Work Text:
Como cada día Enji se quedaba hasta tarde en su oficina haciendo el papeleo de rigor. Ese día no iba a ser diferente, pese a ser vísperas de Navidad. Y aunque hubiera querido celebrar la festividad sus hijos ya habían acordado pasarlo en compañía de su madre.
Si bien ahora estaba encaminado a un cambio significativo, Enji no esperaba algo diferente este año. De todos modos siempre pasó estas fechas trabajando.
Decidió tomar un breve descanso y distraerse viendo las redes sociales en su teléfono. Revisó su twitter y vio los típicos saludos navideños de los otros héroes, revisó también algunas notificaciones de sus otras redes. Luego de un breve momento decidió cerrar y volver al trabajo, pero 2 notificaciones recientes llamaron su atención:
“Feliz Navidad Endeavor-san, espero la estés pasando bien”
“Me gustaría invitarte un balde del KFC **¿te gustaría?”
— Ese chiquillo molesto… No volveré a caer —murmuró para sí.
Apagó la pantalla de su celular, debía volver rápidamente al trabajo. Fue mala idea revisar sus redes sociales en ese momento, era más que obvio que ese chico buscaría hablarle en estas fechas. Se sintió irritado, pensar en Hawks no le haría nada bien, menos al recordar lo que pasó la semana pasada.
Enji lo atribuyó al alcohol y a la abrumadora soledad que lo embargaba en ese momento. Hawks sólo lo había atrapado en un momento vulnerable de su vida y había logrado colarse en sus pantalones.
Durante toda la semana había logrado evitar al plumífero y bloquear de su memoria aquel día, pero inevitablemente retazos de recuerdo volvían a su mente con su sola mención.
Si tan sólo hubiera dicho “no” a esa invitación, no habría pasado nada de lo que arrepentirse, no se sentiría tan confundido y su salud mental estaría intacta.
Volvió a concentrarse en su papeleo. Lo que menos quería era distraerse con la imagen del rostro de Hawks entre sus piernas, pero ahí estaba otra vez rememorando ese momento y haciendo estragos en su libido que hasta ese momento permanecía dormido.
—Suficiente, me voy a casa—declaró una vez que se dio cuenta que no avanzaría su trabajo tranquilamente.
Mientras recogía sus cosas y se disponía a cambiar de ropa un ruido extraño lo sobresaltó. Un golpeteo constante en una superficie dura que parecía no venir de ningún lado se hizo sentir en su silencioso espacio.
Después de descartar que el ruido proviniera de su oficina optó por acercarse a los enormes ventanales sólo por si acaso, pero sus temores se confirmaron al notar que el golpeteo provenía justamente desde fuera de su ventana.
“Por favor que no sea él, que no sea él” repitió mentalmente.
Corrió las cortinas y se sobresaltó al ver lo que había del otro lado.
Allí estaba Hawks vestido de Santa Claus con todo y barba con la cara pegada al vidrio en actitud psicópata-acosador. El rubio al ver que el otro por fin notó su presencia despegó su cara del vidrio y sonrió ampliamente para luego hacerle señas para que le abriera la ventana.
Enji fácilmente podría ignorarlo y seguir su plan inicial, pero lo más seguro es que el pájaro no dejaría de insistir a la vez que lo seguiría todo el camino. Al darse cuenta que sería inútil negarse, decidió rendirse y dejarlo entrar.
Aunque claro, pondría sus límites. No le permitiría a ese pollo lascivo avanzar ni un poco en su espacio personal.
— ¿Qué demonios haces aquí? —preguntó una vez que entró.
Aunque ya se imaginaba para qué había venido.
— Oh… bueno, pasaba por el vecindario y decidí pasar a saludarte Endeavor-san—sonrió ignorando su tono soez como siempre.
— Sí, claro, casualmente decidiste tomar un paseo de 3 horas en tren hasta aquí y pasarte por mi oficina—pronunció con sarcasmo.
—No, de verdad andaba por aquí de casualidad—contestó mientras se quitaba la barba falsa— Vine a entregar juguetes a los niños enfermos del hospital cerca de aquí, por eso ando vestido de Santa—agregó alegremente mientras le modelaba el disfraz.
Endeavor sólo rodó los ojos. Tenía una buena coartada.
— Dime rápido lo que quieres y luego lárgate—quiso ir al grano, así más rápido podía deshacerse de él e irse a casa.
— Sólo quería acompañarte. Sabía que estarías aquí trabajando mientras los demás están allá afuera divirtiéndose. No quería que pasaras la Noche Buena solo —respondió con su mejor sonrisa encantadora.
Pese a sus lindas palabras, más que conmoverlo ese gesto sólo activó sus alarmas.
—¡Me niego! —exclamó tajante.
— No te niegues todavía, mira lo que tengo aquí—señaló la bolsa que traía consigo.
De ella extrajo un mantel, el cual extendió rápidamente sobre su escritorio mientras se ayudaba de sus plumas para quitar los papeles y la laptop sobre él. Luego sacó lo que parecían ser dos baldes de alitas del KFC.
— ¡Cena navideña!—anunció con emoción— También te traje un regalo… ¡Feliz Navidad Endeavor-san!—sonrió extendiéndole un paquete envuelto en papel de regalo con motivos navideños con su cara.
“¿De dónde saca éstas cosas ridículas?” no pudo evitar preguntarse.
El pelirrojo extendió la mano para recibir el obsequio hasta que recordó que eso sería contraproducente. Aceptar su regalo significaría que aprobaba su pervertida conducta anterior y también su… eh… lo que sea que estaba planeando ahora.
Por un momento este chiquillo lo había vuelto a enredar en sus tonterías, pero no pasaría de nuevo.
— ¡No! —se negó nuevamente alejándose esta vez.
— ¿Por qué no? La vez anterior la pasamos muy bien—comentó bien casual para irritación de Enji.
El mayor no podía comprender cómo éste mocoso actuaba como si aquello se tratara de una salida cualquiera de dos amigos de toda la vida. Mientras él ni siquiera podía mirarlo a los ojos.
—Cállate, no quiero hablar de eso— se puso a la defensiva.
El rostro de Enji parecía una mezcla entre enojado, avergonzado y confundido. Hawks notó esto, no era tonto, suponía que Enji todavía debía sentirse incómodo por lo de la última vez. Eso y los prejuicios propios de un hombre de su edad.
Pese a su negativa el rubio se mantuvo optimista, al parecer a su ídolo no le desagradó tanto el “incidente” pasado, al menos no lo suficiente como para odiarlo o no querer verlo jamás. Para Hawks ya era ganancia que no intentó rostizarlo apenas lo vio.
El plumífero no quería espantar a su ídolo, y de verdad quería pasar tiempo con él en Navidad, así que decidió cambiar de táctica.
— Oh! Ya entiendo, pero no te preocupes sólo vine a hacerte una sana compañía, nada más—expresó con tono inocente.
— No te creo, y además voy de salida.
— No te quitaré más de 1 hora, debo volver pronto a Kyushu ya que mañana también debo trabajar—explicó.
— Ya te dije que no—su irá comenzó a crecer.
— Vamos, te juro que no intentaré nada raro durante la cena—le guiñó el ojo.
Enji se limitó a gruñir y continuar su camino a la salida, pero algo detuvo su paso. Algunas plumas rojas tiraban de él.
—Quítame tus plumas de encima o las quemaré—advirtió ya con tono furioso.
— Endeavor-san al menos acepta el regalo—pronunció con tono casi suplicante.
El obsequio ahora transportado por las plumas de Hawks fue depositado en sus manos. Enji suspiró harto de su insistencia, bien, vería que idiotez era, se la lanzaría por la cabeza al pájaro y se largaría de allí.
Abrió el paquete sin nada de cuidado y se sorprendió al ver que no era un regalo de broma como esperaba sino un regalo real. Su obsequio era una larga bufanda carmesí con flecos dorados en los extremos, tejida a mano.
— ¿La hiciste tú? —dejó escapar mientras la desenvolvía para mirarla detenidamente.
— Si, aprendí cuando era niño—respondió con orgullo—Seguro ya tienes de todo, así que quería darte algo más personal— agregó con tono cariñoso—Si hubiera tenido más tiempo te tejía unos guantes a juego.
El rubio no lo mencionó, pero terminar aquella bufanda le tomó varios meses debido a su escaso tiempo libre.
—No, así está bien—el tono de Endeavor se suavizó.
¿Cuándo fue la última vez que le regalaron algo así de personal? Ya ni lo recordaba.
Aunque no lo admitiera, ese simple gesto movió algo en el corazón de Enji.
— ¿Dijiste 1 hora? Bien, cenemos antes que se enfríe—expresó a regañadientes.
La cara del rubio se iluminó.
Enji otra vez se había dejado enredar por él, la diferencia es que ésta vez era consciente de ello.
— Traje refrescos y algo de alcohol— anunció alegre.
— Olvídate el alcohol y de acercarte más de lo debido—ordenó.
— Ok, recibido Endeavor-san. Señor, si señor—pronunció con tono marcial a modo de burla.
Enji se estaba arrepintiendo de su decisión, este tonto actuaba como un niño ¿por qué tenía que ser tan joven? Si tan sólo tuviera no sé, diez años más…
La cena transcurrió tranquila, dentro de lo que cabe con Hawks hablando sin parar y a ratos diciendo cosas fuera de lugar, como siempre. Sin embargo, pese a la ruidosa compañía Enji disfrutó de la cena, aunque claro eso no lo iba a admitir. El pollo del KFC tampoco estaba mal, ya entendía un poco más el gusto del plumífero por el pollo en esa variante.
De cuando en cuando sus ojos se encontraban con los mieles del rubio, y Enji casi podía jurar que penetraban su alma por un instante. Tampoco ayudaba que a ratos pareciera que Hawks lamiera más tiempo de lo debido las alitas de pollo, pero no, cuando volvía a mirar el rubio seguía comiendo y hablando tan casual como siempre.
Por dios, ya estaba alucinando ¿cierto?
Optó por concentrarse en su porción y responder de vez en cuando a las preguntas y comentarios tontos que salían de la boca del rubio.
La cena llegó a su fin y como Hawks había prometido, no intentó nada extraño. De hecho respetó sagradamente su espacio personal y tampoco intentó usar sus plumas.
Pero Enji lejos de sentirse tranquilo se sentía… ¿inquieto? ¿molesto? ¿decepcionado? No podía comprenderlo. Hawks obedeció y respetó los límites que le había impuesto, era eso lo que quería. Entonces ¿por qué eso no lo hizo sentir mejor? Acaso… ¿esperaba que Hawks intentara algo? No, eso es imposible.
Sólo estaba confundido y necesitaba despejarse un poco.
—Bien, iré a cambiarme y luego no vamos—pronunció con fingido tono indiferente.
— Ok, te espero, yo mientras tanto limpiaré aquí—respondió con otra de sus sonrisas bobas.
El baño de su oficina era igual de amplio y muy completo. Contaba incluso con jacuzzi, pero Enji difícilmente se tomaba un tiempo para relajarse, por lo que su uso estaba casi en el olvido.
“Seguro ese chiquillo se remojaría gustoso ahí” pensó distraídamente.
Sin quererlo se imaginó al rubio con expresión alegre y relajada invitándolo a unirse, desnudos.
Enji empapó repetidamente su rostro en agua fría, lo que menos quería ahora era tener una erección allí mismo, mucho menos que Hawks se enterara.
Terminó de cambiarse algo más tranquilo. Sólo saldría, acompañaría al emplumado a la salida e iría a casa como tenía planeado.
Pero la vida no era tan fácil, mucho menos si estaba Hawks involucrado.
Que ingenuo fue.
Allí estaba el rubio acostado sobre su escritorio, completamente desnudo y solamente con el bobo gorro navideño cubriendo su entrepierna.
— Faltó el postre Endeavor-san—pronunció con su mejor tono seductor.
Esto era demasiado. Sintió ira, no contra Hawks sino contra él mismo, su cuerpo había reaccionado otra vez.
— Me largo—exclamó antes de dar media vuelta y dirigirse a la puerta.
Debía escapar cuanto antes o no habría vuelta atrás. Maldito pollo lascivo, sabía que no podía confiar en él.
— Endeavor-san olvidaste tu celular—dijo con tono juguetón.
Se detuvo en seco, y revisó sus bolsillos: llaves si, dinero si, celular no.
Demonios.
— ¿Sabes? “Shoto” no es una buena contraseña—se burló.
Sin pensarlo Enji se acercó a grandes zancadas para arrebatarle el teléfono. Fue su último error.
— ¡Dame eso, maldito mocoso! —exigió intentando recuperar el aparato mientras sostenía la muñeca de Hawks.
En el momento en que tocó a Hawks todo acabó para el pelirrojo. La mano libre de Hawks se movió rápidamente por su antebrazo y luego por sus pectorales haciendo estremecer a Enji con sólo ese toque.
— ¿No prefieres que te dé otra cosa? ya es Navidad—preguntó seductoramente a centímetros de sus labios ¿en qué momento él…?
El cálido aliento de Hawks golpeó su rostro y el recuerdo de su anterior salida volvió a su mente.
Había aceptado ir con Hawks a uno de esos clubes nocturnos, por supuesto su estancia fue en el sector vip, un lugar más tranquilo y donde cada quien estaba en lo suyo.
Su inminente divorcio y el alejamiento de sus hijos, le tenían en un cuadro de estrés y depresión que no quería admitir. Enji se sentía más sólo que nunca. Y ahí apareció Hawks, quien era de las pocas personas que querían su compañía sinceramente, y que a pesar de su mal humor y desplantes, volvía una y otra vez.
Quizás por eso aceptó sin mucha resistencia acompañarlo a ese lugar.
Pronto el alcohol hizo estragos en ambos, con Hawks más extrovertido y efusivo de lo habitual. Enji recordaba poco, pero en algún punto el rubio se abrazó a él refregando su cara en sus pectorales.
—Me gustas Endeavor-san —repitió varias veces.
Enji correspondió los besos del rubio sin oponer resistencia sorprendiéndose él mismo de aquello. Sin duda el alcohol había alterado sus sentidos, de estar sobrio jamás habría permitido tal cosa.
Frases obscenas llegaron a sus oídos también, era evidente lo que el plumífero buscaba. El pelirrojo no estaba lo suficientemente ebrio como para tener sexo en público, así que se negó rotundamente al pedido del rubio pervertido. Hawks entonces ofreció otra alternativa no menos indecente. Enji con su sentido del decoro disminuido por el alcohol, permitió que ésta vez se saliera con la suya.
El rubio no perdió tiempo y rápidamente desabrochó sus pantalones para apoderarse de su miembro y chuparlo cual sanguijuela. Por suerte, la música fuerte y oscuridad ayudó a ocultar el acto inmoral.
No obstante, al contrario de esa vez, Enji ahora estaba consciente y en sus 5 sentidos ¿Por qué entonces no sólo escapaba de ahí?
La mano de Hawks en su pecho pronto se movió a desabotonar uno a uno los botones de su camisa.
Ahora teniéndolo más de cerca, Enji contempló la piel del rubio tan nívea y apetecible, tan invitante a morderla y dejarle marcas.
— Nunca entenderé porqué te gusta un viejo como yo—pensó en voz alta.
— Podría enumerarte muchas razones—habló más de cerca, relamiéndose los labios casi rozando los suyos.
— Deberías callarte—su tono irritado perdió fuerza.
— Veamos con qué me callas ésta vez Endeavor-san—sonrió lascivo.
El celular quedó de lado en algún momento, la otra mano de Hawks viajaba a desabrochar sus pantalones con la misma rapidez de la vez anterior.
— No voy a contenerme—advirtió sobre los labios del otro.
— No espero nada menos Endeavor-san—aceptó el desafío mordiendo el labio inferior del mayor.
Finalmente se besaron y Enji sólo se dejó llevar en un frenesí pasional.
Años de libido reprimida habían explotado como un volcán.
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La mañana siguiente Hawks había vuelto a su agencia a duras penas. Lucía un aspecto terrible, sus asistentes bromearon con que parecía como si una manada de animales distintos le hubiera pasado por encima y unos caballos lo hubieran pateado. Lo cual no estaba tan lejos de la realidad.
Endeavor cumplió su palabra y no se contuvo. Fue rudo e intenso, como un animal embravecido, aunque con la fuerza de varios.
Todo su cuerpo dolía. Estaba lleno de hematomas, chupones y quemaduras, sin mencionar el dolor agudo en su espalda baja. Pese a todo, nada podía quitarle la sonrisa tonta de satisfacción en su cara.
Hawks finalmente hizo caso a sus asistentes y se tomó el resto del día. Necesitaba descansar luego de esa agitada y ardiente noche navideña.
—Valió totalmente la pena—murmuró débilmente antes de caer dormido.
En 3 días más sería su cumpleaños, se aseguraría de llevar más pollo del KFC y ésta vez algunas pomadas también.
