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Español
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Published:
2019-07-22
Updated:
2019-08-26
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12,533
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4/?
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si tú supieras compañera

Summary:

Luisita, descontenta con la vida, va a recoger un día a su hermana pequeña del colegio y se queda completamente embobada de la profesora. A raíz del encuentro, no le queda otra opción que volverse la chaperona oficial de su hermanita.

Chapter 1: Luisita 1

Chapter Text

Madrid, 2018

Hace casi una hora que su abuelo la tiene aquí sin hacer nada.

El Asturiano está, por decir, lejos de su máxima capacidad, y Luisita puede sentir el peso individual de cada una de sus extremidades de lo aburrida que está parada detrás de la barra. Un rato más así y es capaz de quedarse dormida en pie, aunque después de tanto de lo mismo no le sorprendería si atiende igual de bien con los ojos cerrados y roncando.

Hemingway, siempre presente y seguramente sintiendo su descontento, le manda un saludo cortés desde la mesa de la esquina. Luisi le devuelve una sonrisa cansada y apoya el mentón sobre su mano, dirigiendo su mirada hacia la plaza. El querido Hemingway se compadece de ella, Luisita lo sabe. Una chica de 23 años debería estar viviendo su vida allá afuera, en su caso trabajando ya como actriz, no laborando cuatro días a la semana en el bar de su abuelo solamente para sentirse útil entre sus talleres de teatro y las noches en el King's. Extremadamente insípido, y esa es solo su situación laboral. Ni hablar de su vida amorosa, inexistente por cierto, porque ahí en vez de dormir se pone a llorar.

"¡Abuelo!" Luisi le grita, harta ya de tanta reflexión. "¿Qué hace en la cocina que ni siquiera escucho--" 

En ese momento sale su abuelo por la cortina con una prisa que casi la tumba a Luisita para atrás. 

"¡Aquí estoy, charrita, aquí estoy!" 

"Pero abuelo cuidado que casi me mata--" 

"Toma, Luisita, súbele esto a tu madre y dile que es importante."

Luisita se queda perpleja mientras Pelayo le llena las manos de papeles sueltos y le da dos palmaditas en el hombro para que se dé la vuelta y acelere. 

"Mueve el esqueleto y cierra la boca que se te van a meter las moscas." 

Luisita abre la boca más, indignada. "¿Oye y de dónde ha sacado usted tanta energía, eh?" 

Mientras la empuja hacia la puerta, Pelayo le imparte su sabiduría: "La vida son dos días, charrita, y los hay que aprovechar!" 

~~~~

Después de la sacudida que le acaba de dar su abuelo, Luisita se ha quedado un poco revuelta, sinceramente. 

"¿Y tú por qué me haces levantar si tienes llave?" le pregunta su mamá, con una mano plasmada en la cadera y sus gafas de coser sobre la nariz. 

"Perdón, perdón." Luisita parpadea para ver si así se logra despertar del todo y entra a la sala. "Es que estoy un poco zombie después de trabajar en el Asturiano toda la tarde y, bueno, el abuelo me dijo que te traiga esto. Algo de finanzas, no sé." 

Manolita la mira sin decir nada y Luisi le entrega las hojas. Mientras su madre las ojea, Luisi se dedica a quitar las pelusas de su jersey.

"Pues sí, esto lo tengo que ver ahora mismo. ¿Qué hora es?" 

Luisi le da la vuelta a su reloj para ver. "Las cuatro."

“¿Las cuatro ya? Pero qué rápido se pasa el tiempo, madre mía, no sé ni que me falta por hacer… ¡Ay! ¡Luisi!”

Luisita da un saltito de lo eléctrica que se acaba de poner su madre. “¿Qué, qué ha pasado?” 

“¡Tu hermana, hija, que ya ha salido del colegio! Ay pobrecita, debe estar esperando sola, pensando que me he olvidado de ella...” 

“Bueno, sí que lo has hecho, un poco…”

Automáticamente se activa la mirada penetrante de su madre. De repente, la alfombra debajo de sus pies se vuelve muy interesante. “Luisita, anda a recoger a Catalina por favor mientras yo reviso esto del Asturiano.”

Luisita tira la cabeza para atrás y suelta un quejido. “¿Pero no se supone que es Ciriaco el que regresa del cole con ella, por qué tengo que ir yo?” En ese instante le pasa por la mente la imagen de su futura lápida: Luisa Gómez, la chica de los recados .

“Porque tu hermano está en la casa de su amigo y viene luego para cenar, tú haz lo que te pido y punto.” Manolita empieza a guiarla hacia la puerta exactamente como hizo su abuelo hace un rato. “Tráela de vuelta que está cerquita y te tengo un café listo para cuando vuelvas, tira.” 

Luisita asiente porque en fin, no tiene nada más que hacer. Además, pobre Cata.

“Vale, vale, voy,” dice Luisi, acomodando bien su bolso. “Pero suéltame mujer que no sé por qué le ha dado hoy a todo el mundo por empujarme.”

Manolita la suelta y le reprocha su lentitud, momento que aprovecha Luisita para darle un besito en la mejilla y salir apresurada de su casa. Vale, si va a pasearse por Madrid haciendo pedidos y recados, al menos disfrutar del aire fresco de Septiembre y este jersey comodísimo que robó de su hermana María. Total, como dijo su abuelo, hay que aprovechar la vida, incluso cuando es predecible y monótona. 

 


 

A pocas palabras, decir que su pensamiento anterior estuvo muy equivocado sería un poco subestimar lo acontecido. Y ahora, caminando de la mano con su hermana pequeña por las calles pintorescas de Madrid, solo puede pensar en bucle sobre lo que le acaba de ocurrir: 

Cuando llegó al colegio, evidentemente, estaba casi vacío. Un conserje que lleva años trabajando y conoce muy bien a los Gómez le indicó que su hermana estaba sentada fuera de su aula con su profesora y la hizo pasar al patio de recreos donde ahí, de lejos, las pudo ver. 

Sentada en un banquito con su hermana, estaba la mujer más guapa que había visto Luisita en toda su vida. 

Joven, morena, con un pelo, o mejor dicho, una melena de rizos hermosos que caían sobre sus hombros y hacían resaltar sus ojos que incluso a 7 metros de distancia Luisita ya sabía que eran preciosos. Y bueno, lo que pudo ver de su cara la impresionó, pero lo que vio de su cuerpo le costó procesar. Llevaba una blusa de flores y una falda amarilla hasta las rodillas, tan alegre que enfatizó tremendamente lo fuera de lugar que estaba esta mujer en el mundo de Luisi. Estaba abrigada con una chaqueta de punto blanca que la tapaba y todo eso, pero igual dejaba en evidencia que estaba bien dotada, por así decirlo. Para terminar el recorrido, unas piernas esbeltas y unos tacones modestos, sencillos, pero muy monos. Y eso también le gustó a Luisi porque francamente el pragmatismo le pone mucho. En fin, llegó un punto en que sus piernas dejaron de funcionar y si no hubiera sido por su hermana Catalina que se paró corriendo para abrazarla quizás seguiría hasta ahora catatónica en el patio de recreo. 

“Cata-linda, ¡perdóname! ¿Cuánto tiempo has esperado?”

“¡Muchísimo!” dijo Catalina, y le dio un golpecito a Luisi en el brazo para que le quede muy claro su disgusto. 

Luisita se rió de su hermana, tan pequeña pero tan feroz incluso con dos dientes de leche ausentes. Desde ese ángulo, en cuclillas para poder mirar a Catalina, Luisita vio en su periferia cómo se acercaban las piernas de la profesora poco a poco y tomó un gran respiro para enfrentar este momento de la verdad. 

"Hola," escuchó Luisi, y levantó la mirada para encontrarse con una sonrisa brillante. Vaya, que era más guapa de cerca. Ojos de caramelo, una nariz pequeña y perfecta y labios hermosos; parecía una belleza de otra época. 

Luisita se impulsó hacia arriba con más energía de lo que pensaba que tenía y devolvió la sonrisa. 

"¡Hola!" le respondió, un poco gritándole, y mientras quería morir por dentro siguió sonriendo y sonriendo sin decir ni hacer nada hasta que Catalina se rió un poco y tomó las riendas de la situación. 

"Profe, ella es mi hermana Luisita y tiene 23 años." 

Aunque Luisita sabía que dijo su edad porque es niña y así hablan a veces, el comentario resonó un poco en ella como si Catalina estuviera diciendo entonces compórtate como adulta, mujer, que la estás cagando. 

La profesora sonrió grande y extendió la mano. "Luisita de 23 años, encantada. Yo soy Amelia." 

Luisi recuerda que su mano era muy suave y el apretón muy firme. Repitió su nombre con una sonrisa tonta plasmada en la cara. 

"Típico nombre de profesora, ¿no?" se rió un poco la profe. "Elegí bien la carrera." 

Luisita sonrió aún más. "Pues sí porque en casa Catalina solo dice cosas buenas de ti." 

Amelia movió la cabeza como para decir que no era para tanto y se dirigió a Catalina. "¡Eso porque Catalina no me hace problemas nunca! Es una excelente alumna."

"¿Qué?" preguntó Luisita, fingiendo sorpresa con un tono muy exagerado. "Mi hermana, la diabólica, ¿es una alumna ejemplar?" 

"¡Oye!" protestó Cata, dándole otro golpe en el brazo a su hermana. Las risitas de todas irrumpieron en el patio. 

"Por cierto," empezó Luisita, volteando para mirar a Amelia, "gracias por ser tan paciente y quedarte con Cata, estamos en casa un poco desorganizados hoy." 

Amelia metió las manos en los bolsillos y encogió los hombros. "No te preocupes, lo entiendo perfectamente." Su sonrisa era suave y su mirada cálida y comprensiva. Todavía no sabe Luisita cómo logró contener el suspiro que le surgió en el pecho. 

"Ya me quiero ir."

Luisita se quedó muda y fijó sus ojazos de sorpresa en la cabeza de su hermana. La risa adorable de Amelia fue lo que finalmente penetró el silencio y despertó a Luisi.  

"Venga, tienes razón, pequeña, vámonos," dijo Luisita, levantando las cejas y mirando con una media sonrisa a Amelia, quien le devolvió una mirada cómplice. 

"Sí, sí, ha tenido un largo día. Chau, Catalina," le dijo a la pequeña, y cuando Catalina ya estaba unos pasos delante, estiró la mano para posarla unos segundos sobre el brazo de Luisita antes de que se vaya.

"Nos vemos, Luisita. Cuídate." Con un guiño casi imperceptible, Amelia dio media vuelta y desapareció detrás de la puerta del salón. 

 


 

De vuelta en casa, lo primero que le dice a su mamá es que mañana también puede pasar y recoger a Catalina. 

"¿Y eso por qué, si casi me da una contractura hoy tratando de hacerte pasar por la puerta?" 

Para esto Luisita ya está preparada, y así sigue su excusa: "Es que tengo que comprar unas cosas para la puesta en escena de una obra que estoy preparando en el instituto y queda bastante cerca entonces pensé, aprovecho, ¿no? Qué me cuesta… " 

Manolita la mira con un poco de suspicacia así que Luisita se ocupa de otras cosas para verse los más inocente y desinteresada posible, algo en lo que tiene mucha práctica. Se fija en la mesa baja que está a su izquierda. 

"¿Has limpiado? Está como que brillando la casa." 

Por lo que puede notar Luisita, el comentario confunde un poco a su madre y eso el 90% de las veces funciona a su favor. Manolita solamente la mira de reojo mientras se acomoda las gafas. "Sí, bueno… sí puedes recoger a tu hermana, claro. Dile a Ciriaco cuando regrese que mañana no se preocupe." 

Luisita sonríe. "Excelente."

 


 

Para no pasar más vergüenza y salvar su reputación como la mejor hermana del mundo, esta vez Luisita sí ha llegado puntual. 

Pero ahora que mira a su alrededor, quizás “demasiado puntual” sería más preciso porque apenas hay dos madres esperando en la puerta del colegio con ella, y aunque están lejos Luisita puede percibir una energía algo intensa emanando de ellas. 

Se aleja un poco más y apoya su espalda sobre la pared, consciente ya de su propia sobrecarga de energía concentrada justo en la tripa. Buenísimo. Los nervios siempre le quitan todo lo que tiene de guay y atrevida y la convierten en una chica muy torpe que necesita la ayuda de su hermanita de cinco años para interactuar como una persona normal.

Luisita echa una miradita nuevamente hacia la derecha, donde están las mujeres. Lo piensa dos segundos y da un paso más a la izquierda.  Para reducir las posibilidades de una conversación a cero mete la nariz en el móvil y se pierde en sus pensamientos, que desde que ha visto las puertas del colegio no dejan de girar en torno a Amelia. 

Luisita ha estado soltera bastante tiempo. Nueve meses sin tener novia, y las relaciones que ha tenido tampoco es que le hayan salido muy bien. Siempre hay algo que le impide dar el siguiente paso: antes, a los 19 y 20 años, era la inseguridad que acompañaba salir del armario a una edad un poco tardía para su generación. Ahora, es más bien el desgano que le provoca sentir que nadie la entiende realmente. Nadie ha logrado atraer y mantener su interés por mucho tiempo estos últimos meses, pero ayer cuando vio a Amelia… buah.

Ella reconoce perfectamente que esto puede ser un disparate típico de Luisita Gómez, vamos, que puede ser una ilusión efímera y solamente le está pasando esto porque Amelia es demasiado guapa y Luisita muy humana y muy bollera. Todo eso tiene mucho sentido. Pero a la vez… algo le dice que aquí hay más. Sintió la chispa, por más cursi que suene. Hubo algo ahí cuando Amelia le sonrió, cuando le tocó el brazo, cuando se rió de lo tonta que era. Y por ese algo es que Luisita está parada aquí en su chaqueta de cuero (de imitación, obviamente) esperando recoger a su hermana pequeña para poder ligar con su profesora.  

De repente, Luisita regresa al mundo físico y se da cuenta de que 1) la pantalla de su móvil se apagó hace rato y 2) hay un montón de padres y abuelas y no-sabe-qué-más apiñados en la entrada del colegio. 

Ver a tantas personas en la puerta le da un poco de pánico, como si estuviera perdiendo un concurso llamado " ¿Quién puede recoger primero a su pequeñín?" y cuando toca el timbre de salida es que realmente comprende lo que es el caos. 

Al final, es casi la penúltima en entrar al patio de recreo, con todos los demás familiares ya conversando con sus niños y los profesores. Primero Luisi se siente un poco agobiada al pensar que la enana de Cata está buscándola entre tanta gente y no la ve por ninguna parte, y después se preocupa porque no ve a Amelia tampoco, y ni siquiera podría preguntarle dónde está su hermanita. 

Luego de rozar algunos hombros y cuando los gritos de los niños se convierten en murmullos entre padres e hijos es que Luisita siente la fuerza de dos brazitos inmovilizar sus piernas. 

"Te encontré." 

Luisita le sonríe a su hermana y le acaricia el pelo, tan adorable que es. "Pues sí, Caca -lina, aquí estoy."

Catalina básicamente le gruñe al escuchar su apodo menos preferido y le suelta las piernas para poder transmitir su enfado claramente. 

"Venga, niña, ¿cómo te ha ido hoy?" se ríe Luisi, y aún más fuerte cuando Catalina se rehúsa a responderle. 

"¿Dónde está tu profe Amelia, a ver si ella me puede contar?" 

Catalina la mira con el ceño fruncido. "No sé. Vamos ya," y sin más le agarra la mano y empieza a jalarla hacia la salida. 

"Oye, oye, oye…" Luisita arrastra los pies para que su hermana no la tenga tan fácil mientras busca por todas partes esos rizos perfectos de ayer. "Espera que quiero hablar con tu profe." 

"¡No está aquí! Vámonos, Luisi, o voy a gritar." 

"¿Tú me estás amenazando o qué está pasando aquí?" 

"No sé qué es eso, solo me quiero ir." 

Lanzando otra mirada a la masa de gente, Luisita ve entre cabezas esos rizos, esta vez recogidos en una media coleta, hablando con un padre de familia. Exhala por la boca y considera por unos segundos acercarse, pero decide al final que entre su hermana y toda la gente no será muy fácil tirarle fichas a la profe y esperar que todo salga bien. 

Se conforma con al menos verla estos segundos, y pensar en cuál será su próxima excusa para volver. 

Eso sí, a poca distancia de las puertas, Luisita tira una última mirada hacia atrás y caen sus ojos inmediatamente sobre los de Amelia, quien no duda en regalarle otra sonrisa deslumbrante antes de que el mar de personas las separa definitivamente.  

 


 

Es en la puerta de su casa, Cata a punto de abrirla, que se percata de sus manos vacías. Se olvidó completamente de lo que tenía que comprar, que en realidad no necesita comprar pero sí debió comprar para evitar las preguntas de su madre que empezarán en aproximadamente tres, dos, uno…

“¡Mis hijas! ¿Cómo estás, Catalina, qué tal tu día?” 

Vaya, no se dio cuenta. 

“Luisita, ¿qué pasó, no has comprado nada?” 

Bueno. 

Se escucha el plap dramático de la mano de Luisi haciendo contacto con su frente. “¡Jo, mamá! ¡Me olvidé completamente de comprar los materiales!” Ve que Manolita la mira ahora con mucha intriga y empieza a mover muchísimo las manos para enfatizar los picos emocionales de la trama que se está inventando. 

“Es que, ahora me acuerdo, lo que pasó es que María me pidió que deje unas cajas en el King’s y bueno al hacer eso pues me llevó por otras calles y se me escapó de la mente, qué te puedo decir.” 

Catalina tiene una cara de no creerle nada pero ella no es la que importa, sino su mamá, y Manolita parece estar siguiéndole el cuento. 

“Pero ¿sabes qué?” reanuda Luisita, la bombilla encendiéndose en su cabecita. “Mañana vuelvo a recoger a Catalina y compro todo.” 

“Me parece bien, claro,” Manolita asiente y se va para la cocina, dejándola con su hermana. 

"Perfecto," Luisi sonríe, empezando a perderse ya en sus pensamientos. "Cata, ¿tú qué dices?" 

"Solo que no te demores." 

“Vale,” responde Luisita, mientras ve que su hermana la deja parada sola en el medio de la sala con una sonrisa de boba y la ilusión a tope por tener otra oportunidad de ver a Amelia.

Luisita siente cómo se le sube la sangre a la punta de las orejas y empiezan a arder, algo que siempre le pasa cuando se emociona. Mañana es, sí o sí. Mañana se liga a la profesora.