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Pociones para todas las aflicciones, leía el cartel.
¿Cómo es que es la primera vez que lo leía? No tenía idea. Estaba ahí, frente a él, tan claro como el agua. Justo en medio de la calle por la que pasaba todos los días para ir a la universidad. Ahí, a la vista de todos.
"Sólo visible para aquellos que lo necesitan o saben de su existencia", había recitado Hoseok.
Jimin no había querido creerle, pero la desesperación lo inclinaba a recurrir a cualquier medio que pudiera. Incluso si aún se encontraba a sí mismo reacio a creer completamente en la veracidad de las palabras de su compañero de clase.
—Te notas afligido, Chim —comentó la tarde anterior cuando sus clases de baile ya habían acabado y todos se preparaban para ir a sus casas.
Jimin suspiró.
—No es nada, Hobi—respondió, negando con la cabeza y tratando de regalarle una sonrisa, por muy pequeña que fuera— Estoy un poco preocupado por los exámenes finales, es todo.
—Oh, ya veo. ¿No puedes concentrarte?
—¡No puedo estudiar! ¡Por más que intento, nada queda grabado en mi cerebro!
—¿Has intentado pagar por tutorías? —sugirió, realmente tratando de ayudar al adolescente frustrado.
—Estoy quebrado.
—¿Te has grabado leyendo en voz alta y escuchado la grabación después?
—Lo intenté.
—¿Videos en Youtube?
—Inútil.
—¿Artículos diferentes a los libros de texto?
—Aburridos.
—Diablos, Jimin, necesitas ayuda urgente.
Un brazo rodeó los hombros del menor de repente, haciendo que éste se sobresaltara ligeramente.
—Hey, chicos. ¿Todo bien?
—Todo bien, Kookie. Sólo estoy tratando de ayudar a Chim con sus estudios.
—Ah, ni te molestes—agregó con una sonrisa divertida— Jimin-hyung es un caso perdido en la escuela.
—Qué gracioso que uses honoríficos cuando estás insultándome, niño insolente.
—Oh, vamos. Ambos sabemos que el estudio realmente no es lo tuyo, Chim. Lo que tú quieres es bailar, no estudiar.
—Pero no podré bailar si no me gradúo, Jungkook. El mundo no es así de bueno con los sueños—añadió el rubio, abatido. Lentamente, se estaba resignando a no graduarse y a nunca cumplir su sueño de ser coreógrafo profesional o instructor en alguna academia de prestigio. No quería reprobar éste año y repetirlo. Sólo le quedaba un año de universidad, estaba tan cerca y no quería arruinarlo.
—A menos...—el tono de Hoseok era pensativo, dudoso incluso. Suficiente para captar la atención de ambos jóvenes.
—Hobi-hyung, no creo que...—intervino Jungkook, pero se vio interrumpido.
—¿A menos...?—incitó Jimin, ansioso por obtener una nueva alternativa.
Hoseok se tomó unos segundos en donde su ceño fruncido sólo se acentuaba más y más. Parecía tener un conflicto interno hasta que, finalmente, negó rápidamente con la cabeza.
—No, no es una buena idea. Me matarían —concluyó, recogiendo su mochila y colocándosela al hombro, listo para salir del salón de baile. Pero Jimin fue más veloz y lo tomó de un brazo para impedirle escapar.
—Hobi-hyung, ¿a menos que qué? ¡Por favor! —rogó— ¡Necesito pasar esos exámenes! A este punto, probaría lo que fuera, si te soy sincero. ¡Hasta brujería, si fuera posible!
El mayor levantó una ceja, complacido por la actitud de su amigo. A Jimin le pareció extraño, pero no desistió.
—Hyung, no deberías... —intervino el menor de los tres, pero nadie lo dejó terminar.
—Bueno...—empezó Hoseok, ya empezando a saborear el asombro y sorpresa que el rubio se llevaría una vez confirmara sus siguientes palabras— Dicen que en el centro del pentáculo, allá donde los cinco elementos se unen, existe un lugar curioso. Sólo visible para aquellos que lo necesitan o saben de su existencia, invisible para el ojo indiscreto. Encuéntralo, y tus aflicciones quedarán borradas tanto como creas.
Y con esto, salió corriendo del salón. Jimin trató se seguirlo y gritar su nombre para detenerlo, pero en cuanto puso un pie en la calle, Hoseok desapareció de su vista.
—¿Que se supone que eso significa? —Jungkook llegó a su lado, mirando la calle vacía y la mirada nerviosa. Jimin se encogió de hombros.
—No tengo tiempo para acertijos. Necesito estudiar.—Volvió al interior del salón para acomodar sus cosas y volver a salir.
—Tienes razón. Deberías concentrarte en tus estudios, y no quebrarte la cabeza con disparates—comentó Jungkook caminando junto a él— Trata de dormir ésta noche, ¿sí? Necesitas descansar un poco.
El rubio asintió lentamente, aceptando la sugerencia de su amigo.
Esa noche, cuando llegó a casa, apenas saludó a Taehyung y se dirigió a su habitación sin siquiera tomar una ducha. Encendió su ordenador y abrió el navegador de internet. La primera palabra que escribió fue "pentáculo", seguido de "los cinco elementos".
Esa noche, aprendió sobre brujería y espíritus. Buscó mapas de su ciudad, lugares en el centro de Seúl que pudieran parecerse a algo que le ayudara, incluso aprendió un poco sobre la magia.
Esa noche, encontró un mapa de Seúl sobre un pentáculo. Y justo en el centro de éste, el edificio en ruinas rodeado de grandes tiendas, locales y casas. Todos los días pasaba por esa calle, conocía ese edificio. ¿Tendría que ir ahí si quería obtener respuestas?
Esa noche se metió a la cama con la duda.
Esa noche se metió a la cama con la decisión.
******************
Y ahí estaba, frente al edificio en ruinas.
En realidad, se encontraba frente a algo muy diferente, algo que nunca estuvo ahí.
Frente a él, se alzaba una casa. Una casa de madera gastada, vieja, parecía de dos pisos por lo menos. Una chimenea humeante en lo alto de techo y en la fachada, un jardín. El jardín más verde y colorido que Jimin había visto jamás. Flores de todos los colores, enredaderas que suben por las paredes y se enroscan en la cerca de madera blanca que rodea al jardín. Las ventanas de la casa están abiertas, el viento provoca que las cortinas rojas dentro bailaran a su lento compás.
La casa era pintoresca, hogareña incluso. Jimin se aventura con parsimonia a cruzar la calle y abre la puerta de la cerca. Ésta rechina lentamente y el chico casi tiene miedo de romper la calma que reina en el lugar.
Camina por el sendero en medio del jardín. Hay plantas y flores que él nunca ha visto, y puede jurar que ve una flor moverse. Incluso siente que algunas siguen sus pasos con cautela.
Sube los tres escalones que llevan al porche de la casa y con cuidado, abre la puerta,de donde cuelga una especie de amuleto; una campanilla anuncia su llegada y teme lo que pueda encontrarse. Después de todo, sigue un poco escéptico acerca de todo ésto. ¿Una casa rural en medio de la ciudad? ¿Donde se supone que había un edificio en ruinas? ¿De la noche a la mañana?
Aún así, se dedica a mirar al rededor. El lugar es aún más pintoresco por dentro. Pero se asusta ligeramente al notar un caldero humeante sobre un fuego lento. La sustancia dentro parece espesa, púrpura y tiene un olor a lavanda. Junto a éste, un atril con un gran libro abierto se alzaba imponente. Aquél libro tenía las páginas amarillentas, parecía a punto de deshojarse. Incluso la cubierta de piel estaba rasgada.
Continuando con su inspección, puede notar aún más plantas cubriendo las paredes y los estantes llenos de frascos, botellas y libros de todas formas y tamaños. Los recipientes contienen hierbas, líquidos que Jimin nunca había visto y otras cosas que no reconocía (¿esos son... huesos?)
Velas encendidas y de distintos colores y tamaños adornaban casi cada esquina de la habitación. Pudo notar otro estante lleno de libros viejos. Grandes y chicos, gruesos y delgados, de colores mayoritariamente oscuros y con apariencia de tener cientos de años en existencia. Y conocimiento infinito.
En los lugares restantes había amuletos, artefactos, plumas fuente ,¿un cráneo en esa esquina?, ¿una escoba en aquella otra? ¿un altar en el fondo?
Las paredes estaba cubiertas de pósters y fotografías. Las fases de la luna, deidades que no conocía, una foto de la anatomía humana y ¿los chakras? ¿tipos de auras? ¿usos de diferentes hierbas?, pociones comunes... Hasta encontró un póster totalmente negro con las palabras "Baddest witch in town" en blanco y al estilo de American Horror Story.
Y en el centro de todo, un mostrador. En la vitrina se mostraban frascos más pequeños, amuletos, collares, brazaletes, anillos, estatuillas, botellitas, sobres, velas, cajitas cuyo contenido desconocía...
Sobre el mostrador, una tabla de la ouija, cartas de tarot, otra pluma fuente, un cuaderno que parecía muy desordenado, deshojado y con muchos separadores de diferentes colores. La cubierta era de piel negra, pero ya descolorida por el uso y tenía un símbolo que no reconocía. Jimin sintió especial curiosidad por éste cuaderno, así que se acercó a él y extendió un brazo con la intención de hojearlo, pero algo lo detuvo.
Alguien más tomó el cuaderno con rapidez antes de siquiera poder tocarlo.
—¡Nunca toques el Libro de Sombras de un brujo! ¿Es que no tienes modales?—exclamó una voz masculina inusualmente grave, sobresaltando al chico.
Cuando Jimin levantó la mirada, el aire en sus pulmones decidió abandonarlo.
Un hombre joven de cabello rosa claro estaba de pie frente a él. Su ceño estaba fruncido, sus labios delgados formaban una línea recta, jugando suavemente con el anillo en una perforación y su flequillo caía sobre su frente. Sus ojos gatunos, oscuros, lo miraban con enojo y curiosidad. Su cabello estaba cubierto por un sombrero puntiagudo que contrastaba con la palidez de su piel de porcelana. Sin embargo, parecía ruborizado por alguna clase de esfuerzo o ejercicio, ya que estaba sudando. También pudo notar más perforaciones en su orejas y una pequeña cicatriz que atravesaba el puente de su nariz. En cuanto a sus ropas, parecía perfectamente normal. Una playera negra debajo de un overol de mezclilla. Botas de plástico igualmente negras y en sus manos, guantes verdes de jardinería llenos de tierra y lodo.
El rubio tragó saliva con dificultad.
—¡Disculpe, no era mi intención! ¡Yo sólo...!
—¿Un humano? ¿Eres un humano?
Jimin parpadeó y ladeó su cabeza ligeramente, no entendiendo del todo la pregunta del extraño atractivo.
—¿Sí? ¿No debería serlo? ¿Usted no es humano?
—Quiero decir, sí. Pero eres un humano... normal.
El extraño de cabellos rosas dio media vuelta y se posicionó detrás del mostrador, volviendo a colocar el cuaderno sobre éste y mirando a Jimin con cautela. Se quitó los guantes lentamente, sacudiéndolos un poco y dejándolos junto al libro. Ahí es cuando se dio cuenta de que los brazos del hechicero estaban cubiertos con símbolos extraños, como tatuajes.
—¿Usted no lo es?—preguntó el rubio finalmente.
El contrario soltó una carcajada y le regaló una mirada divertida.
—No sé si lo notaste, pero éste lugar en general no es del todo... normal—hubo un silencio de unos segundos en los que Jimin no supo qué decir. Se limitó a balbucear algunas respuestas hasta que fue interrumpido— ¿Cómo entraste a mi tienda, de todos modos?
—¿Por la puerta?
El extraño suspiró.
—Me refiero a... ¿Cómo es que pudiste verla?
—Pues... sólo me paré frente a ella y ahí estaba. Aunque ayer por la mañana estaba el edificio en ruinas... —agregó, aún confundido y sorprendido.
—¿Alguien te habló de éste lugar? —caminaba con parsimonia al rededor de la tienda, dirigiéndose al caldero humeante y tomando un cucharón de madera, agitando lentamente la sustancia dentro.
—Eh... sí, un amigo —trató de seguir al extraño, pero su pie de atascó con una alfombra que no había visto. Al bajar la mirada, se encontró con un gran pentáculo en el suelo. Casi con miedo, decidió rodear la alfombra y continuar hablando.
—¿Qué amigo? ¿Cuál es su nombre? —preguntaba mientras olfateaba con cautela el humo que salía del caldero.
—¿Hoseok? —Jimin seguía tratando de asimilar lo que estaba pasando. ¿De verdad se encontraba en presencia de un brujo? ¿Eso era real?
—Ugh, Hoseok. Juro que un día le cortaré esas horrendas alas que presume.
El chico no supo qué contentar, así que se quedó callado. ¿Alas? Las preguntas sólo se acumulaban en su cabeza, y no estaba seguro que querer escuchar todas las respuestas.
—¡Namjoon, pásame el extracto de fresa!
No esperaba que una poción tan misteriosa llevara fresa pero hey, ¿acaso algo tenía sentido desde que llegó?
—Tío Joonie no está, papi.
Jimin giró sobre sus talones para encontrarse con una niña. Una niña de unos siete años de edad, cabello rizado y negro como el alquitrán, piel morena como el chocolate dulce y ojos oscuros como el chocolate amargo se acercó contenta a ellos. La combinación de sus ojos, su cabello y su piel le llamó la atención. Todo en ella daba un aire de oscuridad, pero su mirada era lo que contrastaba. Sus ojos tenían ese aire de inocencia y tranquilidad que los niños tenían. Incluso le hizo sentir en calma. Portaba un vestido verde claro con mangas blancas y unos tenis blancos.
El semblante del extraño se suavizó por completo, sorprendiendo a Jimin, y se acercó a ella.
—¿Dónde pudo haber ido tu tío?
—Dijo que tenía que hablar con tío Jinnie —la niña se encogió de hombros, soltando un puchero.
El hechicero se acuclilló frente a ella para quedar a su altura y tomar sus manitas entre las suyas.
—Hey, pequeña sabandija, no estés triste. Tío Joonie regresará pronto, ¿sí? —las manos del hechicero eran grandes, Jimin pudo notar, y ver una de ellas posarse suavemente en la mejilla de la niña hizo que su mano pareciera más grande de lo normal, pero con un toque de dulzura. El rubio casi se derrite en su lugar.— Mientras tanto —continuó— ¿Por qué no vas a ver si las mandrágoras ya florecieron?
El ánimo de la niña subió de inmediato y asintió apresuradamente para salir corriendo por una puerta trasera que Jimin no había notado. Acto seguido, el hechicero desapareció por la misma para regresar segundos después con un frasco entre sus manos. Lo abrió y añadió unas cuantas gotas del líquido a su caldero. El color de la sustancia cambió de inmediato a un rosa pálido y con un fuerte olor a chocolate amargo que a Jimin le encantaba.
—Ni se te ocurra acercarte a eso, mortal —advirtió el extraño. El chico se percató de que había tomado dos pasos hacia el caldero— Es una poción de amor muy fuerte, no queremos que te enamores perdidamente de mí.
"Podría hacerlo sin ayuda de una poción" pensó para sí mismo, pero se reprendió de inmediato al percatarse de sus instintos. El olor de esa poción seguro había influenciado en algo.
—Bueno, me imagino que no viniste a husmear. Ya que eres un humano común y corriente, te daré un trato especial. ¿En qué puedo ayudarte ésta hermosa mañana de sábado?
Le pareció notar un tono de sarcasmo, pero no pudo asegurarlo al cien por ciento. Así que se sacudió los nervios y se concentró en lo que realmente venía a hacer.
—Necesito pasar mis exámenes finales. Y Hobi-hyung dijo que mis aflicciones desaparecerían.
—Tanto como creas. No depende de mí, sino de tí. Puedo ayudarte, pero tu harás la mayor parte del trabajo.
—¿A qué se refiere?
—Tienes que creer que la magia funcionará. Dime, Jimin, ¿crees en la magia?
El rubio se quedó atónito. Nunca había mencionado su nombre y la mirada penetrante del hechicero lo ponía nervioso. No sabía qué responder, pero definitivamente no era una respuesta negativa. Era algo así como un acto de fé. Quería creer firmemente en la magia, y ya había tenido suficientes pruebas de que ésta existía.
—Sí.
—Entonces manos a la obra. Dame unos minutos y te daré tu poción. Espera por allá —señaló un lugar donde unos sofás se encontraban y el cuál no había visto. Jimin obedeció mientras veía al extraño alejarse hacia la puerta trasera, pero se detuvo unos segundos antes de entrar— Me llamo Yoongi, por cierto. Es un placer conocerte, Jimin —y desapareció por la puerta.
Jimin seguía teniendo preguntas, pero ya no sentía la imperiosa urgencia de conseguir una respuesta a cada una. Así que obedeció y fue a esperar en los sofás que el hechicero -Yoongi- había mencionado.
En este espacio de la tienda, tres sofás oscuros estaban acomodados al rededor de una mesa de centro. Sobre ésta, tazas de té, cucharas, un recipiente con azúcar dentro y otro con diversas bolsitas de té. Jimin se incorporó para examinar una taza y en cuanto tocó una de ellas, ésta se llenó de agua caliente. Casi deja caer la taza pero fue más rápido, sólo unas gotas se derramaron.
Se dispuso a prepararse un té, buscando entre los sabores de los sobres cuando fue interrumpido.
—No quieres el de manzanilla. El té de hierbabuena te ayudará a calmar tu aura.
Jimin se encontró con esos ojitos profundos y el cabello rizado una vez más. Le regaló una dulce sonrisa a la niña y tomó un té de hierbabuena.
—Gracias por la recomendación.
—No fue nada —se encogió de hombros— Papi dice que el té de hierbabuena ayuda a relajar auras intranquilas.
La niña se sentó a su lado, balanceando sus pies que no tocaban en suelo.
—¿Mi aura está intranquila? —tomó un sorbo de té y al instante sintió una oleada de paz recorrerlo.
—Así está mejor —dijo con una sonrisa— Me gusta ver las auras azules.
—¿Las auras existen?
—Ajá. Mi papi me enseñó a verlas. Aunque solo puedo ver las que son muy fuertes. ¡Pero sigo practicando!
El entusiasmo de la niña causaba una calidez en él, aunque no tuviera idea de lo que estaba hablando.
—Eres el primer humano mortal que viene a nuestra tienda —la niña ladeó la cabeza, examinándolo con esos ojos llenos de curiosidad; luego sonrió y de repente, la habitación parecía más iluminada— Me llamo Yujin.
—Un placer, Yujin. Yo soy Jimin.
Estrecharon sus manos y se soltaron, pero Yujin tenía sus ojos pegados a él.
—Papi dice que los mortales son peligrosos. Que no debería acercarme mucho a ellos.
—¿Ah, sí? ¿Y por qué lo dice?
—Porque...
—¡Yujin, tus tíos están aquí! —escuchó la voz del hechicero y como un botón de encendido, Yujin corría hacia el mostrador, donde un gato azul ruso estaba sentado, balanceando su cola y mirando al rededor con ojos amarillos y calculadores. Junto al hechicero, se encontraba otro hombre, de tez morena, cabello lila y más alto que el otro. Igualmente portaba un sombrero puntiagudo y pudo notar hoyuelos cuando sonreía ocasionalmente hacia el gato.
—¡Tío Joonie, tío Jinnie! ¡Ya llegaron! —la menor fue corriendo a los brazos del hombre, quien la cargó y le dio un par de vueltas antes de dejarla en el suelo nuevamente. Ambos reían, felices de volver a verse.
—Pero no me fui por mucho rato, cucarachita. Te prometí que volvería pronto.
—Pero te extrañé. ¡Y a tí también, tío Jinnie!
Y así, de la nada y frente a los ojos asombrados de Jimin, el gato saltó del mostrador, pero en lugar de caer en cuatro patas, cayó en dos, y convertido en un humano. Un humano de dos piernas, dos brazos y sin cola.
—Mi princesa, también yo te extrañé —éste también cargó a la niña, poniendo su peso en su cadera derecha y sosteniéndola con ambas manos. Éste tenía cabello castaño y sobre el puente de su nariz descansaba un par de anteojos. Su piel parecía extrañamente perfecta y suave y sus labios eran carnosos.
El rubio, sin palabras, se quedó en su lugar, sin mover un músculo. Conocer a un brujo en un día era una cosa, ¿pero dos brujos y un cambiaformas? No estaba seguro de si volvería a respirar pronto.
—Olvidé mencionar, Jin-hyung, que hay un mortal en la tienda —agregó Yoongi, señalándolo.
Las cuatro caras se giraron hacia él, mirándolo como si él fuera el raro. Se sintió cohibido, quiso desaparecer en su asiento, pero luego, el hechicero de cabello rosa le sonrió de lado y se acercó a él para entregarle una botellita con un líquido amarillento. Casi parecía orina.
—Toma un trago antes de cada examen. Ésto te traerá a la memoria lo que hayas estudiado o leído, sin necesidad de tener que aprenderte cada palabra. Pero recuerda creer en la magia, sino, no funcionará. Tampoco bebas más de un trago breve, ¿de acuerdo? Podría causarte problemas...
El chico tomó la botella con manos temblorosas y asintió lentamente con la cabeza.
—Llévatelo, libre de cargo. Parece que necesitas descansar la mente, niño.
Después de algunos balbuceos, Jimin se las arregló para sacar un agradecimiento torpe.
—Gracias, hechicero-ssi.
El mencionado soltó una risa sarcástica.
—Soy un brujo, imbécil.
Unos segundos después de que el mortal hubiera salido por la puerta, Hoseok entró corriendo, desesperado y estampó sus manos sobre el mostrador.
—¡Yoongi-hyung, tengo que decirte algo!
—¿Será algo sobre un mortal conociendo la existencia de mi tienda? —Yoongi limpiaba tranquilamente su daga, prestando atención a su reflejo sobre el fino metal.
—¡Sí! ¿Cómo lo sup...? Oh...
—Estás en problemas, hyung —se burló el moreno de hoyuelos prominentes.
***************
La semana de exámenes había terminado. Y los resultados de Jimin han sido más que satisfactorios. Se encontraba feliz, en las nubes, volando por los cielos. Tenía que agradecerle a su hyung en cuanto lo viera por haberle hablado de esa tienda y abrirle las puertas a un mundo que desconocía.
Estaba emocionado, extasiado, radiante de energía. Incluso a Jungkook y a Taehyung les preocupaba su estado.
—¿Estás drogado, hyung? —preguntó el menor de los tres una tarde donde se encontraban sentado debajo de un árbol y el rubio tarareaba una animada canción, disfrutando de la brisa veraniega— Es demasiado temprano para un porro.
—¡Estoy mejor que nunca, Kookie! No estoy drogado, en serio. Los exámenes acabaron, el verano está aquí, nos queda un año de universidad, estoy con mis mejores amigos... ¿Qué más podría pedir?
¿Un brujo de cabello rosa su lado, quizás? ¿Dándole un poco de magia a su vida?
Los menores intercambiaron miradas, extrañados por el repentino optimismo de su amigo, cuando una gran sonrisa ocupó sus campos de visión.
—¿Jimin? ¿Te encuentras bien?
—¡Hobi-hyung! ¡Estás aquí!— Jimin se levantó para abrazar al pelinegro, el cual apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de caer con el rubio encima de él.
—¿Qué te ocurre hoy? ¿Estás dopado, Chim?
—Ha estado así todo el día, hyung —respondió Taehyung por él, mientras Jimin reía histéricamente y daba vueltas al rededor del árbol, saltando como un niño feliz. Le lanzó una mirada preocupada, casi esperando que Hoseok leyera sus pensamientos. No lo hizo, pero pareció captar el mensaje de a poco.
Hoseok se quedó callado por un momento, pensando. Algo no andaba bien, ¿será que...?
—Jimin—llamó— ¿Por qué no me acompañas por un helado?
El semblante del mencionado se iluminó de inmediato.
—¡Helado! ¡Eres el mejor, hyung!
Hoseok les indicó a Jungkook y Taehyung que él se encargaría de su amigo. Ellos confiaban en él, así que no tuvieron problema en dejarlos ir.
—Podríamos tener esa cita que me prometiste hace tiempo, Kook—comentó Taehyung cuando se encontraron solos, regalándole una sonrisa pícara, mostrando sus dientes. Jungkook trató de esconder sus mejillas rojas mientras accedía a la petición de su novio.
Hoseok cuidaba que Jimin no se desviara del camino mientras se dirigían al centro de Seúl, donde vivían las personas que seguro podrían ayudarlo.
—¡Pero mira qué hermoso día hace, hyung! ¡Podríamos salir a volar un rato antes de que las mariposas invadan el cielo!
El mayor rodó los ojos.
—Por supuesto, Chim, pero primero vamos por ese helado, ¿sí?
—¡Con que sea helado de magnolias!
Continuaron el paso hasta que llegaron. Hoseok abrió la cerca y cruzó el pasillo de plantas móviles hasta llegar a la puerta. La abrió rápidamente, encontrándose con el gato azul ruso durmiendo sobre el sillón y a Namjoon cerca del caldero, haciendo cualquier poción que estuviera haciendo. A juzgar por el aroma que llegaba a sus fosas nasales y el color azulado de la sustancia, era una poción para el insomnio. Esa poción se vendía como pan recién horneado.
—Le falta canela, Nam—comentó Hoseok al entrar. El moreno levantó la vista y sonrió cálidamente.
—Bienvenido de nuevo, hyung—lo saludó, buscando el frasco de canela para agregar un pellizco del polvo. El ambiente se tornó más tranquilo, casi flojo, indicando que la poción estaba en su punto perfecto.
—¿Está Yoongi-hyung?—fue directo al grano— Tenemos un problema.
Detrás de él, Jimin había echado a un lado al gato y ahora se encontraba recostado en el sillón, profundamente dormido. El gato, convirtiéndose en humano, se acercó a ellos.
—Estúpido mortal, ¿quién se cree que es?
—No lo culpes, hyung. Creo que tomó más de lo debido.
Los dos presentes entendieron de inmediato que no se refería precisamente a bebidas alcohólicas.
—Está en el jardín trasero—indicó Jin.
—Excelente. ¿Podrían cuidarlo mientras voy por él?—no esperó respuesta ya que salió corriendo por la puerta trasera.
—¿Y si le hacemos una broma?—sugirió Namjoon, haciendo que sus hoyuelos aparecieran de pronto.
Jin rodó los ojos y se cruzó de brazos.
—No harás lo del bigote de nuevo.
En el jardín trasero, Hoseok se encontró con una de las escenas que más le gustaba ver: Yoongi, envuelto en sus ropas de jardinería, le hablaba alegremente a sus plantas mientras les cambiaba la tierra. Yoongi solía ser frío, sarcástico, incluso gruñón, pero cuando se trataba de plantas, podía llegar a ser un niño pequeño.
—Muy bien, leonesa, bienvenida a tu recién limpio hogar nuevamente—decía mientras colocaba una atrapamoscas de venus en un agujero recién hecho de tierra limpia. La planta empezaba a abrir sus fauces, contenta con el cambio de ambiente— Te has portado muy bien. Toma, te mereces una mosca —y con esto, tomó una mosca muerta de una cubeta y la colocó entre los dientes de la planta. No pasaron más de diez segundos antes de que la atrapamoscas empezara a digerirla.
—¡Tío Hope!—su niña favorita en el mundo llegó corriendo a su encuentro. Hoseok, la levantó en el aire, contento de ver a su no-sobrina.
—¡Yujin, palomita! ¡Qué gusto verte!
—Tío Hope, tu aura está entre gris y rosa. ¿Hay algo que te preocupe o estás feliz por algo? ¿O ambas? —la niña ladeó su cabeza, confundida. Estaba aprendiendo muy bien a leer auras, pero aún le costaba descifrar los sentimientos más fuertes en el estado de ánimo de la persona.
—Estoy feliz de verte, palomita. Pero necesito hablar con tu papá.
—Ah, claro. Estaba por allá, cuidando a las carnívoras.
Hoseok dejó a Yujin en el suelo nuevamente y se acercó a Yoongi.
—Dame un segundo, Hope, sólo termino con ésta pequeña.
—¡Tienes una cephalotus! ¿Cómo es que no sabía?—el menor se agachó para admirar mejor a la planta, ya que nunca había visto una de esas en la vida real. Era tan pequeña pero tan mortal. Le fascinaba.
—Acabo de conseguirla en un juego de bacillo, en el bar local.
—¿No sabía que jugabas?
—He estado aprendiendo —se encogió de hombros, terminando de colocar la tierra alrededor de la cephalotus. Ésta se movía, adaptándose a su nuevo hogar.
—Es tan hermosa—comentaba el pelinegro. Yoongi casi podía ver los corazones en sus ojos.
—Puedes venir a convivir con ella cuando quieras, ya lo sabes.
—¿De verdad?—Hoseok estaba tan feliz que sus alas amenazaron con salir de golpe, pero estuvo a tiempo de controlarlas, abrazando a Yoongi fuertemente— ¡Gracias, hyung! ¡Vendré ésta misma noche! Pero antes... Tenemos un problema...
—¿Tenemos? Me suena a plural...—se soltó del agarre del menor y lo miró con el ceño fruncido.
Hoseok le regaló una mirada de disculpa antes de dirigirse al interior de la tienda, donde Namjoon se encargaba de embotellar la poción, racionándola en frascos de distintos tamaños y etiquetándolos, mientras que Jin estaba sentado leyendo un libro y comiendo galletas.
Pero lo que llamó la atención del brujo fue lo que se encontraba recostado en el sofá con la cabeza en el regazo del cambiaformas. El mismo mortal que había venido una semana antes, pidiendo una poción para pasar sus exámenes.
—Tienes treinta segundos para explicarte—sentenció.
— No estoy muy seguro de qué fue lo que pasó, pero te juro que no fue mi culpa—el hada se apresuró a explicar, ya no importándole esconder sus alas y empezando a revolotear frente a Yoongi, ahora en su tamaño normal, más o menos dos pulgadas— Tengo la teoría de que tomó más de un trago de la poción que le diste.
Con esto, Yoongi se apresuró hacia el mortal, retirándose los guantes de las manos. Jin se levantó sin prisa, colocando un cojín en la cabeza del rubio, y acercándose a Namjoon mientras el hada y el brujo mayor se encargaban del Jimin. Yoongi parecía exasperado, enojado incluso.
—Única regla que tengo, primera regla que rompen. ¡Por eso odio a los muggles!
—Así que viste Harry Potter —Hoseok se divertía con la escena, aunque aún seguía preocupado por su amigo.
—Por favor, no seas ridículo —el brujo rodó los ojos, tratando de evadir el tema, pero no pudo evitar añadir:— Leí primero los libros.
Hoseok se limitó a reír y a prestarle atención al rubio, que seguía durmiendo y no parecía que fuera a despertar pronto.
—¿Va a estar bien, hyung?
Yoongi pasaba sus manos por encima del pecho de Jimin, sin tocarlo, y cerraba los ojos, concentrado. Se aventuró a palpar la frente del rubio, comprobando así que su temperatura corporal estaba más arriba de lo normal.
—Tiene fiebre y está temblando un poco. Su ritmo cardíaco también está alto. Necesito... —con esto, se levantó para salir al jardín trasero y volver con un mortero entre sus manos, triturando algún ingrediente extravagante. Acto seguido, precisó de la ayuda del hada— Necesito que lo despiertes. Pero no dejes que te vea así por el momento, ¿sí? No queremos que tenga otro colapso.
Hoseok asintió y se acercó al oído de Jimin, susurrando algo que Yoongi no alcanzó a entender. El chico despertó abruptamente y el hada fue a esconderse debajo del cojín.
—¿Qué está pasando? ¿Dónde está mi helado?
—Sh, sh. Todo está bien, ¿ok? Tengo tu helado justo aquí— Yoongi tomó una cuchara de madera llena de hojas molidas de orquídea y la acercó a su boca— Mira, pruébalo. Está delicioso.
Jimin, aún envuelto en su repentino éxtasis, se metió el bocado completo a la boca, tragando con dificultad cuando el sabor amargo chocó con sus papilas gustativas. La mueca en su rostro era digna de un retrato.
—Ese no es un buen helado, señor. ¡Ni siquiera está frío!
—Duerme —el brujo tocó su frente con el dedo índice y así, Jimin volvió a quedarse profundamente dormido, roncando de vez en cuando.
Hoseok salió de debajo de la almohada para sentarse en el hombro derecho del de cabellos rosas.
—Espero sinceramente que no lo hayas envenenado.
Yoongi se levantó, lavó el mortero y lo volvió a dejar en su lugar.
—No lo hice. Las orquídeas son ideales para contrarrestar éxtasis menores. No debería tardar en despertar.
—Muchas gracias por tu ayuda, hyung.
—Le dije específicamente que no tomara más de un trago.
—Depende de qué tan grande sea un trago para él— intervino el cambiarformas desde el otro lado de la habitación.
—¿Qué tan grande puede ser? ¿Tanto como tu ego?
—Respeta a tus mayores, Yoongi.
—Lo dice quien vive bajo mi techo.
—Chicos, no peleen —ésta vez fue Namjoon quien habló— El mortal podría despertar en cualquier instante, y tendrá preguntas.
—¿Hope? ¿Puedes volver a tu forma humana? —preguntó el brujo mayor. Hoseok negó con su pequeña cabeza.
—Ya usé el hechizo de hoy.
—Bien. Tienes dos opciones —Yoongi tomó asiento pesadamente en el sofá opuesto a donde se encontraba Jimin— O le dices la verdad, o vas y te escondes a tu casita.
El hada suspiró.
—Supongo que le diré la verdad. Después de todo, ya conoce tu tienda y a Jin-hyung.
—Por favor, todo el mundo se queda sin palabras cuando me conoce.
Nadie respondió.
Después de unos minutos en silencio, donde el único ruido eran las corrientes de aire desde la ventana y la puerta abierta, Yujin entró por la puerta trasera, sosteniendo una semilla en sus manos enguantadas y con una gran sonrisa en su rostro.
—¡Mira, papi! ¡Las mandrágoras ya dieron semillas!
Tal vez fue su entusiasmo, o simplemente el volumen de su voz lo que despertó a Jimin. Sobresaltado, se incorporó en su lugar y parpadeó varias veces, frotando pesadamente su cabeza. Su cabello estaba desordenado, dándole un aspecto... tierno, pensó Yoongi.
—¡El mortal está aquí! —exclamó la pequeña Yujin, guardando la semilla de mandrágora en el bolsillo delantero de su overol.
—¿Qué pasó?
—Desobedeciste mis reglas, eso pasó —el brujo se levantó de su lugar, cruzándose de brazos.
Yujin se acercó a él, sentándose a su lado como lo hizo la primera vez que estuvo en la tienda.
—Cuando papi dice que no hagas algo, siempre es mejor escucharlo —comentó, ladeando su cabeza y mirándolo a los ojos— Cosas malas pasan cuando no escuchas a papá.
Jimin no supo si tomarlo como un comentario infantil, una advertencia o una amenaza. Concluyó que podía ser las tres cosas si de verdad lo pensaba.
Se tomó unos segundos para observar el lugar donde se encontraba hasta que lo reconoció. A la niña, al cambiaformas extrañamente atractivo, al brujo de cabello morado y más importante... Al brujo gruñón de cabello rosa que lo había atendido hace una semana. Lo que no reconoció, fue a la pequeña figura fluorescente en el hombro de éste, moviéndose como si fuera... ¿un mini humano?
No le dio importancia de inmediato, concluyó que sería alguna criatura mágica y que tal vez no era de su incumbencia.
—No recuerdo mucho.
—Te daré un resumen, florecita —inició Yoongi, con una voz más grave de lo normal— Te dije que tomaras un trago antes de cada examen, y no lo hiciste. Tomaste más de la cuenta y eso pudo costarte la vida. Si Hoseok no te hubiera traído a tiempo, probablemente estarías ya desmayado en algún callejón, rodeado de hadas oscuras.
—¿Hadas oscuras?
—Se aprovechan de la debilidad de los mortales. El punto es... Debes ser muy cuidadoso con la magia, chico. Por eso nos escondemos de ustedes.
—Espera un minuto, ¿dijiste Hoseok? ¿Hobi-hyung me trajo? ¿Dónde está?
La figurita fosforescente saltó del hombro del brujo y empezó a revolotear hasta que salió por la puerta trasera. Yoongi entendió de inmediato el mensaje.
—Tenía una emergencia, tuvo que salir volando.
Namjoon y Seokjin soltaron una carcajada en el fondo, sin dejar de hacer lo que estuvieran haciendo.
—Pero no te preocupes, no mordemos—continuó— Yujin, sabandijita, ¿por qué no le traes uno de tus famosos tés a nuestro invitado?
La niña sonrió ampliamente y saltó del sofá, colocándose detrás del mostrador y poniéndose manos a la obra. Jimin la observó sacar un caldero en miniatura lleno de agua y ponerlo sobre lo que parecía un mechero de Bunsen, pero más anticuado. Se quitó los guantes y se arremangó la blusa roja. Al exponer sus brazos, el rubio pudo notar los símbolos que éstos tenían, casi como los del brujo pero en menor cantidad. Sacó hierbas distintas y, con mucha precisión, las añadió a la mezcla. Casi parecía... una alquimista. Aunque sólo estuviera haciendo té.
—Bueno—Namjoon empezó, apagando el fuego del caldero— Necesito salir comprar algunas cosas. Jin-hyung, ¿por qué no me acompañas?
—Claro, necesito salir de éste cuchitril un rato.
—¡Oh! ¿Puedo ir?—intervino la niña— Quiero comprar un péndulo nuevo.
—¿Qué le pasó al que tenías?—preguntó Jin. Yujin se encogió de hombros.
—Se rompió en una sesión.
—¿Terminaste la sesión? No queremos espíritus malvados rondando por ahí.
—¡Claro! ¡Eso fue hace semanas!
—Sabandija, ¿necesitas dinero?—preguntó Yoongi, listo para darle a la niña lo que necesitara, pero ella ya negaba con la cabeza mientras servía dos tazas de té y apagaba el mechero.
—No, gracias, papi. Tengo un poco de lo que he ahorrado.
—¿Y de dónde sacaste el dinero?
—A las niñas de mi escuela les encanta ver trucos de magia —su sonrisa era divertida y malévola al mismo tiempo. Yoongi la miró, enternecido.
—Mi sanguijuela está creciendo.
—Já, apenas tiene siete años y ya es más exitosa que tú—Jin se dirigió a Namjoon antes de convertirse en gato y pasar entre sus piernas.
La niña dejó las dos tazas de té en la mesa de centro y se dirigió a su padre.
—No hagas nada que no hiciera yo—le dijo Yoongi, abrazándola.
—Y tu trata de no incendiar la tienda mientras no estoy, ¿sí?
Podía tener siete años, pero a Jimin le pareció que esa niña ha vivido más que él mismo.
Cuando la puerta se cerró detrás de ellos, Yoongi tomó la taza y la llevó a sus labios, cruzando sus piernas.
—¿Debería preocuparme?—preguntó Jimin, ya preocupado. ¿Yujin se había referido a una sesión... espiritista? ¿Con espíritus reales?
—No.
—Ok.
Yoongi suspiró.
—Bebe, te sentirás mejor.
Jimin obedeció. En cuanto tomó el primer sorbo, su cuerpo se sintió inmediatamente más ligero y la tensión que parecía cargar se aminoraba. Suspiró, disfrutando la sensación y cerró los ojos unos segundos.
—Oh, Dios. Es el mejor té que he probado en mi vida.
— Yujin tiene habilidades extraordinarias para la cocina. Ella es la razón por la que no he muerto de hambre en los últimos siete años.
—¿Puedo hacerle una pregunta?
—No.
—Ok.
Bebieron en silencio. Yoongi terminó su té antes que Jimin y se levantó.
—Bueno, eso sería todo. Me alegro de que te sientas mejor y no hay nada más que pueda hacer por tí. En cuanto salgas por esa puerta, por favor no vuelvas a menos que sea de extrema importancia. Y por lo que más quieras, no reveles la existencia de ésta tienda a ninguno de tus amigos mortales, ¿sí? Lo sabré si lo haces, y las consecuencias no serán bonitas para tí. Ten un buen día.
Y con esto, caminó hacia la puerta trasera, pero en cuanto la abrió, la pequeña figura fosforescente de antes entró rápidamente, posándose en la mesa frente a Jimin.
—Ay, no—susurró Yoongi entre dientes.
—¡Jimin! ¡Lo siento muchísimo! Nunca debí haberte hablado de la tienda, ni tampoco debí haberte mentido, pero necesitabas ayuda y estabas desesperado, y he querido decirte la verdad desde hace mucho tiempo, pero no sabía cómo hacerlo y ahora puse tu vida en riesgo, y...
—¡Hoseok! ¡Cálmate! Lo vas a asustar.
Jimin estaba confundido. Escuchaba la voz de su amigo, pero no sabía exactamente de dónde provenía.
—¡Aquí abajo, Chim!
El rubio miró la mesa de centro para encontrarse con un humano de dos pulgadas, brillando y saludándolo con una mano.
—¡Un insecto! ¡Un maldito insecto!—sobresaltado, brincó del sofá para esconderse detrás de él y apenas asomar sus ojos.
—Vamos, Jimin. Soy yo—el hombrecito dijo, volando cuidadosamente hacia él y deteniéndose en el respaldo del sofá, cerca de sus manos— Soy tu esperanza, soy tu ángel, soy J-Hope.
—Más bien una maldita hada—se rió Yoongi desde su posición. Hoseok le lanzó una mirada asesina.
—¿Hobi-hyung? —Jimin salió de su escondite con cautela, tomándose su tiempo para admirar el tamaño de su hyung, sus alas, incluso su ropa. Al ser un hada, el chico pensaría que su ropa consistiría en trajes verdes con zapatos y sombrero puntiagudo, tal vez cubierto de hojas y ramitas, pero no. Vestía exactamente lo mismo que la última vez que lo había visto.
—¿Tu ropa se encoge cuando tú lo haces?
Nadie habló durante unos segundos. Hoseok esperaba cualquier pregunta, excepto esa.
—Sí, lo hace.
—Mi amigo es un hada... Mi hyung es un hada...—no sabía si le sorprendía, le asustaba, o le intrigaba. Tal vez las tres cosas.
—Soy un hada.
—¿Eres de las hadas oscuras que Yoongi-ssi mencionó?—preguntó, casi con miedo.
—¿Qué? No soy...—miró al brujo con enojo, quién sólo se encogió de hombros y frunció los labios— No soy una hada oscura. Me ofende que si quiera llegaras a pensar eso.
—Lo siento, es sólo que...—rodeó el sofá nuevamente, tomando asiento donde se encontraba hace algunos minutos— Todo es un poco confuso. Hace una semana no sabía que la magia existía, y ahora me entero que uno de mis mejores amigos es un hada, y tiene amigos brujos y cambiaformas.
—Sólo brujos y cambiaformas, definitivamente...
—Y obviamente existen muchas más cosas que yo no conozco.
—Sé que es mucho por procesar, Chim—el hada se sentó suavemente en el hombro de su amigo, tratando de consolarlo— Y puedes tomarte todo el tiempo que necesites.
—Con que sea fuera de mi tienda...—intervino el brujo, recargado en el marco de la puerta trasera y cruzándose de brazos.
—¡Hyung!—regañó Hoseok— Jimin puede tomarse el tiempo que necesite, y podrá venir cuando quiera.
Yoongi rodó los ojos y suspiró.
—Bien, pero habrá tres simples reglas..
—Te escucho.
—Uno: tienes que estar tú presente. No me haré cargo de ningún trauma emocional si el chico se queda sin supervisión y no empezaré a ser responsable ahora.
—Hecho. ¿Cuál es la segunda regla?
—No tocará nada. No queremos que cause desastres que después yo tenga que arreglar.
—Perfecto. ¿Y la última?
—No me dirigirá la palabra. Ya suficiente hice por éste mortal.
—Bueno, puede que eso sea un poco grosero...—empezó el hada, pero al ver la mirada dura del brujo, aceptó— De acuerdo. ¿Escuchaste, Jimin?
El mencionado asintió con la cabeza, tratando de esconder su sonrisa. Es cierto que el brujo Yoongi era gruñón y grosero, pero había algo que no le cuadraba a Jimin. Como si se esforzara demasiado en aparentar rudeza.
—Bien. Si cumples esas tres reglas, eres bienvenido en mi tienda cuando quieras. Está abierta las veinticuatro horas del día.
—Siempre y cuando yo esté presente—comentó Hoseok.
—Ya empiezas a entender.
Y con esto, salió en dirección al jardín.
—No dejes que te intimide. Es un anciano gruñón que no ha tenido sexo en al menos cincuenta años.
El rubio casi se atraganta con el té.
—¿Qué edad tiene? ¿Qué edad tienes tú, Hobi?
—No quieres saber su edad. Y yo soy mucho mayor que tú, niño, así que no dejes los honoríficos.
—Lo siento, hyung.
Después de acabarse el té, Jimin observó el reloj en su celular, sobresaltándose con la hora y la cantidad de mensajes que tenía.
—Ay, no. Llego tarde para una entrevista. Kookie y Tae me están buscando. ¡Tengo que irme!
Hoseok despegó de su hombro, flotando cerca de su cabeza.
—Cierto, estás buscando un trabajo de verano. ¿Qué intentarás ahora?
—El café frente al campus.
—¡Mucha suerte, Chim! ¡Regresa pronto!—gritó cuando el chico ya salía por la puerta.
—¡Gracias, lo haré!
Y la puerta se cerró con un golpe seco.
**********************
Jimin visitaba la tienda casi todos los días. Se le hizo costumbre seguir a Hoseok después de sus clases de baile, por las tardes. Casi dos semanas habían pasado desde el incidente, y Jimin nunca había estado más animado en toda su vida. Todo un mundo nuevo está abierto ante sus ojos, al alcance de sus manos y más emocionado no podía estar. Incluso Jungkook y Taehyung notaban su cambio de humor éstos últimos días. No podía explicarles, por supuesto, siendo que había hecho una promesa, pero ganas no le faltaban.
Fue un viernes cuando su amigo/hada sacó un tema de conversación que estaba evitando.
—¿Y cómo va la búsqueda de trabajo?—preguntó, mientras abrían la cerca y cruzaban el jardín hacia la puerta principal de la tienda.
—Ugh, ni me lo preguntes. He aplicado en todas los cafés de la ciudad y ninguno me ha aceptado. Es como si ni siquiera estuvieran intentando, ¿puedes creerlo, hyung?
Al abrir la puerta, Hoseok se deshizo del glamour que mantenía su fachada de humano para volver a su tamaño original y revolotear cerca de la cabeza de su amigo.
—¿Cafés? ¿Chim, si quiera tú estás intentando?
—¡Claro que estoy intentando! Quiero un trabajo en un café y así conocer a mi alma gemela, ¿es eso mucho pedir?
—Esto no es una historia de amor, Chim. Necesitas el dinero si quieres pagar tu último año de universidad y tus clases de baile —comentó, haciendo énfasis en la y.
—Tienes razón, pero ¿dónde más están buscando trabajo?
—Tal vez Yoongi pueda ayudarte un poco en eso.
Jimin se dejó caer en el sofá, en su asiento habitual mientras Hoseok se posaba en su hombro. Seokjin estaba en el mostrador, como de costumbre, vigilando la tienda con esos ojos amarillos y Namjoon estaba detrás, sentado en una silla y enfrascado en su lectura. El libro parecía extremadamente antiguo. Los dos se limitaron a saludarlos con un movimiento de cabeza y una sonrisa.
—Pero Yoongi-ssi dijo que no debo dirigirle la palabra...
—Mhm, tienes razón. ¡Namjoon! ¿Tienes un momento?
El mencionado se levantó, dejando el libro a un lado y se acercó a ellos.
—¿Qué necesitas, hyung?
—Jimin necesita un poco de ayuda.
—Si tiene que ver con saber su el futuro, soy todo oídos.
—Pues... Algo así. Necesita conseguir trabajo, ¿crees que podrías hacerle un amuleto o algo?
Namjoon negó de inmediato con la cabeza.
—No, nunca. Soy malo con amuletos y pociones y lo sabes perfectamente, hyung.
—Por favor, Joon, ¿qué es lo peor que podría pasar?
—Si ocurre algún desastre, Yoongi-hyung me mataría, ¡y temo por mi vida!
—¿Alguien te está amenazando, Nam?—el mencionado entraba en la estancia, con la pequeña Yujin detrás de él.
—Nadie me amenaza... Aún. Hosoek-hyung quiere un favor, así que dejaré que él mismo te lo diga—le sonrió inocentemente y volvió a su lugar para seguir leyendo su libro. El gato le lanzó una mirada divertida, y ambos pusieron atención a la conversión que estaba a punto de tener lugar.
—¿En qué puedo ayudarte, Hope?—Yoongi estaba de buen humor, parecía, hasta que sus ojos se posaron en cierto mortal en su tienda— Bueno, quizás pueda esperar.
Se dio vuelta para regresar por donde había venido, pero el hada fue más rápida y se apresuró a cubrir su paso, flotando frente a su rostro.
—¡Espera! Es sobre... Jimin.
Yoongi levantó una ceja, desinteresado, e hizo su característico puchero, casi frunciendo los labios.
—Vamos, ya lo ayudaste una vez...
—¿Y cómo terminó para él?
—Ay, pero ésta vez no pasará. Harás todo lo que te diga, ¿verdad Jimin?—el hada miró al rubio detrás de ellos, quien se apresuró a asentir rápidamente— Vamos, hyung. Hazlo por mí.
—Tío Hobi se ve muy afligido, papi. Tal vez deberías, al menos, escucharlo —intervino la niña, al lado del brujo.
Yoongi suspiró, mientras Hoseok le sonreía a Yujin en agradecimiento. Al final rodó los ojos.
—Tienes treinta segundos.
—Jimin necesita trabajo, pero parece que no ha estado buscando en el lugar adecuado. ¿Podrías hacer algo por él...?
El brujo levantó ambas cejas.
—...Hyung?
Yoongi miró al mortal. Éste evitaba su mirada, tratando de cumplir su promesa de no dirigirle la palabra. Su cabello caía sobre su frente, sus ojos nerviosos rondaban por cada parte de la habitación que no fuera él. Ese día estaba vistiendo una playera de manga larga gris con pants y tenis negros. Las mangas de la playera cubrían sus manos y jugaba nervioso con ellas. Estaba ligeramente sudado, producto de la clase de baile de donde venía.
Suspiró por última vez, cerrando los ojos y diciéndose a sí mismo que no se arrepentiría.
—Bien. Denme unos minutos.
Se dirigió a la vitrina frente al mostrador y sacó algo que nadie pudo ver. Luego, desapareció por la puerta trasera, dejándolos solos, preguntándose qué haría. Segundos después, Yujin lo siguió.
Hoseok sonrió, yendo hacia Jimin, quien tomó asiento nuevamente.
—Tranquilo, Yoongi-hyung sabe lo que hace.
Namjoon se acercó a ellos igualmente, junto con el gato y ambos se sentaron en el sofá frente a ellos.
—Tiene razón, ¿sabes? Es muy raro que cometa errores... No después de...
El gato saltó sobre su regazo y le lanzó una mirada acusatoria, advirtiéndole que no hablara más de la cuenta. Namjoon entendió.
—Digamos que Yoongi-hyung ha tenido un pasado difícil que ha forjado su personalidad a lo largo del tiempo.
Jimin se conformó con eso, pero no pudo evitar preguntarse que tuvo que haber pasado para que Yoongi fuera de esa manera. Tampoco pudo evitar recordar lo que le había dicho Yujin cuando la conoció.
"Papi dice que los mortales son peligrosos. Que no debería acercarme mucho a ellos."
¿Tendría algo que ver con eso?
Mientras tanto, Yoongi se había metido al cuarto contiguo a su jardín, donde solía hacer sus mezclas, algunas pociones, fertilizantes y prácticamente todo su trabajo. En el centro, había una mesa de madera con seis sillas. Las paredes estaban llenos de estantes con diversas plantas, frascos y herramientas de jardinería y alquimia por todos lados. El lugar estaba lleno de ventanas, por donde entraba luz natural. Una sola bombilla colgaba del techo para cuando Yoongi trabajaba por la noche. Y en una esquina, lo que parecía una estufa y un refrigerador, donde guardaban sus alimentos y trataban de cocinar.
—¿Necesitas ayuda, papi?—decía Yujin al tomar asiento en una de las sillas y ver a su padre trabajar. Éste colocaba el brazalete en medio de un pentáculo pintado en la mesa y posocionaba algunas plantas y velas al rededor.
—No, cariño. Sólo haré un simple encantamiento para el mortal y listo.
—Jimin no parece de esa clase—comentó la niña, jugando con sus trenzas— Me he dedicado a analizar su aura durante éstos días...
—Yujin, ahora no, ¿sí?
—Sólo digo, papá, que también hay mortales buenos en el mundo.
—Y yo sólo digo que no me pondré a buscarlos corriendo el riesgo de encontrar uno malo, ¿de acuerdo?
Su tono de voz salió más duro de lo que pretendía, y cuando levantó la vista para mirar a la niña, ésta fruncía el ceño, preocupada por su padre.
—Sólo quiero que seas feliz, papi. Nunca te he visto sonreír fuera de tu zona de comfort.
Yoongi dejó de hacer lo que estaba haciendo para mirar a su hija. Ella mantuvo su mirada firme hasta que el brujo se rindió. ¿Cómo es que había criado a ésta niña tan bien?
—Gracias, Yujin. Lo intentaré, ¿está bien?
Yujin sonrió, se bajó de la silla y se acercó a Yoongi, envolviéndolo en un fuerte abrazo. La puerta se abrió abruptamente, interrumpiendo el momento. Hoseok entró en una estela de luz y se detuvo frente a ellos.
—Lo siento, ¿interrumpo algo? Bueno, no importa. ¡Thea está aquí!—y se fue como llegó.
—¿Vamos a verla?—sugirió Yoongi cuando se encontraban solos nuevamente. Yujin asintió con felicidad y ambos salieron de cuarto, cruzaron el jardín y entraron a la tienda. La niña corrió entusiasmada a los brazos de la recién llegada.
—¡Mami! ¡Te extrañé mucho!
Jimin levantó la cabeza al escuchar esto. No le había prestado mucha atención a la recién llegada, pero cuando vio a Yujin tan feliz de ver a quien parecía ser su madre, su mente encendió todo tipo de alarmas.
La chica parecía joven, no más de veinticinco años. Era morena, su cabello suelto era rizado y castaño oscuro, con ojos pequeños, igual que la niña. Jimin podía notar el parecido por todos lados, y se sorprendió que Yujin y Yoongi no tuvieran similitudes en cuanto a la apariencia física. La madre de la niña no vestía demasiado lujosa, como podía creer. Simplemente unos jeans rotos de las rodillas y un suéter de lana roído que le quedaba ligeramente grande. En su espalda colgaba una pequeña mochila de mezclilla.
En cuanto Yujin abrió los brazos, la recién llegada la recibió encantada, cargándola en su cadera y saludándola con un abrazo igual de fuerte.
—Hola, calabaza. También te extrañé muchísimo.
Acto seguido, Yoongi entró a la tienda, sonriendo ligeramente al ver la escena. Jimin notó el momento exacto en que el brujo y la chica cruzaron miradas y una oleada de celos invadió su pecho. Él no lo notó, pero Yujin fue capaz de ver su aura perfectamente y sonrió para sí misma.
Yoongi se acercó a ellas.
—Hola, extraña, qué gusto volver a verte—se acercó a ella para saludarla con un beso en la mejilla. El interior de Jimin ardió en llamas, así que prefirió apartar la vista.
—Lo mismo digo, Yoongles, ¿cómo has estado?
El brujo se encogió de hombros.
—Como siempre. Resolviendo la vida de otros, limpiando los desastres de Namjoon y cuidando a ésta pequeña—respondió, señalando con la cabeza a Yujin.
La chica sonrió de lado.
—Has hecho un buen trabajo. Temía no encontrarla en mi próxima visita.
—Pff, por favor. Yujin puede cuidarse sola perfectamente. Más bien, ella me cuida a mí, ¿no, sabandijita?
La niña sonrió ampliamente.
—Papi estaría muerto de hambre de no ser por mí.
La chica rió.
—¿Y qué te trae por Seúl, anciana?—intervino Seokjin, al fin volviendo a su forma humana y acercándose a ellos.
—Bueno, pensé que ya había pasado mucho tiempo desde que los visitaba. Y tenía ganas de verlos.
Namjoon también se unió a la conversación.
—Nos alegra mucho verte. No desaparezcas tanto.
—En realidad, he estado viajando mucho. ¡Y vengo con regalos!
Se descolgó la mochila de su espalda y se sentó en el sofá, junto a Jimin, notando su presencia por primera vez.
—Hola, nunca te había visto por aquí—le sonrió de lado, extendiendo su mano— Soy Althea, pero todo el mundo me dice Thea. Un placer.
—Soy Jimin—respondió, tomando su mano y tratando de forzar una sonrisa.
—¿Eres amigo de Yoongi?
—No en realidad—Hoseok respondió por él, sentándose en el centro de la mesa— Es mi amigo, pero Yoongi lo deja venir de vez en cuando.
—Me sorprende que ese gruñón no te haya corrido aún. No le gusta hacer muchos amigos.
—Hm, ya lo conoces. Tiene un punto débil por el hada carismática.
Todos rieron, menos Jimin, quien se sentía cada vez más y más fuera de lugar. Yoongi notó su incomodidad, pero trató de ignorarlo lo más que pudo.
—¡Volviendo a los regalos!
Empezó a sacar algunos paquetes y a repartirlos por los presentes.
—¡Una nueva bola de cristal! ¿Cómo sabías que rompí la mía?—exclamó Namjoon.
—Miel de maple del árbol más viejo de Canadá. Me conoces tan bien—rió el hada.
—Una colección de ingredientes y especias selectos para cocina. ¿Cómo es que supiste?—Seokjin ya estaba pensando en mil y un platillos donde agregar sus nuevos condimentos.
—¡Wow! ¡Una varita de cuarzo! ¡Pero éstas son imposibles de conseguir!—gritaba Yujin, admirando su nueva varita, casi con miedo de romperla.
—Y para Yoongi...—se levantó y caminó hacia él, con su mochila en una mano y la otra dentro de ella, manteniendo su regalo como sorpresa— No es realmente un regalo, es más como un encargo, ¿sabes? Lo encontré abandonado en un bosque en Noruega y pensé que tú serías el indicado para cuidarlo.
Finalmente, sacó su mano, revelando así lo que a Jimin le pareció como un huevo de tortuga. Era muy pequeño, podía caber en la palma de Yujin. El chico no podía saber con certeza a qué animal pertenecía.
Sin embargo, por la cara que puso, Yoongi pareció reconocerlo de inmediato.
—Estás bromeando—su rostro denotaba sorpresa, admiración, incluso felicidad. Eran más expresiones de las que nunca le había visto hacer y Jimin odió a la chica por eso.
—No estoy bromeando. Necesitará un hogar cuando nazca.
—Será un honor cuidarlo. Myzo estará encantado de tener compañía.
Thea le entregó el huevo y Yoongi lo recibió como si de una pluma se tratara. Fue corriendo a buscar un recipiente y un retazo de tela para colocarlo ahí con sumo cuidado y dejarlo sobre el mostrador.
—¿Y cuánto tiempo estarás en Seúl?—preguntó de pronto Namjoon.
—Oh, de hecho estaba por irme.
—¿Bromeas? ¡Pero si llegaste hoy!—Hoseok lloraba.
—Lo siento, chicos, tengo algunos asuntos por resolver. Pero esto muy contenta de verlos de nuevo.
—Bueno—intervino Seokjin— No queremos retrasarte. Pero mantente en contacto, ¿sí?
—Concuerdo con el gato—asintió Yoongi, regresando con ellos— Y llámanos si necesitas algo, ¿de acuerdo? Sabes dónde encontrarnos.
Thea sonreía ampliamente, contenta de tener tan buenos amigos. Se acercó a Yujin y le dio un último abrazo que duró un poco más de la cuenta. Se despidió de todos con más abrazos, un beso en la mejilla a Yoongi y un gesto con las manos para Jimin para finalmente salir por la puerta principal, perdiéndose en las calles de Seúl.
—Esa chica no tiene remedio—rió Seokjin, volviendo a su forma de gato y recostándose en el sofá. Todos volvieron a sus lugares, aún contagiados por la energía de Thea hasta que Hoseok rompió el ambiente.
—Oh, ¿hyung, terminaste lo de Jimin?
Yoongi pareció salir de un trance.
—¡Cierto! No me tardo—tomó el recipiente donde había colocado el huevo y salió por donde siempre.
La tienda se quedó en silencio, sólo el sonido del viento rompía el ambiente. Jimin no se atrevió a comentar ni preguntar nada, así que empezó a analizar el lugar por milésima vez hasta que sus ojos se posaron en Yujin. Ésta lo observaba con la cabeza ladeada y en cuanto hicieron contacto visual, ella sonrió de lado. No tuvo tiempo de preguntar qué pasaba, por que Yoongi entró nuevamente y se acercó a él.
—Aquí tienes —extendió una mano hacia él, entregándole un brazalete de plata. Jimin lo examinó. Era simple, delgado y abierto, de los que se sobreponen y no tienen broche. Pero en uno de los extremos, una pequeña pluma estaba grabada. El diseño era bonito, y Jimin casi no podía creer la delicadeza que tanto el brazalete como el gesto de Yoongi implicaba.
—Es un amuleto. Te ayudará a conseguir lo que necesites. Úsalo tanto como puedas y cree tanto como quieras.
—Es hermoso. ¿Pero cuánto me costará?
El brujo sopesó por un momento. Luego recordó la incomodidad del mortal cuando Thea se encontraba en la tienda y sonrió de lado.
—No es nada.
Jimin no supo si se lo había imaginado pero cuando reaccionó, Yoongi ya se encontraba en el marco de la puerta nuevamente, pero se detuvo un momento y sin girar para mirarlo, añadió:
—Sólo recuerda. Lo que necesitas no siempre es lo que quieres.
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Después de tres días, Jimin no se quitaba el brazalete ni para bañarse. Tampoco había pasado por la tienda en ese tiempo, por miedo a encontrarse otra vez con algún invitado no deseado -al menos no para él-. Se encontraba caminando en el centro, con Jungkook y Taehyung a su lado, siendo insoportablemente empalagosos y pateando una piedra suelta, sus ojos puestos en el suelo cuando un pedazo de papel llamó su atención. Estaba roto, sucio y un poco despintado, pero se podía entender el mensaje.
"Librería Luciérnaga"
"Se busca personal. Mayor de 18 años, cualquier género, no se necesita experiencia"
El número de teléfono y dirección se encontraban al pie de la hoja y Jimin se sorprendió cuando reconoció la calle. Era justo la calle donde se encontraba la tienda de Yoongi.
—¿Qué es eso, Chimchim?—Taehyung se acercaba a él y leyó por encima de su hombro— Hm, suena interesante, deberías aplicar.
—No sé, Tae, ¿una librería? ¿No te suena al trabajo más aburrido del mundo?
—No has tenido mucha suerte con los cafés. Y necesitas el dinero... No lo sé, si yo fuera tú, lo intentaría.
—Sí, Jimin. ¿Qué puedes perder?—añadió el menor de los tres.
Jimin lo pensó un segundo y pasó su mano izquierda por su muñeca, acariciando su brazalete. Luego asintió lentamente.
—Tienen razón.
Y el trabajo fue suyo en cuanto puso un pie en la librería. Todos los libros eran de segunda mano, cada esquina estaba repleta de ellos e incluso había pilas de libros que no cabían en las repisas. El dueño era un señor mayor que ya no podía acomodar los libros y atender la caja por su cuenta. La paga no era tan buena, pero era mejor que nada, así que Jimin aceptó el trabajo. Además, que tenía a la tienda de magia justo en frente y a veces podía ver a Yoongi salir al patio delantero para cuidar a sus plantas; de vez en cuando admiraba cómo jugaba con Yujin, mojándose con la manguera de agua. Sonreía cada vez que ésto pasaba, atesorando las sonrisas que Yoongi lanzaba, aunque no fuera dirigidas hacia él.
Fue una noche de martes cuando Jimin entendió por qué debía tomar el trabajo. Se encontraba acomodando algunos libros en la sección de folklore y leyendas del mundo cuando se topó con un título que llamó su atención.
"Brujas del mundo. Magia contemporánea y su evolución a través de los años"
Para cualquiera, ese título hubiera sonado aburrido, pero no para Jimin. Tomó el libro con cuidado, casi con miedo de romperlo y lo abrió en el índice. Las hojas estaban blancas, parecía un libro nuevo, le sorprendía encontrarlo en una tienda de segunda mano, peor no le importó. Bajó al primer piso, encontrándose con su jefe a punto de salir, pero lo detuvo.
—Dongwon-nim, ¿le importa si leo éste libro?
—Lee lo que quieras, chico. De todos modos, no hay muchas personas que visiten ésta tienda—miró con curiosidad el libro que sostenía Jimin, reconociéndolo inmediatamente— Oh, esa es una buena lectura. Lástima que el autor no tuvo éxito y desacreditaron su obra.
—Gracias, Dongwon-nim—respondió, haciendo una reverencia— Vaya con cuidado.
—No olvides cerrar la tienda.
El hombre salió y Jimin se sentó en el mostrador, listo para leer todo lo que nunca ha leído en su vida. Y de hecho, el libro le pareció muy interesante. Hablaba sobre los distintos tipos de magia, algunas hierbas con usos no sólo mágicos, sino también medicinales, el lado oscuro de algunas prácticas, los orígenes de la magia, creencias y deidades de diferentes culturas.
Pero lo que más llamó su atención fue el capítulo dedicado al pueblo de Salem y a las brujas involucradas. Leyó toda la historia oficial, la historia de Betty Parris y Abigail Williams, la criada Tituba y todo lo que podías encontrar fácilmente en internet. Pero el autor del libro citaba documentos y fotografías no oficiales, libros nunca publicados y uno que otro testimonio de la época. Todo esto era interesante, específicamente una pintura donde creyó reconocer a alguien.
Estaba en blanco y negro, muy corroída y la calidad era pésima, pero aún así creyó reconocer a un Yoongi más joven. En el centro estaban las que al parecer eran Betty Parris y Abigail Williams. El reverendo Samuel Parris y su esposa, Elizabeth, padres de Betty, se encontraban detrás de ellas. A un lado de Elizabeth estaba un joven que debería estar en sus años veinte, con expresión estoica y ropas viejas. Y para rematar, a un lado de Betty y quien no parecía mucho mayor que ella, un Yoongi adolescente.
Jimin tuvo que agudizar su visión, temiendo que sus ojos le estuvieran jugando una mala pasada, pero reconocía los finos labios y la cicatriz sobre el puente de la nariz. Incluso esa mirada estoica que parecía permanente en él. Así que se dispuso a leer el artículo completo.
"Nunca pude encontrar los nombres de las personas adicionales en la pintura, pero no me cabe duda que es real, no hay ningún tipo de alteración ni photoshop en ésta foto.
Como sabrán, se acusó a Betty y Abigail de practicar brujería y a la criada Tituba por enseñarles sus prácticas. También sabrán que Abigail fue quien las acusó, en favor de tener ella misma inmunidad, pero ésto sólo fue una mentira. Y puedo asegurar con total certeza que Abigail no fue más que una fachada. El que realmente las descubrió fue el joven al lado de Elizabeth Parris, el mayor.
Él y su hermano menor -al lado de Betty- estaban de visita con su familia lejana. En éstas épocas era raro tener familiares extranjeros, así que sólo dijeron que estaban de vacaciones. Sin embargo, los hermanos Min eran sobrinos del reverendo Samuel. El mayor era muy apegado a su tío, aprendiendo todo sobre la religión y la iglesia. Mientras que el menor, él prefería salir a jugar con las niñas y divertirse, prácticas normales a su edad.
Tituba los entretenía a los tres, enseñándoles las prácticas de su cultura y sus antepasados. Se escondían en una cabaña dentro del bosque. Pero un día, el sobrino mayor del reverendo los siguió, sospechando de sus escapadas clandestinas, descubriéndolos al instante. Llamó a Abigail aparte, sabiendo que era una niña ingenua, y la amenazó, diciendo que si no confesaba, mataría tanto a Betty como a Tituba, exluyendo a su propio hermano a la lista. No quería que el apellido Min se manchara con tal atrocidad. Abigail se negó y salió corriendo, tratando de decidir si advertirles a sus primos o no.
Mientras Abigail ponderaba sus opciones, el joven fue hacia la cabaña con una linterna de aceite y la dejó caer sobre hierbas secas, provocando así un incendio que casi mató a su hermano menor, a Betty y a Tituba. Los tres salieron ilesos, pero eso bastó para que Abigail estuviera lo suficientemente asustada como para confesar todo lo que en esa cabaña se practicaba, dejando oculto el nombre Min.
Los juicios se llevaron a cabo, y Abigail continuó dando testimonios hasta casi exterminar a las brujas de Salem. El mayor de los sobrinos participó activamente, él mismo jalando la cuerda de la horca y matando a cientos de mujeres. Su hermano menor estaba horrorizado y se dedicó a hablar con Abigail hasta que logró sacarle la verdad. No podía creer lo que su hermano era capaz de hacer, así que mantuvo un perfil bajo cuando el mayor estaba presente, practicando magia en sus tiempos libres y juró vengarse de su hermano, ya que nunca aceptaría su naturaleza.
Ésta pintura fue hecha el último día de la estancia de los hermanos Min en Salem. Nunca más se volvió a saber de ellos."
Jimin cerró el libro de golpe, con la respiración agitada y pasmado por la nueva información que poseía. ¿Todo eso era cierto? ¿Cada palabra? ¿Y el menor de los Min era... Yoongi? ¿Era por eso que no confiaba en los mortales?
Sacó su celular para revisar la hora, dándose cuenta de que había leído por demasiado tiempo, enfrascado en la información. Eran casi las tres de la mañana. Se apresuró a guardar el libro en su mochila y ponerse su abrigo. Salió al frío de la noche, peleando un poco con la cerradura vieja de la puerta.
El viento soplaba fuerte, las luces de la calle eran escasas y daban un aire de misterio y un poco aterrador. De repente su camino a casa ya no parecía tan atractivo como solía ser. Tomó una respiración profunda, preparándose para la peor media hora que estaba por vivir, hasta que notó que la luz de la tienda de enfrente se encendía repentinamente. La puerta se abría para revelar a un Yoongi en pijama, pero más despierto que nunca.
—¿Jimin? ¿Qué estás haciendo a éstas horas?
—Eh, yo... Yo estaba... —no supo realmente qué contestar.
—Entra, no es seguro estar afuera a las tres de la mañana.
No se atrevió a protestar. Cruzó la calle rápidamente y entró a la tienda. Detrás de él, Yoongi cerraba la puerta con llave y decía algunas palabras en un idioma que Jimin no reconoció. De repente le preocupó que el brujo lo estuviera engañando y fuera a ser parte de algún tipo de ritual, siendo él el sacrificio humano.
—¿Estás bien? ¿No te pasó nada?—parecía genuinamente preocupado, analizando su estado físico y su aura.
—Estoy bien, ¿por qué no debería estarlo?
—¿Alguna vez has escuchado decir que las tres de la madrugada es la hora demoniaca o la hora de las brujas? Deberías escuchar más los dichos populares, existen por alguna razón.
Jimin tragó saliva. Pero Yoongi rió.
—Tranquilo, no suele pasarle mucho a los humanos mortales. Estás a salvo en ésta calle y más aún en ésta tienda. Ahora, no hagas mucho ruido, Yujin, Namjoon y Seokjin ya están dormidos.
El chico no quería hablar mucho, por miedo a romper la regla de "no dirigirle la palabra". Ya estaba rompiendo la de "no estar ahí si Hoseok no está presente" y no quería enojar al brujo más de lo necesario.
—Siéntate, te prepararé un té.
Obedeció sin rechistar. Yoongi siguió los pasos que había hecho Yujin cuando le había hecho la misma oferta. No tardó más de dos minutos. El brujo se acercó a él con dos tazas en sus manos y se sentó en el sofá de enfrente, dejando ambas tazas en la mesa del centro.
—Dime, ¿qué te trae por aquí tan tarde?
Jimin tomó su taza y una cuchara y le puso azúcar del recipiente que parecía estar pegado a la mesa. Se tomó su tiempo para revolver en círculos su bebida antes de contestar.
—Yo, eh...
—Puedes hablarme, no te preocupes.
Aún un poco inseguro, Jimin continuó.
—Encontré trabajo en la librería que está cruzando la calle. Se supone que debía cerrar a las diez de la noche, pero me quedé leyendo y sinceramente perdí la noción del tiempo.
—¿Cinco horas leyendo? Debió ser un libro buenísimo.
El rubio soltó una risa nerviosa, preguntándose si debía hablar del artículo que había leído o no tentar a la suerte y quedarse callado. Yoongi no añadió nada más y ambos se dedicaron a dar pequeños sorbos a sus respectivos tés.
El brujo también estaba incómodo. Nunca iba a admitirlo, pero en realidad el mortal le caía bien. En todas sus visitas, había cumplido las tres reglas al pie de la letra y así, Yoongi ha tenido la oportunidad de admirarlo mejor de lejos. Lo que más le gustaba de él era su sonrisa y la manera en que sus ojos casi se cerraban cuando lo hacía. Incluso el sonido de su risa era melodioso, de alguna manera. Su voz era suave, parecía acariciar sus oídos cada vez que el rubio abría la boca, no importaba lo que dijera. También había notado que se llevaba extrañamente bien con todos en la tienda, especialmente con Yujin, y eso lo asustaba un poco, s decir verdad.
Nunca lo admitiría, pero Jimin ocupaba sus pensamientos más de lo que le gustaría. Así que decidió tratar de no asustar más al chico.
—¿Y qué leías? —fue el mejor tema de conversación que se le ocurrió. Y pareció ser el equivocado, por que Jimin se tensó ligeramente, casi con miedo de contestar— Ya te dije que no muerdo.
—Bueno, leía... —decidió no decirle, sino mostrarle. Tomó su mochila y sacó el libro que había ocupado su tiempo para entregárselo.
—... evolución a través de los años —leyó distraídamente, abriéndolo en alguna página al azar y empezando a hojearlo— ¿Curioso?
Jimin asintió.
—No sé qué tan real sea todo eso con respecto a lo que usted hace, pero estaba acomodando unos libros y ese llamó mi atención. Supongo que... quería saber más —se mordió el labio inferior, temiendo estar sobrepasándose.
—¿Hay algo en particular que quieras saber? Hoy te permitiré una respuesta y te contestaré sinceramente. Sólo una pregunta.
Jimin vio su oportunidad. No sabía si debía hacerlo, ya que la historia era demasiado personal y había michas posibilidades de que todo fuera una farsa, ¿pero qué tal que no lo era? Quería saber más sobre el brujo gruñón y atractivo y no podía esperar a que otra oportunidad así se presentara, por muy poco probable que sea.
—Hay una historia en particular... —Jimin se levantó y se sentó junto al brujo, hojeando el libro con atención mientras buscaba la página correcta— Me gustaría saber qué es cierto y qué es falso. ¡Aquí!
Se detuvo para señalar la página que contenía la foto. Sintió a Yoongi tensarse junto a él en cuanto reconoció la fotografía.
—¿Dónde hallaste éste libro?
—En la librería donde trabajo. No tiene que contestar si no quiere, Yoongi-ssi —se apresuró a añadir, viendo cómo los ojos del brujo se endurecían y su ceño se fruncía. Incluso empezó a jugar ansiosamente con el anillo en su labio inferior.
—No —negó con la cabeza— Te prometí una respuesta sincera, y si algo caracteriza a un brujo, es que siempre cumple sus promesas.
Dicho esto, se dedicó a leer el artículo. Jimin lo observó mientras sus ojos acariciaban cada palabra y su cerebro procesaba la información. Pudo jurar que en algún momento, sus retinas se cristalizaron, pero sólo por un momento. Después de unos minutos en agonizante silencio, Yoongi cerró el libro de golpe y se tomó unos segundos para recomponerse.
—Éste autor endulza mucho la historia, pero básicamente es cierto.
—¿De verdad?
Yoongi ladeó la cabeza.
—No todo —suspiró, volviendo a tomar aire y se armó de valor— ¿Seguro que quieres escuchar ésto, muchacho? Sólo soy un anciano contando su historia.
Y eso era lo que más le gustaba a Jimin, pensó. Una buena historia con detalles en primera persona. Así que asintió con la cabeza.
—No éramos sobrinos del reverendo Samuel, como dice ahí. En realidad... Bueno, mi madre era una criada inmigrante. El reverendo la sedujo y la dejó embarazada, pero se negó a responder por el niño, obligándola a irse de Salem. Mi hermano mayor nació poco tiempo después en un pueblo no muy lejos de ahí, donde nadie la conocía.
»Unos años después, conoció a un granjero que la quería de verdad, y yo nací de ese romance. Sin embargo, en el parto mi madre adquirió una infección y murió pocos meses después. Mi padre, consumido por la tristeza y la pobreza, no tardó en caer enfermo y seguir el camino de mi madre, dejando a mi hermano de nueve años a cargo de mí, que apenas tendría un año.
»Mi hermano tuvo que madurar rápido, e igual de rápido adoptó un odio irracional contra mí, ya que me culpaba por la muerte de mi madre y su padrastro. Así que en cuanto cumplió la su mayoría de edad, decidió ir a buscar a su padre y exigirle el dinero que debió haberle dado a mamá. Pero lo que se encontró fue la figura paterna que nunca pudo disfrutar y se enfrascó en las prácticas del reverendo Samuel.
»Yo, ya con trece años de edad, me dediqué a conocer a mi hermanastra y su prima, conviviendo con ellas y la criada más y más. Tituba representó la figura materna que yo nunca tuve, así que le tomé mucho cariño desde el principio y nos empezó a enseñar algunas prácticas de brujería. Y antes de que preguntes, sí. Sí había brujas en Salem. Betty, Abi y yo aprendimos rápido cosas muy sencillas, un poco de vudú, remedios herbales y algunas prácticas de adivinación. Nada que llamara mucho la atención.
»Pero mi hermano seguía odiándome, y ahora con las ideas que el reverendo había puesto en su cabeza, estaba decidido a acabar conmigo. Fue ahí cuando el incendio sucedió. Un trozo de madera del techo me cayó encima y me hizo ésta cicatriz —señaló su nariz— Nunca olvidaré los gritos de Betty en ese instante. Fue Tituba quien nos salvó, absorbiendo la mayor parte del humo y permitiéndonos salir sin mucho más daño.
»Cuando logré que Abi me dijera lo que mi hermano había hecho, fue cuando abrí los ojos. No podía hacer nada significativo en ese momento, así que mantuve un perfil bajo mientras mis habilidades crecieron paulatinamente. No fue mi mejor momento, debo admitir, ya que casi caigo en la magia negra. Pero Tituba me ayudó a salir del agujero.
»Bueno, después de ver a mi hermano asesinar a todas aquellas mujeres, decidí dejar de confiar en los mortales, incluso cuando fueran tu propia familia.
—El libro dice que nunca se volvió a saber de ustedes. ¿Qué pasó después de que se fueron?
—Prácticamente amenacé a mi hermano para irnos del pueblo y que no causara más muertes. Y ambos acordamos en seguir diferentes caminos, para no volver a vernos. Yo decidí viajar a Corea del Sur, para conocer la cultura de mi madre. Nunca volví a saber nada de mi hermano hasta que me llegó una carta, notificándome de su defunción. Su esposa había encontrado la manera de contactarme.
—¿Asististe a su funeral?
—Lo hice. No sentí ninguna satisfacción, si eso es lo que te preguntas. Era mi hermano, después de todo. No confiaba en él, pero fue mi familia y cuidó de mí cuando era niño.
Jimin no supo qué más añadir, así que se quedó callado.
—También visité el hogar de Tituba, para aprender más de su gente. Y una vez que terminé ahí, me dediqué a viajar por el mundo, en busca de brujos y brujas de todo tipo, aprendiendo lo más que podía de cada uno. Y eso me hizo lo que soy ahora. Un brujo ecléctico al fin establecido.
El rubio sonrió, fascinado por la historia que acababa de escuchar. Trágica, sí, pero con un final más feliz de lo esperado, considerando lo gruñón que Yoongi podía llegar a ser. Al observarlo más detenidamente, pudo notar que se veía más ligero, incluso más relajado. Como si contar su historia liberara algún tipo de carga emocional.
—Bueno, esa fue la respuesta honesta a tu pregunta. Ahora debes dormir, te prepararé una cama.
—Oh, no es necesario...
—No pienses que te dejaré vagabundear por las calles a ésta hora.
Se levantó lentamente y se dirigió a la puerta trasera pero se detuvo. Por fin, dio media vuelta.
—¿Esperas una invitación? Vamos.
Saliendo de su trance, Jimin lo siguió hacia el jardín trasero. Pero se quedó sin aire al admirar el espectáculo frente a sus ojos.
Nunca había estado en el jardín de día, pero seguro no se veía así de hermoso. Había plantas, plantas por todos lados. Y muchas de ellas... brillaban. Sí, brillaban. Como pintura fosforescente, y de muchos colores. Incluso algunas luciérnagas revoloteaban por ahí, añadiendo magia al ambiente. Pudo notar algunos capullos que iban abriendo sus pétalos, revelando flores hermosas que nunca había visto. En un esquina, un pequeño estanque albergaba peces igual de coloridos y brillantes, y más insectos merodeaban por ahí. El jardín rebosaba vida, color, magia. Jimin no podía dejar de sonreír, casi sin aliento.
Y justo en un árbol en medio del estanque, una calabaza hueca. Tenía ventanas y una puerta talladas y de ella salía luz de una vela. Estaba tan bien escondida que Jimin no la vió, y tampoco notó cómo la pequeña puerta se abría para revelar a cierta hada chismosa, uno de sus mejores amigos, con una gran sonrisa pintada en su rostro mientras los veía.
Yoongi llamó su atención con un silbido. Cuando se giró hacia él, notó una puerta al final del pasillo. El brujo le hizo una seña y Jimin tuvo que trotar para alcanzarlo y entrar al cuarto detrás de él. Si tuviera que describir el cuarto con un adjetivo, sería "cocina de brujos" por la estufa, el refrigerador y las repisas repletas de utensilios e ingredientes que no estaban en su vocabulario. Y al final del cuarto, unas escaleras de madera, por donde el brujo empezó a subir.
Una vez que estuvieron arriba, se encontró con otro pasillo que albergaba seis puertas, cada una con letreros tallados en madera en el siguiente orden: "Yoongles", "Yujin", "Namjoonie", "Jinnie", "Bienvenidos, viajeros" y la última puerta no tenía letrero.
—Como podrás adivinar, éstas son nuestras habitaciones. Yujin hizo los letreros. La última puerta en el baño—se dirigió hacia la puerta que leía "Bienvenidos, viajeros" e ingresó— Ésta es la habitación de invitados. Muchas criaturas del mundo viajan sin lugar donde quedarse, así que mantenemos ésta habitación lo más general que podemos. Lamento si no es un cuarto convencional para tí.
Encendió la luz con un interruptor, haciendo así que cientos de lucecitas iluminaran la habitación. Jimin no pudo haberlo dicho mejor. Efectivamente, no era un cuarto convencional. Es decir, estaba lo normal que se podría encontrar: una cama, un clóset, mesitas de noche y un tocador, pero había más. Otro estanque en una esquina, un ataúd en otra, una chimenea en una de las paredes...
—Como dije, muchas criaturas sobrenaturales de todo el mundo vienen, buscando refugio temporal. Trato de mantener la habitación adaptable para quien venga, pero nunca pensé que un humano pisaría la habitación—comentó Yoongi, casi temeroso de que Jimin saliera corriendo— No toques más de lo que necesites, pero acomódate.
El chico entró, mirando todo lo que se encontraba. Estatuillas, algunos cuadros artísticos en las paredes, velas, libros, un sofá individual, un gran ventanal de forma circular por donde entraba la luz de la luna.
—Te hubiera dejado la habitación de Seokjin-hyung, ya que siempre duerme con Joon, pero asumo que su cama debe estar llena de pelo de gato...
Jimin rió y se giró a ver al brujo, realmente agradecido por dejarlo entrar un poco más a su vida.
—Muchas gracias, Yoongi-ssi. ¿Pero qué tipo de criaturas has hospedado aquí?
—Oh, ya sabes. Vampiros, hombres lobo, centauros, faunos, sirenas, algunos espíritus... Una vez ayudamos a una banshee que no nos dejó dormir durante tres días hasta que aprendió a controlar sus poderes.
—Mencionaste que venían de todo el mundo. ¿Cuántos idiomas hablas?
—Ah, no es la gran cosa. ¿Ves mis aretes?—señaló sus perforaciones del labio y las orejas— Están encantados. Me ayudan a entender y hablar cualquier idioma o lengua conocida.
El chico no supo qué responder, pero todo le parecía fascinante. Yoongi carraspeó.
—Bueno, eh. Si necesitas algo, sigue los letreros. Cualquiera de nosotros puede ayudarte. Buenas noches, Jimin-ah.
—Muchas gracias de nuevo, Yoongi-ssi. Por, eh... Por todo.
—No es nada. Y puedes llamarme hyung.
Y así, cerró la puerta para dejar que Jimin se instalara. Estaba cansado, pero no pasó por alto el gesto que Yoongi había hecho, algo cercano a una sonrisa. Sin pensar mucho más, se dejó caer en la cama y se quedó dormido casi de inmediato.
Sin pensar mucho más, se dejó caer en la cama y se quedó dormido casi de inmediato
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Y así, Jimin se hizo de una rutina en tan sólo tres días. Por las mañanas iba a clases de baile con Jungkook y Hoseok. Después, los tres pasaban el rato y comían algo. Luego, Jimin regresaba a su departamento a bañarse y convivir un rato con Taehyung y después, Jimin iba a su trabajo en la librería. Cuando cerraba, lo único que hacía era cruzar la calle y llegar a la tienda de magia, convivía un poco con los seres sobrenaturales y cada día, Yoongi insistía en que se quedara a dormir, argumentando que la noche era peligrosa para merodear por Seúl.
A Jimin le gustaba su rutina, incluso llegó a convivir con Yoongi aunque Hoseok -o Yujin, o Namjoon o Seokjin- no estuvieran presentes. No solían hablar demasiado, pero ambos disfrutaban de la presencia del otro.
Pero su secreto se vió en peligro cuando sus amigos menores empezaron a sospechar. Estaba una mañana de sábado en el departamento que él y Taehyung compartían, con Jungkook como visita. Debió haberlo sospechado desde que el menor de los tres había tocado su puerta tan temprano en su día libre. Los tres estaban sentados en su mesa, desayunando, cuando Taehyung sacó el tema.
—Entonces... dime, Chimchim, ¿dónde has estado durmiendo éstos días?
Jimin casi se atraganta con su cereal.
—Esto... por ahí—debió haber planeado una excusa, había sido ingenuo al pensar que Taehyung no se daría cuenta, siendo que su amigo era prácticamente nocturno.
—¿Por ahí? ¿Jimin, estás en problemas? Si es así, Kookie y yo podemos darle una paliza a quien sea que...
—¡Estoy saliendo con alguien!
La sala se quedó en silencio mientras los tres procesaban lo que acababa de decir. Ni siquiera el rubio supo de dónde salió eso, pero si esa excusa bastaba para calmar a sus amigos...
—¡¿Y por qué nos estamos enterando hasta ahora?! ¡Quiero detalles, Chim! ¡Me siento ofendido, soy tu mejor amigo!—gritaba su compañero de departamento. En el fondo, Jungkook sólo reía y negaba con la cabeza mientras bebía su café.
—Es complicado... Realmente no...
—¿Es hombre o mujer? Sé que eres bisexual, así que apoyo cualquier género. ¿Es mayor o menor? Oh, Dios, ¿cómo se llama?
Jimin tartamudeó un poco, abrumado con las preguntas y tratando de crear una mentira perfecta.
—¡Yoongi!—gritó al fin— Se llama Yoongi.
Tomó un sorbo de su café, evitando cualquier contacto visual con sus amigos. Pero no notó el ceño fruncido de ambos y las miradas confusas que ambos se lanzaron. Al final, ambos hicieron un gesto afirmativo con la cabeza, como acordando algo.
—¿Podemos conocerlo?—preguntó Jungkook— Debemos asegurarnos de que es un buen partido para nuestro Chimchim.
—Yo, eh...—no sabía cómo salir de ésta situación.
—Por favooooooor—cantó Taehyung, poniendo su mejor expresión de cachorrito, la cual le salía sorprendentemente bien.
—De acuerdo. Pero debo avisarle primero, no le gusta conocer a muchas personas nuevas.
—Oh, no lo dudo—susurró Jungkook para que sólo su novio pudiera escucharlo. Ambos compartieron una sonrisa siniestra.
—¿Por qué no vamos hoy? Puedes avisarle ahora mismo e iremos más tarde, ¿no suena genial?—sugirió el mayor de la pareja
—Suena como un plan. ¡Avísale, Jimin-hyung! —concordó su novio de inmediato.
Jimin se apresuró a cambiar sus ropas y dirigirse a la puerta.
—¿Por qué no le mandas un mensaje?—inquirió Taehyung.
—Oh, es que tengo ganas de verlo. Así lo ayudo a prepararse para conocerlos. ¡Nos vemos más tarde chicos!
Llegó a la tienda en tiempo récord, y se tomó unos segundos para recuperar la respiración en cuanto se halló dentro. Cuatro cabezas giraron a verlo con curiosidad.
—¡Yoongi, hyung, tenemos un problema!
—¿Por qué todos los problemas envuelven un plural? —se lamentó, pero se dedicó a escuchar la situación en la que Jimin se había metido.
Hoseok fue el primero en hablar después de unos segundos de silencio.
—Bueno, hyung. Si lo piensas detenidamente, todo ésto es tu culpa. Jimin sólo está manteniendo su palabra contigo. No revelar tu secreto y tu lo has obligado a quedarse por las noches.
Y luego se echó a reír. Yoongi le lanzó una mirada asesina, pero no negó nada, siendo que en realidad sí, era su culpa. Y no le quedaba más remedio que ayudar a Jimin y actuar como su... como su... actuar como su novio. Tendría que fingir una relación con el mortal que le gustaba.
Justo lo que quería.
—Te ayudaré. ¿Dónde será ésta reunión?
Jimin sonrió, aliviado. Pero luego la realización lo golpeó con un ladrillo. Tendrían que actuar como pareja frente a sus mejores amigos. Con el anciano gruñón que le gustaba. ¿Qué podía salir mal?
—Hobi-hyung. ¿Por qué no nos acompañas?
—Oh, sería un placer —accedió, limpiándose una lágrima— No me lo perdería por nada del mundo.
Acordaron verse en un café a dos cuadras de la tienda, sólo por que Yoongi no quería caminar demasiado. Entraron tomados de la mano en el local, pero su sonrisa falsa se vio rota cuando reconoció a los supuestos amigos de Jimin.
—Oh, tuve que haberlo sabido —susurró entre dientes.
—¿Hyung? ¿Estás bien?
Yoongi no lo escuchó. Simplemente caminó hacia la mesa donde la pareja estaba sentada y los observaba, tratando de contener sus risas.
—¡Debí haberlo sabido! ¡Ustedes dos, malditas ratas de coladera!
Los chicos no pudieron contenerse. Se soltaron a reír a carcajadas, llamando la atención de todo el local. Incluso Hoseok soltó algunas risas, totalmente divertido con la situación.
Jimin no entendía nada de lo que estaba pasando y Yoongi parecía soltar humo por la nariz.
—¿Qué ocurre, hyung? ¿Y ustedes dos, de qué se ríen?
—¡Nunca creí que vería a Yoongi-hyung de la mano con alguien! —exclamó Taehyung, calmando brevemente su risa. Yoongi soltó la mano de Jimin de inmediato, desviando su mirada para que nadie notara el color de sus mejillas.
—No entiendo. Tae, ¿lo conoces?
—¿Que si lo conozco? Éste anciano gruñón nos ha ayudado más de lo que le gusta admitir.
—¿Nos?
—A mí también —Jungkook levantó su mano— ¿Por qué no te sientas y te contamos una historia?
Los cinco se acomodaron en la mesa. Jimin estaba cada vez más ansioso por saber todo lo que le ocultaban.
—Primero que nada, Chim, queremos que sepas que te queremos y que te ocultamos cosas para protegerte, ¿de acuerdo? Espero que puedas perdonarnos.
El ambiente se tornó serio de repente y Jimin sintió que su estómago caía tres pies hacia el suelo. No le gustaba mucho hacia dónde iba ésto.
—Jungkook y yo llegamos a Seúl hace unos... ¿cuánto fue?
—Sesenta y tres años, casi después de que construyeran la frontera.
—Claro, claro. Después de la guerra entre Corea del Norte y Corea del Sur, como sabes, se estableció una frontera entre ambas. Kookie y yo nos quedamos atrapados del lado de Corea del Norte. Pero el gobierno no dejó el conflicto así como así.
»No sé cómo nos descubrieron, pero eventualmente, las autoridades empezaron a cazar a vampiros y hombres lobo, creyendo que éramos espías de Corea del Sur. Así que Kookie y yo, junto con otros aliados de ambas especies decidimos huir y cruzar la frontera, esperando que Corea del Sur fuera mejor. Pero nos atraparon. El ejército nos masacró. Jungkook y yo fuimos los únicos que sobrevivimos.
Sus ojos se cristalizaron al recordar a sus amigos muertos. Jungkook trató de tranquilizarlo acariciando su espalda.
»Vagamos durante mucho tiempo. Nadie quería ayudarnos realmente y es que estábamos llenos de sangre y desaliñados. No fue hasta que nos subimos clandestinamente a un tren que nos llevó a Seúl. En un bar, escuchamos a unas brujas hablar de una tienda de magia y del dueño, que ayudaba a los sobrenaturales en apuros. No lo pensamos mucho y nos dirigimos al centro, donde buscamos durante horas por la tienda.
»Así fue como conocimos a Yoongi-hyung. Nos curó, nos dio refugio y nos ayudó a integrarnos a las sociedad, escondiendo nuestras verdaderas naturalezas. De no ser por él, Kookie y yo probablemente estaríamos muertos. También nos ha ayudado a cambiar de identidades de vez en cuando, para no levantar demasiadas sospechas.
Jimin suspiró y parpadeó varias veces.
—Espera, espera. Mencionaste vampiros y hombre lobo. ¿Ustedes son...?
—Oh, Kookie es un vampiro y yo soy un hombre lobo—contestó con una sonrisa. Jimin dejó caer su mandíbula— ¿Auuuuuu?
—¿Mi compañero de departamento es un hombre lobo y su novio es un vampiro? ¿Qué otro cliché me van a decir?
—Es la verdad, Chim—intervino Jungkook, tomando su mano por encima de la mesa— Te prometo que no queríamos mentirte, pero ambos te queremos mucho e intentábamos protegerte de éste mundo.
Jimin giró a ver a Yoongi, quién sólo se encogió de hombros y asintió levemente con la cabeza.
—Por mucho que odie a éstos mocosos, tienen razón. Sus intenciones nunca fueron malas.
—¿Tú sabías?
—Taehyung mencionó a su compañero de cuarto humano, pero nunca me dijo que fueras tú.
El rubio asintió, creyendo en sus palabras. Luego se dirigió a Hoseok, quien no había dicho una palabra.
—¿Y tú, hyung? ¿Lo sabías?—el mencionado asintió.
—Me hicieron prometer que no te diría nada, mientras ellos no dijeran nada sobre mí.
Jimin no los culpaba. En realidad, esas tres personas eran los mejores amigos que nunca había tenido, y no importaba cuántas cosas le estuvieran ocultando, los quería. Creía que sus intenciones eran sinceras, y no podría estar enojado con ellos durante mucho tiempo.
—Todo mi círculo social está compuesto por criaturas sobrenaturales y brujos. Al menos sé que el normal aquí soy yo.
El ambiente se aligeró, y así, disfrutaron de una tarde amena, llena de anécdotas, risas y miradas discretas entre él y Yoongi.
****************
Después de esa tarde, los siete, junto con Yujin, empezaron a pasar más tiempo juntos en la tienda, simplemente riendo, contando historias y chistes, eneseñándole a Jimin todo lo que se había perdido o simplemente disfrutando de la compañía de los demás, cada quién en sus tareas. A veces leían, jugaban con Yujin, cuidaban de las plantas de Yoongi, lo ayudaban a preparar pociones y amuletos, Namjoon les leía su futuro, Seokjin cocinaba para ellos. Jimin nunca había estado en una época más feliz en su vida.
Sin embargo, aún había un pequeño detalle en el fondo de su mente que lo molestaba y que no se atrevía a sacar a colación.
Althea.
Era un jueves. Namjoon y Seokjin habían ido a comprar algunas cosas, llevándose a Yujin con ellos. Taehyung y Jungkook disfrutaban de una cita y Hoseok estaba dormido en el sofá de la tienda. Sólo estaban Jimin y Yoongi.
Ambos se encontraban en el jardín, el brujo envuelto en sus ropas de jardinería y Jimin admirándolo de lejos. Ninguno hablaba, pero no necesitaban hacerlo.
Yoongi cortó algunos pétalos de su habenaria radiata y se levantó para ir al cuarto trasero. El rubio lo siguió, admirando la concentración escrita en el rostro del brujo mientras buscaba los frascos indicados para la siguiente mezcla que haría.
Pero algo los distrajo.
Escucharon movimiento venir de una esquina de la habitación. Yoongi se acercó para bajar de la repisa un el recipiente de donde provenía.
El recipiente del huevo misterioso.
La expresión del pelirosa era indescriptible. Estaba sorprendido, ansioso, incluso algo temeroso. Sacó el huevo y lo colocó en la mesa, nunca despegando su vista de él.
—Jimin, estás a punto de presenciar uno de los milagros más extraordinarios de la naturaleza. Siéntete honrado y atesora éste momento.
No respondió. Se limitó a asentir y observar.
El huevo se estaba rompiendo. Poco a poco. Entonces, lo que le pareció un ala salió de un agujero. Se estiró y de pronto, todo el huevo estaba hecho trizas, revelando así la criatura más hermosa que Jimin había visto.
Un dragón. Un dragón de verdad.
Era pequeño, podría caber en la palma de su mano, sus escamas eran azules y sus alas eran más amplias de lo que se imaginaba. Se movía torpemente, reconociendo con cuidado sus alrededores y familiarizándose con sus propias extremidades.
—¿No es hermoso?—comentó Yoongi casi en un susurro. El dragón exhaló fuertemente por la nariz, sacando una estela de humo, casi enojado— Lo siento, lo siento. Hermosa—se corrigió, sonriendo.
—No puedo creerlo—exclamó Jimin, sin apartar la vista de la criatura. La dragona, al escuchar su voz, se giró a mirarlo. Sus ojos se encontraron y al chico le pareció que la criatura imitaba sus movimientos, casi en trance.
—Le agradas, Jimin—la dragona hizo un ruido de confirmación y se acercó un poco más a él— Se está presentando. Dice que su nombre el Gindrid.
—¿Cómo es que...?—miró a Yoongi, quien solamente señaló los aretes en sus orejas— Mucho gusto, Gindrid. Mi nombre es Jimin.
La dragona movió su cola con felicidad y corrió en círculos, sacando humo de tanto en tanto. Entonces Yoongi la tomó entre sus manos, pero ésta mordió su pulgar.
—¡Auch! ¡Perdón, ya te llevo con él!—le pasó la criatura a Jimin, quien no sabía muy bien qué estaba pasando— Dice que prefiere ir contigo.
Jimin la aceptó, encantado. Sus escamas eran duras, pero suaves al mismo tiempo. Gindrid se acomodó en su palma, lista para disfrutar el viaje.
—Ven, hay alguien más a quien quiero presentarte.
Salió hacia el jardín y se dirigió al estanque, con Jimin siguiéndolo de cerca. Saltaron las piedras que dirigían al árbol del centro y Yoongi empezó a agitar las ramas que podía alcanzar sin tropezarse.
—¡Despierta, maldito flojo! ¡Tienes compañía!
Algunas hojas empezaron a moverse y de entre ellas, otro dragón asomó su cabeza. Con un gran bostezo, bajó lentamente por el tronco para subir al brazo del brujo.
—Myzo, él es Jimin. Jimin, te presento a Myzo. Es mi familiar.
El dragón era relativamente pequeño, medía poco menos que el brazo de Yoongi. Sus escamas eran verdes y oscuras y sus ojos brillaban con amabilidad. Myzo hizo una reverencia con la cabeza y se enrolló en el cuello del brujo para volver a cerrar sus ojos.
—No vuelvas a dormir, perezoso. Tienes más compañía.
Gindrid, desde las manos de Jimin, despegó torpemente para aterrizar en la cabeza del dragón mayor, golpeando sus párpados con sus patas. Myzo levantó la cabeza y miró hacia arriba. Ambas criaturas parecieron intercambiar una conversación silenciosa antes de que el más grande volviera a la copa del árbol, con Gindrid montando en él.
—Parece que se llevarán bien—concluyó Yoongi animadamente.
—¿Cómo es que no sabía de la existencia de Myzo?
—Oh, es una dragón perezoso. Casi nunca sale de ese árbol, excepto para hechizos que realmente lo necesiten, y para comer. Pero es un buen familiar, después de todo. Cuida mi espalda cuando más lo necesito.
Jimin rió ligeramente al notar las similitudes entre el brujo y su familiar. A ambos les gustaba dormir, y eso era una buena manera de crear un vínculo, se dijo.
—Gracias por presentármelo. Parece amigable.
—Lo es. Cuando quiere. Ven, dejemos que se conozcan un poco.
Regresaron al cuarto/cocina, donde Yoongi continuó preparando algún pedido que le hayan hecho. Jimin se sentó en silencio, viéndolo trabajar. Sin embargo, no duró demasiado, por que Yoongi podía leer su aura demasiado bien.
—¿Qué te preocupa?—lo tomó por sorpresa, no esperaba que el brujo iniciara una conversación.
—Nada en especial...
—Jiminnie, he convivido lo suficiente contigo para saber que no es "nada". Escúpelo.
—Me llamaste Jiminnie.
Yoongi dejó de cortar las semillas de orquídea bailarina por unos segundos, pero se recompuso.
—Lo hice. Dejaré de hacerlo si te molesta...
—¡No, no! No me molesta—sus mejillas de repente adquirieron color— Me gusta...
—Entonces seguiré llamándote Jiminnie... Jiminnie.
Ambos rieron, pero el pelirosa volvió a tocar el tema.
—En serio, puedes confiar en mí. Dime qué te aflige, tal vez pueda ayudarte.
—Bueno, era sólo un pensamiento... Más como una duda.
—Si puedo resolverla, dispara—ahora añadía todos los ingredientes a un recipiente de porcelana y empezó a mezclar.
—Es sobre... Sobre Althea—no podía dejar de jugar con sus dedos debajo de la mesa.
—¿Qué hay sobre ella?
—Más bien, sobre tu relación con ella...
—Thea es una buena amiga, nada más. ¿Estás celoso?—Yoongi giró a mirarlo, regalándole una sonrisa de lado.
—¡No, no, no! ¿Celos? ¡Pfff! ¡Qué dices! Me refería a... Bueno, me refería a Yujin... ¿Cómo es que...?
—¡Oh, claro! Thea es su madre, por supuesto. Pero Yujin no es mi hija.
Ésto dejó pasmado a Jimin durante unos segundos. Parpadeó varias veces, sin saber qué más añadir.
—Entonces, tu... Yujin, ella... ¿Qué?
Yoongi rió y se sentó frente a él, dejando el recipiente a un lado.
—Seguramente has visto películas y leído cuentos de hadas. ¿Has escuchado de esos tratos con brujas que piden el primer hijo de la princesa, a cambio de su más profundo deseo?—hizo una pausa en donde Jimin asintió— Como sabes, toda la magia tiene un precio. Entre mayor sea tu deseo, mayor es el sacrificio. Thea llegó un día a mi tienda, pidiendo juventud eterna. No me considero del tipo de brujo que hace ese tipo de tratos, pero diablos, fue muy testaruda. No me quedó más remedio que aceptar su oferta, a cambio de su primer hijo.
»Después de unos años, cuando Yujin nació, me ví obligado a ir por ella. Thea no tuvo objeciones en dármela, con la condición de que pudiera visitarla de vez en cuando. Sus vistas han sido recurrentes desde entonces y aunque Yujin sabe que no soy su padre, le gusta llamarme así. Y también aprendí a quererla, a pesar de que no soy el tipo de persona a la que le gustan los niños.
»La he criado desde entonces, tratando de que llevara una vida relativamente normal. Va a la escuela, tiene amigos. Pero ella siempre insistió en que le enseñara magia, ¿y quién soy yo para negarle su educación? Joon y Jin-hyung también me ayudaron con ella. Incluso Hoseok se encariñó con ella.
El corazón de Jimin no podía contener tanta ternura. Escuchar y ver a Yoongi hablar de su no-hija de esa manera provocaba que las mariposas en su estómago enloquecieran aún más.
—Yujin es una buena niña—comentó finalmente.
—Sí que lo es.
—¿Entonces tu y Thea no...?
—Nunca.
Jimin suspiró aliviado. No se percató de que lo hizo hasta que Yoongi sonrió.
—¿Te preocupaba que no estuviera disponible, Jiminnie?
¿Acaso Min Yoongi estaba coqueteando con él? Por que su estómago no podría soportarlo.
—Pero tu y yo no... Quiero decir, tu eres inmortal y yo no...
—Oh, eso siempre se puede arreglar. ¿No escuchaste el trato que hice con Thea?
Jimin tragó saliva.
—Pero tendría que darte a mi primer hijo... Y yo no...
—Se vale si tu primer hijo es con la persona con la que hiciste el trato.
En ese momento, la puerta del cuarto de abrió abruptamente, dejando que una niña muy entusiasmada corriera a los brazos de su padre.
—¡Papi, ya llegamos! ¡Y mira lo que encontré en el mercado!
Yoongi la recibió, encantado, olvidando temporalmente la conversación que estaba teniendo con Jimin y dejando que Yujin le mostrara un collar de cristales.
Eso le dio tiempo para pensar en lo que quería.
Y quería a Yoongi. Más de lo que nunca había querido a nadie.
Sin quererlo, el brujo le había regalado amigos que lo querían, un trabajo que ama, sonrisas y risas genuinas y a una niña que adoraba con su alma. Se dijo que sí, quería conservar todo eso, y si un trato con el brujo era todo lo que precisaba, entonces...
—¡Tío Jimin! ¿Quieres ver mi collar también?
—Me encantaría verlo, cariño.
Después de que la niña terminara de hablar de las utilidades que cada cristal poseía, salió corriendo a despertar a su tío Hope, quien seguramente seguía dormido, dejándolos solos nuevamente. Jimin se levantó de la silla para sentarse en la mesa, justo al lado de Yoongi.
—Dime, ¿dónde tengo que firmar, hechicero-ssi?
Yoongi sonrió de lado, levantándose igualmente y rodeándolo con sus manos por la cintura, acercándose cada vez más hasta que juntó sus bocas.
Sus labios eran suaves y finos, justo como se los había imaginado en sus sueños. Sus bocas se amoldaban perfectamente mientras Jimin rodeaba a Yoongi por el cuello. Después de unos segundos se separaron, pegando sus frentes y cerrando los ojos, respirándose el uno al otro. Y luego empezaron a reír. Ambos estaban felices, contentos de haber aclarado sus sentimientos.
—Soy un brujo, imbécil.
