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Prólogo
El aire rechinaba enérgicamente, había chispas arremolinándose alrededor, iluminando las esquinas de la oscurecida habitación e iluminando también los rostros de los participantes. El piso crujió, como con anticipación, y el estruendo de un trueno estremeció la habitación.
“¿Funcionó?”, preguntó una voz vacilante.
“Roguemos porque así haya sido”, respondió una segunda voz, “porque esa es nuestra única esperanza”.
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Capítulo 1
No era justo, fue el primer pensamiento que cruzó la mente de Draco mientras recobraba la conciencia en una cama de hospital. Había sido el último partido de Quidditch de Slytherin en su último año y, aunque él había estado haciendo trampa, de todas formas había sido Potter quien lo había golpeado para coger la snitch. Se recordaba cayendo, el piso cada vez más cerca, a una peligrosa velocidad… y entonces nada.
“¿Draco? ¿Estás despierto?”, preguntó amablemente una voz suave.
Mirando hacia arriba, Draco se sorprendió de ver a Granger, sentada a su lado, con la cara llena de preocupación. Cuando la chica extendió la mano para acariciar su cabello a él le dieron escalofríos.
“¿Qué estás haciendo aquí?” exigió respuesta.
Hermione se rió un poco, lo cuál sólo sirvió para que Draco se hiciera más hacia atrás.
”¿En dónde más estaría cuando mi novio está herido?” preguntó la chica.
¿La comadreja había sido herido también? Tal vez el juego no hubiera sido una pérdida total…
”Bien, lárgate entonces. Con suerte, expirará por esas heridas. Vete. No te gustaría perderte su última necedad.”
Ella hubiera dicho más, pero fue interrumpida por la llegada de un alto pelirrojo. Los ojos de Draco casi se salen de sus órbitas cuando Ron Weasley le regaló una enorme sonrisa y un suave golpe en el brazo.
“¿Cómo está mi mejor amigo?”
Frotándose el hombro, donde la Comadreja lo había golpeado, Draco lo miró con altanería. “Si fueras mi mejor amigo, caminaría hacia el lago y le rogaría al calamar gigante que me ahogara inmediatamente.”
Confundido, Ron dio un paso atrás. Hermione se levantó para colocarse a su lado.
“Draco está actuando extraño, Ron. Creo que se debe haber golpeado la cabeza más fuerte de lo que suponíamos.”
“Todo es culpa de Potter”, dijo Ron, furioso. “Hubieras vencido a ese Slytherin tramposo si no se hubiera lanzado sobre ti”.
“¿Qué?” Draco se sentó derecho, con los ojos abiertos. “¿Potter es un Slytherin?”
Los ojos de ron brillaron y le sonrió a Draco con comprensión. “Ah, ya sé, estás de broma. Lo siguiente que vas a decir es que tú no eres un Gryffindor”.
“¿Soy un maldito Gryffindor?” gritó Draco.
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Habían pasado menos de tres horas desde que se había despertado en la enfermería y había descubierto que su vida había sido completamente cambiada al revés.
A pesar de sus airadas protestas de que el rojo no le iba en lo absoluto a su complexión, Draco fue forzado por Granger y Weasley a vestirse con el uniforme. Era un desastre de proporciones épicas, decidió Draco, si uno descontaba la cepillada de pelo y la pelea que él y la Comadreja tuvieron mientras Hermione miraba, al margen de todo. Finalmente, Granger terminó por sacar su varita y petrificar a Draco.
Mientras los tres caminaban para la cena, Hermione estaba listando posibles daños al cerebro de Draco que pudieran haber resultado en su cambio de comportamiento, mientras la Comadreja (Draco todavía no podía hacer a su boca pronunciar el nombre “Ron”) pensaba que todo era una broma.
En el Gran Salón, Weasley proclamó orgullosamente que Draco se había golpeado la cabeza y que ahora estaba completamente lunático. Todo mundo pensó que era parte de un sorprendente juego cuando Draco fue directamente a su asiento usual en la mesa de Slytherin, entre Crabbe y Goyle, sólo para encontrar a Potter en su lugar.
“¿No puedes ver que esta mesa es para Slytherins, Malfoy?” Potter sonrió con suficiencia, volteándose y levantándose para confrontarlo mejor. “¿O necesitas usar mis lentes? Tal vez si lo hicieras serías capaz de ver la snitch lo suficientemente bien para atraparla”.
Potter lo estaba enfrentando, con descaro y valentía. Su cabello estaba enredado como siempre, pero por alguna razón, en lugar de verse desastroso, hizo pensar a Draco en noches de pasión. Su sonrisa de suficiencia llevó la atención de Draco hacia sus labios. Se veía malo, y salvaje, y un poco peligroso.
Maldición, pensó Draco, Potter se veía sexy. Este mundo estaba loco.
“¿Qué quieres, Malfoy”, preguntó Potter. Como no recibió una respuesta, agregó: “¿Cuál es el problema? ¿Perdiste la lengua como tus canicas?”
Draco pudo oír a los Slytherins riéndose de la broma, la risita nasal de Pansy Parkinson sobresaliendo de entre las demás. Y la determinación surgiendo profundamente dentro de él.
Enderezando su espalda, Draco miró fijamente a su némesis. Esa sonrisa de suficiencia que Potter estaba usando le pertenecía a él. Esa forma de ser, grosera y déspota, era suya y de nadie más. Tal vez en ese momento estaría usando el escudo de Gryffindor en su túnica, pero aún así era un slytherin hasta la médula. E iba a probarlo.
“¿Qué quiero?” repitió Draco y se encogió de hombros con un fingido aire de indiferencia. “Hay riqueza, belleza, gente que me ama… pero espera, ya tengo todo eso, ¿no?”
Ahora podía sentir una audiencia observándolo, y sonrío encantadoramente.
“Supongo que siempre queda el sexo”.
Lentamente, extremadamente lento, Draco dejó sus ojos recorrer el torso de Potter, bajando hacia esas largas y delgadas piernas hasta llegar a los desastrosamente atados zapatos. Entonces, igualmente relajado, dejó sus ojos viajar de regreso, deteniéndose por un momento en la entrepierna de Potter, entonces otra vez hacia su pecho, antes de encontrarse con los duros ojos verdes que centelleaban.
“No, no hay nada aquí que quiera”.
Hubo algunos jadeos, algunas risitas nerviosas aquí y allá, pero la mayoría de los estudiantes miraron en silencio mientras Draco le daba la espalda a un furioso Potter y hacía su camino hacia la mesa de Gryffindor. Al sentarse al lado de Granger, las conversaciones comenzaron a crecer gradualmente hasta que el ruido estuvo a su nivel normal.
Pasándole un plato a Draco, Hermione dijo: “Lo había sospechado por un tiempo, pero esto claramente lo confirma”.
Ron y Draco le regalaron miradas confundidas, así que continuó.
“Draco es gay”.
El jugo que Ron había estado bebiendo salió de su boca. Limpiando su mentón con una servilleta y con los ojos saliéndose de sus órbitas, dijo: “¿Draco se levantó gay?”
Hermione sacudió la cabeza. “Eso no pasa así. Aunque hay un caso en 1687, cuando el gran mago Theodore Herbert Stonepot se levantó creyendo que era Cleopatra. Pasaron dos años antes de que se recobrara, lo que devastó terriblemente a sus muchos amantes. Pero ese es un caso poco usual. Draco siempre ha sido gay”.
Hermione le regaló a Draco una pequeña sonrisa de entendimiento.
“Tenemos diecisiete años”, dijo dulcemente. “Pequeños besos de buenas noches no podrían ser suficientes para ti”.
Ron giró para enfrentar a Draco. “¿Esto significa que ahora quieres que yo sea tu novio?”
“¡No!” Draco se atragantó, horrorizado.
“Sólo preguntaba”, dijo Ron. Entonces sus ojos se iluminaron momentáneamente. “Oh, miren”, dijo felizmente, señalando al postre que había aparecido en la mesa. “¡Tarta!”
* * *
Draco despertó la mañana siguiente y por un minuto completito no supo dónde estaba. A la señal de una cara pecosa, sonriéndole e inclinándose sobre él, gruñó. Entonces, puso una almohada sobre su cabeza y trató infructuosamente de volver a dormir. Esto tenía que ser un mal sueño.
Cuando Weasley quitó la almohada, Draco naturalmente tomó su varita e intentó maldecir al chico hasta la extinción. Desafortunadamente, la varita le fue arrebatada por los esfuerzos combinados de Seamus y Dean - antes de que algún último daño pudiera ser hecho-, mientras Neville se lanzaba sobre él, manteniéndolo quieto.
Había un Longbottom arriba de él, pensó Draco con algo más que horror. Nunca habría pensado que pudiera caer tan bajo.
La humillación le causó que sólo pudiera gritar y enfurruñarse por diez minutos por tener que usar los colores de Gryffindor. Entonces fue apresurado en su ritual de cuidado del cabello (a pesar de sus protestas de que cien era el número mínimo de cepilladas necesarias para un mantenimiento apropiado) y fue arrastrado al desayuno.
Esta vez, cuando Draco entró al Gran Salón, recordó permanecer con Granger y Weasley; pero a pesar de eso, lanzó una mirada a Potter y a sus acompañantes a través de las mesas. Cuando Potter lo encontró haciendo eso y le miró fijamente, Draco se sintió mucho más feliz de lo que había estado toda la mañana.
Estaba en medio de quitarle las pasas a su muffin y ponerlas en una columna que Weasley seguía comiendo, cuando algunas lechuzas entraron al salón. Se vio inundado por un rió de cartas, la mayoría de las cuelas venían de gente cuyos nombres no conocía, entonces Weasley le dio un codazo.
“Mira. Potter se ha recibido otro vociferador”.
Draco miró hacia él y, efectivamente, Potter sostenía una envoltura roja. Pero en lugar de parecer aprensivo, el estúpido se veía satisfecho. Miró a Potter mientras salía del salón, llevándose el vociferador para leerlo en privado.
No había dudas, Potter era raro.
Después del desayuno tenían Pociones; al entrar al salón, Draco inmediatamente miró al Profesor Snape, luciendo como siempre: cabello grasiento, alto, delgado, reprendiendo a un tembloroso estudiante. Suspirando de alivio, porque el mundo podría voltearse de culo, pero Snape seguiría siendo el mismo tipo miserable, Draco le sonrió ampliamente.
La mirada fría y llena de odio que recibió en respuesta causó que Draco trastabillara.
“Señor Malfoy”, Snape arrastró las palabras mientras Draco se sostenía antes de que pudiera caer al piso, “Realmente espero que no sea demasiado esperar de usted que muestre un nivel de coordinación más alto en mi salón del que demostró ayer en el campo de Quidditch”.
Ruborizándose bajo la mirada del Maestro de Pociones, Draco escuchó risitas a su derecha. Dirigiendo sus ojos hacia a un lado, vio a Potter, flanqueado por Crabbe y Goyle, tratando de hacer pasar sus risas por una falsa tos.
Mientras pasaba la clase, podía sentir al profesor estudiándolo y se encontró a sí mismo incontrolablemente nervioso, a pesar de que la poción asignada era lo suficientemente simple de preparar. No ayudaba que Granger estuviera susurrándole innecesarias indicaciones, mientras Ron intentaba aligerar el ambiente con chistes sin gracia.
Al acercarse el final de la clase, Draco dejó escapar un suspiro de alivio al observar su poción. A pesar de la extraña situación en la que se encontraba, su poción tenía el azul preciso que debería tener y olía correctamente. Con una engreída sonrisa de satisfacción, esperó mientras Snape examinaba los resultados.
“Vagamente adecuada, Señor Malfoy. Aunque sospecho que el crédito debería ir para la Señorita Granger por su excelente entrenamiento.”
Draco se puso rojo. “¿Adecuada?”, gritó. “¡Está puñeteramente perfecta y usted lo sabe!”
“Diez puntos menos para Gryffindor”, gruñó Snape.
“¡Diez puntos! Sólo por decir que no sabría lo que es perfección aunque la perfección viniera y le mordiera el…”
Ron puso una mano sobre la boca de Draco antes de que pudiera terminar la oración y la mantuvo ahí a pesar de los esfuerzos de Draco por quitársela de encima.
“¡Veinte puntos!” gritó Snape.
“Por favor, señor, tendrá que excusar a Draco”, intervino Hermione. “Desde su accidente, él no ha sido él mismo”.
“Si no es él mismo, entonces sólo puedo esperar que mejore en el futuro” Snape inhaló, calmándose ligeramente.
La campana sonó. Mientras los estudiantes empezaban a embotellar sus pociones e irse, Draco se separó de Ron, todavía mirando fijamente a Snape. Con deliberado cuidado, se acomodó la túnica y devolvió su cabello a la normalidad: un estado de perfección.
Weasley y Granger lo miraron preocupados, pero él les dio un desdeñoso asentimiento y ellos dejaron el salón, con una última mirada hacia él antes de salir. Crabbe y Goyle pasaron cerca de Draco en su camino hacia la puerta y entonces Goyle dobló su brazo en un intento de golpearlo con el codo.
Malfoy sabía ese truco. Él mismo se lo había enseñado a Goyle. Draco no solamente esquivó el codo, sino que aprovechó la oportunidad de tener el brazo levantado para dar un puñetazo a las sensibles costillas de Goyle. Cuando escuchó un aullido en respuesta, Malfoy dejó que una sonrisa se expandiese por su rostro.
Se estaba quedando al último porque quería ajustar cuentas con Snape, ahí y en ese momento. Limpiar el aire, por así decirlo. Draco abrió la boca para empezar cuando se dio cuenta de que Potter estaba todavía ahí, moviéndose furtivamente hacia Snape, los dos parecían no haber notado que no estaban solos.
“Recibí otra carta de mi padre”, Draco escuchó a Potter decir. “Él y Black están actualmente de juerga por Argentina.”
Snape arqueó una ceja. “¿Y cómo están tu padre y su… acompañante?”
Draco miró a Potter bajar la cabeza y mirar a Snape a través de sus pestañas.
“Parece algo agitado. Piensa que puedo estar embarcándome en una relación que podría ser dañina. Afirma que debería desistir inmediatamente o de lo contrario se irritará mucho”.
“¿Y es eso lo que estás planeando hacer?” preguntó Snape, con voz baja y ronca. “¿Vas a desistir?”
Potter avanzó un paso, y otro, hasta que su túnica chocó contra la de Snape. Inclinando su cabeza hacia atrás, sus ojos se encontraron con los del profesor. “Tú sabes que vivo para irritar a mi padre”.
“Oh, ¡Eso es de muy mal gusto!”
Dos cabezas giraron hacia él conmocionadas y Draco se encontró sorprendido al darse cuenta de que esas palabras habían salido de su boca.
Draco no estaba muy seguro de saber de dónde venía todo su enojo. Seguro, estar atrapando en Gryffindor con la Comadreja y Granger pensando que eran sus mejores amigos era bastante terrible. Sí, era incluso más horrible que sus verdaderos amigos lo odiaran y que su profesor favorito ahora lo tratara como mierda. Pero Potter… Potter y Snape siendo… no, eso no podía ni pensarlo.
Agarrando sus libros, Draco se apresuró a salir del salón. Estaba justo abajo del vestíbulo cuando escuchó pasos corriendo detrás de él. Cuando una mano le sujetó el hombro y le dio la vuelta no se sorprendió de ver a Potter ahí, ligeramente sin aliento, con una mirada de pánico en el rostro.
“No es lo que piensas”, jadeó Potter.
“Oh, es exactamente lo que yo pienso”, respondió bruscamente Draco.
“No. Quiero decir, ni siquiera hemos hecho nada”
Draco miró atentamente al chico delante de él. “Todavía. No han hecho nada todavía.”
Potter lo empujó, lo suficientemente fuerte para que la espalda de Draco se estrellara contra el muro de piedra tras él, entonces cerró la distancia.
“¿Y a ti qué? ¿Por qué te importa?”
Haciendo su mejor esfuerzo para calmarse, Draco tomó una bocanada de aire antes de responder sarcásticamente: “Tal vez me pregunto qué pensarían todos si supieran del pequeño secreto del Héroe del Mundo Mágico.”
Potter se veía confundido. “¿Qué tiene que ver tu padre con esto?”, preguntó.
Ahora fue el turno de Draco de sentirse mareado. “¿Mi padre?”
“Si, tu precioso padre”, escupió Potter. “El que traicionó a los mortífagos. El que mató a Voldemort. El que murió entre las llamas del sacrificio y la gloria. Tú sabes, el Héroe del Mundo Mágico.”
¿Su padre estaba muerto? Frenéticamente, buscó en el rostro de Potter alguna señal de que estaba mintiendo. No sólo falló en encontrar señales, sino también falló en encontrar algo más. Con dedos temblorosos, quitó el flequillo de la frente Potter”
“No tienes cicatriz”, susurró.
Potter dio un paso atrás. “¿De qué estás hablando?”
“No tienes cicatriz”, dijo nuevamente, esta vez más fuerte. Tembloroso, se dio la vuelta y, lentamente, hizo su camino hacia los corredores y por las escaleras hasta que llegó a los dormitorios de Gryffindor. Cuando Weasley lo vio entrar a la sala común, pálido y débil, se apresuró hacia él y Draco le permitió ponerle un brazo alrededor para acercarlo hacia una silla.
“Cuéntame”, pidió, su voz temblando de dolor, “cuéntame sobre mi padre.”
* * *
Su padre estaba muerto.
Draco todavía no podía hacerse a la idea de asimilar ese hecho. A pesar de que su padre había estado encarcelado en Azkaban por casi dos años, él todavía conservaba la esperanza de que la sentencia fuera revocada. Oficiales del ministerio, jueces, jurados, todos podían ser sobornados – después de todo, la justicia en las cortes era realmente sólo para los pobres. Pero la muerte estaba al final.
Weasley habló sobre cómo Lucius Malfoy aparentemente se había horrorizado de la crueldad y locura creciente de Lord Voldemort. Él, Crabbe y Goyle habían cambiado de lado secretamente para aliarse con Dumbledore. En un ataque sorpresa, Malfoy había mostrado su traición hacia los mortífagos y una poderosa batalla había sido peleada. Muchos murieron. Había sido Lucius quien acertó el golpe final, matando a Voldemort, quien murió con una maldición en sus labios, justo antes de caer.
Si hubiera sobrevivido, Lucius probablemente hubiera terminado en Azkaban. Con la muerte, de cualquier forma, vino la absolución y fue proclamado héroe. El Héroe del Mundo Mágico.
Entre Weasley y Granger hubo abundancia de información. Weasley le dijo que, como el heredero de los Malfoy, había sido arrastrado a cada aniversario de la batalla y puesto en exhibición; lo habían hecho sentar en un podium, detrás de un interminable número de oficiales públicos, mientras exaltaban las virtudes de su padre.
Fue cuando tenía diez que Molly Weasley, asistiendo con su marido al monumento conmemorativo para los que habían muerto, había encontrado a Draco, luciendo pequeño, pálido y triste. Después de semanas de hostigamiento, obligó a Narcisa a permitirle a Draco pasar un tiempo con su hijo, de la misma edad, y lo llevó a casa para una visita. Su amistad con Ron había, evidentemente, crecido a partir de eso.
* * *
Sobre los siguientes días, Draco empezó a notar más diferencias.
Él nunca se había molestado en aprenderse los nombres de la mayoría de los estudiantes más jóvenes que él. Como fuera, gradualmente se dio cuenta de que muchas de las caras que poblaban su mundo no estaban en este. De hecho, no había Weasley menor, a pesar de que ambos padres habían sobrevivido a la guerra.
Quirrell todavía enseñaba Defensa Contra las Artes Oscuras. Encantamientos era enseñada por la profesora Josephine Waxington. El instructor de vuelo era el profesor Maxwell Hopper. Con sólo algunos problemas, Draco se enteró de que Flitwick había muerto con valor en la batalla contra Voldemort y que Hooch había sido terriblemente herida.
Las clases todavía eran demandantes, pero la urgencia de sobresalir parecía haber dejado a los estudiantes. A todos, excepto a Granger, por supuesto. Ser experto en una asignatura ya no servía para incrementar las posibilidades de sobrevivir. En consecuencia, Draco lo estaba haciendo extraordinariamente bien en todas sus clases. La única clase en la que no lo estaba haciendo bien era en Cuidado de Criaturas Mágicas, impartida por Hagrid.
Hagrid, quien ahora tenía una profunda cicatriz que cruzaba su mejilla y cojeaba, asustó a Draco más que nunca. La única cosa que lo hacía mejor era que Granger y Weasley tampoco se venían muy seguros de él.
“Dicen que es realmente muy amable”, susurró Hermione mientras estaban de pie, esperando que la clase empezara. “Yo incluso he escuchado que cuando los elfos escogen pollos de su criadero para la cena él prefiere no estar presente, es demasiado sensible para presenciarlo.”
A pesar de que, personalmente, Draco dudara de esa información, sí que tenía recuerdos de Hagrid afectado por la sentencia de muerte sobre cierto hipogrifo. Los métodos de enseñanza de Hagrid todavía eran horribles, pero no cabía duda de que sabía sobre su asignatura. Mientras Draco permanecía al lado de Weasley y Granger, se preguntó que nueva monstruosidad les sería presentada.
“Estas criaturas pequeñitas”, dijo Hagrid en voz fuerte, sosteniendo una bola de pelo negra, “no viven demasiado, sólo salen de sus madrigueras para comer y hablar en chirridos y chillidos. ¿Puede alguien decirme el nombre?”
“Un Hufflepuff de primer año”, respondió Draco.
Casi todos los de la clase compartida entre Slytherin y Gryffindor rieron. Dos excepciones fueron Potter, quien estaba mirando conmocionado hacia Draco y Granger, quien sacudió la cabeza con consternación y entonces levantó la mano.
“Es un shandle-pop”, dijo en voz alta y clara cuando Hagrid le dio la palabra.
“Correcto. ¿Y sabes por qué un shandle-pop es útil?”
Hermione sonrió abiertamente. “Cuando hay luna llena, un shandle-pop excreta un líquido que en grandes dosis es un depresivo y puede ser usado como anestesia. En dosis más pequeñas, ayuda a hacer a un lado las inhibiciones.”
Hagrid le dio diez puntos a Gryffindor por las respuestas de Hermione y entonces les dijo a los estudiantes que se pusieran en parejas para examinar a las criaturas. Draco empujó a Weasley hacia Hermione.
“Ve”, urgió. “Haz pareja con tu novia.”
“Ella no es mi novia”, dijo Ron, confundido. “Ella es tu novia, sólo que ahora eres gay y entonces no quieres una novia”. Su cara pecosa giró ligeramente, como si pensara. Draco se preguntó cómo, si todos los Weasleys eran como este, siempre resultaba haber muchos de ellos.
“Ella podría ser tu novia”, siseó Draco en la oreja de Weasley antes de darle otro empujón.
Ruborizándose en un color que estaba cerca de combinar con su cabello, Ron se acercó a Hermione. “¿Quieres hacer pareja conmigo?” logró murmurar mientras miraba fijamente el pasto a sus pies.
Hermione miró fijamente a Ron, volteó hacia Draco, hizo un rápido cálculo mental y entonces sonrió. “Sí, estaría bien.”
Cuando Ron le dio la espalda, Draco le guiño a Hermione y estuvo complacido cuando ella le guiñó de regreso.
Dándose la vuelta, Draco no estuvo muy complacido, de todas formas, al encontrar que todos los demás, con excepción de Potter y Neville tenían pareja. Draco pudo ver a Neville haciéndose camino, torpemente, hacia él y rápidamente se movió hacia Potter.
“¿Pareja?”, preguntó.
Potter miró aprensivamente a Neville y asintió.
Juntos fueron hacia las jaulas a sacar un shandle-pop. Entonces, con Harry sosteniéndolo, caminaron lejos del resto del grupo.
Después de cinco minutos de mirar fijamente al animal - cómo se quedaba sentado sin mover sus manos-, Harry suspiró de aburrimiento.
“Sólo está sentado ahí”, se quejó.
“Tal vez podría picarlo”, respondió Draco.
“Entonces tal vez me mordería”
“Como dije, tal vez podría picarlo.”
“Imbécil”
“Engreído”
Draco y Potter se miraron brevemente, antes de regresar sus ojos hacia la criatura.
“Draco… ¿le dijiste a alguien?” preguntó Harry en una voz apenas por arriba de un susurro.
“¿Decirle a alguien qué?”
“Tú sabes”, dijo Harry, claramente avergonzado. Ante el silencio de Draco, agregó. “Sobre mí y… Snape.”
“Ah, quieres decir, ¿sobre ti, echándote polvos con el maestro de pociones?”
Dando miradas furtivas y desesperadas alrededor, Harry agarró a Draco por la túnica con una mano, mientras seguía sosteniendo con la otra al shandle-pop, y lo arrastró varios metros lejos del grupo.
“No estoy echando polvos con Snape”, siseó.
“Pero, sin embargo, quieres. No es que te culpe. Quiero decir, quita el cabello grasoso, la nariz ganchuda, la actitud gruñona y él es muy… No, no importa, sigue siendo horroroso.”
“¿Entonces? ¿Le dijiste a alguien?” repitió Harry.
“Hmm”, dijo Draco, como si pensara. “Primero le dije a Weasley, quien vomitó; y Granger, quien parecía preocupada de que pudieras terminar con mejores calificaciones que ella. Entonces discutí el asunto con Finnegan, Thomas, Brown y Patil. Traté de decirle a Longbottom, pero en el momento en que mencioné el nombre de Snape, salió corriendo de la habitación con terror.
Ante el pálido rostro de Harry, Draco puso los ojos en blanco.
“Por supuesto que no le dije a nadie, idiota. De verdad que tengo otras y más importantes cosas de las que hablar aparte de tu mísera vida sexual.”
“Oh, Gracias”, dijo Harry calmadamente.
Draco miró por un momento al chico frente a él, quien lucía demasiado como su odiado rival. Había descubierto que la mamá de Potter estaba muerta, y por lo que Draco entendió de entre los chismes, su padre podría haber corrido la misma suerte. Ya no era el héroe de Gryffindor, ya no era para nada un héroe. Lo habían arrancado de sus amigos, Granger y Weasley, y a pesar de que tenía a Crabbe y a Goyle, a Draco no le había tomado mucho tiempo ver quiénes eran el mejor par de compañeros.
De alguna manera, a pesar de todo, seguía habiendo algo en este chico que era especial. Draco lo sabía, aun a pesar de que nadie más lo veía.
“Potter, sobre esta cosa que tú tienes con Snape”, aventuró Draco y Harry levantó sus ojos verdes para encontrarse con la mirada gris. “No lo hagas. Eres mejor que eso. Te mereces más que una hortera aventura limitada a esconderse en oscuros corredores y rápidos revolcones en salones vacíos”.
Mientras Potter lo miraba, con los ojos muy abiertos, Draco se encontró pensando que esconderse en oscuros corredores y tener rápidos revolcones en salones vacíos podría ser atrayente en realidad. El silencio entre ellos duró hasta el punto en que Draco no pudo soportarlo más. Se tiró hacia delante e hizo algo de lo que sabía que probablemente se arrepentiría.
Picó al shandle-pop.
Éste mordió a Harry.
Harry dejó escapar un chillido.
“Sí”, pensó Draco. “La vida es buena.”
