Chapter Text
«Antes de ser un dragón, hay que sufrir como una hormiga»
—Anónimo.
PRÓLOGO
—x—
« Jin GuangYao ha sido el peor hereje de la cultivación»
« La secta Lanling Jin se ha ido junto con su antiguo líder, a las profundidades»
« Se dice que el Líder de secta Jiang tiene intenciones de tomar el liderazgo de ambas sectas...»
« El Patriarca YiLing, en definitiva, ha regresado...»
La fatídica noticia del verdadero motivo de la muerte de Nie MingJue y quién había sido realmente Jin GuangYao, se esparció como pólvora por las bocas de los lugareños, dejando una estela de asombro y conmoción en el mundo de la cultivación.
Habían pasado menos de tres meses desde la caída del Cielo, y los rumores aun tenían la lengua tan larga que llegaban a los pies de la montaña más remota. Incluso una tan remota como Gusu Lan. Para ese entonces, Lan XiChen no deseaba oír ninguno. Deseaba ensordecerse con su exilio y silenciarse con su meditación, y para su desgracia, ninguna de las dos cosas estaba funcionando.
Comprendió que el exilio le brindaría poco consuelo y solo debía conformarse con las vastas lamentaciones de sí mismo y las que le ofrecían los demás. Su corazón yacía asustadizo detrás de su pecho, llorando en silencio mientras se forzaba a esbozar una sonrisa que apretaba el alma.
Sus dos hermanos jurados. Uno tan feroz como el acero, otro tan oscuro como el carbón; y a ninguno pudo hacerle frente de su verdadero color.
No podía evitar que su mirada se nublara con la tristeza y que sus lecciones a los discípulos fueran más harapientas conforme pasaban los días. Su tío le otorgó días de descanso, con ojos severos que le exigían firmeza.
—Eres el líder de secta Lan, ¿acaso te exiliarás igual que tu padre, olvidándote de tu secta? —Palabras que sabía que iba a oír tarde o temprano—... ¿Igual que WangJi? XiChen debes saber...
Su tío planteó unos cuatro o quizás cinco conceptos más de control y liderazgo sobre la adversidad, que se le escaparon porque para entonces ya no estaba prestando atención.
« Un líder no puede permitirse debilidades»
¿Qué acaso un líder no era una persona también? ¿O incluso estaba privado de un aliento de humanidad?
Sabía que su tío solo quería ofrecer una apología palabras que, de alguna forma, debiesen servir al consuelo. Lan Qiren siempre había sido un hombre de firmes convicciones que, si bien no hacía entrar la letra con sangre, lo hacía con largos y meticulosos discursos que debían recitar al dedillo tras su culminación. No era una mala persona, en su rostro había tal dignidad —oculta tras su estoicismo y ceño fruncido—, que a nadie podría hacer pensar que no tenía buen corazón. Solo era un hombre ajado en la rectitud, amante de la disciplina y con fuertes deseos de evitar infaustas caídas que, no solo una sino dos ocasiones, mancharon el nombre Lan. El amor de un padre hacia una mujer que se jactó por salpicarse las manos de la sangre de su gente; Un jade que dedicó su vida a entera a amar a una criatura torcida y caminante del cultivo demoníaco, olvidando la vida de honra y orgullo con la que lo había formado.
Dos "caídas" en términos de Lan Qiren en referencia a su padre y hermano, y ahora con esos dos ejemplos apostados frente a él, Lan XiChen era el centro de su atención con ojo de águila.
Tú no puedes desviarte...
Qué asfixiante.
«Eres afortunado, WangJi...», pensó con una afligida sonrisa.
Se sobrepuso con entereza para repeler aquel puntiagudo ataque y respondió en tono de quien ha oído ese sermón demasiadas veces.
—Tío, aprecio tus palabras y, ten la tranquilidad, que no cometeré los mismos errores. —Si es que el amor podría considerarse un error—. Solo necesito un poco de tiempo.
—¿Cuánto?
¿Cuánto?, eso es una excelente pregunta, tristemente planteada bajo pobres versos que no tenían palabras para esbozar cualquier excusa intangible. ¿Qué es lo que se escondía detrás de ese enfático interrogatorio?
—XiChen —llamó su tío, en un largo suspiro—, es plausible que rindas tales luctuosos homenajes a tus pérdidas, y sujetarte a la obligación filial de rendirles tributo a tus hermanos caídos; pero perseverar en terco dolor, es una conducta de impía obstinación.
En definitiva, aquel diálogo infectado de escepticismo hizo polvo el poco ánimo de Lan XiChen. Con los párpados bajos y aquel color nocturno en su alma, oyó sin pasión y hablaba para obtener solo beneplácitos discursos de un cultivador anciano y temeroso de sus acciones.
—Desearía, tío, que no esbozase mi carácter en base a lo que me ocurre en este momento, porque tengo razones para temer que el resultado no reflejaría la verdad.
Su tío cerró los ojos, levantándose de su puesto. Su larga y afinada postura siempre había sido justa, como su orgullo, su mirada, su mera existencia. Lan XiChen por un momento saboreó la desazón de mendigar solo un atisbo de lo que le sobraba a su tío, para reponerse de su padecimiento.
—Buscar respuestas en las cenizas es un dolor impropio de hombres. —habló Lan Qiren tras una pausa para escoger sus palabras—. Un corazón sin fortaleza merece ser juzgado y torcido por cualquiera. Me es increíble pensar que existen otros que han entendido que la muerte es el acto más común como son los sentidos. Echar tierra sobre el último ciclo de la vida y envían sus esperanzas a la reencarnación de las almas de sus anhelos, sin que sus actos se detengan. —Luego; desvió la cabeza y murmuró entre dientes—. ¿Por qué mis sobrinos no son así?
Lan XiChen solo atrapó una parte interesante de aquella trillada perorata y preguntó para no dejar caer en grava el afán de su tío en reponerle.
—¿Y quién goza de aquella fortaleza, tío, deseando en íntimos afanes que nos comparta un poco?
Lan Qiren frunció aún más el ceño. No le respondió, ni brindó una conjetura de hacerlo y Lan XiChen sabía que tampoco debía insistir. Su tío enredó sus dedos en su barba, meditando, quizás pensando en las próximas palabras.
—Hay un banquete en Yunmeng. —le anunció, cambiando de tema y el jade agradeció a los dioses que aún se acordaban de ellos—. Y pronto habrá una cacería patrocinada por ellos.
Bien, eso no era lo que precisamente deseaba oír. ¿Qué me decías sobre los hombres sin fortaleza, tío?
—Tío, yo... —quiso decir, suspirando.
—WangJi no está —interrumpió adelantándose. Aquella frase la dijo con el más puro desaire—. Y no voy a dejar las lecciones de nuestros discípulos, para que se vean perturbadas por las acciones de otros —No tuvo que enfatizar un nombre, para saberse de quienes hablaba. Caminó hasta la salida del Hanshi y culminó—: Eres libre de decidir lo que harás. Después de todo, aquí y afuera, sigues siendo el Líder de la secta Lan.
Con ello, se batió en retirada con sus túnicas revoloteando. Lan XiChen lo vio marchar, sin que una respuesta se posara en su lengua. Se mantuvo en su posición con aire distante, los pensamientos más ariscos arañaron su calma fría y su rostro se oscureció con una expresión dolorosa.
—A todos nos gusta dar lecciones —dijo para sí, sonriendo—, pero parece que solo enseñamos lo que no merece la pena saber.
Continuará.
