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Asuntos de Familia.

Summary:

Hoseok y Jin se disponen a celebrar por primera vez unas vacaciones juntos sin estrés y sin interrupciones por trabajo. Todo parece idílico hasta que Seokjin recibe una llamada de su primo Jimin y accede a pasar las vacaciones con su abuela y con el resto de sus primos en la casa familiar, donde sucederán una serie de catastróficas desdichas que empujarán a Jin al borde de un ataque de nervios.

Work Text:

Las gafas de sol de Gucci se deslizaron por el puente de su nariz mientras observaba descaradamente al socorrista puesto en lo alto de la piscina. Se las reajustó y se incorporó de su hamaca, yendo hacia la barra para pedir otro cóctel, sabiendo que atraía las miradas allá donde iba. Por supuesto, era uno de los actores más famosos del panorama en aquellos momentos. Su estatus se había disparado en los últimos años, y la espera por ello había sido increíblemente dura.

Cogió su mojito y subió las gafas a su pelo, guiñándole un ojo a la camarera. Después volvió a su hamaca. Sandeul alzó la vista de su revista y le echó un largo vistazo al rubio, esbozando una pequeña sonrisa.

— Te gusta demasiado presumir. —Le dijo el moreno. Jaehwan, al otro lado, se desperezó.

— Di algo que no sepamos los tres. —Se incorporó, apoyándose en el respaldo de la hamaca—. Creo que voy a ir a darme un chapuzón.

— Creo que voy a seguirte. —El rubio dio un sorbo a su bebida y se incorporó también—. A ver si así el socorrista guapo me hace caso.

— Lleváis dos años saliendo, Seokjin. —Sandeul dijo aquello casi arrastrando las palabras. Jin esbozó una sonrisa burlona y se encogió de hombros.

— ¿Qué puedo decir? Me gusta llamar la atención. —Bromeó, poniéndose en pie. Jaehwan le siguió de cerca y Sandeul devolvió la vista al "Hola" después de rodar los ojos.

Se lanzaron ambos de un salto a la piscina, dejando que el agua refrescase sus pensamientos. Jin apoyó los brazos en la piscina y lanzó una mirada divertida hacia su novio, el cual estaba vigilando al resto. Hoseok era todo con lo que una vez había soñado. Guapo, cariñoso, alegre, simpático, serio cuando necesitaba serlo, una fiera en la cama y tenía un cuerpo de infarto.

Se habían conocido dos años atrás, cuando Jin se había mudado a aquel bloque de apartamentos. Hoseok acababa de empezar como socorrista allí, y su historia fue considerablemente idílica. Jin sufrió un mareo por el cansancio y se desmayó, cayendo a la piscina. Hoseok le salvó la vida y lo primero que vio Jin al despertar fue la sonrisa de alivio más bonita del mundo.

Seokjin no era de los que se dejaban amedrentar con facilidad, así que cada vez que veía al socorrista se esforzaba elegantemente por llamar su atención. Toques aquí, saluditos por allá, miraditas desde acá. Y al final, funcionó. Hoseok cayó como una mosca en el azúcar (era el símil que usaba Jaehwan, aunque a Jin no le convencía demasiado) y comenzó a corresponder a las miradas de Jin. De las miradas pasaron los números de teléfono escondidos en misteriosas bebidas que aparecían al lado de la hamaca de Jin.

Al principio fueron mensajes inofensivos. Una noche en la que Jin se emborrachó dejaron de ser tan inofensivos (Sandeul era el responsable de su teléfono aquella noche, pero decidió que tocaba reírse un poco de Jin). Transcurrido un tiempo, empezó el sexo. Oh, el sexo, bendito sexo. Jin y Hoseok probaron absolutamente todos los sitios de su piso, y luego todos los sitios de la urbanización en la que vivía el mayor. Hobi era incansable, y tenía un aguante increíble. Jin no había estado tan satisfecho en mucho tiempo, así que catalogó aquel verano como el más impresionante de su vida.

Pero siguieron viéndose después del verano. Pasaron a tener citas en el piso del mayor (siendo un personaje público, no tenía demasiadas oportunidades de vivir una increíble historia romántica en la orilla del río Han) y así se enteró de que Hoseok era profesor en una aclamada escuela de baile de Seúl, que había asistido a varias súper estrellas del panorama en sus coreografías y que sentía una increíble pasión por lo que hacía.

Pasión era de las cosas que nunca faltaba entre ellos. Su relación iba siempre hacia delante. Pronto, Hoseok empezó a dejar sus cosas en el piso de Jin, y antes de que se diesen cuenta estaban prácticamente viviendo juntos. No formalizaron su relación en ningún momento, pero se llamaban "cari" y se decían que se querían por las mañanas cuando se despertaban juntos.

— Ah, nuestro Seokjin el enamorado. —La voz de Jaehwan le devolvió a la realidad, Seokjin suavizó su sonrisa mientras veía a Hobi ayudar a uno de los niños de la urbanización a aprender a nadar—. Al final serás el primero en casarte, con la tontería.

— Mira, Jaehwan, como me lo gafes te juro que te dejo más rubio oxigenado a tortazos. —Jin devolvió la mirada a su amigo y luego salió de la piscina apoyando los brazos en el bordillo. Era ya tarde e iban a cerrar pronto, así que mejor iba ocupando él primero la ducha.

Se terminó su mojito y cogió su bolsa de piscina y su toalla. No se despidió de Hoseok, porque lo suyo no era exactamente público y era mejor así. Se verían luego en casa cuando el más joven terminase de limpiar la piscina.

Jaehwan y Sandeul se fueron cada uno a su respectivo bloque después de una despedida breve y Jin miró su teléfono mientras subía en el ascensor. Tenía una llamada perdida de su primo Jimin, lo cual le extrañó. No era que Jimin no tuviese costumbre de llamarle, de hecho eran bastante cercanos, pero creía recordar que el menor se había ido de vacaciones a La Riviera con sus compañeros de universidad.

Cuando llegó a casa se quitó el bañador mojado y se dio una ducha rápida antes de devolver la llamada al joven.

— Hey. —Dijo, con efusividad—. ¿Ya te has aburrido de tus compañeros de clase?

— Peor. No he cogido el vuelo, primo. —La voz de Jimin sonaba resignada, lo cual preocupó a Jin.

— ¿Ocurre algo?

— La abuela. Este año por lo visto quiere reunirnos a todos porque dice que ya sólo nos ve con cuentagotas… A ti no te ha dicho nada porque dice que estás muy liado ahora pero claro, dejó claro que le haría ilusión que bajases al pueblo este año.

La noticia le cayó como una jarra de agua fría. Era el primer verano en el que él y Hoseok iban a cogerse unas vacaciones de pareja en condiciones. Llevaban meses preparándolo todo. Pero claro, era su abuela, la cual había prácticamente criado a Seokjin durante gran parte de su vida.

— ¿Van todos? —Cuestionó, sentándose en el sofá con pesadez. Justo entonces Hoseok entró en el piso y miró a Jin con gesto preocupado.
— Pues sí, Namjoon estaba liado con una conferencia en no sé dónde, pero dice que se puede escapar. Yoongi no estaba muy por la labor, pero al final ha accedido. Tae se fue para allá hace tres días y Jungkook ya vive allí. —Numeró Jimin—. Faltas tú por confirmar.

— Pues… —Vaciló y luego miró a Hobi—. Tengo que hablarlo primero con Hoseok, pero de momento cuenta conmigo.

— Eres el mejor, primo.

— Lo sé, no me merecéis.

Jin colgó el teléfono y luego se quedó mirando a su novio con expresión de arrepentimiento. No era que no tuviese ganas de ver a su familia, pero Hoseok y él habían deseado tanto tener un poco de tiempo para ellos que casi sonaba a burla del destino.

— Mi abuela quiere que vaya al pueblo. —Dijo Jin, dejando que Hoseok se sentase sobre su regazo—. Me temo que tendremos que posponer las vacaciones un tiempo… —El menor se quedó un rato en silencio y luego se abrazó al cuello del rubio.

— ¿Tienes ganas de ir? —Cuestionó, mirándole a los ojos.

— Pues hace mucho tiempo que no voy… y con mi horario es casi imposible hacer reuniones familiares… —Comentó Jin, suspirando con profundidad.

— Entonces nos vamos al pueblo de vacaciones. —Respondió Hoseok, ampliando la sonrisa y abrazándose más a Jin—. Tengo ganas de conocer a tu familia, a mis padres ya los tenemos muy vistos.

— ¿De verdad no te molesta?

— Qué me va a molestar, tonto. —Hoseok le robó un beso, liberando una pequeña risa sobre sus labios—. Yo quiero pasar tiempo contigo, me da igual si es en tu pueblo o aquí en casa.

— ¿Qué he hecho para merecerte? —Cuestionó Jin, riendo con suavidad y dejando un mordisco cariñoso en el mentón de Hoseok.

— Déjame pensar… creo que fue tu dramatismo al desmayarte en la piscina. —Respondió Hoseok, incorporándose para ir hacia el baño—. O tal vez fueron los encantos de Perla.

Como por arte de magia, la chihuahua dio un salto al regazo de Jin en cuanto la nombraron, reclamando la atención de Jin al momento. El mayor simplemente acarició al animal y después se incorporó con ella en brazos, yendo hacia la cocina.

— Los encantos de Perla son irresistibles. —Reconoció, apoyándose en el marco de la puerta y dejando que Hoseok le robase otro de esos besos lentos que cortaban la respiración—. Para o conseguirás que me acabe enamorando de ti aun más.

— Creo que has descubierto mi plan maestro, Kim Seokjin. —Hoseok acarició distraídamente la cabeza de Perla y luego se separó para ir hacia la ducha—. ¿Cuándo salimos?

— Pues no lo sé, ahora le preguntaré a Jimin.

— Ostras, ¿Y el viaje a La Riviera? —Cuestionó Hoseok, entrando en el baño pero dejando la puerta abierta mientras se desvestía para ir a la ducha.

— Nada, que lo ha cancelado. El pobre, tendrías que haberle escuchado. Parecía súper desilusionado.

— Normal, ¿No lo llevaba planeando un año? —Hoseok chasqueó la lengua y luego encendió la ducha. Jin fue hasta la puerta del baño—. Bueno, de todas formas parece que es todo un evento esto de que os juntéis.

— Uf. Yo creo que llevo sin ir al campo desde que me gradué, pero es que a Yoongi no le veo desde que tenía dieciocho más o menos. Claro, como le dio esta cosa rara de la edad... —Se apartó un mechón rubio de la cara—. De todas formas, verás el jaleo ahora que Jungkook tiene la mayoría de edad.

— ¿Cuántos primos tienes? —Se interesó Hoseok, mientras se metía en la ducha y empezaba a enjuagarse.

— Pues mira... somos seis contándome a mí. Mi abuela tuvo seis hijos y seis nietos le han dado. —Explicó Jin—. Uno por cabeza, vamos. Yo soy el mayor, luego vino Yoongi. Nos llevaremos cosa de un año. Luego ya viene Namjoon. Somos como los más cercanos. Luego ya casi, casi del tirón vinieron Taehyung, Jimin y Jungkook. —Enumeró, sin poder evitar la sonrisa que se le dibujó en los labios—. Entonces pues los tres mayores claro, nos llevábamos muy bien entre nosotros. Luego los tres pequeños no se separan, vaya, uña y carne. Jimin y Taehyung son casi como hermanos. Jungkook lo que pasa es que vive en el pueblo, entonces se ven menos, pero se quieren con locura.

— Suena bien. ¿Por qué llevas tanto sin verles?

— Pues porque llevo mucho casi sin parar. Con todo lo de la universidad, y luego pues ya me vino la fama y no quería involucrar a mi familia en todo eso. Jimin es el único que me visita más a menudo porque claro, también está metido en todo esto del espectáculo. Pero los otros son muy de su privacidad, ¿Sabes? Yoongi en concreto repele las cámaras. —Explicó, pasándole la toalla cuando salió de la ducha—. Y Namjoon, pues bueno, con esto de que se fue a Nueva Zelanda un tiempo y luego cuando volvió se empezó a meter en los rollos políticos... Que no es que me moleste, ni nada, pero habla con tanta propiedad que uno pues se siente un poco tonto. Siempre me dice "Ay, primo, es que te tienen explotado y tú te dejas", y yo le digo que claro, que así estamos todos, que hay gente que está mucho peor que yo que no tienen ni donde caerse muertos. Y ya pues se va la conversación, que si es que estamos muy mal, que si es que este país no va cara al aire...

— Suena intenso. —Hoseok esbozó una muy bonita sonrisa y se fue a la habitación, Jin le siguió después—. Pero creo que todos tenemos a alguien así en la familia.

— Cuando Yoongi venía en Navidad siempre se enganchaban. —Aquellos recuerdos en el fondo le hacían sentir un poco mejor. Les echaba de menos—. Opinaban parecido, pero es que Yoongi es mucho más agresivo que Namjoon. Y claro, empezaban los dos dale que te pego, porque son unos cabezones de mucho cuidado. Yo intentaba meterme, pero es que ya sabes que no me gusta quedar como un tonto.

— Porque no lo eres, cielo. —El moreno se acercó y le dio un beso pequeño en la mejilla—. Si no te interesan esas cosas pues no es culpa tuya.

— Es que ya verás, son unos pieza de mucho cuidado. Y de los canijos ya ni te cuento, esos sí que son un peligro.

— No me digas, me pregunto a quién habrán salido. —Bromeó Hoseok, terminando de vestirse.

— Pero bueno, que tampoco soy tan malo. —Replicó Jin, yendo hacia la cocina. La cena no se iba a preparar sola—. A Jimin ya le conoces, es un mal bicho. Taehyung tiene ideas de bombero. Jungkook... pues a ver, el niño es más tranquilito. Como es el más pequeño está mimadísimo por todos, que le queremos un montón. Cuando cumplió los dieciocho le regalamos a Balto, su perro. Mira, la cara que se le puso. Me lo dio a mí Jaehwan, que su hermana había tenido una camada y no se los podían quedar a todos...

— Cariño, se te van a quemar las verduras. —Apreció Hoseok, arqueando las cejas sin dejar de sonreír—. Sí, es verdad, que Jaehwan también tiene uno.

— Sí, hijo, Ravi. Puro nervio, el bicho. Sandeul está hasta las narices de que le muerda las camisas.

— Y esos dos qué, se deciden ya con lo de vivir juntos o no.

— A mí Jaehwan me ha dicho que todavía no se lo plantean, que lo suyo no es tan serio. Cinco años llevan así. —Respondió Jin, rodando los ojos y salteando la verdura—. Yo creo que para el día que estos dos se decidan, ya estarán en el altar... ¿Me enciendes la arrocera?

— Claro, cielo. —Hoseok la encendió y luego volvió a mirar a su novio—. Yo es que no les quiero presionar.

— No, no. Quita, yo tampoco. Pero Sandeul está encoñadísimo, te lo digo yo que le conozco de toda la vida. —Respondió Jin, señalando a Hoseok con la cuchara de madera—. Mira, cuando Jaehwan estaba con Leo, aquel chico tan calladito... ay, no, tú no le conoces. Bueno, da igual. Cuando Jaehwan estaba con Leo, Leo le dejó porque el pobre niño estaba harto ya de los rollos de Sandeul y Jaehwan.

Jin y Hoseok continuaron hablando de Jaehwan y Sandeul un rato más, luego durante la cena vieron las noticias, se quejaron de lo mal que estaba el mundo y después se acurrucaron en el sofá a ver películas de Netflix con Perla dormida entre ellos. Su rutina era maravillosa, y Seokjin no podía creerse que hubiese conseguido aquello; una carrera de éxito, un novio maravilloso, unos amigos geniales y un largo camino que recorrer haciendo lo que más le gustaba.

Sin embargo, algo sí que le preocupaba. El único que sabía oficialmente que Hoseok y él estaban saliendo era Jimin. Sus otros primos nunca habían tenido la oportunidad de conocer a su novio, mucho menos su abuela. A Jin le preocupaba que la mujer descubriese su relación con otro hombre porque prácticamente le había criado y se querían muchísimo, y su aprobación importaba mucho a Seokjin.

Hoseok se quedó dormido prácticamente al momento y Jin le dejó estar hasta que empezó a roncar. Entonces le dio un codazo y él liberó un gruñido antes de despertarse. Apagaron todo y se fueron a dormir, con Jin aun dándole vueltas a aquellas vacaciones.

A la mañana siguiente Jin se levantó temprano para recoger los trastos de la cena y poner el café a preparar. Hoseok le siguió poco después y puso la tostadora en marcha, después se puso a fregar los platos. Funcionaban casi automáticamente incluso medio dormidos.

Aunque no tardaron mucho en ponerse a bailar los dos en la cocina, cantando alguna canción de sus grupos favoritos. Sus mañanas solían ser considerablemente animadas, más teniendo en cuenta que Jin estaba ya de vacaciones y Hoseok trabajaba en la piscina prácticamente por amor al arte.

Aquel día iba a pedir un descanso para poder irse con Jin al pueblo, Jin, por su parte, tenía que hablar con su agente sobre su próxima oferta de trabajo. Y todo funcionaba, todo seguía un curso tranquilo y cómodo. Seokjin llegó a la conclusión de que el viaje familiar no podía ser tan horrible. Seguro que Hoseok se llevaría bien con todos los primos y con su abuela, sí.

Lo que Jin no sabía era que le estaban esperando las vacaciones más movidas de su vida. Y que tal vez nada iba a salir como él había planeado.

☼☼

La mañana de la partida al pueblo estuvo cargada de nervios y maletas de un lado a otro. Jin y Hoseok llevaban lo necesario para la semana, pero Perla necesitaba medio maletero para ella sola, cosa por la que sus dueños nunca protestaban.

Llevaban un rato en el coche e iban los dos cantando su recopilatorio de Celine Dion a toda voz. Era casi obligatorio en todos sus viajes por la carretera, solo ellos, Perla y My heart will go on. Aunque su canción era It's all coming back to me now, porque la primera vez que Hoseok había pasado la noche en casa de Jin la habían bailado en la cocina mientras hacían la cena.

Decir que Hoseok y Seokjin no estaban hechos el uno para el otro era ridículo a aquellas alturas. Casi todo el mundo que les conocía acababa reconociendo que la pareja funcionaba demasiado bien incluso como para ser verídico. A Jin le gustaba presumir de sus habilidades de comunicación. Hoseok, por su parte, decía que debía al increíble e insuperable amor que había entre ellos. Fuese lo que fuese, funcionaba.

Sin embargo, Jin seguía nervioso por todo aquello de Hoseok conociendo a su familia. No es que no le gustasen, Seokjin adoraba a su familia. Pero le preocupaba que toda aquella estabilidad idílica se viese truncada por la tropa que eran. Sabía que debía confiar en él y en su relación, y que sus miedos no tenían fundamento. No obstante, ahí estaban, haciendo que el desayuno se revolviese incómodamente en su estómago.

El pueblo estaba a un par de horas de la ciudad, así que les dio tiempo a recorrerse gran parte de la discografía de Celine y de hablar un poco sobre sus planes una vez estuviesen allí.

— Estoy esperando una llamada de mi agente. Es importantísima, porque este papel podría marcar un antes y un después en mi carrera. —Le contó, sin poder contener la emoción en su voz—. Dice que lo tengo prácticamente asegurado, pero en este mundo nunca se sabe.

— Sabes que van a dártelo, Jin. —Dijo Hoseok. Habían cambiado turnos conduciendo momentos atrás y ahora estaba en el asiento del copiloto, haciendo de DJ—. Eres uno de los actores más solicitados del momento.

— No eres imparcial, tú me darías un Oscar si pudieses.

— Disculpa, soy perfectamente imparcial.

— Llamaste al director de aquella película "escoria misógina" cuando no me dieron el papel en aquel dorama. —Apuntó Jin, esbozando una sonrisa ladina.

— Le llamé escoria misógina porque hizo aquellas declaraciones tan horribles de Min Soo. —Replicó Hoseok, frunciendo el ceño—. Pero te aseguro que me callé muchas cosas.

— Nos han prohibido la entrada en el restaurante por tu culpa.

— De todas formas ese restaurante está sobrevalorado, ¿Has visto la miseria que sirven? Para eso me voy a un buffet y pago la mitad. —Jin no pudo evitar reír ante el comentario y luego asintió con suavidad.

— La verdad es que no te niego que yo siempre volvía con más hambre de la que me iba. —El rubio entró por un camino sin asfaltar antes de llegar al pueblo—. Bueno, ya estamos llegando, acuérdate...

— Sí, Namjoon es el espigado, Yoongi el bajito con cara de que le deben dinero, Taehyung el que viste de Gucci pero no sabe conjuntar y Jungkook el que parece un conejo al que le han dado los faros de un coche de noche en la carretera. —Recitó Hoseok, casi de memoria.

— Perfecto. —Jin volvió a sonreír. La cancela del chalet estaba abierta. Era una casa de una planta bastante grande, parecía una cabaña de madera pero mucho más moderna. El campo tenía un bosque para ellos solos, de aproximadamente una hectárea. Jin aparcó el coche en la zona de parking, donde ya había otros tres coches.

Por el camino había llovido, así que todo estaba húmedo y seguía nublado. Jin había dicho que definitivamente, tenían muy mala suerte. Que allí casi nunca llovía en verano. Hoseok bromeó diciendo que tal vez era un símbolo de mal augurio, pero a Jin no pareció hacerle mucha gracia.

Se bajaron del coche, Jin cogió a Perla entre sus brazos después de ponerse las gafas de sol y abrió el maletero para coger la comida que habían sacado de la nevera. De pronto, Perla se puso nerviosa y se revolvió tanto que Jin tuvo que soltarla. El animal salió corriendo y se plantó delante de Jin gruñendo, lo cual le salvó de la enorme bola de pelo canela que era Balto. El labrador de Jungkook metió el rabo entre las piernas y retrocedió en cuanto la chihuahua empezó a ladrar, lo cual hizo que Hoseok empezase a reír con fuerza.

— Pobrecito, es un miedoso de toda la vida. —Dijo Jin, dejando que Hoseok se encargase de coger a Perla en brazos y acariciase a Balto para calmarle. La perra seguía ciertamente inquieta y gruñía por lo bajo.

Y entonces, como de la nada, una masa nagra se abalanzó sobre Seokjin. El rubio no se lo esperaba, así que se cayó de culo al suelo, poniéndose perdido de babas. La masa comenzó a lamerle el rostro con efusividad, Jin solo podía gritar que alguien le ayudase.

— ¡Chocu! Ay, lo siento muchísimo. —Aquella voz pertenecía a uno de los primos mayores, Namjoon, el cual iba corriendo con una correa rota en la mano—. Me cachis en la mar, Jin, perdona, si es que esta bestia está por domesticar, lo siento muchísimo. —El chico se giró hacia Hoseok, y le estrechó nerviosamente la mano—. Soy Namjoon. ¡Chocu, por Dios! ¡Deja a Jin!

En cuanto Namjoon consiguió apartar a la enorme mole que era el Gran Danés de encima de su primo, se escucharon gritos desde la casa.

— ¡Primo Jin! —Las dos voces sonaron casi al unísono mientras dos figuras se enganchaban a Seokjin, el cual acababa prácticamente de levantarse del suelo y al cual le costó conservar el equilibrio al intentar sostener en brazos a sus dos primos.

— ¡Pensábamos que no ibas a venir! —Dijo el que Hoseok identificó como Taehyung—. Jungkook decía que estabas demasiado ocupado para sacar tiempo para nosotros.

— ¡Yo no dije eso! —Protestó Jungkook, el cual parecía que tenía catorce en un cuerpo de veintiuno—. Yo dije que entendería si no vinieses porque ahora eres muy famoso... ¡Pero has venido! Verás que contenta se va a poner la abuela...

— Chicos, por favor, dejad a vuestro primo respirar. —Namjoon intentó poner orden, aunque Chocu no parecía muy por la labor de permitírselo—. Y saludad a su amigo, que vosotros también estáis por domesticar.

— ¡Perdón! —Exclamó Tae, separándose para acercarse a Hoseok con una brillante sonrisa—. Soy Taehyung, y este es Jungkook. —Dijo, señalando al otro primo, el cual se había escondido disimuladamente detrás de Taehyung.

— Hola, soy Jungkook. —Dijo el menor, sin moverse de allí.

— Hola chicos, yo soy Hoseok, pero todos me llaman Hobi. Gracias por acogerme estos días. —Les respondió, estrechándoles las manos a los dos.

— Anda, niños, ayudad al viejo de vuestro primo a descargar las bolsas del coche. —Dijo Jin, dándoles a Jungkook y a Taehyung bolsas. Namjoon aprovechó entonces para dejar que Chocu se fuese con ellos y acercarse a Jin para darle un abrazo corto.

— Bueno, yo mientras voy sacando también cosas y así vosotros también os podéis poner al día —Dijo Hoseok, ante lo que Jin asintió. Y luego cogió las maletas de Perla y se fue hacia la casa con Taehyung y Jungkook.

Seokjin se quitó las gafas de sol y luego sacó sus maletas y las de Hoseok para cerrar el coche y comenzar a caminar hacia la casa al lado de Namjoon, el cuál parecía mucho más contento que la última vez que le había visto. También parecía más maduro e infinitamente más sosegado.

— Qué bien te veo, primo. —Comentó Jin, abriendo la conversación—. Menuda envidia, yo estoy a punto de quedarme calvo.

— ¿Por el estrés o por las decoloraciones? —Comentó Namjoon, con tono burlón. Jin no pudo evitar reírse.

— Ambas, primo, ambas. Si es que no paro, la verdad, el trabajo me tiene hasta la coronilla. —Le dijo, dejando las maletas en el porche—. ¿Tú cómo lo llevas? Que me han dicho que quieres opositar para meterte al departamento de justicia.

— Pues mira, sí, llevo ya unos añitos preparándomelo porque ya sabes tú cómo está la cosa. Por el momento estoy trabajando en un despacho privado. —Le contó, ajustándose las gafas—. Que no me quejo, tampoco. Me va muy bien.

— ¿Y las novias qué tal?

— Nada, Nari y yo lo dejamos y ahora no me apetece tener nada serio. —Comentó el mayor—. ¿Y tú qué? Ya estás en edad casamentera.

— Uy, quita, quita. —Dijo Jin, negando con la cabeza—. Qué jaleo. Estoy en lo mejor de la vida, primo. Conocer a gente lleva mucho tiempo, es que como no vivan en mi casa no les vería. —Sabía que era mentira, y le molestaba mentir, pero tampoco tenía muchas más opciones.

— Ya, yo estoy igual, no te creas. —Respondió Namjoon, dedicándole una sonrisa cálida—. Me alegra mucho verte, Jin. Se te nota feliz.

— Eso es porque lo estoy, primo. —Tuvo que reconocerlo—. ¿Y Yoongi?

— Está en la parte de atrás, en la zona de la piscina. Estábamos hablando cuando has llegado. —Le dijo Namjoon—. Instálate y veniros tú y tu amigo. Os hemos dejado la casa de invitados.

— Estupendo, mucho mejor. —Menos mal. La casa de invitados estaba en la otra parte del bosque. Era una caseta de madera rústica pequeña, con sólo una habitación y un enorme cuarto de baño con una de esas enormes bañeras de mármol. Hoseok y él iban a tener intimidad, lo cual le aliviaba—. Ahora te veo.

Entró en la gran casa y buscó a Hoseok con la mirada. Todo estaba igual que la última vez que lo había visto, porque su abuela ya no estaba para hacer cambios y Jungkook no era un gran apasionado de la decoración de interiores. A Jin no se molestaba, para casa de catálogo ya tenía la suya. Aquel lugar era mucho más cálido y familiar, y le traía buenos recuerdos.

El saludo con su abuela fue muy efusivo, la mujer le abrazó durante cinco minutos y casi se echa a llorar cuando le vio aparecer por la puerta de la cocina. Jungkook y Taehyung le estaba ayudando a cocinar, y Hoseok charlaba animadamente con ellos mientras se tomaba una cerveza. Seokjin se puso a llorar también al final por las emociones y aquello se convirtió en un festín de llantos entre él y su abuela.

Cuando acabó aquel pozo de melancolía, Jin y Hoseok llevaron sus cosas a la casa de invitados y se sentaron en la cama, la cual ya estaba hecha.

— Madre mía. —Seokjin empezó a reírse tras aquel comentario de Hoseok.

— Lo sé, lo sé. Son un poco intensos. Pero te acostumbrarás.

— Me encanta estar aquí, este sitio es precioso, y tu familia es maravillosa, Jin. Además, nunca te había visto sonreír y echarte a llorar en el mismo lapso de tiempo.

— Ay, es que me he emocionado, que llevaba mucho sin ver a mi abuela. —Respondió Jin, pero seguía sonriendo.

— Es normal, de todas formas solo es el principio. Tus primos parecen muy animados. —Confesó Hoseok, encogiéndose de hombros y acercándose a él para robarle un beso.

— No parecen los únicos animados… —Comentó Jin, dejándose tumbar en la cama.

— Qué puedo decir, me gusta este rollo del romance secreto. —Respondió, quitándose la camiseta y riendo al escuchar las carcajadas de Jin—. ¿De qué te ríes?

— Hoseok, mis primos están rondando por aquí. No creo que sea buena idea. —Liberó un suspiro ahogado por los besos en su cuello y clavó las uñas en su espalda, sin dejar que se apartase.

— Seguro que nos dejan un poco de privacidad… —Continuó desvistiendo a Jin despacio—. Además… estamos de vacaciones… no más polvos rápidos encima de la lavadora porque tu agente pasa a buscarte en media hora…

— No puedo creer que follar como personas normales sea una de mis fantasías sexuales… —Replicó Jin, subiéndose a horcajadas sobre él. Tenía ganas de aquello, para ser completamente honestos. Y Hoseok ya estaba semidesnudo en su cama, ¿Qué iba a hacer? ¿Decir no?—. Sí que tienes ganas, hijo mío…

Justo cuando habían conseguido desnudarse tranquilamente e iban a cumplir su deseo de empezar las vacaciones con buen pie, alguien tocó a la puerta de la casa. El salto que dio Jin podía haberse considerado olímpico, mientras Hoseok, que todavía no entendía muy bien lo que pasaba, se tapaba con la sábana.

Jin se dio un golpe contra la pata de la cama mientras terminaba de vestirse rápidamente y liberó una maldición tan alta que estaba seguro de que alguien más la había escuchado. Por fin entendiendo la situación, Hoseok se incorporó y caminó hacia el baño rápidamente.

Se acercó a la puerta y la abrió, dejando solo una rendija. Yoongi estaba allí plantado, lanzando miradas sospechosas a su primo.

— Te he oído gritar… ¿Estás bien? —Cuestionó, arqueando una ceja—. ¿Por qué llevas la camiseta al revés?

— Sí, sí. —Jin carraspeó, liberando después una carcajada nerviosa—. Me he dado un golpe mientras me estaba cambiando. Ya sabes, es la falta de costumbre…

— ¿Por qué tu amigo acaba de entrar en el baño desnudo? —No le pasó desapercibido el tono burlón de Yoongi. Joder, no podía ser que le hubiesen pillado tan rápido.

— Nos estábamos cambiando. Poniéndonos el bañador y eso… ¡Deja de mirarme así!

— Está bien, lo siento. —Dijo Yoongi, pero el cabrón no lo sentía en absoluto. Jin lo sabía perfectamente—. Vamos a comer en seguida, así que terminad de… cambiaros rápido.

— Que te jodan. —Replicó Jin, rodando los ojos y cerrando la puerta—. Ya se ha ido. —Dijo, liberando un pesado suspiro y apoyando la espalda en la puerta.

Al parecer, aquel susto no fue suficiente para Hoseok. Ni para ninguno de los dos, porque llegaron a la comida diez minutos tarde y Seokjin se pasó el rato ignorando deliberadamente las miradas de Yoongi.

☼☼

Estaba tomando el sol en la piscina intercambiando mensajes y charlando con Namjoon, Yoongi y su abuela mientras Hoseok jugaba con los pequeños no tan pequeños en la piscina. Hablaban sobre aquella vez que Yoongi, intentando no comerse el pisto que hacía su abuela, lo había escondido por los adornos de la casa. Se habían pasado meses tratando de averiguar por qué olía tan mal en el salón hasta que encontraron al culpable.

Aquella clase de anécdotas eran perfectamente normales cuando se reunían entre todos, y básicamente eran las que siempre salían. Su abuela estaba cansada así que se disculpó y se retiró para descansar un rato en la casa. Jin le dijo que iría en seguida a ayudarle a hacer la comida y luego le dio un beso en la mejilla. Volvió a su hamaca y entonces Yoongi y Namjoon le rodearon hasta prácticamente estar encima suyo.

— ¡Eh! Vamos, ya sé que me habéis echado de menos, pero esto es abusar chicos. —Replicó, quitándose las gafas de sol, casi intimidado por las miradas de sus primos.

— Dinos la verdad. —Replicó Yoongi, que probablemente había arrastrado a Namjoon en sus investigaciones—. ¿Quién es en realidad tu amigo?

— ¿Perdón? No entiendo. —Dijo, haciéndose el tonto y mirando su teléfono. Pero Yoongi se lo quitó y se tiró encima suyo, aplastándole—. ¡No! ¡Espera! ¡Yoongi, eso no es justo! ¡Ten cuidado con el teléfono, lo uso para trabajar!

— ¡Estás de vacaciones! —Dijo Yoongi, pasándole el teléfono a Namjoon—. Vamos, primo Jin… No me gusta que me mientas.

— ¡Namjoon! Haz entrar en razón a tu primo. —Replicó Jin, aunque dejó que Yoongi se quedase encima suyo. Siempre había sido cariñoso a ratos y no quería apartarle.

— Tengo muchos amigos y me preocuparía si me mirasen como tú miras al bailarín, primo. —Se limitó a decir Namjoon, volviendo dirigir la mirada al libro que estaba leyendo mientras acariciaba a Chocu para que estuviese tranquilo.

— Sois imposibles los dos. —Jin liberó un bufido y luego volvió a recuperar su teléfono de las piernas de Namjoon—. Tenéis que prometerme que esto no saldrá de aquí… Hoseok y yo llevamos saliendo un tiempo. Estas son nuestras primeras vacaciones libres en dos años.

— ¿¡Dos años!? —Exclamó Yoongi, llamando la atención de los más pequeños y Hoseok. Jin le apretó el brazo y liberó un quejido—. Perdón… pero eso es mucho tiempo… ¿Y no nos has dicho nada?

— No quería gafarlo, ¿Vale? Y no sabía cómo ibais a reaccionar. —Yoongi se incorporó y volvió a su asiento. Hacía mucho calor—. Nunca había tenido algo como lo que tengo con él, así que todo para mí es nuevo.

— Tienes suerte de que no pueda enfadarme contigo. —Replicó Yoongi. Namjoon le lanzó entonces una mirada cargada de intenciones desde detrás del libro, cosa que extrañó a Jin—. Yo también tengo algo que contarte.

— ¿El qué? —Su teléfono comenzó a sonar, Jin se incorporó bruscamente—. Mierda, tengo que cogerlo. Luego me lo cuentas, ¿Vale? —Dijo, y sin darle tiempo a responder se fue a la caza de cobertura para responder a la llamada de su agente.

No volvió hasta pasado un buen rato. Ahora casi todos estaban en la piscina y Seokjin entró en la casa para ayudar a su abuela con la comida. Estuvieron hablando sobre el trabajo y sobre la vida mientras preparaban las cosas. A Jin le gustaba hablar con su abuela, le aportaba una paz y una tranquilidad especiales. Ella le contó que su tía estaba pensando en mandar a Jungkook a la ciudad porque sentía que el pueblo era demasiado pequeño para alguien tan despierto como él, y que de hecho quería hablar con la madre de Jimin para ver si podía mudarse con ellos.

Jin le comentó que también podía quedarse con él un tiempo si lo necesitaba. Tenían una habitación libre en el apartamento y además la universidad estaba relativamente cerca. Su abuela se alegró mucho cuando escuchó aquello, porque Jin era su nieto favorito y Jungkook era el niño de sus ojos, así que sabía que se sentiría mucho más tranquila si se mudaba con él.

El resto de la tarde transcurrió con tranquilidad. Durante la cena hubo una guerra de comida que acabó con Namjoon, Hoseok y Jungkook conspirando para lanzar a Jin y Yoongi a la piscina y con Taehyung y Jimin preparando cubatas y poniendo la música más alta de la cuenta. Por mucho que los primos mayores corrieron acabaron los dos bajo el agua sujetos el uno al otro y gritando cosas sobre tintes y permanentes. El resto de primos no tardaron en unirse y lanzarse al agua.

Salieron de la piscina poco después para coger las bebidas y repartirse por el césped para hablar sobre la vida y sobre lo que planeaban en el futuro. Jimin les contó que él y Taehyung acababan de firmar un contrato para una firma de modelaje. Jungkook les dijo que planeaba estudiar veterinaria en la universidad y que estaba muy estresado con los exámenes de acceso. Yoongi les dijo que todavía estaba haciendo artículos de pacotilla en el periódico, pero que en un futuro le gustaría irse a zonas de conflicto para hacer reportajes sobre los horrores de la guerra. Todos tenían algo que soñaban, y Jin no pudo evitar esbozar una amplia sonrisa al recordar cómo algunos años atrás Jungkook, Tae y Jimin no eran más que adolescentes hormonados, Yoongi planeaba raparse el pelo y hacer huelga de hambre para protestar en contra de la crueldad animal, Namjoon intentaba no volverse loco intentando conseguir trabajo fijo y él empezaba con sus picos en la actuación.

Todavía no había conocido a Hoseok por aquel entonces. Balto solo era un cachorro, Perla todavía no había llegado a su vida, estaba estresado y se creía acabado antes de empezar.

Alguien rozó su mano con cuidado por encima del césped y Jin sintió el tacto suave de Hoseok. Namjoon sugirió que se fuesen a dormir pronto para ir al río al día siguiente y todos accedieron menos Hoseok y Jin, que dijeron que se quedarían un poco más para hablar de sus cosas.

Cuando el silencio cayó sobre la zona de la piscina, Jin tiró de Hoseok para entrar en el agua. Tenía que reconocer que Jimin preparaba los cubatas para cogerse la borrachera relativamente rápido, así que ambos estaban bastante animados. Se abrazaron bajo el agua, mirándose a los ojos. Era la primera vez en mucho tiempo que disfrutaban de auténtico tiempo a solas sin preocupaciones de ningún tipo.

Jin exhaló un suspiro de felicidad y tranquilidad y luego acarició la espalda de Hoseok con suavidad, sin poder dejar de sonreír.

— ¿Qué te hace tanta gracia?

— Nada, solo estoy feliz. Soy feliz aquí contigo. —Murmuró Jin, encogiéndose de hombros. Hoseok se estremeció por aquellas palabras.

— Te quiero mucho.

— Eres un cursi.

— Lo soy, me pasa siempre que te miro.

— Para ya. —Replicó, escondiendo el rostro en el espacio entre su cuello y el hombro.

— No puedo creerme que haya hecho sonrojar al gran Kim Seokjin, ahora tengo el poder para gobernarlos a todos.

— No me esperaba que fueses a decir eso.

No se lo esperaba, era cierto. Jin tenía claro que era muy guapo, solía reaccionar bien ante los cumplidos. Pero luego llegaba Hoseok y le hacía sentir muchas más cosas. Que era increíble y maravilloso. Y a veces, cuando a Seokjin le costaba creer que lo era, él le convencía de nuevo con palabras y besos. No siempre se podía tener tanta confianza en uno mismo, pero teniendo al lado a Hoseok era más fácil dejarse llevar.

— Deberíamos ir a la cama.

— Sí, antes de que los monstruitos se levanten y nos obliguen a madrugar con ellos. —Jin se separó un poco de Hoseok—. No existe la paz en esta casa.

— Te quieren y te admiran mucho, ¿Lo sabías?

— No tanto como a mí me gustaría.

— Seokjin, he visto cómo te miran todos. Piensan que eres increíble.

— Eso es porque aún no han llegado a la edad de pensar que simplemente he sido un chico guapo con suerte. —Salió de la piscina, envolviéndose en una de las toallas—. Después todos se convertirán en Namjoon y Yoongi, haciendo… cosas importantes. Y yo solo seré otra estrella fugaz en el cielo.

— ¿Por qué piensas eso? Tu trabajo también es importante.

— Desde pequeño siempre he querido ser actor. Conforme íbamos creciendo, todo el mundo me decía que debía buscar algo más… útil. Algo corpóreo. Namjoon y Yoongi ya iban camino de ser genios en sus campos, y yo no hacía más que fracasar. —Nunca le había contado aquello a nadie. Para todo el mundo, eran la familia perfecta—. Cuando empecé a ser conocido sentí que era algo mío, pero que no lo disfrutaba porque solo me preocupaba por demostrarles que tenía razón. Así que me alejé porque no quería que me quitasen esa sensación. Y en el proceso me he perdido muchas cosas.

— ¿Como qué? —Hoseok se había sentado a su lado, cubriéndose también con otra toalla.

— Como a Jungkook. Estábamos muy unidos cuando nació. Yo me he criado aquí con mi abuela y mis tíos, ya lo sabes. Era la luz de mi vida. Siempre estaba sonriendo. Puede que parezca que tengo más relación con Tae o Jimin, pero en realidad era yo quien llevaba a Jungkook al colegio todas las mañanas o quien le acompañaba a los partidos. Pero luego… luego todo cambió.

— Todavía sigue pensando que eres increíble, Jin. Todos lo piensan. Todo el mundo que te conoce acaba coincidiendo en que eres una de las personas más maravillosas que existen. —Hoseok pasó un brazo por su hombro y le atrajo hacia sí.

— ¿Y si fracaso? ¿Y si dejan de darme papeles? ¿Y si me convierto en una carga?

— Primero, no vas a fracasar. Y segundo, seguirás siendo la misma persona. Incluso si fracasases, que no va a pasar, encontrarías la forma de salir adelante y no dejarías que nada te detuviese. Lo importante no es llegar sino cómo llegas, Jin. A nosotros nadie nos ha regalado nada nunca, hemos trabajado mucho para conseguir estar donde estamos. Eso es lo que importa, en el fondo.

— No te merezco. —Dijo, anonadado por las palabras ajenas. Le había hecho sentir bien otra vez—. En serio, no sé qué he hecho para…

— Creo que fue aquella vez que me robaste el silbato y cuando fui a buscarlo estabas en el sofá esperándome con él colgado al cuello. —Respondió Hoseok—. Sólo con el silbato en el cuello. —Añadió, arqueando las cejas en un gesto burlón.

— Ah, sí. Nunca se me olvidará tu cara.

— Casi se ahoga un niño por tu culpa.

— Tú eres el que debió ser responsable.

— Tienes muchísimo morro. —Ambos se echaron a reír y luego se incorporaron para ir a la cama.

Antes de quedarse dormido, Jin pensó seriamente en sí mismo y en su vida. Y aunque seguía sintiéndose inseguro, la respiración tranquila de Hoseok a su lado consiguió tranquilizarle. Estaba bien. Todo iba bien.

☼☼

Hoseok titubeó un poco antes de acercarse a Namjoon aquella mañana. Seokjin había salido con su abuela y Jungkook a dar una vuelta por el pueblo y hacer algunas compras. Yoongi estaba con Tae y Jimin porque se había dejado arrastrar para algo llamado un make-up challenge. Namjoon estaba tranquilamente leyendo con su enorme Gran Danés tirado encima a su lado en la hamaca, ocupando más espacio que él.

Chocu levantó la cabeza cuando Hoseok llegó al césped y se sentó al lado de Namjoon, pero pronto decidió que no estaba más interesado en él que en quedarse abrazado a su amo. Carraspeó, tratando de llamar su atención.

— Oh, hola. —Namjoon se quitó las gafas y dejó el libro a un lado—. ¿Pasa algo? ¿Ha salido ya Yoongi corriendo y gritando?

— ¿Qué? No, no. Es que… quería pedirte consejo.

— ¿A mí? —Parecía visiblemente confuso.

— Verás… a ver cómo te lo digo… Quiero formalizar las cosas con Jin. En serio. En plan… ya sabes.

— En plan vivir juntos o más.

— Ya vivimos juntos.

— Oh.

— Voy a pedirle que se case conmigo. —Confesó finalmente, esbozando una sonrisa nerviosa.

— Vaya… —Namjoon se quedó callado unos momentos, tratando de procesar la información—. ¡Vaya! ¡Eso es… genial! Es decir, no es como si yo creyese en una institución como el matrimonio, pero creo que es muy bonito. Es una gran idea, sí.

— El anillo que le he comprado es este. —Dijo Hoseok, extendiendo una pequeña caja que había sacado del bolsillo. Namjoon lo miró con detenimiento y luego lo dejó sobre sí mismo unos instantes—. ¿Qué opinas?

— Que es precioso y que le va a encantar, Hoseok. Ya verás. —Se incorporó y apartó a Chocu de su lado, el cual cogió algo con la boca antes de salir corriendo. Extrañado, Namjoon se quedó mirando al animal—. Este perro es rarísimo.

— Supongo que se le ha pegado de Balto. Ayer se cayó en la piscina persiguiendo una piedra que iba en la otra dirección. —Comentó Hoseok, riendo con fuerza antes de extender la mano hacia Namjoon.

— Sí, la verdad es que no es el más listo de su… —Oh no—. Oh, no. No. No, no ¡No! ¡Chocu! ¡Vuelve aquí!

— ¿Qué pasa?

— El anillo. Se ha llevado el anillo.

Hoseok vio momentáneamente toda su vida pasar por delante de sus ojos. Le había costado elegir ese anillo, era de la colección exclusiva de una marca que Seokjin adoraba con todas sus fuerzas. Y además, tenía un plan perfecto para pedirle matrimonio. Se incorporó junto a Namjoon casi de un salto y echó a correr detrás de Chocu, gritando como un descosido para encontrar al animal.

Tras pasarse horas buscando al perro, que estaba en la cocina con la abuela, estuvieron más horas aún buscando la caja con el anillo, pero había desaparecido por completo. Hoseok estaba a punto de echarse a llorar. Su plan, su perfecto plan, acababa de irse al garete. El destino no podía odiarle tanto, era humanamente imposible.

— Lo encontraremos, no te preocupes. —Dijo Namjoon, parecía tan arrepentido que Hoseok se conmovió.

— No ha sido culpa tuya, en serio. Puede pasar. Solo es cuestión de buscarlo. —Dijo, tratando de animarse a sí mismo.

Pero cuando estaba con Seokjin y pensaba en el anillo no podía evitar sentirse fatal por su propio descuido. Era horrible. Había pasado meses planeando aquello y sabía que ambos estaban preparados. No había mejor momento que aquel, cuando Jin estaba con toda su familia, de vacaciones, feliz, cómodo y tranquilo. Se lo pediría en secreto después de una cena romántica y luego él decidiría si deseaba contarlo o esperar.

Seokjin se inclinó para darle un beso, pero Hoseok estaba tan frustrado y distraído que sin querer no lo correspondió.

— ¿Pasa algo? —Jin frunció el ceño al no recibir respuesta.

— No, no. Es que no me encuentro demasiado bien y si estoy incubando algo no quiero pasártelo.

— Ah. —Evidentemente, no le había creído. Pero no podía decirle nada a tan poco de cumplir su plan perfecto. No, esperaría y encontraría el anillo—. Bueno, pues cuando te encuentres mejor me llamas.

— Jin, vamos, no te enfades. No estaba en lo que tenía que estar.

— Llevas días no estando en lo que tienes que estar Hoseok, y como tu pareja me gustaría mucho saber qué cojones está pasando. —Por regla general, Jin era maravilloso. Pero tenía un defecto que Jimin había heredado. Ambos tenían la mecha muy corta.

— Ya te he dicho que no pasa nada… es que parece que quieras que pase algo. —Y Hoseok estaba tan estresado que parecía que todo el ambiente se había vuelto hostil.

— ¿Perdona?

— Jin, que te he dicho que no me pasa nada, y si yo digo que no me pasa nada, pues ya está. Tampoco hay que darle tantas vueltas.

Jimin y Taehyung aparecieron de fondo y Hoseok se vio obligado a bajar el tono de voz. Jin se había incorporado ya de su lado en la hamaca, cogiendo sus cosas. Estaba visiblemente enfadado y sabía que tendría que compensarlo, se había portado como un gilipollas con su novio.

— Lo que tú digas, me voy con mi abuela. Si necesitas algo me llamas.

— No me hables como si fuese tu agente.

— Pues como sigas así voy a hablar más con mi agente que conmigo. —Replicó Jin, mordiéndose la lengua para no hablar más alto—. Por cierto, para tu información, antes de que te pusieses como un puto energúmeno te estaba contando que no me habían dado el papel. —Hoseok se sintió mucho peor cuando escuchó aquello. Sabía que Jin estaba de mal humor, pero no imaginaba que fuese algo como eso.

— Jin, oye, espera.

— Que te jodan, en serio. No me apetece hablar contigo ahora mismo.

— Joder, Jin. —Exclamó, llamando finalmente la atención de Jimin, Taehyung y Jungkook, que acababa de unirse a ellos—. Que ha sido una tontería, por Dios. No te pongas así. Siento muchísimo lo del papel…

— Que me olvides, Hoseok.

Y se fue de allí a toda prisa. Fue como una puñalada. Seokjin y él no solían discutir muy a menudo y mucho menos por algo tan simple como un malentendido. Entendía que Seokjin estaba agobiado por el trabajo y él lo estaba con el tema del anillo. Debía encontrarlo lo antes posible y arreglar aquella situación.

☼☼

Las cosas no mejoraron en los siguientes días para Seokjin. Después de la pelea con Hoseok tuvo otra con Namjoon, Jimin y él se gritaron tanto que todos se extrañaron que no apareciera la policía en la casa y rompió tres copas intentando limpiarlas.

Todos notaban que Jin estaba de un humor horrible y que cualquier cosa que decían podía provocar un frente abierto que duraría días. Por supuesto, las discusiones con Hoseok fueron a peor. Jin sabía que prácticamente las provocaba todas él e intentaba controlarse. Pero ver a su novio distanciarse de él cuando más le necesitaba era un golpe duro que le estaba costando aguantar.

Seokjin se consideraba una persona fuerte e independiente, capaz de lidiar con sus fracasos por sí mismo. Pero cuando estaba rodeado de tanta gente testando su paciencia de forma constante era muy difícil que no se le hiciese una enorme bola todo. Había dejado de hablar con su familia por precaución, porque odiaba la sensación de que todo el mundo estuviese en su contra y porque suficientes discusiones de familia había provocado ya.

Llegó a plantearse la posibilidad de volver a la ciudad lo antes posible. No solo por aquel ambiente, sino porque ahora que le habían rechazado necesitaba volver para buscar algo más. Su agente le suplicó que no se preocupase, que tenía muchas más ofertas esperándole, pero Jin quería estar allí, sentirse cerca de lo que más amaba y dejar atrás aquello que le hacía sentir mal.

Se sentó en el sofá con pesadez. Yoongi estaba allí mirando su móvil. No se hablaron ni siquiera para saludarse, porque no tenía mucho sentido y porque Jin sentía que si hablaba se echaría a llorar en cualquier momento.

— Oye, sé que no soy nadie para meterme en tu vida, pero no me parece bien cómo estás actuando. —Genial. Estupendo. Ahora Yoongi también quería unirse al club de tocarle las narices.

— Pues no te metas en mi puta vida y déjame tranquilo.

— ¿Quieres dejar de ser un niñato mimado por un momento y ver que te estás pasando? Joder, parece que solo quieres ser el puto centro de atención.

— ¿Pero a ti qué coño te pasa? —Replicó Jin, entre sorprendido y ofendido por aquella reacción tan brusca de Yoongi. Había límites, todos allí lo sabían—. Para empezar, a mí me respetas cuando me hablas.

— Tío, de verdad, es que haces un puto drama de todo. Te pones a gritarle a Jimin, a Hoseok y a Namjoon por cosas que ni siquiera eran culpa suya y luego vas de ofendido como si nosotros tuviésemos la culpa de alguna de tus mierdas.

— Bueno, mira, hasta aquí he llegado. —Jin se incorporó, sintiéndose aún peor que antes—. ¿Sabes qué? Que me suda los cojones lo que tú, desde detrás de tu puto móvil, pienses. Que te crees, ¿Que eres único, especial y diferente y más listo que el resto? Me vas a venir tú a mí a decirme que si yo soy un dramático o que si yo soy no sé qué… Tú, que te has tirado desde que los dos tenemos uso de razón echándome en cara todas las mierdas y creyéndote mejor que yo por tener una puta carrera y un trabajo que "es realmente útil".

— No, perdona. Yo lo único que te dije y que te sigo diciendo es que lo que hiciste fue una decisión arriesgada. Y esto no tiene nada que ver con eso, Jin. Tiene que ver con que tienes una bronca de mierda con tu novio y de pronto todos pagamos el pato. —Yoongi estaba hablando más alto de la cuenta y Jin se puso lívido por la rabia—. Que te crees que eres el único con problemas en esta puta casa y siempre ha sido así, siempre el niño perfecto con sus movidas de niño perfecto.

— Yo nunca he dicho que me crea mejor que nadie, joder. No sé a qué coño estás jugando pero si estás celoso entonces vete a hablar con Namjoon y ponme una puta demanda.

Yoongi se incorporó y ambos se encararon. En aquel momento Jin no podía pensar en nada más que en aquellas palabras que Yoongi le había dicho y en lo egoísta que su primo estaba siendo. Y mucho peor, en que se había atrevido a encararle de forma tan agresiva. No pensaba tolerarlo. No quería tolerarlo.

— Lo que te estoy diciendo es que dejes de amargarnos a todos las vacaciones con tus gilipolleces.

— Tú ya venías amargado de serie, niñato.

— Eh, eh. —Los fuertes brazos de Jungkook se interpusieron entre ambos. Jimin sujetó a Yoongi y el resto se quedaron en la puerta. Su abuela, en concreto, parecía más confusa que el resto. Sus nietos jamás se habían peleado así antes—. Ya está bien los dos, ¿Vale? No sé qué pasa pero…

— Me voy, eso pasa. Me vuelvo a Seúl. —Dijo Jin, zafándose del agarre de Jungkook para irse.

— ¡Ya está la victimita! —Exclamó Yoongi, rodando los ojos.

— Eres gilipollas, Min Yoongi. Y te juro por Dios que no te parto la cabeza contra el puto mueble porque está tu abuela delante. —Siseó Jin, y Jungkook se interpuso de nuevo entre ellos. Porque nunca había escuchado hablar a su primo mayor así a nadie antes.

— ¡Jin, por favor! —Esta vez fue la abuela la que intervino. Seokjin tuvo que morderse la lengua y salir de la casa antes de cumplir su amenaza.

Se fue directo a la casa de invitados a recoger sus cosas y llamó a su agente para que le sacase un billete de vuelta a la ciudad. No aguantaba un minuto más, necesitaba irse de allí. No comprendía cómo era posible que todo se hubiese ido a la mierda tan rápido, pero el hecho era que había sucedido y que no tenía ganas de continuar viviendo aquello.

En el fondo, se imaginaba que debía pasar en algún momento. Yoongi y él siempre habían tenido roces. Pero no pensaba que fuese a llegar al punto de desear realmente hacerse tanto daño mutuamente. Suspiró con pesadez y se dejó caer en la cama a mitad de hacer la maleta.

Jin tenía mucha confianza en sí mismo, sabía que no era mala persona y por regla general no solía tener problemas de autoestima, pero las palabras de Yoongi le habían hecho sentir aun peor de lo que ya se sentía. Perder aquel papel y después la discusión con Hoseok, el cual no se había molestado siquiera en disculparse o intentar hablar las cosas estaba acabando con él. No sólo se sentía egoísta y dramático, también se sentía frágil por ceder a tan poca presión. Cerró los ojos y se encogió más en la cama.

De pronto alguien le abrazó por detrás y se quedó pegado a él. La calidez de aquel abrazo hizo que se echase inevitablemente a llorar de forma silenciosa.

— Lo siento. —Murmuró Yoongi, apoyado en su espalda—. Me he pasado muchísimo. Lo siento. —Repitió, abrazándole con más fuerza.

— No pasa nada, si tienes razón. Lo he estropeado todo, Yoongi. Es que…

— Pero que no, Jin. Que no la tengo. La abuela me ha contado lo del trabajo… no lo sabía, vale, y yo también estaba teniendo un día de mierda. Mi novio lleva días sin hablar conmigo después de que peleásemos.

— ¿Tu novio?

— Te lo iba a contar, pero no encontraba el momento. Yo también soy gay. Y también tengo novio. Se llama Kihyun y es clavadito a Perla y la verdad es que le quiero muchísimo. No ha podido venir aún por cuestiones de trabajo, pero iba a unirse para la comida de despedida y luego íbamos a volvernos juntos a Seúl.

— Vaya, pues esa historia me la tienes que contar. —Jin se dio la vuelta para enfrentar a Yoongi—. Siento las cosas horribles que te he dicho. A todos. No es justo.

— Y yo siento haber sido un insensible con tus sentimientos y haberte dicho también esas cosas horribles. No pienso que seas un dramático ni que tus problemas no sean importantes… Nunca pensaría eso, Jin. Te admiro muchísimo.

— Se me acaba de meter tu nariz en el ojo del mentirusco atado con piedra que acabas de lanzar. —Replicó Jin, ambos se echaron a reír.

— Lo digo en serio, joder. No me interrumpas que estoy intentando ponerme sentimental.

— Eso se te da fatal, prefiero que me hagas un show cómico para pedirme perdón.

— No te pases.

— Pasarme es uno de mis hobbies preferidos.

— ¡Abrazo familiar! —La voz de Jungkook surgió por encima de la de ambos y luego Jin sintió un enorme peso sobre su cuerpo. Jungkook jamás asumiría que se había convertido en un ser gigantesco y pensaba que Jin seguía teniendo fuerza suficiente para poder con su peso.

— Jungkook… No puedo… Respirar. —Siseó, compadeciéndose por Yoongi que había quedado todavía más enterrado debajo de Jungkook.

— ¡Guerra de globos! —Exclamaron otras voces desde detrás. Jin había tardado demasiado en olerse aquella trampa.

Pronto, la habitación estaba empapada y él y Yoongi también. Tras una intensa y fiera pelea de globos de agua las rencillas entre los primos quedaron solucionadas y luego Seokjin mandó a los tres canijos a fregar su cuarto y poner a secar su ropa, la de Hoseok y las sábanas.

Pensando en Hoseok, le sorprendía que no estuviese allí. Se sintió momentáneamente mal por no haber siquiera pensado en él mientras todo aquello estaba sucediendo y se fue a buscarle. Pero cuando entró en casa solo se encontró a su abuela sentada en la cocina, esperándole.

— Me parece que tú y yo tenemos mucho de lo que hablar. —Dijo, señalando la silla a su lado. Jin agachó la mirada y tomó asiento—. ¿Qué es lo que pasa?

— He tenido la peor semana de mi vida.

— Y se ve que no eres el único. Pero no me gusta que os peleéis entre vosotros, Jin. Sois lo más bonito que tengo y esta es mi única oportunidad de teneros juntos… Igual que no me gusta que me guardes secretos.

— Abu…

— Sé lo de Hoseok. En cierto modo, siempre lo he sabido. Que eres… bueno, diferente. Siempre has sido diferente de un modo u otro.

— Soy gay, abuela, no diferente. —Murmuró Jin, sintiendo que la garganta se le cerraba y el estómago le daba un vuelco al decírselo.

— Bueno, hijo. Ya sabes que estoy mayor y me cuesta mantenerme al día. Pero la cosa es… Jin, cuando tu madre faltó decidí hacerme cargo de ti por mi cuenta porque sé que es lo que ella hubiese querido. —Seokjin se quedó paralizado. Hacía mucho tiempo que no hablaba de su madre, era como una especie de tema tabú en la familia. Que su abuela le mencionase, justo en ese momento, consiguió que finalmente Seokjin se echase a llorar de nuevo—. Y también sé que ella no hubiese permitido que su hijo tuviese que esconderse para poder vivir una vida maravillosa con alguien que le hace feliz.

— Lo sé. —Susurró, suspirando con suavidad—. La echo de menos. —Fue una confesión automática, casi distraída—. Pensar en ella me da fuerzas, me recuerda que debo seguir luchando. Pero a veces me gustaría que estuviese aquí.

— Yo también la echo de menos. —Reconoció la mujer, esbozando una sonrisa dulce—. Pero te tengo a ti, eso es lo que importa. La perdí a ella y no quiero perderte a ti por algo tan absurdo. En esta familia nadie se queda atrás pase lo que pase, porque eso es lo que nos hace una familia, Jin. Tienes que aprender a ser más abierto con nosotros, conmigo, con tus tíos, con tus primos… desde que te fuiste te resignaste a estar solo y a vivir de forma aislada.

— Era una situación complicada, abuela.

— Eso no es excusa, Kim Seokjin. Eres mi nieto.

— Pero abuela…

— Este verano puede ser mi último verano con vosotros y…

— ¡Abuela!

Jin se echó a reír y luego se levantó para abrazar a su abuela. Sentía un enorme alivio en su interior, no sabía si era por haberse reconciliado con sus primos o haber hablado con ella, pero el hecho era que la opresión en su pecho había desaparecido significativamente.

— ¿Has visto a…?

— ¿Tu novio? —La mujer puso una expresión de tristeza y la presión volvió al pecho de Jin—. Se ha ido, dijo que te esperaría en la ciudad para aclarar las cosas entre vosotros cuando volvieses.

— ¿Qué? —Jin se giró para buscar su teléfono, pero se lo había dejado en la habitación de invitados—. Tengo que ir a buscarle… yo…

— Hazme caso, hijo. Espera a que se calmen un poco las cosas. Disfruta del resto de tus vacaciones en paz y reflexiona. —Le dijo ella, sonriéndole con tristeza— Es lo mejor que puedes hacer.

Seokjin quiso replicar, pero después comprendió que no tenía sentido. Se sentía mal por lo que había pasado, pero tal vez sí debía reflexionar. En ningún momento imaginó que Hoseok se marcharía así de su lado, sin avisarle, sin darles tiempo a arreglar las cosas.

Suspiró con suavidad y se volvió a la casa de invitados a encerrarse abrazado a Perla y llorar. Se sintió tentado mil veces a llamarle, pero luego, en el último momento se arrepentía. ¿Qué iba a decirle? ¿Que lo sentía? ¿Por qué? Ni siquiera sabía bien qué había pasado entre ellos. Solo tenía clara una cosa y era que le quería, le quería demasiado.

Perla comenzó a lamerle la cara y se hundió aun más entre las sábanas, cerrando los ojos con fuerza. No quería seguir llorando, pero en los últimos días todo se había vuelto del revés. Sí, era cierto que Hoseok y él habían discutido mucho, pero se seguían queriendo, Jin seguía sintiendo aquel fuerte vínculo entre ellos.

Y le echaba de menos, y echaba de menos hablar con él y que le ayudase a sentirse mejor con su trabajo, que le dijese que cada director que le rechazaba perdía la oportunidad de ganar un premio a la excelencia. No necesitaba aquellos comentarios, pero los agradecía porque en el momento le hacían reír y así Jin podía olvidarse momentáneamente de lo mucho que dolían los fracasos.

Seokjin era una persona que no acostumbraba a fracasar, cuando se ponía una meta peleaba con uñas y dientes por ella. En eso, Hoseok y él se parecían mucho. Su relación funcionaba porque ambos tenían una ambición brutal en sus campos de trabajo y jamás intercedían en los horarios o en los sueños del otro. En pasadas relaciones, Jin siempre había sentido que le reprochaban que su trabajo fuese su primera prioridad, pero eso nunca pasaba con Hoseok, porque le apoyaba en sus proyectos igual que Jin le apoyaba en los propios.

Ahora, sumido en la soledad de su habitación y en la tristeza de lo que ya consideraba una inminente ruptura, se preguntaba qué había faltado, qué no había hecho… Porque perder dos cosas tan importantes en tan poco tiempo era fatal para cualquier persona normal. Se recuperaría, tarde o temprano lo haría, pero seguía doliendo igual en aquel momento.

☼☼

Hoseok suspiró mientras Jin trataba de arreglar las cosas con Yoongi. Sentía que había estropeado todo entre Seokjin y él, que su cabezonería le había costado algo precioso y maravilloso.

Debía volver y arreglar las cosas entre ellos, decirle a Jin lo muchísimo que le quería y lo locamente enamorado de él que estaba. Confesarle que planeaba pedirle matrimonio y proponerle que compartiesen una vida juntos. No se merecían estar así por una serie de desafortunados malentendidos que se habían ido solapando unos encima de los otros.

Pensándolo bien, Hoseok sabía que no debía haber priorizado nada por encima del fiasco que se había llevado Jin con el tema de su trabajo. Pero había estado tan concentrado en encontrar el anillo y luego tan frustrado con la actitud de su novio que había olvidado en qué se basaba su relación con Jin. En estar ahí cuando se necesitaban. Mucho más teniendo en cuenta que Seokjin odiaba mostrar signos de necesitar a nadie en su vida. Quería hacerlo todo solo y por su cuenta, sin apoyarse en nada. Buscaba de forma automática su propia estabilidad.

Hoseok admiraba profundamente aquella actitud, aunque muchas veces no la compartía. Para él, abrirse a los demás también era importante, dejarse ayudar. Seokjin siempre estaba dispuesto a ayudar al resto, pero su orgullo le impedía dejarse ayudar. Hoseok era más directo, más consecuente con sus emociones, si tenía que pedir algo, lo pedía. Si algo le molestaba, lo decía. Si alguien le hacía sentir mal, intentaba por todos los medios que dejase de ocurrir. Y cuando necesitaba ayuda, tenía la costumbre de pedirla.

Esperó en la cocina a solas, tomándose un café y pensando en cómo iba a excusarse delante de Jin, y entonces, la abuela Kim apareció con su paso grácil y lento y se sentó frente a él, dejando un objeto cuadrado sobre la mesa. Era la caja que contenía el anillo con el que Hoseok iba a pedirle la mano a Jin. Abrió los ojos en un gesto de visible sorpresa y alegría, porque a esas alturas lo creía definitivamente perdido.

—Te estarás preguntando muchas cosas… Verás, Chocu me trajo esto el otro día mientras hacía la comida. Lo escondí rápidamente para que Seokjin no lo viese y luego… quería devolvértelo, de verdad que sí. —Parecía mayor, y cansada, y Hoseok no pudo enfadarse con ella—. Mira, hijo. Nuestra familia no es fácil, lo confieso. A veces tengo ganas de salir corriendo de lo mucho que me estresan entre todos. —Le dijo la mujer, mirándole después a los ojos—. Pero jamás nos haríamos voluntariamente daño el uno al otro. Lo siento por esconderlo durante tanto tiempo, pero no podía permitir que Seokjin se comprometiese sin estar yo presente, ¿Me entiendes? Porque quiero estar ahí también en los momentos importantes de su vida. Hice esa promesa a alguien muy especial hace tiempo.

— Lo entiendo, pero…

— No hay peros que valgan, muchacho. —Le interrumpió la mujer, frunciendo el ceño. Hoseok murmuró un "sí, señora" y se calló—. Ahora, mis nietos y tú vais a ir a organizarle esa preciosa pedida de mano a Jin y yo estaré presente cuando mi pequeño diga que sí, ¿Me oyes? Venga, no pierdas más el tiempo. ¡Enanos! —Exclamó, con una energía impropia para su edad, Jimin y Taehyung salieron de detrás de la puerta—. Me debéis los dos cincuenta euros, y ahora, id a entretener a vuestro primo Jin.

— ¡Sí, señora! —Exclamaron, con un cubo enorme lleno de globos de agua, echando a correr hacia la casa de invitados.

— Yoongi y Namjoon están metidos también en esto. Acudirán en un momento para aclararlo todo. Ve al sitio que tuvieses planeado y espera allí con ellos.

— Pero…

— Hoseok.

— Dígame.

— Que a mí no se me replica. —Sentenció ella, incorporándose—. ¡Venga! Conozco a Seokjin y a los críos, no tardará mucho en poner orden entre ellos.

Hoseok esbozó una sonrisa de agradecimiento y luego cogió el anillo antes de abrazar a la mujer. Ella se quejó, pero se dejó hacer porque Jin tenía que haber salido a alguien en cuestión de carácter. Luego echó a correr hacia el coche y salió de allí. El plan estaba en marcha de nuevo, e iba a arreglar las cosas entre Jin y él. Todavía tenía una última oportunidad, e iba a aprovecharla.

☼☼

— Venga… Primo… Sal de la maldita cama. —Yoongi y Namjoon tiraban juntos del peso muerto de Seokjin mientras Jimin llevaba en brazos a Perla y le acariciaba—. ¡Jin! Vamos a llegar tarde a la maldita cena. No sabes lo que nos ha costado hacer reserva en ese local, por Dios.

— No quiero. —Replicó la voz de Jin desde debajo de las mantas—. Quiero morir de inanición aquí. Solo. Desolado. Con el corazón roto.

— ¿Tú? ¿Morir de inanición? Esto es grave. Llama al armario. —Yoongi miró a Namjoon a los ojos y Namjoon asintió con seriedad.

— ¡Jungkook! ¡Te necesitamos!

El menor de los primos apareció de debajo de Balto y Chocu, mirándoles de forma confusa. Era el único con fuerza suficiente para contener a los dos animales a la vez y jugar con ellos. Cuando no estaba en su habitación jugando al Fortnite, era su hobby preferido.

Apartó a los dos perros de encima suyo y se incorporó. Se sacudió la camiseta y luego se acercó a la cama. En un gesto casi memorizado cogió a Jin en volandas y lo sacó. El mayor dio un grito de sorpresa y se aferró a él para no caerse, visiblemente confuso porque no tenía la menor idea de cuándo su pequeño niño se había vuelto tan fuerte.

— Jimin, Taehyung, encargaos de él. —Dijo Yoongi, señalando hacia el armario y el tocador.

— ¡Pero no quiero ir a ningún sitio! —Jin peleó con pocas fuerzas contra el agarre de Jungkook, aunque en seguida se echó a reír—. Os odio, dejadme en paz.

— Yo le maquillo, tú le vistes. —Jimin se llevó a Jungkook, con Seokjin en brazos, hacia el baño—. Mueve el culo, Jin. Si no te duchas tú tendremos que ducharte nosotros.

— ¡No! —Gritó Jin, retorciéndose por la risa—. Está bien, está bien. Pero después de la cena me dejaréis volverme tranquilamente a casa.

— Negociable.

— ¡Jimin!

— Entra en la ducha o llegaremos tarde.

Seokjin se lo pasó bien dejando que sus primos cuidasen de él. Mucho tiempo atrás aquello había sido algo normal, cuando uno de ellos estaba decaído los otros se encargaban de que estuviese bien y nunca se sintiese solo. Era algo que había empezado el propio Seokjin y que se había ido extendiendo como una especie de tradición con cada añadido a la familia. Para ellos lo más importante era sentirse cómodos y queridos.

Sus primos le arrastraron a la playa. ¿La playa? ¿En serio? Seokjin imaginó que después de aquello querrían salir de fiesta y se sintió inmediatamente agotado. Él solo quería volver a su cama a llorar por Hoseok en la soledad de la casa, esperando algo, un mensaje, una llamada… Se arrepentía tanto de haberle dejado ir cuando aún tenía la oportunidad de que volviese.

Para su sorpresa, sintió de pronto una venda en sus ojos y se asustó notablemente. No comprendía lo que estaba pasando en aquellos momentos, mientras sus primos le sacaban con cuidado del coche y le llevaban hasta algún sitio sin que Seokjin pudiese protestar.

Finalmente, se detuvieron y la venda cayó de los ojos de Jin, y se obligó a contener un alarido de sorpresa cuando vio cómo estaba todo decorado, lleno de velas, música y pétalos de rosa. Pero la mayor sorpresa no era esa, la mayor sorpresa era que Hoseok estaba allí esperándole, con una gigantesca sonrisa.

Jin no le dejó tiempo a decir nada y se lanzó a sus brazos, comiéndole la cara a besos y murmurándole cuánto lo sentía, diciéndole que era un gilipollas y que no volviese nunca más a darle esos sustos y luego volviendo a pedirle perdón cientos de veces. No podía creerse que estuviese allí, que hubiese vuelto, que no le hubiese dejado. Y al mismo tiempo estaba profundamente aliviado porque estaba allí, porque no le había dejado.

— Jin… Jin… No respiro… Me estás babeando la cara… Espera, ¿Estás llorando?

— ¡Imbécil! ¡Desgraciado! ¡¿Cómo te atreves a dejarme a mí, Kim Seokjin, solo y desconsolado en la cama mientras tú montas un estúpido teatro!? —Replicó, casi con tono furioso—. ¡Nadie deja así a Kim Seokjin! ¿¡Me oyes!? ¡Es que te odio! ¡Si ya no me querías podías haberlo dicho y…! ¡No te rías! ¡Hoseok estoy hablando en ser…! —Pero entonces, el gesto de Hoseok le interrumpió. Se había arrodillado. Y estaba sacando algo de su bolsillo y Seokjin estaba a punto de empezar a hiperventilar—. ¿Qué estás…?

— Kim Seokjin, siento haber sido un gilipollas y haber arruinado parte de tus vacaciones. En mi defensa, diré que el perro de tu primo me robó el anillo con el que quiero pedirte que te cases conmigo. Que bueno, el perro tampoco tiene toda la culpa porque tu abuela lo tenía escondido hasta poder aclarar las cosas contigo. Pero el punto es que… Es que te quiero, y que en estos dos años me has hecho tan feliz que no puedo describirlo con palabras, y que tú y yo juntos somos… increíbles. ¡Y el sexo! El sexo es genial. Maravilloso. Nunca había disfrutado tanto de acostarme con una persona y te aseguro que antes de ti ha habido muchas. Pero es que cuando pienso en ti estoy convencido de que quiero compartir mi vida contigo y darte todas las cosas que te hagan feliz porque tú siempre me das las cosas que me hacen feliz. —Hoseok hizo una pausa y se leyó unas palabras borrosas en la mano—. Bueno, he sudado y he arruinado el discurso y además Chocu me lamió la mano antes de que llegases. Tu primo tiene que aprender a controlar a su perro, en serio…

— ¿Hoseok? —Le interrumpió Jin, con un hilo de voz.

— Ah, sí, perdón.

— Sí quiero.

— Ya sigo, ya sigo, espera, que es que se me ha olvidado…

— No, no. Que sí que quiero.

— El qué.

— Pues casarme contigo, idiota. Porque me estás pidiendo que me case contigo, ¿Verdad?

— ¿En serio?

— En serio a qué. A que me quiera casar contigo o a saber si me estás pidiendo matrimonio.

— ¡Por el amor de Dios, que sí que quiere casarse contigo! —Interrumpió la abuela Kim, haciendo que ambos acabasen sonrojándose y echándose a reír.

Hoseok se incorporó y miró a Jin a los ojos. Irradiaban felicidad, calidez, ternura y la evidente emoción de saber que estaban a punto de dar un paso tan importante juntos. Hoseok se lanzó a sus brazos y Jin le recogió y ambos cayeron a la arena y empezaron a besarse y a reírse mientras el resto de primos aplaudían por su compromiso.

— Hm… Familia. Os agradezco mucho todo esto, pero ahora me gustaría muchísimo tener unos momentos a solas con mi novio para hacerle una mamada por esta pedida de mano tan increíble.

— ¡Seokjin!

— ¡Perdón, abuela!

Pero les hicieron caso y les dejaron un momento a solas. Jin se incorporó y ayudó a Hoseok a levantarse. La sonrisa se había instalado permanentemente en sus labios y era imposible que se borrase. Le amaba, con todo su corazón. Aquel había sido el verano perfecto, y casi no podía esperar a ver todo lo que les depararía el destino tras aquel momento.

— Nunca te lo he contado, pero mi madre solía decir que las cosas bonitas siempre pasaban a orillas de una playa. Ella me concibió en una. —Confesó Jin, y a Hoseok se le ablandó el corazón, porque a Jin le costaba mucho mencionar a su madre—. Me ha parecido muy bonito que lo hayas hecho aquí… significa muchísimo para mí.

— Tú me dijiste una vez que las cosas bonitas siempre pasaban en una playa. Y nosotros habíamos pasado en una piscina comunitaria, lo cual es parecido, pero no es lo mismo. Tenía que arreglar eso.

— Te quiero muchísimo. —Aquello fue como respirar, salió con una naturalidad que le encogió el corazón—. Pero no te he perdonado todavía que me hayas dejado morirme del asco en la cama mientras tú jugabas a los secretitos con mis primos. Y no voy a perdonarte pronto, que lo sepas.

— ¿Estás seguro? —Ronroneó Hoseok, empujándole hacia el agua.

— ¡Ni se te ocurra! Tenemos que ir a cenar, ¿Te acuerdas? Lo de la mamada era completamente irónico.

— No sería la primera vez que llegamos un poquito tarde a una comida. Y las cosas bonitas siempre pasan en la playa. Además, tienes un fetiche con el sexo duro de reconciliación. —Jin no podía negar eso.

— A la mierda, son unos cabrones y se merecen esperar. —Respondió finalmente, sonriendo y quitándole la camiseta a Hoseok antes de dejar que le entrase en el agua mientras se besaban.

Seokjin y Hoseok no sabían qué les depararía el destino juntos, pero en aquel momento no importaba, porque en aquella playa solo existían ellos y su compromiso. Y en la misma playa en la que su madre hizo una promesa tiempo atrás, Seokjin tuvo tiempo de realizar la suya propia, cerrando un bonito círculo que acabó con una cena maravillosa, mucho champán y seis primos y el prometido de uno de ellos siendo expulsados de todos los chiringuitos de la zona.