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Tomó un trago más de su umeshu(1) rebajado con soda.
Algunos de sus compañeros y las demás clases de tercer, lograron meter de contrabando botellas de alcohol a la fiesta de Halloween, sin que los profesores se dieran cuenta —o eso daban d a entender ya que aun no les habían regañado—. Vaciaron en los recipientes donde se encontraba las bebidas que ofrecían.
La academia organizo el evento con el propósito de bajar el estrés que tenían los alumnos de último año por los tramites que necesitaban realizar antes de la graduación, y más los del curso héroes. Aunque faltara un semestre para que acabara el ciclo escolar, ya considerar que agencia elegir al cual querían trabajar, con el fin de hacer varios papeleos que necesitaban lograr ser aceptados en dicha agencia.
Ser héroes no es nada fácil. Y solo es el principio.
Se alejo de todos sus compañeros, hasta de sus amigos más cercanos, encontrándose en una de las esquinas del gimnasio Gamma—que alcanzaron a arreglar en pocas horas antes de que comenzaron , ya que en la mañana la usaron para entrenar—. Estaba tan distraida que no podía mantener una platica con alguien.
Más bien nerviosa. Por ella.
Había pasado tiempo desde la última vez que las dos estuvieran juntas en un ambiente diferente en las que convivan en salón de clases. Desde que se habían separado.
Y sí, separado. Porque nunca se declararon novias, creían que no eran necesario poner nombre a lo que fueron ellas.
Fue decisión suya, y se arrepiente demasiado de ese estúpido error que cometió.
Por lo que hoy, lo iba a aclarar para poder al fin estar juntas de nuevo. Como siempre debió de ser y de la forma correcta.
En eso, llega ella.
El disfraz de diablita que traía esa noche, lucía la esbelta figura que poseía la joven a su corta edad, que causaba que varios ojos curiosos te voltearan a ver, ignorando completamente a su compañía y seguir contemplando a la llamativa chica que acababa de llegar, sin perder en ningún momento cada detalle de ella. El rojo le quedaba tan bien, que por ello solía usarlo frecuente, aunque solo fuera una pequeña parte de tu vestir cuando comenzaron a verse más que amigas, desde que ambas le dieron un significado único y especial en aquella vez que se juraron amarse sin que importaran los demás.
Tiene ganas de llorar.
Su cuerpo se paraliza pero siente que no podrá retener las lágrimas que desean salir amargamente.
¿Que hace ella sosteniendo su mano?
Llegó junto a Kendou, la chica de la clase B, con quien había dicho que actuaba raro las últimas veces en las que se encontraba, pensando que tenía algo en contra de Yaoyorozu.
Se equivocó.
Ahora lo entiende, ella también se había enamorada. Lo ve en su mirada cada vez que se veían, lo sabía porque ella hacía lo mismo.
Solo puede ver a la distancia, sentada en aquella esquina, sin poder apartar la vista de la pelinegra mientras que su corazón se este agitando.
Más bien, ella está agitada.
De un trago, termino su bebida, aunque llevaba un rato que se sirvió.
Pensaba que esa sonrisa era sólo para ella. Pero ya no.
Se sostiene la cabeza y cierra los ojos, siente un vértigo. No fue buena idea tomar alcohol demasiado rápido con el estado que se encuentra, sin embargo, quería seguir tomando hasta esa desagradable sensación de vaya.
Aparecen recuerdos de ellas dos invaden a su mente, oprimiendo aún más su corazón.
Cuando se reunían a escondidas dentro de la habitación de la mayor a besarse, que le llegaron a siempre robar el aire de sus pulmones. Que le robaba un pedazo de su alma, que se desprendía de su cuerpo con cada caricia.
Siente un sensación horrible en su espalda. Como un latigazo.
Itsuka paso su brazo por la espalda de Momo para abrazar su cintura, causando que el rojo adornara su rostro, especialmente en la suaves mejillas y pómulos, viéndote linda con tu expresión.
¿Ella es tu tipo?
Fue una idiota. Por pensar que podía recuperar en cualquier momento lo que antes compartieron en secreto.
Que equivocada estaba.
Tiene que soportar verlas juntas, la forma como en la anhelaba estar con la pelinegra. Su papel era reemplazado con Kendou y que ahora es una espectadora.
Viendo como alguien más vive su vida.
Pero nada se compara al dolor que sintió en su cuerpo que mirar aquella escena que fue la última gota que lleno el vaso y la terminará devastándola por completo.
Se habían besado.
Creía que era única en probar esos exquisitos labios. Pero ya no.
Ya no podía observar o se iba a romper en ese misma esquina en la que nunca se apartó en toda la fiesta. Cruzó por todo el gimnasio y evitando a sus amigos, no quería que nadie la viera en su estado, estaban disfrutando de la velada y ella no los molestaría por los errores que cometió.
Antes de salir, y por primera vez en toda la noche que esos ojos oscuros, que tanto amo, se dirigieron hacia su persona.
Con dificultad pero aun así logro formar una pequeña sonrisa para regalarle como despedida definitiva. Pero gracias a su máscara—que sólo le cubría la mitad de la cara, parecida a la del fantasma de la ópera en la cual consistía al disfraz que usaba— ocultaba a la lágrima traicionera que caía de su mejilla.
A Yaoyorozu no le tomó tiempo girarse a ver a la pelinaranja con ternura, que alguna vez le fue dirigida a ella.
Sonrió triste.
Tenía tantas ganas de que todo fuera como antes pero sabía que ya había perdido y debe retirarse para no seguir mintiendo a su pobre corazón.
Tenía que despedir a aquel lindo recuerdo que se convertirá en eso. En un recuerdo.
En el recuerdo que fue su punto de quiebre.
