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tú y esos grandes ojos verdes

Summary:

conseguiste mi corazón, no sé cómo lo hiciste.

Notes:

Un pequeño drabble que llevaba bastante tiempo en mi laptop y que no había conseguido terminar.

Disfruten, amo este ship ♡

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Empieza con esto: ojos verdes.

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Kirishima lo nota mientras está distraído —está acomodando los desgastados baldes en la familiar esquina de su calle, con sus baquetas posicionadas desganadamente en sus desgastados jeans—, una pequeña figura que se le acerca mientras él se pone cómodo en el balde extra que trae consigo como banqueta. Kirishima siempre lo saluda, con una sonrisa en su cara mientras saca las baquetas de sus bolsillos.

Luego es cuando realmente consigue impresionar al chico de los ojos verdes, baquetas en mano y su usual larga sonrisa cuando empieza a tocar. La expresión sorprendida que cruza por la cara del chico es algo que Kirishima consigue a menudo, a veces por adultos que se detienen para dejar lo que sea que tuvieran en sus manos dentro de la brillante gorra amarilla que trae consigo para donaciones.

El chico casi siempre se queda más tiempo que los demás. También deja más dinero que la mayoría pensaría en dejar.

Es un consuelo, especialmente después de los días que ha pasado encerrado en el edificio donde trabaja. Se vuelve tan cercano a una constante que Kirishima se preocupa cuando no ve esos familiares ojos verdes. A veces se queda tanto tiempo que Kirishima tiene que empezar a empacar sus baldes y cuando el pelirrojo trata de hablar con el otro chico, bueno, convenientemente, ya no está.

Apesta, admirar la dedicación del chico desde lejos; la necesidad de hacer amigos, de hablar con alguien cerca de su misma edad es algo que Kirishima realmente quiere. O por lo menos, preguntarle al chico por qué se queda tanto tiempo, preguntarle por qué siempre tiene una cara entre sorprendido y nervioso apenas Kirishima intenta acercarse a él, preguntarle cuál era su nombre para conocerlo mejor.

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Empieza con ojos verdes y lleva a un tartamudeo.

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—¡T-Tocas muy bien!

El comentario asusta a Kirishima en la tarde de un viernes. No esperaba que el chico de los ojos verdes se quedara tanto como lo hizo, pero aquí estaba. Levantándose de donde estaba empacando los baldes que usaba como tambores, Kirishima se voltea para mirar los familiares ojos verdes del hombre que lo observaba casi a diario.

—¡Gracias, viejo! —Alzando una mano para rascar su nuca, Kirishima siente su cara calentarse por el cumplido—. No soy el mejor, no con estos baldes, pero supongo que llama la atención de las personas…

Él sabe que está limitado en recursos; la mitad del tiempo, el dinero que consigue va para su familia. Esto es suficiente para él, ver las caras complacidas de las personas disfrutando la música que él crea. Sin embargo, escuchar un cumplido de este chico es diferente. Es genuino, justo como la mirada casi maravillada en los ojos que lo observan.

—¿Qué? ¡Pero s-si tocas súper bien! N-No tienes que preocuparte… —dice el chico, y Kirishima siente que su corazón hace otro vuelco dentro de su pecho. Dejando caer la mano desde su cabeza, Kirishima se queda en silencio mientras le sonríe al hombre.

—Supongo que sí… Creo que nunca pensé mucho en ello.

Kirishima se toma un segundo para cambiar el tema de conversación, sus ojos rojos completamente concentrados en el hombre frente a él. Con una sonrisa radiante en su cara, el baterista extiende su mano hacia el miembro de tanto tiempo de su audiencia. El chico se ve sorprendido por su acción y toma vacilante la mano de Kirishima.

—¡Kirishima Eijirou! —exclama alegremente, observando como el contrario aún se ve sorprendido y comienza a tartamudear.

—A-Ah, Midoriya Izuku…

Estrechan sus manos y Kirishima sonríe de oreja a oreja.

Hasta que su celular comienza a sonar en su bolsillo.

Es su madre, con algo parecido a un problema familiar menor —que realmente no es nada, probablemente fueron los perros otra vez— y Kirishima la calma mientras le sonríe con pesar a Midoriya.

—Lo siento mucho pero me tengo que ir —dice Kirishima con prisa, su voz agudizándose mientras se disculpa—. Pero si quieres hablar más, ¿te veo el lunes?

Midoriya se ve sorprendido por la pregunta, lo que hace que Kirishima se confunda —¿no quería quedarse y conversar más? Él lo haría si su madre no lo necesitara— antes de que la insistente vibración de su celular hace que se detenga y empiece a recolectar sus baldes.

—¿Nos vemos, Midoriya…?

—A-Ah, sí… Nos vemos luego…

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Continúa así: ojos verdes, un tartamudeo y el nombre Midoriya.

-

Honestamente, Kirishima espera con ansias el regreso de Midoriya ahora que sabe por quién buscar. Bueno. Ya no hay manera de que pueda perder de vista al chico de los ojos verdes. El fin de semana fue, probablemente, el período de tiempo más largo que ha vivido y Kirishima se pregunta si esto es como las películas de romance que a veces ve con sus hermanas —el chico que se enamora de la chica que siempre se presenta en el mismo lugar todos los días, un cliché pero con géneros distintos— excepto que no es como piensa.

Midoriya no se presenta. Son sólo Kirishima y sus baldes durante horas, el lento y usual hilo de miembros en la audiencia, y los dólares caídos en su escandalosa y colorida gorra del día; las baquetas desgastadas entre sus dedos y los baldes cerca de estar rotos por lo mucho que los golpea.

Sabe que está obsesionado con el varón de los ojos verdes, a pesar de sólo haberlo conocido por dos días y Kirishima piensa que su madre tenía razón. De verdad que se enamora con facilidad, de verdad que ve a cualquiera como una posible amistad, tanto que no puede evitar invertir tanto tiempo y esfuerzo como puede. Incluso si esa persona no se ve interesada para nada.

(pero ese no era el caso aquí, ¿cierto? ¡no podía serlo!)

A pesar de todo, Kirishima se sienta en su balde designado como su banqueta mientras que toca una nueva canción en la que está trabajando. Todavía no ve a Midoriya, pero es temprano; Kirishima piensa una y otra vez, preocupado por la posibilidad de haber asustado al otro hasta el punto de que no quisiera venir más. Kirishima a veces da mucho trabajo, hasta su madre lo dice, “un niño tan enérgico y tan radiante de vida que las personas no pueden evitar tener que usar lentes”, ella solía decir.

Ese pensamiento hace que se le revuelva el estómago incómodamente mientras continúa tocando los baldes. En vez de pensar demasiado en eso, Kirishima se concentra completamente en tocar —la música repiquetea y hace vibrar sus huesos cuando golpea contra los baldes volteados, el volumen incrementando y las personas deteniéndose brevemente para observar el repentino cambio en su actitud.

Kirishima sonríe, su música siendo todo en lo que está concentrado mientras deja a sus ojos cerrarse. Es más fácil de esta forma, dejar que su pieza lo absorba hasta que nada más importe y permitir que Kirishima no piense en nada hasta que todo haya terminado y esté a la mitad de su camino a casa, probablemente.

—¿E-Esa es una nueva canción?

Los ojos de Kirishima se abren abruptamente al escuchar la suave voz y el familiar tartamudeo mucho más altos que los aplausos que recibe una vez termina de tocar. El resto de la audiencia no le presta ninguna atención a lo distraído que Kirishima se ve, simplemente soltando lo que sea que tienen de sencillo en mano dentro de su gorra verde neón.

Se levanta, baquetas ignoradas y tiradas al suelo ruidosamente mientras le sonríe a Midoriya.

El chico se ve asustado por un momento por el entusiasmo con el que Kirishima se levanta y se dirige hacia él, pero su cara se relaja en su sonrisa una vez se ajusta al entusiasmo del baterista.

—Perdona por no haber venido mucho por aquí —comienza Midoriya, suave y en ese familiar tartamudeo que Kirishima ni siquiera sabía que extrañaba hasta que lo escucha de nuevo—. Las cosas estuvieron un poco… a-ajetreadas.

Kirishima resopla, haciendo una seña hacia los baldes volteados. Midoriya va y se sienta en uno, Kirishima justo a su lado mientras intenta no bombardear al contrario con preguntas.

—¡No tienes que preocuparte, Midoriya! —Kirishima sabe que el otro chico tiene su propia vida, es natural que no lo vea por ciertos períodos de tiempo; encariñarse es probablemente la peor cosa que pudo haber hecho. Pero no sería Kirishima sin la facilidad que tiene para enamorarse, incluso si es de un completo extraño—. ¡A veces pasan cosas! No te preocupes, amigo mío —le asegura de nuevo, negando con su cabeza mientas que usa sus manos para expresarse—. Si estás tan preocupado, ¿puedo darte mi número para que puedas decirme si vas a desaparecer así otra vez?

Con la cabeza inclinada hacia un lado, Kirishima le da una pequeña sonrisa a Midoriya. El contrario se ve sobresaltado por un segundo, algo que Kirishima se pregunta si se detendrá mientras más tiempo pase con Kirishima, antes de que:

—O-Okay, suena como un plan.

—¡Genial!

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Termina así: ojos verdes, un tartamudeo, el nombre Midoriya y una amistad.

Notes:

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