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Los pétalos de las flores caían como lluvia en la plaza. Una cantidad sorprendente de colores y formas mezclándose en el aire. Música vibrante y rostros alegres llenaban cada rincón del lugar. Había tantas personas que era difícil moverse entre ellas.
En el pasado Xie Lian nunca había tenido la oportunidad de asistir al Festival de las Flores, pero agradecía haberlo hecho ese año. Todo era tan brillante y hermoso, si hubieran llegado un poco más temprano quizá la gente no hubiera sido un problema para admirar las decoraciones. Había tantas personas que si uno no era cuidadoso podía terminar siendo arrastrado por el mar de gente.
La multitud ya había separado a Xie Lian de sus amigos en más de una ocasión, pero esta vez cuando se dio cuenta ya había demasiados metros y personas separándolos como para poder contrarrestarlo. Aunque Feng Xin y Mu Qing le insistieron en que fuera precavido y no se alejara demasiado había terminado siendo arrastrado sin remedio.
Sus intentos de ir a contracorriente fueron en vano y al final dejó arrastrarse por la intensa marea.
—Lo siento, ¡perdón! —cada vez que chocaba contra alguna persona, o cuando golpeaba por accidente a alguien, no podía evitar disculparse incluso si no volvía a ver a esas personas—. ¡Lo siento! No quise…
Tratando de esquivar a unos niños que se deslizaban entre las piernas de las personas que caminaban, tratando de llegar más rápido a donde querían, Xie Lian resbaló. Estaba seguro de que si caía el grupo de personas seguiría su curso sin intentar ayudarlo; incluso podrían caminar sobre él confundiéndole con el suelo.
Podía imaginarse reunido con otras personas caídas en el suelo, entre los pétalos y el polvo, tal vez ahí podría abrirse paso entre las piernas del mismo modo en que hacían los niños. La mano sobre su hombro no permitió que su fantasía continuara.
—¿Estás bien?
Otra ola de personas y Xie Lian terminó con su rostro enterrado en el pecho del otro hombre. Apenas pudo distinguir el color rojo ante él, mientras que la gente los empujaba y arrastraba, presionándolos, como si quiera forzarlos a formar un solo ser.
—Lo estoy, gracias —cuando elevó la mirada sólo pudo ver la afilada y fuerte mandíbula del otro hombre, una cercanía poco natural entre sus labios y la blanca piel del cuello—. Gracias por ayudarme.
Lo había repetido por temor a no ser escuchado la primera.
—Está bien, no fue nada —el hombre aún lo estaba sosteniendo, incapaz de apartar su mano por el flujo continuo de gente—. Soy Hua Cheng.
—Xie Lian —respondió.
Mientras la distancia entre sus cuerpos se extinguía, las personas a su alrededor y el oleaje que formaban con sus movimientos les advertían que pasaría un rato antes de que pudieran separarse. Ambos cambiaron un poco sus posturas mientras se dejaban llevar, riéndose al ver la situación en la que estaban ahora.
—Nunca había visto a tanta gente junta —Xie Lian estaba riendo mientras veía que ellos dos no eran los únicos atrapados en la marea.
—¿Es tu primera vez en el festival?
Asintió, y al darse cuenta de que su movimiento probablemente sería imperceptible respondió en voz alta.
—Lo es, ¿y la tuya?
—También.
Por fin el brazo de Hua Cheng abandonó su lugar en el hombro de Xie Lian, pero sus manos pasaron a entrelazarse para evitar que cualquiera de los dos cayera. Otro par de niños pasó frente a ellos sin problemas, abriéndose paso como sólo las personas de esa estatura podían hacerlo en una multitud.
—Cómo me gustaría volver a ser un niño —resopló, la sonrisa aún en su rostro.
Su comentario hizo reír al más alto.
—Pienso lo mismo. Cuando llegué ya había muchas personas, ¿cómo es posible que lleguen cada vez más?
—Me pregunto cuánto tiempo llevarán intentando salir algunos.
Ambos rieron de nuevo.
—¿Viniste con alguien? —la pregunta la hizo Hua Cheng cuando por fin tuvieron la suficiente libertad como para escoger por dónde caminar.
Aunque sus manos se habían soltado, aún caminaban hombro con hombro, con sus dedos casi tocándose en caso de que otra ola de personas los arrastrara.
—Con unos amigos. Aunque los perdí hace bastante —confesó—. ¿Y tú?
—Vine con mi mejor amigo. Aunque también lo perdí.
Xie Lian tuvo que contener una risa.
Se sentía como en esas veces en las que cualquier acción o comentario, sin importar cuál fuese, lo hacía reír como si hubiera presenciado el mejor acto de comedia en el mundo. La risa descontrolada y fuera de lugar no parecía ser cosa sólo suya, Hua Cheng también sonreía y parecía estarse conteniendo.
Al ver que ambos estaban igual simplemente rieron.
Nunca ser arrastrado por una multitud se había sentido tan confortable. Cuando las risas terminaron ambos se tomaron un tiempo para componerse, evitando caer en un nuevo bucle de risas absurdas y sin sentido. El mar de personas había vuelto a atraparlos.
—Parece que ambos estamos perdidos.
Hua Cheng volvió a sujetar su mano sin borrar la sonrisa de su rostro.
—Al menos nos encontramos.
El comentario trajo una ráfaga agradable de calidez al corazón de Xie Lian, quien regresó el apretón de sus manos y disfrutó de la sensación. Era el mejor modo de no separarse.
—No tengo ni idea de adónde nos llevan —las personas que los empujaban y presionaban contra el otro parecía, con cada paso más, que en verdad buscaban convertirlos en uno solo.
—Si seguimos a la multitud lo sabremos.
Xie Lian suspiró con falsa exasperación:
—No es como si nos dieran otra opción.
Ambos sonrieron.
—Al menos agradece no ser tan alto —fue el turno de Hua Cheng de suspirar—. Siento que aplastaré a alguien y no me daré cuenta.
—¿Cuántas personas crees que ya han sido aplastadas?
El más alto miró hacia los pétalos que llovían sobre ellos y siguió su recorrido hasta el suelo antes de dar una respuesta.
—Espero que tantos como estas flores.
—Hua Cheng, ¡eso fue cruel! —Xie Lian rió—. Yo estuve por ser una de esas de personas.
El otro negó con la cabeza.
—No lo hubiera permitido, Gege.
La forma en que lo llamó hizo que su risa aumentara sin motivo. Si no estuviera tan fuera de sí se sentiría avergonzado de estarse riendo tanto frente a un hombre atractivo al que en ocasiones normales nunca hubiera podido acercarse.
—¿Qué sentido tiene ser mayor cuando no soy tan alto?
Hua Cheng sacudió la cabeza con falsa indignación.
—Este San Lang debe confesar que envidia su altura.
—¿Es así? Este Gege no se opone a cambiar estaturas con San Lang.
—Me temo que este San Lang no podría detener a Gege de que caiga si fuera tan alto.
La excesiva y falsa formalidad en sus voces se vio interrumpida por sus risas, ambos sólo continuaron mirándose el uno al otro disfrutando de que la corriente de personas los hubiera acercado.
Antes de que pudieran seguir bromeando un pequeño grupo de personas pasó entre ellos, separándolos, cuando reaccionaron la marea de gente se había cerrado y distintas corrientes los arrastraron cada vez más lejos el uno del otro. Hua Cheng y Xie Lian hicieron el intento de acercarse una vez más, pero las olas los llevaban en direcciones opuestas, y sólo pudieron despedirse con unos gestos.
Blanco y rojo siendo separados por un mar de personas.
La decepción y ligera molestia pintó el rostro de Xie Lian mientras luchaba contra la corriente, intentando volver a encontrar al hombre vestido de rojo. Podía imaginarlo hacer lo mismo. Un nuevo agarre en su mano, pero esta vez no había modo en que fuera el hombre de rojo. Apenas elevó la mirada la voz animada de Shi Qingxuan lo recibió
—¡Aquí estás! —exclamó—. Mu Qing y Feng Xin te estaban buscando, ¡no sabes lo mucho que nos preocupamos cuando desapareciste!
—La multitud me arrastró.
Shi Qingxuan sonrió.
—Lo supuse, me pasó lo mismo —mientras lo decía una sonrisa soñadora invadió su rostro—. ¡No imaginarás lo que ocurrió! Estaba por caerme cuando un hombre alto y atractivo me sostuvo.
Xie Lian sonrió al escuchar a su amigo, pero en lugar de imaginar la escena que contaba recordó la que él mismo había experimentado.
—¡Sin duda era mi alma gemela! Ambos sentimos la misma conexión apenas intercambiamos miradas —Shi Qingxuan caminaba con seguridad hacia el punto en que los otros dos habían quedado, sin dejar de hablar con un brillo ensoñador en su mirada—. No dejaba de quejarse de las personas mientras yo hacía bromas. ¡Pensábamos en lo mismo! Ah, He Xuan. He-Xiong. ¿No suena bien? ¡Debí pedirle su número además de su nombre!
Feng Xin y Mu Qing por fin se hicieron notar entre la multitud, ambos se sujetaban con los ceños fruncidos, claramente molestos por tener que hacerlo. Ahora estaban físicamente más cerca de lo que Xie Lian los había visto antes.
—¿Cómo estás tan seguro de que era tu alma gemela? —le preguntó a su amigo antes de estar lo suficientemente cerca de los otros dos.
—Si hubieras estado ahí te habrías dado cuenta. Ser arrastrados por una multitud parecía un paseo por el paraíso cuando estaba con él, incluso tratamos de volver a juntarnos cuando las personas nos separaron —Shi Qingxuan sacudió la cabeza de un lado a otro como si no pudiera creerlo, luego elevó la mirada todavía sonriente—. ¡¿Puedes creer que pasara algo como eso?! El día es lo suficientemente joven como para que tenga tiempo de buscarlo.
Xie Lian sonrió.
—Tienes razón —respondió mirando hacia donde había estado antes.
La sensación del cuerpo de Hua Cheng presionando contra el suyo y una risa hermosa con la que no le molestaría despertar todos los días. Con suerte incluso la multitud podría volver a reunirlos, y esta vez, se asegurarían de no soltarse hasta que hubieran organizado su próximo encuentro.
