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2018-09-08
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7 razones por las que no enamorarme de Kim Namjoon

Summary:

"¿Hola? ¿Probando? Espero que esto funcione, porque si no estoy haciendo el gilipollas para nada. Bien, aquí vamos. Hola, yo del futuro. Supongo que aunque ahora sienta que estoy haciendo el tonto todo esto tendrá sentido si es que necesitas escucharlo. Verás… hoy ha pasado algo en el trabajo relacionado con ese profesor del que llevas años colado… "

O un AU en el que Min Yoongi intenta desesperadamente no caer en las redes de Kim Namjoon cuando éste le pide que finjan ser pareja para la boda de su hermana, grabando en el proceso siete casettes con razones por las que no enamorarse de él.

Notes:

Work Text:

Yoongi se detuvo frente a la grabadora. A su lado había un montón de cintas. Técnicamente, aquellos artículos estaban descatalogados de las tiendas, pero si uno sabía lo suficiente de internet podía encontrarlas con facilidad.

Suspiró con suavidad y luego le dio al botón de grabar mientras acariciaba distraídamente la colcha de su cama y pensaba en Kim Namjoon. Porque aquel hombre era el principio de todos sus problemas y de la extraña sensación que había ahora en su interior. Por eso debía grabar aquellas cintas. Aquellas cintas eran un recordatorio con un único propósito: impedir que Yoongi se enamorase de Namjoon.

Así que cogió aire una vez más y comenzó a hablar al micrófono. A narrar. A desear que aquello fuese suficiente.

—▲—

Cinta 1: Todo esto es una farsa

"¿Hola? ¿Probando? Espero que esto funcione, porque si no estoy haciendo el gilipollas para nada. Bien, aquí vamos. Hola, yo del futuro. Supongo que aunque ahora sienta que estoy haciendo el tonto todo esto tendrá sentido si es que necesitas escucharlo. Verás… hoy ha pasado algo en el trabajo relacionado con ese profesor del que llevas años colado… "

Había sucedido muy rápido, a una velocidad que no había tenido tiempo de procesar. Acababan de empezar el curso escolar. Yoongi y Namjoon eran profesores adjuntos de música en el mismo instituto, y ambos llevaban allí mucho tiempo compartiendo despacho y pasión. Lo cierto era que Yoongi ni siquiera se había dado cuenta de cuándo sus sentimientos habían decidido patearle en el estómago, pero ahí estaban, haciéndole la vida imposible.

En todo instituto había un profesor que tenía entre sus manos los corazones de toda la plantilla y el alumnado. Kim Namjoon era ese profesor, no solo por su increíble devoción a la música y sus formas tan encantadores de expresarse, no. Namjoon era dulce, bondadoso pero no condescendiente, simpático y con un gran sentido del humor. Yoongi no sabía qué cosas buenas había hecho en la vida para merecer tener un compañero de trabajo tan maravilloso, pero lo agradecía cada vez que entraba en la sala de música.

Aquel día, no obstante, el karma se había cobrado de pronto todas las malas acciones de Yoongi cuando Namjoon se le había acercado, esbozando una pequeña sonrisa dulce que anunciaba problemas.

— Hey… Yoongi. Tengo un… problema.

— ¿Se ha vuelto a atascar una de las teclas del piano? Voy a ir a cagarme en el director de una vez, llevo pidiéndole cuatro años, cuatro, que nos envíe un reemplazo…

— No. No es eso. —Le interrumpió Namjoon, parecía más nervioso de costumbre y se fijó en que tenía las orejas rojas—. Verás… Mi hermana va a casarse. Pronto. Mis padres están muy emocionados por conocer a mi pareja y…

— ¿Tu pareja? Tú no tienes pareja. —Y Yoongi jamás revelaría las fuentes ni los medios empleados para obtener esa información.

— Tú estás viendo también el problema, ¿No? Que no la tengo, pero mis padres se piensan que sí. Llevan pensando que sí desde que mi hermana se comprometió hace un par de años.

— Uf, pues menudo lío. —Comentó Yoongi, compadeciéndose.

— Sí, lo es. Llevo dos años mintiéndole a mi familia.

— Pues diles la verdad, Joon. —No entendía muy bien por qué estaba contándole todo aquello.

— No, no puedo decirles la verdad. Tú no lo entiendes… Les prometí que les presentaría a mi pareja el día de la boda, no quiero que se lleven una decepción en un día tan importante.

— No tienes muchas otras opciones. —Replicó, cargando los xilófonos para moverlos hacia la mesa vecina y empezar a colocarlos.

— Tengo una. Que alguien me acompañe y finja ser mi pareja durante los días que pase con ellos.

— Eso es una pésima idea y nadie en su sano juicio accedería a hacer algo así.

— Es una lástima, porque pensaba pedírtelo a ti.

Aquellas palabras cayeron como un balde de agua fría sobre Yoongi. Para empezar, sabía perfectamente que a Namjoon le gustaban los hombres, pero una cosa era eso y otra que toda su familia tuviese ese conocimiento. Evidentemente, fingir que era la pareja de alguien que llevaba tantos años metido en su cabeza era un plan horrible. Terrible. Apocalíptico. Él mismo lo había dicho, nadie en su sano juicio accedería a hacer algo así.

— A ver si me entero, Namjoon. Estás proponiéndome que sea tu pareja falsa durante los días que dure la ceremonia de tu hermana. Que finja que llevo dos años saliendo contigo. Que estemos juntos, visiblemente juntos, durante esa ceremonia.

— Llevamos mucho tiempo trabajando juntos, eres una de las personas que mejor me conocen y mi familia no sabe casi nada sobre ti. —Replicó, poniéndole ojitos—. Por favor, solo serán unos días. Después te lo compensaré, te lo compensaré mucho.

— Namjoon… es una locura… —Pero casi podía sentirse cediendo—. No funcionaría. Se me da fatal fingir, mucho peor guardar secretos. Es que no…

— Yo te ayudaré, haremos esto juntos.

— ¿Por qué no se lo pides a Jin? Seguro que le encanta la idea.

— Sí, Jin es genial, pero eres tú el que mejor me conoce y solo contigo me daría tiempo a planear cómo fingir dos años de relación.

Se lo pensó. Min Yoongi se dio una oportunidad para pensárselo. Sabía que ni siquiera debía concebir la idea como mínimamente posible, pero en aquel momento en el que vaciló antes de dar una negativa rotunda supo que Namjoon había ganado. Estúpido cerebro y estúpido corazón por empujarle a tomar las peores ideas del universo.

— Está bien… pero con una condición.

— ¡Genial! ¡Haré lo que sea!

— Tú terminas de colocar las dos aulas de música y estarás a mi servicio cada vez que yo lo desee durante todo el curso.

— ¡Hecho! —Sí que estaba desesperado—. Muchas gracias, Yoongi, en serio. Te debo una enorme. —Namjoon envolvió los brazos a su alrededor y le apretó con fuerza contra sí. A Yoongi se le subieron todos los colores en menos tiempo del que le gustaría reconocer.

— Joonie… Espacio personal… —Replicó, aunque estaba luchando contra la necesidad de envolver él mismo el cuerpo ajeno con sus brazos.

— Ah, sí. Perdón. —Dijo él, separándose con una enorme sonrisa de alivio en sus labios.

— Está bien. —Respondió, apartando la mirada y fingiendo que volvía a concentrarse en los xilófonos—. ¿No tienes que organizar tu aula?

— Ah, sí, claro. Por supuesto. —Asintió con suavidad antes de despedirse con la mano y desaparecer hacia su propio aula.

En el descanso, Yoongi aprovechó para ir a la cafetería a almorzar con uno de sus mejores amigos, Kim Seokjin, al que había intentado vender deshonrosamente para librarse de todo aquel lío de fingir estar saliendo con Namjoon. Evidentemente, el profesor de arte dramático hizo un gesto dramático cuando Yoongi le contó el último lío en el que se había metido.

— Es el destino, te lo digo yo. —Dijo Seokjin, llevándose su infusión a los labios y dando un pequeño sorbo—. El destino quiere juntarte con tu compañero de alma.

— ¿Compañero de alma?

— Sí, alma gemela suena un poco incestuoso y no quiero esa energía negativa a mi alrededor. Namjoon es tu compañero de alma, Yoongi. Dos almas brillantes y maravillosas danzando la una junta a la otra en la noche estrellada de la luna azul de los enamorados.

— No tengo ni idea de lo que me estás hablando, pero te aseguro que Namjoon no quiere bailar conmigo ninguna danza de los enamorados. Solo quiere fingir para que su familia no le odie.

— Yo tampoco sé lo que estoy diciendo, solo lo digo porque si esos criajos se piensan que por enseñar arte dramático tengo que se excéntrico debo darles dos tazas de su propia medicina. —Replicó, esbozando una sonrisa burlona—. Y lo que intento decir es que tal vez pasando más tiempo con él llegue a interesarse de verdad por ti, Yoongi. No seas tan negativo, llevas años coladito por él. Ahora tienes una oportunidad.

— ¿Y pasarlo mal cuando a la larga la farsa se acabe y él quiera que volvamos a como estábamos antes? Por mucho que insistas no soy masoquista, Jin.

— Yoongi. —Seokjin estaba lanzándole una de esas miradas que solo empleaba cuando intentaba hablar en serio y descartar su fachada de cómico—. Mira, solo intento decirte que no tienes nada que perder intentando que Namjoon se fije en ti. Pero si de verdad piensas que te hará daño lo único que tienes que hacer es recordarte a ti mismo que no puedes enamorarte de él.

— Lo dices como si eso fuese fácil. ¿Y si no funciona? ¿Y si me enamoro de él?

— Entonces dejas la farsa y que todo vuelva a como estaba antes. Si no eres capaz de encontrar una forma de que tus sentimientos no te arrastren al pozo hablas con él y le explicas que simplemente no puedes hacerlo.

— Esto es muy complicado.

— Claro que lo es, es que te metes tú solo en unos jaleos… ¡Uy! —Jin se metió prácticamente debajo de la mesa cuando el nuevo profesor de gimnasia entró por la puerta de la cafetería—. Mierda, no puede ser.

— ¿Qué pasa?

— ¿Te acuerdas del macizorro con el que estuve acostándome unas semanas hasta que tuve que dejarlo?

— Ah, sí. El tipo maravilloso al que dejaste colgado porque tienes un pánico serio al compromiso en el que debería empezar seriamente a trabajar.

— Cállate. Es él, Yoongi. Mierda, ¿Me ha visto?

— ¿Seokjin? —El nuevo suplente de educación física estaba justo detrás de ellos y a Jin casi se le cae la infusión encima—. ¡Qué sorpresa! ¿Trabajas aquí?

Yoongi no quería ser mala persona, de verdad que no, pero todavía tenía mucho que preparar a causa del inicio del curso y se le estaba haciendo tarde. Se despidió de Seokjin intentando no sentirse aterrado por sus miradas asesinas y luego volvió al aula de música. Una vez allí se dedicó a continuar recogiendo partituras y a recolocar los murales de los instrumentos.

Para su desgracia, no llegaba a los más altos. Estaba allí dando saltitos para alcanzar las chinchetas cuando alguien a su espalda extendió la mano y las quitó, extendiéndolas después. Se dio la vuelta para dar las gracias y se encontró con la dulce sonrisa de Namjoon, y tal vez era por el hecho de que ahora supuestamente eran novios, pero consiguió que le temblasen las rodillas.

— ¿Necesitabas ayuda?

— Para nada, soy una persona bajita independiente y perfectamente capaz de coger una silla. —Replicó, prácticamente rehuyendo de su cercanía.

— Ya lo veo. —Namjoon empleó un tono burlón que casi hizo sonrojar aun más a Yoongi—. Venía a traerte los micrófonos que me pediste.

— Ah, sí. Déjalos sobre la mesa.

— ¿Tú tampoco tienes clase ahora?

— No, la única que tiene clase ahora del departamento es Somin. En tu aula, si mal no me equivoco.

— Así es. Así que estoy desahuciado hasta mi siguiente clase y me preguntaba si querías que te echase una mano y de paso hablar un poco más sobre todo el tema de la boda y…

— Ya, nuestra relación. Pues a ver, ¿Qué es lo necesario para que alguien se crea que estamos saliendo juntos?

— Pues una historia. Y un aniversario.

— El 13 de Noviembre.

— ¿Por qué?

— Me gusta ese día. —Y era realmente el día en el que Namjoon y él se habían conocido, pero eso no iba a mencionarlo—. Y una historia… Creo que deberíamos ir a lo clásico. Nos conocimos en el trabajo y teníamos muchas cosas en común así que empezamos a salir a comer y… tuvimos citas y… una cosa llevó a la otra y acabamos siendo pareja.

— Suena casi como la realidad. —Yoongi tuvo que volver a luchar por no sonrojarse, sabía que Namjoon sólo estaba siendo sincero—. Me gusta, así no será tan difícil fingir que no es real.

— En cuanto menos detalles entremos, mejor. Creo que no hay que ser muy específico al respecto, pero que sí deberíamos conocer las bases del uno sobre el otro. Ya sabes, nuestros grupos favoritos, estilos, alergias, comidas que no soportamos…

— Esa es fácil, tu estilo es serio y casual, no tienes alergias conocidas y eres vegano desde hace tres años, lo cual coincide conmigo porque yo también lo soy.

Yoongi se quedó sorprendido al darse cuenta de cuántas cosas sabía Namjoon sobre él. En concreto cosas que no recordaba haber mencionado en voz alta, como el hecho de ser vegano o de sus alergias. Parpadeó confuso, mirando fijamente a Namjoon, pero él simplemente tenía la mirada centrada en los instrumentos de la sala.

— Tu estilo es un poco más casual e informal que el mío, tienes alergia al polen y, efectivamente, eres vegano. Y en tu tiempo libre te gusta ir a tiendas de música y echar un vistazo a los vinilos antiguos para ver si puedes llevarte alguno a tu colección, que por cierto, ya casi ocupa toda la pared.

— Enhorabuena, me has ganado. —Reconoció Namjoon, visiblemente sorprendido.

— Me lo contaste en la cena de profesores, y te sigo en Instagram. No te sorprendas tanto, es increíble la cantidad de datos absurdos sobre la vida de otra persona que hay en una red social.

— No puedo creerme que recuerdes lo de los vinilos, la verdad. Estábamos muy borrachos y cansados. Eran las tres de la mañana y…

— ¿Y yo estaba intentando que no vomitases en mis zapatos ni te desmayases a mis pies? Jamás voy a olvidar esa noche, Namjoon.

— También te confesé mi amor eterno.

— Oh, sí, justo antes de confundirte de nombre.

— Acababa de dejarlo con mi ex, no seas tan duro conmigo.

Yoongi le cargó dos xilófonos encima y luego le pidió que los llevase al almacén con una pequeña sonrisa en los labios. Pasaron el resto de la hora trabajando y charlando animadamente sobre el nuevo curso y luego Yoongi tuvo clases hasta la última hora.

A la salida, Namjoon le dijo que si le apetecería quedar para tomar algo y de paso practicar un poco antes de la boda. Yoongi evidentemente aceptó y supo que aquello iba a acabar mal de una forma u otra.

Cinta 2: Namjoon cocina fatal (pero los delantales le sientan genial)

Un par de días después decidieron que era necesario conocer los apartamentos ajenos y determinar en cual pasaban más tiempo. Yoongi sugirió que lo mejor era acudir al de Namjoon, porque el suyo estaba hecho un caos y además sus vecinos no eran precisamente discretos.

El piso de Namjoon era exactamente tal y como Yoongi lo había imaginado, cálido y acogedor lleno de pequeños detalles que le daban una personalidad especial. Aquel sitio se sentía igual que cuando Namjoon y él pasaban tiempo juntos, y dedicó mucha paciencia a estudiarlo enteramente, interesándose por cada cosa que guardaba allí.

— ¿Te gusta?

— Tengo que aprender a fingir que sí. —Bromeó Yoongi, sin mirarle. Se quedó absorto acariciando las teclas del antiguo piano que había en el salón—. ¿Dónde lo conseguiste?

— Estaba en un rastro que se hace a las afueras en trágicas condiciones, así que me lo traje y lo restauré yo mismo. —Respondió, con tono de orgullo en su voz—. No se me dan especialmente bien las manualidades, así que es un milagro que consiguiese que sonase como es debido. —Yoongi se sentó frente al piano con gesto vacilante—. Adelante, pruébalo. Sé que te mueres de ganas desde que has llegado.

Yoongi asintió con suavidad y esbozó una pequeña sonrisa antes de poner sus finas manos sobre las teclas. Le encantaba el piano, le encantaba la música. Había crecido sentado en un taburete como aquel.

Hizo sonar las primeras teclas con cuidado y cariño, como si sus manos estuviesen acariciándolas. Efectivamente, sonaba bien, y era todo un logro que alguien hubiese conseguido restaurar un instrumento tan antiguo sin prácticamente causarle daños irreparables. Yoongi se animó un poco entonces, tocando una de esas melodías que conocía de memoria pero que no tenía oportunidad de hacer sonar en sus clases. Hacía tiempo que no tenía público, pero no tardó en olvidarse de la presencia de Namjoon en la sala. Cuando Yoongi tocaba se sumergía por completo en la música, en la historia que trataba de transmitir mediante aquella melodía.

Se sentía bien volver a hacer algo por el gusto de hacerlo y no porque fuese su trabajo. No había tenido que sacrificar mucho para ser profesor, pero siempre había crecido bajo la sombra de grandes músicos que le habían empujado a una carrera más segura pensando que jamás llegaría a la excelencia. Sus padres le habían inculcado un amor irrefrenable por la música y al mismo tiempo un terror inquebrantable al fracaso.

Pero en aquel momento no pensaba en esos sentimientos de miedo, solo en el sonido que liberaban las teclas del piano que con tanto mimo y ternura estaba tocando. Y dio un pequeño brinco cuando terminó y escuchó los aplausos de Namjoon, porque realmente había olvidado que seguía allí con él. Yoongi apartó la mirada y la clavó en la ventana para evitar que el otro pudiese ver el suave sonrojo que se había instalado en sus mejillas.

— La verdad, tenía muchas ganas de escucharte en persona. He visto los videos en Youtube.

— Por favor, sigo intentando olvidar eso. —Replicó, incorporándose y bajando la tapa del piano.

— ¿Por qué? No soy un pianista experto, pero sí llevo muchos años en la industria de la música. Lo haces muy bien, excelente me atrevería a decir.

— Es una etapa de mi vida que decidí cerrar cuando me sentencié a pasar toda mi vida enseñándole a pequeños monstruitos a tocar la flauta dulce. —Por supuesto, no lo decía en serio. A Yoongi le gustaba enseñar. Tal vez no era así como se había imaginado, pero a veces la realidad superaba a la ficción.

— Lo entiendo, dedicarse a esto profesionalmente es horrible. —Murmuró Namjoon, asintiendo con suavidad—. Eso no cambia que se te de bien y que no debas avergonzarte de ello.

— No es que me avergüence. —Jamás se avergonzaría de sus propios logros—. Es solo que… cuando la gente habla sobre ello siempre me queda la sensación de que tal vez si me hubiese esforzado un poco más… si hubiese puesto el suficiente empeño… No sé.

— Bueno, es un poco tarde para pensar en eso. El hecho es que tomaste una decisión, y esa decisión debe acompañarte hasta el final. Si eres feliz, ¿Qué tiene de malo enseñar en un instituto? Es compartir tu pasión con el resto del mundo, a mí me parece algo maravilloso. Creo que más gente de este ámbito debería probarlo de vez en cuando.

— ¿Siempre quisiste ser profesor?

— No, qué va. La verdad es que cuando era más joven me costaba mucho imaginarme en una clase llena de alumnos a los que probablemente no les interese lo que tengo que decir. Pero luego encontré mi vocación cuando uno de mis alumnos me dijo que se había interesado en la música mucho más gracias a mí, y luego vino otro, y luego otro… Al final, sentí que había merecido la pena. Cambió mi vida y la forma que tenía de ver el mundo, inspirar a otras personas, ¿Sabes?

— Eso es muy bonito. —El corazón de Yoongi había dado un vuelco, no sabía si por el discurso o por el tono de voz grave y seguro de Namjoon hablando con tanta efusividad y ternura sobre lo que amaba. Algo le decía que podría pasarse horas escuchándole hablar sobre música—. Inspirador, desde luego.

— Bueno, yo es que lo veo como algo normal… —Replicó Namjoon con timidez tras recibir el cumplido de Yoongi—. Perdona si me enrollo mucho, me gusta hablar de esto.

— No tienes que pedir perdón. A mí me gusta escucharte. Además, tengo que conocerte mejor.

— Eso es cierto. Así que voy a prepararte mis spagetti de la casa.

— Suena bien.

Los spagetti sabían a demonios y en el proceso de hacerlos Namjoon había prendido fuego a tres macetas. Yoongi le había ayudado a apagarlo y luego se habían reído y habían pedido comida a domicilio para evitar que la cocina acabase en aún peor estado. Para ser sinceros, no parecía de por sí que Namjoon cocinase demasiado, pero Yoongi le dijo que no pasaba nada. Él tampoco tenía especiales habilidades culinarias, así que no estaba en posición de juzgar a nadie.

— Siento el espectáculo. Necesitaba que esto saliese bien y así devolver todas y cada una de las veces que mi madre me ha dicho que soy un peligro en la cocina. —Dijo, dando vueltas a los tallarines con los palillos.

— Estoy seguro de que tu madre tiene otras muchas razones para sentirse orgullosa de ti que esos gusanos de tierra que me has preparado para comer.

— Lo siento, de verdad. —Replicó Namjoon, con gesto resignado—. Es que no lo entiendo, si sigo al pie de la letra las instrucciones.

— Encontraría personalmente ofensivo que se te diese todo bien, Namjoon.

— ¿Piensas que se me da todo bien?

— No lo pienso, es la realidad.

— Estás equivocado, hay muchas cosas que se me dan mal. La perfección no existe en este mundo y…

— Solo intentaba hacerte un cumplido, cállate y acéptalo.

— Está bien. —Respondió Namjoon, callándose y apoyándose en el respaldo del sofá. Yoongi no alcanzó a ver la sonrisa que se dibujó en sus labios.

Cinta 3: No se sabe la discografía de Celine Dion

— He estado pensando en preparar algo de música para el viaje. —Namjoon estaba sentado frente a él en su hora de descanso, ambos llevaban un tupper para el almuerzo y tenían que quedarse a corregir trabajos—. Así que se me ha ocurrido preguntarte cuáles son tus gustos musicales antes de acapararlo.

— Pues… creo que me gusta un poco de todo. —Reconoció, sin saber muy bien qué responder—. Ya sabes, los clásicos y eso. También escucho un poco de música clásica e indie. Oh, y soy un acérrimo fan de Celine Dion.

— ¿Celine Dion? ¿En serio?

— ¿Algún problema?

— No pareces del tipo que escucha Celine Dion.

— Soy gay, Namjoon, por supuesto que escucho a Celine Dion.

— Yo también soy gay y aunque me sé canciones suyas no me consideraría su fan acérrimo.

— ¿Perdón? —Replicó Yoongi, con dramatismo fingido—. No puede ser, quiero tu carnet de gay de vuelta.

— No puedes estar hablando en serio. —Al parecer aquel comentario le había hecho mucha gracia, porque no dejaba de reírse, cosa que consiguió contagiarse a Yoongi.

— Por supuesto que no, Namjoon. Pero por si las moscas, sí considero que deberías darle una oportunidad a la reina de las baladas.

— Me lo anotaré para el mix del viaje, te lo prometo. —Luego se quedó callado un momento—. ¿Lo saben tus padres? Que… bueno. Eres gay.

— Sí, claro que lo saben. No me pusieron grandes problemas, aunque me pidieron que fuese discreto porque son figuras públicas. —A aquellas alturas todo el mundo sabía quiénes eran sus padres, la soprano más famosa de Corea, Min Soo Jin y su pianista, Min Yoon-ho.

— Tiene sentido, los míos también lo saben. —Le explicó Namjoon, esbozando una pequeña sonrisa—. Aunque es evidente teniendo en cuenta lo que te he pedido.

— ¿Se lo tomaron bien?

— Sí, la verdad es que no le dieron mucha importancia. Mi familia siempre ha estado muy unida.

A Yoongi le alegró saber eso, porque no quería pasar momentos incómodos por culpa de su sexualidad. Estaba bastante cansado de tener que pelear contra todo el mundo, y saber que con Namjoon tenía un espacio seguro le aliviaba enormemente.

Se acomodó un poco más en la silla y luego estudió el perfil de Namjoon mientras corregía exámenes. En aquel momento supo que aquello había sido una idea terrible y que no existía modo alguno de que no acabase enamorándose de él. Era dulce y comprensivo, y tenía tanta pasión por lo que hacía que resultaba sinceramente encantador y atrayente.

Suspiró con suavidad y luego se enfadó consigo mismo por pensar así, frunciendo el ceño. No, era un adulto capaz de controlar sus sentimientos y no iba a enamorarse por mucho que Namjoon fuese maravilloso y probablemente la clase de hombre con el que quería pasar el resto de su vida. Yoongi era fuerte e independiente y podría resistirse y no salir herido con aquella farsa.

— Ups, mira qué tarde es. —Murmuró Namjoon, cerrando su tupper y cogiendo su carpeta de exámenes—. Tengo clase después… ¿Nos vemos esta noche para cenar?

— Solo si me prometes que tú no cocinarás. —Replicó Yoongi, con toda la sinceridad del mundo.

— Te lo juro por lo más sagrado que tengo.

— Prometiste no volver a jurar por tu colección de vinilos.

— Estoy aprendiendo a no hacerlo.

Conforme Namjoon salía de la clase se giró para mirar a Yoongi y se quedó con la vista clavada en él, mientras ambos se despedían con la mano y una sonrisa. Evidentemente, Namjoon no vio a Seokjin, que venía como si estuviese huyendo de algo. Ambos colisionaron y los exámenes de Namjoon se esparcieron por el suelo. Milagrosamente, el perfecto equilibrio de Jin le ayudó a que solo se derramasen unas gotas de café.

— ¡Mierda! Lo siento muchísimo, no estaba mirando.

— No te preocupes, dulce flor del mediterráneo. Has sido bendecido al chocarte con el ángel que pasea lánguidamente por los pasillos de este instituto. —Respondió, haciendo una reverencia ante el gesto atónito de Namjoon y luego agachándose con gracilidad y recogiendo los exámenes—. Aquí tienes.

— Gracias… —Namjoon titubeó antes de lanzar una mirada interrogante y burlona a Yoongi y se despidió una última vez antes de desaparecer hacia su propio aula.

Jin miró al profesor huir hacia su aula y luego lanzó una mirada cargada de circunstancias hacia su amigo, colándose en la clase y cerrando la puerta tras de sí antes de sentarse frente a Yoongi.

— Así que… ahora almorzáis juntitos…

— No te hagas tantas ilusiones, solo intentamos ponernos al día para la boda.

— No te miraba como el falso novio que intenta ponerse al día con la boda de su hermana. —Apuntó Jin, dando un sorbo a su té.

— Tal vez antes de intentar darme consejos amorosos deberías solucionar lo de huir y esconderte de Hoseok cada vez que intenta hablar contigo.

— Eso me ha dolido. —Replicó Jin, frunciendo el ceño—. Los dioses del Olimpo como yo no huimos de los problemas, tenemos formas distintas de enfrentarlos a los simples y mundanos mortales que pueblan esta tierra en declive.

— Estás huyendo de él.

— Estoy totalmente huyendo de él. —Confesó finalmente, suspirando con brusquedad—. Es tan guapo y maravilloso, y quiere hablar las cosas… pero es que no sé qué decirle.

— No puedes ser eternamente la novia a la fuga, Seokjin.

— Y tú no puedes fingir eternamente que no sientes nada por Namjoon.

— Por supuesto que puedo, es lo que pienso hacer. Y no me cambies de tema.

— Tú me has cambiado de tema primero.

— De verdad, Jin, no es para tanto. Es muy guapo e inteligente pero no creo que funcionase entre nosotros. Ya sabes… Él es…

— Si te dignas siquiera a decir que es "demasiado para ti" voy a quitarme esta carísima sandalia de Versace y a darte con ella hasta que se te quede la cara igual que las teclas de ese piano, Yoongi.

— Otra vez no…

— Mira, no voy a forzarte a que te confieses a Namjoon o a que te dejes enamorarte. Pero me niego a que no lo hagas porque piensas que eres inferior a él. —Le interrumpió Jin, dejando el café sobre la mesa—. Yoongi, no todo en la vida es una competición en la que hay ganadores y perdedores, ¿Sabes?

— No me puedo creer que me estés dando un consejo que sirva para algo. Definitivamente este es el mundo al revés.

— Disculpa, yo soy la musa de los filósofos contemporáneos.

— Y el dolor de cabeza del resto de mortales. Y Hoseok te está esperando fuera.

— Oh no, deprisa, finge que te estoy haciendo una mamada.

— ¡Seokjin!

— ¡Estoy desesperado!

— Mira, te prometo pensarme lo de Namjoon si tú hablas las cosas con Hoseok, ¿Vale? —Le dijo Yoongi finalmente, cerrando su carpeta de exámenes.

— Las cosas que hago por tu felicidad, Min Yoongi. —Seokjin se incorporó airadamente en un gesto tan calculado que casi parecía natural. Todo lo que rodeaba a su amigo era casi natural. Excepto cuando estaba con Yoongi y volvía a ser un ente terrenal.

Le debía muchas cosas a Jin, y no pudo evitar sonreír al pensar en su amistad. Llevaban prácticamente toda la vida juntos el uno para el otro peleando contra el mundo. Cuidándose mutuamente. Se sentía afortunado de tener a tanta gente maravillosa a su lado.

Sus pensamientos le llevaron de nuevo a Namjoon y al tiempo que habían pasado juntos. Se quedó absorto, con una sonrisa de idiota en la cara. Y casi podía tararear la melodía que se estaba construyendo en su mente a medida que pensaba en sus ratos juntos.

No era justo, aquellos sentimientos no eran justos. No debía dejarse llevar o solo acabaría sufriendo. Jin no tenía razón, en aquel juego sí podía haber perdedores, y él tenía todas las apuestas en su contra.

Cinta 4: Es horrible montando muebles. (Pero se les da bien ser horribles montando muebles juntos)

A Yoongi no le gustaba ir de compras. Era algo en los ambientes cargados y ruidosos lo que le molestaba. Por regla general, él prefería hobbies más tranquilos, como ir al parque o a comprar libros o vinilos. Namjoon compartía esas aficiones, pero no parecía incómodo mientras se movía por IKEA.

Habían ido a buscar una nueva estantería para el despacho de Yoongi y en el camino habían jugado a ser pareja en una de las casas de exposición que tenían allí. Junto a Namjoon, las compras le parecían menos aburridas y monótonas. Se estaba esforzando por hacer sentir a Yoongi más cómodo y le parecía un gesto maravilloso y dulce.

Finalmente, tras pasar una mañana perdidos por los pasillos, consiguieron la estantería perfecta y luego pidieron tornillos de más porque Namjoon le dijo que normalmente siempre faltaban, que ya se conocía aquellas historias de memoria. Yoongi se había mudado directamente a un apartamento amueblado para esquivar el tema de comprar mobiliario, así que todo aquello era una novedad para él.

— ¿Estás seguro de que podremos montar esto? Es muy grande. —Comentó, una vez la estantería estuvo por fin metida en su despacho.

— Claro, de verdad que cuando le coges el truco no es tan difícil. —Replicó Namjoon, cogiendo un destornillador como si fuese una espada—. Por el poder de IKEA, yo te desafío, terrible estantería.

Yoongi trató con todas sus fuerzas de contener la risa, pero finalmente acabó escapándosele y se sentó al lado con las instrucciones abiertas para averiguar cómo funcionaba.

Estuvieron toda la tarde intentándolo, dando vueltas, comiendo cheetos, repasando la colección de libros de Yoongi y sus nuevas composiciones. Incluso empezaron a trabajar juntos en una titulada "Puta estantería". Al final, a las cuatro de la mañana, agotados y sudorosos, consiguieron terminar el montaje y ponerla en la pared. Había quedado bien, así que ambos se tiraron en el suelo para descansar.

— Es la última vez que te pido que me ayudes a nada. Debí haber pagado al señor del montaje.

— Tampoco ha estado tan mal. A fin de cuentas, necesitaremos alguna anécdota para la boda.

— ¿Tienes idea de la cantidad de cosas que necesitamos para la boda? —Replicó Yoongi, ladeando la cabeza para mirarle, sintiendo de pronto terror al darse cuenta de que el día estaba más cerca de lo que tenía asumido—. Sigo pensando que esto es una locura.

— ¿Quieres echarte atrás?

— No, pero… ¿Cómo vamos a fingir que somos pareja desde hace dos años? Ni siquiera tenemos los gestos mínimos de pareja asimilados. —Dijo Yoongi, mientras dejaba que Namjoon le quitase los restos de serrín del pelo en un gesto suave—. Ni… bueno… ya sabes… el resto de cosas que hacen las parejas como… los besos, por ejemplo.

— En realidad… he pensado mucho en eso de los besos. Creo que deberíamos practicar. O sea. Ya sabes. Para que quede natural, y eso.

— Ni de puta coña.

— ¿Por qué no? ¿Nunca te has besado con tus amigos?

— Es una idea terrible, Namjoon. En serio. La peor idea que has tenido jamás. —Dijo Yoongi, incorporándose de pronto—. ¿Cómo vamos a hacer eso? ¿Y si luego las cosas se vuelven raras entre nosotros?

— Eso no va a pasar. Tenemos claro los límites. —¿Los tenía? Empezaba a dudarlo seriamente—. Al menos vamos a probar una vez y si es demasiado raro solo lo haremos una vez en la boda y ya está.

Estaban los dos sentados en el suelo, era de noche y la cálida luz del despacho de Yoongi les iluminaba tenuemente. Y lo cierto era que estaban cerca, y que no costaría nada reducir esa distancia. ¿Quería besar a Namjoon? Claro que quería, llevaba años queriendo. Pero no por una farsa.

Tal vez esa podía ser una forma de probarse a sí mismo que no iba a enamorarse de Namjoon, que podía resistirlo, cualquier cosa.

— Está bien. Vamos a probar.

— ¿Ahora?

— No creo que haya un momento mejor. Son las cuatro de la madrugada y mañana tenemos clase a las ocho y media. ¿Qué mejor que otra tontería para terminar de culminar la racha?

— A veces tu cinismo me abruma.

— Dicen que forma parte de mi encanto.

— Sí, tienes un montón de encanto.

Se quedaron en silencio. El ambiente se había vuelto ciertamente tenso y un poco incómodo porque ninguno de los dos sabía muy bien qué hacer. Namjoon se inclinó un poco hacia Yoongi y Yoongi se quedó bloqueado porque su cabeza no podía procesar que aquello estuviese pasando realmente, que Namjoon fuese a besarle. Cerró los ojos cuando los labios ajenos rozaron los suyos y luego sintió un contacto suave y dulce que hizo que su estómago diese un vuelco y que las mariposas se volviesen locas en su interior.

No duró mucho tiempo, en seguida Namjoon se apartó y Yoongi abrió los ojos despacio para encontrarse con el rostro ajeno sonrojado. Él mismo se había sonrojado por aquello y tuvo que forzarse para no apartar la mirada. Se suponía que aquello era práctica para hacerlo todo mucho más natural.

— Eso ha sido horrible. —Soltó Namjoon, sin poder evitar echarse a reír.

— Terrible. No vamos a engañar a nadie así. —Reconoció Yoongi, aunque por muy terrible que hubiese sido, le había gustado. La suavidad y el tacto con el que Namjoon le trataba era enternecedor—. Deberías quedarte a pasar la noche. Usa mi cama, yo me quedaré en el sofá.

— Ah no, de eso nada. Yo me voy al sofá.

— Como quieras, entonces yo me quedo la cama. —Replicó Yoongi, bostezando—. Aunque… si quieres… puedes dormir conmigo. Es una cama grande, y se supone que llevamos dos años haciendo esto. —Namjoon se sonrojó de nuevo y a causa de su sonrojo hizo sonrojar a Yoongi. Eran un desastre. Nada de aquello podía salir bien.

— Vale. Sí. No es mala idea.

— Perfecto, entonces. Será mejor que nos vayamos antes de que el día de mañana se haga más complicado de lo que ya va a ser.

— Sí, tienes razón.

A la mañana siguiente, Yoongi estuvo a punto de destrozar su alarma cuando sonó. Pero inmediatamente su carácter se suavizó al sentir los brazos de Namjoon envolviéndole con calidez.

Cinta 5: No funciona bajo presión. (Pero el traje de la boda le queda demasiado bien)

Yoongi no acostumbraba a llevar traje desde que había abandonado su carrera profesional como pianista. De vez en cuando rescataba alguno de ellos para algún espectáculo de sus padres, pero hacía ya mucho tiempo que no acudía a ninguno, por lo que sus antiguos trajes estaban un poco apolillados.

Así que, teniendo en cuenta que Namjoon ahora era su novio le sugirió que fuesen juntos a probarse y comprarse trajes para la boda. También dio como idea invitar a Jin, pero al parecer tenía planes. "Morirme de la frustración pensando en cómo arreglar las cosas con Hoseok mientras como helado y consumo una botella de absenta", citando textualmente sus palabras.

Y allí estaban, en el centro comercial de la ciudad buscando trajes que les sentasen medianamente bien y que no fuesen demasiado caros. Ya iban dos veces que iban de compras juntos y que Yoongi no se sentía tan incómodo como de costumbre porque la presencia de Namjoon conseguía tranquilizarle. Aprovecharon también para renovar sus armarios porque el invierno se acercaba y Namjoon obligó a Yoongi a probar otros colores que no fuesen el negro.

Cuando por fin se centraron en los trajes, Yoongi tuvo que hacer un terrible esfuerzo por no empalmarse cada vez que Namjoon enfundaba sus bonitas piernas y su glorioso cuerpo en uno de ellos. Había personas a las que aquel estilo les sentaba bien y personas a las que no. Namjoon era de las primeras y parecía no saberlo. Era tan dulce y suave que costaba imaginárselo siendo uno de esos playboy de las revistas, pero en aquel momento daba el pego.

— ¿Qué te parece este? —Preguntó, dándose la vuelta y mirándose al espejo. Yoongi tragó saliva, intentando tranquilizarse.

— Te sienta genial, sí.

— ¿Seguro? Estás poniendo cara rara.

— Completamente, ese traje fue hecho para ti. —Namjoon le dedicó una pequeña sonrisa tímida y luego asintió.

— Te toca.

— Lo sé. —Replicó Yoongi, levantándose y rodando los ojos antes de entrar al probador.

La forma que tenía Namjoon de mirarle cada vez que salía de probarse un traje nuevo estaba consiguiendo que Yoongi perdiese por completo la concentración en nada de lo que hacía. Era increíble lo mucho que una persona podía hacerte sentir solo con hacer algo tan simple como mirarte.

Finalmente eligieron uno que en opinión de Yoongi no le hacía parecer un niño el día de la comunión y luego se sentaron a cenar en un restaurante de la zona, cargados de bolsas y con Yoongi riéndose por Namjoon apañándoselas para tirar todos los maniquíes de la tienda.

— Es que estaban en mal sitio. —Replicó Namjoon, tratando de disculparse.

— No puedo creerme que exista alguien tan torpe en la faz de la tierra. —Respondió Yoongi, sin dejar de reír.

— Eso te pasa por imaginarme como alguien perfecto.

—Eh, al menos me has hecho reír.

— Eso sí me alegro de escucharlo. —Namjoon le estaba sonriendo otra vez y Yoongi se estaba derritiendo en la silla. Maldita sea. Maldita farsa. Le estaba arruinando la vida.

— ¿Sabes? Yo también te he buscado en Youtube…

— Ni se te ocurra.

— Rap Monster…

— ¡Yoongi! No. Ese tema está vetado de nuestras conversaciones.

— No te imaginaba tan agresivo y rebelde. —Respondió Yoongi, apoyando los codos en la mesa y sonriendo con amplitud. Lo cierto era que escuchándole se había puesto cachondo, luego se había reído y luego había caído aún más profundo en el pozo de Namjoon—. Es muy atractivo.

— Deja de meterte conmigo, era joven cuando escogí ese nombre y ese estilo de vida, ¿Vale? He aprendido mucho desde entonces.

— Eres muy bueno, ¿Sabes? Tus letras son… realmente dan que pensar. —Le habían gustado genuinamente—. ¿Sigues escribiendo?

— ¿Se deja alguna vez de hacerlo? —Cuestionó Namjoon, de forma distraída—. Es solo que… antes era más sencillo. Estaba mucho más enfadado con el mundo y tenía mucho más que decir. Ahora estoy bien, tengo un trabajo estable, una casa…

— Un novio maravilloso… —Le interrumpió Yoongi, y Namjoon le lanzó una mirada burlona.

— Un novio maravilloso… y hago lo que más me gusta en el mundo, que es la música. No sé. Ya no estoy tan enfadado, en general.

— Me alegra saber eso. Aunque aún así hay muchas otras cosas que pueden inspirarte.

— Oh, lo sé. Por eso digo que nunca he dejado realmente de escribir. Es solo que ahora me gusta escribir sobre otras cosas. El amor, las personas, la vida, la autoestima… Creo que son cosas importantes que al final acaban pasando desapercibidas, y que si quieres decir algo debes adaptarte a tu contexto material para poder expresarlo correctamente. No es que piense que la realidad ha cambiado desde que… desde que escribía como Rap Monster. Pero yo sí he cambiado, he cambiado mucho.

— Supongo que todos acabamos calmándonos con el paso del tiempo. Yo también tuve una época rebelde.

— No me digas, Suga.

— ¡Deja de buscarme en youtube!

— Jamás. Ahora soy uno de tus fans número uno.

— Cállate ya.

— Pianista por el día y rapero salvaje por las noches, la dualidad del ser humano.

— Al final rompo contigo.

— Vale, vale, ya me callo.

Terminaron la cena y luego se fueron al apartamento de Namjoon. Dijeron que era por pasar tiempo juntos y seguir conociéndose mejor antes de la boda, pero Yoongi sabía que en el fondo no quería despedirse aún de Namjoon. Conocerle mejor era a la vez lo mejor y lo peor que le había pasado. Por un lado, ahora se sentía mucho más unido a él, le gustaba escucharle, le gustaba estar a su lado, se sentía cómodo y tranquilo y siempre acababa riéndose y atesorando aquellos buenos momentos. Por el otro, no podía dejar de recordarse que todo aquello era una farsa.

Cada vez que la idea rondaba por su cabeza un doloroso sentimiento se asentaba en su pecho, recordándole que en el fondo Namjoon seguiría adelante sin él cuando la mentira terminase. No era eterno, aquello solo duraría hasta el día de la boda. Luego, cada uno seguiría con su camino, conocerían a otras personas y él tendría que asumir que nada de aquello era realidad. Que solo era un sueño, un sueño bonito, un sueño del que no quería despertar, pero un sueño al fin y al cabo.

Finalmente, la presión en su pecho fue demasiada para poder soportarla y se despidió de Namjoon para volver a casa. No lo soportaba un segundo más, y de nada servía intentar recordarse que aquello era un montaje. Yoongi ya se había enamorado con anterioridad de Namjoon, pero ahora se estaba enamorando de aquella relación imaginaría que compartían. Si no detenía aquello después sería demasiado tarde y le acabaría doliendo demasiado cuando tuviesen que separarse.

No podía seguir fingiendo que podía hacer aquello, porque la realidad era que no podía, que no podía seguir fingiendo. Que todas las cosas que decía y hacía eran genuinas. Que todas sus risas con él, todos los abrazos y todas las miradas que le dedicaba como si fuese lo más brillante del universo eran ciertas. Era verdad. Y tenía ganas de gritarle que era todo verdad, que no estaba fingiendo, que se le daba mal mentir.

Por suerte, la boda sería ese mismo fin de semana, después la mentira se acabaría. Solo tenía que aguantar un poco más.

Cinta 6: Se le da peor mentir que a mí.

Finalmente, el día del viaje llegó. Yoongi trató por todos los medios de no acercarse demasiado a Namjoon hasta que estuvieron juntos en el autobús. Y aun así, hizo todo lo posible por no mirarle cada cinco minutos. Se sorprendió cuando le dio uno de sus auriculares, puesto que no esperaba que lo del mix de viaje fuese cierto. Pero fue incapaz de negarse, ni de contener la sonrisa de imbécil que se mantuvo en su rostro las tres horas de trayecto mientras sonaba Celine Dion de fondo.

No obstante, estaba nervioso. Iba a conocer por fin a la familia de Namjoon y pasarían un par de días con ellos antes de volver a Seúl. Además, su tiempo siendo novio oficial estaba a punto de acabar y, por más rabia que le daba, le entristecía la idea.

Cuando finalmente llegaron al pueblo donde iba a celebrarse la boda un montón de gente esperando en la parada de autobús se lanzó literalmente encima de Namjoon. Yoongi se quedó paralizado al ver la inmensa cantidad de familia que tenía el que a partir de aquel momento sería su novio oficial durante cuarenta y ocho horas.

— Tú debes de ser el novio misterioso. ¡No seas tímido! —Le dijo una mujer a la que identificó como la madre de Namjoon—. Somos un poco ruidosos, pero buena gente.

Yoongi se presentó y saludó a todo el mundo y luego se dejó arrastrar a todas partes detrás de Namjoon de manera silenciosa. No se sentía particularmente cómodo en aquel ambiente, más bien se sentía un extraño en un sitio muy cálido y familiar. Aquello definitivamente había sido una idea terrible.

No obstante, supo que Namjoon tampoco estaba actuando como si fuese su novio y que al final acabarían levantando las sospechas de la familia, así que haciendo un increíble esfuerzo se enganchó a su brazo y empezó a hablar con él animadamente. Porque Yoongi tenía una cosa clara, si iba a hacer aquello, iba a hacerlo bien. Nadie tendría dudas sobre lo mucho que se querían y lo buena pareja que hacían.

— No me habías dicho que tenías una familia tan grande, cariño. —Apreció, forzando una sonrisa. Ni siquiera a él le había gustado el tono que había utilizado para decir aquello, casi sonó a "voy a acuchillarte esta noche mientras duermes".

— Ya, lo siento. Normalmente no somos tantos, pero claro, como es la boda de la princesita de la familia… —Se disculpó Namjoon, sonriendo al sentir el brazo de Yoongi y dándole una palmadita en el hombro.

— No pasa nada, es que me ha sorprendido. —Debía haberle pedido a Jin que le enseñase a fingir. Eran terribles.

— ¡Yoongi! Háblanos sobre ti. Namjoon te ha mantenido muy en secreto estos años. —Comentó la hermana, lanzándole una mirada de evidente sospecha que puso a Yoongi contra la espada y la pared.

— Soy una persona muy recelosa con su privacidad. —Respondió Yoongi, devolviéndole la mirada a la hermana de Namjoon—. Mis padres son un poco públicos y claro, Namjoon y yo preferíamos ir con pies de plomo. —Contestó, sin vergüenza alguna por echar a sus padres a los leones. A fin de cuentas, había vivido muchos años junto al sinvergüenza número uno Kim Seokjin, así que había aprendido un par de cosas.

— Ah, claro. Eso tiene sentido. —Respondió ella, confusa por la cara que acababa de echarle Yoongi a toda la situación. Momentáneamente, se sintió mal. Pero luego llegó a la conclusión de que si habían ido a jugar, jugaría con todas sus cartas—. ¿No os supone un problema trabajar juntos?

— Para nada, como ves se nos da muy bien la discreción.

— Dos años es mucho tiempo, de todas formas. —Intervino la madre de Namjoon, lanzando una mirada de ofensa a su hijo—. Ya te vale no contarnos nada sobre él por mucho que preguntásemos. ¡Ni siquiera conseguimos que nos dijese tu nombre!

— Así es Namjoon, siempre dispuesto a proteger lo nuestro. —Replicó Yoongi, acariciándole el brazo. Casi se atraganta cuando vio el sonrojo que cubrió la cara de Namjoon cuando cruzaron miradas—. ¿Cariño? ¿Te encuentras bien?

— Sí, sí. Debe de ser por el viaje.

— Normal, pobrecitos, estaréis agotados. —La señora Kim asintió y luego les guió hasta su habitación. Una muy grande con una cama de matrimonio muy pequeña—. No os sintáis incómodos por nuestra presencia aquí. Nosotros también somos muy discretos… —Dijo ella, con una sonrisa burlona.

Esta vez fue Yoongi el que se sonrojó.

Una vez estuvieron solos Yoongi volvió a recuperar su expresión seria y Namjoon liberó un suspiro de alivio. Tal vez pensaba que aquello iba a resultar más sencillo, pero evidentemente, no lo era. Se sentó a su lado en la cama, sin mirarle.

— Esto ha sido una idea terrible. —Replicó Namjoon, negando con la cabeza—. Me cuesta mentirle a mi familia.

— Siempre podemos decirles la verdad…

— No hasta después de la boda. —Dijo, completamente convencido—. ¿Tú estás bien?

— No me siento particularmente cómodo con esto, pero creo que puedo lidiar con ello. —Dijo Yoongi, incorporándose y sacando una botella de vodka de la maleta, Jin se la había dado antes de salir "por si acaso"—. Podemos lidiar con esto.

— Esa es una idea aún más terrible, Yoongi.

— ¿Por qué? Todavía tenemos que sobrevivir a la cena esta noche. Y a no ser que quieras confesarme que llevas años enamorado de mí en secreto, me parece que no hay forma de que podamos fingir que somos pareja durante tanto tiempo frente a tanta gente. —Namjoon apartó la mirada, sonrojado. Un sonrojo que Yoongi no comprendió.

— Está bien, está bien. Pero te aseguro que esto es una idea horrible.

Fue una idea horrible y al mismo tiempo una idea maravillosa. Estuvieron riéndose de forma escandalosa en la habitación durante horas y luego bajaron dando tumbos a la cena. Seguían riéndose por todo, evidentemente. La madre de Namjoon lo interpretó como "la fiebre del amor", aunque su hermana seguía sin parecer demasiado convencida con todo aquello.

Yoongi se sentía bien, llevaba la cantidad de alcohol justa en el cuerpo para desinhibirse, pero al mismo tiempo seguía en control de todas sus funciones. Namjoon, sin embargo, veía su torpeza aumentada al triple, cosa que encontraba particularmente divertida.

La cena fue especialmente tranquila, Yoongi se extendió en detalles sobre su relación con Namjoon con naturalidad, cómo se habían conocido, cómo se habían enamorado. De lo que no se dio cuenta fue de que estaba contando la verdad sobre cómo se había ido enamorando de Namjoon, que aquello que estaba diciendo eran sus verdaderos sentimientos desnudos delante de unos desconocidos. Namjoon se limitaba a mirarle con una sonrisa estúpida, y cuando Yoongi ladeó para clavar la vista en los ojos ajenos sintió de nuevo aquel molesto vuelco en el corazón.

— Namjoon es… Es una persona maravillosa que se merece todo lo bueno que le pase. —Dijo finalmente, exhalando un suave suspiro después—. Y estoy loco por él.

— Eso ha sido muy bonito. —Con aquel duelo de miradas entre ellos no se habían dado cuenta de que a un par de personas se le habían saltado las lágrimas.

— Yoongi es así. Siempre tiene palabras para sorprenderte. —Respondió Namjoon, acariciando su mano por encima de la mesa. La garganta de Yoongi se cerró, porque se dio cuenta de que otra vez le estaba superando aquella fantasía, que la mentira estaba yendo demasiado lejos—. La verdad es que me costaría definir el momento en el que me enamoré de él, pero desde luego no me arrepiento en absoluto de haberlo hecho. —Susurró, acercándose un poco más a sus labios.

— Cariño… tu familia… —Replicó Yoongi, apartándose un poco. No quería. No quería caer más profundo en aquel pozo.

— No os preocupéis por nosotros. —La hermana de Namjoon intervino, esbozando una pequeña sonrisa—. No nos molesta que os beséis.

Yoongi estuvo a punto de tirarle la copa de vino y estuvo seguro de que había pánico en su mirada, porque quería besar a Namjoon pero no estaba seguro de poder parar una vez todo aquello acabase. No estaba seguro de si conseguiría sobreponerse a los besos, ni a las caricias, ni a los abrazos. No estaba seguro de si soportaría aquello un minuto más.

Pero lo hizo, porque los labios de Namjoon sobre los suyos disiparon todas las dudas que había tenido en aquel momento. Y se odió, se odió profundamente por ceder con tanta facilidad a sus sentimientos. No podía oponer resistencia, porque cada vez que estaban cerca, que estaban así, le golpeaban con una fuerza brutal que le impedía reaccionar como una persona racional reaccionaría en esas situaciones. Así que se besaron, se besaron durante más tiempo del que dicta la decencia. Y esta vez no fue un simple y dulce roce de labios. Esta vez al parecer Namjoon quería hacerlo convincente. Quemaban. El anhelo, el fuego y el deseo quemaban en la piel de Yoongi. Y no era justo, no era justo que él estuviese sintiendo todo aquello y Namjoon pareciese tan íntegro, como si le resultase sencillo, como si fuese muy fácil jugar con el corazón de Yoongi.

— Madre mía, casi no puedo creerme que la que vaya a casarse mañana sea yo. —Comentó la hermana de Namjoon, visiblemente sorprendida—. Y hablando de mi boda, voy a retirarme ya. Joonie, ¿Por qué no vienes a ayudarme con unas cosas del vestido? —Cuestionó, sonriéndole y haciéndole gestos con la mano. Yoongi lo agradeció en cierto modo. No se creía capaz de mirarle a los ojos sin echarse a llorar.

Se quedó a solas con la señora Kim, la cual empezó a recoger la mesa cuando todo el mundo se dispersó. Como era evidente que tenía algo que decirle, Yoongi se puso a ayudarle sin esperar a que se lo pidiese. Ella se lo agradeció con una sonrisa y luego mientras fregaban los platos juntos carraspeó para llamar la atención de Yoongi.

— Oye… entiendo que todo esto debe de ser abrumador, pero… entiendes que me duela un poco que Namjoon nunca nos haya hablado de ti, ¿Verdad? No solo porque es mi hijo, sino porque… Se nota que le quieres muchísimo y de verdad que no entiendo por qué te ha tenido tanto tiempo escondido.

— Ya… bueno… Han sido unos años un poco complicados. —Y le dolía mentirle a alguien que le hablaba con tanta dulzura—. Mis padres… Mis padres son personas muy públicas. Si fuese por ahí diciéndole a todo el mundo que tengo novio, por muy maravilloso que sea o por muy feliz que me haga, repercutiría en esa popularidad. No quiero ser una carga para ellos.

— Tienes derecho a ser feliz independientemente de lo que digan tus padres, Yoongi.

— A veces yo mismo me complico esa felicidad, señora Kim. —Respondió, esbozando una pequeña sonrisa de resignación—. Pero Namjoon es genial, cuando estoy con él es como si el resto del mundo se detuviese y solo estuviésemos nosotros hablando de cualquier cosa irrelevante. Y cuanto más tiempo paso con él más convencido estoy de lo mucho que le quiero.

Se le había hecho un nudo en la garganta. Porque a veces cuando no sabía cómo expresar las cosas que se le pasaban por la cabeza Namjoon simplemente intercedía y las expresaba con claridad, y era como si siempre hubiesen estado ahí. Como si solo Namjoon pudiese hacer tangible el pequeño universo que Yoongi tenía en su mente. A veces, cuando discutían entre clase y clase sobre el auténtico significado de expresar un mensaje en una canción y Yoongi se alteraba era Namjoon el que le devolvía la paz con sus pensamientos reflexivos. A veces, cuando Namjoon rompía cosas Yoongi estaba justo detrás para arreglarlas y compensar su torpeza con agilidad y agudeza, y si Namjoon tropezaba Yoongi siempre estaba detrás de él para convertir la situación en algo cómico para ellos.

Y aunque hubiesen empezado a fingir, siempre habían sido así. Siempre habían convivido así. Todo el tiempo que habían trabajado juntos, mano a mano en el mismo despacho quedándose hasta las cuatro de la mañana para corregir trabajos, todo ese tiempo Yoongi se había dado cuenta de lo bien que funcionaban y de lo importante que era Namjoon, y de lo importante que le hacía sentir.

Y por mucho que a Yoongi le doliese aquella mentira, había querido seguir adelante para demostrarse a sí mismo que podía controlar sus emociones, que podía no enamorarse de Namjoon, sin darse cuenta de que había estado enamorado de Namjoon todo el tiempo, que no era un simple encoñamiento efímero, que ese sentimiento cálido y suave en su interior cada vez que tiraba los instrumentos de la clase y les tocaba recogerlos juntos, cada vez que se quedaba absorto viendo a Namjoon componer o colándose en sus clases para escuchar lo que tenía que decir porque todo lo que Namjoon tenía que decir era tan importante y relevante, ese sentimiento era amor. Yoongi estaba enamorado de Namjoon. Yoongi quería a Namjoon como si fuese una segunda naturaleza, como si fuese parte de él.

Namjoon no quería a Yoongi de la misma forma. Namjoon no podía quererle de la misma forma porque Yoongi era terrible expresando sus sentimientos y porque había asumido que aquel amor no era correspondido hasta tal punto que se había difuminado con la realidad y siempre había actuado como si no importase. Se había acostumbrado a quererle en silencio, a nunca demostrar que lo que sentía era válido e importante. Yoongi vivía así. Yoongi prefería no pensar en el fracaso porque había fracasado tantas veces que había preferido mitigar ese dolor con silencio, fingiendo que no estaba ahí, que no existía. Y ahora que de pronto lo veía con claridad, que percibía esas emociones en su interior, no había marcha atrás. Había fracasado una vez más. Ya no tenía sentido seguir intentándolo.

La realización le produjo un inmenso dolor, pero también alivio. Yoongi ya no tenía que luchar por reprimir sus emociones, porque sabía que era imposible, que ya estaban ahí de antemano. Y aunque hubiese fracasado una vez más, al menos esta vez podía seguir moviéndose tal y como siempre lo había hecho. Esta vez no se quedaría bloqueado en medio de un enorme escenario, esta vez no olvidaría la melodía cien mil veces enseñado. Esta vez, sus sentimientos importaban. Porque debían importar.

— No me encuentro muy bien, voy a descansar un poco. —Se disculpó, subiendo a la habitación y encerrándose allí. Volvió a guardar las cosas en la maleta y luego se sentó en el balcón a esperar. A esperar algo. A alguien.

Namjoon llegó un rato después, parecía contento aunque también arrepentido. Yoongi lo entendía. Esta vez lo entendía. Había sido algo bonito que atesoraría siempre, su relación falsa con Namjoon. Pero no podía seguir. Esta vez, él también importaba.

— ¿Sabes por qué dejé mi carrera como pianista? —Cuestionó cuando Namjoon se sentó a su lado. Y él se dio tiempo para meditar su respuesta, como siempre.

— Todo el mundo lo sabe.

— Todo el mundo sabe lo que pasó, pero no por qué. —Respondió Yoongi. Namjoon asintió, indicándole que continuase—. Lo que pasó fue que dejé de tocar en una actuación. No toqué ni una sola nota de lo que había memorizado. La gente pensó que era pánico escénico, pero no fue por eso. A mi alrededor no había nadie más que yo sentado frente al piano, no me importaba quién estuviese mirando, no podía importarme. Lo que me daba miedo no era el público.

— Era el instrumento.

— Era yo mismo. —Namjoon alzó la mirada y Yoongi la apartó, clavándola en el horizonte—. Tiendo a obsesionarme con la perfección. A pasar noches en velas intentando alcanzar lo inalcanzable. Y en aquella época era muchísimo peor, porque pretendía llegar a un punto que ni siquiera existía. Quería ser el mejor. Sentía la necesidad de probarle a todo el mundo que era el mejor, que podía hacerlo. Un par de noches antes había discutido con mi pareja de entonces porque sabía que me estaba consumiendo, que esa vida estaba destruyéndome. Hasta que volví y ya no estaba esperándome en casa. Llevaba meses sin hablar con mis amigos. Estaba solo. Completamente solo. Y en el último momento tuve que tomar una decisión, una carrera maravillosa que me estaba destruyendo a nivel físico y emocional o algo con mucho menos caché que me permitiese recuperar las cosas que había perdido. Y aquella noche decidí. No entré en pánico, Namjoon. Decidí deliberadamente no tocar el instrumento porque ya no tenía nada que demostrar, no tenía a nadie a quien demostrárselo.

— ¿Qué intentas decirme?

— Que a veces quieres mucho algo, con todas tus fuerzas, pero no puedes seguir. Y está bien no seguir. Está bien ser egoísta. Por eso empecé a enseñar, por eso me alejé, porque a veces pienso que está bien dejarme a mí de lado cuando algo es perfecto. Pero me quiero, Namjoon. Me quiero más que esto. —De nuevo, Namjoon se quedó en silencio. Estaba pensándose su respuesta, construyéndola, saboreándola. Quería expresarse lo mejor posible.

— Vas a marcharte. —Murmuró, y Yoongi no vio decepción en su rostro. Creyó percibir tristeza, pero tal vez estaba simplemente proyectando la suya propia—. Te he hecho daño, ¿Verdad? —Fue más una afirmación que una pregunta.

— Creo que ninguno de nosotros ha hecho esto bien. Pero como sé que quieres una respuesta concreta… Sí. Me has hecho daño. Pero no estoy enfadado contigo, porque tú no sabías que esto me estaba haciendo daño. Porque no se me da tan bien como a ti expresar las cosas que siento. —Namjoon liberó una risa irónica y estuvo a punto de decir algo, pero se contuvo. Se lo pensó mejor. Siempre pensaba demasiado.

— Lo siento. —Se limitó a responder, sin devolverle la mirada esta vez—. He sido muy injusto contigo. No voy a intentar hacer que te quedes, porque es evidente que no lo harás. Has tomado una decisión que respeto y creo que es muy valiente. —Por una vez, a Yoongi le hubiese gustado que ambos fuesen más pasionales. Por una vez, a Yoongi le hubiese gustado que Namjoon dijese las cosas que quería oír. Sintió la ira quemándole en las puntas de los dedos, pero no tenía sentido. Esta vez no la dejaría estallar—. Lo siento tantísimo… Yo…

— Genial, he conseguido dejar al maravilloso Kim Namjoon sin palabras. —Bromeó, tratando de aliviar el ambiente. Habían sido amigos una vez, pero ahora parecía no quedar nada de eso. Como si al darse cuenta de sus sentimientos Yoongi hubiese destruido ese acuerdo silencioso que les mantenía unidos. No se sentía culpable, ya no. Mejor una verdad dolorosa que una mentira por piedad.

— Lo haces más a menudo de lo que te piensas. —Murmuró, negando con la cabeza y riendo con suavidad. Y aquello se parecía más a una despedida de lo que Yoongi jamás expresaría en voz alta.

— Escucha… Estoy intentando portarme como un adulto ahora mismo. Como te comportarías tú. Pero esto es jodidamente difícil porque… —No se atrevía a decirlo. No se atrevía a confesarlo en voz alta. Incluso si creía ver un atisbo de esperanza en la mirada ajena era imposible que pudiese verbalizar lo que sentía—. Porque yo no soy tú, Namjoon. Joder, no soy tú. No quiero estar aquí teniendo una conversación profunda que no tiene nada que ver con lo que realmente está pasando. Quiero golpear cosas, quiero gritarte y decirte lo enfadado que estoy contigo. Pero no puedo. No puedo porque no sería justo.

— Yoongi…

— Tengo que irme. Porque si me quedo un segundo más voy a hacer y a decir cosas de las que luego voy a arrepentirme. Porque esta noche he estado ahí hablando con tu madre y ella parecía tan dulce y comprensiva… Y no es justo. Porque ahora no solo me siento mal por todo esto, sino que también me siento mal por hacerle daño a ella. Por mentir. Dios…

Se quedaron en silencio. Era un silencio tenso y cargado de cientos de susurros a voces que arañaban su piel, que hacían el aire más pesado, dificultándole respirar. Porque si Yoongi cerraba los ojos en aquel momento casi podía escuchar el golpe de la puerta cerrándose tras la discusión con su pareja, podía sentir sus manos paralizadas frente al piano y la exclamación del público cuando se había levantado para marcharse. Podía ver claramente la decepción en los ojos de sus padres. Si Yoongi se paraba a pensarlo, aquello era exactamente igual que tomar una decisión. Hiciese lo que hiciese iba a decepcionar a alguien. Pero no estaba dispuesto a decepcionarse a sí mismo.

— Lo siento mucho. —Susurró Namjoon, sin moverse.

— Deséale suerte a tu hermana en la boda. —Replicó Yoongi, cogiendo sus cosas y saliendo de allí.

Dejó que el frío de la madrugada le despejase, dejó que le reconfortase mientras se enfundaba aun más en su abrigo, caminando hacia la estación de autobuses. Tenía lágrimas en sus ojos, pero no las dejó salir. Una vez se había prometido no volver a llorar por la rabia, por las cosas que no había dicho cuando había tenido la oportunidad de hacerlo. Era demasiado tarde y tenía que aceptarlo.

En la estación de autobuses tuvo tiempo de pensar, y reconocerse a sí mismo que muchas veces no lo hacía. Cuando se convencía de algo quería llevarlo hasta el final sin importar las consecuencias de sus acciones. Porque podía lidiar con ello y era mejor que aguantar aquella larga y asfixiante espera. Debía ser fuerte. No debía mirar atrás. No debía esperar a Namjoon.

Cinta 7: Echarle de menos duele.

Las cosas volvieron a la normalidad.

A Yoongi le molestaba aquella normalidad, porque era como si el resto del mundo no viese lo mucho que estaba sufriendo con aquello. Eso le ponía de pésimo humor, pero lo disimulaba lo mejor que podía. Fingir que nada le importaba era su forma de lidiar con sus emociones, de lidiar con Namjoon en los pasillos del instituto todos los días.

Habían dejado de hablarse. De acercarse. De sonreírse y de reírse juntos. Todo aquello ahora formaba parte de la colección de recuerdos agridulces que Yoongi guardaba en su mente. Pero estaba seguro de su decisión, estaba seguro de que había hecho lo correcto y lo que a largo plazo le hacía feliz y Namjoon parecía entenderlo y respetar que era lo mejor para los dos.

Pero en silencio, en la soledad de su aula de música o de su apartamento, seguía atesorando las melodías que había escrito con, por y para Namjoon. Cuando nadie le miraba, Yoongi dejaba de fingir que no le importaba y dejaba que el dolor se quedase allí, como un gélido invierno aferrado permanentemente a sus venas.

Seokjin intervino una semana después, presentándose directamente en su apartamento con comida y una mirada de súplica. Yoongi jamás le había cerrado antes la puerta a Jin en la cara y, aunque se sintió tentado a hacerlo, esa no iba a ser la primera vez.

Aquel sentimiento provenía de algo en su interior. Ese era su momento. El único momento que tenía para atesorar los momentos con Namjoon y lo que habían hecho juntos. Le servía para echarle de menos sin necesidad de que nadie se compadeciese de él, para hablar consigo mismo. Para aclarar las cosas que le estaban sucediendo.

— Antes de que digas nada; No, no quiero hablar sobre ello.

— Me da igual porque yo sí quiero hablar de ello. —Replicó Seokjin, sacando una botella de vodka de la bolsa de la compra y tres paquetes de cereales—. Y tú necesitas hablar de ello. Así que hablaremos de ello y mañana dejaré que olvides que esto ha pasado.

— Mañana tenemos clase. —Sin vacilar un instante, Jin dejó las pastillas para la resaca sobre la mesa—. No te creo.

— Siempre tengo un kit de emergencia para estas situaciones.

Y aquello no era una exageración. Yoongi se creía que Seokjin tuviese un kit de emergencia para aquello. Jin siempre había sido así, fingiendo ser mucho más tonto y simple de lo que realmente era. Al principio Yoongi no se había dado cuenta que detrás de aquella fachada de dramatismo había mucho más. Pero con el tiempo, cuando la gente empezó a tener un miedo atroz a mencionar su pasado como pianista, empezó a verlo con claridad. No tardó mucho en enterarse de que Kim Seokjin tenía amenazada a toda la plantilla -incluido el equipo directivo del instituto- con revelar sus más terribles secretos si alguien volvía siquiera a nombrar el incidente del piano. O si alguien, en general, intentaba hacerle algún tipo de mal a Yoongi.

Dejarse cuidar por Jin siempre había sido fácil para Yoongi porque nunca daba la sensación de que le estuviesen cuidando. Era más bien una especie de presencia silenciosa que despejaba su camino sin que se diese cuenta. Por eso jamás le cerraría la puerta, porque Seokjin siempre sabía cuándo intervenir, porque Seokjin era el recuerdo constante de que Yoongi no podía hacerlo todo solo, mucho menos lidiar con sus emociones completamente solo. A veces necesitaba ayuda, y él era el único que acudía cuando no podía pedirla.

— No sé qué quieres que te diga. Se acabó. No pude hacerlo. No pude seguir fingiendo, Jin.

— Y eso está bien. No he venido a decirte que lo que hiciste estuvo mal. —Respondió Jin, pasándole la botella. Ninguno de los dos estaba dispuesto a fregar los vasos después—. He venido a decirte que Kim Namjoon es un soberano gilipollas y no te merece en absoluto.

— ¡Jin!

— Lo que te hizo estuvo mal, y lo sabes. Eres perfectamente consciente de que no es tan bueno como lo quieres pintar en tu cabeza porque te has convencido de que tú eres siempre el que hace las cosas mal. Namjoon es una mierda de persona por ni siquiera intentar arreglar las cosas que ha hecho.

— Eso no es cierto.

— ¡Claro que es cierto, Yoongi! Vamos, sabes que estás enfadado. —Yoongi dio un trago largo directamente de la botella.

— No estoy enfadado, y no me grites.

Pero Seokjin siguió gritándole, Seokjin continuó despertando esa rabia dentro de él y diciéndole cosas que tenían sentido. No era cierto, pero poco a poco, conforme el alcohol se acababa, Yoongi se quedaba sin argumentos para rebatirle. Poco a poco empezó a dejarse llevar por aquella espiral. Poco a poco el sentimiento de asfixia volvió a su cuerpo, empujado por el enfado de Seokjin. Y al final, Yoongi gritó por la frustración.

— ¡Pues sí, joder! ¡Sí estoy cabreado, Jin! ¿¡Cómo mierdas no voy a estarlo!? ¡Me besó! ¡Me besó de verdad en medio de toda esa gente y yo le respondí porque quería hacerlo! ¡¿Tienes idea de lo que me jodía ver cómo de malo era con todas las mentiras menos con esa?! ¡Fue horrible! —Exclamó, y no se dio cuenta de que tenía lágrimas en los ojos—. ¡Intenté hacerlo a su manera! ¡Pero ahí está, mirándome con ojos de cachorro por los pasillos! ¡Creyéndose que no sé perfectamente que se lamenta por mí! ¡Porque soy gilipollas y me he enamorado de él!

En cuanto lo dijo en voz alta, se hizo real. Se hizo tangible. Todas sus emociones explotaron a la vez y sintió deseos de mandarle al infierno. A él. A todos. Quería de nuevo su paz espiritual. Quería fingir que no había pasado y que solo era una pesadilla de la que no podía despertar. Pero en lugar de eso se abrazó a Seokjin y se dejó consolar, porque ya no era la misma persona que había destrozado gran parte de su salud y de su vida para cumplir un sueño que acabó siendo una maldición. Yoongi había crecido, Yoongi había aprendido que a veces uno también tiene que enfadarse y gritarle al aire porque estaba harto y cansado de no poder controlar las cosas incontrolables.

Yoongi podía vivir sin la presencia de Namjoon, Yoongi era independiente y fuerte a su manera, pero pretender que aquello no le afectaba era otra mentira, y él solo quería huir de las mentiras, solo quería alejarse. Quería ser él mismo, sin farsas detrás.

— Eso es… Déjalo salir. —Respondió Jin, asintiendo con suavidad y acariciándole el pelo con dulzura—. Porque no estás solo triste, Yoongi. Estás enfadado. Tienes derecho a estarlo mientras no proyectes ese enfado en Namjoon.

— Ni siquiera pienso de verdad que sea horrible, Jin. Sé que esto tampoco es culpa suya, sé que no pretendía herirme.

— Yo también lo sé.

— Pero has dicho que…

— Ah, ¿Eso? Es un ejercicio que a veces hago con mis alumnos cuando llegan los exámenes. Están estresados y se bloquean. Así que empiezo a gritarles y dejo que ellos me griten de vuelta. Lo llamo "La hora de la ira". Les dejo romper cosas, llorar y gritar. Desahogarse. Y cuando lo han hecho, entonces les hago plantear las mismas situaciones desde otra perspectiva y contraargumentar todas las cosas que han dicho.

— ¿Me has hecho lo mismo que le haces a tus alumnos? —Cuestionó Yoongi, incrédulo.

— En realidad descubrí que funcionaba gracias a ti. Te usé un poco de conejillo de indias. —Reconoció, dedicándole una sonrisa burlona—. A veces no funciona tan bien, claro. Depende de la persona. Ellos son jóvenes y por regla general conocen los límites y ese ejercicio encaja con tu personalidad. Te conozco, sé cómo eres, sé lo que pasa cuando te enfadas.

— No pienso perdonarte jamás que me uses de ratón de laboratorio para tus experimentos de arte dramático.

— Pero ha funcionado, ¿Verdad?

— Un poco. —Se obligó a reconocer, rezongando después por lo bajo.

— No pienso que Namjoon sea terrible, ni tú tampoco. Pero es normal que estés enfadado.

— Gracias.

— En realidad solo tenía ganas de emborracharme y de gritar, pero soy un dios caído del Olimpo y no podemos permitirnos semejantes debilidades.

— ¿Hoseok?

— Sí. Bueno. Yo tampoco he estado viviendo un cuento de hadas con él. —Yoongi sabía que Jin se lo contaría cuando estuviese preparado para hacerlo. Pero aquel no era el momento—. Creo que tienes que hablar con Namjoon.

— ¿Por qué?

— Porque has dejado las cosas a medias con él. Y no es justo para ninguno de los dos. Tienes que hablar con él siendo Min Yoongi y no pretendiendo decir las cosas que él diría si estuviese en tu piel. Porque tienes razón, y tomaste la decisión correcta, pero sigues sintiendo que no ha terminado y tienes derecho a darle un final de verdad, no uno que implique miradas incómodas en el pasillo y borracheras a las cuatro de la mañana.

— ¿Y qué voy a decirle?

— La verdad, Yoongi.

— La verdad es un término relativo e increíblemente amplio.

— Se te da bien hacer de los términos relativos e increíblemente amplios algo sencillo y para toda la familia. Eres profesor. Enséñale cómo te sientes.

— ¿Cómo es que eres tan bueno dando consejos?

— ¿Nunca te lo dije? Antes de estudiar arte dramático me saqué la carrera de psicología. Y además, mi madre era médium.

— Jin, tu madre escribió una vez un apartado sobre los horóscopos para cubrir una baja.

— Era médium.

— Me sorprende que nunca dejes ver a nadie lo listo que eres.

— Eso arruinaría la maravillosa sorpresa que es llegar a conocerme, Min Yoongi. —Replicó, esbozando una sonrisa socarrona y guiñándole un ojo—. Si todo el mundo se piensa que eres solo una cara bonita que se desmaya dramáticamente en los pasillos nunca van a exigirte demasiado. No van a molestarse en conocerte demasiado ni en complicar las cosas. Es más fácil vivir así.

— Eso es una tontería. Vivir ocultando quién eres es horrible.

— Yo no escondo quién soy, Yoongi. Nunca lo he hecho. ¿Esto que ves? Soy yo. Y el yo que se desmaya en los pasillos también soy yo. Todo forma parte de mí, porque no soy una única cosa. Soy muchas. Igual que tú.

— Sé que tienes razón pero, Dios, cómo odio darte la razón.

— ¿Hablarás con él?

— Lo haré. Te lo prometo.

— Bien. Y ahora vámonos a dormir que mañana tengo que enseñar a mis niños a interpretar correctamente un desmayo para hacer trampas en los exámenes.

— ¡Así que eres tú el que se lo ha enseñado!

— ¿A que es convincente? Todavía lo están perfeccionando.

— Eres terrible, Kim Seokjin.

— Terriblemente guapo, lo sé. Venga, vamos.

Yoongi se durmió aquella noche con un nudo en el estómago por los nervios, pero definitivamente determinado a solucionar aquello de una vez por todas.

—▲—

Yoongi tardó un par de días más en decidirse a hablar con Namjoon. Principalmente porque cada vez que lo intentaba y veía el rostro ajeno contraerse en una mueca tensa empezaba a temblar por dentro y sentía la necesidad de huir de allí. De volver a su aula de música y negar que aquello había pasado.

Pero finalmente llegó el día en el que ambos tenían una hora libre y Yoongi tocó a la puerta de su aula, pensando en lo guapo que estaba mientras, probablemente, componía otra canción. Pensando en que si viviesen en otro momento sería él quien estaría disfrutando con Namjoon de esos momentos.

La noche anterior, Yoongi había escuchado todas las cintas que había grabado y había pasado horas riéndose con ellas al recordar cómo era Namjoon y cómo habían sido juntos. Porque había sido breve, pero había sido real. Lo que habían vivido no había sido una farsa por su parte, por mucho que Namjoon pensase que habían estado fingiendo.

Suspiró con suavidad cuando Namjoon le hizo un gesto con la cabeza para que se sentase frente a él. Le sonrió y a Yoongi le temblaron las piernas. Evidentemente, seguía enamorado de él, y aunque fuese amargo, también le dedicó una pequeña sonrisa.

— Tenemos que hablar. —Namjoon asintió, dejando a un lado el papel y los lápices—. Sé que mi reacción antes de la boda no fue la correcta, pero no me arrepiento. La verdad es… La verdad es que estoy enamorado de ti. —Confesó finalmente, sintiendo como la presión en su pecho iba desvaneciéndose poco a poco—. Llevo mucho tiempo enamorado de ti. Y cuanto más me dejaba llevar por aquella mentira con más fuerza deseaba que fuese la realidad, pero no lo era. No debiste besarme, no debiste hacerme creer que era cierto. No debiste ser tan increíble conmigo porque aquello no parecía una mentira. No esperaba que al final pasase algo y nos quedásemos juntos, pero… Era tan realista que al final fue demasiado. Así que me di tiempo. Y quería ignorarte. Quería desaparecer de tu vida por completo y que tú desaparecieses de la mía porque pensaba que así dolería menos, pero también creo que tengo derecho a decirte la verdad. —Finalizó, tragando saliva. Estaba triste, pero aliviado. Ya no sentía ese miedo en su cuerpo.

Namjoon tardó en responderle, pero Yoongi no se movió porque sabía que en algún momento lo haría. Pensó en instarle a lo que lo hiciese directamente, porque detestaba esperar. Él no era tan paciente. Él no meditaba tanto las cosas. Era exasperante, pero era Namjoon. Y aunque a veces fuese difícil, la espera siempre merecía la pena.

— Lo siento. —Fueron las primeras palabras que salieron por su boca, parecía cansado y Yoongi se compadeció un poco por él—. Lo siento por ser tan idiota y por hacerte creer que todo lo que sentía hacia ti era parte de la mentira. —Añadió después, alzando la mirada para clavarla en Yoongi, había seriedad, tristeza y una calidez que le hizo estremecer—. Lo siento porque no lo era. Pero se me da mal en general esto de expresar mis sentimientos sin sobreanalizarlos. Pensaba que si te decía la verdad cuando te marchaste creerías que solo lo hacía por condescendencia. Pensé que tú tampoco sentías lo mismo, que la química entre nosotros era solo química. Diablos, llegué a pensar que estabas enamorado de Seokjin. —Yoongi no pudo contener la mueca de disgusto que apareció en su rostro.

— ¿Por qué me odias tanto? ¿Yo? ¿Con ese rarito? Tengo mejor gusto que eso.

— Te has enamorado de mí.

— Ese no es el punto.

— No, tienes razón. El punto es que yo también estoy enamorado de ti. Yo también estaba enamorado de ti antes de todo esto. Pensé que si usaba la excusa de la boda podríamos acercarnos más. La noche que me emborraché te besé porque quería besarte, porque ese era yo. Sé que no fue lo correcto, pero en mi defensa diré que no creía que fuese a hacerte daño. Es solo que… no se me da bien actuar sin pensar.

— Ni actuar pensando. —Replicó Yoongi, rodando los ojos.

— Lo siento, Yoongi. Estoy sinceramente arrepentido por todo esto. Si lo hubiese sabido tal vez habría actuado de otra manera…

— No sirve de nada ese "si lo hubiese sabido". Ahora ya lo sabes.

— Y tú también lo sabes.

— ¿Yo sé qué? —Cuestionó, confuso.

— Que estoy enamorado de ti. Que estaba enamorado de ti. —Esta vez se lo repitió más despacio, sonrojándose mientras lo decía—. Y que me encantaría que me dieses una segunda oportunidad para hacer las cosas bien.

Al que le tocó quedarse silencio en aquel momento fue a Yoongi, meditando lo que acababa de decirle. Que estaba enamorado de él. De él. De el mismo imbécil que se había perdido dos veces por los pasillos de IKEA intentando encontrar a algún ayudante porque el otro tonto había roto dos macetas sin querer. Del mismo idiota que había grabado siete cintas para convencerse a sí mismo de que no debía enamorarse de Namjoon. De Yoongi.

No tenía sentido, porque había asumido desde el principio que sus sentimientos no eran correspondidos. Aunque de pronto, todo tenía mucho más sentido. Las miradas, los abrazos, los besos, las sonrisas, cuando sorprendía a Namjoon mirándole cuando creía que Yoongi no se daba cuenta. El hecho de que correspondiese a sus sentimientos daba sentido a la cuestión que rondaba por su cabeza, ¿Cómo era posible que se le diese tan mal mentir para unas cosas pero tan bien con respecto a sus sentimientos por Yoongi?

Se sintió la persona más estúpida y dramática de la tierra.

— ¿Nada de spagetti especiales? —Fue lo único que pudo preguntar, y luego apartó la mirada cuando Namjoon esbozó una preciosa sonrisa de alivio y cariño.

— Lo prometo por lo más sagrado que tengo.

— Juraste no volver a prometer nada por tu colección de vinilos, Kim Namjoon.

— Tienes razón. Pero nada de spagetti. Ni de estanterías del IKEA. Ni de mentiras.

— ¿Y nada de romper mis mesitas de café?

— Sabes que eso no puedo prometértelo. Soy alto y nunca voy mirando al suelo.

— Está bien, está bien. Supongo que esta tendré que pasarla. —Replicó Yoongi, negando con la cabeza y liberando un suspiro de resignación.

Lo que pasó después fue demasiado rápido para que pudiese procesarlo. Namjoon se levantó y salió de detrás de su escritorio. Y se acercó mucho a Yoongi. Y Yoongi tragó saliva y se sonrojó, retrocediendo de forma instintiva hacia atrás y casi cayéndose de donde estaba sentado, aunque la mano de Namjoon en su espalda le salvó de ese fatal destino.

— Cuidado. —Murmuró, liberando una pequeña risa nasal y haciendo que Yoongi se sonrojase aún más.

— ¿Y esta invasión de mi espacio personal?

— ¿Es que quieres que me aparte?

— No, la verdad es que no. —Confesó, aunque casi parecía que hubiese dejado caer las palabras de forma nerviosa.

— ¿Puedo besarte ahora o vas a volver a salir corriendo? —Y aunque había un tono burlón, Yoongi supo que lo estaba preguntando completamente en serio. Así que tragó saliva otra vez.

— Estamos en el instituto…

— En el descanso.

— ¿Y si alguien nos ve?

— ¿Quién nos va a ver?

— Tienes razón. Vale. Estoy listo. Hazlo.

Esta vez no hubo frialdad cuando sus labios se juntaron. Esta vez no hubo un dolor repentino que recorría a Yoongi por dentro, porque lo único que había era suavidad, calidez y ternura. La convicción de que no era el único que sentía demasiado y la tranquilidad que le proporcionaban los brazos de Namjoon. Esta vez no tuvo que recordarse ninguna razón por la que no enamorarse de Namjoon. En seguida el beso se transformó en algo mucho más pasional y se dejó subir al escritorio del profesor mientras continuaba derritiéndose en sus labios. Había deseado tantísimo poder corresponder uno de aquellos besos que ahora simplemente no podía separarse de él, y sentía mariposas, y veía fuegos artificiales, y escuchaba vítores de fondo.

Esbozó una sonrisa mientras le besaba y pasaba los brazos por su cuello dejándose apretar contra su cuerpo, sintiéndose de pronto muy feliz. No podía creerse que fuese real, que tuviesen aquella oportunidad, que Namjoon besase tan bien siendo tan horriblemente torpe.

— Te has dejado los efectos de sonido encendidos y creo que les he dado al sentarme. —Bromeó una vez se separaron, jadeando para recuperar el aire.

— No, no lo he hecho. —Respondió Namjoon, sonriéndole con ternura y acariciándole la cintura.

— ¿Entonces quién está aplaudiendo?

— Nosotros. —La voz de Seokjin interrumpió la conversación y Yoongi y Namjoon ladearon la cabeza hacia la puerta, donde estaban Jin y sus alumnos de interpretación—. Un beso precioso, aunque en mi opinión le faltaba un poco de pasión…

— ¡Kim Seokjin! —Amenazó Yoongi, bajándose de la mesa de un salto y poniéndose delante de Namjoon, el cual solo quería esconderse en cualquier lugar de la clase y desaparecer—. ¡Esto era privado!

— Tengo que ilustrar a mis alumnos sobre las grandes historias románticas del siglo veintiuno. —Replicó Jin, apoyándose en el marco de la puerta dramáticamente—. Ya no hay nada como el verdadero amor, un sentimiento que se desvanece, es tan complicado que vean un auténtico ejemplo de él en este cruel mundo capitalista que exprime sus relaciones como si fueran tristes y desolados corderillos que van al matadero.

— ¡No puedes usar mis discursos contra mí!

— Claro que puedo, es exactamente lo que estoy diciendo. Ahora, niños, vámonos a clase a aprender como fingir un constipado justo el día que no habéis hecho los deberes.

— ¡Jin! —Exclamaron Namjoon y Yoongi a la vez, frotándose las sienes.

— Adiós, tortolitos.

Ambos volvieron a quedarse solos en el aula y después de un rato Namjoon se echó a reír y Yoongi le siguió después.

Y volvieron a besarse, esta vez sin interrupciones. Porque Yoongi podía tener siete razones por las que no enamorarse de Kim Namjoon, pero ahora tenía una por la que sí, y esa tenía mucha más fuerza que las anteriores.