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Dormía sin sueños, de forma pesada y profunda. Tan solo tenía una hora para dormir, su cuerpo lo sabía y por ello caía casi desmayado en un incómodo sofá. Algunas gotas de sudor todavía estaban secándose de su ropa, que tras tantas horas de práctica había sufrido su parte. El cuarto estaba insonorizado, por lo que el ruido de los pasos de los otros miembros no perturbaba su descanso.
Sin embargo, hubo algo que trajo su consciente de vuelta. Primero, dedos recorriendo su cabello tocándolo con ternura. Luego, un aroma que acarició sus pómulos, le hizo cosquillas bajo la nariz e hizo que levantara sus párpados con curiosidad adormecida.
Había una taza humeante, justo sobre la mesa. Escuchó la puerta cerrarse con delicadeza, ni siquiera tuvo energías para alzar la voz y agradecer a quien fuera que le había traído ese té. No le hacía falta levantarse para comprobar qué era porque el olor a menta era intenso, estaba recién hecho y probablemente ardiendo. Iba a tomar su té favorito en breves, eso le dio la suficiente fuerza para levantarse. Era una persona que no le costaba demasiado despertar, pero su cuerpo adolorido estaba quejándose tras tantas horas (días) de constante práctica, sin nada de sueño y de dormir siestas en un sofá.
Se dejó embelesar por el olor y la calidez que le abrigó desde las puntas de los dedos hasta la de los pies. Sopló y en unos minutos, por fin pudo dar un trago. Daría media hora de su sueño para poder beberlo con tranquilidad, porque así tenía que beberse un té, pero debía de volver con los otros. Jimin y Jungkook llevaban un rato practicado solos. Yoongi estaba encerrado en su despacho de genio con más cafés de los que debería de tomar, sabiendo que luego debería de dar cuerpo y alma en la coreografía. Namjoon se encontraba escribiendo la letra e iba y venia a practicar el baile y a echar una mano a Yoongi. Seokjin había abandonado la práctica temporalmente ya que se había ofrecido a hacer algo de comer y Taehyung le estaba ayudando para así ganar tiempo.
Su mente ya estaba despierta para cuando terminó su bebida y así se dispuso a volver a la práctica. Ah, pero cuando abrió la puerta se encontró de frente a un rostro aniñado, con los ojos abiertos como platos y unos labios curvados ligeramente hacia abajo que se partieron de la sorpresa al ver al mayor. Su mirada decorada por ojeras que se taparian con maquillaje, se iluminó.
No dijo nada, solo extendió un plato con melocotón pelado y cortado a rodajas.
—¿Para mí? —la voz de Hoseok sonó grave y algo ronca, al fin y al cabo se acababa de despertar y recién hablaba.
La respuesta que recibió fue un pedacito de melocotón presionado contra su boca cerrada y sujetado entre los dedos de Taehyung.
Estaba hambriento, así que se dejó alimentar.
—¿Cómo has sabido que el té de menta es mi favorito? —preguntó en una de esas que tuvo espacio para hablar entre bocado y bocado.
—Bon Boyage S2 —la respuesta llegó enseguida, tenía cierto tono de satisfacción como si estuviera feliz de estar alimentando a su hyung y de haberle hecho la bebida.— No quería despertarte.
Cuando la fruta se acabó, dejó el plato a un lado y tras limpiarse las manos, no tardó ni dos segundos en entrelazar sus dígitos con el cabello ahora pelirrojo del mayor.
Hoseok se sintió que tenía ganas de hasta ronronear y dormir, pero no podía. Las cuidadosas, suaves manos de Tae le acunaban. Relajaban su cuerpo a la vez que disparaban los pálpitos de su corazón.
Era impresionante, si, ese chico que parecía estar perdido en su propio mundo. Como captaba algo que dijo en un episodio de sus vacaciones en Hawaii, un dato que no se mencionó más.
Sentía que no podía acostumbrarse a esas acciones, eran puras y llenas de bondad que solo demostraban una personalidad que muchas veces parecía descarada e inexplicable.
— Gracias —era sincero, acompañó la palabra dejando una caricia en el hombro del otro. Que al parecer, lo entendió como una señal de "abrázame" porque en un parpadeo un brazo le rodeó por encima de los hombros y el otro por la espalda.
— Gracias a hyung que se deja cuidar por mí.
— No le contestes a tu hyung — le dio una patada flojita en una pierna pero también dejó un beso sobre el cabello castaño.— Tengo que volver a la práctica.
— Jiminnie y Kookie han ido a comer hace cinco minutos, no queríamos despertarte porque eres el que más ha estado practicando sin descansar. Puedes dormir más si quieres y te traigo la comida.
Parecía muy firme en sus palabras, y estaba mirándolo fijamente.
— No puedo permi-...
— La responsabilidad que sientes con que todo el mundo lo haga perfecto y el estrés que tienes, te hacen daño aunque no lo enseñes. La canción se esta puliendo todavía y las partes definitivas ya nos sabemos la coreografía. Necesitas dormir, tú y los demás hyungs.
Esa respuesta le hizo fruncir los labios, le molestaba ser interrumpido y a veces ese muchacho era muy directo, aunque no fuera a malas. Se removió intentando librarse del abrazo pero Tae dejó su peso muerto sobre él, no pudo hacer más que volver al sofá. Fue cuando el menor se apiadó y le dejó en paz, tenía esta sonrisa victoriosa casi traviesa de haber ganado algo.
Se quedaron en silencio, el menor sentado en el suelo con la espalda apoyada en el sofá y la cabeza reposando sobre las piernas del mayor, que se encontraba acostado de lado, mirando el perfil al vocalista y memorizando las líneas atractivas que dibujaban su rostro, del mentón a la nariz, y de ahí a la frente. Nunca se le había pasado por la cabeza de que tenía unas pestañas adorables, lo pensó por demasiado rato porque al final el castaño le miró y sus ojos se encontraron. Ahí fue cuando J-Hope sonrió con dulzura e inmediatamente apartó la mirada, sintiendo un poco de calor posarse en su tez.
No pasó mucho, cuando unas yemas comenzaron a rozar su brazo, llegando a la muñeca y tocando los dedos. Una y otra vez con delicadeza, era una sensación tan agradable que incluso queriendo estar despierto por solo un poco más, acabó arrastrado hacia el sueño.
V, se percató del cambio en la respiración en el otro, que le indicaba que se había quedado dormido. Le fue imposible no observarlo, siempre con una mirada atenta y al mismo tienpo cándida. No paraba de mimarle, de regalarle caricias en el brazo caído que tocaba el suelo y de jugar con cuidado con el vello. Sus ojos desprendían una profunda adoración de la que a veces Hoseok se daba cuenta, eran los momentos en los que se derretía o se ponía nervioso. Taehyung veneraba cada parte del mayor, sus virtudes y sus defectos, su mal humor e incluso cuando no quería ser tocado. Su sonrisa era tan brillante como una estrella y deseaba poder pintarla siempre. Porque su hyung era único, quería darle todo lo que estuviera en sus capacidades.
Y con esos pensamientos que le daban plenitud, se acostó en el suelo sin intención de dormir. Solo observaría su mano entrelazada con la de Hoseok hasta que uno de los dos o los demás, rompiera el momento.
