Work Text:
Me llamo Wičháȟpi ektá ha que significa 'Estrellas en la piel' y soy un sioux.
Nosotros los sioux somos un todo, viajamos por el flujo del viento y sabemos quien es cada uno de nosotros aunque nuestras cascaras de piel no se hayan visto jamás. La palabra sioux no solo es una unidad de almas, también se refiere a siete tribus indígenas que están divididas en tres estructuras conocidas como Teton, Yankton y Santee. Yo pertenezco a la última. Tenemos muchos nombres que nos califican, nosotros somos santee pero la gente que no alcanza la montaña nos conoce como dakota.
Nací en los bosques de Minnesota en la cabaña de corteza de mis padres. Mi ina que se llamaba Wambli él tȟaté que significa 'Águila de viento' pensó que era una bebé antes de enseñarme a nacer, por lo que el boticario cantó toda la noche refiriéndose a mí como a una Wicinca. Las parteras eligieron hierbas especiales para el nacimiento de hembras y se las frotaron en los pechos y el vientre para luego lavarla con agua el río. El parto fue duro según mi ate, pero estaba sano y mi ina viva. Cuando vieron que tenía pene se extrañaron porque el wicahcala de mi tribu les dijo a mis padres que mi destino era florecer como mujer y vivir muchos años. De todas formas y a pesar de la primera impresión Talia Sichum Sung Manitu, el itancan del poblado, dijo que la decisión estaba tomada por Wakan Tanka, 'el Gran Espíritu' y que no había que cambiar el camino donde empezaban mis huellas. Esa decisión se tomo bien pues era un llamado del Gran Espíritu, wicahcala decía que pasarían muchas cosas y que si nuestra deidad me había hecho nacer así era por que tomaría el papel de wicasa y winyan cuando fuera maduro.
Aunque se dijo eso a medida que iba creciendo descubrimos mi tiospaye y yo que mi físico no era el más apropiado. Tenía una estatura parecida a la de las hembras del poblado, mi cuerpo tenia formas redondeadas donde los músculos no destacaban y a pesar de ser turgente mi piel era demasiado sensible, no tenía cuerpo para cazar así que desde muy temprano desempeñe tareas de ambos sexos. No salía a por búfalos pero podía recolectar alimentos silvestres que se encontraban en los arbustos más complicados y labrar ayudando a las mujeres menos hábiles. También teníamos nuestro momento, en las tardes, para hacer abalorios que se utilizaban en las ceremonias y con los que seducir a los hombres del poblado. Yo me disfrazaba con aquellas cuentas junto a los demás niños.
Mi ina me enseñó a tener paciencia y a hablar con Maka-akan que nos cuida y ayuda a ser y existir siguiendo tu camino de huellas, pero mirando siempre la línea de constelaciones. Yo le daba las gracias a quien me había enseñado a nacer por tener su misma piel de estrellas y mi nombre. Le daba gracias porque me sentía más cerca de mi Wamakaskan, aunque todavía no supiera que animal era, y mi camino de constelaciones. Ella era mi ina y como tal yo estaba en ella igual que también había estado en mi kunsi cuando Wambli él tȟaté estuvo en el vientre. Eran cosas quela tierra hacía y la que me enseño a nacer me mostraba. Con mis diez lunas la gente sabía ver lo que wicahcala había predicho empezando por el carácter curioso y vital que decían que poseía. El rumor de que el Gran Espíritu me había rozado en el vientre de mi ina se extendió fuera incluso de nuestra tribu, pero ninguno vino a comprobar si era cierto pues pensaban que éramos falsos. Ella si lo creía y me animaba a seguir escalando la montaña y encontrar lo que mi mente buscaba por muy duro que fuese.
Nuestra cultura y creencias son difíciles para los Wasicun pero tiene un hilo rojo fuerte y visible para quien lo quiera ver.
Cuando tenía catorce lunas mi ina murió.
