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El cielo esta nublado, perfecto para caminar. Ir al parque no sería un mal plan. Salgo sin paraguas, me gusta que la lluvia me empape. La humedad se siente en el ambiente, puede que ocurra pronto. Escucho a IU, que va perfecto con mi andar. Los arboles se mecen a la misma sincronía de la melodía. Es como si estuviera sola en el mundo. Me siento flotando. El peso de mis botas da seguridad a mis pasos y a pesar del frio me siento abrigada. El polar que lleva por dentro mi chaqueta me cobija. El momento se sellaría perfectamente si llevara té en mano. Pero no se me ocurrió prepararme uno antes de la salir. Puede que pase a comprar alguno por ahí, si encuentro alguna cafetería.
No hay mucha gente por la calle y lo agradezco. Hoy quiero tener el mundo un rato para mi sola, pero a la vez no. Me puse mi polerón rosa favorito, el que me da confianza, el que me hace sentir algo linda. Quisiera que el mundo viera lo mismo que veo yo en el espejo. No estoy mal y no se porque siempre me han dicho lo contrario. Tal vez yo misma cree un velo de cómo me veía a mí misma en esa época y la gente vio lo mismo que yo.
Las cosas se animan un poco al compás de Take me de Miso. Mi amiga me mostro esa canción una noche mientras esperábamos quedarnos dormidas y que las cosas mejoraran en la mañana. Prefiero la noche, me genera expectativa, es como si el mundo se abriera ante mí y pudiera controlarlo o por lo menos afrontarlo con más facilidad que en el día. Porque todos duermen y yo estoy despierta, eso me da ventaja. En el día me encojo, hasta mi espalda se encorva, a la espera de volverme una bolita con propiedad. Pero finalmente nunca lo hago, ocupo cada segundo del día, incluso de la noche. No duermo mucho. Si mi madre estuviera aquí se preocuparía. La dejé hace un tiempo. Tenía que superarme, aunque ya estaba desligada a ella y no me había dado cuenta.
Las primeras gotas caen, no busco refugiarme, no le tengo miedo a la lluvia. Ya estoy en el parque, las gotas golpetean las flores del rededor. La música cambia, sigue siendo la indicada para el momento. Miro al cielo y cierro los ojos. Quiero recibir toda la lluvia, que caiga por todo mi rostro, desvanecerme en ella. Estoy acostumbrada a que las gotas circulen por mis mejillas. En este caso me purifican. El cielo me envía fuerza. Abro los ojos y veo las nubes, las sombras y luces producen un efecto esponjoso. Ojalá pudiera dibujarlas. Desearía que alguien me viera ahora y pensara que me veo adorable. Sé que nadie lo está haciendo, nunca pasa. Es como si fuera invisible. A veces no es molesto, como cuando no quiero existir y estoy de malas. Sin embargo, ahora quiero que alguien note mi existencia.
Sigo caminando, lo haría todo el día, aunque me duelan los pies, pero el camino tiene que acabarse en algún momento y la oscuridad vuelve todo más inseguro. Veo un árbol más adelante. Ya es hora de resguardarse. Me siento sobre sus raíces sigo admirando como la lluvia cae sobre todo. La música sigue combinando perfecta. Quiero cantar, recién lo hago después de dos canciones, cuando reúno el valor y me doy cuenta de que no hay nadie. Mi voz sale apenas, mi garganta esta fría. Me acomodo mejor la bufanda. Pronto entrara en calor, pero necesito cantar. A medida que las palabras pasan, mi voz va ganando fuerza y yo confianza. Dos canciones más pasan, esta vez cantadas por mí. No sé si soné bien, no importa, no hay oídos por ahí a los que impresionar.
- Sigue
Me sobresalto al escuchar una voz. Busco su procedencia y caigo en que vino de un chico que esta sentado en el lado izquierdo del árbol. ¿Cuándo llego? Desaparecí en la música y en la lluvia, quizás cuanto tiempo lleva ahí, escuchándome.
- No te preocupes, no te mirare. Es que tu voz…
Me inclino hacia su dirección con curiosidad, quiero ver su rostro, pero el tronco lo tapa.
- Tu voz…- continua- combina con la lluvia.
No sé qué decir. La voz no me sale.
- Ves me tapo los ojos – se tapa los ojos con sus manos enguantadas en un gesto adorable.
Sonrío, pero me paralizo cuando se destapa los ojos inesperadamente. Nuestros ojos se encuentran y en ese momento sé que me vio cuando justo quería que me miraran. Me vuelvo a mi sitio avergonzada y decido cantarle.
