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El aroma a café lo despertó, mientras que la mantequilla derritiéndose empezaba a seducir sus sentidos. Escuchó la alarma del despertador y dio un manotazo cuando escuchó la voz enfurecida de aquella mujer gritando probablemente muy cerca de donde él se encontraba.
—¡Ya es tarde! ¡Y ni salgas con que te vas a meter a bañar porque llevo una maldita hora gritándote que te levantes! ¡Apúrate y ya vete a la escuela!
Se paró de un salto y como pudo, se vistió. Miró la fecha en la pantalla estrellada de su celular. Era 11 de agosto. Tomó su mochila y fue corriendo a la cocina. Dio un sorbo al café, quemándose la lengua por su proeza y mordiendo una de las tostadas que estaban en un plato.
—¡Y es la última vez que te pido que te afeites esa maldita barba, Anthony Edward Stark! ¡Ya te lo he pedido muchas veces! ¡Pareces un vago!
Se detuvo en seco. Algo no andaba bien.
—¿Disculpe? ¿Qué dijo?
La mujer se ajustó sus gafas y se plantó frente a él.
—¿Ahora me dejas de tutear para hacerte el gracioso?
—No, en serio. Yo… —dijo sin entender lo que pasaba.
La mujer se recogió el cabello.
—Dije que te afeites esa maldita barba, Anthony Edward Stark porque pareces un vago. ¿Estás sordo?
Tony dejó caer la mochila. La mujer lo miró con reproche cuando el timbre sonó.
—Abre mientras sales. Ah, y cuidadito con que llegues tarde otra vez o regreses sin pagar la cuenta del gas. Hoy me tuve que bañar con agua fría porque muy seguramente ayer alguien se estuvo columpiando toda la tarde tomándole fotos a Spider-Man —dijo mientras lo apuntaba con un dedo—. A veces pienso que tu jefe es un completo imbécil por no darse cuenta de que su fotógrafo estrella y su archienemigo son la misma persona. Ya vete, ¡corre!
Sin entender nada, Tony recogió sus cosas del suelo y fue directo a abrir la puerta. Era una señora que balbuceaba cosas que no podía entender dado el aturdimiento en el que estaba su mente y la dejó pasar. Caminó hacia las escaleras como un autómata y en el pasillo se encontró con una jovencita que iba viéndose en un espejo. Sin dudarlo se lo arrebató y se miró en el espejo. Su rostro seguía siendo el mismo de siempre: maduro, marcado por algunas arrugas y con aquel eterno aire de soberbia y galanura que era imposible de disimular.
—¡Gracias por el espejo, Gwen! ¡De nada, Tony!
—¿Me conoces? —le preguntó cautelosamente a la muchacha de cabello rubio que lo miraba con cierto desdén— ¡¿Me quieres decir qué pasó?! ¡Sé que algo anda mal y yo…!
La chica rodó los ojos mientras se cruzaba de brazos.
—¿Te golpeaste la cabeza o algo? ¿O es que tu obsesión por Peter Parker otra vez te frio el cerebro?
Tony se acarició el rostro. Esas arrugas podían sentirse claramente al tacto al igual que aquella barba que había crecido unas cuantas horas durante la madrugada. Le parecía increíble que nadie le dijera lo ridículo que debía verse vestido como un mocoso desaliñado usando ropa holgada y anticuada que no iban con el porte de alguien como él. Estaba al borde del colapso tratando de entender todo aquello y su voz era la prueba fehaciente de eso.
—¡Es que no puede ser! ¡¿Sabes quién soy y cuántos años tengo?! ¡Tengo la edad suficiente para…!
La chica suspiró mientras lo tomaba firmemente de la barbilla y lo miraba fijamente.
—Para ser mi imbécil hermano menor, todos lo sabemos y en serio, Tony, tu obsesión por Iron Man/Peter Parker debe parar. ¡Nos vemos!
Tony se quedó con el espejo en la mano y volvió a verse. No había duda de que se trataba de él y por más que lo intentó, sólo recordó haberse ido a dormir después de una improvisada juerga nocturna en su enorme apartamento. Había bebido lo usual: un poco de vodka aquí, algo de whisky por allá y recordaba haber rematado con ese raro licor rojo que Thor había llevado. Todo era tan confuso, justo como se estaba sintiendo en esos momentos. No podía encontrar una buena explicación y rogaba porque se tratara de un mal sueño.
—Buenos días, joven Stark.
Tony volteó asustado solo para encontrarse con aquella sonrisa burlona y ese cabello intensamente negro y casi ondulado.
—¡Tú!
El mejor bromista de los nueve mundos lo miró con esos ojos verdes.
—Sí, yo. ¿Pasa algo? Luces un poco… ridículo con esa ropa y esa mochila —dijo Loki mirándolo despectivamente.
Tony se le fue encima, pero con vergüenza descubrió que la fuerza física que poseía no había servido ni para rozar el cuello del hechicero.
—Supondré que trataste de atacarme, pero bueno, encerrado en el cuerpo enclenque de un mocoso de ¿quince años? Realmente no hay gran cosa que puedas hacer, aun cuando seas Spider Man —dijo Loki burlonamente.
—¡¿Quince años?! ¡Tengo cuarenta y cinco! ¡¿Te parece gracioso todo esto que está pasando?!—gritó desesperado.
Loki alzó las cejas indicándole que una viejecita los estaba mirando con extrañeza.
—Jóvenes, ya sabe cómo se ponen —dijo Loki mientras le sonreía a la señora.
Tony respondió furioso sin importar que lo escucharan gritar.
—¡Quiero pensar que se trata de una de tus estúpidas bromitas, ¿verdad?! ¡Estoy completamente seguro de que tú planeaste todo esto! —le cuestionó el ex millonario al asgardiano.
—No esta vez. La verdad es que pensé que podría divertirme un poco estos días, pero aquella estúpida montaña de músculos que tengo como hermano, me ahorró el trabajo. Estaba perfeccionando una de mis mejores pócimas, pero no estaba terminada y no sé por qué carajos Thor la confundió con el licor de cereza que estaba guardando, pero para el caso da lo mismo. No sabes cuántas veces le he dicho que no toque mis cosas cuando estoy haciendo lo mío y…
—¡¿Y a mí qué carajos me importa?! ¡Arregla esto! —dijo mientras se señalaba a sí mismo.
Loki lo miró fijamente y frunció el ceño.
—Pues podrías mejor agradecerme porque jamás pensé en verte así de joven, aunque sí te ves como un vago con esa barba y peor, como un mocoso jugando a ser un adulto y…
Tony levantó el brazo para darle un puñetazo, pero de inmediato se le acalambró. Loki ni se inmutó.
—Mira, se supone que el efecto no es permanente pero sí afecta un poco a quien la toma y a todos a su alrededor. Digamos que quise replicar los efectos de la gema de la realidad, pero como te dije, no está terminada. Ni siquiera había pensado en hacer que alguien la probara para ver si servía o no, pero al parecer, funciona mejor de lo que esperaba —Loki, en un gesto inusual en él, empezó a rascarse la cabeza—. Pero me sigo preguntando por qué carajos cambiaste de vida con el niño araña. Tal vez ese es un efecto secundario y es prueba de que los dos son el uno para el otro. Tal vez sea buena idea usarla como poción de amor…
—¡¡No digas estupideces!! —gritó Tony mientras se sobaba el adormecido brazo— ¡¿Y cómo para cuando crees que termine todo esto?! ¡¿Qué va a pasar con su mente de mocoso mientras está en mi lugar?! ¡¿Y si arruina mi compañía?!
—Eso no lo sé, pero igual no es como si en tu vida “normal” tomaras decisiones muy sabias.
La desesperación estaba consumiendo a Tony.
—¡¿Entonces que hago?!
—Pues llega temprano a clases, ayúdale a tu tía con los deberes, respeta a tus mayores, aprende a correr bien en deportes, no sé. Haz cosas de un muchacho de “tu edad”. Ni siquiera sé si haya la posibilidad de que recuperes tu vida tal y como era antes o de que el mocoso sea consciente de lo que acaba de suceder —dijo Loki mientras sonreía.
—¡Pero si dijiste que los efectos no son permanentes! —casi chilló Tony por la desesperación.
—Pero también te dije que nunca la había probado, así que no sé con certeza si duren mucho o no, si sean irreversibles o no. Pero vele el lado bueno, al fin sabes lo que es vivir del lado de los desfavorecidos y si algún día regresas a la normalidad, tendrás toda la autoridad moral para saber cómo combatir a la pobreza porque vives en condiciones algo precarias. Piensa en generar empleos y cuida el tuyo. Todos los adultos cuidamos bien nuestros empleos.
—¡¡Pero tú ni siquiera trabajas!! —gritó Tony cada vez más alterado— ¡Te parece gracioso, pero no lo es!
Loki se encogió de hombros.
—Para mí sí que lo es. Digamos que sin querer, quedamos a mano por eso que pasó hace tiempo en la Torre con su Hulk y eso. No fue agradable que aquella masa verde con ojos me azotara repetidamente contra el piso mientras tú tomabas un trago muy alegremente.
Tony suspiró viendo que en serio no iba a ser ayudado. Loki le dio una palmadita en el hombro.
—Anda, ve a clases. Para todo el mundo, el tiempo sigue siendo el mismo, para esas mujeres sigues siendo el pobre e idiota chico que está obsesionado con Iron Man y bueno, sígueles el juego en lo que pensamos cómo solucionar esto. Algo se me va a ocurrir.
Tony miró a Loki con ojos suplicantes.
—¿Me vas a ayudar a resolver esto? ¡Te juro que apenas pase, te daré todo el dinero que quieras! ¡El teseracto incluido y…!
El hechicero sonrió levemente al escuchar los ofrecimientos de Tony.
—Por lo mientras, no olvides comerte tus vegetales en el desayuno y disimula cuando veas pasar a esa chica que tanto te gusta. Bueno, no es como que en realidad te guste mucho, pero a nadie le gustan los pervertidos que miran insistentemente a la única muchacha bonita de la escuela. Anda, actúa como lo harías si tuvieras quince años otra vez.
Tony negó con la cabeza al ver que Loki desaparecía frente a sus ojos. No entendía por qué su cuerpo insistía en seguir avanzando y lo obligaba a bajar las escaleras cuando todo lo que su mente quería, era poder comprender por qué las cosas habían dado ese desafortunado giro.
