Work Text:
Cuando Cathleen golpeó la puerta de la hermana Emanuel, ella creyó que estaba soñando. Todas las noches, la misma pesadilla, dejarse llevar.
Abrió la puerta y sus ojos se encontraron con los de Cathleen.
- No puedes estar aquí - dijo
Emanuel pero los ojos de Cathleen la dejaban al descubierto, sino hacia lo que se había propuesto, moriría.
- Por favor…
La joven de diecisiete años entró. Emanuel volvió a su lugar en la cama, sentándose, con la mirada perdida en sus pies descalzos.
Cathleen se había olvidado como hablar, ¿como diría que quería pecar si eso significa dejar de sentir ese dolor?
-¿Te acuerdas esa vez en que me preguntaste por qué me mataba de hambre?
Emanuel no respondió.
- Todo este tiempo lo único que quise es consuelo - prosiguió Cathleen con la voz quebrada - ¿Podrías consolarme, por favor? ¿Podrias? Lo único que quiero es que me consuelen…
Emanuel miró a Cathleen y se acercó aún más. La más alta, hizo seña con sus manos para que se callara y trago saliva. Sabía que no se iba arrepentir pero Dios…
- Shhh, esta bien. Te consolaré…
Y las manos de Emanuel recorrieron la cara de Cathleen. Sus lágrimas humedecieron su cara cuando la beso, un beso torpe y corto seguido por un mapa hacia el cuello expuesto de Cathleen.
- ¿Podrias consolarme, por favor? Consuelame… - repitió como un mantra aún cuando Emanuel la besaba y abrazaba.
- Deja de hablar… - susurro Emanuel contra sus labios, atrayéndola más hacia su pecho.
Esa noche, cuando afuera estaba oscuro y todas las demás mujeres dormían, Cathleen no estuvo sola.
