Chapter Text
"Tu hiciste crecer flores en mis pulmones, y aunque son hermosas, no puedo respirar"
-anónimo
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"El virus del Hanahaki fuera de Japón, la enfermedad se expande por toda Asia y América".
"México es el país con más casos registrados alrededor del mundo".
"Famoso actor norteamericano muere después de asfixiarse con camelias".
"Primeros casos de Hanahaki registrados en Europa".
"Los científicos luchan por encontrar como contrarrestar el virus".
"Se calcula que la enfermedad se propagará en menos de un mes por todo el resto del continente europeo".
"Francia ha cancelado todos los vuelos y cerrado las fronteras del país con la esperanza de evitar infectar a sus pobladores con el virus".
Adrien hizo una mueca mientras pasaba de canal en canal, leyendo perezoso los títulos de las noticias, todos hablando del mismo tema. La enfermedad del Hanahaki se propagaba por todo el mundo en tiempo récord. La pandemia tenia a las fuerzas médicas militares y científicas de cada país en un estado paranoico de alerta. Suspiró ladeando la cabeza con la intención de tronar las articulaciones de su cuello, colocando sus manos en sus hombros apretándolos suavemente, diversas secuencias de imágenes que exponían la enfermedad y sus síntomas, aparecieron nublando la pantalla con sus grotescas fotografías, llenas de sangre, muerte y flores.
"Que horrible"
Pensó mientras escuchaba las gotas de lluvia repiqueteando el vidrio de su ventana, sintonizando una melodía melancólica. El sol de la mañana, cálida y reconfortante, creaba arco iris en el cielo cuando su luz reflectaba con las cristalinas gotas de agua. Plagg comía un pedazo de queso acostado a un lado del rubio, mirándolo de reojo y negando suavemente con la cabeza al notar la tristeza en sus ojos esmeralda.
Los sonidos de los pasos acercándose a donde estaban sentados, captaron su atención y alertaron a Plagg quien corrió un escondite en el bolsillo de la camisa de Adrien. Luka se acercó al rubio aún adormilado dando largos y pesados pasos, con el torso desnudo y los boxeadores cubriendo apenas la parte más sensible y personal de su cuerpo, bostezó abiertamente mientras rascaba su melena enmarañada.
-¿Algo interesante que ver? - pidieron ayudarse a un lado del rubio, a una distancia prudente y posicionar su brazo detrás del chico, recargándolo en la cabecera del sillón.
Adrien movió la cabeza en negativa y le entregó el pedazo de plástico que tenía por control remoto, sintiendo un escalofrío mover su cuerpo cuando tuvo contacto con la piel de la azabache, sospechado mientras se levantaba del sillón dirigiéndose a la cocina, con un cosquilleo extraño en su pecho molestado, y se sirvió un vaso de agua para calmar los nervios recriminándose por lo que en su mente imaginaba. Una extraña picazón grabó lentamente su traquea hasta llegar a su campanilla. Tosió un poco.
Plagg salió de su escondite y le reprochó con la mirada su falta de consideración a sí mismo. Señaló la puerta de la habitación de Adrien, informando al chico la incomodidad de encontrar en ese lugar y admirar como su portador perecía en silencio. El rubio apretó los labios y dio su permiso al kwami para retirarse.
-Esa enfermedad ... es espantosa.
Escuchó la tumba y adormilada voz de Luka quien miraba con una mueca las fotografías que aún gobernaban la pantalla de la televisión.
-Si que lo es- respondió soltando otro suspiro.
A él y solo a él se le ocurrían mil y una formas de destruir su corazón a conciencia ... Invitando a Luka a quedarse en su departamento mientras que el dolor de un amor no corresponde con sus afiladas garras magullaban su corazón.
Bien Adrien, bien.
¿Cómo es que había empezado todo esto?
Sonrió
Sostuvo el vaso de vidrio y miró el agua cristalina que brilla con los reflejos de la luz que ingresó por la ventana.
Hemos sido después de ser rechazado por Ladybug una última vez antes de empezar el invierno del año pasado.
"Chat ... Yo de verdad aprecio mucho tus sentimientos por mi pero ... Ya estoy enamorada de otra persona, será mejor para ti que olvides lo que sientes por mi, de verdad".
No era la primera vez que la chica lo rechazaba, siempre tenía una excusa para ir de tras del amor de la heroína, convenía de que algún día lograría obtener su corazón, pero por alguna extraña razón, esa vez era diferente. Aquella determinación de no rendirse con su dama se había evaporado y solo daba paso a una amarga y triste resignación.
¿Qué había cambiado en él que ya no le permitía seguir intentando?
No sabía y realmente ignoraba, así que había sonreído y depositado un único beso en los labios de la chica y le había deseado buena suerte. Ladybug, su amada Ladybug, por fin había podido desprenderse de ella aunque fuera doloroso.
Había llegado a su casa completamente derrotado, con el olor a alcohol y nicotina impregnado en su ropa. El azabache lo cargaba entre sus brazos preocupado por su actitud.
"Joven Luka ¿Podría venir a recoger al joven Adrien Agreste?"
La llamada del bar probablemente lo había descolocado, ni siquiera se lo había tenido éxito, fue a buscarlo y se encontró con él a un punto de romperse. Echo un bulto en uno de los rincones del lugar, con una buena cantidad de botellas de Ron y Vodka vacías sobre la mesa.
Los brazos de Luka lo habían consolado toda esa noche, sostenía su cuerpo envolviéndolo con ternura, susurrando palabras dulces y suaves. Tarareaba tristes melodías, jugando con una de sus manos con su rubia cabellera, mientras que la otra mano palmeaba suavemente su espalda y deslizaba su dedo índice formando círculos sobre la ropa de Adrien, dejando que se desahogara, que llorara, que dejara salir lo que quedaba de Ladybug en su corazón.
Esa noche Luka se había terminado de ganar su corazón.
No ... él ya estaba en su poder desde hace tiempo, solo que ese día se dio cuenta que sus sentimientos ya no estaban dirigidos a la heroína con traje de mariquita y de dos coletas azuladas, pertenecían a un joven azabache que, sin darse cuenta, se fue ganando lentamente, a través de los años, su confianza, su amistad, su cariño, su amor.
Luego, al poco tiempo, apareció la enfermedad. Silenciosa y perezosa, cobrándose las vidas de mucha gente, con lentitud, sin prisa.
Volvió a toser, esta vez con más intensidad, la brusca salida de aire en su seca garganta le causó dolor sacándole un leve y agudo chillido. Dejó el vaso lleno de agua sobre la barra e inclinó su cuerpo nivelado rápidamente delante cubriéndose la boca con una de sus manos.
-¿Adrien? ¿Estás bien?
El rubio se convirtió en la cabeza encontrándose con los amables ojos de Luka, quien se había levantado del sillón y se había acercado casi corriendo al escuchar tal manera tan abrupta de toser. Adrien se perdió en ellos por unos segundos y luego sonrió.
-Si, no te preocupes. Me estaba atragantando con el agua- dijo mostrándole el vaso lleno de agua.
Mas que engañar a Luka, se estaba tratando de engañar a sí mismo. Percibía el olor dulce de las flores en su boca, cada día con más intensidad, pero se negaba a creer que él estaba enfermo. El hanahaki se suponía que aún no cruzaba las fronteras de Inglaterra, el único lugar donde se habían presentado casos confirmados de la enfermedad. Aún así, tenía miedo de que el dolor que cada día crecía más y más en sus pulmones fuera de una infección bacteriana o viral cualquiera.
Un escalofrío grabó su cuerpo de pies a cabeza cuando un recuerdo fué se adentro en su mente.
No había dicho nada a nadie, pero en días recientes había notado muy extraño el comportamiento de Marc. Sabía que había abandonado el taller de divulgación artística, había dejado de escribir y apenas asistía a sus clases. En una ocasión lo había escuchado toser en uno de los baños de la universidad, y cuando salió de este, pequeñas manchas de sangre adornaban peligrosamente su ropa, y un pétalo de rosa negra estaba abandonado a un lado de uno de los inodoros. Pero lo había ignorado creyendo que todo había sido producto de su imaginación.
¿Y si el virus ya estaba en cada rincón del mundo y nadie se había dado cuenta?
¿Y si lo que vio aquella vez era real y Marc se estaba muriendo de hanahaki?
¿Y si él ya tenía hanahaki?
No. No podría ser así. Solo estaba paranoico. Si. Era eso. Él no tenía el virus. Él NO estaba enfermo.
El celular de Luka comenzó a sonar, sobreponiéndose a la voz de la reportera de la televisión, una tonada que aumentaba su pesar. El azabache lo ignoró y ayudo a Adrien a erguirse, notando algo extraño, miró fijamente su boca y su mano se colocó bajo su barbilla obligó a mirarle. El confundido rubio mordió la parte interna de su mejilla rezando a los dioses por no sonrojarse, y al mismo tiempo calmaba su alocado corazón que estaba por colapsar por la taquicardia. Luka acarició con su dedo pulgar el labio inferior de Adrien levantando suavemente su barbilla haciendo una mueca de disgusto.
-Adrien ... ¿Eres alérgico a algo más además de las plumas de paloma? - pregunto descolocando por completo al rubio.
-No- respondió rápidamente. Sus labios y su voz temblaron.
El celular sonó de nuevo. Luka lo volvió a ignorar centrándose completamente en el blondo.
-¿Seguro?
Adrien asintió mirando al azabache con una sonrisa. El celular sonó por tercera vez.
Luka soltó al blondo aún con una mirada sospechosa sobre su rostro, pero cuando vio el nombre de la persona que le llamaba tan insistentemente todo signo de preocupación desapareció de su rostro dejando en su lugar una risueña sonrisa, se colocó el pedazo de plástico sobre su oreja izquierda, mientras sus ojos toman un cálido brillo.
-Marinette- dejó dulcemente, acariciando el nombre de la chica letra por letra.
El corazón de Adrien se detuvo por unos segundos, todo atisbo de nerviosismo y de esperanza desapareció en cuanto el azabache termino de pronunciar el nombre de su novia actual. El rubio tragó saliva avergonzado por las cosas que habían tenido que formarse en su mente con el contacto de Luka, los labios de la azabache sobre los suyos, sus manos deslizándose por su cuerpo, caricias, susurros, mordidas, besos.
-Estoy en casa de Adrien ... él está ...
No pudo terminar de hablar, vio a Adrien correr en dirección al baño, tocando la boca mientras tosía, una tos seca que parecía desgarrarle la garganta.
-Marinette ... tengo que colgar ... te amo.
Volvió a toser, corriendo por llegar a tiempo al baño. Las palabras de Luka recibieron vueltas en la cabeza de Adrien. Las arcadas tomarán posesión de su cuerpo cuando se posiciona frente al lavabo, la horrible sensación de querer vomitar continuo hasta que algo salió de su boca, apretó el puño ocultando lo que había vomitado.
-¿Adrien? ¿Realmente estas bien? - La voz de Luka detrás de su espalda le alertó.
Se volteó, mirando al azabache, enojado obtuvo lo mismo por hacer que el amor de su vida se preocupó por él de esa manera. Asintió.
-Si ... debió de ser la comida de ayer ... no volveré a comer en ese puesto de comida rápida- le respondió tratando de sonar gracioso.
Luka no parecía muy convencido con la excusa del rubio, pero no tenía más vueltas al asunto y solo sospechaba con un poco de frustración. La enfermedad también tenía los pelos de punta, y la preocupación que tenía de sus amigos la contrajera ... principalmente su amigo rubio, que no conocía bien, se tragaría su amor con tal de ver a su persona amada feliz.
¡Oh! Dulce Luka de corazón puro e inocente. Si tan solo lo supieras.
-Esta bien ... iré a cambiarme- le dijo al rubio mientras daba la vuelta y cerraba la puerta del baño detrás de si.
Adrien lo miró salir para después de tenderse en el suelo, se abrazó a si mismo apanicado. Tenia miedo. Mucho miedo.
Bella y rota alma. Lo ha experimentado ya. El amor A veces hermoso. A veces doloroso.
¿Sabes cuál es el mayor problema de enamorarse?
Los sentimientos no siempre son correspondidos de la misma manera.
Las lágrimas de Adrián evolucionarán a recorrer su piel pálida, nublándole la visión. Puso su puño en frente de su cara, captando la borrosa imagen de un pétalo amarillo posado sobre la palma de su mano.
Plagg ingreso al baño traspasando la pared, voló hacia donde el rubio estaba y tomo el pétalo entre sus extremidades. Sonrió con amargura.
-¡Eres un tonto!
Adrien sopló sobre la cabeza del kwami y sonrió tragándose su aflicción.
-Lo se.
