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Language:
Español
Stats:
Published:
2019-07-18
Updated:
2020-02-26
Words:
9,031
Chapters:
6/?
Comments:
2
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6
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1
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74

Cuentos de la bruja Amelia

Summary:

Amelia es una bruja que se dedica a molestar a las personas de un pueblo con pequeñas bromas... sin que ellos se enteren.

Chapter 1: La Bruja Amelia

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Tiluchi era el nombre de un pequeño pueblo valluno. Así se llamaba porque la especie de aves que dominaban el pueblo era el tiluchi, u “hornerito”, como se conocía en otras regiones. Era el lugar más tranquilo que cualquier viajero podía encontrar, un lugar pequeño donde la gente saludaba amablemente e invitaba a comer a extraños a sus casas. No era un lugar lujoso ni con grandes negocios, pero tampoco había hambre o problemas muy grandes. No muchos viajeros pasaban por ahí, pero los que lo hacían quedaban encantados con el ambiente del pueblo.

Era por eso, en parte, que Edmundo había decidido ir ahí a vivir. Le gustaba la tranquilidad; al ser un lugar pequeño y sin muchos recursos, casi no había autos. Además, las personas eran amigables y se conocían entre todos; tales cosas como “chisme” o hipocresía eran muy escasas, pues si dos personas no se llevaban bien, simplemente no se hablaban. En general, había mucha paz.

Edmundo vivía con su esposa sobre una colina en la parte más alejada del pueblo; les gustaba la privacidad. Su casa era muy pequeña, consistía solo en tres habitaciones: un baño, una cocina y una habitación más grande donde cabían la cama, el armario y una pequeña sala de estar con dos sillas y un librero. Eso era todo, y no necesitaban nada más.

Tanto él como su esposa eran amigos de todos en el pueblo, pese a que solo se habían mudado dos años atrás. Todos en el pueblo los habían recibido con los brazos abiertos sin preguntarles nada y sin molestarlos por ser una pareja joven.

Todas las personas vivían pacíficamente en el pueblo; sin embargo, nadie sabía que cosas curiosas ocurrían bajo sus narices.

***

La primera víctima fue la pobre e inocente Kimberly. Edmundo aún recordaba bien ese día.

Era la primera primavera que él y su esposa pasaban en Tiluchi. Él estaba de compras en el pequeño mercado del pueblo, donde cada persona tenía su puesto de venta de diferentes frutas, verduras, granos y todo tipo de alimentos, además de telas, herramientas y más.

Kimberly era una joven muy amable y calmada, siempre sonriente, pero un poco tímida. Ella vendía duraznos y manzanas que ella y su marido cosechaban de su propio huerto. Él trabajaba también como carpintero, aunque era un hombre un poco flojo y su trabajo no era de mucha calidad. Era por lo menos 10 años mayor que Kimberly, lo cual sería mal visto si vivieran en una ciudad. Pero en ese pueblo muy poca gente tenía el tiempo y las ganas de criticar.

Cuando Edmundo se acercó al puesto de la chica a comprar duraznos, se sorprendió del fuerte estornudo con el que ella lo recibió.

- Ah… disculpe…

- ¿Estás bien? – preguntó el al ver que la nariz de Kimberly parecía una cereza roja.

- Sí… tengo un resfriado fuer-¡ACHÚ!-te. Seguro que es por el cambio de clima.

Kimberly estornudó de nuevo y sacó un pequeño frasco que contenía un polvo de color mostaza. Sacó el contenido con un dedo y se lo frotó en la nariz.

- ¿Qué es eso? – preguntó con curiosidad Edmundo.

- Oh, es un remedio casero que me dio su esposa – estornudó otra vez –. Siempre tan amable, no me cobró por él. Dice que tengo que frotármelo en la nariz durante todo el día y mañana estaré mejor-¡achú!

- Ya veo… Bien, espero que te mejores. Compraré medio kilo de duraznos…

Edmundo regresó a casa pensativo. Nunca había visto que su esposa utilizara ese remedio casero. Tal vez era uno nuevo. Cuando llegó a casa, ella estaba sentada en su silla habitual, cantando mientras limpiaba unos frascos.

- ¿Esta mañana fuiste a ver a Kimberly? – le preguntó.

- Sí. ¿Por qué?

- Por nada.

Ella siguió cantando. Aún guiado por la curiosidad, Edmundo entró en la cocina para ver el estante lleno de los ingredientes de su esposa. Se puso a revisar los frascos uno por uno hasta que finalmente encontró uno que contenía algo exactamente igual al polvo que Kimberly le había mostrado. Era el frasco donde su esposa guardaba polen de distintas flores.

De pronto, se dio cuenta de que ella había dejado de cantar en la sala y sintió una presencia detrás suyo. Una presencia diabólica. Cuando volteó, un par de ojos pequeños lo observaban con un brillo aterrador.

- ¿Qué está buscando, joven caballero? – la voz también tenía un matiz malévolo…

Edmundo rodó los ojos y se cruzó de brazos.

- ¿Amelia? – reclamó – No me digas que le diste a Kimberly polen de flores para “curar” su resfriado.

La sonrisilla de su esposa fue brillante e inocente.

- Estará bien. Ella no es alérgica al polen…

- ¡Ese no es el punto! – la reprimió Edmundo – No has visto cómo está estornudando a cada segundo. ¡La pobre desarrollará alergia a ese paso!

Amelia desmintió con un gesto de la mano.

- No, no, no va a pasar. Solo seguirá estornudando el resto del día.

Salió de la cocina dando saltitos como una niña feliz de que su broma hubiera resultado como esperaba. Edmundo se sentó en la cama, pensando en la inocente chica que acababa de ser víctima de esa mujer loca.

Amelia era la bruja curandera del pueblo y todos tenían mucha confianza en ella por lo amable que era y la inocencia que aparentaba. Además, su aspecto era como el de una niña, todo en ella era pequeño; su estatura, sus ojos, su nariz y sus manos, y con lo flacucha que era, se veía menuda. Sin embargo, solo él sabía la verdad: ella tenía una maldad traviesa en el interior que nadie notaba. Tenía alguna broma lista bajo la manga y encontraba cualquier situación para molestar a las personas sin que estas supieran que estaban siendo molestadas. Y nunca se enteraban.

Así era, Edmundo estaba casado con una bruja… y una muy traviesa.

Notes:

Espero que este primer capítulo sea suficiente para que deseen un segundo :3 Cada capítulo será alguna de las travesuras de Amelia.