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Scarlet simplemente no podía dejar de mirarla; apreciando cada uno de los detalles que la hacían tan única y le quitaban el aliento: Su personalidad calmada; una fascinante manera de ver el mundo; la manera en la que hablaba, incluso cuando se quejaba del sol le parecía un ser traído del paraíso, pero no de Sovngarde. Ni siquiera ahí había estado en presencia de algo que le despertara las mismas emociones que ella.
Negar lo que sentía sería una ridiculez. Cualquiera que prestara la mas mínima atención notaría que estaba enamorada de Serana.
Luego de que se encargaron de Harkon, pasó varios días dándole vueltas al asunto. Después de que este le hiciera cuestionarse el porqué de ayudar a su hija. Ni siquiera ella misma lo entendía muy bien, pero en aquel momento de tensión una sola cosa salió de sus labios – Serana es muy importante para mí- Había dicho Scarlet, y ese fue el instante en que entendió lo que sentía por ella. No pudo hacer más que sentirse feliz por ello, porque al fin sabía lo que era enamorarse.
Después de veintitrés años de vida preguntándose si era algún tipo de ser del plano de Oblivion incapaz de enamorarse, llegó Serana.
Por supuesto se había sentido atraída por otras personas antes, pero siempre supo que no era lo que la gente describía como amor. Su madre siempre solía decirle que llegaría cuando menos los esperara, y tuvo mucha razón.
Aunque no pudo disfrutar demasiado de su descubrimiento ya que antes de darse cuenta la batalla contra el señor de los Vampiros había comenzado.
Podría decirse que Scarlet era algo egocéntrica. Tenía plena confianza en sus habilidades de combate. Apenas solía esforzarse en la mayoría de las ocasiones, pero cuando algo le suponía un reto, no le era un problema admitirlo.
Harkon sin duda fue un reto grande.
El momento en el que atravesó su corazón con “Quebrantadora de Amaneceres” y se convirtió en cenizas sintió un gran alivio combinado con satisfacción por haber vencido.
Los días siguientes los vagó sola por Skyrim perdida en sus pensamientos; Serana y ella habían tenido una conversación en la que Scarlet terminó animándola a intentar curar su vampirismo. Si bien se sentía muy feliz por ello, también se decepcionó un poco cuando Serana le dijo que debía ir sola.
Terminaron separándose y Scarlet agradeció haberlo hecho al pasar las horas. Cuando todos su pensamientos se centraron en aquello que había descubierto hace poco: Se enamoró.
Los siguientes días de soledad estuvieron llenos de ensoñaciones por su parte, se sentía como una niña emocionada. Ella se preguntaba qué haría cuando la viera de nuevo, cosa que finalmente terminó por ponerla muy nerviosa; no estaba para nada acostumbrada al sentimiento. Llegó a dos soluciones: La primera fue cortarse el cabello; el tenerlo más debajo de la altura de los hombros empezaba a provocarle molestia. Por otro lado, la segunda era un baño caliente.
También pensó en lo que haría en el momento en que volviera a tener a Serana frente a ella; sin embargo, para ello tendría que prepararse un poco, así que se dijo mentalmente que iría a Riften después de pasar unos días en su casa de Ventalia.
