Chapter Text
Introducción
El mal carácter de Harry Potter era casi tan famoso como su cicatriz en forma de rayo o sus lentes de montura redonda.
Lo que no todos sabían (y deberían considerarse afortunados por ello) era que este tenía graduaciones, que iban desde “¡Ron! ¡Esa era mi última cerveza!” hasta “Vamos Tom, terminemos esto como lo empezamos…”. La mayoría de la gente estaba habituada a los grados más bajos de la escala, los miembros de su escuadrón, los funcionarios del ministerio, algún periodista en busca de su minuto de gloria tocándole las narices al Salvador. Todos ellos habían sido testigos – o víctimas, dependiendo del caso. – de sus pequeñas bravatas y habían aprendido la lección tras el incidente (salvo Ron, que le había cogido el gustito a las cervezas muggles y estaba dispuesto a soportar las diatribas de su mejor amigo por una Corona gratis).
Pero ninguno de ellos, salvo quizá los que estuvieron presentes la noche de la batalla final, lo habían visto tan furioso como se encontraba en ese momento.
Había pasado todo el viaje de malas pulgas.
Viaje que había realizado a regañadientes para empezar.
Por dos semanas intentó zafar de ese compromiso por todos los medios, incluso echando mano a un último recurso, apelar a su status de héroe de guerra (si, aquello que odiaba a más no poder, tal era su nivel de desesperación). Pero nada de eso conmovió a Kings, su respuesta fue lapidaria: “Se trata del viceministro, Harry. Comprenderás que con los tiempos que corren no puedo arriesgarme a enviar a cualquier novato a velar sus espaldas”. De nada le sirvió explicarle – por enésima vez – que él también venía recién saliendo de la academia, que si tenía un escuadrón a su cargo era sólo porque no pudo hacer nada para impedirlo y que, precisamente por cómo estaban las cosas, no era conveniente su salida del país. Sin embargo su viejo amigo era terco como una mula y no consiguió convencerlo que aquello era una mala, de verdad muy mala, idea.
Atravesó la puerta/ventana/panel/loquesea dejando una estela de papel rasgado a su paso, casi deseando que el sujeto despertase y le recriminara por la rudeza con que irrumpió en su habitación, pero el segundo mago más poderoso del reino, amigo personal de Kingsley Shacklebolt, espía y héroe de la última guerra contra las fuerzas oscuras, aún dormía plácidamente en su futón.
La gruesa vena que se levantaba en el cuello del auror latió peligrosamente, tuvo que apretar con fuerza su varita para contenerse de avadakedravrearlo en ese mismo lugar. La furia y la humillación se mezclaban en su pecho haciendo muy difícil pensar con claridad.
Durante meses tuvo la casi certeza de que el sujeto se estaba burlando de él, un “casi” injuriante que le impedía tomar medidas más drásticas, porque todo lo que conseguía recopilar en su contra era evidencia circunstancial, pruebas que no eran tal e información ambigua sujeta a interpretación.
Ahora que finalmente sus sospechas habían sido confirmadas se sentía insultado. Si tan sólo lo hubiera conseguido un día antes. Si tan sólo hubiera sido capaz de resistirse una noche más a la red de mentiras que él inteligentemente había tejido para atraparlo.
El haber caído víctima del rey del engaño – por algo el sujeto estaba en la posición que detentaba - no le sirvió de mayor consuelo, la ignominiosa sensación de haber sido un estúpido por poner no sólo piel y carne sino también sentimientos en aquella aventura no sería fácil de quitar.
Tronó el cuello, tratando de aliviar la tensión y, apretando los dientes, apuntó su varita hacia el cuerpo durmiente, ese cuerpo cálido que había sido el instrumento final en aquella macabra artimaña.
***
つづく
