Chapter Text
1959.
Una época difícil para que dos hombres acepten que están enamorados el uno del otro y decidan comenzar una vida juntos. Demasiadas miradas, demasiados prejuicios, demasiado miedo de ser castigados por aquellos radicales que no ven más allá de sus narices y que se sienten ofendidos por la vida de los demás, pero para Choi Siwon y Cho Kyuhyun aquellos riesgos valen la pena tan sólo por la oportunidad de poder despertar al lado de la persona que amas.
Aquella mañana es un poco más ruidosa de lo normal por culpa de la feria que ha llegado a la ciudad. Siwon abre los ojos y se estira mirando a la ventana, sonriendo al ver como el sol se cuela por las cortinas de su pequeño apartamento. Bosteza al mismo tiempo que gira para abrazar el cuerpo del hombre que duerme junto a él, lo aprieta contra su cuerpo y con la nariz le hace cosquillas en el cuello.
- Mmmhhhh – se queja frunciendo el ceño, negado a abrir los ojos. Siwon sonríe más grande y hunde la cara en el cuello de su amante para absorbe por completo su aroma. Nunca podría cansarse de él, ni en un millón de años, incluso si mueren y vuelven a nacer, seguiría amándolo.
- Despierta – susurra contra su oído. Kyuhyun se estremece por el aire caliente e instintivamente sonríe.
- Mmmhhh – repite. Siwon supone que trata de decir que no, pero es imposible entenderlo si no abre la boca.
Sabe perfectamente lo mucho que al chico le gusta dormir, pero sabe también lo que debe hacer para despertarlo.
Con agilidad se mueve para quedar sobre él y usa una pierna para separar las de Kyuhyun, agradeciendo la costumbre que tienen de dormir desnudos, sólo porque sí, porque les gustar sentir la piel del otro hasta cuando duermen.
No le pide de nuevo que despierte, sabe que sería perder el tiempo. En lugar de eso, se inclina para darle un beso en la frente y otro en la mejilla, aspira el olor de su piel hasta que llega a su nuez de Adán y saca la lengua tímidamente para lamerla. Su polla tiembla levemente cuando escucha al otro gemir, pero aún negado a abrir los ojos.
Los besos continúan hasta apoderarse de su pezón izquierdo, usando la lengua para lamerlo y chuparlo hasta que consigue escuchar un gemido más fuerte, entonces decide prestar atención al otro pezón.
Siempre le ha gustado la forma en la que Kyuhyun se acelera, la respiración agitada, boca entreabierta, manos aferradas a las sábanas blancas… Siwon hunde la lengua en su ombligo, sintiendo como se pone más y más duro por la forma en la que el estómago de su amante sube y baja.
- Siwon – murmura por fin despierto. La respuesta del mayor es sujetar sus piernas y alzarlas para poder tender acceso a su culo, usando la saliva para comenzar a lubricarlo. – Dios – gime Kyuhyun echando la cabeza hacia atrás y apretando los ojos, perdiendo el sentido por la forma en la que su novio le folla con la lengua, pero cuando cree que puede volverse loco es cuando un par de dedos se unen a la labor.
Siwon deja los dos dedos trabajando el interior de Kyu y decide usar su boca para darle el placer que desde hace un rato reclama su polla.
- ¡Oh! – grita Kyu cuando él se lo traga entero. – Por Dios, Siwon… - Deja que su erección llegue al final de su garganta y la libera despacio, haciendo presión con la lengua, sin dejar de mover los dedos. Repite la operación una y otra vez hasta su propia polla reclama por atención, entonces se acomoda entre las piernas del chico y sustituye sus dedos por la polla. No la deja entrar por completo, simplemente deja que la punta juegue con su entrada de forma maliciosa, llevándolo al límite aunque de esa forma se está torturando él mismo. – Por favor – suplica tratando de acercarse.
- ¿Me quieres?
- Sí, Dios, sí.
- ¿Qué quieres, Kyu? ¿Me quieres dentro?
- Tanto… te necesito. Hazlo, por favor, fóllame – Siwon sonríe y asiente conteniendo la respiración para comenzar a adentrarse en él, trata de no pensar en nada cuando lo hace porque si piensa en Kyu y la forma en la que le aprieta, se correrá antes de empezar. Cuando llega al fondo puede escuchar un gemido más fuerte de parte del otro, eso le hace abrir los ojos, no se había dando cuenta de que los tenía cerrados.
Se queda quieto para dejar que se ajuste a él porque no quiere lastimarlo de ninguna manera. Su respiración se acelera cuando lo mira. Cabello castaño que cae sobre su rostro, húmedo por el sudor, piel blanca y suave, un cuerpo delicado pero no por eso menos masculino… adora la forma en la que sus manos se aferran a sus muslos, sus gruesos labios, sus ojos… todo. No cambiaría nada de él.
Kyuhyun se mueve en busca de más y Siwon da gracias al cielo porque estaba a punto de explotar por las ganas de comenzar a empujar dentro de él. Por la facilidad con la que se desliza, puede notar que su novio está bien preparado así que se permite no ser tan cuidadoso, sus embestidas son firmes y constantes hasta que da con la próstata de Kyuhyun y lo escucha jadear con más intensidad, entonces se inclina para besarlo al mismo tiempo que las hace más rápidas.
El castaño lloriquea metiendo las manos entre ambos cuerpos para masturbarse, no necesita hacerlo por demasiado tiempo.
- Me… me corro – Siwon gime y empuja más fuerte adorando el sonido de su voz.
- Hazlo, por mí… hazlo por mí…. – murmura contra su boca, y Kyuhyun obedece. Lo mira a los ojos y se deja ir impregnando ambos estómagos. Siwon ataca su boca sin piedad sin dejar de penetrarlo y después de unos segundos se corre también. Lo hace dentro de Kyu, prolongando ese momento en el que son uno sólo.
No sale de él de inmediato, antes comparten besos y sonrisas, pequeños mimos que siempre les hacen sentir aún más completos, entonces saca su polla con cuidado y se tumba a un lado, atrayéndolo para que quede sobre él, y se queda acariciando su brazo al mismo tiempo que Kyuhyun acaricia su pecho.
Es sencillo cerrar los ojos manteniendo la sonrisa placentera en sus rostros durante innumerables minutos. Están relajados pero no dormidos, no podrían porque el ruido de afuera es demasiado tentador.
- ¿Crees que ya estén? – pregunta Kyuhyun sin dejar de acariciar el perfecto pecho de su amante.
- Vamos a comprobarlo. – responde el mayor. Saca fuerzas de donde no tiene para levantarse y tirar del otro para que lo haga también, sabe que un buen baño les quitará de encima la pereza y los dejará listos para toda la actividad del día.
La feria pasa por la ciudad cada dos años y se queda dos semanas. Tiene circos, juegos, música… siempre está llena pero los mejores días de todos son la inauguración y la clausura.
Sí, es cuando más gente va y llegado un punto se puede volver un tanto agotador, pero no lo cambiarían por nada.
Lo único malo de salir a la calle juntos, es que no pueden tomarse de las manos y aunque han tratado de convencerse de que eso no les molesta, la verdad es que sí, y mucho. Odian tener que hacerse pasar por hermanos delante de todo el mundo, de lo contrario sería muy extraño que dos hombres estuvieran compartiendo piso en la ciudad. Esa a la que tuvieron que escapar para no escuchar las quejas de sus padres y amigos.
De todas formas, no dejan que eso les moleste ese día, si tienen que actuar como hermanos, pues lo hacen. De vez en cuando miran a alguna mujer para disimular, Siwon incluso coquetea con la encargada del puesto de tiro, aunque a Kyu eso no le hace mucha gracia.
Suben a los juegos, pasan por el circo y cuando cae la noche se dan una vuelta por la casa embrujada. Es una tontería, pero no deja de ser divertido.
Les sorprende un poco la mujer que encuentran a la salida de la casa. Tiene el cabello blanco y demasiado largo, parece un poco zarrapastrosa pero no al punto de llegar a dar lástima, sólo intimida, nada más.
- Que pareja tan bonita – Su voz tiembla con cada palabra, evidenciando que es mucho mayor de lo que pensaron al principio.
- No… no somos pareja – responde Kyu palideciendo un poco. La mujer frunce el ceño y ladea la cabeza acercándose a ellos, sujeta las manos de ambos con fuerza para que no se puedan alejar y las mira con atención.
- Ya veo – agrega la mujer. Parece repentinamente triste. – No tienen que mentirme a mí.
- No mentimos, señora. Somos hermanos, y ahora, si nos disculpa, tenemos que irnos – dice Siwon tratando de ser lo más amable posible pero ella se niega a soltarlos.
- Los vi entrar en la casa… parecen tan felices – dice con pausa, luego ve sus manos de nuevo y suspira – Son felices – Kyuhyun asiente sin darse cuenta y Siwon usa su mano libre para apretar su hombro. – Lo siento tanto.
- ¿El que seamos felices? – bromea Kyuhyun. No trata de hacerse el gracioso, es que todo aquello es muy raro.
- Que la felicidad se les escape de las manos – Siwon tira de su mano al escuchar esas palabras y se limpia del pantalón como si eso pudiera eliminar lo que sea que ella haya creído ver allí – Es tan triste – insiste mirando la mano de Kyu. Siwon tira de su novio para que se aleje también.
- Buenas noches, señora. Que descanse – dice haciendo una pequeña reverencia y apresura el paso dejando a la mujer atrás
- ¿Qué crees que quiso decir? – pregunta Kyuhyun sin poder ocultar su nerviosismo.
- Nada. No quiso decir nada – responde saliendo de la feria a toda prisa.
- Una pena – agrega la mujer mientras ve como se alejan. Con una respiración profunda, camina hasta su tienda y se sienta cruzando las piernas – Son tan jóvenes – repite jugando con su mazo de cartas – Y se quieren tanto – reparte las cartas pensando en ellos, tratando de ver un poco más de eso que había en sus manos. Su rostro se entristece al comprobar que tenía razón.
Es lo malo de su don, que puede ver cosas maravillosas o nefastas. Amantes que duran para toda la vida, o vidas que se apagan antes de tiempo, y lamentablemente, de eso último ha visto mucho últimamente y está cansada.
- Puedo hacer algo – dice convencida. La anciana se levanta con un gran esfuerzo y comienza a rebuscar entre sus cosas hasta que da con los ingredientes necesarios. Sería mejor si tuviera algo de los chicos pero la imagen de los dos está fresca en su memoria así que espera que eso sea suficiente.
Es divertido hacer mezclas de pociones, más si se hacen para una causa como esa. Su madre siempre le decía que no debía intervenir en el futuro de las personas, pero ¿Por qué no? no quiere hacerles daño, quiere ayudarlos. Sabe que no podrá evitar lo que está apunto de pasar y eso es triste, pero puede darles felicidad de una forma u otra, aquí o allá, seguro que a ellos no les importará con tal de estar juntos.
- Sus almas – murmura cerrando los ojos y poniendo en el caldero los dos muñecos que ha hecho – para siempre.
Sonríe satisfecha cuando la poción hace una pequeña explosión. Respira resignada y se va a la cama, con la esperanza de estar equivocada con el futuro de esos niños, y si no, pues con la esperanza de haber hecho algo bueno para arreglarlo.
Una semana.
Ese es el tiempo que pasa la anciana sin escuchar ninguna noticia extraña, pero debió imaginar que eso no libraba a nadie de peligro.
- Es una pena – escucha decir a una de las mujeres de la feria. La encargada de la zona de tiros suele ser bastante cotilla.
- Nadie pensó que eran así… ambos eran tan guapos. – dice la que parece ser una clienta más.
- ¿Dónde fue?
- Cerca del apartamento en el que vivían. Parece que ambos llegaban de trabajar.
- ¿Quién lo hizo?
- Nadie sabe. Nadie lo admitirá nunca… - reconoce la mujer con pesar – este mundo… hay demasiada gente mala.
- Lo sé… pero ellos estaban tentando la suerte.
- Pero ¿hacerles eso? ¿golpearlos hasta la muerte? Nadie se merece algo así sólo por amar a otra persona.
- Del mismo sexo. – le recuerda.
- No hacían daño a nadie.
- Ese amor era pecado. – responde la encargada frunciendo el ceño con terquedad. La mujer puede ver que aquella es una batalla perdida, además ¿Qué más da? Nada de lo que diga podrá remediar el hecho de que dos jóvenes atentos y bien formados habían sido victimas de la violencia sin ningún motivo real.
- Ya… pero eso no lo hace menos amor.
La vieja anciana se limpia las lágrimas y regresa a su tienda. No necesita preguntar nada, ha escuchado y visto suficiente como para saber de quienes se trata.
Tan jóvenes, tan guapos, tan enamorados…
Desde su tienda puede ver al responsable pasear por la feria como si nada, podría reclamarle, podría gritarle por aquella horrible injusticia pero ya está demasiado vieja y cansada, en lugar de eso cierra los ojos con la esperanza de que su pequeño conjuro haya funcionado.
1988.
La mujer aprieta las sabanas con tanta fuerza como aprieta la boca para tratar de no gritar demasiado. Debería afrontar aquello con entereza.
- ¡Puja! – grita el doctor. Ella trata de obedecer pero duele tanto… sin embargo, lo hace. Se arma de valor y empuja tantas veces es necesario para poder dar a luz al bebé que ha estado esperando con tanta ilusión. – Bien, muy bien. Una última vez. – ella respira profundo y puja con todas sus fuerzas hasta que siente que ya ha terminado, y unos segundos después escucha un llanto que suena a gloria. Sólo necesita esperar de unos minutos para tener entre sus brazos a su hijo.
- Es un niño muy sano – dice la enfermera con una sonrisa.
- Mi Kyu – sonríe la mujer besando la frente del niño.
Los llevan a la habitación casi de inmediato, ella se siente bien y el doctor no encuentra nada fuera de lo normal en ninguno de los dos, así que es un poco molesto que les obliguen a quedarse por más tiempo.
- Tienes que descansar, mujer – le recuerda su marido. El tono que usa es el típico de cuando hace un gran esfuerzo por mantener la paciencia. Está acostumbrado, desde que su esposa quedó embarazada su humor era tan cambiante que casi se vuelve loco.
- ¿Pero aquí quien puede descansar? – responde frunciendo el ceño. La verdad es que los hospitales no son lo suyo, y quiere irse a casa para cuidar de su bebé sin sentir los ojos de las enfermeras encima porque se siente un vigilada y juzgada.
- Te están ayudando. – insiste el hombre adivinando sus pensamientos. Son años de casados, la conoce muy bien.
- Da igual – se levanta con dificultad y sale para dar una vuelta. Es eso, o pagar la frustración que le causa el olor a medicina con su marido. Caminar no lo tiene prohibido, al contrario, el doctor le dijo que le hacía bien, además quiere ver a su bebé en reten.
Es tan pequeño… tan indefenso.
Verlo le quita toda la tensión que pueda tener en los hombros, le hace sonreír la forma en la que mira a todos lados como si estuviera analizando cada detalle, parece tan despierto. Lo quiere ya. Quiere ponerle todas las cosas que ha comprado, jugar con él, cuidarlo…
Vale, solo tiene que esperar un día más y todos podrán ir a casa.
Está de camino a su habitación, sin perder la sonrisa, cuando tropieza con un pequeño que camina con dificultad.
- ¡Uy, cariño! – con esfuerzo, se agacha para ayudarlo a levantarse.
- Lo siento – dice una mujer que se acerca a toda prisa, debe ser su madre. – Son difíciles de controlar a esta edad.
- ¿Si? Pero son tan bonitos cuando caminan. – se muere de ganas de ver como será su pequeño Kyu a esa edad, sí, se está adelantando un poco, pero se lo ha ganado.
- Ahora mismo lo amarraría a una silla con gusto – dice la mujer con cierta diversión. – Ok, puede que eso haya sonado un poco violento.
- Ummm igual en unos meses yo pensaré igual. – el pequeño niño estornuda llamando la atención de ambas mujeres. – ¿Qué tiene? – pregunta con preocupación.
- Gripe. Mi marido dice que soy paranoica pero tenía mucha fiebre así que quise venir, estoy esperando que nos atiendan.
- Creo que es lo que me da más miedo. Eso de que se enfermen y no saber el límite entre la paranoia y reaccionar a tiempo.
- ¿Tienes niños?
- Acaba de nacer – responde con orgullo. – Un varón, se llama Cho Kyu Hyun.
- Oh ¡Felicidades! – responde la otra mujer con dulzura – seguro será muy sano y fuerte.
- ¡Choi Si Won! – llama la enfermera desde la puerta adornada con muñecos de colores y un cartel que dice “Pediatría – Consultas”
- Ese es este pequeño – dice la mujer dirigiéndose a la que acaba de conocer.
- Mucho gusto, Choi Si Won, mejórate pronto.
- Dile adiós a la señora, Siwon – el pequeño apenas mueve la mano antes de aferrarse a su madre, que se aleja para llevarlo con el doctor.
- Que lindo – murmura la mujer con una sonrisa y regresa al reten porque ya extraña a su bebé de nuevo. Las horas para que le den el alta se le harán eternas.
1991.
El pequeño estornuda tan fuerte que cae de culo en el suelo. Su madre ríe bajito y se le acerca para cargarlo regresando a la silla y ponerlo sobre su regazo.
- Que trancazo tienes, cariño – el pequeño usa el dorso de la mano para estrujarse la nariz y lucha por bajarse de nuevo. Quiere caminar.
La mujer deja que se mueva de aquí para allá a gusto, total, parece que va a pasar un buen rato antes de que les atiendan, más cuando se trata de una simple gripe, porque está segura de que no es más que eso, pero es un poco paranoica, qué se le va a hacer.
El hospital está hecho un verdadero desastre ese día. Tiene entendido que hubo un accidente entre un autobús y un coche, así que hay heridos de todas las edades por aquí por allá, es tanto que está pensando en coger al niño e irse a casa, pero cada vez que estornuda con tanta fuerza se pone mala, además, tiene algo de fiebre.
- Toma – la voz de Kyuhyun llama su atención. El niño de tres años es muy despierto y ríe mucho pero al momento de socializar con extraños puede ser una verdadera pesadilla, así que es un poco raro escuchar que se dirige a alguien de forma voluntaria.
La mujer se acerca con curiosidad y sonríe con tristeza ante la imagen. Kyuhyun está sentado con las piernas cruzadas en posición de loto, mirando con atención al niño tal vez un par de años mayor que está sentado en la silla con la mirada baja. Sostiene en su mano un chupachus que antes era de Kyuhyun.
Ella mira para todos lados pero nadie parece prestarle mayor atención, hay demasiada gente, su familia podría ser cualquiera. El niño tiene un uniforme de colegio formal, que en alguien tan pequeño luce gracioso, una lástima que sus ojos estén llenos de lágrimas y su frente tenga una venda.
- ¿Dónde están tus padres, cariño? – pregunta ella acercándose al niño, quien responde encogiéndose de hombros.
- Mami, está triste – se queja Kyuhyun con un pequeño puchero.
- Lo sé, cielo. ¿Quieres que te traiga algo? – pregunta al otro niño. Él se limita a negar con la cabeza – Está bien, nos quedaremos contigo para que no estés solo ¿de acuerdo? – el niño la mira con sorpresa y poco a poco deja salir el aire hasta que de pronto rompe en llanto.
- Mami – le llama Kyuhyun como si ella tuviera una formula mágica para evitar que llore. La mujer simplemente coge al niño de unos cinco años entre sus brazos y lo acuna tarareando suavemente hasta que se queda dormido, Kyu sonríe y lucha para subirse a la silla juntos a ellos y recostarse porque aunque le gusta el gran poder que tiene su mamá, siente un poco de envidia.
Pasa más o menos media hora hasta que una mujer bastante alterada llega hasta donde están ellos.
- ¿Quién es usted? – pregunta con los ojos rojos y totalmente confusa.
- Perdón, el niño estaba solo y lloraba.
- Oh… - la confusión no ha pasado todavía. – Vale… gracias. – se inclina para cogerlo con cuidado de no despertarlo. – Yo… lo olvidé por un momento – la madre de Kyu no está segura de si le habla a ella o a la nada porque parece muy dispersa.
- ¿Puedo preguntar que le pasó?
- ¿Um? El accidente de coche… su madre… es decir, mi hermana… - sacude la cabeza como si las palabras dolieran tanto como los recuerdos – Gracias – repite antes de marcharse con el niño en brazos.
- Se lo lleva – se queja Kyuhyun entre molesto y dolido.
- Es su tía, cariño, se lo puede llevar.
- Pero… - se enfurruña como si esa extraña le hubiese quitado algo que era suyo. Su madre sonríe y le revuelve el cabello pensando que tendrá que explicarle en algún momento que no todo lo que uno encuentra le pertenece, menos si se trata de una persona.
- Vamos, cariño. Es mejor ir a casa y regresar mañana si aún estás así – cuando se pone de pie, nota la pequeña insignia de colegio que cae al suelo, debe ser del uniforme del niño – Choi Si Won – murmura pensativa, tratando de recordar donde ha escuchado antes ese nombre. – En fin… – Con un suspiro camina hasta recepción y la deja por si alguien decide reclamarla, luego sujeta la mano de su hijo y se marchan, esperando no tener que regresar al día siguiente.
2004.
Las bicicletas deberían estar prohibidas.
En serio. ¿Qué de bueno tiene usar algo tan arcaico como medio de transporte en el año 2000? ¿Dónde están todos los avances y esas cosas que prometían las películas?
Kyuhyun, a sus 16 años, se siente realmente estafado.
- Ve con cuidado, cariño – grita su madre desde la cocina.
- ¡Si! – responde mirando la bici con rencor. No entiende porque su padre insiste en esperar a que cumpla los 18 para ayudarlo a comprarse un coche. Sí, ayudarlo, porque el hombre tiene esta extraña teoría de que cada uno debe esforzarse por conseguir sus cosas, filosofía que le parece perfecta, pero no cuando le afecta a él tan directamente.
- ¿Vendrás para comer?
- No creo – cierra la puerta y emprende su camino al colegio.
Podría estar en uno más cerca de casa, pero la verdad es que ese es el que le da la mejor opción para la universidad. El problema es que las cuestas y esa jodida bicicleta lo están dejando sin vida.
Es un milagro poder llegar con un poco de aliento, y un alivio poder bajarse sin caer por el dolor en las piernas. Sin embargo, todo eso queda reducido a nada cuando escucha el coche que dobla en la esquina a toda velocidad, apenas le da tiempo de saltar antes de que el hijo de puta que conduce se lo lleve por el medio, una pena que su bici no haya corrido la misma suerte.
- ¡HEY! ¡REGRESA, GILIPOLLAS! – grita, pero es demasiado tarde. El tipo (o tipa porque no lo ha visto bien) se ha marchado y ha dejado su bici convertida en un despojo. – Hijo de… ¡AAAHH! – protesta pataleando como un niño pequeño.
- ¡Tío! ¿Estás bien? – pregunta su primo Hee, sin poder quitar la cara de sorpresa.
- ¡De milagro! ¿Pero tú te crees que esto es posible? – se queja con frustración.
- ¿Era un carro de empresas Choi o son imaginaciones mías? – Kyuhyun levanta una ceja y bufa dando una patada al aire.
- No me extrañaría – gruñe. Pues puede dar su bici por perdida, porque como para ir a reclamarle algo a uno de los imperios más grandes de Corea del Sur, se puede morir de asco mientras espera.
- Joder, pero vamos y que te la paguen.
- No flipes, Hee. ¿Qué? Voy y les digo “mira, que me has roto la bici. Es usada y eso, pero quiero que me pagues” Paso. – Heechul niega con la cabeza y se encoge de hombros, total, no es su bici, de lo contrario, quien sea que estuviera al volante ya le estaría pagando así fuera por agotamiento, pero claro, su primo es demasiado orgulloso como para ir a pedir nada, así esté en su derecho. – Jodidos, Choi – se queja echando un ultimo vistazo a su bici antes de entrar al colegio, tratando de pensar cómo le va a decir a sus padres que ya no tiene medio de transporte… igual hasta le sale bien, se compadecen y le dan lo que le falta para el coche.
Siwon se ríe mientras aparca en la entrada de su casa. La cara de susto del gilipollas que estaba atravesado en el colegio fue muy divertida y sí que le hizo sentir mejor.
Da un portazo cuando se baja, se pone la cazadora y corre hasta la cocina para rebuscar un zumo de naranja en la nevera.
- ¿Le hiciste tú esa avería al coche? – Siwon rueda los ojos cuando la intrusa llega a la cocina. Es como si no tuviera nada mejor que hacer en la vida que perseguirlo de un lado a otro criticando cada movimiento.
- No, fue una bici – responde encogiéndose de hombros. Intenta salir de la cocina porque no tiene ganas de soportarla pero ella le sujeta del brazo, obligándolo a regresar a su lugar.
- Eres un malcriado, necesitas comportarte de una vez.
- ¿Puedo irme ya?
- ¡No sé qué hacer contigo!
- Usted no tiene nada que hacer conmigo, señora – responde apretando los labios y tirando del brazo para liberarse por fin. Puede escuchar como la intrusa se queda protestando cuando él sube las escaleras directo a su habitación y se encierra.
Sabe que en nada llamará a su padre y comenzará a decirle lo agotada que la tiene, como no puede vivir por la preocupaciones que le causa, entonces, su padre irá a su habitación cuando llegue del trabajo y le dirá lo decepcionado que está por su comportamiento, usará la carta del chantaje para hacerlo sentir mal, pero no escuchará nada de lo que él tenga que decir al respecto, sólo lo mirará con decepción y después de un largo suspiro se irá con esa.
Siwon se deja caer en la cama mirando al techo.
Añora los días en los que sólo eran él y su padre. A veces su tía se unía a ellos para las vacaciones o pasaba temporadas en casa cuando él tenía que irse muchos días por culpa de los negocios, no eran días perfectos… no podrían serlo si su madre ya no estaba, pero por lo menos se sonreía más.
Pero desde que llegó esa mujer.
Dos años y ha conseguido volver su vida un desastre. Alejando a su padre, sofocándolo, acosándolo, criticándolo…
¿Por qué su padre se tuvo que enamorar de alguien así?
Sabe los planes que tienen para él, están esperando a que termine el curso para enviarlo a estudiar economía al extranjero, no le han preguntado si eso es lo que quiere o no, pero los ha escuchado hablar de eso una y otra vez.
Bien… dejará que lo envíen a donde sea, no es cómo si tuviera un mejor plan de vida de todas formas, pero antes hará todo lo que le de la gana y sin miramientos.
2013.
“Aviso de desalojo”
Kyuhyun arruga el papel entre sus manos y lo lanza a cesto de la basura. Ya sabe que se tiene que ir, gracias, no es necesario que se lo estén repitiendo una y otra vez, y menos ese día, que las máquinas no dejan de hacer ruido de forma intimidante.
- ¡Malditas empresas Choi! – gruñe Yunho tirando las cosas en la maleta. Kyuhyun rueda los ojos y respira profundo mientras se preocupa por hacer su propio equipaje.
Les costó mucho conseguir ese piso, más tomando en cuenta que es algo que tenían que pagarse ellos solos porque Yunho es huérfano y a él sus padres le cortaron el suministro cuando dijo que se iría a vivir con su novio.
No, no están contra de que sea gay, están en contra de que esté saliendo con alguien tan… especial.
“Es un gilipollas, Kyu” le ha dicho Heechul una y otra vez. Vale, puede que lo sea un poco, pero cuando está de buen humor Yunho puede ser muy divertido ¿no es eso lo que uno debe buscar al final? ¿Alguien que te haga reír?
“Que te haga reír, no que sea un payaso”
Dios, tiene que dejar de prestar atención a las palabras de su primo porque suelen ser como un taladro especialista en perforar sus pensamientos.
En fin, que después de tanto buscar un lugar bonito y que se pudieran permitir, a las empresas Choi no les ocurrió una idea mejor que comprar el edificio para convertirlo en oficinas.
Jodida mala suerte.
Sí, les han dado una buena indemnización a los inquilinos por la velocidad con la que están actuando, y les han pagado muy bien a los dueños de los pisos, pero aún así, es una putada porque Yunho tiene que volver a vivir con su amigo y él tiene que vivir con su primo hasta que encuentren un nuevo lugar para los dos.
Cualquiera pensaría que su mala suerte termina allí, pero no.
Sabe que algo debe andar mal en el universo ese mismo fin de semana, cuando tiene que ir a currar al bar.
Ser camarero no es su sueño, pero es lo que le ayuda a pagar la renta mientras consigue ese contrato musical que tanto desea. No está tan mal, es uno de los bares más exclusivos de Seúl, la paga es buena, sus compañeros majos, y el dueño lo deja cantar de vez en cuando. ¿Qué más podría pedir?
Lástima que ese día todo le esté saliendo al revés y no haga más que meter la pata con todo el mundo. Se pregunta si debería simplemente irse a casa cuando escuchas los murmullos de la gente y gira hacia la puerta para ver entrar al heredero de las empresas Choi, escoltado por dos hombres que doblan su tamaño, y una mujer con una pinta de zorra impresionante.
Kyuhyun bufa una sonrisa burlona, cualquiera diría que un hombre como ese se preocuparía por salir con una mujer con clase. Es decir, estamos hablando de unos de los hombres más ricos e impresionantes porque hay que ver lo que impactan esos casi dos metros y esa espalda, acompañadas de unas piernas interminables y bien formadas. Perfectamente peinado y vestido, con expresión pensativa… en fin, el típico hombre que hace a los demás sentirse un poco inferiores, excepto cuando muestra su personalidad y deja ver al mundo que es un déspota.
Ese es Choi Si Won.
Y Kyuhyun está seguro de que tenerlo en ese bar no le traerá más que problemas.
Es normal que el ambiente cambie cuando alguien tan importante está en el bar, no es la primera vez, las mujeres siempre se alteran y la seguridad se tiene que doblar para que no entren los reporteros, el trabajo en general se multiplica, y si a eso se le suma la torpeza que tiene Kyu ese día, no debería ser una sorpresa terminar lanzando una de las bebidas sobre el importante empresario, y mucho menos debería ser una sorpresa que él lo mire como si quisiera partirlo en mil pedazos y luego simplemente se marche.
- Mierda – murmura Kyuhyun estrujándose los ojos. – La he jodido.
- No digas eso, igual no hace nada – una de sus compañeras del bar trata de consolarlo, pero es inútil. Conoce esa mirada… es decir, no la conoce pero… se lleva la mano al estomago incómodo por se extraño vacío. – ¿Qué?
- Nada – sacude la cabeza regañándose por pensar en la mirada de un hombre al que ni conoce. No realmente.
Son casi las seis de la mañana cuando el último cliente de va. Ellos se dedican a recoger el desastre de la barra como todas las noches, pero esta vez su jefe le hace un gesto para que vaya a la oficina.
- ¿Qué ha dicho? – pregunta directamente. Su jefe respira profundo y se rasca la nuca sin poder apartar la mirada del suelo.
- Tengo que despedirte, Kyu. Lo siento.
- ¿Qué? Pero… ¿Por qué?
- Yo… este local se mantiene por las personas importantes que vienen de vez en cuando yo… el señor Choi dijo que ni él ni sus amigos regresarían mientras estés trabajando aquí. Lo entiendes ¿verdad? Puedo ayudarte a conseguir otra cosa, dame unos días.
- Joder…
- Sabes que me gusta como trabajas, Kyuhyun. Y el lugar se llena cuando cantas pero no es suficiente… te ayudaré.
- No… está bien, no pasa nada.
- Kyuhyun, no seas así…
- Tranquilo. Estoy cansado, voy a irme de una vez – sonríe tristemente al mismo tiempo que hace una reverencia y coge sus cosas para marcharse sin despedirse de sus compañeros, ya lo hará luego por teléfono, ahora mismo sólo tiene una cosa en mente, y es buscar al jodido Choi Siwon y gritarle a la cara lo mucho que lo odia.
Con ese pensamiento coge su coche y conduce hasta la mansión Choi. Todo el mundo sabe donde queda, no es ningún misterio, y puede que el dueño no esté allí, joder, puede que ni siquiera pueda pasar de las rejas pero necesita desahogarse. Sin embargo, mientras más cerca está de la calle, menos determinación tiene. No vale la pena ponerse a gritar a la nada y lo que conseguirá será un poderoso enemigo a lo tonto.
- Mierda, joder – se regaña a si mismo y sin pensarlo dos veces gira sin mirar a los lados, confiado de que a esa hora no habrá nadie en el camino.
Tenía que haber contado con el descapotable negro que se acercaba a toda velocidad, tanto que no le da tiempo de frenar y ambos coches se encuentras produciendo un ruido ensordecedor.
El ruido constante de la máquina es bastante molesto. Tanto que Siwon se obliga a abrir los ojos para pedirle a alguien que la apague, pero no hay nadie, está solo.
Con un largo suspiro usa los codos para alzarse y mira a todos lados tratando de reconocer el lugar. Es cuando se da cuenta de que la máquina no está conectada a él, sino a otra persona.
Entonces ¿Qué hace él allí? se pregunta frunciendo el ceño al mismo tiempo que lucha por levantarse de… ¿Dónde está? ¿En un sofá? Aquello se vuelve más extraño a cada minuto.
- Estás despierto – dice una voz alegre. Siwon alza la mirada para fijarla en un chico delgado y pelirrojo que entra con una botella de agua en la mano, se acerca a la camilla sin siquiera prestarle atención. – Bebe – se inclina para ayudar a la persona que está en la cama. Siwon carraspea para llamar la atención de ambos pero es inútil. ¿De qué van? – ¿Te sientes mejor?
- Sí, gracias – esa voz llama de pronto su atención. Siwon ladea la cabeza viendo al chico de cabello castaño y medio pálido que está en la cama, conectado a la maquina que hace el molesto ruido, tiene un brazo escayolado y una venda en la frente pero por lo demás parece bien.
- Hola… ¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son ustedes? – pregunta, pero una vez más se queda sin respuesta. – ¡Hey! ¿Hola?
- ¿Cómo está él? – pregunta el chico castaño de la cama. El otro parece que no tiene ganas de responder – Hee, dime cómo está. – insiste.
- En coma. No saben si sobrevivirá.
- ¿Qué? – a Siwon le duele la forma en la que el desconocido se queda sin aliento por la respuesta. ¿De quién están hablando? – ¿En coma…? Pero… Oh Dios – sus ojos se llenan de lágrimas y eso es un poco confuso para el empresario.
- ¡A ver! ¿Me pueden decir qué demonios hago aquí? ¿HOLA? ¡Por Dios! – protesta saliendo de la habitación, pero entonces siente una presión extraña que lo lleva hasta donde estaba. – ¿Qué es esto? – sin aliento, mira para todos lados en busca de algún imán extraño. Con el corazón latiendo a mil por hora intenta salir de nuevo, y una vez más, fracasa.
- Quiero verlo – dice el castaño luchando por salir de la cama, y el otro intenta que se tumbe de nuevo. Siwon siente como el corazón está a punto de salirse de su pecho por culpa de toda aquella inexplicable situación.
- No te hagas esto – le riñe Heechul.
- Necesito verlo, ayúdame o déjame solo. – el pelirrojo medita sus palabras durante un minuto y luego bufa totalmente rendido.
- Vale – le ayuda a quitarse los cables y la intravenosa, y le sirve de bastón para caminar, Siwon se sorprende cuando se descubre a si mismo caminando detrás de ellos. Mira para atrás espantado al darse cuenta de que por fin ha podido dejar esa habitación.
Sigue por el pasillo en silencio, asustado por como parece invisible para el resto del mundo.
- Si esto es una broma, voy a matar al culpable – murmura en un tono lo suficientemente alto como para que el responsable (si es que hay uno) lo escuche.
- Vale, voy a distraer a los guardaespaldas para que entres.
- ¿Seguro?
- Sí, sólo para que veas lo que soy capaz de hacer por mi primo favorito.
- Soy tu único primo.
- Detalles. – Kyuhyun sonríe levemente esperando a que su primo pueda quitar a los guardaespaldas del medio mientras les canta “Hazme un muñeco de nieve”. Kyuhyun respira profundo y camina hasta la habitación, abre la puerta con cuidado dejando ver una amplia cama.
Siwon lo sigue de cerca, en parte porque parece que no puede hacer otra cosa y en parte por curiosidad. No debió hacerlo, debió luchar por alejarse porque descubrir que es él quien está en esa cama le ha roto todos los esquemas posibles.
- Lo siento – Siwon sabe que es ese chico el que habla pero no logra escuchar bien sus palabras por la forma en la que la cabeza le late, es como si le fuera a estallar. – No debí girar así, yo… no quería esto. – está teniendo un ataque de pánico… no, no es eso, es un sueño, está soñando, eso es. – Lo siento, Siwon.
Siwon ve como ese crío le sujeta la mano y con un suspiro se aleja. Se aleja de su cuerpo. EL. El está en esa cama lleno de un montón de tubos ¿Cómo es posible?
- ¿QUÉ ES ESTO? – consigue gritar por fin, pero por supuesto, nadie le responde. – Dios, Dios… por Dios… - está muerto ¿es eso? ¿está muerto? ¿Cómo? No puede… mentira, tiene que ser mentira. Tiene que…
Sus pensamientos se rompen cuando siente que es movido de nuevo en contra de su voluntad, siguiendo aunque no quiera, los pasos de ese chico castaño.
- ¿Qué me ha pasado? – pregunta rendido cuando están de regreso a la habitación del chico. Se sienta en el sofá y echa la cabeza hacia atrás tratando de calmar sus ideas, pero aquello simplemente no pinta bien. Nada bien.






