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Era un sábado por la tarde muy soleado, lleno del ruido de los automóviles y la muchedumbre en las calles de Yokohama. La gente iba y veía en diferentes direcciones mirando a su alrededor. Riou iba entre esa multitud, caminaba lentamente en la acera, observando a la gente al pasar y recordando. Cuando las divisiones se encontraron, había conocido a los líderes de cada distrito y sus compañeros. En el grupo de Matenrou, conoció a un hombre llamado Doppo, quien tenía un aspecto de cansancio total, así que le había ofrecido una bebida para que le ayudara en su condición. Después de eso lo invitó a Yokohama, para enseñarle a prepararla. Habían quedado en que hoy podrían reunirse.Tenía que llegar a la estación del tren a las seis en punto, pero había salido más temprano, por lo que mataba el tiempo en el centro de la ciudad.
Sólo tenía que esperar por veinte minutos más, pero la espera se le hacía muy larga al no saber qué hacer. La estación le quedaba a diez minutos, por lo que prefirió iniciar el recorrido hacia allá y esperar el resto del tiempo ahí.
Llegó a la estación con el tiempo previsto, tomo asiento, se cruzó de brazos y fijó su vista en un punto indefinido mientras esperaba. A las seis en punto, abordó el tren a la estación. Riou se levantó y avanzó un poco para observar mejor. La gente bajaba con apuro y observó a Doppo salir en una de las puertas más próximas. Vio a Doppo girar la cabeza de un lado para el otro y, cuando lo localizó, se apresuró a aproximarse.
-Doppo, me alegra verte -lo saludó.
-A mí también. Lo siento por haberlo hecho venir a recogerme.
-No hay ningún problema, después de todo, yo te invité. Debemos irnos.
Salieron de la estación, hacia la soleada calle, en donde la gente pasaba y parecía ir aumentando. El bonito día invitaba a salir de las casas a pasear, disfrutar y distraerse. Empezaron a avanzar por la vereda, sin mucha prisa. Iban así un buen rato, caminado sin hablar, y Doppo rompió el silencio:
-¿No debemos parar para comprar los ingredientes?
-No, tengo todo en el refugio, así que sólo debemos llegar y prepararlo. Tienes el resto del día libre, ¿verdad?
-Sí, no tengo nada más por hacer.
-Podrías quedarte a cenar, si lo deseas. Ya que has venido hasta aquí después de todo y fuera una descortesía no ofrecerte nada más.
-¿Eh? ¿Te parece bien que me quede a cenar? -responde Doppo, levemente sorprendido- Si estás bien con eso, acepto con gusto.
Llegaron a lo que Riou llamaba su hogar, el refugio. Tuvieron que pasar a través del bosque, lo cual, había hecho cansar mucho a Doppo. Riou le ofreció un vaso de la misma bebida que iban a preparar y Doppo se la terminó en un instante. Luego de recuperarse comenzaron con la preparación.
Al terminar de explicar todo el proceso y mostrarle los pasos a seguir, Doppo lucía satisfecho. Riou se dio cuenta de que tenía una leve sonrisa, que se asomaba por primera vez en todo ese tiempo. Ya cuando se conocieron lo notó, Doppo casi no sonreía. Al principio creyó que era el tipo de persona que guarda sus emociones para sí. Pero se dio cuenta que otras emociones se reflejaban en su rostro; estrés, tristeza. Además que tenía esa tendencia de disculparse a cada instante.
-Me pondré a preparar la cena -le dijo a Doppo, quien estaba acabando de anotar las instrucciones de la bebida.
-Si puedo ayudarte en algo, dímelo por favor.
-No, tú descansa un rato más, haré algo ligero.
Después de la cena, Doppo agradeció a Riou por su hospitalidad y por ayudarlo con la receta. Salieron directamente después de eso, hacia la estación de trenes.
-Fue un placer tenerte aquí, no dudes en volver.
-Gracias por todo.
-Ten un buen viaje, estaremos en contacto.
Después de esa breve despedida, Doppo abordó el tren hacia Shinjuku y Riou se encaminó así su casa.
Riou se dio cuenta de que le agradaba mucho el sujeto, era tranquilo y de buen corazón. Esperaba poder hablar seguido y volverlo a ver. Lo primero que hizo al llegar fue tomar una buena ducha, y después fue directo a dormir.
Comenzaron a charlar a través de sus teléfonos, teniendo agradables pláticas. Seguía pasando el tiempo. Mantenían el contacto a través de mensajes y las llamadas que se hacían de vez en cuando. Riou notó que se estaban volviendo más cercanos, y tenía muchas ganas de verlo. Hablaban mucho más seguido a través de las llamadas. En una de esas tantas conversaciones, Doppo le confeso que se sentía solo, aún con Hifumi por ahí, se sentía vacío y sin sentido de vida. Era algo fuerte, algo que debían discutir de frente, pensó Riou. Así que le preguntó si podría venir, tenía el domingo libre y Doppo también.
Concordaron en reunirse para ese día.
Se puso a pensar sobre Doppo. Su amistad era muy buena, pero Riou sentía que había algo más. No sabía cómo describirlo. En el trascurso de esa semana no pudo sacarlo de su cabeza, le preocupaba de verdad y no quería que algo malo llegara a pasarle. Sabía que tendrían que enfrentarse en las batallas territoriales, pero le parecía distinto, ahí luchaban por asuntos muy serios y estaba seguro de que ni él, ni Doppo, se contendrían. Se preparó mentalmente para lo que podría pasar, esperaba ser lo suficientemente bueno como para escucharlo y poder darle buenos consejos.
Le parecía que la semana pasaba con mucha velocidad. Seguían hablando por mensajes y por llamadas, Doppo no hablaba sobre lo que le había dicho. Riou tampoco, prefería esperar y discutirlo de frente. De pronto, llegó el fin de semana, el sábado pasó sin ninguna novedad. La mañana del domingo fue muy tranquila, tenía que ocuparse de algunos asuntos, así que su mañana no duro mucho. Doppo llegaría en el tren de las dos de la tarde, así que estaba en su casa esperando para ir a recogerlo. Al llegar la hora, se dirigió a la estación. Llegó con dos minutos de atraso, Doppo ya estaba ahí, esperándolo.
-Doppo, gracias por esperar.
-No fue nada, acabo de salir del tren.
-Bien, entonces vamos.
En el trascurso de la estación hasta el refugio, Riou intento ver algún cambio en su expresión, pero no pudo notar nada. Cuando llegaron al refugio, tomaron asiento. Ahora si podía notar algo en Doppo, parecía estar nervioso.
-Sé porque me pediste que viniera hoy. Y te pido que lo olvides, me sentía mal ese día y lo que dije fue cosa del momento -le dijo Doppo, con una voz de como si lo hubiera ensayado y sin mirarlo.
-Sé que estas mintiendo, puedo notarlo en tu voz y en cómo te comportas. Además no habrías venido aquí por nada.
-Vine a agradecerte por lo de la última vez, la bebida me ha funcionado bastante.
-Me alegra escucharlo, pero no viniste a hablar de eso. Puedes confiar en mí, somos amigos, después de todo.
Al escuchar la palabra “amigos” la expresión de Doppo cambio, Riou noto como intentaba mantener la calma sin lograrlo. Doppo comenzó a sollozar y dijo:
-Lo siento por venir a molestar, sé que solo soy un estorbo y que no puedo ayudar en nada. Lo siento por no querer hablar, pero sólo te voy a causar problemas y…
Doppo se sorprendió. Riou se había acercado hacia él y lo estaba abrazando. Le habló suavemente, manteniendo el abrazo.
-No eres un estorbo y tampoco me causarás problemas. Como ya te dije, somos amigos. No -dijo con más firmeza. Lo había pensado por un largo tiempo y ya había hallado la respuesta al otro sentimiento que sentía hacia Doppo-… Me gustas, no sabía lo que era antes, pero ahora lo sé, me gustas -le dijo al incrédulo Doppo, que había dejado de llorar.
-Siento lo mismo por ti, también me gustas. Por eso, al oírte que nos llamabas amigos, no pude aguantar el llanto. Y lamento no habértelo dicho por mí mismo, temía que me pudieras rechazar. Pero alguien como yo no puede tener esa clase de felicidad -le respondió, con las lágrimas inundando sus ojos de nuevo y rompiendo el abrazo-. Sé que intentas animarme. No soy alguien a quien se pueda amar y tampoco lo merezco, lo lamento, por ser como soy.
-No te estoy mintiendo de ningún modo. Mis sentimientos hacia ti son reales. No te diría esto si no lo sintiera de verdad. Y si no me crees, entonces,te lo probare -replicó Riou, acercándose a Doppo nuevamente.
Levantó su mano hasta el mentón de Doppo y alzó suavemente su rostro hasta que pudo fijar sus ojos en los de él. Estaban cubiertos por una fina capa de lágrimas, que los opacaba ligeramente. Lo contempló por un instante, lo atrajo hacia sí, poniendo una mano en su espalda, mientras que con la otra acariciaba su mejilla, y sin más, lo besó. Y Doppo devolvía el beso mientras sus manos se posaban en su pecho, temblando ligeramente. Después de una lo que pareció una eternidad, se separaron.
-¿Crees que eso sea una prueba suficiente? -dijo sonriendo, mientras limpiaba las lágrimas en las mejillas de Doppo.
-Creo que sí -dijo Doppo, ciertamente sorprendido y tratando de sonreír, sin lograrlo muy bien, porque sus labios le temblaban. Pero finalmente lo logró y le devolvió la sonrisa que Riou tanto deseaba ver. Doppo soltó una risa nerviosa y volvió a besar a Riou.
Ahora los dos estaban tranquilos, habían expresado lo que sentían y habían sido correspondidos. Se tenían el uno al otro y eso era lo que más importaba.
