (por más que eso quisiera), ya varias veces se le había recalcado que debía aprender a controlar su temperamento (por más que eso le fastidiara), y, parte de conseguir mejorar ese aspecto incluía no utilizar su quirk con cada persona que le sacaba de sus casillas. Aunque eso no hacía nada por apaciguar su furia, ni de coña… Al final prefirió alejarse del sitio donde se estaba llevando a cabo la horrorosa escena, a sabiendas de que seguir observando solo le pondría peor, soltando maldiciones por lo bajo y sin tratar de contener las pequeñas explosiones que se estaban originando en las palmas de sus manos, alcanzó la entrada de su casa con un humor de perros.

Para su suerte, ninguno de sus progenitores estaba en la vivienda para ver su llegada, eso le ahorraba un poco de autocontrol al no tener que dar explicaciones sobre por qué estaba más cabreado de lo usual. Botó su mochila cerca de la entrada y se dirigió al pequeño cuarto que se había asignado para sus objetos de jardinería algunos años atrás, cuando su pasatiempo como florista había adquirido un verdadero peso, y gusto, en su vida más allá de ser: “La basura que mis padres me forzaron a hacer para que no acabará volando la casa en pedazos, producto de mi poca habilidad para controlar mi quirk”.

Una vez dentro del sitio, tomó unos guantes, las tijeras para cortar flores y un sombrero, porque el sol durante aquella época era una completa perra y a él no le apetecía tener que entrecerrar los ojos como si fuera un jodido chihuahua para poder alcanzar a ver las cosas a causa de la luz; una vez preparado, se dirigió a su jardín. Las próximas horas se dedicó a explorar las opciones con las que contaba para armar su propio ramo, porque si lo que Kirishima quería era recibir flores, le daría el puto ramo más hermoso que hubiera recibido en su puta vida. Oh, claro que lo haría.

Y así es como acabó en esta situación, con un desastre floral adornando su escritorio y un particular tipo de estrés formándose en su interior.

Gruñó, dando repetidos cabezazos contra el mueble, para luego colocar su mejilla contra la superficie, mirando con profundo rencor a la flora que descansaba de forma inocente frente a él, comenzaba a despreciarlas en aquel momento… sus intenciones de comenzar a incinerar a las pobres plantas se vieron interrumpidas cuando su atención fue captada por los lirios que había dejado abandonados a la orilla del escritorio, detrás del cúmulo de peonias, claveles y mimosas, entre otras tantas flores de sus ramos fallidos.

Se alzó apenas y sujetó un lirio naranja brillante entre sus manos, explorándolo con ligereza, sintiendo los inicios de una nueva idea formándose en su mente, estas flores eran delicadas, elegantes y atractivas a la vista, discretas a la vez que deslumbrantes, con significados que halagaban a la persona amada por su corazón puro, expresando confianza, la felicidad que conllevaba cargar con sentimientos amorosos, un deseo de seducción y el ímpetu romántico de aquellos incautos que ardían dentro de un amor tierno e infinitamente apasionado. Eran flores preciosas, con una inclinación hacia el romance sublime y que hacían acelerar su corazón de una forma jodidamente absurda, pues la única persona que podía asociar con ellas era Kirishima, ¡eran perfectas!

Atrajo con velocidad más lirios de distintas tonalidades, recuperando algunos geranios, peonias, ramas de filipendula y mimosa, como idea de último minuto, también acercó unos tantos acianos, y comenzó a trabajar. Algún tiempo después, apartó la filipendula y peonias, esas serían dirigidas especialmente a cierto nerd con cabello de brócoli, porque su enojo nadie se lo quitaba.

Sus manos se movían con delicada presteza, uniendo tallos y colocando cinta donde fuera necesario, retirando hojas y flores donde se sintiera sobresaturado, agregando donde el espacio se sintiera muy vacío, meditando y repasando en su mente cada flor que estaba usando y el significado que tenía cada una, sintiendo un rubor al concentrarse en los lirios; los geranios le causaban cierta satisfacción retorcida por la frustración liberada, porque Kirishima era un estúpido y él no tendría consideración al recordárselo; las mimosas estaban ahí más como decoración que por otra cosa, aunque de cierta manera, debía aceptar que también las había agregado para demostrar un poco de su frustración ante la idea de que Kirishima se hubiese fijado en alguien más, el querer seguir juzgando como improbables esos sentimientos que las camelias se encargaban de transmitir, por patético que eso sonara, también era una forma de desear que las emociones en ese ramo se mantuvieran ocultas (aunque fuera solo para el resto); los acianos lo hicieron pausar, ¿realmente debería agregarlos? En un primer momento, ante el entusiasmo de por fin haber dado con las flores perfectas para su composición, le había parecido una buena idea, ese toque más sutil y rebuscado que ayudaba a equilibrar la intensidad del resto, sin embargo, ahora que repasaba su significado con más calma…no estaba convencido de que quisiera agregar ese significado en particular.

Le parecía absurdo de cierta forma, porque él no era una maldita colegiala avergonzada a la que le temblaran las rodillas o le costará expresar lo que fuera que quisiera decir. No, para nada, era totalmente capaz al momento de expresar sus emociones, el hecho de que solo se hubiera molestado en hacerlo hasta ese momento solo era producto de lo ocupado que había estado durante todos esos días… De acuerdo, se estaba permitiendo fingir demencia para evadir aceptar lo malo que era expresando esa clase de cosas absurdas. Pero, ¡a la mierda! Bufó mientras terminaba por retirar los acianos, ni a punto de morir aceptaría que nunca se había declarado por jodida timidez.

En su prisa por retirar las flores no se percató de cómo un pequeño botón se había quedado oculto dentro del ramo, y que ahí se mantendrá incluso después de que revistiera su trabajo en un papel de tonos claros y lo ciñera todo con ayuda de un moño que cerraba al conjunto a la perfección.

Sonrió complacido y dejó su trabajo reposando sobre el escritorio, era momento de entregar su jodida obra de arte.

 

(…)

 

Un mensaje rápido a Ashido preguntando por instrucciones para llegar a la casa de Kirishima, y una colorida aclaración de por qué el saber los motivos de su visita “no eran de su puta incumbencia”, lo habían llevado a estar frente una vivienda de buen tamaño y apariencia agradable, la placa ubicada en el recibidor le aseguraba que estaba en el lugar correcto, por lo que tomó un respiro hondo y tocó la puerta con firmeza (su plan original había sido aporrear la condenada entrada, pero los padres del cerebro de roca no tenían por qué pagar el mal humor causado por su hijo), para después dejar el ramo justo frente a la puerta y comenzar a alejarse del lugar.

Tampoco es como que quisiera quedarse como para escuchar a Kirishima tartamudear como un imbécil mientras le decía lo que él ya jodidamente sabía, quizás trataría de suavizar el jodido golpe diciendo que se sentía halagado, pero las últimas palabras siempre sería las mismas “A mí me gusta alguien más”.

Se conocía lo suficiente como saber que no tenía el suficiente control emocional como para soportar eso, y como no quería acabar reventando todo su esfuerzo (y al propio Kirishima) por una explosión descontrolada, prefería abandonar el lugar y ahorrarse los problemas. Al menos así tendría hasta el día siguiente para prepararse y mantenerse bajo control.

 

(…)

 

El puñetero día siguiente había llegado demasiado pronto. Katsuki así lo creía, y mostraba su inconformidad usando una mueca mucho más pronunciada de lo usual, el aura que lo rodeaba prometía muerte verdadera para aquel que fuera lo suficientemente ingenuo o estúpido para acercarse, por lo que gran parte del cuerpo estudiantil estaba procurando mantenerse fuera de su camino tanto como les fuera posible. Todos tenían un buen sentido preservación.

Bueno, todos a excepción de Kirishima Eijirou.

—¡Oye, Bakugou!

El nombrado se frenó por un segundo al escuchar que lo llamaban, cuando en su mente se registró quien lo había llamado, se sintió tentado a simplemente seguir con su camino, hasta ese punto había podido ignorar los intentos que el imbécil de Kirishima había hecho para comunicarse, no obstante cuando sintió el toque sobre su hombro, supo que evadir al cabello de mierda ya no era una opción.

—Bakugou —Kirishima repitió, Katsuki apretó la mandíbula, cerró sus puños para contener cualquier chispazo que estuviera por generarse y respiró hondo, listo para encarar al pelirrojo y mandarlo al diablo.

Sus intenciones, y él mismo, se ahogaron cuando al girarse su cara dio de lleno contra un gran cúmulo de ¿pétalos? ¿¡Eh?!

Bakugou retrocedió un paso, su furia sustituida por confusión, ojos explorando la imagen que se presentaba frente a él. Kirishima, con la más sonrisa más estúpidamente radiante que jamás lo hubiera visto usar (y un puto sonrojo), sosteniendo el mismo jodido (y enorme) ramo de camelias que Katsuki lo había visto llevar el día anterior junto con el estúpido Deku. ¿Qué demonios estaba pasando?

El grito que estaba preparando para pedir una maldita explicación se vio interrumpido cuando el más alto comenzó a hablar.

—Se que estas flores no son elaboradas o elegantes como las que tú me diste… uh, muchas gracias, por cierto, ¡Pero! Quiero que sepas que estas flores te las doy con toda la honestidad y fuerza de mis propios sentimientos…y que agradezco mucho que alguien tan genial y masculino se haya fijado en mí, prometo no decepcionarte y demostrarte que soy alguien digno, que no hay persona mejor para estar a tu lado —Kirishima guardó silencio, como intentando recordar si no se le había escapado alguna de las palabras que tenía pensado decir, para luego ofrecerle las flores a un Bakugou que aún lo veía con sorpresa, intentando procesar todo lo que acababa de salir de la boca de ese imbécil.  

¿Algún quirk lo estaba afectando? ¿Se había golpeo la puta cabeza o algo por el estilo? Por qué esas no eran las palabras que debían estar saliendo de los labios de Kirishima.

—¿De qué demonio estás hablando? —entre su asombro, Katsuki logró musitar algo; tal parecía que su reacción no era la que Kirishima había estado esperando.

—¿Cómo qué de qué? —El pelirrojo inclinó la cabeza como si de un jodido perrito confundido se tratase.

—¡No te hagas el estúpido! ¡Esas flores te las entrego el maldito nerd, justo ayer, yo los vi maldita sea! —vociferó finalmente, sin poder tolerar que Kirishima no pareciera entender como nada de eso tenía sentido, ¡Mierda! También se percató que su grito había provocado que algunos estudiantes voltearan a verlos, ¡doble mierda!

Kirishima frunció el ceño confundido, intentando comprender qué es lo que había molestado tanto a Bakugou; finalmente, sus ojos se abrieron un poco cuando creyó haber adquirido un entendimiento de la situación—. ¿Te molesta que Midoriya me ayudó escoger las flores?

De acuerdo, espera, Katsuki volvió a sentirse perdido.

—¿Deku te ayudó a escoger estas flores?

—Bueno, eh… ¡Sí! Yo no sabía qué tipo de cosas serían las indicadas para invitarte a salir, y como Midoriya te conoce desde que eran niños, pensé que él podría ayudarme, y como me dijo que a ti te gustaban las flores le pregunté cuáles serían las más adecuadas para expresar mis sentimientos, al final preferimos usar algo un tanto más… clásico —volvió a pausar, balanceando las flores para rascar detrás de su cabeza— ¿No te gustan?

Bakugou se quedó boquiabierto, y unos tantos segundos después, por fin logró procesar lo que estaba pasando. Le gustaba a Kirishima. ¡Joder! ¡Le gustaba a Kirishima!

Estaba seguro que su cara se había puesto tan roja como las puñeteras camelias, desvió la mirada y arrebató el ramo al otro chico, usándolo para cubrirse el rostro, finalmente dijo: —No son tan horribles ahora.

Kirishima comenzó a reírse, jamás creyó verlo tan avergonzado (aunque quizás esa diminuta flor que había encontrado en el ramo debió ser una indicación suficiente), aun así, debía aceptar que le parecía algo bastante lindo.

—¡Deja de burlarte, maldito bastardo! ¡O te voy a hacer volar a ti y a tus jodidas flores! —al chico explosivo no le daba nada de gracia que se burlaran de él, por supuesto, para probar su punto, dejó a una de sus manos libres comenzará a generar explosiones diminutas, y cuando sintió que les estaban prestando demasiada atención proveniente de la periferia, se giró a los demás— ¡¿Y ustedes qué carajo miran!? ¡Los voy a asesinar si no se largan ahora mismo!

Los estudiantes no necesitaron escuchar la advertencia dos veces antes de comenzar a retirarse.

Antes de que Katsuki pudiera volver a gritarle al jodido cabello de mierda, un beso fue puesto sobre su mejilla, y de nueva cuenta sintió la cara colorada.

—¡Maldito cerebro de roca! ¡¿Qué crees que haces!?

Kirishima solo sonrió.

—¡Lo siento! Pero te ves muy lindo estando sonrojado.

—¡Muere! —Bakugou intentó sonar furioso, pero no se apartó cuando Kirishima acabó por sujetar su mano libre, dando otra de sus estúpidamente hermosas sonrisas, para comenzar a jalarlo hacia su salón de clases.

Y aun cuando su ceño se mantuviera permanentemente fruncido, y solo diera respuestas cortantes, si lograrás ver detrás del gran ramo de camelias que llevaba en los brazos, notarías el eterno sonrojo y esbozo de sonrisa que estaba suavizando su expresión.

Bakugou no era del todo bueno expresando sus sentimientos, pero eso no significaba que no estuvieran ahí, solo necesitaba un leve empujón para dejarlos salir.

Notes:

Muchas gracias por leer, espero que les haya agradado mi primer intento por escribir sobre esta hermosa pareja.

Los kudos y comentarios siempre son agradecidos.

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