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Kirishima cree que hay una línea que separa los sentimientos de amistad de los sentimientos románticos. A veces, la línea puede ser delgada o muy gruesa, dependiendo siempre del tipo de persona con la cual aplique esa regla. A veces también puede ser simple, como lo es con Ashido, por ejemplo; con ella jamás pasaría al lado romántico.
Y también creyó que con Bakugou era simple, pero resultó que, de manera inconsciente, dejó atrás la línea de los sentimientos amistosos. Fue como una especie de muralla: al comienzo, sin quererlo, comenzó a derribarla poco a poco. Luego, lo hizo de manera muy consciente.
¿Fue Bakugou consciente de eso también? ¿Es por eso que dejó que siguiera derribando la muralla que los separaba?
Ahora se siente un poco abrumado. Con la muralla caída, no sabe qué hacer.
Sabe casi todo de Bakugou y es grandioso. Sabe cómo huele su aliento en la mañana, sabe qué comidas le gustan, lo mucho que disfruta entrenar duro y una ducha caliente antes de ir a la cama. Sabe también que tiene muchos problemas y varios defectos. Lo conoce bien. Ha estado allí para sus momentos difíciles, lo ha contenido entre sus brazos cuando parece que se derrumba. Y Bakugou ha hecho lo mismo, apoyándolo con palabras, diciéndole que puede ser irrompible…
Para Kirishima, el rubio ya no parece una persona inalcanzable.
No sabe qué debería hacer, sin embargo. Siente su pecho oprimido cada vez que quiere hablarlo. Mira los ojos de Bakugou y piensa que ellos no son tan diferentes, que puede que sus sentimientos sean correspondidos de la misma manera. Pero entonces, cuando desea abrir la boca para soltar una confesión que ha planeado por meses, nada sale. Es como si una cuerda se amarrara en su garganta y le impidiera dejar salir palabra alguna. Simplemente se rinde.
Pero hoy cree que puede ser diferente. Es Navidad, después de todo.
Hace unos días decidieron pasar Navidad entre amigos, así que varios compañeros de la UA organizaron una reunión para celebrar la festividad comiendo pollo frito. Por supuesto, Kirishima le insistió a su amigo explosivo hasta que este terminó aceptando con ciertas condiciones.
Kirishima se demora diez minutos en escoger la ropa adecuada. No quiere morir de frío pero desea verse bien, así que busca con cuidado dentro de la maleta de ropa que trajo desde la UA por las vacaciones de invierno. Deja su cabello suelto, hacia abajo, pues cubre mejor su cuello y orejas. Sale de su habitación para despedirse de sus padres y luego se va de casa, asegurándose de llevar dinero, las llaves y su móvil.
Cuando llega al lugar donde, supuestamente, todos se encontrarán, comienzan a llegarle mensajes.
Oh mierda.
El primero es de Kaminari, quien se disculpa pero dice que pasará la navidad a solas con Jirou, lo cual es grandioso, pero eso significa que Jirou tampoco irá. Luego, ve el de Ashido quien le explica que no podrá por ciertas razones. Seguido por el de Uraraka, Midoriya, Todoroki, Satou, Hagakure, Sero...
Y así, todos los que habían prometido asistir, cancelan.
Él único que queda es Bakugou.
Joder. Se da cuenta de la trampa demasiado tarde. No deja de preguntarse qué hicieron los idiotas de sus amigos para lograr que la mayoría de la clase decidiera unirse a ese maligno plan.
Siente un nudo es su estómago, lo cual empeora cuando ve a Bakugou acercarse y admira lo bien que se ve. Mierda, parece sacado de una revista de modas o algo así. No puede evitar sonreír cuando está frente a él.
—Hola —Kirishima dice, rascándose la nuca—. Los chicos cancelaron, al parecer solo quedamos los dos.
Al rubio no parece importarle, porque se encoge de hombros y dice:
—Como sea, vamos comer algo.
Ambos comienzan a caminar a través de la calle nevada y llena de decorativos.
—¿Dónde vamos? —pregunta Kirishima, luego de unos momentos de silencio.
—Conozco un buen lugar.
El pelirrojo se conforma con esa respuesta. En el trayecto, conversan de temas triviales. Como siempre, es Kirishima quien habla la mayoría del tiempo, sin querer dejar espacio de silencio entre ellos.
Van a un restaurante pequeño, donde tampoco hay mucha gente. Para llegar, tuvieron que entrar por muchas calles, por lo cual no es tan fácil llegar. Es un lugar escondido. Se ve lindo, elegante. En cuanto lo ve, Kirishima sabe que es uno de los lugares de Bakugou, donde no llevaría a cualquier persona.
Y realmente parece una cita.
No, es una cita.
Una de las meseras reconoce a Bakugou, le sonríe y los lleva a su mesa. De inmediato les entrega el menú y se retira.
—Es un lindo lugar —Kirishima dice—. Y está bastante vacío para ser un día festivo.
—Odio hacer filas —Bakugou explica—. Aquí es tranquilo.
El pelirrojo lee todos los platos del menú, pero no sabe qué escoger. Al final, Bakugou termina eligiendo algo por él. Antes de que la comida llegue, el rubio va al baño. Para pasar el rato, Kirishima ve su móvil. Tiene mensajes de Ashido.
No puede evitar que una sonrisa tonta se forme en su rostro cuando lee lo que su amiga le envío.
Ashido
“Amigo, ustedes se gustan
Se quieren
Están en una cita ahora mismo
Hoy es el mejor día para confesarte!
Es Navidad!!
(los golpearé si es que no comienzan a salir hoy… Y lo digo en serio
💖
)
No hay presiones ;)
Suerte
💕
”
Demora unos segundos en responder, pues está con su corazón agitado. Es una cita. Está en una cita con el chico que le trae el corazón alborotado desde hace más de un año. Y quiere atreverse. Quiere aprovechar la ocasión sin ver consecuencias negativas.
“Aún no los perdono por el plan que hicieron para dejarnos a solas
pero gracias, por tu apoyo
Lo necesitaba, de verdad
Espero que la estén pasando bien!!”
Ashido le envía una foto donde sale la mayoría de la clase comiendo pollo frito en un local de KFC, además de un mensaje con cinco corazones de diferentes colores.
Cuando Bakugou llega, poco tiempo después, las mesera les deja sus respectivas bebidas. De inmediato, el pelirrojo toma un sorbo.
—Yo les dije que nos dejarán a solas hoy —Bakugou confiesa, mirándolo con seriedad—. Pero ellos decidieron armar esas excusas tontas.
Y Kirishima se atraganta con el líquido que apenas puede atravesar su garganta.
—E-es genial que hayas hecho eso —dice, tosiendo—. No sé si me hubiera atrevido a preguntarte.
—Yo hubiese aceptado, idiota.
La sinceridad de Bakugou lo deja en blanco.
—Pero ya estamos aquí…
Antes de que el rubio pueda seguir hablando, sus platos de comida llegan a la mesa.
—¡Espero que disfruten su cena! —la mesera dice, antes de marcharse.
Kirishima come un poco de su plato, saboreando la salsa que quedó en la comisura de su labio. Es delicioso.
—¿Quieres probar? —Bakugou pregunta, apuntando a su propia comida.
—Tengo miedo de hacerlo —dice, mientras mira el plato, analizándolo.
—Hasta Kaminari ha probado de mi comida. No seas gallina.
—¡Kaminari terminó llorando! —Aprieta los labios—. Bien, solo un poco.
Cuando saca un pequeño trozo de carne y lo lleva a su boca, la sensación no es tan fuerte como pensó que lo sería. Es picante, pero no es algo inaguantable. Respira por la nariz con cuidado mientras mastica.
—Está mucho mejor que otras veces… ¡Me gusta!
Bakugou come como si fuese un plato normal, sin nada de picante. Kirishima se pregunta cómo es que hasta para comer se ve tan masculino. Le encanta.
Ellos salen del restaurante alrededor de una hora después, luego de dividirse la cuenta. El cielo ya comienza a oscurecer y las luces navideñas de las calles se encienden. Kirishima no quiere que la noche se acabe, al menos, no cuando se la ha estado pasando tan bien, cuando se siente tan cómodo con la presencia de Bakugou, incluso con los silencios que se forman mientras caminan.
No sabe a dónde se dirigen, pero tampoco le importa demasiado, él solo sigue a Bakugou.
Poco después, llegan a un parque. Hay familias disfrutando de la nieve, parejas tomadas de las manos, grupos de amigos disfrutando de la hermosa noche blanca. Podría haberse distraído con cualquier cosa, pero no puede dejar de pensar en que Bakugou se ve realmente atractivo con las luces contra su perfil. Su mandíbula ancha y sus labios perfectamente formados le atraen terriblemente. Quiere besarlo.
—Oye, Kirishima —Bakugou gruñe.
Sus ojos se encuentran. Rojo contra rojo. Es lindo, de alguna manera. El pelirrojo siempre creyó que el color de ojos los ha unido de una forma especial. No puede evitar sonreír al sentirlo tan cerca, tan cómodo, tan natural…
Entonces, sienten una presencia sobre sus cabezas. Ambos miran hacia arriba.
Hay un muérdago sobre ellos. Está sostenido de la nada. Por un momento, piensan que es obra de Uraraka, pero miran a los lados y no la encuentran. Además, Kirishima sabe que ella estaba comiendo pollo frito con Ashido y los demás. Y, a menos que Bakugou les haya comentado algo, no tendrían por qué saber dónde se encuentran ahora.
¿Acaso es un bromista que solo quiere joder a personas para hacerlas sentir incómodas?
Ve a Bakugou enojado, su ceño profundamente fruncido y la mandíbula tensa. Parece dispuesto a buscar a la persona que hace que el jodido muérdago este sobre sus cabezas. Pero Kirishima no quiere que el ambiente que crearon se pierda. No quiere dejar pasar la oportunidad solo porque un idiota les quiso jugar una broma.
Así que le toma el rostro entre sus manos, suspira con fuerza y lo besa.
Al comienzo, el rubio se tensa, pero poco a poco se relaja con los dedos del pelirrojo haciéndole caricias sobre la mandíbula. No mueven sus labios. Es más bien un pequeño choque que los mantiene con el corazón agitado.
Kirishima no quiere separarse, no cuando Bakugou acaba de abrazarlo por la cintura. No te atrevas a alejarte ahora, él piensa. No cree poder respirar, pero no le importa, la emoción le impide siquiera moverse.
Es tan torpe. Sus labios tiemblan y se siente un idiota. Pero Bakugou no parece estar mejor que él, ambos demasiado inexpertos para poder juzgar lo que el otro hace.
Ama pensar que podrán seguir siendo las primeras veces del otro.
Y para cuando se separan, Kirishima no puede mirarlo a los ojos sin estallar, así que lo abraza y hunde su rostro en la bufanda burdeo de Bakugou.
Se mantienen así por unos minutos, para luego caminar por el parque tomados de las manos.
Cuando llega la hora de separarse, ambos deben tomar diferentes buses para llegar a sus casas. Al llegar a la parada, es Bakugou quien lo besa con suavidad, pidiendo permiso de una manera no verbalizada.
—Feliz navidad —Bakugou dice cuando sus labios se separan. Tiene una pequeña sonrisa en su rostro.
Kirishima sabe que tiene que dejarlo ir, a pesar de que no desea hacerlo. Sabe que lo verá mañana y pasado mañana también, y luego todos los días cuando vuelvan de sus vacaciones, pero no parece ser suficiente.
—Feliz navidad, Katsuki —el pelirrojo responde.
Y ellos vuelven a besarse, a pesar de que sus buses se van de la parada. No les importa llegar más tarde a sus casas, ni el regaño que les llegará por parte de sus padres.
