Work Text:
Me encuentro sentada en el escritorio del despacho, frente al ordenador. Llevo ya un buen rato redactando informes y demás papeleo. Ya sólo quedamos Bakugou y yo en toda la planta. Delante de mi mesa está pegada la suya, y él también está tecleando en su ordenador. Tiene cara de estar enfadado y está haciendo un puchero, supongo que sin darse cuenta. Me he dado cuenta con el tiempo de que frunce los labios de esa manera cuando está concentrado haciendo algo que no le gusta. Se da cuenta de que le estoy observando y me pone mala cara, así que vuelvo a lo mío con la esperanza de acabar rápido y poder meterme cuanto antes en la cama.
Son las dos y pico de la madrugada cuando por fin termino de rellenar todos los informes que se me habían ido acumulando. Me echo para atrás en la silla y estiro los brazos hacia arriba para destensarme. Veo que Bakugou también se estira así que supongo que él también ha acabado su trabajo. Se levanta e la silla después de apagar su ordenador y mientras recoge sus cosas me pregunta:
- ¿Vamos a comer algo?
- ¡Sí! Me muero de hambre.
Yo también recojo mis cosas y nos encaminamos hacia la salida. No me hace falta preguntar qué vamos a comer, puesto que a esta hora a penas hay nada abierto y sé que Bakugou me llevará al mismo sitio al que vamos cada vez que salimos tan tarde de trabajar, donde sirven la comida tan picante que a él le gusta. Por el camino reflexiono sobre el rumbo que ha tomado mi vida éste último año. Hace ya algo más de diez meses que me mudé a Tokyo para trabajar en esta gran agencia de héroes. También hace diez meses que conocí a Bakugou, y nueve desde que formamos pareja para las patrullas. Al principio pensaba que nunca iba a poder llevarme bien con él, y cuando descubrí que éramos vecinos (a penas un día después de conocerle) me quise morir. Me parecía un creído, un bruto y un insoportable. Y ya ni hablar de la primera vez que nos pusieron a patrullar juntos. Menos mal que con el tiempo hemos aprendido a entendernos y a trabajar juntos. Ahora formamos un muy buen equipo, aunque esté mal que yo lo diga. Ya casi nunca nos hace falta cruzar más de dos frases en situaciones críticas, y podemos actuar mucho más rápido. La verdad es que me ha ayudado mucho a crecer como persona y como heroína, y espero haberle ayudado yo también. Además de ser un gran compañero de trabajo también es la mejor compañía en mis momentos de bajón o ansiedad. No hace preguntar ni me obliga a salir de mi casa, simplemente se sienta a mi lado a esperar que yo decida contarle qué me pasa o que me calme. Y si me ve muy mal me abraza por los hombros. Es un sol aunque quiera ocultarlo. Sabe estar en silencio, y eso es algo que aprecio mucho.
Le miro de reojo y sonrío para mis adentros. Además de ser todo lo anterior nombrado (y más) es guapísimo. A sus 24 años es, probablemente, el hombre más atractivo de la década. Se ha dejado una barba fina, de un par o tres de días, y una cicatriz le surca la mejilla derecha, dándole un aspecto más duro del que ya tiene. En cuanto a su carácter, si le tocan mucho las narices es hostil, pero en general se controla bastante bien. Además de que le basta con esa mirada intimidante que pone para que lo dejen en paz. Kirishima, al que conozco porque vamos al mismo gimnasio y que resulta que es muy amigo de Bakugou, me cuenta siempre que cuando se conocieron en el primer año en UA éste último siempre explotaba, literalmente, a la mínima. Aunque no hace falta que me lo jure, vi el festival deportivo de ése año.
- ¿En qué estás pensando, si puede saberse?
- En nada – le sonrío –. En la pedazo de hamburguesa que me voy a comer y en las ganas que tengo de meterme en la cama.
Bakugou no me contesta, aunque sabe que no es verdad. A veces me lee como un libro abierto. Estamos ya en frente de la puerta del local dónde vamos a comer, así que entramos y nos sentamos en nuestra mesa de siempre, al fondo en un rincón. La camarera se acerca a tomarnos nota, y luego nos deja solos.
- Uf, qué curro nos hemos pegado hoy. Estoy hartísima del papeleo de las narices.
- Quería hablarte de algo – me dice, mirándome seriamente.
- Claro, dime.
- Hace tiempo que estoy trabajando para poder abrir mi propia agencia, y ahora ya está casi todo listo.
- ¡Bakugou, eso es genial! Me alegro un montón por ti.
- Gracias, pero en realidad quería proponerte algo. Quiero que trabajes en mi agencia. Ya tengo la lista con los héroes que quiero que trabajen para mí, y tú eres una de ellos.
Por un momento me quedo en blanco, sin saber muy bien qué es lo que me está diciendo. Él sigue mirándome fijamente, esperando mi reacción.
- ¿Me lo estás diciendo en serio?
- Claro que te lo digo en serio.
Me tapo la boca con las manos, flipándolo en todos los colores, y se me escapa la risa de la emoción.
- ¿Me vas a contestar o no?
- Claro que quiero trabajar en tu agencia, Bakugou. Dios, no me creo que esto esté pasando.
Él me sonríe levemente, con esa sonrisa suave que pocas veces deja ver, y, por un momento, relaja su cara y desfrunce su ceño. Me grabo esa imagen en la retina, porque es cuando más guapo y más todo está, y le devuelvo la sonrisa.
Cenamos con tranquilidad mientras Bakugou me cuenta algún detalle más de la preparación de la agencia. Se le ve muy contento y yo no puedo alegrarme más por él.
Cuando nos damos cuenta van a dar las cuatro de la mañana, así que voy a pagar y vamos a buscar su coche para irnos a casa. Al salir enredo mi brazo en el suyo y vuelvo a decirle lo mucho que me alegro por él. Él sólo me sonríe y mete las manos en los bolsillos del pantalón. Lo tomo como una señal para que no le suelte el brazo, y eso hago. Aunque estoy tan pillada de él que creo que me invento las señales a mi favor. Pero sé que aunque fuera recíproco no llegaríamos a nada serio, porque Bakugou no tiene tiempo para estas cosas, y menos ahora que va a abrir su propia agencia.
Hacemos el trayecto de vuelta a casa en silencio, con la radio del coche de fondo. Llegamos al portal y nos metemos en el ascensor. Bakugou se pone a mirar su móvil y yo me lo quedo mirando, creyendo que no se da cuenta. No sé si es por la buena noticia que me ha dado, o por las cervezas que me he bebido mientras cenábamos, o quizás por ambas a la vez, pero me envalentono y me acerco a él. Le agarro de la camiseta para que se agache a mi altura y estampo mis labios contra los suyos. Él se queda congelado en su sitio, y al ver que no reacciona me aparto un poco, dispuesta a disculparme. Pero él es más rápido, y me pasa una mano por la nuca y me besa. Al principio son besos cortos y suaves, pero a medida que cogemos confianza nos mordemos y nos besamos con lengua. En algún momento nos separamos y Bakugou me coge de la mano para llevarme a su apartamento, que está en frente del mío. Abre su puerta, me deja pasar, y en cuanto cierra me pone contra una pared y me vuelve a besar. Nos acariciamos el uno al otro y la ropa va desapareciendo. Cuando ya no nos queda nada, se pone un preservativo y me pasa las manos por debajo de los muslos. Yo me agarro de sus hombros y enredo las piernas alrededor de su cintura. Entierra la cara en el hueco de mi cuello y entra en mí. Se nos escapan los gemidos a ambos. Bakugou me embiste cada vez más rápido, y, al cabo de dios sabe cuánto tiempo, consigue que me corra. Al poco sigue él y nos tenemos que quedar ahí, contra la pared, para recuperarnos un poco. Cuando volvemos a respirar con normalidad sale de mí y me baja. Me tiemblan las piernas. Se quita el preservativo y se va, supongo que a tirarlo. Cuando vuelve me hace una señal con la cabeza para que le siga. Entramos en su dormitorio y se tumba en la cama. Yo dudo unos instantes, pero finalmente me recuesto a su lado, boca arriba.
- Dame un minuto – me dice, acariciándome una pierna.
A mí se me escapa la risa porque me está haciendo cosquillas.
Cuando acabamos y me recupero, me levanto y me dispongo a vestirme para irme a mi casa.
- ¿Te vas? – me pregunta Bakugou desde la cama. Es un adonis, desnudo entre las sábanas.
- Prefiero dormir sola. No me gusta compartir la cama – y en realidad no miento.
- Hasta mañana.
- Hasta mañana, Bakugou.
Y me voy a mi casa, cansada, nerviosa y muy roja. Pero muy feliz.
