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El día más feliz, la hora más feliz

Summary:

Durante el Festival Escolar, la única cosa que quiere Poe es pasar tiempo a solas con Ranpo. No es tan simple como parece, en especial cuando el peor enemigo de Poe es él mismo.

Notes:

Las últimas cosas que escribí sobre BSD incluían demasiadas lágrimas y sufrimiento, así que decidí que necesitaba un cambio hacia algo más dulce y que alegrara el corazón. Ranpo y Poe no reciben demasiado reconocimiento, y la verdad es que su relación es de lo más bonita, se lo merecen todo.

La historia es un AU en donde ambos están en la escuela, así que realmente no tiene spoilers de la serie y/o el manga, puede leerse libremente, lo único que tomo de referencia además de sus personalidades son algunas relaciones con los personajes secundarios que aparecen en la historia.

Por si a alguien le resulta vagamente familiar el nombre, lo tomé de uno de los cuentos de Edgar Allan Poe ♥ (gracias BSD por ayudarme con los títulos!)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Para el Festival Escolar, su salón tiene que montar una cafetería. Poe estaba algo dormido durante el momento de las votaciones, así que no recuerda con exactitud cómo llegaron a la conclusión que la cafetería era la mejor idea de todas. Él sólo tiene claro que así sucedió y que no le queda de otra que remar contra las circunstancias, por peculiares que sean.

Como suele suceder cada vez que su salón tiene que organizarse, el liderazgo recae en Kunikida, es una especie de acuerdo tácito y uno de los efectos secundarios de ser el presidente de la clase. Kunikida se encarga de repartir los roles para cada uno y es Yosano quien presiona a todos para que hagan su trabajo. Ella también es perfecta para ese puesto, pues Poe está convencido que todavía no ha nacido la persona que pueda contradecirla y vivir para contarlo. Para el montaje, ocupan todo el gimnasio de baloncesto, tienen que firmar un montón de permisos y acosar a unos cuantos profesores, conseguir manteles y comprar telas para los uniformes. El salón de tercer curso no descansa, algunos pasan la noche del jueves sin dormir, pero para la mañana del viernes la fachada de la cafetería es preciosa.

Poe se siente un poquito culpable cuando se aproxima, aquel viernes tan soleado, a la cafetería. Las culpas lo aquejan en especial cuando observa las ojeras en algunos de sus compañeros en cuanto llega. Su función no consistió en nada físico, así que no tuvo que cargar con mesas o sillas; tampoco tuvo que perseguir profesores para obtener permisos. Ni siquiera tuvo que ayudar a confeccionar los uniformes. El trabajo de Poe fue el menú. Todavía no está seguro si lo escogieron así porque creen que le pondría mucho empeño o simplemente para evitar que hiciera un desastre en cualquier otro papel.

El tema de la cafetería es gótico. La idea fue de Dazai, quien obtuvo la mayoría de votos, contra el desagrado de Kunikida, quien prefería un tema menos “problemático”. Aunque usualmente está de acuerdo con Kunikida, en esta ocasión Poe tiene que admitir que la decoración gótica, junto con las luces, le dan un aspecto fantasmal a la cafetería. De pronto, le da la sensación que es un ambiente en el que cualquier cosa puede suceder.

—¿De verdad trajiste a tu bicho? —Nakahara es quien le da la bienvenida, con su habitual ceño fruncido. A Poe le parece que siempre tiene la misma expresión de enfado. Usualmente no le presta atención, pero ahora resulta algo intimidante porque tiene la vista fija en el bolso donde lleva a Karl. Su mascota suele acompañarlo a todos lados y, hasta ahora, nunca le ha dado problemas. Así que no ve por qué tendría que haberlo dejado en casa. Pero los labios fruncidos de Nakahara le hacen pensar lo contrario—. Si llega a comerse algo del menú, serás el único responsable.

—Karl se porta bien —refuta, pero le resulta intimidante plantarle cara a Nakahara. Si mira la situación desde fuera, sabe que es un poco ridículo. Él le saca un par de centímetros a Nakahara y su compañero luce un tanto cómico con aquella ropa negra, demasiado entallada a su cuerpo y con ese delantal de encaje. Sin embargo, hay algo feroz en la mirada de Nakahara que lo hace carraspear antes de continuar—, te aseguro que no dará problema alguno.

El ceño fruncido de Nakahara, más el movimiento de Karl en su bolso de viaje, casi le hacen olvidar que, si llegó una hora antes de su turno en la cafetería, es por una razón en particular. Poe no puede permitir que la expresión irritada de su compañero lo detenga.  

Karl levanta el hocico por la ranura de la bolsa y olfatea, una y otra vez, el ambiente. Está seguro que él también detecta que el aroma de Nakahara significa problemas.

—¡Chuuya! No puedes poner esa cara de esperpento para nuestros clientes, ¿por qué no practicas a ser amable con Poe-kun? —Dazai avanza a grandes zancadas hacia Nakahara, surgiendo de pronto como un ángel salvador. El recién llegado coloca las manos sobre los hombros de Nakahara, quien se retuerce hasta librarse de su agarre. Dazai también luce exactamente el mismo uniforme, la única diferencia es que no lleva el delantal puesto. O tal vez, no lo usará a propósito, pues Dazai es el tipo de persona que se divierte llevándole la contraria a todas las reglas que se le pongan por delante.

—¿Quieres callarte antes que te dé una paliza? —el puño de Nakahara agitándose en el aire no deja lugar a dudas que habla en serio. Poe tiene ganas de huir de allí, pero el roce frío de la nariz de Karl contra la palma de su mano lo devuelve a la realidad. Inspira hondo, como si quisiera succionar hasta el último atisbo de valentía que hay a su alrededor.

—¿Pueden… pueden decirme dónde está Ranpo-kun? —la pregunta se le desliza de la lengua con un tono demasiado infantil para su gusto. Poe siente cómo el calor le prende la piel, sonrojándole las mejillas y subiéndole hasta las orejas. Lo peor de todo no es que Nakahara lo mire como si estuviera hablando en una lengua antigua, sino la risita desvergonzada de Dazai, quien se ríe con un brillo maligno en la mirada. Poe está expuesto, con una herida que supura desde lo más hondo de su corazón, pero se consuela pensando que cualquier humillación es suficiente si obtiene una respuesta clara.

—Ranpo-san está en la trastienda. Creo que al final no lo dejarán tomar los pedidos de los clientes, Kunikida-kun se dio cuenta que no es buena idea que esté tocando la mercancía —Dazai sigue riéndose, mientras extiende un brazo, señalando hacia el final del gimnasio. Hay una puerta negra, que con la iluminación parece demasiado siniestra, y que lleva hacia la trastienda. Poe sabe que allí están el resto de sus compañeros, pues los que no serán meseros, estarán preparando los pedidos o, en su defecto, lavando los trastes.

Si las palabras de Dazai son ciertas, no hay que ser un gran genio para deducir cuál de las dos cosas estará haciendo Ranpo. El trabajo de Poe, tal como le pidió Kunikida esta mañana, es servir las bandejas de dulces.

Mientras camina hacia la puerta, escuchando a sus espaldas la risa de Dazai y los murmullos de Nakahara, se consuela pensando que al menos Ranpo y él estarán compartiendo el mismo espacio.

 

**

 

Poe tan sólo ve a Ranpo durante un par de minutos. El tiempo que tarda Kunikida en detectar a Karl en su bolso de viaje. Hace tanto escándalo que Yosano tiene que intervenir, diciéndole que espantará a los clientes y que los profesores se preguntarán qué está pasando en la trastienda de la cafetería. Poe no tiene más remedio que llamar a Lucy, una medida desesperada, para pedirle que venga por su mascota.

No se atreve a decir que Lucy es su “mejor amiga”, pero como también es extranjera, fue inevitable que Fukuzawa-sensei le pidiera su ayuda. Lucy se convirtió en su sombra durante las primeras semanas que fue transferida a la preparatoria. Ahora también pasan mucho tiempo juntos y, como es lógico, Karl también se siente cómodo en su presencia. Karl olisquea el regazo de Lucy, es tan incapaz de estarse quieto y Poe comprende que Kunikida tuvo toda la razón en echarlo fuera de la trastienda.

—Pero, ¿cómo puede alguien pensar en maltratarte? —Lucy le rasca la barbilla a Karl, quien chilla, probablemente está muy emocionado de recibir tanta atención cuando, minutos antes, todavía estaba en el fondo del bolso de viaje. Poe se avergüenza con todo el rostro, hasta la punta de las orejas, cuando recuerda la expresión enfadada de Kunikida. Si lo piensa bien, tiene suerte que Kunikida no lo echara del todo de la cafetería.

—Kunikida-kun pensó que podría dar problemas al estar tan cerca de los postres. —Poe se encoge de hombros, encorvándose ligeramente sobre el asiento. Tanto él como Lucy están en una de las mesas de la cafetería, en una esquina bastante cerca de la entrada. Es el espacio libre más lejos de Kunikida y la trastienda que pudo encontrar. A su alrededor, lo único que se escucha es el murmullo del resto de los asistentes y las pisadas de sus compañeros, moviéndose con rapidez para tomar los pedidos. Hace unos minutos atrás, cuando Dazai se acercó a la mesa para tomarles el pedido, Poe estaba tan alterado que sólo ordenó un té de jazmín.

—Aquí está, un té de jazmín para Poe-kun y una tartaleta de frutas para nuestra Romeo pelirroja. Y como soy una buena persona, también traje galletas para Karl —cuando Dazai llega con la bandeja, Karl olisquea el aire, removiéndose en el regazo de Lucy. Parece estar muy de acuerdo con la decisión de Dazai, pues luce impaciente por hacerse con esas galletas. Dazai también les rellena ambos vasos con agua, Poe no tiene idea cómo balancea la bandeja y además la jarra que tiene en la mano— ¿Sabes, Poe-kun? Te mandan muchos saludos.

Poe agradece no tener la taza entre las manos, pues siente la boca seca en cuanto escucha semejante cosa. Dazai se despide con un guiño, el brillo en su mirada es tan malicioso que no hay duda de sus intenciones. A Poe no le queda más remedio que encogerse más en el asiento, mientras observa cómo Lucy acerca una de las galletas al hocico de Karl. Se concentra por un instante en el mordisqueo de su mascota, devorando la galleta en cuestión de segundos, para no pensar en el ardor de sus mejillas.

Lo peor de todo es la expresión de Lucy. Su amiga también está sonriendo con ese gesto de altanería que le crispa los nervios. Ella no está diciendo absolutamente nada, pero Poe no duda ni por un segundo que se está burlando de él. En un intento desesperado por mantener la dignidad perdida, se abalanza sobre la taza de té, dando un sorbo a pesar que el líquido le queme la punta de la lengua. No le importa, ni siquiera hace aspavientos a pesar que le escuece la boca, y sigue bebiendo como si nada estuviera pasando.

—Si sigues bebiendo así vas a quemarte los labios… —sentencia Lucy, quien saca de la cartera un paquete de paños húmedos, para limpiarse las manos. Karl sigue igual de entretenido con el resto de las galletas, así que ella puede empezar a comer su tartaleta de frutas. Pero, a traición, lanza una última flecha antes de comenzar su postre—… y no creo que así puedas besar a Ranpo-san.

Poe tiene que dejar la taza sobre la mesa otra vez, dando gracias que sus manos temblorosas no convierten todo en una tragedia. Lucy continúa feliz, con la mirada radiante, mientras se deleita con cada bocado de la tartaleta de frutas. Mientras tanto, Poe se pregunta cómo quedó atrapado en esta amistad en que es sistemáticamente humillado, sin previo aviso. Cada vez que se queja en voz alta, Lucy tiene el descaro de decirle que lo hace por su bien, porque de lo contrario jamás será capaz de confesar sus sentimientos.

Lo peor, lo absolutamente más devastador de toda esa situación, es que Poe sabe que Lucy tiene toda la razón. Ni sacudiéndole los cimientos de tanto en tanto, Lucy ha conseguido que Poe se contagie de algo de su valentía. A veces, le gustaría ser una persona diferente, mucho más empoderada y segura de sí misma. Más como Lucy y menos como él mismo.

—No sé si… no sé si pueda hacer algo como eso, Lucy… —suspira, con un hilo de voz, mirando hasta el fondo de su taza de té, donde todavía se ven algunas hojas de jazmín. Está considerando seriamente tomar la taza e ir hasta aquel puesto de lectura de la fortuna que vio en el patio del colegio.

—No sabes si vas a seguir en Yokohama el próximo curso escolar. ¿No es eso lo que dijiste cuando me llamaste en mitad de la noche estos días? Estaba estudiando mis diálogos y aún así me tomé como una hora para calmarte… —Lucy frunce el ceño, señalándolo con la cuchara que tiene en la mano. Para Poe es como si le hubiera dado un latigazo instantáneo de culpa. Para su suerte, Lucy relaja la expresión, esta vez curva los labios en una sonrisa—. Ranpo-san es una persona muy extraña, pero yo creo que, si disfruta siempre de tu compañía, será por algo.

Las palabras de Lucy son como un bálsamo para los nervios, cuando Poe alza la vista, no se fija en su amiga. Sus ojos viajan un poco más allá, hacia el final de la cafetería, fijándose en la puerta que lleva a la trastienda. Siente un cosquilleo que le nace en la boca del estómago y le va subiendo por el pecho, terminando en la punta de la nariz. De pronto, Poe encuentra la valentía que tanto necesita.

—Anda, yo cuidaré de Karl. Tras bambalinas habrá muchas manos dispuestas a mimarlo. Nos vemos después.

 

**

 

—¡Kunikida-kun es la peor persona que conozco! ¡Lo odio! —Ranpo lleva diciendo frases parecidas los últimos minutos, pero incluso con el ceño fruncido y la expresión adolorida, luce guapo. Poe carraspea, como si quisiera espantar sus propios pensamientos, que amenazan con volverlo loco.

Ranpo está sentado en la trastienda, sobre un cubo que, según le dice, estaba lleno de chucherías. Él fue de los primeros en decir que no iba a ser mesero porque no tenía paciencia para lidiar con la gente y, aunque Kunikida estuvo de acuerdo, tampoco le ha permitido tocar nada de la mercancía. En lugar de acercarse a los dulces, Ranpo está haciendo labores de limpieza. Pero, por supuesto, lo está haciendo a su manera y protestando cada vez que puede.

—Estoy seguro que Yosano-san te dejará algunos dulces. Dudo mucho que se acaben todo de la bodega, compraron muchísimo…

—¡Compraron para un ejército! Lo sé porque tuve que supervisar todas las compras, hasta me ofrecí a ir con Dazai y Nakahara, ¡pero Kunikida no me dejó! ¿Ya te dije que es la peor persona que conozco? —Ranpo ni siquiera lo deja terminar, interrumpiéndolo y dando un pisotón en el suelo. Está sosteniendo una escoba entre las manos, pero desde que Poe llegó a hacerle algo de compañía, no lo ha visto utilizarla ni una sola vez.

Quizás está aguardando que Kunikida entre en la trastienda para amenazarlo con la escoba y obtener unos cuantos dulces a cambio. Poe sabe que Ranpo es completamente capaz de una cosa así, pues es eso lo que más admira de él. Sin importar las circunstancias, Ranpo siempre está dispuesto a obtener lo que quiere. Si Poe tuviera al menos una fracción de su valentía y decisión, quizás ahora no tendría un nudo en la garganta.

—Si quieres puedo pedir un trozo de tarta para mí y compartirla contigo… —insiste Poe, mientras observa a Ranpo de reojo.

—¿En serio? —la reacción de Ranpo es automática, pues se inclina hacia él muy rápido. Poe se sobresalta, pero hace su mejor esfuerzo por disimularlo. Es muy difícil, pues Ranpo está realmente cerca y le brillan los ojos. Son verdes. Dos gemas que amenazan con hipnotizarlo si no quita la vista pronto. Por suerte, la expresión entusiasmada de Ranpo se apaga pronto, encorvándose y abrazándose a la escoba como si de una persona se tratase—. Pero Kunikida-kun sabría que la tarta es para mí, estoy seguro. ¡Es muy listo!

Poe se humedece los labios, pues sabe que no hay forma de refutar. Kunikida no sólo es listo, sino que siempre está atento. Puede escucharlo, un par de metros más allá, dando instrucciones para despachar todos los pedidos. Le sorprende que todavía no le llame la atención, por estar en la trastienda sin hacer nada de provecho. O tal vez es porque está confiando en que pueda distraer a Ranpo lo suficiente. Se sonroja de sólo pensar en aquella posibilidad.

—Poe-kun, ¿te sientes bien? —la pregunta de Ranpo, en lugar de tranquilizarlo, consigue justo el efecto contrario. Poe niega rápido con la cabeza, pero luego se da cuenta que con ese gesto parece estar confirmando las sospechas de Ranpo, así que se interrumpe y comienza a asentir lo más intenso que puede. Ranpo parpadea, probablemente confundido por sus movimientos tan erráticos. Poe traga en seco, sin estar muy seguro de qué hacer.

—Estoy… estoy bien.

La respuesta no es ni tan enfática ni tan convincente como le gustaría, y la expresión tan pensativa de Ranpo le encoge el estómago. Ranpo se lleva una mano a la barbilla, mientras empieza a mirar a su alrededor. Lo único que lo consuela en este momento es que Ranpo da un par de pasos hacia atrás, para mirar con más libertad, y con este simple movimiento, la trastienda se siente mucho más amplia que antes, incluso más iluminada. Poe recupera su espacio personal y siente que puede respirar tranquilo una vez más.

O eso cree, porque Ranpo lo toma de la muñeca, tirando de él hasta hacerlo tambalearse. Poe afirma los pies en el piso lo mejor que puede, con su equilibrio pendiendo de un hilo, lo mismo que su cordura, porque sigue mirando la mano de Ranpo presionándole la piel. Separa los labios, pero ningún sonido le brota de la garganta. Como en las comedias románticas, esas novelas rosas que a veces ha leído para entretenerse, está totalmente paralizado.

—¡Genial! ¡Entonces puedes venir conmigo! —exclama Ranpo. Lo siguiente que escucha Poe es el sonido seco de la escoba cayendo al suelo. Quiere preguntarle adónde, pero sabe que es inútil, pues cuando Ranpo tira de él, Poe no pone resistencia alguna. No tiene más remedio que rendirse a las circunstancias y ser arrastrado, siguiendo la voluntad de Ranpo.

Ranpo es rápido y, sorprendentemente, bastante fuerte a pesar de su complexión menudita. Siempre es el último en la clase de deportes, quien hace gala de su labia para saltarse algunas clases cuando no tiene ganas de ejercitarse. O tal vez Poe lo está imaginando todo y no es que Ranpo sea fuerte, sino que simplemente él está dispuesto a seguirlo adonde quiera.

—¿Pero adónde creen que vas? ¡Ranpo-san! ¡Vuelve aquí! —para cuando escucha la voz de Kunikida, ya están llegando a la puerta de la trastienda. Poe no entiende todavía hacia dónde se dirigen, y tampoco se atreve a voltear. Teme que Kunikida les esté pisando los talones. Toma una bocanada de aire cuando traspasan la puerta, pero Ranpo no se detiene allí sino que sigue avanzando por toda la parte frontal de la cafetería.

Poe contiene la respiración en cuanto observa cómo Ranpo se mueve entre las mesas y los camareros, mientras continúa escuchando la voz de Kunikida. Alcanza a distinguir, o al menos eso cree, la silueta de Nakahara mientras se abren paso en medio de la cafetería. A esas alturas, ya entiende que el plan de Ranpo es salir de allí.

—¡Detente en este mismo momento!

—¡Nos vemos luego, Kunikida-kun!

 

**

 

—¿Cómo no trajiste una yukata? ¡Es la tradición! Así vas a parecer un turista, Poe-kun.

Poe apenas puede procesar las palabras de Ranpo cuando lo ve salir del baño en aquella yukata verde, radiante como la primera brisa veraniega. Está sonriendo, revolotea a su alrededor como una mariposa, mientras que a él se le corta la respiración. Aprieta los labios, sintiendo el cosquilleo en la punta de las mejillas, no sabe cómo explicarle que no tuvo tiempo de conseguir una nueva. Cuando revisó la yukata que tenía, un par de días atrás, se dio cuenta que estaba deshilachada y no tuvo tiempo para mandarla a reparar o comprar una nueva.

Ahora se arrepiente, pues no sólo se siente ridículo caminando junto a Ranpo, sino que además es consciente que debe verse como un impresentable. La belleza de Ranpo destaca sobre la multitud, dejando una estela que le causa escalofríos y un temblor en las rodillas.

—La mía… la mía no era tan bonita como la tuya. Además, estaba estropeada. No me dio tiempo de comprar otra —se excusa en un balbuceo inconexo, mientras continúan avanzando en medio de los demás asistentes al festival.

Están en el patio central del instituto, que está atiborrado de puestos de manualidades, juegos, actividades y también de comida, para los que estén saturados de la cafetería que su salón montó en el gimnasio. El olor a teppanyaki le hace cosquillas en la nariz, pero Poe no se detiene en ninguno de los puestos que llaman su atención, pues se dedica a seguir los pasos de Ranpo, quien marca el camino.

—Estaba pensando si podría llevarle algo a Kyouka-chan, pero no estoy seguro de qué. ¿Tú qué opinas? —comenta Ranpo, deteniéndose justo frente a un puesto de kingyo sukui. Poe carraspea en cuanto observa la piscina llena de peces de distintos colores que se mueven apresuradamente en círculos. El año pasado, cuando llevaba tan sólo unas semanas en Japón, fue con su familia a un festival en donde tenían varios puestos como aquel. Como siempre le sucede cuando sale con sus padres, quienes son diplomáticos, la atención suele recaer inevitablemente en su familia. Así que acabó cediendo cuando el dueño del puesto le obsequió una de las redes de papel, mientras le decía que podía tratar de capturar uno. Por supuesto, entre los nervios y su pésima coordinación motora, la pesca fue un absoluto desastre.

Siente una picazón en el antebrazo, presa de los nervios, mientras recuerda aquel incidente tan bochornoso. Ranpo continúa examinando el puesto, hay una fila de unos cinco niños, que aparentan diferentes edades, esperando con impaciencia su turno. Hay dos que están hacia el final de la fila que no han dejado de pelearse desde que Poe los está mirando. Aunque sigue dispuesto a acompañar a Ranpo donde sea, una parte de él preferiría que estuviesen solos y no rodeados de mocosos escandalosos que parecen dispuestos a armar una revuelta en cualquier momento.

—Creo que Kyouka-chan no es tan aficionada a los peces… —se atreve a opinar, con algo de conocimiento de causa, pues lleva conociendo a la pequeña Kyouka casi el mismo tiempo que lleva de conocer a Ranpo. La niña es parte de la familia de Ranpo, él se refiere a Kyouka como su prima, pero Poe sabe que ese no es estrictamente su parentesco, pero los padres de Ranpo la acogieron desde que los suyos fallecieron en un accidente. Poe nunca se interesó por saber ese tipo de detalles escabrosos, pues para caer rendido a los pies de Kyouka sólo hizo falta que la niña le dijera, el día que se conocieron, que le gustaba el tofu y los conejitos.

—¡Tienes razón! Ella es más de conejos… —Ranpo truena los dedos y, antes que Poe pueda darse cuenta, está siendo arrastrado una vez más.

No llegan muy lejos, pues Ranpo se detiene abruptamente frente a un puesto de máscaras. Poe se muerde el labio inferior cuando inspecciona la mercancía, pues hay algunas máscaras que a él le parecen bastante tétricas y empieza a preguntarse cuál será el público objetivo de aquel sitio. Pero Ranpo no parece estar pensando lo mismo, pues revisa minuciosamente todas las máscaras que hay a su alrededor hasta que por fin parece decidirse por una.

Cuando la toma entre las manos, Poe puede observarla mucho mejor. Es de color blanco y sí que tiene forma de conejo, tiene una de las orejas caídas y eso lo hace ver un poco más infantil. Le parece que Kyouka aceptará el regalo con tan sólo echarle un vistazo.

—Estoy seguro que a Kyouka-chan le gustará.

Ranpo le sonríe, los ojos le brillan y, una vez más, Poe es consciente de lo cerca que están. Si se inclina lo suficiente, podría darle un beso. Sólo tiene que atreverse, flexionar las rodillas para alcanzar los labios de Ranpo. ¿Qué es lo peor que podría pasar? Decenas de respuestas, cada cual más aterradora, cruzan por su cabeza como una ráfaga de mal augurio. Ranpo y él siempre han tenido una buena relación. A pesar de sus excentricidades, y que las primeras semanas pensaba que Ranpo estaba constantemente burlándose de él, Poe siempre se sintió atraído hacia su compañero de clase. Lleva dos semestres sintiendo el mismo burbujeo en el pecho cada vez que lo ve, en cada clase que comparten o cuando se sientan juntos a la hora del almuerzo. Siempre gravita alrededor de Ranpo, sin importar las circunstancias y ni siquiera se esfuerza en disimular. Es por ello que tanto Lucy, quien es su amiga, como sus compañeros más perspicaces, como Dazai, se burlan de él con tanta facilidad.

Poe ama a Ranpo con toda la intensidad del primer amor, ese del que escuchó cuando era niño en todas las historias que sus padres le contaban antes de dormir. Una fuerza poderosa que puede vencer cualquier obstáculo. Lo que nunca le dijeron sus padres, es que el amor puede vencer cualquier obstáculo externo, pero es menos infalible cuando se trata de obstáculos que están en nuestro interior. Porque, aunque Poe esté seguro de sus sentimientos y de lo que quiere, es difícil vencer a sus propios miedos en batalla.

—¿Tú no quieres una máscara, Poe-kun? —la pregunta de Ranpo lo saca de balance, centrándose en los ojos verdes que lo miran fijamente. Poe está abrumado por la cercanía y, además, ahora sabe que Ranpo le está prestando atención a él. Que lo mira a los ojos y no está pensando en darle un regalo a Kyouka, sino a él. De pronto, ya no tiene aire en los pulmones y siente el estómago vacío, las rodillas le flaquean, pero la sonrisa desprendida de Ranpo consigue mantenerlo cuerdo.

—No sé… no sé si…

—¡Porque mira lo que encontré! —Poe no termina la frase, pues Ranpo coloca una máscara frente a él. Es un gesto rápido que lo salva del colapso, pues la máscara actúa como un escudo entre los dos y Poe recupera la respiración al mismo tiempo que el espacio personal. Toma la máscara que Ranpo le ofrece y tarda un instante en darse cuenta por qué la escogió para él.

La máscara tiene forma de mapache.

Cuando sus miradas se encuentran de nuevo, Ranpo está riéndose. Es el mismo sonido burlón que Poe tanto había temido al principio, cuando todavía no se conocían bien, pensando que se trataba de una broma de mal gusto. Ahora ya sabe que Ranpo no se está burlando de él, que esa es simplemente su manera de ser. Poe sonríe, sosteniendo con fuerza la máscara y llevándola contra su pecho.

—Creo que la llevaré.

 

**

 

Poe llega justo a tiempo al gimnasio de voleibol, que han habilitado como tarima para la obra de teatro, para recoger a Karl. Faltan unos cinco minutos para que inicie la obra y Poe tiene guardados dos espacios en la segunda fila, cortesía de Lucy. Se humedece los labios, mordiéndolos con nerviosismo, mientras piensa que quizás Ranpo no quiere quedarse a la obra. Está seguro que dura más de una hora, es una representación de Romeo y Julieta. Él sí está obligado moralmente a quedarse, pues Lucy tiene uno de los papeles principales. Cuando se gira de nuevo, buscando a Ranpo con la mirada, se le encoge el estómago al notar que no está a su alrededor. Karl se remueve en el bolso, disparando sus nervios, porque si empieza a hacer escándalo, su mascota llamará demasiado la atención y casi todas las filas del gimnasio están llenas.

—¡Poe-kun!

Se sobresalta al escuchar su nombre y cuando se gira, guiándose por la dirección del sonido, encuentra a Ranpo sentado tranquilamente en la segunda fila. Agita la mano, como si eso fuera necesario para que Poe le entregue toda su atención. Observa cómo las personas que están a su alrededor están cuchicheando y con el ceño fruncido, seguramente incómodas por semejante espectáculo. Pero Ranpo no parece darse por aludido, pues sigue agitando los brazos, llamándolo a viva voz, como si nada más importara.

A él no le queda más remedio que acercarse lentamente hacia la segunda fila. El asiento junto a Ranpo está libre, así que toma asiento lo más rápido que puede, con la espalda demasiado recta y el bolso que transporta a Karl entre las piernas. Su mascota no pierde tiempo y salta en su regazo en cuestión de segundos. La nariz fría de Karl rozándole el dorso de la mano consigue calmarlo, olvidar por un instante que Ranpo está sentado cómodamente a su lado.

—Gin-chan fue muy amable, dijo que eran nuestros asientos —sonríe, mientras se acomoda los lentes contra el puente de la nariz. En cuanto menciona a Gin, se imagina a Lucy pidiéndoles a sus amigas que le reserven dos asientos y riéndose a su costa. Poe no puede evitar que la vergüenza se le note en la cara, pero para su fortuna bajan las luces, así que ya no tiene que preocuparse por lo obvio que se ve.

En cuanto Lucy sale a escena, recuerda que él mismo la acompañó a comprar las botas negras que luce en su disfraz de Romeo. Recuerda perfectamente cuánto se quejó su amiga de haber obtenido el papel masculino, porque ella se moría por llevar un vestido de época para encarnar a Julieta. Pero cuando la ve moverse por el escenario con una espada, recitando sus diálogos, está de acuerdo con Ozaki-sensei, la directora de la obra. Lucy es perfecta como Romeo.

—Lucy es muy buena… —se atreve a decir, incapaz de quitar la mirada de su amiga.

—Atsushi-kun tampoco lo hace tan mal. Aunque no lo envidio, el pobre apenas puede moverse con ese vestido —Ranpo se ríe al final de la frase, divertido con el pobre Nakajima, que está haciendo un esfuerzo por decir sus diálogos y moverse en aquel enorme vestido blanco. Cuando lo ve caminar por el escenario, recuerda que nunca le preguntó a Lucy si, además de disfrazarse como Julieta, Nakajima estaba obligado a llevar corsé.

Lucy y Nakajima se llevan todos los aplausos en cada escena que salen. Poe también está tan concentrado en la trama, que se olvida por unos segundos que Ranpo está a su lado. Los bigotes de Karl le hacen cosquillas en las manos, mientras la risa de Ranpo le acaricia los oídos.

Ranpo murmura algo que se pierde entre el resto de los aplausos, pero Poe no alcanza a preguntarle qué es. El mundo se detiene de pronto, cuando Ranpo reposa la mejilla sobre su hombro. Poe se queda paralizado, creyendo que lo imagina. Pero cuando la mano de Ranpo busca la suya, su corazón explota, anunciándole que no es un sueño.

Poe se queda quieto, siendo demasiado consciente del calor que emana de ambas manos, rozándose con cuidado. Karl también contribuye, paseando la cola por encima, haciéndole cosquillas en la piel. Poe cierra los ojos, olvidándose de los aplausos, de los actores, y se concentra en su propia respiración, en la cercanía de Ranpo. En este momento, se siente la persona más afortunada de Yokohama. Está seguro que en cuanto se lo cuente a Lucy, su amiga se burlará de él, diciendo que se conforma con muy poco.

Pero él no está de acuerdo.

No se conforma con poco, tan sólo disfruta del momento.

Cuando la obra termina, él y Ranpo son de los últimos en desocupar el gimnasio. Se mueven en silencio, comunicándose tan sólo con gestos, todavía con ambas manos entrelazadas. Poe se acomoda el bolso de Karl en el hombro izquierdo. Por el poco movimiento, intuye que su mascota puede estar dormitando en este momento. Salen del gimnasio y Poe comprueba que ya es de noche, de pronto el cansancio le hace cosquillas en todo el cuerpo. La gente no deja de moverse, así que ellos avanzan también, abriéndose paso con lentitud como si tuvieran todo el tiempo a su favor.

—Falta poco para los fuegos artificiales —comenta Ranpo, fijándose en el reloj de muñeca que lleva en la mano derecha. Se humedece los labios con un gesto pensativo, antes de dirigirse a él de nuevo—. ¿Vienes conmigo a verlos, Poe-kun?

La pregunta es tan espontánea, que a Poe le toma un instante recordar que sí, se supone que al final del festival habrá fuegos artificiales. Recuerda que Kunikida no estuvo de acuerdo con semejante decisión, pero de nuevo las ideas de Dazai tuvieron mucha aceptación entre el resto de sus compañeros. Poe sonríe, sabiendo que no puede negarse. La cercanía de Ranpo envuelve todo y en este momento está completamente a su merced.

—Iría adonde tú me digas, Ranpo-kun —confiesa, sin ninguna doble intención. Se siente liviano, ni siquiera el peso muerto de Karl a su costado izquierdo le molesta. Ranpo se detiene por un instante, mirándolo con los ojos muy abiertos.

Ranpo se ríe, es un sonido espléndido que le acaricia cada fibra del cuerpo. En un arranque de valentía, Poe tira de él, estrechándolo en un abrazo. Puede sentir las protestas de Karl desde el bolso, removiéndose y emitiendo chillidos para llamar la atención de alguno de los dos, pero ninguno se mueve. Él cierra los ojos, con la risa de Ranpo resonando vibrando contra su piel.

—Qué cosas dices, Poe-kun. 

 

Notes:

Como siempre, gracias por leer. Todo comentario/kudo es apreciado ♥ Si por casualidad quieren chillar sobre BSD mientras esperamos la 4ta temporada, estoy disponible en twitter por @mysteryspot