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Language:
Español
Stats:
Published:
2019-04-15
Completed:
2019-04-25
Words:
9,533
Chapters:
3/3
Comments:
1
Kudos:
9
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1
Hits:
191

Corazón roto

Summary:

Yongsun tiene que tomar una decisión que dictara el resto de su vida y no solo la de ella. ¿Puede alguien sobrevivir con un corazón roto?

Notes:

Esta historia es el prólogo de un futuro fic sobre Dreamcatcher que tengo en mente. Iban a ser solo unas pocas lineas a modo de introducción pero unas pocas acabaron siendo tres capítulos por lo que decidí publicarlo a parte como un fic de Mamamoo independiente. 

Chapter 1: El gran día

Chapter Text

Érase una vez en un reino muy lejano una princesa a punto de casarse. Su nombre era Yongsun y las lágrimas corrían por sus mejillas. Todo estaba listo para la boda. Los invitados esperaban en la catedral, la guardia real patrullaba por toda la ciudadela atentos a que nada perturbase el gran acontecimiento. Su vestido blanco se ceñía a su figura con elegancia y su hermoso cabello castaño caía sobre sus hombros en delicados tirabuzones. Desgraciadamente, la expresión de desesperación en su rostro rompía esa imagen de perfección que toda novia tiene el día de su boda. Sus ojos estaban enrojecidos por el llanto y bajo ellos unas ojeras marcadas mostraban el nulo descanso que la joven había tenido últimamente. Le costaba respirar, los sollozos y aquel maldito corsé apenas le dejaban tomar aire. Parecía que los muros de piedra fría de la estancia se cernían sobre ella. Se sentía atrapada. Sin salida. Condenada.

Se miró al espejo y fue consciente de su aspecto desmejorado. Trató de recomponerse. Intentó tomar control de su respiración agitada forzandose a respirar hondo. Ella no quería aquello. En el fondo, su corazón se estaba muriendo de pena. Sin embargo, se recordó a si misma que había sido ella la que había tomado esa decisión. No debía dejarse llevar por las dudas en el último momento. Debía ser fuerte.

La persona a la que amaba no la estaba esperando frente al altar. Cada fibra de su ser le pertenecía a alguien que ahora la odiaba. Ese pensamiento era suficiente para hacer que su corazón dejará de latir por un instante. Era como si su pecho estuviera lleno de escarcha. Aun así, lo único que quería en ese momento era tenerla delante de nuevo. No sabía cómo iba a seguir su vida sin poder contemplar aquella mirada risueña y soñadora que tanto amaba cada día. Levantó la vista intentando poner fin a las lágrimas. Si, la amaba, pero tristemente había algo por encima de todo, por encima de su propia felicidad incluso y eso era el amor por su pueblo. Estaba dispuesta a todo por el bienestar de su gente. Incluso si lo que tenía que soportar era ser el blanco del odio y la rabia de la que siempre sería el amor de su vida.

Su reino era pequeño en extensión pero lleno de vida. La población era superior incluso a otros reinos que les doblaban en espacio. Históricamente siempre había sido un lugar rico en recursos y en oportunidades, lo que había hecho de su reino uno de los más fructíferos y poderosos. Su relación con los demás reinos siempre fue amistosa y nunca hubo necesidad de entrar en conflictos por lo que sus habitantes siempre habían vivido contentos y a salvo, sin conocer la desgracia. Así había sido al menos hasta que la gran epidemia arrasó sus tierras. Una enfermedad desconocida había aparecido de la nada en la capital de su reino y se había extendido rápidamente llevándose incontables vidas. Para cuando los hechiceros del mundo lograron encontrar una solución al problema, más de la mitad de sus súbditos habían sido enterrados ya. Ricos, pobres, jóvenes, ancianos... Nadie había estado a salvo. Ni si quiera su querida hermana pequeña Hye Jin había sido diferente a los demás. Ese día la extrañaba más que nunca. Al menos estando ella podría haberle confiado sus penas y temores a alguien. A causa de la epidemia su reino se había convertido en un lugar vacío, enfermizo y pobre. En su momento había tenido que quedarse sentada viendo como su gente desaparecía poco a poco pero estaba decidida a traer de nuevo el bienestar a aquellos pocos que habían visto el infierno y habían sobrevivido para contarlo.

Aquel que la esperaba en el altar era uno de los príncipes del reino vecino. Allí era donde se había encontrado la cura a la enfermedad, gracias a esto ese lugar había conseguido grandes logros. No solo su pueblo se salvó sino que además tuvieron un beneficio económico y político. El príncipe Ho Seok era el segundo de los siete hijos que tenía el rey vecino. No era quien heredaría el reino de su padre pero casándose con ella se convertiría en el rey del suyo. Con aquel matrimonio se estrecharían los lazos entre ambos reinos, lo cual se traducía en más recursos y dinero a disposición de sus súbditos. Aquella boda era una mera transacción económica pero a Yongsun no le importaba que literalmente la estuvieran vendiendo. No era eso en absoluto lo que le quitaba el sueño. Tampoco le preocupaba con quién iba a compartir el resto de sus días. Por suerte conocía a su futuro esposo. No eran íntimos pero podía decirse que siempre habían sido amigos. El príncipe tenía una presencia imponente. A primera vista podía parecer intimidante ya que era alto y fuerte. Su cuerpo trabajado daba idea de lo buen luchador que era. No obstante, el joven era amable por naturaleza. No cabía duda de que sería un rey justo y dedicado. Al mismo tiempo la belleza de su rostro era delicada convirtiéndolo en el sueño de cualquier dama. Al menos de cualquiera cuyo corazón no tuviera ya dueño. No pudo evitar pensar en las últimas palabras que intercambio con la dueña del suyo.

 

 

-Byul... Hay algo que no te he contado...

La princesa había necesitado toda su fuerza de voluntad para conseguir pronunciar las palabras que guardaba en la punta de la lengua desde hacía meses. La joven a la que se dirigía estaba sentada en el suelo de piedra mirando la luna que brillaba en el cielo nocturno. La luz que entraba por el gran ventanal caía sobre ella iluminándola, dándole un halo misterioso. Su cabello rubio platino y su piel pálida resplandecían con un fulgor único. La chica siempre le había explicado que gran parte de su magia provenía de la luna. Viéndola así era imposible pensar lo contrario. Aquel haz de luz de luna era toda la iluminación en la estancia, el resto era penumbra y ahí era donde se resguardaba Yongsun. Dudaba que pudiera decirle a su amor todo aquello cara a cara. Ambas estaban en el estudio de la más joven. Era la hechicera del castillo y estaba al servicio de la corona. Prácticamente habían crecido juntas, ya que la chica había llegado allí como aprendiz cuando solo era una niña. Su maestro había fallecido años atrás dejándole su puesto. Gracias a esto, aquella habitación se había convertido en el refugio de ambas. Allí podían demostrarse su amor sin miedo a que alguien las descubriera. Al oír la voz de la princesa, la hechicera pestañeó un par de veces y luego buscó en la oscuridad con la mirada aún llena del místico brillo plateado de la luna. Dio con ella en menos de lo que dura un latido, fijando sus ojos en los suyos sin dudar. La chica supo que habría sido así aunque la sala hubiera estado repleta de personas.

-¿Qué? -Su voz sonó suave pero perdida y Yongsun entendió que no estaba contestándole sino pidiéndole repetir sus palabras. Siempre era así cuando la joven miraba a la luna, era como si estuviera lejos de allí. A veces la idea asustaba a la princesa ya que tenía la sensación de que cada vez iba a peor.

Yongsun estudió el rostro de la otra con detenimiento. Intentó grabar en su memoria esa imagen, esa mirada llena de amor antes de romperle el corazón.

-...Quería hablar de algo...

La otra simplemente se limitó a esperar sin entender la vacilación de su princesa.

-Sabes que el reino está hundido en la miseria... Y que todo apunta a que la cosa no mejorará en muchos años.

La tristeza hizo que su voz se quebrara. No sabía cómo decirle aquello. La hechicera notó las lágrimas asomando en los preciosos ojos castaños de la joven y se acercó más a ella. Sabía lo mucho que esta amaba a su pueblo por eso realmente pensó que esas lágrimas eran por ellos y no por ella.

-Eh... -le acarició la mejilla con todo el cariño del mundo. -Seguro que el rey encuentra la forma de que las cosas mejoren. No ganas nada preocupándote así.

Yongsun cerró los ojos y las lágrimas corrieron libres por su cara, le dolía sentir el amor de la chica sabiendo que iba a traicionarla de aquella forma.

-Mi padre no puede hacer nada... -Tragó saliva intentando deshacerse del nudo en su garganta. -Pero yo sí.

-¿De qué estás hablando?

La más joven miró de hito en hito el rostro que atesoraba en sus manos. Sus lágrimas la estaban asustando.

-Voy a casarme, Byul.

La chica se quedó atónita en cuanto esas palabras tomaron forma en su cabeza.

-¿Q-qué...?

Yongsun había fijado su mirada en algún punto del suelo mientras sus lágrimas seguían mojando los dedos de la muchacha. La cara de la hechicera se contrajo con una risa forzada, nada de aquello tenía sentido. Amaba a esa chica con todo su ser y ella le estaba diciendo algo así.

-Si es una broma no tiene gracia... -era lo que quería creer pero era obvio que la chica que tenía delante decía la verdad. Podía incluso sentir como temblaba.

-...Pero...- la angustia empezó a encoger el corazón de la joven. -No, no, no. Yo hablaré con el rey... Tal vez, si le hablamos de lo nuestro cambie de idea -vio negar con la cabeza a la princesa y su voz comenzó a sonar cada vez más desesperada. -Buscaré una solución. ¡Hare lo que sea! Tiene que haber algo que...

-Ya está decidido.

-Tu padre no puede hacerte esto. No es propio de él obligarte a algo así.

Yongsun reunió el valor para devolverle la mirada por fin. Ya no había marcha atrás, no podía dudar.

-Fui yo la que le pedí que organizase la boda.

Aquello fue como una bofetada. La joven se quedó helada por un momento incapaz de comprender. Por más que lo intentaba su cerebro no podía hallar el sentido de todo aquello y su corazón mucho menos.

-¡¿Por qué?! Y-yo te quiero y... ¡tú me quieres a mí! ¡¿Por qué haces esto?!

-Es mi deber. Mi hermana ya no está aquí... Ahora yo soy la única hija que tienen mis padres. Necesitamos ayuda y esta es la mejor forma de conseguirla.

La princesa no aguanto por más tiempo la mirada herida de la otra y deshizo el contacto entre las dos, alejándose unos pasos y dándole la espalda. Temía acabar cediendo a sus deseos de tirarse a los brazos de la chica y pedirle perdón. 

-...Pero, tú me amas... -volvió a repetir esas palabras pero está vez en voz muy baja y con incertidumbre. -O es que... Ya no es así...

Yongsun no contesto. No tenía palabras. En el fondo le dolió que la joven dudara tan fácilmente de sus sentimientos por ella pero por una vez dio gracias por su poco amor propio ya que le ponía las cosas más fáciles.

-Todo es por mi culpa. Si hubiera sabido curar esa maldita enfermedad nada de esto habría pasado.

A la princesa se le encogió el corazón. Había imaginado aquella conversación cientos de veces y conociendo tan bien a la chica como la conocía siempre supo que acabarían en ese punto. Había tomado una decisión. Había algo que tenía claro. Sabía que la hechicera no se rendiría fácilmente, sabía que era capaz de cualquier cosa por ella. Era lo que temía. La magia de Moon Byul Yi tenía diferentes formas. Si bien siempre usaba sus hechizos para ayudar a su pueblo, la princesa sabía que gran parte de su talento era más oscuro de lo que dejaba ver a simple vista. Si no ponía fin con rotundidad a su relación sabía que la chica intentaría lo imposible para que todo volviera a ser como antes. Debía mentirle y hacerle creer que de verdad era eso lo que quería u otras personas podían sufrir las consecuencias. Quería creer que ese no iba a ser el caso pero si llegaba el momento prefería ser ella la que asumiera el riesgo.

-Tienes razón -esas palabras abandonaron su boca sin la más mínima emoción. -Si tan solo hubieras hecho tu trabajo toda esa gente seguiría viva. Es como si tú los hubieras dejado morir. No puedo seguir contigo, cada vez que te miro pienso en todos ellos. Necesito alejarme de ti.

Un silencio pesado siguió a la voz de la princesa. Los segundos se hicieron interminables. Ninguna era capaz de articular palabra, ambas sin poder creer que aquello estuviera pasando de verdad. La peor pesadilla de la hechicera se acababa de hacer realidad. Siempre se había sentido culpable por no haber podido salvar ni a uno solo de sus vecinos, ni siquiera a Hye Jin a quien había querido cómo a una hermana. Se sentía un fraude, pero sobre todo se creía responsable del dolor que todo aquello le había causado a Yongsun. Noche tras noche había visto llorar a la muchacha por su gente y había intentado consolarla sin éxito durante años. Sabía que nada de lo que hiciera podría reparar su gran fallo. Nunca se había sentido merecedora del amor de la princesa, incluso siendo niñas. Si hubiera dependido de ella se habría quedado toda su vida viéndola en la distancia y suspirando por ella a escondidas. Yongsun no solo era la chica más bella que había visto nunca, era amable, considerada, responsable, divertida... En una palabra era perfecta. No era su título de princesa lo que la hacía especial o superior a ella. Simplemente era una persona buena, demasiado buena para ella. Sin embargo, por algún motivo Yongsun la había elegido y le había dado su amor haciéndola infinitamente feliz. No obstante, ella se lo había pagado fallándole de una forma horrible. Desde la epidemia no había pasado un día en el que no hubiera temido ese resultado, en sueños había visto cientos de veces como la princesa la despreciaba y le reprochaba lo ocurrido pero esa vez era real. Notaba sus lágrimas calientes en sus mejillas frías, el palpitar de su corazón en los oídos y un nudo imposible de tragar en la garganta. Aquello estaba pasando de verdad. Finalmente la hechicera consiguió poner voz a la idea que estaba destrozándola por dentro.

-¿Te has sentido así durante todo este tiempo?

-Si.

-¿Todo era mentira?

La joven no entendía porque había mantenido esa farsa durante tanto tiempo si no la amaba.

-No sabía cómo decírtelo. No quería que te sintieras más culpable aún de lo que ya te sentías, supongo que en el fondo me dabas pena. Pero ya no puedo más. Por eso le pedí a mi padre que buscara a un pretendiente, me da igual quién mientras me haga olvidarte.

Aquello hizo que una chispa de rabia se prendiera en el pecho de la chica.

-Prefieres estar con cual quiera antes que conmigo...

Entonces algo invisible inundó la habitación levantando el polvo de las estanterías y haciendo tintinear los numerosos recipientes de cristal llenos de ingredientes que había por todo el lugar. Yongsun trató de mantener en su sitio su cabello que había comenzado a enredarse en la corriente de aire que estaba revolucionando todo a su alrededor. Algunos libros comenzaron a caer de los estantes y se oyó el sonido del vidrio estallando. La joven terminó cerrando los ojos y se encogió temerosa pero al instante sintió unas manos agarrándola con fuerza de los hombros. Al abrir de nuevo los ojos se encontró cara a cara con la hechicera cuya mirada ahora tenía un matiz plateado y era tan intensa que quemaba.

-Byul...

El pánico se abrió camino por su garganta haciendo que le temblase la voz.

Eso hizo por fin parpadear a la muchacha y aquel color extraño en sus iris desapareció.  El miedo de la princesa molestó a la otra.

-¿A qué viene esa cara? ¿De verdad me crees capaz de hacerte daño?

Yongsun no contestó pero su silencio fue más que suficiente. Era un tema del que nunca habían llegado a hablar pero a la princesa le preocupaba el extraño rumbo que había tomado la hechicera con su estudio desde la muerte de su maestro. No solo su magia era diferente, incluso su carácter se había enrarecido y a veces no sabía que esperar de ella.

-Ya veo que no quieres saber más de mí.

La chica dejó caer los brazos y apartó la mirada de la otra. El corazón le dolía como si lo tuviera lleno de agujas. La única persona a la que amaba en el mundo la estaba rechazando, incluso le temía. Ella era toda su familia, su única amiga... Lo era todo para ella y aquella noche la había perdido.

-Siendo así supongo que he de marcharme.

No sabía que sería de ella, su vida estaba en ese castillo y nunca pensó que tendría que irse de allí. Sin embargo, poco importaba ya eso.

-No, espera. No tienes porqué, este es tu hogar y tu trabajo.

Lo último que quería Yongsun era perjudicar aún más a su amada. Ya bastante horrible era lo que le estaba haciendo, no podía hacerle perder toda su vida de la noche a la mañana. Pero entonces le sorprendió una pequeña risa fría y cortante.

-¿Qué? ¿Pretendes que me quede aquí viendo cómo te casas con otro? ¡Claro! ¿Por qué no? Si quieres también puedo ser la dama de honor, seguro que en primera fila no me pierdo ningún detalle. O mejor aún, -soltó una carcajada que resonó en toda la habitación- cuando tengáis hijos puedo ser la niñera. Seguro que se me da bien limpiarles los mocos y besarles las rodillas cuando se hagan daño -hizo una pausa dramática mientras le volvía a lanzar una mirada llena de rabia. -Disculpa si no me agrada la idea.

La hechicera estaba enfadada con razón y Yongsun no sabía que más decir. La chica había esperado rabia por parte de la otra pero aquella frialdad la había impactado.

-Mañana mismo me iré de este lugar para siempre y no me volverás a ver más. Así podrás organizar tu boda sin preocupaciones -respiró hondo y con una dura mirada dio por terminada la conversación. -Vete de aquí, por favor.

La princesa salió de allí con rapidez, dejando salir por fin las lágrimas que tanto le había costado aguantar.