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Category:
Fandoms:
Language:
Español
Stats:
Published:
2019-12-31
Completed:
2020-06-01
Words:
61,457
Chapters:
6/6
Comments:
5
Kudos:
20
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2
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332

As de Corazones

Summary:

Cuesta trabajo ser asexual en un mundo sexualizado donde hay sexo hasta en el shampoo. Y a Marco Rivera le va a costa aun más cuando llegué Kyle a voltear su mundo de cabeza.

Chapter 1: Nada te va a salir bien

Chapter Text

Una de las primeras verdades que Marco había aceptado desde preadolescente era que el mundo estaba obsesionado con el sexo.

Lo veía y lo discutían en la tv, en el cine, en las revistas, en redes sociales y en las charlas sus compañeros mecos de la secundaria que ni siquiera estaban seguros de en qué consistía pero opinaban como si supieran. Y, en su vida diaria, se manifestaba en forma de la razón por la que no podía hablar con una niña a los 13 años sin que le dijeran que le gustaba, en el por qué a sus primos se les subían los colores si veían a una chica con falda corta, las risitas mal disimuladas cuando sus compañeros robaban un catálogo de lencería o robaban ojeadas a revistas escandalosas en puestos de periódico, los links a los que nunca daba clic pero que se pasaban discretamente a través de grupos de whatsapp dedicados a trabajos escolares.

A él, sinceramente, le daba un poco igual. Era hasta hartante en ocasiones, pero nada más.

Y una de las segundas verdades que Marco aprendió a aceptar fue que el resto del mundo no se tomaba como normal el hecho de que a él le diera igual, casi como si tuviera algún tipo de inmunidad.

Y vaya que se dio cuenta muy rápido.

Cuando empezó a crecer y no pareció mostrar interés en las mujeres, rápidamente se le buscó una explicación satisfactoria a su falta de interés, con lo cual rápidamente se le calificó de homosexual closetero. Pensó que la etiqueta le iba a volver la vida de cuadritos pero, para su suerte, sus amigos y familia lo habían tomado sin mayor reparo y le aseguraron que siempre lo querrían.

(...Eso o el berrinche monumental que montó su hermano menor en día de muertos, que terminó en un destape de secretos familiares y ancestría musical, debió de ser lo suficientemente grande para que su familia aprendiera sobre “las consecuencias de decirle que no al puberto”, y por eso al final nadie se atrevió a cuestionar su sexualidad.)

Bendito fue el día que su familia decidió mudar el negocio familiar a la Ciudad de México donde tuvieron que adaptarse a ideologías mucho más liberales. Y fue justo a tiempo, porque todos los primos estaban próximos a entrar a la pubertad y los comentarios de parejas estaban por empezar. Y dijo por suerte porque tanto su hermano como su prima había salido del closet a los 14 y 15 años respectivamente y, viendo el historial que Miguel tenía en hacerla de pedo y llevarle la contraria a todos, que saliera del clóset no era nada a comparación.

Por supuesto que se asumió que era igual a ellos. Pronto llegaron las bromas sexuales y las preguntas sobre una futura posible pareja para él, y aunque apreciaba muchísimo el apoyo y la apertura de mente de sus amigos, familiares y conocidos, había un pequeño problema con su salida del clóset no-oficial-pero-igual-me-sacaron-así-que-ya-ni-pedo:

No le gustaban las mujeres... pero los hombres tampoco le llamaban la atención.

Por mucho tiempo espero que algo dentro de él se prendiera, que hiciera switch o algo para que le empezara a gustar alguien. Nunca pasó.

No era que no viera que había hombres y mujeres guapas, solamente no le despertaban nada en su interior, ni en sus pantalones ni en su líbido ni en nada. Nada de nada. Cero.

Llegó a pensar que había algo malo o roto con él y hasta se enojó de que los pendejos de Miguel y Rosa sí pudieran y él no, porque cómo osan, soy el mayor. Luego pensó que a lo mejor estaba enfermo. Luego se volvió a enojar. Y al final, en su desesperación de no saber si había algo mal con él o si todo funcionaba normal y el resto del mundo era un caliente, corrió a pedir ayuda a Google, que le dio una palabra para lo que era.

Asexual: Falta de atracción sexual por otras personas.

Saber que había un nombre para lo que era fue como alcanzar la iluminación. Todo en su mundo estuvo bien al saber que no era el único, que no estaba roto y que había más personas como él.

La paz le duró un par de segundos cuando se dio cuenta de las implicaciones de su revelación: El problema era que a pesar de que no le gustaba la gente de esa manera, él era, además de apuesto, naturalmente encantador. ¡Y no lo decía por echarse flores el solo! Simplemente le salía naturalmente, y la bronca era que lo que la gente percibía en sus frases, tratos y sonrisas.

Sin querer se había hecho una reputación de coqueto y seductor a pesar de nunca haber pasado de más allá de un beso con nadie. Le gustaba ir a bailar y a bares, regresar muy tarde a casa o seguir la fiesta en otro lado, y llevar a amigos a casa cuando era evidente que habían bebido de más para asegurarse de que llegaran a salvo. Al parecer todo eso daba la impresión a otros de que era una persona promiscua. Pudo haber explicado todo, pero no quería que le dijeran que estaba equivocado y que solo era cuestión que experimentará hasta que le empezará a gustar. Era más fácil seguir con su papel.

Sus salidas, los rumores de su homosexualidad, y su silencio en torno a su vida privada ocasionaron que los rumores se dispararan alrededor de la preparatoria y, para cuando se dio cuenta, al parecer los varones gays de media prepa y prepas circundantes ya se habían acostado con él.

Khá.

Su familia le daba e injustas tremendas regañizas por irse a escondidas con compañeros del colegio, y por tener la reputación de ser el más fácil de la escuela con quien todo mundo se había acostado alguna vez, mentira que dejó a Marco perplejo cuando se enteró porque no recordaba haber hecho ninguna de esas cosas.

¿Cómo podía ser su vida más fregona en una mentira colectiva inventada por toda la prepa que su vida real? Güey, qué sad.

Lo más a lo que llegó con Fulanito fue a pedirle un lápiz para el examen de matemáticas, y aquella vez se voló la clase con Zutanito fue porque tenía que imprimir un trabajo a última hora y le pidió que lo acompañara para echarle aguas. Eso de algún modo se interpretó como a que era un dios del sexo adolescente, y la realidad se perdió en la traducción. Si tenía que sacar una teoría, diría que la gente se ardía cuando el más fácil de la escuela los rechazaba y terminaban inventándose cosas… pero… ésto era un nuevo nivel.

Nunca lo desmintió porque ser un dios ficticio del sexo era mucho mejor (y más épico) en comparación con su realidad sad, además de que le ayudaba mucho a mantener una fachada más creíble de “gay normal”. De pendejo lo desmentia.

¿Cuántas oportunidades se tienen para presumir un título fregón y que te da status, que no ganaste por méritos propios pero que no necesitas hacer nada para demostrarlo?

Hasta eso era divertido seguir la corriente, era como ser él mismo de modo natural, pero sin el compromiso de tener sexo de por medio. Podía coquetear y echar piropos sin que llegaran a nada... ¡Uy, y era un experto con eso de los piropos! sobre todo algunos bastante sucios que hacían sonrojar a los hombres que no estaban acostumbrados a esa clase de trato, porque cuando eres asexual, tienes la ventaja de que a ti te vale madre pero el resto del mundo sigue reaccionando. Había quienes ya lo conocían de hace tanto que solo se reían antes de irse, claro, pero más que nada le divertía sonrojar a la gente.

Pero hoy tenia una víctima relativamente nueva.

El muchacho de cabello negro y ojos fríos que esperaba era el chef en un pequeño restaurante relativamente nuevo que se había vuelto la sensación en poco tiempo. Tenía reputación de ser muy callado, introvertido y brusco en su trato. Por lo que Hiro le había mencionado se llamaba Kyle y tenía un carácter de los mil demonios cuando se enojaba.

Marco ya llevaba dos días echándole piropos camino al estudio donde ensayaba sin lograr ninguna reacción más allá de un rápido parpadeo la primera vez, y por puro joder, se dio a la misión de sacarle una reacción, como una especie de reto personal estúpido porque, pues, qué es la vida sin retos personales estúpidos.

Se apoyó contra la pared cercana y se preparó. No hubo que esperar mucho tiempo, luego de un tiempo, vio que Kyle se acercaba caminando. Ese día el chef llevaba una playera azul y unos jeans, y su achispado cerebro (malo para las cosas buenas pero BUENÍSIMO para las cosas malas) le dio una rápidamente una idea perfecta sobre qué decirle.

—¡Tssss! A éste de azul, yo sí le chupo el pirul —Dijo con una coqueta sonrisa de medio lado y párpados caídos.

El chef parpadeó rápidamente y frunció las cejas como preguntándose si había oído algo y Marco se preparó mentalmente para un grito de indignación o una mentada de madre. Pero no. Kyle siguió su camino sin decir nada.

El día siguiente traía una camisa roja y Marco, por la curiosidad de saber si podria sacarle una reacción, ya venía preparado.

—Uuuff… a ese de rojo, yo me lo cojo. —Y se mordió los labios.

La única reacción de Kyle fue fruncir las cejas.

El día que lo vio cargando con una bolsa de pan dulce y ya confiado de que sus palabras no le molestaban demasiado (porque o si no ya le habría dado algo o mínimo se habría ganado un puñetazo), le dijo lo siguiente.

—¿De qué dulcería te escapaste, bombón? Yo te doy unos “besos” si me convidas de tu “gansito”.

Okay él podía admitir que ese no fue su mejor intento, pero valió la pena la cara de confusión que puso el chef poco familiarizado con el nombre del pan mexicano.

Una tarde que lo vió usando sus jeans entallados, diferentes a los de corte recto con los que siempre lo veía. Se le ocurrió uno que seguro lo haría cuando menos sonrojar, y se puso en posición coqueta, lanzándole miraditas y mordisqueando ligeramente la uña de su pulgar.

—Con esa macana deberías ser policía.

El joven chino redujo la velocidad de sus pasos, como considerando pararse. Pero al final pareció decidir que no era una buena idea y siguió con su camino.

...Bueno, Marco lo contaba como una victoria.

Otro día lo vio cargando grandes bolsas llenas de ingredientes en ambos brazos. Se lo estaba poniendo sencillo.

—Si así está el conejo, como estará la zanahoria —Le gritó. No hubo mayor reacción, aunque algo le decía que le debía urgir llegar para bajar las bolsas.

La siguiente vez no la había planeado realmente, había salido tarde de su casa y su desayuno había tenido que ser un hot dog comprado en la calle. Iba caminando sobre la misma calle donde generalmente se encontraba a Kyle cuando le llegó la inspiración divina al verlo caminar por ahí.

—Quien fuera hot dog para que me embarres de mayonesa —Le lanzó con un guiño mientras aceleraba sus pasos para poder llegar a tiempo. Escuchó como el chico se tropezó un poco para después retomar sus pasos.

Se fue riendo todo el camino.

Al día siguiente estaba de igual manera muy divertido tirando piropos a quienes pasaban aunque muchísimo las leves porque eran personas que lo conocían y que solo se reían al escucharlo. Ya iba a seguir su camino a casa cuando vio a Kyle caminando en su dirección. Hoy le tenía uno muy bueno.

-—Quisiera que fueras el sol, para que me dieras todo el día —dijo haciendo un gesto con sus cejas y una sonrisa coqueta.

No tuvo tiempo de hacer nada más antes de Kyle el jirafisaurio rex se volteara y lo acorralara contra la pared con todo y sus casi dos metros de altura (o al menos así los sentía). Marco sostuvo su respiración esperando un golpe o gritos por parte del asiático y vio su vida pasar frente a sus ojos. En su lugar, Kyle solo le sostuvo la mirada con intensidad por unos segundos.

—Bueno, esta bien —Le dijo casi susurrándole en el oído. —¿A dónde vamos?

...Espera, ¿qué?

—¿Q-Qué? —Contestó Marco sin entender nada, especialmente el por qué seguía vivo y sin moretones. El otro chico seguía invadiendo su espacio vital y no estaba acostumbrado a que gente no emperrada y que no fuera su familia lo hiciera.

—Dices que quieres que te de todo el dia —Le recordó como si fuera estúpido. —Vamos para que te cumpla.

Ah.

¡Ah!

¡AAAAAY! ¡VÁLGAME VIRGENCITA MISERICORDIOSA, NO MAMES! ¡LE ESTABAN CORRESPONDIENDO A SUS PIROPOS NACOOOS! ¡HUBIERA PREFERIDO UN PUTAZO, QUÉ ASCAAA!

…Bueno, técnicamente estaba recibiendo un putazo con prospecto a convertirse en vergazo, pero no del estilo que él pensaba.

YA, MARCO, DEJA DE PENSAR EN PENDEJADAS Y CONCÉNTRATE. Chingao, ésto le pasa por jugarle al vergas, ¿por qué Diosito no le dio sentido común? Ahora a ver como chingados se zafaba de ésta.

—¡AAAAAAHHHH ESTEEEE…! —Marco había empezado a sudar. No, no sabía cómo salir de ésta, aiura. —Ésteee… yoo...

—¿Qué pasa? ¿Te comió la lengua el gato? —Levantó una ceja con prepotencia de un modo que una persona normal consideraría sexy pero a Marco sólo le heló la sangre y le hizo recordar todo su repertorio de excusas desde “mi perro se comió mi tarea” hasta “yo me comí mi tarea”.

Normalmente eso sería suficiente para que el moreno se tomará las cosas como, un reto pero NO se iba a acostar con alguien solo por un embrollo en que el mismo se había metido, no después de sobrevivir a los rumores de la prepa intacto y virgen.

Su orgullo y su más Íntimo secreto no iban a salir intactos, pero ambos se acaban donde el esfínter se frunce. Y prefería que no se lo frunciera nadie más que él mismo y sus malas decisiones en comida callejera.

—Soy asexual —Confesó por segunda vez en su vida. —…Perdón, sólo se me hace… ¿chistoso? molestar a la gente con piropos. Pero nunca espero que me correspondan. O no positivamente, al menos.

Casi le reclamaba que no lo golpeara por salido. Bas vien, Marco.

Kyle se le quedó viendo con confusión pintada en su cara, y lo miró de arriba a abajo escudriñando rastros de mentiras, tomadas de pelo, o coqueteos más extraños que los anteriores. Después pareció pasar por una serie de emociones hasta que se asentó en aceptación. Se hizo para atrás, dejando que Marco pudiera estar cómodo de nuevo.

—Eres un idiota ¿lo sabes? —Le dijo negando con la cabeza.

—Solo un poquito —le dio la razón porque nunca pensó que algo así le fuera a pasar. —Por favor no le digas a nadie.

—¿A quién le diría?

—El restaurante donde trabajas es de la tía de Hiro, mi hermano Miguel es su novio —explicó rápidamente. —Si Miguel se entera, toda mi familia también lo va a hacer. No quiero que sepan.

Una serie de expresiones pasaron por el rostro de Kyle como si su Windows cerebral personal estuviera iniciando. Se asentó en un alzamiento de cejas y un chasquido de dedos en un sutil sonido de reconocimiento.

—¡Aaaaah! ¡Claro! Tu eres Marco. Debí saberlo, son casi idénticos en apariencia —pareció verlo con atención por primera vez. —Pero yo pensaba que tu familia apoyaba tú supuesta homosexualidad sin problemas. —Preguntó con cero tacto ésta vez.

Uno no se da cuenta de en cuántas mentiras ha basado su vida hasta que llega un chino darks a echártelas todas en la cara como venganza por no dejarle echarte sus mecos.

—Sssí, ja ja, bueno, sobre eso… Ésto es diferente. Sería una cosa que me gustarán los hombres pero no creo que estén listos para...

—¿Para?

—Para entender la asexualidad —La mueca de extrañeza de Kyle podía irse al carajo, No quería tener que explicarle todos sus miedos y preocupaciones a alguien que apenas conocía. —Por favor.

Hubo un momento de silencio muy incómodo.

—No le voy a decir nada y no lo iba a hacer. —Kyle levantó las manos en un gesto tranquilizador. —Y perdón por asustarte.

—¡Perdón por los piropos! —Marco le lanzó una sonrisa a modo de disculpa. —Solo me gusta jugar.

Curiosamente, Kyle pareció sonreírle de medio lado.

—Oh, no te disculpes por eso. Me las vas a pagar. —Le dijo empezando a irse. —Eso te lo aseguro.

Marco pasó el resto de la tarde sintiendo alivio. Nunca le había dicho a nadie sobre su falta de atracción por la gente y había sido agradable que se le tomará en serio. Tal vez el chef era mamón pero lo había aceptado sin problemas. Ahora solo esperaba que la retribución que seguro le iba a hacer pasar el chino no fuera a ser demasiado pesada.

Pasó una semana en que solo se veían por la calle. Marco no le decía nada pero le hacía un gesto con la cabeza a modo de saludo que Kyle regresaba con la mano. El mexicano llegó a pensar que el chef había olvidado su promesa de venganza.

Eso creyó hasta un día en que iba caminando alegremente por la calle con su guitarra y se lo encontró. Marco estaba de buen humor, sus ensayos habían estado saliendo bastante bien y ahora podía ir a su casa a descansar. Así que le sonrió levemente a Kyle, y no sospechó nada cuando éste le hizo un gesto con la mano para que se acercara.

—Del cielo bajo un pintor para pintar tu figura, más no le alcanzó el color para tanta hermosura —le soltó Kyle con una sonrisa socarrona.
Al músico se le subieron los colores desde el cuello, pasando por su cara y terminando en sus orejas. Se tropezó con el mismo aire y casi se cae al piso. Solo alcanzó a quedársele viendo al chino con cara de espanto.

Pinche chino mamón, sólo le sonrió con superioridad.

Azorado y sabiendo muy bien que ésto se lo había ganado por pendejo, mamón y coqueto, optó por aguantarse como los machos y aceptar su castigo con honor, siguiendo su camino. Tal vez con eso sería suficiente, se dijo Marco a sí mismo. Seguro con su reacción Kyle se conformaría. Al dia siguiente todo estaría como si nada.

No lo estuvo.

—Si tus labios fueran de enchufe y los míos interruptor, tendría el pelo electrizado y encendido el corazón. —Dijo Kyle en voz alta viéndolo con una cara burlona antes de acelerar su paso.

Marco se volvió a sonrojar y lanzó un grito de frustración. Por alguna razón los piropos dulces lo avergonzaban más que cualquier guarrada que había escuchado en toda su vida. Bueno, estaba seguro de que no había tantas cosas bonitas que decir a modo de piropo así que probablemente se le acabarían pronto.

Se echó un mes escuchando las dulces palabras del mamoncete de Kyle y su fiel compañero Google. Lo peor es que conforme fue ganando confianza en sí mismo, los fue diciendo cada vez más alto.

—Si amarte fuera pecado, yo habría nacido en el infierno.

—Deberían de sacarte una multa por exceso de belleza.

—¿Qué hace una estrella volando tan bajo?

—No es el whisky ni la cerveza, eres tú quien se me ha subido a la cabeza.

—¿No estás cansado?, porque no paras de pasearte por mi mente.

Cada vez que se los gritaba, lo veía con una sonrisa burlona. Conforme pasaron los días Marco empezó a gritarle alguna combinación de “Yaaaa”, “Basta” y “Aaagh”. Las últimas semanas se había echado a correr detrás de él para pedirle que parara y el condenado chino solo se reía de él. Pinche wey alto que le podía ganar fácilmente al correr.

Ya se había cansado y el colmo fue cuando al dar vuelta en una esquina se lo encontró.

—¡Ay mamá, el diablo! —Se alarmó el moreno.

Kyle curvó sus labios en una sonrisa y abrió la boca, pero antes de poder decir nada, Marco se apresuró a taparle la boca con una mano.

—Mmmfffnnn mnnnghhh.

—¡No! ¡Basta! ¡Kyle, yaaaaa! —Pidió como niño emberrinchado. —¡Hago lo que quieras pero ya para con esto, por favor!

Los ojos de Kyle brillaron y su cara maliciosa era clara: estaba a punto de venderle su alma al diablo.

Pero Marco estaba desesperado.

—¡Sí, lo que quieras, de verdad!

El chef sonrió apenas imperceptiblemente, como celebrando su victoria por adelantado, antes de apartar las manos de Marco de su rostro y hablar.

—Miguel me dijo que sabes cómo preparar mole rojo mejor que nadie en tu familia, excepto tu abuela. —le dijo con un brillo en los ojos. —Enséñame a hacerlo y te dejo en paz.

—¿Es en serio? —Lo vio con incredulidad. No podía creer que las recetas de su abuelita lo iban a sacar de este problema. —Si es todo lo que quieres, hasta te enseño a hacer el arroz que va con el mole.

—Es un trato.

Debía admitir que era escéptico sobre enseñarle a Kyle como preparar el mole y el arroz. En su experiencia tomaba mucha paciencia y práctica que quedara como debía y aunque no dudada de las habilidades del chef, sí sabía que ésto podía acabar en desastre muy, muy rápido para un principiante.

Cuando Kyle llegó ya tenía todos los ingredientes en la cocina y se pusieron manos a la obra.

Para su sorpresa, el chino parecía dispuesto a aprender con toda la paciencia del mundo. Doró con cuidado las semillas de calabaza y el ajonjolí y ni siquiera le parecía dar miedo el comal. Preparó los chiles y escuchó con atención las instrucciones de Marco para que quedaran al punto que debían. Sazonó todo con delicadeza, con un severo gesto en la ceja delatando su concentración. Al arroz le prestó toda la atención del mundo para que quedara justo como debía, sin batirse. Al final sirvió el mole con el pollo y el arroz en el plato de manera estética, haciendo que el platillo se viera aún más delicioso.

-Okay, admito que eres un genio de la cocina -le dijo Marco después de servirse por tercera vez-. Ya vi por qué el restaurante de la señora Cass pasó a tener el mismo éxito que la cafetería que tenía antes.

-No creías que podría hacerlo -le dijo Kyle con un tono de ofendido exagerado.

-Bueno, he visto a todos mis primos y algunas tías fallar miserablemente al intentar cocinar ésto, perdona si tenía algunas dudas. — Marco recogió la salsa con su tortilla para llevársela a la boca. —Pero ya vi que sí eres digno de saber las recetas de mi familia.

—...Gracias —Le agradeció Kyle con sinceridad, sabiendo que esas recetas eran importantes para él por la forma cuidadosa y cariñosa en que se las había enseñado. —Aunque obviamente me iba a quedar genial porque soy lo máximo.

—Creo que es la primera vez que ésta receta sale de la familia, pero vale mucho la pena porque te quedó deliciosa. —Le sonrió de manera tranquilizadora. —Si quieres te puedo enseñar otras.

—¿De verdad? —La ilusión en los ojos normalmente fríos de Kyle lo hizo reír. —¿No te molesta?

—Nah, me gusta cocinar y es divertido cuando es con otra persona. —Le aseguró.

Así pasaron a reservar aunque fuera un día a la semana para que Kyle aprendiera el recetario de la familia Rivera. Avanzaron lentamente para asegurarse de no estar haciéndolo mal, y más de una vez Marco acabó marcando a su abuela para corroborar las instrucciones.

Después fueron armando planes para verse para comer, en pos de buenos sabores. Poco a poco, empezaron a salir a comer por gusto. Luego al cine, a bailar, y a bares en las noches. El mexicano podía ser encontrado esperando a Kyle fuera del restaurante y el chino se volvió una persona regular en los conciertos del moreno. Sin querer se fueron volviendo buenos amigos.

Marco tenía amigos a los que quería mucho, pero podía admitir que su amistad con Kyle era un poco más cercana.

Bueno, mucho más cercana. Lo había empezado a llevar a las comidas y cenas de su familia y ya habían llegado al punto que su presencia era esperada.

En su momento las habían justificado con mil excusas: que si era para distraer a Kyle de extrañar a su familia y estar al pendiente del pendejo de su hermano, que si era para familiarizarlo con la Ciudad de México para que no se sintiera como un extraño en la misma y no tomara el autobús equivocado, que si para que se le quitara el acento al hablar para que no lo sintieran extranjero, que si para sacarlo de Santa Úrsula Coapa a orearse, que si el smog, que si la Ciudad de México no es solo el Centro Histórico, Reforma y Coyoacán... Pero después terminaron por dejar las excusas de lado y simplemente se convirtió en costumbre, como si fuera lo más natural del mundo que Kyle lo acompañara a sus compromisos familiares.

El asiático tenía un carácter ácido que era una gran contraparte a la personalidad coqueta de Marco, mientras que el carácter aventurero del mexicano lo llevaba a probar cosas fuera de su zona de comfort en una ciudad que no conocía, permitiéndole explorar más. También le agradaba que con Kyle no se tenía que preocupar de que le hiciera chistes sexuales sin querer llegar a más, ni tenía que seguir con su reputación de seductor porque él sabía la verdad. Tampoco lo trataba como menos, lo seguía jodiendo con otras cosas y le hacía bromas pesadas pero siempre respetando sus límites.

Incluso lo ayudaba a salirse de situaciones incómodas en los bares y clubes nocturnos cuando algunos hombres caían demasiado rápido ante su chispa coqueta, confundiéndola con alguna especie de invitación. Siempre había uno que otro intenso que creía que un par de palabras y una sonrisa de parte de una persona atractiva eran un contrato firmado para irse a la cama y no aceptaban un no por respuesta. En esas ocasiones el asiático siempre salía al rescate, poniendo una mano en su hombro y viéndolos de manera atemorizante hasta que se iban.

No era que Marco buscara coquetear, pero simplemente no podía evitar hacer bromas del estilo que se malinterpretaban fácilmente en manos de algún desesperado, sobre todo si había salido a divertirse un rato y pasarla bien charlando, bailando y tomando un poco. A veces trataba de frenar si una persona era realmente insistente para no darle trabajo a Kyle. Pero a veces le fallaba el cálculo con algunas personas. A pesar de eso, Kyle no se molestaba, y se sentía mucho más cómodo siendo él mismo en su compañía.

No todo eran fiestas ni borrachos incómodos y ninfómanos, claro. Por ejemplo, ahora mismo estaban preparando unos huaraches en la casa del mexicano, quien por cierto estaba muerto de la emoción por probarlos y parecía alguna especie de perrito emocionado.

—Amo que siempre me toca probar primero cuando aprendes nuevas recetas. —dijo desde donde estaba sentado en el mostrador de la cocina. —Es comida deliciosa con poco esfuerzo. Es lo más divertido del mundo.

—Pues no vas a comer nada si no encuentro la crema, este refrigerador es un desastre. —Le dijo abriendo la puerta del mismo. —No sé cómo encuentras cosas aquí.

—Debería de estar en el cajón de las verduras.

Kyle lo miró con cara de consternación por un micro segundo.

—…Iba a preguntar… pero no quiero saber por qué está ahí. —Dijo antes de agacharse para buscar en el mentado cajón.

—Buena decisión. —Sonrió Marco desde la encimera.

Desde su posición Marco no tenía nada más que ver que los pobres intentos de Kyle por encontrarle un sentido a su refrigerador, y decidió disfrutar del espectáculo de su enojo. Llevaba unos jeans negros que le sentaban muy bien, e incluso podía apreciar que tenía un trasero firme y de buen tamaño. Tantas horas en el gimnasio no habían pasado en vano, a él no le molestaría poner su mano sobre tan buen especimen.

Fue entonces que el mexicano pudo sentir como sus pantalones...le empezaban a apretar.

¿QUÉ DIABLOS?

Marco de inmediato puso cara de pánico, pero trató de disimular. Okay, okay, no te muevas, tal vez no es nada, que no cunda el pánico, todo está bien. Está bien y no pasa nada, fue tu imaginación.

Su imaginación debía tener poderes, porque en ese momento Kyle decidió agacharse más para buscar la pinche crema.

Sí, definitivamente se le estaba parando.

Esto nunca le había pasado y se estaba empezando a asustar, no sabía qué debía de alarmarle más ni en qué orden. Toda una vida de no preocuparse por erecciones lo había dejado poco preparado para esconder una. Tenía que pensar rápido antes de que Kyle se diera cuenta.

—Esteeee… oye, voy al baño, ahorita vengo. —Rió nerviosamente bajándose del mostrador y dándole la espalda para que no viera el bulto que se le estaba haciendo en el pantalón. Es el rey de la discreción y las buenas excusas, si señor.

—Bueno, pero si no te apuras me voy a comer tus huaraches. —Lo amenazó Kyle preparando la mesa.

—¡No te atrevas, maldito! —Alcanzó a decir antes de cerrar la puerta.

Bien. Hora de enfrentarse a sus miedos.

Se bajó los pantalones lo más rápido que pudo y sí, definitivamente, esa era una erección. No era que nunca haya tenido una, como todos los chicos despertaba con una en las mañanas y se había masturbado algunas veces por curiosidad, pero nunca le había pasado mientras estaba despierto, ésto era otro nivel. Ni siquiera estaba seguro de que la hubiera ocasionado Kyle: en otras ocasiones le había visto hasta semi-desnudo, pero nunca le había provocado nada más que envidia por su altura y flojera de pensar en lo alta que debía ser la demanda de mantener su cuerpo así.

Claro que tampoco se la iba a jalar en el baño de su propia casa meditando sobre sus problemas sexuales mientras su amigo estaba esperándole en su cocina.

Empezó a pensar en cosas anti sexies para que se le bajará. Pinche Miguel, hasta que sirves de algo.

Béisbol. Días de compras con su abuela. El primo Beny sin playera. Las ratas del metro. Comida echada a perder. Un borracho más viejo que su tío Berto ligándole. Una cucaracha en el baño. Bien, bien, estaba funcionando. El golpe a su dignidad no se iba a borrar nunca, pero situaciones desesperadas requerían medidas desesperadas.

—Marco, ¿estás bien? —Le preguntó Kyle mientras intentaba recordar lo fea que era su maestra de la secundaria. —Llevas un buen rato ahí.

—S-sí, no te preocupes. Ya voy. —Puta madre, tenía una voz de estreñimiento que no se la acababa. Bueno, más realismo, supone.

Cuando por fin redujo su erección salió a comer felizmente, y la alegría de ver su huarache intacto le hizo olvidar todo lo demás.

El resto del día transcurrió sin sorpresas, y el día siguiente también. Su paranoia se fue calmando y Marco se convenció mentalmente de que seguramente había sido un accidente, una anomalía que quién sabe por qué había ocurrido, pero tal vez no se volviera a repetir.

Pues no, porque nada le podía salir bien.

No era un incidente aislado, de hecho se estaba empezando a volver recurrente. Una mañana incluso despertó con sus sábanas cubiertas de semen después de tener un sueño en que Kyle se lo fajaba apasionadamente en la cocina del restaurante. Su vergüenza fue tal que canceló sus planes con el asiático porque no podía verlo a los ojos. Y lo peor era que no se iban al despertar, seguían. Al inicio las encontraba desagradables pero, conforme el tiempo pasaba, con más y más frecuencia empezaba a encontrarlas… deseables.

Lo más molesto era que siempre pasaban cerca de Kyle y usualmente en momentos que deberían de ser agradables y amistosos, momentos donde antes no había tenido ningún tipo de problema en su convivencia. Cuando el chino y él jugaban a pelearse, en la motocicleta del mismo (esa vez aprendió cómo montar la moto separando su cadera del trasero del otro), cuando Kyle le dedicaba alguna de sus sonrisas sinceras e incluso una vez que lo había abrazado con cariño después de un concierto.

Todos los momentos bonitos en su amistad con éste wey para que una erección llegara a incomodarlo y echar a perder el momento bonito porque lo forzaba a caminar como un pingüino.

Ya se estaba hartando de esto, era muy incómodo y tenía que lavar sus sábanas demasiado seguido para su gusto. Estaba cansado de darle vueltas en su cabeza y no dormir por las noches.

Le estaba dando una pequeña crisis existencial. Había pasado años adaptándose a su asexualidad para que de la nada empezara a tener erecciones a lo pendejo. Y es que antes de aceptarse a sí mismo como era intento despertar su deseo sexual por todas las formas posibles, de ahí que nunca desmintiera los rumores en la prepa. Podía ver perfectamente que había gente guapa y atractiva, pero cuando veía a actores guapos no pensaba en llevarlos a la cama si no en que se habían ganado la lotería genética. A lo mejor pensaba que sería lindo darles un abrazo o un beso, tomarles de la mano, acariciarles la cabeza, pero no le excitaban. Lo que significaba que el hecho de que Kyle fuera un hombre apuesto no tenía que ver con que se le parara.

Conclusión más lógica: A Diosito le gustaba torturarlo.

Pero tenía que seguir viviendo su vida. Había accedido a ir por un café con Kyle ese día. Llevaba una semana sin verlo y lo extrañaba.

—Oye, ¿te puedo preguntar algo? —Tenteó Kyle mientras se sentaba junto a él.

Le gustaba mucho este café, tenían grandes sillones en los que te podías echar y unos divisores que les daban privacidad para platicar sin molestar a más personas. Cerró los ojos un segundo para descansar su vista después de otra noche de sueño interrumpido.

—Acabas de hacerlo. —Rió con los ojos cerrados, pero terminó ganándose un zape de su amigo extranjero. —Es broma, delicado. Claro, pregunta.

—¿Por qué no quieres que nadie sepa de tu asexualidad?

Eso hizo que Marco abriera los ojos. Se volteó para ver a su amigo pero no salió nada cuando abrió la boca.

Ante su silencio, Kyle continuó hablando.

—Sólo no lo entiendo. Tu familia es muy amable y ya te aceptó una vez. —El chino se acercó un poco más a él. Era de las pocas personas fuera de su familia que dejaba que se le acercara tanto. Se le quedó viendo con intensidad antes de desviar la mirada. —No tienes que decirme, sólo siento raro que soy el único que sabe.

Se quedó en silencio tomando su café.

—...No eres la primera persona a la que le he dicho de mi sexualidad. —Admitió en voz queda. —Le dije a alguien cuando era adolescente.

La mirada de Kyle le dijo que siguiera.

—Era un amigo de la preparatoria, lo consideraba mi mejor amigo. Habíamos estado en el mismo salón por años y pensé que podía confiar en él. Había investigado mucho para ese entonces y ya me había aceptado a mi mismo. Le dije una tarde.

El chef acercó su mano a la del moreno, pidiendo permiso para tomarla. Esto era lo que le agradaba de Kyle, siempre media cuanto podía acercarse a Marco y esperaba a su respuesta. A pesar de ser cercanos nunca daba por sentado que tuviera permiso de tocarlo.

—Se burló de mí y dijo que seguro le estaba tomando el pelo, no me creyó. Cuando le insistí que era verdad me dijo que no podía ser posible, y aún si fuera cierto era porque estaba roto o que había algo raro conmigo, o que era muy exigente, y hasta podía probar a ir con algunas de las personas que me pretendían sólo para demostrarme que estaba equivocado y me lo acaban de inventar.

Le picaron los ojos, pero parpadeó rápido para evitar las lágrimas.

—Ya había leído miles de historias de gente asexual a la que no le creían y en el peor de los casos intentaban hacerlos tener sexo para probar que estaban mintiendo, pero me impactó que mi mejor amigo dijera eso. Al final le dije que sí era broma para que me dejara en paz y no pasó a mayores. Por ese entonces ya creían que era gay, pero con eso no tenían problema y los dejé creer eso.

—Qué cretino. —Dijo Kyle apretando su mano. —Me hubiera gustado golpearlo.

—Bah, ese sujeto no vale la pena. Es un verdadero pendejo. —contestó el moreno. —Después de eso decidí que lo más fácil era que asumieran que era gay, y hasta promiscuo. Mucho más fácil que explicar que es la asexualidad para que me digan que me lo estoy inventando para sentirme especial. Tú has visto cómo se ponen en los bares cuando les digo que no, pues ha sido así siempre y toda mi vida.

—Y tu familia...

—Mi familia puede aceptar alegremente que Miguel sea gay y que a Rosa le gustan las chicas. Pueden imaginarse que tendrán una vida en que tendrán pareja y pasarán por lo mismo que pasan todos cuando están en relaciones. Y... en teoría podría tener pareja sin tener sexo, pero la gente asexual es, como, ¿el 1% de la población mundial...? Está cabron que encuentre a alguien que me guste, le guste y me acepte sin tocarme. —Se encogió en hombros con derrota. —Así que soltero estoy bien, prefiero ahorrarme los juicios, opiniones y sugerencias. No necesito que me presionen para intentar algo que no quiero.

Kyle volvió a apretar su mano y le regaló una de sus pequeñas sonrisas.

—Tú sabes que yo siempre te aceptaré como seas y nunca te voy a presionar para que hagas nada —Le dijo con seguridad. Luego pareció meditar y corrigió —...A menos que sea alguna pendejada como cuando quisiste mezclar un helado con salsa Valentina el martes pasado.

—¡¿Sigues con eso?! ¡Era de manguito!

—Valentina.

—¡Al mango se le puede echar Valentina!

—Cáncer. Gastritis. Cáncer en la gastritis.

—¡Además fue el martes pasado! ¡No puedo creer que sigas con eso! ¡Y yo que creía que yo era el rencoroso! —Se indignó Marco.

—También lo tengo anotado para recordar en el discurso de tu funeral. —Rió Kyle, cubriéndose ligeramente la boca con la mano.

Y Marco juraba, que al menos en ese café pegado hombro a hombro con Kyle mientras tomaba su mano, riendo discretamente de estupideces bajo la luz de lámparas hipsters, el chef se veía o logró verse devastadoramente atractivo, al punto de robarle el aliento. Y grabado en su memoria quedó el momento, ahí, en ese instante, en que estuvo tentado como nunca en su vida a besarlo, tocarlo, dejar que lo tocara, que lo desvistiera e hiciera todo lo que quisiera con él de modos que nunca había dejado a nadie hacerlo, de modos que acababan de cobrar sentido. Y después abrazarlo, acurrucarse con él y darle de comer, en una especie de deseo que nunca antes había experimentado, pero que ya no se sentía lejano y ajeno.

Y eso, ésto, era mucho peor que desarrollar una atracción sexual de la nada porque sí, mucho más grave que unas erecciones aisladas que al parecer no podía controlar, porque ahora le quedaba claro por qué. Estaba profunda e irremediablemente enamorado de Kyle, la mejor amistad que había tenido nunca. ¿Por qué? Porque nada le salía bien.

A Diosito en serio le gustaba torturarlo.

M i e r d a .