Chapter Text
Han pasado exactamente 4 años desde que la terrible guerra contra el malvado Dios Hades había terminado, donde muchas vidas se perdieron. Pero no solo la vida de inocentes se había perdido, sino también la de muchos valerosos guerreros, conocidos como los Caballeros de Athena. Estos dieron todo en esta guerra para darle un futuro a la siguiente generación que cuidaría de este mundo en su lugar. Muchos de estos guerreros dejaron amigos, hermanos, esposas, hijos y; en algunos casos, aprendices que seguirían con su legado a pesar de que ellos ya no estuvieran presentes para hacerlo. Y así fue como muchas de estas personas, hasta el día de hoy, siguieron con el camino y valores que aquellos valientes guerreros dejaron.
Pero de entre todos ellos, quien los seguía con mayor fervor y devoción era un joven aprendiz, quien había sido guiado por uno de los caballeros más fieles de la diosa Athena, el cual también entregó su vida en esta terrible guerra. Sin embargo, este joven muchacho y antiguo aprendiz no se encontraba en este momento en el santuario, sino que se dirige a un lugar en especial, un lugar conocido como Orario.
A simple vista, uno podría pensar que el pequeño pueblo de Orario no tenía nada de especial. Estaba compuesto de las mismas hileras de casas, mercados, tabernas y plazas que cualquier otro, con el constante alboroto de la gente al caminar y las risas de los niños al jugar en las calles. Solo un pueblo más, igual a cualquier otro por el que un viajero podría descansar en el camino. O al menos, eso sería hasta que uno se molestaba en explorar el lugar.
En las calles de este pueblo, en sus casas y sus tabernas, desde los enérgicos jóvenes que corrían por los caminos de piedra hasta los solemnes ancianos que se sentaban en la plaza a observarlos, el pueblo estaba conformado de aventureros y guerreros dispuestos a todo por probar su valor. Aunque, por supuesto, ¿qué más podía esperarse del único pueblo donde sus habitantes se dedicaban en cuerpo y alma a los dioses, arriesgándolo todo por brindar honor y riquezas a sus dioses y a las personas que conformaban sus familias? Y más importante aún, ¿qué otro pueblo tenía acceso a las mazmorras, los amplios espacios que, de ser lo bastante determinados y valerosos, podían ofrecer riquezas interminables en su interior?
El Joven caballero respiró profundamente, permitiendo al cálido aire de la tarde inundar sus pulmones. A pesar de ser él mismo quien decidió viajar a Orario, no estaba completamente seguro del por qué había decidido esto. Los recuerdos de la guerra y la sangre de sus compañeros y su diosa se encontraban aún demasiado frescos en su mente, las ruinas del santuario no habían logrado repararse todavía y lo único que sabía en este punto era que necesitaba tener aunque fuera una traza de esperanza porque su familia, sus compañeros, su diosa, pudieran volver a ser como antes que esa sangrienta lucha hubiera comenzado. Solo sabía que el estar tan cerca de personas como él, que ponían sus vidas al límite por sus dioses de todo tipo de formas y en cualquier momento, de alguna manera le hacía sentir que el vacío en su vientre y la pesadez en su pecho se hicieran menos perceptibles.
Estando a punto de llegar a la plaza del pueblo, en una calle casi vacía por las altas horas de la tarde, el caballero se detuvo abruptamente al escuchar un murmullo en un callejón cercano. Agudizando su oído, el joven pudo escuchar el susurro de telas rozando el suelo y un ligero quejido de incomodidad en la oscuridad del callejón. Después de solo un segundo de duda, el caballero se acercó con cautela al interior de las sombras, poniendo toda su concentración en que todos sus sentidos estuvieran en alerta, sus puños apretándose instintivamente al escuchar los quejidos con mayor claridad. Una vez estuvo cerca de la fuente del sonido, percibiendo el olor a humedad y polvo del lugar y alcanzando a percibir unas tenues figuras al acostumbrarse a la oscuridad.
Afortunadamente, los causantes del ruido solo eran un par de animales callejeros, bañados por la luz de la tarde.
Aquel joven aprendiz se acercó lentamente al par de animales, que eran un perro y un gato. Aunque se les podía ver unas cuantas heridas alrededor de sus pequeños cuerpos, además de que estaban un poco desnutridos, aunque ambos se encontraban aparentemente en buen estado.
En vez de alejarse, estos extrañamente se acercaron al joven que les extendía la mano para acariciarlos y con toda con toda confianza comenzaron a lamerla.
- Parece que no tuvieron un buen día – musitó él, mientras acariciaba a aquellos animales que, a pesar de que no lo conocían, le tenían confianza.
El aprendiz comenzó a buscar entre la capa que cubría su cuerpo, hasta que encontró lo que buscaba y lo sacó.
Era una botella que contenía un poco de agua y unos cuantos pedazos de carne seca, los cuales sirvió en un par de tazones que también traía consigo.
-Adelante, coman, les servirá más a ustedes que a mí
Como si le hubieran entendido, aquellos pequeños animales comenzaron a comer para satisfacer su necesidad básica.
En cuanto terminaron de comer lo poco que les había ofrecido aquel joven, lamieron de nueva cuenta sus manos, aunque ahora se les podía ver felices y con algo más de fuerza.
-Vamos, vamos... No es para tanto – expreso aquel joven con una sonrisa
A pesar de que parte de su rostro era cubierto por una capucha, su sonrisa afable podía ser vista claramente por ambos animales, que ya no querían separase de él.
-Lo siento, no pueden venir conmigo, tengo algo importante que hacer.
Dejó de acariciar a esos pequeños animales, tomó sus cosas y se levantó para irse, aunque los pequeños animales no estaban de acuerdo con ello, por lo que empezaron a seguirlo.
Este simplemente suspiro y se volvió hacia a ellos.
-Ya les dije que… ¿Huh?
En ese momento notó que, de la nada, fue rodeado por un grupo de al menos de 7 hombres ubicados en diferentes puntos del lugar, blandiendo diferentes tipos de armas. Por desgracia, estos no tenían buenas intenciones, o al menos eso es lo que pensó el joven guerrero al ver cómo lo rodearon, además de que tenían unas sonrisas un tanto desagradables.
-¿Les puedo ayudar en algo, señores? – preguntó el joven en un tono apacible.
-Eso depende. – respondió uno de ellos, que mostró una daga que brilló fuertemente con los últimos y moribundos rayos del sol– Si traes algo contigo que nos pueda interesar, podrías ayudarnos.
-¿Y si no lo tengo?
-Pues me temo que tendrás que darnos todo lo que traigas contigo en este momento. – respondió otro de los sujetos - Como, por ejemplo, esa caja que traes cargando.
El joven simplemente suspiró con cansancio y bajó la caja que venía cargando consigo cerca de la fuente.
-Sabía decisión, ahora lárgate si no quieres que…. ¡ARRGGHH!
Ni siquiera había terminado de hablar cuando ya había recibido un fuerte puñetazo en el estómago que lo dejó fuera de combate inmediatamente.
El resto de los bandidos se quedaron boquiabiertos, no lograban comprender que había pasado.
No habían logrado ver en qué momento se movió aquel joven guerrero, que en ese momento miraba con lastima al hombre que yacía en el suelo, inconsciente.
-¡¿Q-Qué…qué fue lo que hizo?!
-¡¿Cu-Cuándo se movió?!
-¡E-Es un monstruo!
La mayoría del grupo de ladrones ya estaba aterrado y dudoso, a pesar de que fue un simple golpe, sus instintos les advertían que no se movieran, si lo hacían acabarían muy mal.
Eso era la mayoría. Solo uno de ellos no se vio afectado, un hombre enorme y extremadamente robusto, con el pelo corto peinado hacia atrás y un peculiar bigote negro rizado. Portaba una armadura típica, con varios adornos y pinchos sobresalientes en brazos y piernas y tenía una espada de tamaño bastante grande.
-No sé qué hiciste, pero no creas que funcionará conmigo – Bufó el hombre que desenfundó su espada y amenazó al joven guerrero, quien no se inmutó en lo más mínimo -
-¿Seguro que quieres hacer esto? Aún tienes oportunidad de retirarte y llevarte a tu amigo.
La seguridad de ese muchacho le desagradó por completo al enorme sujeto, pero a la vez le asustaba, algo le decía que algo andaba mal con esta persona, aunque prefirió no hacerle caso a sus instintos.
-¡Ya me tienes harto! ¡Muereeee! – Gritó el sujeto, intentando dar una estocada al muchacho, pero…
¡PLAF!
El joven guerrero había detenido la espada con la punta de sus dedos. Esto dejó completamente consternado al sujeto, que a pesar de que ejercía mucha fuerza en su ataque, simplemente no lograba mover al joven muchacho, que a pesar de tener una apariencia apacible, mostró tener una fuerza sobrehumana que superaba con creces a los guerreros nativos del lugar.
-Por última vez, retírate y llévate a tus amigos si no quieres que esto termine mal.
Para este punto, el instinto del hombre le gritaba que se retirara, que esta no era una pelea que pudiese ganar. Sin embargo, si propio orgullo y la furia que sentía al saber que un simple muchacho era quien lo estaba venciendo lo hicieron ignorarlo.
En un último y desesperado intento por superar al joven, el hombre soltó rápidamente su espada y dirigió un golpe con todas sus fuerzas hacia el vientre del guerrero, siendo su intención tomarlo por sorpresa y así terminar con él en cuanto cayera al suelo.
Sin embargo, como si se tratara como una sombra, el muchacho esquivó el golpe como una agilidad sobrehumana y, enganchando su pierna detrás de la del hombre, dio una fuerte patada a su rodilla, girando al mismo tiempo su muñeca para hacer que la espada apuntara al sujeto, que había caído de espaldas al suelo. El frío tacto de la espada se clavó ligeramente bajo su mentón, obligándole a alzar la mirada hacia unos ojos rojos que en esos momentos brillaban con una ferocidad que su rostro no reflejaba.
Pero lo más característico de este joven era su cabello blanco, que se dejó ver cuando la capucha que lo cubría por fin cayó de su cabeza, con una apariencia similar a la de un conejo.
El enorme sujeto no podía sentirse más humillado en ese momento, después de haber visto la apariencia de la persona que lo hizo besar el suelo con demasiada facilidad.
Un niño que parecía tener no más de 14 años, lo había derrotado con facilidad y mostraba tener una ferocidad que ninguno de los presentes parecía tener. El joven guerrero cerró su puño derecho, el cual lentamente era cubierto por una energía blanca
Extrañamente, el enorme sujeto comenzó a sonreír.
-Pero qué estúpido eres, niño… ¡Ahora! – gritó el sujeto, para que en ese momento el resto de sus compañeros saltaran para atacar con sus armas al joven, que no se movió. Simplemente se volvió hacia ellos y cerró los ojos.
FLUSSSH
Un ancho haz de luz apareció en ese momento. Este había sido creado por los brazos del joven guerrero, generando un torbellino masivo y fuertes vientos a su paso, los cuales mandaron a volar a sus atacantes que se estrellaron en los edificios cercanos, quedando inconscientes al instante.
El único que quedaba consiente era el líder, que había sido por el joven guerrero, quien lo miraba horrorizado.
No entendía que había hecho ese niño, lo único que sabía en ese momento es que si hacia algo más, no terminaría bien, ni él ni sus compañeros.
-Les dije que se fueran y no me hicieron caso, ahora pagaron el precio de su necedad – musitó el joven guerrero, que simplemente se dispuso a caminar hacia la fuente para tomar sus pertenencias y también ver si los pequeños que había ayudado con anterioridad se encontraban a salvo.
(¿Q-quién es este mocoso?) – se cuestionó mentalmente el enorme sujeto, que intentaba incorporarse de nueva cuenta, pero era inútil. Su miedo le impedía hacerlo – (¿Por qué es tan poderoso?)
En cambio, aquel joven de pelo blanco ahora simplemente lo ignoraba mientras acaricia al perro y al gato, que por suerte se habían refugiado en el callejón cuando comenzó la pelea.
-¡Oye, tú! – llamó repentinamente el joven guerrero, sin mirarlo.
-¡¿S-sí?!
-Será mejor que te lleves a tus amigos con un doctor, todos en este momento están muy mal heridos y si no los atienden rápido, es posible que mueran.
Ahora el enorme sujeto estaba completamente confundido, realmente no se esperó que ese joven guerrero fuera tan amable, otro aventurero o guerrero habría aprovechado para acabarlos en ese momento.
-¡¿Qué esperas?! ¡Ya vete y llévate a tus amigos, antes de que me arrepienta! – ordenó el joven guerrero.
-¡S-sí!
Dicho eso, el enorme sujeto se levantó, aunque con dificultad, y se llevó a todos sus aliados aún inconscientes.
-No importa en qué parte del mundo esté, siempre hay gente mala – musitó el joven, para luego sentarse – Bueno, ya no importa, espero que con lo que acabo de hacerles rectifiquen el camino y vivan honestamente.
Después de hablar consigo mismo, el joven de cabello blanco se fue a sentar con tranquilidad en la fuente del lugar e inmediatamente se dedicó a ver el cómo se ocultaba lentamente el sol.
Los últimos rayos de luz ya habían desaparecido en ese instante, dejando en su lugar el cielo nocturno, el cual era bañado por miles de hermosas estrellas que se podían contemplar a la perfección desde donde estaba sentado.
-Me cuesta creer que ya pasaron 4 años desde esa terrible batalla, maestro – susurró el joven con tristeza mientras alza el brazo como si intentara alcanzar aquellas lejanas estrellas – Me pregunto, si me vieras ahora mismo, ¿pensarías que me convertí en un buen caballero?
El joven guardó silencio por unos momentos, manteniéndose en la misma posición, hasta que bajó el brazo y se levantó, para dejar atrás la fuente.
A la mañana siguiente
Ya había comenzado otro día como cualquiera para los habitantes de Orario, donde muchos aventureros se dirigían hacia las mazmorras para ganarse la vida como de costumbre.
Humanos y elfos abrían sus negocios para generar dinero, niños iban a la escuela, restaurantes y tabernas comenzaban a limpiar para que en la tarde recibieran a los hambrientos aventureros. Otro día como cualquiera… O eso hubiera pensado la mayoría de los habitantes, ya que ahora era diferente.
Esto era porque mucha gente, aventureros, ancianos, niños y demás se habían juntado en la plaza de la ciudad para hablar de un acontecimiento importante que se había dado ayer en la tarde.
-¡Es enserio! – exclamó una mujer vestida como mesera, que estaba justo en medio de la multitud – ¡Ayer un misterioso guerrero encapuchado derroto a Tiwo y a sus hombres por sí solo!
-¡Es cierto, yo también lo vi! –la apoyó otra mujer que vestía de la misma manera y estaba cerca de ella - ¡Se movía tan rápido que no pude verlo bien!
-¡Además era muy fuerte e hizo correr fuertes vientos con sus brazos que mandaron por los aires a Tiwo y sus hombres!
Mucha gente escuchaba atentamente al par de mujeres, aunque era natural que sucediera esto. Para muchos, o al menos en los barrios más bajos donde casi no hay seguridad, el nombre de Tiwo es algo terrible.
Un aventurero y bandido a su vez de nivel 2, con estadísticas considerablemente altas (para algunos) es algo que para varios significa problemas y para otros es un simpe dolor en el trasero.
Los murmullos no se hicieron esperar en ese momento, aunque lamentablemente, no eran murmullos por la impresión, sino más bien de escepticismo.
-¡No estamos locas! –exclamó una de las 3 mujeres - ¡Nosotras vimos la pelea de principio a fin!
-¡Así es…!
-¡Esa persona derrotó a…!
*¡Cierren la boca!*
Sin embargo, fueron silenciadas por uno de los tantos hombres que están entre la multitud, el cual tenía apariencia de aventurero. Este no tardó en dar un paso al frente para encarar a trio de mujeres, que lo miraban un poco asustadas.
-¡Eso es imposible, nadie se había atrevido a enfrentar a Tiwo y sus esbirros en este barrio de Orario! – refuto aquel aventurero.
-¡De seguro vieron mal!
-¡Lo más seguro es que fue un aventurero de alguna de las familias más fuertes que hay en la ciudad!
Para colmo, ese aventurero era apoyado por sus amigos y compañeros que estaban con él. Sus palabras hicieron dudar más al resto de la multitud y provocaron que la veracidad de lo que decían aquellas 3 mujeres se fuera por los suelos.
*Mejor vámonos*
*Tienes razón, solo estamos perdiendo el tiempo*
*Si no nos hubiéramos detenido a escucharlas, de seguro que en este momento estaríamos en el calabozo cazando unos cuantos Minotauros*
*Sí, que pérdida de tiempo*
Entre quejas e insultos, la multitud comenzó a dispersarse, dejando al trío solas, las cuales no se veían con muchos ánimos.
-¿Por qué no nos creen?
-De seguro fue porque dijimos que solo una persona derrotó a esos bandidos.
-Es lo más seguro, a lo mejor si hubiéramos mencionado a alguna de las familias que hay en Orario, como por ejemplo la Familia Loki, la historia hubiera sido más creíble.
-Aún así, estoy muy segura lo que vimos ayer.
-Ya no importa, no nos creen.
-Mejor vayamos a trabajar, Mia Mama ha de estar esperando por nosotras y si ve que llegamos tarde, de seguro que reduce nuestra paga de esta semana y nos hará limpiar toda la cocina como la última vez.
Las 3 chicas, sin más que decirse entre ellas, se retiraron en ese momento, aunque se les podía ver desanimadas.
Aunque sí hubo alguien que les creyó entre toda la gente que las escuchó, esta persona estaba parada en uno de los callejones más oscuros, cercano a donde habían estaban hablando el trío de mujeres.
Esa persona era la misma de la cual hablaban las 3 chicas con emoción y observaron su pelea con aquellos bandidos. Aún seguía encapuchado para no llamar la atención.
-Al parecer tuve espectadoras el día ayer y no me di cuenta – comentó el joven guerrero – Debo tener más cuidado, no debo llamar la atención mientras esté en la ciudad, eso pondría la misión en riesgo. Debo pensar qué hacer para mantener un perfil bajo.
El joven se dio media vuelta y se fue caminando con tranquilidad, pensando sobre que iba hacer de ahora en adelante.
Más tarde ese día
Ya era más de medio día y el sol estaba en su cúspide, bañando de cálidos rayos de luz a Orario. Muchos aventureros que habían salido en la mañana a las mazmorras, regresaban con un gran botín y artefactos en sus manos, los cuales podían vender a buen precio a herreros, comerciantes y más.
Mientras, otros ya habían generado una ganancia en su trabajo, siendo un buen día lleno de productividad para muchos. Bueno, casi para todos, había sus excepciones.
Entre estas excepciones estaba aquel joven guerrero que simplemente caminaba por la particular ciudad, mientras que aun pensaba sobre qué hacer para no llamar la atención.
Lamentablemente estaba haciendo todo lo opuesto.
*¿Quién es ese sujeto?*
*Es la primera vez que lo veo*
*¿Qué traerá en esa enorme caja que lleva cargando a sus espaldas?*
*Parece muy sospechoso*
*¿Será un aventurero o un mercenario?*
El que usara una capucha con capa, la cual ocultaba perfectamente su apariencia física, lo hacía ver bastante sospechoso ante la vista de uno que otro habitante de aquel lugar. Los murmullos y comentarios llegaron a sus oídos y simplemente suspiró un poco cansado. Realmente no esperó que la gente a su alrededor lo viera como alguien sospechoso, con intenciones ocultas.
-Creo que me cambiaré de ropa – susurró el joven guerrero – Supongo que por aquí debe haber alguna tienda ropa para que pueda cambiarme sin ningún problema. – para que después comenzara a caminar en búsqueda de alguna tienda de ropa para aventureros
Minutos más tarde – En alguna parte de Orario
El joven guerrero no tardo mucho tiempo en encontrar una tienda de ropa de su gusto, donde conseguiría un nuevo vestuario.
Ahora estaba viendo todo tipo de atuendos, aunque seguía llamando la atención de la gente presente, incluso de la encargada que era una elfo, la cual no tardo en acercarse a él.
-¿Di-Disculpe, señor? – pregunto la elfo, llamando la atención del joven guerrero.
-¿Sí?
-¿Po-Podría quitarse la capucha?
La solicitud de la elfo confundió un poco al muchacho, que simplemente ladeó la cabeza.
-¿Por qué?
-E-Es que está asustando a algunos de mis clientes – respondió la elfo – Sé que sonará grosero, pero con esa apariencia luce muy sospechoso y no me gustaría que me ocasionara problemas. No sabe cómo tratamos a los criminales por estos lugares.
La elfo lentamente fue desenfundando lo que parecía una enorme daga que estaba atada a su cadera, pero esto no fue lo que llamó más la atención del joven guerrero, sino más bien lo que había debajo de sus zapatos.
Un circulo de energía se había formado de la nada en el suelo, exactamente donde estaba parado el joven guerrero, que hasta ahora se había dado cuenta que mucha comerciantes de Orario eran más que eso. Si hubiera sido otro caballero al que estaban amenazando, aquella elfo ya estaría muerta, o al menos muy mal herida. Por suerte, se había topado con alguien que era bastante amable.
Además, estaba un poco de acuerdo con la elfo, si alguien con la misma apariencia que el traía hubiera ingresado al santuario de Athena, lo más seguro era que él y los otros caballeros habrían sido hostiles.
-Así que por favor, de la manera más sutil, le pido que se quite la capucha
-Está bien – dijo el joven guerrero amablemente, mientras se retiraba la capucha.
Cuando el joven guerrero finalmente se la quitó, la elfo se ruborizó levemente.
Era natural que pasara, nunca se ve a un joven adolescente con cabello blanco y ojos rojos, que puede ser comparado con un conejo basado en su apariencia. Podría ser considerado lindo, hasta cierto punto, por más de una, y más por la amable aura que desprendía aquel joven, que no mostraba ni un solo signo de estar molesto por la amenaza que había recibido por la elfo que ahora no dejaba de mirarlo.
-¿Pasa algo? – pregunto el joven.
-N-No – respondió la elfo - ¡¿Cu-cuál es tu nombre?!
El joven guerrero mostro una pequeña sonrisa ante la pregunta.
-Bell…Bell Cranel – respondió el joven guerrero – Ese es mi nombre señorita.
FLUSH
Varias mujeres que se encontraban en la tienda sintieron como una flecha atravesaba su corazón. La elegancia con la que se había presentado, su amabilidad, pero principalmente su apariencia comparada con la de un lindo conejo, le robó el corazón a más de una.
La elfo, igual de afectada que las demás mujeres en la tienda, solo pudo quedarse mirando al chico con la boca entreabierta y el rostro completamente rojo por algunos segundos, hasta que pudo recuperar la compostura, carraspeando ligeramente para disimular.
-Mu-Muchas gracias, señor. De esta forma luce mucho menos sospechoso que antes.-Con un gesto sutil de su brazo derecho, la chica desvaneció el círculo de energía bajo los pies del chico de pelo blanco.
El joven solo le dirigió una sonrisa avergonzada y rascó su nuca con nerviosismo.
-Siento mucho haberla puesto nerviosa, señorita, no pretendía hacer eso. Solo quiero conseguir un traje más apropiado para mí, le aseguro que no busco problemas.
El resto de las personas dentro de la tienda murmuraron entre ellos por un momento, llegando a la conclusión de que el chico probablemente no era un peligro después de un momento, con muchas de las mujeres comentando lo educado que parecía y que tal vez se habían apresurado demasiado al momento de juzgarlo.
La joven elfo simplemente soltó un suspiro que sonaba ligeramente aliviado y cansado a la vez, pero igualmente le dirigió una sonrisa divertida a su problemático cliente.
-Bien, supongo que si quiere lucir como una persona más respetable, no me queda más que ayudarle. Por favor, acompáñeme y le mostraré algunos conjuntos que pueden resultarle útiles. ¿Buscaba algo en especial?
Una vez dicho eso, el resto de la clientela volvió a sus propios asuntos, con algunas chicas lanzando miradas interesadas de vez en cuando hacia el misterioso muchacho, el cual había seguido a la elfo y le describía las características que buscaba.
Después de un rato, la elfo le entregaba al muchacho varios posibles conjuntos para que se probara y lo empujaba gentilmente hacia las habitaciones donde podía cambiarse.
-Muchas gracias por su ayuda, señorita, estoy seguro que encontraré algo que me sirva aquí.-comentaba Bell a la elfo con una sonrisa alegre. Sin embargo, por un momento se detuvo con una mirada ligeramente nerviosa y continuó-Disculpe, apenas se me acaba de ocurrir que no pregunté su nombre, ¿podría decírmelo si no es mucha molestia?
-Mi nombre es Cinida. Si necesita algo más, solo llámeme y vendré a ayudarle-Le respondió la elfo con una pequeña sonrisa y después se retiró para seguir atendiendo a sus clientes.
Dentro del vestidor, Bell dejó finalmente la pesada caja en su espalda en un rincón y revisó cuidadosamente cada conjunto que la chica le había entregado hasta elegir los que más le gustaban y posteriormente se los probó, realizando distintas poses para probar su movilidad hasta decidirse por un conjunto oscuro de pantalón y manga larga, con unas botas y abrigo color café que podrían resistir el uso constante. Sintiéndose satisfecho, volvió a colgarse la caja al hombro, tomó el resto de la ropa y salió dejándose el conjunto puesto.
Al salir, avistó inmediatamente a Cinida entregándole una bolsa a otro cliente y despidiéndolo con cortesía. Con entusiasmo, se acercó y dejó cuidadosamente la ropa doblada sobre el mostrador. Cinida solo volteó a mirarlo con una sonrisa pícara.
-Vaya, debo admitir que un simple cambio de ropa hizo maravillas para hacerlo menos sospechoso-mencionó con algo de gracia.
-Sí, tal vez no debí actuar de forma tan misteriosa, supongo-respondió Bell con diversión, no pudiendo evitar una risita mientras le entregaba a la elfo la cantidad necesaria para cubrir el costo de la ropa.
Cinida se ruborizó ligeramente una vez más ante la adorable risa del chico, pero con una firme sacudida de su cabeza, se recompuso y aceptó el dinero, dándole unas cuantas monedas de cambio al chico.
-Bueno, a pesar de empezar tan mal nuestro encuentro, me da gusto haber sido de ayuda. ¿Hay algo más que pueda hacer por usted?
El chico levantó rápidamente la mirada de sus bolsillos para ver a Cinida directamente a los ojos, pareciendo pensar por un momento hasta decidir qué responder.
-Yo… ¿Sabe si hay alguna familia que esté buscando aventureros por esta región? ¿Uno o más dioses que estén buscando miembros ahora mismo?
-Pues… Orario es un lugar donde convergen varias familias de dioses, puede que alguna de ellas esté buscando miembros. Aunque pueden ser un poco exigentes acerca de las personas que permiten unirse a ellas, me temo, así que tendrá que buscar un poco. Sería más fácil si estuviera relacionado a alguna familia anteriormente. ¿Tiene algo así?
Cinida se sorprendió un poco al ver los brillantes ojos carmín oscurecerse por un momento a un tono rojo sangre y los pálidos labios fruncirse en una mueca ligeramente adolorida. Una de las manos del chico igualmente se cerró con fuerza sobre una tira de la caja que llevaba en la espalda, al punto de que sus nudillos se volvieron blancos casi en su totalidad.
-Solía tenerlo-fue lo único que contestó Bell, con una voz sin tono ni sentimiento, escuchándose mucho más frío de lo que la elfo lo hubiera oído desde que lo conociera.
Este conjunto de gestos y la escueta respuesta del muchacho hicieron que la muchacha decidiera no seguir con esa conversación y mejor concentrarse en la cuestión anterior.
-Si gusta, puedo hacerle una lista de las familias más prominentes en Orario y probar suerte con ellas. Sé que no es mucho, pero puede empezar con eso.
Los ojos de Bell recuperaron un poco su brillo anterior y, aunque su mirada lucía apagada y su boca solo logró formar una sonrisa triste, su voz volvía a sonar cálida y amable.
-Si pudiera hacer eso por mí, se lo agradecería.
Tomando rápidamente un poco de papel, Cinida trazó un sencillo mapa mostrando la ubicación de las familias principales de horario, agregando unos cuantos nombres por los que el chico podía preguntar si así deseaba.
-Aquí tiene, espero que esto sea útil -le dijo con gentileza mientras le extendía el papel.-De igual forma, si necesita alguna cosa más, puedo intentar ayudarle en lo que pueda.
Bell lo tomó, con cuidado de no correr la tinta y le dirigió una sonrisa de agradecimiento a la chica.
-Lo tendré en cuenta. Muchas gracias, Cinida, nos veremos luego-con una ligera inclinación y aún sonriendo, el joven guerrero dejó a la sonrojada elfo detrás, cerrando la puerta con suavidad y sintiendo la brisa suave rozar su rostro.
Más tarde ese día
Después de haber recibido esa pequeña ayuda, Bell no tardo en ir a buscar a las familias para intentar unirse a ellas.
Desgraciadamente para el joven de cabello blanco, las cosas no resultaron como esperaba. Debido a su apariencia apacible e inofensiva, algunas de las familias que fue a ver lo rechazaron inmediatamente con un “Lo siento, pero este lugar no es para niños”.
Ahora se arrepentía un poco de haber cambiado de vestuario, al menos con su ropa anterior no lo hubieran rechazado de forma tan abrupta y cabía la posibilidad que le hubieran permitido unirse. Pero ya no había vuelta atrás y lo hecho, hecho estaba, no le servía llorar por la leche derramada. Simplemente le quedaba seguir con las visitas y la esperanza de poder encontrar alguna familia a la que pudiera unirse.
Lamentablemente las horas pasaban y lo seguían rechazando sin importar a donde fuera. Si no era por su apariencia, lo rechazaban por que buscaban a alguien con otro tipo de características.
El joven caballero ya estaba bastante cansado por andar por gran parte de la ciudad y las opciones que le quedaban eran muy pocas.
Ya era el atardecer y muy pocos rayos de luz iluminaban la hermosa ciudad, así que por ahora iba a descansar. Sin darse cuenta, había llegado al lugar donde conoció al par de animalitos que se le acercaron el día anterior.
No tardo en irse a sentar a la fuente que aún era iluminada por los rayos de sol y sacar algo de la caja que venía cargando. Solo tardó unos segundos cuando había sacado una pequeña lira.
Nota: La lira es un instrumento musical que, como el arpa, se tocaba con las dos manos.
Observó el cielo por unos segundos y respiro profundamente cuando inmediatamente comenzó a tocar una hermosa melodía que resonaba en todo el lugar.
La forma perfecta para cerrar el día lleno de productividad de la ciudad.
Los minutos pasaron y Bell seguía tocando. Aunque era armoniosa y bella, la melodía no atrajo a nadie.
Eso era lo que creía el, ya que sin darse cuenta alguien se había sentado junto a él y recargado en su hombro.
Esta persona era una bella y pequeña chica de apariencia juvenil, la cual tiene los ojos azules y cabello negro, el cual estaba atado en un par de coletas. Ella tiene un tipo de cuerpo pequeño, que enfatizaba extrañamente aún más en sus pechos. Su atuendo era un mini vestido blanco con una cinta azul alrededor del cuello y otro atado debajo de sus pechos alrededor de sus brazos, un par de guantes blancos y usa un par de sandalias blancas.
Aunque aquella chica había aparecido de la nada y sentado junto a él, parecía disfrutar de la melodiosa música que producía el chico al tocar la lira que estaba en sus manos. Bell siguió tocando la lira para seguir complaciendo a su única espectadora, que no se movía de su lado.
Finalmente, después de unos minutos, la noche cayó y Bell se detuvo. En cambio, su espectadora no se había movido de su lugar, sino que se recostó en sus piernas.
-Esa fue una hermosa melodía – comentó aquella chica de repente – Es la primera vez que escucho algo tan hermoso en mi vida…Gracias.
-No tienes que dar las gracias, simplemente toque porque yo quería, pero es bueno que al menos a alguien le gustara mi música.
-No solo fui yo la que disfruté de tu música, toda la gente de este barrio en sus hogares la disfrutaron como no te imaginas.
-¿Cómo lo sabes?
-Pude sentirlo, sus corazones se calmaron y se llenaron de un sentimiento de paz que fue transmitido por esta pequeña lira cuando era tocada por ti-respondió ella-He vivido un tiempo en esta ciudad y es la primera vez que siento que el corazón de la gente se llena de paz, todo gracias a ti.
En el rostro de Bell se formó una pequeña sonrisa, la cual expresa su felicidad. Esta era una sonrisa diferente a la que venía mostrando. Esta era una sonrisa de satisfacción de haber ayudado tan siquiera un poco.
-¿Cuál es tu nombre?– pregunto Bell repentinamente .
Aquella misteriosa chica se levantó y se paró justo enfrente de Bell, inflando el pecho con orgullo y mostraba una gran sonrisa algo engreída.
-Ju ju ju, regocíjate, estás enfrente de alguien superior. Escucha con atención, porque no le repetiré una segunda vez… ¡Yo soy la gran diosa Hestia! – exclamó ella con orgullo
Bell simplemente guardó silencio, aunque está sonriendo algo nervioso. Bueno, no era para menos, era la primera vez que veía a alguien presentarse de esa manera.
-¿Hes…tia?... – Preguntó Bell, provocando que aquella chica se deprimiera
Hestia cayó sobre sus piernas y miró el suelo, desanimada.
-¿Por qué siempre me pasa esto? – Se preguntó Hestia – No importa con quien me presente, nadie me reconoce… UHGGG…
-T-Tranquilízate un poco por favor, e-en verdad lo siento –
Bell inmediatamente se acercó a ella y tomó su rostro para mirarla a los ojos
-A-Ahora ya lo recuerdo, en la mitología hay una diosa con ese nombre, Hestia la diosa griega del hogar… ¿Esa misma diosa eres?...
Un brillo inesperado apareció en los ojos de la pequeña diosa que la hizo sentirse feliz, ya que había sido reconocida. Hestia no tardó en levantarse e inflar su pecho con orgullo de nueva cuenta.
-¡Sí, esa misma Hestia soy yo! – Respondió la autonombrada con orgullo – ¿Eh?...
Pero se sintió un poco desconcertada al observar como el chico de cabello blanco se hincó enfrente de ella.
-Mucho gusto Diosa Hestia, yo soy Bell…Bell Cranel – se presentó el educadamente.
-El gusto es mío Bell Cranel.
Hestia le extendió la mano inmediatamente a Bell, esperando a que él la sujetara, pero contrario a lo que ella esperaba, este la tomó con suavidad y la besó, provocando un fuerte sonrojo en el rostro de la pequeña diosa.
-Diosa Hestia…
-¡¿S-Sí?!
-¿Me permitiría ser parte de su familia?
La joven diosa miró al chico con una expresión estupefacta, como si tuviera que procesar una palabra a la vez para descifrar el mensaje y después de unos segundos, una sonrisa altanera se posó en sus labios y con un dramático gesto, empujó hacia atrás una de sus coletas y cubrió su boca con el dorso de su mano.
-Ju ju ju ju, estaba más que claro, cualquiera estaría encantado ante la oportunidad de formar parte de mi familia, solo los mejores de los mejores pueden ser aceptados-dijo la deidad con un tono rebosante de confianza y sus ojos brillando con astucia-Normalmente, deberías pasar pruebas extenuantes y casi imposibles para siquiera considerarte, pero…-la chica formó una expresión pensativa en su rostro, como si considerara cuidadosamente sus opciones-Creo que puedo hacer una excepción para ti, ya que has reconocido quién soy, después de todo.
Durante la larga declaración de la diosa, Bell había estado observándola con curiosidad y ligera confusión hasta que escuchó la última frase, después de la cual una enorme sonrisa de alegría y emoción iluminó su rostro, haciendo que sus ojos resplandecieran con destellos carmín. Rápidamente, aferró con más firmeza la mano de la diosa, cubriéndola ahora con ambas de las suyas, presionándola contra su pecho.
-¿¡En verdad!? ¿¡Me concedería ese honor, a pesar de que no he realizado ninguna de esas pruebas!?-el chico casi gritaba, emocionado por la idea de conseguir una familia que lo aceptara tan fácilmente, sin decirle lo débil que parecía ni que no era el tipo de aventurero que buscaban-¡Juro que no le fallaré, mi Diosa!
Viendo las tiernas facciones del chico de pelo blanco frente a ella, observándola con adoración y sintiendo sus cálidas manos colocando la suya contra su firme pecho, la joven diosa pudo sentir el calor aumentar en sus mejillas y su corazón bombear con fuerza, sin ningún control.
-Pues…E-Estoy segura de eso, si no, n-n-no te hubiera dado esta magnífica oportunidad-al fin logró contestar después de un momento, intentando recuperar el control de la situación. Aún así, su rostro permaneció ruborizado y su mirada estaba atrapada por los resplandecientes ojos del chico-Eh… Entonces… ¿Cómo puedo llamarte, ya que vas a formar parte de mi familia?
-Mi nombre es Bell Cranel, mi Diosa, siempre a su servicio-respondió el muchacho, inclinando su cabeza e hincándose frente a la joven diosa, aún sin soltar su maño.
Con un pequeño sobresalto, la pequeña diosa sacudió su cabeza para aclarar sus ideas y empuñó su mano libre, con un brillo de determinación en sus ojos y una enorme sonrisa.
-¡Entonces está decidido! ¡A partir de este momento, Bell Cranel, oficialmente formas parte de la familia Hestia!
-¡Sí! ¡Le agradezco, señorita Hestia, haré mi mejor esfuerzo para ser su mejor seguidor!-exclamó Bell con entusiasmo, dando pequeños saltos para mostrar su entusiasmo, los cuales Hestia no pudo evitar imitar. La alegría del chico era bastante contagiosa.
Después de unos momentos de saltar y reírse juntos, ambos jóvenes se miraron con grandes sonrisas en sus rostros, las manos de Bell habiendo finalmente liberado la de Hestia y simplemente descansando sobre su cadera, jadeando para recuperar el aliento. La joven diosa imitaba frente a él imitaba su postura, soltando pequeñas risitas de vez en cuando mientras intentaba calmarse un poco más.
-Bien, creo que… deberíamos… ir a casa ahora-comentó la chica, casi recuperando el aliento en su totalidad-Debes descansar si es que vamos a empezar a entrenarte para las mazmorras.
La enorme sonrisa de Bell no se desvanecía y simplemente se enderezó para tener una postura adecuada frente a la deidad.
-Sí, mi Diosa-dijo simplemente, con sus esperanzas renovadas y listo para todo lo que se pudiese presentar.
Unos minutos después…
Después de poco tiempo, los jóvenes caminaban por las desiertas y oscuras calles de Orario, con el único sonido que los acompañaba siendo el susurro del viento y la animada voz de la diosa, hablando sobre los grandes tesoros que se podían encontrar en las mazmorras, las aventuras que se podían vivir y la fama que se ganaba por estas hazañas.
Bell solo escuchaba en silencio a la alegre chica, pensando en lo agradable que le parecía la idea de tener una familia de nuevo. Con la vibrante voz de la chica resonando a su alrededor y el reconfortante peso de la caja sobre su espalda, Bell se sentía mucho más aliviado de lo que lo había hecho por años.
En medio de la plática de Hestia, ella se detuvo a la mitad de la cuadra para mirar de frente a Bell y alzó sus brazos en un gesto teatral.
-¡Aquí estamos, esta es la base de la familia Hestia!
El edificio donde la deidad se había detenido tenía la apariencia de una pequeña capilla, con un sendero y escalones de piedra, grandes puertas de madera y ventanas adornadas con vitrales que reflejaban diferentes colores ante la pálida luz de la luna. Sin embargo, Bell notó que, a pesar de las similitudes con una casa de adoración, el edificio no parecía recibir muchos cuidados.
El camino de piedra tenía varios tramos agrietados o con pedazos de piedra sueltos invadiendo su superficie, con plantas que sobresaliendo entre las grietas. El edificio en sí lucía viejo y destartalada, con sus hermosos ventanales rotos y opacados por el polvo, algunos marcos despedazados, apenas sosteniendo el vidrio de colores en su lugar. Los tejados tenían agujeros y partes donde los materiales se encontraban corroídos por el paso del tiempo, con musgo escalando por las otrora blancas paredes y cuando Bell lanzó una discreta mirada a uno de los costados del edificio, pudo ver lo que parecía una pared derrumbada sobre sí misma y que había sido reconstruida precipitadamente, aún con trozos de madera y trpzps de piedra desperdigados en el suelo.
Bell no pudo evitar recordar las múltiples casas de las familias donde probó suerte antes de Hestia, generalmente grandes casas o mansiones con extravagantes adornos, fachadas limpias y arregladas, además del cuidadoso mantenimiento y remodelaciones que los seguidores de las familias realizaban. Edificios imponentes, muchas veces realzados por detalles en metales y piedras preciosas dependiendo de la personalidad del dios que guiaba a la familia, con los que no pudo evitar comparar este pequeño edificio de apariencia tan descuidada.
Por un momento, Bell ladeó ligeramente su cabeza en un gesto de confusión, pera después simplemente enderezarla y caminar con calma para llegar al lado de Hestia. Con un poco de reparaciones y mantenimiento, los pequeños defectos podían solucionarse con el paso del tiempo, así que el muchacho no veía un gran problema con el estado de la construcción. A pesar de la apariencia desgastada del lugar, el aura cálida y agradable del mismo eran inconfundibles.
-Parece un lugar acogedor-comentó con sinceridad, percibiendo esa aura tan reconfortante con mayor claridad conforme se acercaba.
Hestia, que se había mantenido sonriendo y con los brazos abiertos durante todo el tiempo que Bell había estado contemplando el edificio, pareció ganar mayor energía ante el comentario del muchacho y sus hombros se relajaron sutilmente. Bell no estaba seguro de ello, pero casi se atrevería a decir que la diosa lucía… ¿aliviada? El chico no sabía si esa era la situación, pero era la palabra más cercana que se le ocurría para el tipo de reacción que tuvo la pequeña joven.
¿Tal vez la chica estaba tan emocionada como él por tener un nuevo integrante en su familia? No creía que un simple mortal pudiera generar ese tipo de reacción en alguien con el poder que los dioses poseían, pero conocía perfectamente bien la sensación de querer impresionar a una nueva amistad, así que era probable que algo así estuviera pasando con la chica. El chico sonrió levemente ante el pensamiento y se decidió a estar atento a las reacciones de la diosa, por si había necesidad de asegurarle que todo estaba bien y no tenía que ponerse nerviosa.
-¡Muchas gracias!-respondió con alegría, caminando con confianza hasta las puertas y sujetando una de las manijas-Pero ya verás que el interior es mucho mejor que—
Al mismo tiempo que hablaba, la diosa había girado la manija y jalado suavemente para abrir la puerta, pero al momento de hacerlo, la puerta había emitido un fuerte crujido y quedó colgando del marco, apenas aferrándose a un soporte.
Después de un momento de silencio en que la sonrisa de la chica se había congelado con un rictus de nerviosismo en sus labios y los ojos de Bell se habían abierto hasta su límite en una cómica expresión de sorpresa, Hestia simplemente abrió la puerta con cuidado, procurando recargarla contra el muro para que no terminara por caerse, para voltear hacia Bell con una risita nerviosa y una sonrisa más tensa.
-Eh… Bueno… Creo que tendremos que arreglar eso mañana, los accidentes pasan, ¿sabes?
Aún un poco descolocado por lo sucedido con la puerta, Bell tardó unos segundos en reaccionar ante las palabras de Hestia.
-¡S-Sí, claro!-respondió él tan pronto como pudo articular las palabras-¿Está bien si… entramos?
Con un rápido asentimiento, Hestia entró rápidamente a la casa, luciendo un poco incómoda con la situación, pero dando pasos firmes al atravesar la puerta.
Ya en el interior del edificio, Bell pudo ver un espacio amplio con muebles gastados y solo iluminados por unas cuantas velas distribuidas en las esquinas del edificio. Unos cuantos utensilios estaban colocados cuidadosamente en el fregadero donde Bell supuso que se encontraba la cocina, cerca de una mesa y sillas de madera, donde había una pequeña canasta de mimbre con panecillos.
El chico, mientras examinaba el lugar, no pudo evitar notar un efecto interesante en la habitación. Si bien los muebles y la habitación en sí lucían desgastados y viejos, se encontraban limpios y bien mantenidos, los agujeros en la tela del largo sillón en medio del piso habían sido parchados con cuidado y la habitación estaba inundada con una sensación de calidez y tranquilidad, haciendo que su postura se relajara y una suave sonrisa naciera en sus labios. Dejando la pesada caja que cargaba en una de las esquinas de la casa, donde no bloqueara el camino, el chico dejó sus brazos caer a sus costados y se dejó envolver por la reconfortante aura del lugar.
-Hogar, dulce hogar-comentó Hestia, habiendo recuperado su entusiasmo normal y colocando sus manos en la cadera, luciendo orgullosa del lugar. Cuando se dio la vuelta para mirar a Bell, notó la atención que el chico estaba poniendo en la canasta sobre la mesa-¿Tienes hambre? Ven, siéntate y comamos.
Inmediatamente, Hestia tomó la mano de Bell y lo guió con gentileza hasta una de las sillas, empujando ligeramente sus hombros para hacerlo sentarse y colocó un pequeño panecillo en un plato frente a él, antes de ella misma sentarse con otro panecillo.
-Anda, que no te dé pena, puedes comer cuanto quieras-le dijo al muchacho de pelo blanco antes de tomar una gran mordida de su panecillo, dejando salir un sonido de gusto al saborearlo.
Con una sonrisa tímida, Bell tomó un bocado más mesurado de su comida, cerrando sus ojos con satisfacción ante el tenue sabor a canela y azúcar del panecillo, con el esponjoso bocadillo deshaciéndose en su boca casi de inmediato.
-Esto es delicioso, mi Diosa, muchas gracias por su hospitalidad.
La joven diosa le dirigió una mirada ligeramente sorprendida por un momento, para después sonreírle con alegría.
-Me alegra que te guste. Si quieres más, solo tómalo.
Con un sonido afirmativo, Bell se inclinó hacia adelante para tomar otro panecillo. Sin embargo, debido al desgaste de la silla y el peso extra que el chico puso sobre las patas delanteras al hacer ese movimiento, la madera de una de las patas se venció, haciendo que el chico cayera directamente contra la mesa con un grito y el estruendo de su rostro golpeando la mesa y sus rodillas el suelo.
-¡Aaah, Bell! ¡¿Estás bien, qué sucedió?!-con pánico en su voz, la deidad salió disparada para sujetar el rostro del guerrero con delicadeza, examinando la mancha rojiza que sin duda se tornaría en un chichón en su frente.
Apretando los dientes para evitar soltar un gemido de dolor, el chico intentó restarle importancia al asunto.
-Creo que soy un poco más pesado de lo que pensaba, la silla no pudo conmigo. Parece que ese segundo panecillo no fue una buena idea.
En ese momento, el muchacho sintió las manos de Hestia tensarse sobre sus mejillas, pero sin ejercer presión sobre ellas. Con lentitud, la chica dejó caer sus manos y su cabeza al mismo tiempo, temblando ligeramente. Bell, ligeramente nervioso, vio las manos enguantadas empuñarse sobre las piernas de la chica, su respiración volverse más entrecortada y, aunque no podía ver los ojos de la chica al estar cubiertos tras su flequillo, pudo ver sus labios temblando al intentar reprimir sus sollozos.
Ahora definitivamente preocupado, el chico intentó encontrar los ojos de la diosa y rodeó suavemente las pequeñas manos para brindarle consuelo.
-En serio no fue nada, es verdad que duele un poco, pero estoy bien y no me sucedió nada malo, mi Diosa.
Contrario a lo que esperaba, sus palabras solo lograron que los suaves sollozos de la chica lograran escapar de sus labios y que una cristalina lagrima rodara bajo su rostro. Con desesperación, Bell intentó limpiarla con su pulgar, solo para ser reemplazada por muchas lágrimas más bañando el hermoso rostro. Sin saber qué hacer, el chico solo siguió tratando inútilmente de secar el rostro de la chica.
-Esto es culpa mía-murmuró finalmente Hestia, con un tono débil y derrotado.
-¿Qué? No, nada de eso, usted no pudo haber sabido que esto iba a pasar-se apresuró a asegurarle Bell, deseando que la chica dejara de sollozar. Ella simplemente sacudió su cabeza furiosamente.
-¡No! ¡No me refiero a eso!-alzó la voz la diosa, para después volver a hablar en voz baja, casi inaudible-No sé cómo es que creí que iba a ser una buena diosa para alguna persona, por esto es que no tengo una familia en primer lugar.
Finalmente, la diosa alzó su rostro y el corazón de Bell se retorció al verla. Sus cejas estaban fruncidas con dolor y sus ojos azules brillaban por las lágrimas que se acumulaban bajo ellos, expresando una profunda tristeza y desesperanza.
-Siempre he habido que no soy una diosa importante. No puedo ofrecer nada de lo que la mayoría de los aventureros buscan cuando quieren unirse a una familia. No puedo ofrecerles poder, no puedo ofrecerles sabiduría, no puedo ofrecerles fama, no tengo ni siquiera los seguidores como para poder tener riquezas que ofrecer. Eso está bastante claro-al decir esto último, hizo un ademán vago hacia la habitación, haciendo especial énfasis en la pared medio derrumbada de uno de los costados-Solo puedo ofrecer una casa que apenas logro mantener en pie, la poca comida que puedo conseguir con el dinero que gano y a mí misma, una diosa pobre y desconocida que no es gran cosa.
Bell había permanecido todo el tiempo en silencio, escuchando las palabras de la diosa con atención. Sus ojos carmín mostraban tristeza por lo que escuchaba, mas no interrumpió en ningún momento. Una vez que la diosa dijo la última palabra, ya solo soltando leves llantos, volvió a tomar gentilmente las manos de Hestia y la instó a levarse junto a él.
Con un poco de dificultad. Bell logró hacer que la joven se pusiera de pie y lo siguiera a la entrada de la casa, donde había dejado la caja. Asegurándose de que la chica permaneciera a su lado, el chico se arrodilló y tocó la tapa de la caja con algo cercano a la adoración.
-Hace ya un tiempo, yo tuve una familia-declaró con suavidad. Aún sin voltearse, pudo escuchar la rápida inhalación de sorpresa de Hestia-Y quienes la conformaban eran eso mismo para mí, personas que eran mis hermanos y amigos, en los que podía confiar bajo cualquier circunstancia y por los que yo haría lo que fuera, de la misma manera en la que ellos lo harían-la mano sobre la caja repentinamente se tensó, pareciendo querer aferrarse a su superficie-Y hace ya tiempo, tuve que ver a gran parte de mi familia sucumbir a un poder más grande que todos nosotros, dando sus vidas para dar una última oportunidad a los que quedábamos.
-E-Eso es…-la diosa ahora tenía sus ojos bien abiertos, observando la caja con una mezcla de admiración y temor que no había habido en sus ojos durante todo el tiempo que Bell la conocía - Athena…
Bell dio un pequeño respingo al oír ese nombre y un gesto de dolor se mostró en su rostro por un momento, antes de recomponerse y solo dejar una expresión melancólica en sus ojos. Asintió con un leve movimiento.
-El pertenecer a esa familia me enseñó algo. Si bien el pertenecer a ella me concedió fuerza y poder, eso no fue lo importante para mí. Estoy seguro que para otros, esas fueron las razones que tuvieron para unirse, pero para mí, era debido al lazo que compartía con ellos, el poder tener a alguien a quien llamar “hermano” o “hermana”, el tener a alguien al cual confiarle mi vida. Lo que yo buscaba era, en todo sentido de la palabra, una familia. Un hogar.
Volviendo a levantarse, el joven se colocó frente a la diosa, viendo fijamente sus ojos para que su mensaje quedara claro.
-¿Y qué mejor familia podría darme eso que la que pertenece a la diosa del hogar? No necesité ser nada más que lo que soy para que me aceptara, de la misma manera que usted no necesita más de lo que puede ofrecer para que yo acepte ser parte de su familia - sin el menor signo de duda, Bel rodeó a Hestia con sus brazos y le dio un suave abrazo, sonriendo con dulzura - Con el tiempo y trabajando duro, pronto haremos que este sea nuestro hogar perfecto para la familia Hestia.
Hestia, sin poder hablar y procesando las palabras de Bell, solo pudo devolver el abrazo con fuerza, aferrándose a aquel chico que le estaba dando esperanzas una vez más. Soltando una lágrima más, esta vez debido a su alegría, enterró su rostro en el pecho de Bell y se permitió ser calmada por la calidez de su cuerpo y la presión de sus brazos.
-Gracias…Bell…
-Yo soy el que tiene que agradecer, mi Diosa– respondió él con suavidad - Le juro que no le fallaré, tiene mi completa lealtad…
