Chapter Text
Ichiro Yamada era un chico de 18 años. Él y sus hermanos menores, Jiro y Saburo, habían sido transferidos al Instituto Aoyama. Honestamente, Ichiro no encontraba utilidad en aquello, pero no había nada que pudiesen hacer para evitarlo.
El primer día había llegado. A Ichiro no le importaba demasiado, ya que él había abandonado un poco sus estudios para dedicarse a ganar dinero y conseguir un nuevo hogar para sus hermanos.
Sabía que estos le tenían como referente, así que decidió asistir a clase al menos las primeras semanas.
-Ichi nii...- Saburo le llamó, y al ver que no respondía, se acercó a su cama y agitó su hombro- Despierta, Ichi-nii. Tenemos que prepararnos.
-Oh, Saburo... -entreabrió sus ojos y bostezó, girándose para encontrar una posición más cómoda.
-¡Ichi-nii! ¡Rápido, o llegaremos tarde!- Saburo dio un tirón a las sábanas para que Ichiro reaccionase.
Ugh, odiaba madrugar. Quizás y solo quizás era culpa suya por leer novelas ligeras y quedarse viendo anime hasta las cuatro de la madrugada. Pero seguía mereciendo la pena.
-Está bien, está bien...- se estiró y se dirigió al baño, preparado para alistarse.
[…]
El manga, la botella de agua, una bolsa de patatas, dinero... Sí, lo tenía todo.
-¡Pero Nii-san, yo tambien quiero llevar eso!- Jiro protestó, enfadado ya que su hermano no le permitía hacer lo que él sí hacía.
-Jiro, tus notas han bajado. ¿No crees que tienes que prestar más atención?
-No me importan mis notas... -soltó una carcajada rebuscando en el cajón.
-¿Intentas ser guay, o algo?- escupió Saburo al ver que lo que había sacado del cajón era un preservativo.
-Tsk... Idiota... Solo llevo lo necesario.— lo guardó en su cartera sonriendo.
-Eres asqueroso. ¿Cómo crees que alguien querría ten—
Jiro le tapó la boca.
-¡Nii-san, estamos listos!
Ichiro les echó un vistazo. Sus hermanos estaban tan monos... Saburo agarraba firmemente ambas asas de su mochila, y Jiro... Uhm, Jiro... Decidió dejarlo ahí. Llevaba la chaqueta del uniforme abierta, y las mangas de los pantalones remangadas, la camisa un poco desabrochada y la corbata por fuera.
Lo había visto arreglarse frente al espejo, así que no dijo nada para no desanimarle.
-¡Esperad, quedáos así!- lo más rápido que pudo, Ichiro desbloqueó su móvil y abrió la cámara. Quería tener al menos una foto de recuerdo.
Saburo gruñó cuando Jiro le puso los cuernos por detrás.
-¡Hecho!- sonrió y guardó el móvil en el bolsillo trasero de su pantalón.
El camino al instituto fue normal. O al menos, lo más normal que podía ser para los tres hermanos Yamada.
Cada dos minutos, Ichiro se encontraba a alguien que conocía. Pero no tenía tiempo de pararse, así que solo saludaba.
Jiro jugaba a su juego de ritmo, y Saburo hacía movimientos bruscos para desconcentrarle, lo cual siempre funcionaba.
-Bueno, Saburo ¿no estás ilusionado? Es tu primer año en el instituto. -Ichiro decidió iniciar una conversación.
-No mucho. Cada año es siempre lo mismo.- respondió con total sinceridad el menor.
Jiro bufó.
-Ya claro, para el superdotado esto no es nada.
-Cállate. No es mi culpa que tú seas tonto.
-¡Silencio!- con eso, Ichiro logró callarles. -¿Y tú, Jiro? ¿Estás emocionado?
-Este año va a ser muy divertido. -comenzó a fantasear.
-Ugh...- susurró Saburo sabiendo lo que se venía.
-Conseguiré muchos amigos, conoceremos chicas... ¡Conseguiré una novia y seré el más popular!
-Sí, sí, pero no descuides tus notas - le recordó Ichiro como si no las hubiera descuidado ya.
Entre discusiones y bromas, llegaron al Instituto. Era un edificio bastante grande. Estaba formado por varios pisos. Desde fuera podían apreciarse la azotea y el interior de algunas clases. Las grandes puertas estaban abiertas de par en par, indicando que se podía entrar.
Todavía quedaban cinco minutos para que las clases empezasen, pero los hermanos entraron al llegar para dirigirse al tablón de alumnos y descubrir las clases a las que cada uno iría a partir de ahora.
No había nadie a su alrededor, puesto que ellos habían entrado en un día normal, y no en el de la ceremonia de apertura.
-¿Así que estoy en la clase 2-C?- preguntó Saburo al aire.
-Y yo en la 4-B...- dijo Jiro.
Por último, Ichiro estaba en la clase 5-E.
-Ichi-nii, ¿podemos acompañarte?- Saburo le miró con ojos de cachorrito.
-Pero mi clase está en el último piso...
-¡Nii-san, entonces acompáñame!- la verdad era que Jiro no tenía ni idea de cómo llegar su clase.
Ichiro suspiró.
-Está bien. Os acompaño.
Jiro y Saburo sonrieron, y abrazaron a Ichiro ilusionados. Cómo no, uno empujando al otro para quitarle espacio.
-Bien.- Ichiro se separó un poco harto, pero feliz de que ellos estuvieran felices.- Primero, a clase de Saburo.
-¿¡Por qué a su clase primero?!- Jiro miró a Ichiro exigiendo respuestas. Saburo le sacó la lengua.
-Es porque está en el primer piso... Queda de camino.
-Es porque me quiere más.- le susurró a Jiro sonriendo y se adelantó.
Jiro gruñó y en un minuto llegaron a la clase 2-B.
-Aquí es.- anunció Ichiro.- ¿Estarás bien?
-¡Claro, Ichi-nii! Puedes irte ya.- tras decir eso, Saburo entró en la clase.
Ichiro suspiró.
-¿Huh? ¿Jiro?- preguntó Ichiro al haberlo perdido de vista.
Se giró y vio a su hermano recostado contra una columna, hablando con una chica. Dudó entre interrumpirle o no, pero al fin y al cabo debía hacerlo.
-Esto... Siento molestar, pero tenemos que irnos.-miró a Jiro como disculpándose.
-Está bien, Nii-san. Hablamos luego.- miró a la chica y le guiñó un ojo.
Ichiro no sabía por qué, pero sentía que había hecho una buena acción por ella.
-¿Tu clase es la...?
-4-B.-contestó
-Ah, sí. Supongo que es por aquí.- se encogió de hombros y subió las escaleras. En el piso al que llegaron se veía gente más mayor, más o menos de la edad de Jiro.
-¿No es esa?- Ichiro señaló a una clase al fondo del pasillo, había alumnos alrededor de la puerta, y otros dentro de clase.
Jiro asintió y sonrió.
-Nos vemos,- le dedicó a Ichiro una pequeña sonrisa y entró al aula.
Ichiro desbloqueó su móvil para ver la hora. Le quedaban unos dos minutos para llegar a su clase, el aula 5-E.
Decidió ponerse en camino y volvió a subir otras escaleras, las que había que usar para llegar al último piso.
Caminó tranquilo hasta llegar a la puerta cuyo letrero ponía 5-E. Pero a diferencia de las clases de sus hermanos, la puerta estaba cerrada. Dudando, golpeó un par de veces la puerta y la abrió, despacio.
El timbre no había sonado, ¿verdad? Caminó lentamente, y avanzó un poco más rápido cuando el profesor le hizo un ademán para pasar.
El hombre se levantó de su silla, la silla del profesor.
-Uhm... Disculpe la tardanza...- Ichiro se inclinó mostrando su arrepentimiento.
-Está bien, el timbre aún no ha sonado.- hizo una pausa.- Eres el alumno nuevo, ¿verdad?
-Oh, sí.
-Preséntate.
Oh mierda. No había pensado en una presentación. Bueno, no era nada del otro mundo, así que solo diría su nombre.
Se giró quedando de cara a los pupitres y miró las caras de sus compañeros.
-Buenos días. Soy Ichiro Yamada...-hizo una ligera pausa.- Este es mi primer día en la Academia Aoyama. A partir de ahora seremos compañeros, así que por favor, ¡llevémonos bien!- acabó la frase en tono enérgico e inclinó su espalda hacia delante mientras pronunciaba la última parte.
Como nadie hacía o decía nada, se giró a ver al profesor. Éste se sentaba tras el escritorio de maestro y le miraba serio.
-Bien, Yamada-san.- habló al fin.- No quedan pupitres vacíos en clase, así que- se levantó.- iré a buscar uno.
Con esas palabras, Ichiro se apartó a un lado torpemente y el hombre salió de clase, cerrando la puerta tras de sí. Como era de esperarse, todos comenzaron a hablar. Honestamente al chico le daba igual si hablaban de él, lo cual era lo más probable, o no. Solamente se quedó allí de pie, a un lado de la clase, quieto y callado.
-Nee- pudo escuchar entre aquel embrollo de voces.- Nee, Ichiro-chan- ¿estaban hablando con él? Wow, eso había sido rápido. Volvió la mirada al frente para localizar a la persona que le llamaba.
-Aquí.- dijo un chico de primera fila.
El corazón de Ichiro dio un brinco. ¿Cuántos años tenía aquel chico? ¿Catorce? Era extraordinariamente adorable. Poseía una complexión pequeña, rasgos finos y rostro infantil. Sus ojos eran grandes, muy grandes y azules. Su piel pálida contrastaba con el rubor en sus mejillas, y su pelo rosa. Sus labios eran brillantes y se tornaban en una sonrisa inocente e ilusionada.
Era hermoso.
Pero Ichiro no era gay.
No lo era, ¿verdad?
“No homo” pensó Ichiro y así lo arregló.
-Oh, hola.- el moreno le miró y habló un poco incómodo.
-¡Hola! Soy Ramuda Amemura. ¡Es un gusto conocerte! Verás, quería advertirte de ese profesor.
-¿Hm? ¿Qué le pasa?
-Pues mira, es nuestro profesor de biología y laboratorio, Jinguji Jakurai. ¡También es nuestro tutor! Pero él....-hizo una pausa dramática.- él... ¡Da miedo! Es muy raro... Empieza las clases 5 minutos antes, sus exámenes son súper dificiles... Y además, si te tiene manía estás perdido. Yo estoy repitiendo curso por su culpa. ¡Me suspendió aposta! Reclamé, pero no funcionó, y aquí estoy
-¿Entonces es de esos profesores con favoritismos?- indagó Ichiro
-Sí, sí- Ramuda asintió efusivamente- Si fuera tú intentaría no llevarle la contraria, entregar sus trabajos a tiempo...- mirando a ningún punto en particular empezó a alzar uno a uno los dedos de su mano derecha, enumerando las cosas que Ichiro debía hacer y las que no.
Ichiro le miraba concentrado, intentando memorizar todo lo que Ramuda decía.
-Gracias, Amemura-san.- le dedicó una sonrisa totalmente espontánea y sincera.
-¡No es nada! Por favor, llámame Ramuda-kun. Mis amigos me llaman así, me gustaría que tú lo hicieses también.- sonrió de vuelta, e Ichiro pensó que aquella sonrisa era la más pura del mundo.
Justo cuando iba a contestar, la puerta se abrió. Al parecer por fin podría sentarse.
Sin dudarlo, Ichiro se acercó y tomó la mesa, que pesaba más de lo que creía.
-Puedes ponerla ahí- el profesor señaló al fondo de la clase, al lado de la ventana. Entonces Ichiro se alegró, porque se sentaba en el lugar donde se sentaban los personajes de anime.
La llevó hasta allí torpemente, y Jakurai le siguió llevando la silla. Ambos colocaron el pupitre en su lugar. Al fin, Ichiro pudo sentarse y colocar sus cosas. El de pelo largo se giró y volvió al encerado con paso taciturno.
Entonces, empezó la clase, sin más.
Ichiro estaba despistado. Intentó tomar notas por los primeros diez minutos, que más bien le parecieron veinte, y luego se rindió.
Recordó que tenía el manga en su mochila, pero no quería arriesgarse a ser pillado por su tutor, sobre todo después de lo que le había contado Ramuda.
¿Qué podía hacer? Además, ni siquiera veía la pizarra desde ahí. El chico que se sentaba delante de él era demasiado alto.
Decidió darle una ligera patada para llamar su atención.
-Oye.- susurró Ichiro.- ¿Puedes agacharte un poco? No veo.
El chico se giró. Su pelo era blanco, peinado hacia atrás, con algunos mechones rebeldes fuera de lugar, descolocados. Llevaba perforaciones. A Ichiro aquello le parecían demasiados pendientes, pero acentuaban el duro aspecto que ofrecía su compañero. Le hacían más guapo. Claramente, aunque esto fue lo primero que a Ichiro le vino a la mente, lo pensó como un cumplido y no como algo homosexual.
La expresión del albino era de dureza. No se mantenía serio, sino que le miraba de forma intensa, penetrándole con la mirada, como si le inspeccionase. Oh Dios. Sus ojos brillaban; eran de un carmesí oscuro, y muy expresivos. Eran preciosos.
-No.- el chico habló y le dedicó una última mirada antes de girarse y darle la espalda de nuevo.
A aquellas alturas Ichiro había olvidado hasta lo que le había preguntado.
Pero volvió a recordarlo unos segundos más tarde, cuando salió de aquel trance. Supuso que era demasiado pedir el hecho de tener que agacharse.
“Bueno” pensó Ichiro, “si no puedo atender a esto haré otras cosas útiles”
-Hey- susurró de nuevo llamando a su compañero.- ¿Puedes pasarme el horario?- volvió a dar golpecitos a su silla para captar su atención.
-¿Quieres callarte?- contestó en tono alto; la clase estaba en silencio y aquello provocó que todas las miradas se centrasen en ellos dos.
-Aohitsugi Samatoki.- llamó el profesor en tono serio.- Tú y tu amigo deberíais salir unos minutos a relajaros.- Ichiro se mordió el labio, maldiciendo a aquel tal Samatoki por tener un carácter tan horrible y no ser buen compañero. Nadie contestó.
-Venga. Fuera, los dos.- les miró intimidante y serio. Ichiro se levantó al instante, y Samatoki lo hizo segundos después, calmadamente y ya acostumbrado a eso. Ambos avanzaron hasta la puerta, Samatoki por delante. Antes de salir, Ichiro le dedicó una mirada de lástima a Ramuda, que le miró de la misma manera.
“De todas formas no pensaba aprobar”
