Actions

Work Header

Latidos

Summary:

Zenitsu podía escuchar los latidos de la gente. A veces preferiría no poder hacerlo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Zenitsu podía escuchar los latidos de la gente. Latidos suaves, latidos fuertes. Latidos llorosos, de miedo y debilidad —como los suyos—, contrarios a aquellos llenos de temeridad y lo que él prefería llamar estupidez, propios de Inosuke. También había latidos terribles, vibraciones horribles que aumentaban el temblor en su cuerpo, y de los que prefería huir. Pese a que no debería. Pese a que una parte de él quería enfrentarlos con latidos valientes, pero que no llegarían. 

A veces latidos de engaño, que solía ignorar a favor del cariño que tanto ansiaba. Latidos que desaparecían cuando en sus ojos se reflejaban la belleza y el suave y dulce aroma de una chica. Latidos que por su propia idiotez le habían llevado a la ruina. Pero también los había familiares. Armoniosos y protectores, prueba de que la humanidad yacía aún en un cuerpo objetivo de los asesinos de demonios. Los latidos de Nezuko eran hermosos y lindos.

Y él de verdad creía haber caído enamorado de esos latidos.

Pero incluso en esa variedad que había simplificado, había otra clase más. Unos latidos que él personalmente desearía no poder escuchar. Latidos que le hacían desear no tener un oído tan afinado. Latidos que, al pensar en ellos, al recordarlos, hacían que los suyos se alteraran de una forma incorrecta. Latidos tan gentiles, tan amables, que le hacían sentirse en el cielo, en un mar de nubes que le transmitían una tranquilidad absoluta. Paz. Y no había nada más además de ello. Solo sus propios latidos, los de su corazón, en un ritmo lento que le hacía sentirse bien. Bien consigo mismo. Como si el peso en su cuerpo se desvaneciese. Por completo. Sustituidos por una calidez que impregnaba su cuerpo de una felicidad que era incapaz de expresar. 

Era una sensación extraña la que el corazón ajeno le transmitía. Aceptación, sin presión alguna por cambiar, pero tampoco rechazo al cambio. Algo que nunca antes había sentido. No en ese grado. 

Pero en su mente, Zenitsu sentía que debía odiarse por ello. No le gustaba que sus latidos cambiasen al son de los del otro chico.

No eran latidos adecuados. Estaban mal vistos. Eran un motivo más para ser repudiado. Otra forma más de decepcionar unas expectativas inexistentes en él. No se suponía que pasase así. No se suponía que esos otros latidos debiesen ser los que cambiasen el ritmo de los suyos. Y él no quería pensarlo. Realmente no quería pensar en esos latidos de ese modo. 

No es como si fuese una cosa de pensarlo o no, de todas formas. No lo hacía. No era su mente la que se concentraba en ellos. No. Él deseaba ignorarlos, no dejarse atrapar por ellos. Y aún así, persiguió al portador de esos latidos después de a Nezuko, con mejillas sonrojadas, alegría impropia, y confusión en el ajeno. 

No estaba bien. 

Se daba asco a si mismo.

 

La hoja de su espada cortó para siempre los horribles latidos del demonio con forma de araña. Mientras la luz de la luna bañaba su silueta, Zenitsu cayó agotado y sin fuerzas sobre aquella casa colgante. No podía moverse, ni sentir sus extremidades. A duras penas podía ver, por lo que comenzó a pensar, reflexionar sobre lo que él desearía ser de verdad. Lo que él soñaba de vez en cuando, vividor de un mundo onírico imposible. Una vez más sus deseos se contradecían con la verdad del sonido en su caja torácica. 

Sus ojos se cerraban, pero su fuerza de voluntad no cedería. Resistiría. Controlaría sus latidos para evitar el avance del veneno. Viviría un día más, como fuese. 

Esa voluntad flaqueó por un momento cuando por primera vez, tanto latidos como pensamientos coincidieron al recuerdo de esa persona y su sinfonía. Una leve idea que cruzó su cabeza, y que aún así, fue lo último que pensó antes de cerrarse sus párpados por completo. Pequeñas lágrimas de realización y disgusto se deslizaron. Porque pese a que hacía unos momentos, en medio de la batalla, había pensado en Nezuko como una persona importante a la que proteger, no había sido su nombre el último que había surgido en su cabeza. No habían sido sus latidos los que había recordado en el umbral de la muerte, para aferrarse y sostenerse.

"El abuelo me golpeará... y él se enojará conmigo...

 Zenitsu era un fracaso. Sus latidos eran prueba de ello. Miedo constante, desprecio por sí mismo, pena por un sueño que jamás se cumpliría. Incapaz de corresponder con la misma intensidad los latidos de a quién debía amar. Una basura que moriría tarde o temprano, incluso si ese día no fuese a hacerlo. Se pregunto cómo le miraría esa persona de ser descubierto. No sería igual que cuando la primera vez que se conocieron, o cuando mostraba su cobardía. No. Se preguntó como variarían los sonidos de su corazón al descubrirse la verdad. Se preguntó si para eso valdría su patética existencia. Para retorcer esa sonrisa dulce, para convertir unos latidos llenos de amabilidad, empatía y afecto en unos de inmensa repulsión.

En el borde de la muerte, una parte de él quiso creer que incluso en eso el otro sería angelical, con un ritmo de latidos tan amables como la primera vez que se conocieron. Una muestra más de lo indigno que Zenitsu era para él. En cuerpo y espíritu. ¿Cómo podía hacer cargar al otro con esos sentimientos horribles? ¿No era suficiente con exigirle protección cuando debía ser él mismo quién pelease por su cuenta? 

Quería sumergirse en un silencio en el que no pudiese escuchar los latidos de nadie. Quería perder esa capacidad aunque fuese solo en su presencia. 

 

"Tanjiro desprende un sonido gentil que da ganas de llorar. Nunca había oído nada tan gentil."

Quería olvidar esos pensamientos. No quería ser rechazado también por él. Algo que seguramente pasaría. No quería escuchar la decepción en sus latidos. 

¿Cómo podía ser que aquellos latidos que le habían hecho sentir una felicidad desconocida hasta entonces, eran ahora la razón de su ansiedad? 

 

A veces Zenitsu soñaba. Era un sueño que le hacía feliz. En él no tenía por qué temer el amar. No tenía por qué temer los latidos de la otra persona. Sin importar quién fuese el dueño o dueña de los latidos que le hicieran tan feliz. No había espacio para esa parte de su mente que se negaba a escuchar por miedo, y que constantemente le recriminaba. 

Caído en ese sueño, Zenitsu estaba seguro de encontrarse en el mar de nubes. Aquel en el que solo podía escuchar los sincronizados latidos de él y de Tanjiro.

Pero era un sueño. Inalcanzable. Y los únicos latidos que podía escuchar, en un mar de miedo exterior, eran unos que él desearía no poder escuchar.

Notes:

My first fanfic in seven years :'D
After watching episode 17, i couldn't say "no" to writing this. I really love this pairing and fanarts in Twitter aren't enough to calm me. I need more content. So i decided to write it. However, it turned out to be a lot less happy...
Tanjiro could reciprocate Zenitsu's feelings, but after all, this is a conflict between what Zenitsu thinks -and has been forced to think- is right and what he actually feels, even if he doesn't want to. His own fears and low self esteem has much to do with, too.